"Hell, I love you enough now. What do want to do, ruin me?"
"Yes, i want to ruin you."
"Good, that's what i want too."
-Ernest Hemingway
Habían sido horas, largas y tediosas horas solitarias. De acuerdo, tal vez solo habían sido como 30 minutos, pero a Alexander le había parecido una eternidad. Thomas recién llegado de una reunión de trabajo que había durado la mayor parte del día finalmente había regresado a casa. ¡Y en lugar de tomar un descanso y pasar tiempo con su novio, inmediatamente se sentó en la mesa de la cocina para hacer más trabajo!
—¡Thomas! —estaba gimiendo, sabía que lo estaba y, por patético que le hiciera sentir, estaba desesperado.
—Alexander, quiero tener una ventaja inicial en esto para no tener problemas en el último minuto —Thomas respondió con calma. Lo mínimo que el hombre podía hacer era enojarse para que Alexander pudiera fingir dolor y marcharse—. Tan pronto como termine estas primeras páginas, lo dejaré por hoy.
—¡Pero te has ido todo el día! —Alexander se desplomó sobre la mesa—. ¡Uno pensaría que tomarías un descanso cuando llegaras a casa para pasar tiempo conmigo!
—Pensarías eso, ¿no? —Thomas respondió sin apartar la mirada de la pantalla—. Pero pensaste mal.
—¡UGH! —Alexander gimió en voz alta.
Thomas finalmente levantó la mirada. —Mira, cuanto más rápido me dejes en paz, más rápido terminaré.
A Alexander le sonaba una lógica increíble, pero en realidad no estaba de humor para que le dieran soluciones reales a sus problemas. Más centrado en simplemente dramatizar la situación que, de hecho, era uno de sus pasatiempos favoritos.
—¿De qué estás hablando? Siempre terminas rápido.
—Sigue así y no habrá tiempo para nosotros después de esto.
—Eres el peor.
—Estás saliendo conmigo.
—¡Bien! —resopló, lanzó sus manos al aire y se dirigió hacia la habitación sin darse cuenta de la suave sonrisa de Thomas mientras desaparecía por la esquina y se dejaba caer en la cama.
—¡UGH! —gimió lo suficientemente fuerte como para que Thomas lo escuchara, pero todo lo que obtuvo fue una carcajada.
—¡Maleducado! —grito.
—Solo para ti —Thomas dijo de vuelta.
—Estúpido hijo de puta —murmuró en la almohada—. Yo le mostraré —de repente había tenido la mejor idea de cómo hacer que Thomas tomara un descanso en su trabajo y le prestara atención. Algo que estaba seguro de que funcionara porque nunca había funcionado antes.
Se apresuró hacia el lado del armario de Thomas y recorrió las camisas buscando la perfecta. Si había algo que le gustaba a Thomas, era cuando Alexander usaba su ropa. Y si la vista de Alexander vistiendo nada más que una de las camisas de gran tamaño de Thomas no fuera suficiente para sacarlo del trabajo, entonces los cerdos iban a volar sobre la ciudad de Nueva York.
—Voy a hacer el almuerzo, ¿quieres algo? —Alexander dijo volviendo a entrar a la cocina y dirigiéndose a la nevera.
—En realidad, estaba... ¿esa es mi camisa?
Alexander ni siquiera le dedicó una mirada cuando se agachó empujando su trasero en el aire mientras pretendía mirar a través de la nevera. —Sí, lo es, ¿y estabas diciendo?
—Bueno, yo... iba a decir que deberíamos.
—¿Todo bien Thomas? —preguntó dulcemente finalmente sacando una bolsa de rebanadas de pavo y girándose hacia él—. ¿Más hambre de lo que pensabas?
Thomas tragó con dificultad. —Tal vez, solo hazme lo que sea que estés decidiendo.
Escuchó el chasquido interrumpido de las teclas de la computadora mientras revoloteaba por la cocina preparándoles el almuerzo a los dos y tomó en cuenta la forma en que Thomas estaba tratando de mantener sus ojos en la pantalla pero finalmente fallaba y sonrió de espaldas a él.
—Aquí esta —cantó dejando el sándwich frente a su novio y besándolo en la mejilla.
—Lex, sé lo que estás haciendo —Thomas puso sus manos en su regazo y le frunció el ceño.
—¿Preparándote el almuerzo?
—No te hagas el tonto. Solo quieres que deje de hacer mi trabajo para follarte.
Alexander tiró hacia abajo del dobladillo de la camisa que rozaba la parte superior de sus muslos. —¿Quieres follarme?
A modo de respuesta verbal, Thomas le pasó un brazo por la cintura y lo sentó en su regazo. —Te gustaría eso, ¿no? —preguntó besando el cuello de Alexander.
—UH Huh —arqueó la barbilla dándole a Thomas más espacio para arrastrar sus labios alrededor.
—Mmhm —Thomas tarareó contra su oído cuando sus manos viajaron abajo, abajo, abajo.
—Oh —Alexander agarró sus hombros con más fuerza cuando la mano de Thomas se cerró alrededor de su pene.
—Estás en lo correcto —Thomas murmuró entre besos—. Valió la pena detenerse por esto.
Alexander enredó sus manos en el cabello de Thomas y tiró con cada movimiento lento de su pene. Thomas apartó la mano cuando Alexander empezó a mover las caderas.
—Espera —dijo tratando de alejar a Alexander—. Habitación.
Alexander se puso de pie en un instante y tomó la mano de Thomas cuando lo guio hacia el dormitorio. Thomas estaba sobre él en el momento en que estuvieron adentro empujándolo insistentemente sobre la cama y levantando la camisa hasta su estómago mientras presionaba sus labios en un beso desordenado.
—Thomas, por favor —Alexander gimió cuando enganchó sus piernas alrededor de la cintura de su novio y se apretaba contra él.
—Está bien, solo espera —estaba sin aliento cuando se puso de pie dejando a Alexander en la cama para buscar en el armario. Alexander jadeó apartándose el cabello de la cara y sintiéndose muy complacido consigo mismo. Su plan estaba funcionando muy bien.
Thomas regresó momentos después con un par de esposas y la boca de Alexander se secó.
—Está bien, sí, así que vamos a hacer esto de nuevo.
Thomas se subió a la cama. —Te encantó la primera vez, cariño.
Alexander se dejó manipular cuando Thomas ató las esposas alrededor de una muñeca, las pasó por la cabecera y las cerró alrededor de la otra.
—Sabes que a papi le encanta cuando no puedes moverte —presiona a Alexander más fuerte contra el colchón con un beso desordenado—. Cuando no puedes resistirte.
Alexander gime y se retuerce cuando las manos de Thomas viajan por sus muslos temblorosos para separarlos alrededor de su cintura hasta su pene lloroso que se pone firme y gotea líquido preseminal.
Su mano se enrolla alrededor de él una vez más y Alexander presiona las puntas de sus pies contra el colchón arqueando la espalda al toque.
—Realmente has estado esperando todo el día, ¿no? —Thomas arrulla bombeando más rápido viendo el líquido que sale con cada embestida y el tartamudeo de las caderas de Alexander.
—Todo el día esperándote —Alexander gime.
Thomas tira de él en otro beso
—Te voy a joder hasta la mierda —sus labios están a centímetros de los de Alexander—. Voy a follarte hasta que solo puedas decir mi nombre.
—Sí —los ojos de Alexander se cerraron mientras esperaba el toque de Thomas.
—Justo después de que termine con mi trabajo —dijo antes de bajarse de la cama.
—¿Espera qué? —Alexander tiró de sus muñecas mientras Thomas alisaba las arrugas de su camisa—. Thomas espera. ¡Me engañaste!
—Tú empezaste —Thomas se encogió de hombros—. ¿De verdad crees que soy tan ingenuo?
Alexander se burló. —¡Hola, estoy caliente!
Thomas puso los ojos en blanco. —Ese hecho no excusa el trabajo que tengo que hacer —presionó un beso en la frente de Alexander—. Ahora sé bueno y quédate callado aquí mientras termino y si te portas bien, obtendrás una recompensa.
Alexander enseñó los dientes, pero no parecía muy amenazador en su posición indefensa. —No puedes cambiar esto en mí.
—Estoy bastante seguro de que lo acabo de hacer. Y si no puedes callarte, tendré que amordazarte.
Maldice a Thomas por ser la persona más sexy de la historia y, al mismo tiempo, ser un duro.
—No puedes dejarme aquí —Alexander comenzó a protestar cuando Thomas se giró para salir—. Estarás en esa computadora durante horas.
Thomas fingió hacer un puchero. —Si tan solo me hubieras dado tiempo, te dije que tenía que terminar —luego sonrió—. Y Alex, si no termino, puedo prometerte que tú tampoco lo harás.
Alexander habría replicado si Thomas no hubiera cerrado la puerta.
—¡Vete a la mierda! —gritó
—Te quiero —Thomas dijo de vuelta.
