¿A quién no le ha pasado que se enamora del hermana(o) de su amiga(o) ?, pues a mí me paso con el primo de mi amiga (risas). Fue algo muy momentáneo y platónico. Estaba escuchando música mientras lavaba trastes y una canción me hizo recordar eso y pues mi mente estallo y no pude evitar crear esta historia, es muy corta pero valdrá la pena; por cierto he estado escribiendo algo asi como one-shot, (o creo que son mas como historias cortas) como distracción para no bloquearme y frustrarme con la trama de los demás fics, algo así como un respiro.
La música que me ayudo como ambientacion fue:
Dont bring me down - Electric light Orchestra
Ya saben que amo sus comentarios y si alguien más pasó por algo así por favor háganmelo saber y no sentir que soy la única.
Mi mayor tentación
el peligro que provoca tu amor.
Adrenalina en acción
respirar el fuego de tu corazón.
Me consumen las ganas de amarte
hasta el punto en que pierdo la razón.
Mi mayor tentación, eres tú.
Ángel Raziel
Kenshin tenía todo su interés en la clase de matemáticas, a decir verdad era todo un nerd y también un chico deportista, aunque de vez en cuando sentía una gran inclinación y afinidad por romper las reglas y meterse en problemas, por tal motivo, había días en los que Hiko era requerido en la escuela por alguna travesura que el pelirrojo lideraba. Como cualquier padre intentaba persuadir y otras veces retener al joven adolescente mediante tratos o castigos.
Ser padre soltero era un poco complicado pues tenía que distribuir su tiempo, entre educar a su hijo y el trabajo. Sin embargo a pesar de la situación Kenshin se esforzaba por mantener su hogar y buena conducta como su padre se lo pedía. Entendía que ambos estaban solos y que solo se tenían el uno al otro.
La chicharra sonó anunciando así el final de las clases, Sanosuke inmediatamente guardo sus útiles escolares y fue hasta el lugar de su amigo.
– ¿Qué harás después de clases?
–No lo sé, tal vez el proyecto que tenemos pendiente
–Ah cierto, ese proyecto…– la expresión de Sano evidenciaba que lo había olvidado por completo – ¿te parece bien si lo hacemos en mi casa?
–Estaba esperando a que lo dijeras
– ¡Bien!, le mandare un mensaje a mi madre para avisarle que vamos en camino
El muchacho tecleo sobre la pantalla de su celular un mensaje de texto mientras el pelirrojo recogía sus cosas. A Kenshin le gustaba estar en casa de su amigo pues ahí se sentía menos solo, además de que Sanosuke era su mejor amigo.
Salieron del edificio con dirección al aparca bicicletas, ahí estaba la de Sanosuke, que era de color blanco y la de Kenshin de un precioso color cereza quemado.
–Yo habría preferido ir a tu casa, ya sabes, está sola y uno se concentra mejor– Sano pedaleaba rápido para alcanzar a Kenshin.
–Te recuerdo que no hemos hecho nada, si vamos a la mía terminaremos distrayéndonos con los videojuegos.
–Y yo te recuerdo que tienes una maravillosa consola…
Pasaron unos cuantos semáforos cuando al fin llegaron al fraccionamiento donde vivía la familia Shishio.
A pesar de que el sol brillaba radiante en todo su esplendor, el viento invernal de noviembre se hacía presente.
La casa de los Shishio era bonita, tenían un jardín y un garaje donde guardaban los autos ambos padres y las bicicletas de sus dos hijos.
Kenshin no se cansaba de visitarlos, el ambiente era cómodo y muy activo. Ambos muchachos se bajaron de sus bicicletas, estaban por aparcarlas cuando la risa dulce y contagiosa que tanto le gustaba a Kenshin se escuchó tras ellos, ahí estaba la hermana de su amigo. Si había algo que más le gustaba de aquella casa eso era ella.
Kaoru era preciosa, vivas, dulce, inteligente y sobre todo muy sexy. Kenshin se quedó embobado cuando la vio, llevaba puesto una blusa rosa sin mangas y una minifalda de corte A que le facilitaba pedalear su bicicleta color lila.
–Sera mejor que nos demos prisa a entrar a la casa y ganarle el estéreo de papá
El pelirrojo aparto los ojos de la joven y acomodó su bici.
– ¡Kenshin!
Su corazón se aceleró al escucharla llamarlo con tanto entusiasmo.
– ¡Jo-chan déjalo tranquilo! –Sano lo jaló tras el para entrar en la casa en un intento de alejarse lo más pronto posible de su hermana.
–Ella no es ninguna molestia para mí
–Ya lo sé tonto, ¿acaso crees que no me doy cuenta? – El chico entro junto con su amigo a la casa y lo arrastró con él a su habitación –he visto como la miras, viejo casi te la comes con los ojos.
Kenshin sin poder evitarlo se sonrojo pero aun así se defendió –eso no es verdad…
– ¡Claro que lo es!, Ken eres mi mejor amigo te conozco y la conozco a ella, solo quiere alborotarte las hormonas– Sano se dejó caer en su cama y miraba con preocupación a Kenshin como si éste tuviera una rara e incurable enfermedad.
–Hay que hacer el trabajo y me largo a mi casa
Sin decir más ambos se concentraron en el proyecto.
…
Kaoru estaba acomodando su bicicleta y pensaba aun sin comprender el comportamiento errático de su hermano. Entro a la casa anunciando su llegada a su madre que estaba en la cocina.
– ¡Cariño acomoda la mesa para comer!, ¡tu padre está por llegar!
Kaoru entro a la cocina y vio que Yumi tenía su delantal puesto, camino hasta ella y le dio un beso en la mejilla seguido de un abrazo muy cariñoso.
– ¿Cómo te fue?
–Bien, oye ¿tú sabes que le pasa a Sanosuke? – pregunto mientras sacaba platos, cubiertos y vasos de un bonito mueble.
–No, ¿Por qué?, ¿Te dijo algo?
–Estaba allá afuera con Kenshin, quise saludarlos y me grito que los dejara en paz.
–Corazón sabes que tu hermano es muy celoso con sus amistades, te recuerdo que siempre te prohíbe que les hables a sus amigos y más si se trata de él.
–Eso me hace pensar que está enamorado…– Kaoru empezó a reír mientras llevaba todos los trastes hacia al comedor, Yumi por su parte negó con su cabeza lo que decía su hija mayor.
Kaoru tenía 17 años y se había dado cuenta que el "pequeño" Kenshin se sentía atraído hacia ella, lo sabía por qué el pelirrojo era muy obvio. Cuando eran unos niños él normalmente era tierno y cariñoso con ella, incluso Sanosuke se sentía desplazado cuando ella le prestaba atención a su pequeño amigo, claro, en ese tiempo ella tenía 10 años y el 7, ahora las cosas eran distintas, el había entrado en esa edad en la que los chicos empiezan a despertar sexualmente…
Kenshin estaba creciendo y aun así le parecía un chico lindo y tierno, una sonrisita traviesa se escapó de sus labios al darse cuenta de ese absurdo pensamiento, debía ser realista, había cosas que no pasaba por alto, como el hecho de que era un pelirrojo muy guapo, incluso ella pensaba y creía que cuando fuera mayor podría tener a la novia que quisiera e incluso robarle la novia a cualquiera.
–Cariño sube y avísale a tu hermano que bajen a comer– Yumi colocó una tabla de madera en la mesa y sobre ella puso una cazuela de arroz.
Rápidamente obedeció y apareció un brillo especial en sus ojos azules.
Podía engañar a los demás con esa mascara de niña buena pero no así misma, la verdad era que le encantaba ser la fantasía de Kenshin.
Una vez fuera de la habitación de su hermano dejó esos pensamientos y sin anunciarse abrió la puerta.
–Mamá dijo que bajaran a comer– en su rostro reinaba una expresión de inocencia que su hermano sabía que era falsa.
Kenshin inmediatamente volteo a verla de los pies a la cabeza con esa cara de bobo que tanto le gustaba.
– ¡Kaoru te he dicho un montón de veces que toques antes de entrar! – Sanosuke se quitó los anteojos que solo usaba cuando estaba frente a la computadora y la miró molesto.
Tras observa brevemente que su pelirrojo había estado buscando algo en un gran libro salió de la habitación con una gran sonrisa en su cara.
…
Después de ese día Kaoru fue aún más molesta con su pequeño hermano, siempre que podía se burlaba de él haciendo énfasis en el enamoramiento que sentía por su mejor amigo.
–Deberías llevarle flores a Kenshin, así todos sabrán que él ya tiene dueño– decía Kaoru mientras estaba recostada en el sillón mirando videos musicales.
– ¿Quieres cerrar el pico Jo-chan? –Sanosuke llevaba una mochila con un par de videojuegos dentro.
La chica empezó a reír mientras veía a su hermano salir de la casa.
…
La casa donde vivía Kenshin y su padre tenía un hermoso jardín, su madre antes de morir había cuidado con esmero aquel precioso pedazo de tierra, por lo que ambos varones intentaban cuidarlo como mejor podían. Cada cierto tiempo Hiko contrataba a un jardinero experto para que no se estropeara.
La casa era grande, el piso del porche era de madera barnizada en un tono chocolate, la fachada lucía una puerta con dos fijos, sobre los vidrios estaban dibujados unos vitrales preciosos y a cada lado separados por unos metros un par de ventanas bow, ambas hechas de madera.
Aparco su bicicleta en el garaje de la familia Himura y anduvo por un camino de piedras que atravesaban el pasto verde hasta el porche. Tocó una vez el timbre y fue recibido por su amigo.
Las vacaciones de invierno eran de sus favoritas, podían pasar horas jugando dentro de casa sin que nadie les dijera que dejaran eso a un lado y salieran a tomar el sol un rato. Normalmente siempre lo hacían en casa de Kenshin ya que tenían la pantalla para ellos dos solos, además de que si estaban en casa de Sanosuke su fastidiosa hermana podría hacer un comentario como los que últimamente hacía sobre ambos amigos.
–Kenshin ¿Qué diablos le ves a mi hermana?
– ¿De que estas hablando?
–Vamos viejo, no quieras ocultármelo.
– ¿A qué viene esa pregunta?
–Desde esa vez que hicimos el proyecto en mi casa ha estado más odiosa de lo normal.
– ¿Qué te dice o te hace?
–Ella no se cansa de repetir que tú y yo somos gays.
Aquello le cayó como un balde de agua fría al pelirrojo y se notó en su cara – ¿Por qué diablos cree eso?
–No lo sé, ideas que se inventa ella sola, he estado pensando en molestarla de igual manera con su amiga Megumi pero la verdad no le veo lo divertido… por cierto la próxima semana mi familia y yo iremos de viaje, mi padre a rentado una casa cerca de la playa, tiene alberca… aunque pensándolo bien no sé por qué rayos la tiene si está muy cerca el mar, bueno eso no importa, mi madre me ha dicho que puedo invitarte y seria genial, no es que me guste mucho eso de mojarme pero Kaoru llevara a su amiga y ya sabes me gustaría estar con alguien que me entienda, si no vas estaré solo con esas dos– Sano puso una cara de preocupación.
Kenshin se quedó pensativo por un momento, esa era su oportunidad para ver la perfecta figura de su hermosa fantasía, sacudió un poco la cabeza intentando sacar esos malos pensamientos.
–Anda nos divertiremos y si la cosa se pone difícil podríamos desquitarnos con Kaoru y su amiga, además– esta vez Sano tenía una expresión traviesa –podrías ponerle bloqueador solar a mi hermana.
Las mejillas de Kenshin se encendieron al imaginarse a sí mismo poniendo aquel líquido en la espalda de la chica, rozando su mano contra la aterciopelada piel de Kaoru.
Sanosuke soltó una carcajada ante lo absorto que se había quedado su amigo. – ¡Caray!, no pensé que eso último te emocionaría tanto.
Kenshin rápidamente soltó el control de su consola dejándolo caer en el fino tapete de la sala, enseguida se cubrió la entrepierna.
– ¡Deja de reírte!, ¡si no te conociera diría que no tienes opción pero no es así!, ¡tú vas por la amiga de tu hermana! – hablaba mientras ocultaba su cara roja detrás de su flequillo.
–Bueno entonces creo que eso es un si– Sanosuke seguía riendo.
