La organización garra no tenía ninguna clase de escrúpulo sí se revisaba a fondo, tanto era el deseo del control mundial, que no les importaba reclutar a psíquicos de la edad que fuera, sí eran aún apenas unos niños de secundaria o incluso más jóvenes.
Aunque claro estaba que la organización iba ir derecho a la destrucción; puesto que la razón de los "elaborados" planes del presidente era meramente un simple capricho por haberse sentido superior, y aunque él ya estaba intentando reformarse para volver a integrarse a la sociedad de manera óptima.
Aunque claro estaba que no sólo fue él, sino todos los psíquicos que habían reclutado al paso de los años, y, de entre ellos había uno en especial, aquel chico de secundaria que aunque tenía privada su vista sus excelentes —y posiblemente únicas— habilidades lo ayudaban a hacerse ese pequeño espacio en la sociedad.
Por supuesto también, no le gustaba, no le agradaba ser uno más del montón, al menos no al ser tan arrogante y presuntuoso, y sí a ello se le aunaba que tenía las habilidades para sustentarlo, resultaba en una mala fórmula.
En primera instancia intentó pasar desapercibido y no porque le gustara, sino que era parte de uno de sus elaborados planes.
Lo había dicho con anterioridad; él sólo quería divertirse, así que le era aburrido simplemente ser alabado, le faltaba esa clase de toque que lo hacía enloquecer y buscar por todos los medios quebrar a sus adversarios.
Pero sí no lograba quitarse de encima a los idiotas que lo vigilaban, no podría divertirse nunca más.
Y fue ahí donde la siguiente fase de su plan llegó.
Justo cuando aquel otro psíquico rubio y tan arrogante como él se cruzó delante de sus narices, recordó entonces que se había divertido en esos momentos al observar cómo a pesar del esfuerzo del más bajo, no podía siquiera igualarlo en una pelea de uno contra uno.
Aunque pudiera parecer alguna clase de acosador, no le importó, consiguió los datos más relevantes y después de saberse libre de aquellos que lo vigilaban la tercera fase de su plan estaba por iniciar.
[ ... ]
Se quedó de pie, observando —más bien percibiendo— lo que el rubio hacía, cómo era que se mantenía en una conversación casual limitándose simplemente a ser el interlocutor mientras sentía también la presencia de sí mismo.
Era casi imposible que pasará desapercibido para otro psíquico, así que se alejó un poco antes de seguir en marcha, sintiéndolo desde las alturas, observando como Teruki veía sutilmente a los alrededores.
Aún así, no bajó hasta que no sintió que el rubio estaba completamente solo, no fue hasta ese momento que se teletransportó casi a su lado, y sin el consentimiento del más bajo, le echó un brazo al hombro, como si fueran amigos de toda la vida.
—Teru, es hora de irnos —dijo en dirección a los presentes con una sonrisa confiada mientras obligaba al ojiazul a seguirlo a su lado, el nombrado lo siguió por el simple hecho de no involucrar a los presentes, así que se fue con él, por el momento.
—¡¿Qué cojones quieres?! —inquirió irritado cuando se supo alejado y creyó oportuno sí es que comenzaba una pelea.
Shimazaki se acercó más de la cuenta a su rostro, intentando percibir todo lo que transitaba por el pequeño esper de cabello rubio, logrando que soltará una carcajada, por demás, sarcástica. Colocó las manos sobre sus hombros y se quedó a escasos centímetros de su rostro —¡eres muy divertido Teru~! —canturreó para enojo del nombrado, quién no dudó en darle un manotazo para apartar sus atrevidas manos de su cuerpo.
—Y tú, un idiota —sonrió con suficiencia cuando observó el desagrado momentáneo del pelinegro.
Ryo no dudó en recuperar su estado divertido, habiendo que poco a poco el orgullo de Teruki fuera golpeado, haciéndolo fruncir las cejas; no le gustaba lo que estaba pasando.
—Cuando te enfrentaste a mí, pensé que serías alguien más...—meditó un poco antes de seguir hablando tomándose la barbilla—...¿alto, capaz, con mejores habilidades? En realidad todo —prosiguió para enojo del chico— oye, tranquilo, tus intenciones asesinas aún no son lo suficiente para matarme.
—¡Qué te den, imbécil!
Y antes de que Ryo pudiera seguir molestándolo verbalmente, Hanazawa decidió irse a los golpes con el mayor, quién sólo seguía riéndose con arrogancia; había logrado su cometido.
La disputa resultó de la manera en que había previsto: Hanazawa Teruki había perdido por dejarse cegar por la ira y la provocación a su persona.
Ahora mismo Shimazaki lo tenía sujeto por el dorado cabello, obligándolo a mantener una insana distancia con su propio rostro —la revancha será en algunos días, recuérdalo y no olvides seguir entreteniéndome —lo soltó sin delicadeza y antes de que el puñetazo del rubio lo alcanzará, simplemente se desvaneció en el aire— nos veremos pronto, Te-ru-ki —dijo desde lo alto y de nuevo desapareció.
[ ... ]
Después de aquella primera disputa, Shimazaki se había encargado de hacerle la vida imposible a Teruki, molestándolo cada vez que podía y de cualquier manera posible, no existía momento en el que el psíquico ciego no encontrará la forma de joderle un poco más la vida al menor.
Siempre, siempre había una manera diferente de molestarle y sacarle de sus casillas.
—¡¿Ya me dirás por qué estás obsesionado conmigo, idiota?! —cuestionó en el suelo harto de todo.
La risa ladeada y llena de soberbia del Shimazaki hizo que Hanazawa quisiera darlo de comer vivo a los cerdos —metafóricamente claro está— y aunado a las palabras del mayor, su instinto asesino acrecentó —diversión, Teru, simple diversión.
Y de esa manera fue como los tranquilos días de Hanazawa Teruki habían terminado para convertirse en ni más ni menos que el patio de Shimazaki Ryo.
