Este Giyushino se ambienta a modo de crossover del universo de Resident evil.

El sonido de las aspas del helicóptero cortando el viento apenas le permitía escuchar sus propios pensamientos, neutralizado por completo cualquier bullicio que pudiera venir de cualquiera de las calles que se abrían frente a él.

Se despidió del piloto sin voltear con un gesto de su mano, percatandose que la ciudad entera estaba en un silencio sepulcral como un pueblo fantasma.

Inhaló profundo y preparó el dedo en el disparador de su arma consiente que apenas notará una presencia hostil debía accionarlo.

En su memoria rememoró las imagenes de su misión, una familia nuclear compuestos por ambos padres y una pequeña niña. Se encontraban allí, el momento y lugar equivocados, por asuntos totalmente ajenos a incidente ocurrido aquí. El ataque terrorista ocurrió apenas unas tres horas atrás, los objetivos movieron las influencias necesarias para que el gobierno lo enviara a él a su rescate, ya había estado en circunstancias así anteriormente y esperaba haber llegado a tiempo está vez.

Siluetas retorcidas de los que alguna vez se llamaron hombres cruzaron la calle paralela emitiendo sonidos inteligibles y bestiales, impulsados por el instinto de crear a otros, infectarlos.

Giyu se escondía tras un callejón, al hacerlo y levantar la mirada observó la calle que coincidía con la dirección donde los objetivos deberían estarlo esperando, avanzó hasta el final de la calle y entonces llamó a la puerta nadie respondía, insistió una segunda vez, sabía que el ruido atraería infectados, pero que también la ciudad sería depurada en poco tiempo para evitar que la virulencia avanzara.

Presionaba un botón de su móvil, una melodía de música clásica sonó en las cercanías, tensionó la mandíbula y fruncía el ceño con frustración al percatarse que un celular iluminó uno de los bolsillos de uno de los cadáveres en una pila de cuerpos.

Llegó tarde.

Se encontró por dar la vuelta y volver, cuando por encima del hombro observó una pequeña silueta en la ventana, a su memoria veía enseguida la mirada de la hija del matrimonio.

Un gruñido le alertó de un ataque inminente, un infectado lo embestía y lo tiraba al suelo. Un segundo de descuido le había costado estar en esa situación vulnerable. Usaba su arma como defensa entre él las fauces del zombie y una horda siendo alertada hacía él, lo repelía con una parada y en un movimiento rápido disparaba hacia él, se levantaba de un salto y golpeaba con la culata del arma a otro infectado, un tercero iba tras él, pero un disparo lejano lo interceptaba.

Un vestido color vino, una pierna larga que sobresalía de él, botas negras y una sonrisa carmesí, una imagen que contrastaba por completo con el horror de aquel sitio. Con la ligereza de una mariposa pero la letalidad del aguijón de una avispa ella descendía desde el techo entre disparos. Tomioka accionaba en varias ocasiones su arma y entre ambos terminaban con ellos en unos momentos.

— Tomioka-san— ronroneó la chica mirándolo con ojos penetrantes.

— Kochou— respondió el agente con cierta actitud defensiva.

— ¿Por qué esa actitud conmigo? ¿Acaso no sabes cómo tratar a la gente?— cuestionó la chica aproximándose a él.

Giyu intentó contener la respiración, detener los impulsos en su cuerpo que le indicaban al mismo tiempo besarla y arremeter contra ella.

Kochou Shinobu, era en lo que ella llamaria palabras vulgares, una mercenaria. En múltiples ocasiones se había encontrado en el mismo lugar que Tomioka pero con la misión de obtener muestras, aprovechar el caos para destruir pruebas o eliminar objetivos.

Shinobu probablemente había salvado su vida el mismo número de veces que lo había puesto en riesgo mortal.

— No me digas que tú...

Su mirada se dirigió a la pila de cuerpos.

Ella lo miró sonriendo y fingió un ligero puchero, levantó su índice y negó.

— Me ofende que pienses de mi así, no es mi estilo, ya estaban muertos cuando llegue...bueno, los remate— explicó Kochou.

Una explosión repentina, un vehículo de varias toneladas volando por los aires, hasta estrellarse y explotar en un rascacielos.

— No estamos solos Tomioka-san— murmuró Shinobu como si se tratara de un secreto.

La terrible corporación detrás de los ataques biológicos al nivel mundial, era artífice de peores cosas que aquellos títeres pululantes e infectos que alguna vez fueron humanos, ellos hacían emerger criaturas propias de las más terribles pesadillas.

Tomioka corrió hacia el edificio y tiró la puerta con una patada. Él y la mercenaria se adentraron en el edificio mientras restos de hormigón llovían del cielo. Su intención inicial era tomar a la pequeña que se refugiaba dentro y salir de allí por el lado opuesto. Unos ojos aterrados de una niña lo observaban, sin detenerse apenas tuvieron contacto su pequeño cuerpo se aferró con fuerza al de él. Usándose como escudo, embistió la ventana del otro lado rompiendo los cristales y saliendo hacia la calle.

El retumbar de los pasos de la criatura que les pisaba los talones hacía resonar el piso como un temblor, era un hombre gigantesco, severo y de fuerza descomunal, su piel era de un gris enfermizo y vestía una larga gabardina negra.

Su mano como garra se extendió hacía la mercenaria para alcanzarla pero ella salto hacia afuera, la mano de la niña se extendió desde el cuerpo de Tomioka buscando que la alcanzara, Shinobu la tomó y los tres escaparon de allí.

Luego de correr por un largo tramo, terminaron refugiados en un viejo motel, media ciudad estaba a oscuras y no era buena idea merodear por allí a ciegas. Tomioka esperaba en la ventana buscando captar una señal de radio en un receptor que tenía en su mano, con la intención de indicar su posición al helicóptero o al menos advertirle de que había infectados especiales de los que tenía que cuidarse.

La niña dormitaba en la cama, había caído rendida por la tristeza y el agotamiento, confiando en que ellos la mantendrían segura.

Shinobu ingresó a la habitación con varios paquetes de comida entre las manos. Tomioka se sorprendió de aún tenerla allí, en circunstancias similares ya habría huido, resguardando sus propios intereses.

— Pequeña— murmuró casi con dulzura— tengo algo de comer para ti.

— Se llama Kanao, eso dice el expediente—aclaro Giyu sin dejar de ver la ventana.

— Kanao, es un lindo nombre—declaró Kochou haciendo sonreír a la pequeña adornilada.

La niña sin hablar tomó un paquete de galletas y se levantó para llevarlo con Tomioka, jaló su manga para llamar su atención y se lo entregó en sus manos con una sonrisa.

— Gracias.

Kochou destapó un chocolate y tomo un bocado.

— Puedo cuidar de ella yo solo— declaró Giyu sin comprender cómo sonaba.

— No hay nada que agradecer Tomioka-san, yo también disfruto de tu presencia— declaró Kochou con cierto tono sarcástico.

El agente reflexionó en ese momento, en que había habido al menos tres ocasiones en que ella habría podido escapar y dejarlos atrás, pero no lo había hecho, por lo que es más Shinobu los había guiado allí.

— Ella extendió su mano hacia mí, quiso ayudarme, no piensa en la clase de persona que soy— indico Shinobu con la mirada baja.

Giyu la observó y Kochou alzó la mirada, por unos instantes sus ojos se conectaron, Shinobu sonrió en ese momento, de una manera en la que su rostro se vio iluminado y Tomioka no hizo más que imitarla. Kanao en ese momento se refugió acurrucándose en sus piernas y Shinobu acarició su cabello.

La luz del alba anunciaba en ese momento un nuevo día y con este una nueva esperanza. La estática en ese momento en el radio de Giyu se transformó en una voz, cada vez más nítida.

— Señor Giyu, señor ¿Se encuentra bien? ... señor...

— Aquí estoy, calle al noroeste, es un motel

— Lo veo, puedo verle en el techo en quince minutos, señor, tenemos que salir de aquí, están por depurar la ciudad.

Sin decir una palabra ambos afirmaron con la cabeza, se armaron preparándose para salir al pasillo, sabían que algunos infectados rondaban los pisos superiores y otros serían atraídos por el ruido provocado por el transporte aéreo. Les habían sentenciado que debían darse prisa y eso harían.

— Cuidaremos de ti, es una promesa.— dijo Shinobu pasando su mano por el pelo de la niña

Giyu la tomó en brazos y la sujetó a su cuerpo con la mano izquierda.

Corrieron hacia el pasillo oscuro para llegar a la escalera de servicio, un alarido anunció la presencia de un infectado, pero Kochou lo neutralizø al instante. Subieron por el pasillo de emergencia a toda velocidad encontrándose con otro de ellos que Giyu repelió de una patada haciendo que al caer se rompiera el cuello. Los sonidos de las hélices cortando el viento eran próximos, pero también los sonidos de muerte que le acechaban desde abajo.

Surgieron en la azotea del edificio, el sol matinal ya lo iluminaba todo, Tomioka extendió su mano hacia Shinobu y está la tomó con firmeza haciendo que subiera primero al helicóptero, extendió con sus manos a Kanao para que la sujetará. Los infectados surgieron entonces y Tomioka de un salto subió justo en el instante en el que estaban por alcanzarlo.

El helicóptero se alejaba en el horizonte mientras lenguas de fuego generadas por los misiles arrojados a la ciudad la reducian a cenizas. Kanao estaba acurrucada entre los brazos de Kochou descansando su cabeza en el brazo de Tomioka.

— Buenas noches papá y mama— murmuró la niña entre sueños.

Ambos se observaron por un instante y en las mejillas de ella se dibujó un ligero rubor. No estaban ni cerca de poder ser algo así, hasta ahora sus vidas los habían enfrentado en bandos opuestos, pero ambos entendían sobre el abandono y la soledad, les unían recuerdos de un pasado difícil y de haber podido habrían querido a alguien a su lado, una familia.

— Si es nuestra hija, naturalmente se parece a mi, por qué tú eres feo Tomioka- san.

Giyu esbozó una leve sonrisa en su rostro meneando la cabeza.