Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.
La vida es una efímera y maldecida forma en la que los seres humanos encuentran su perdición progresivamente, solamente el 1% de nuestra población ha sabido ser feliz y salir de la desgracia que conlleva vivir en la actualidad que nos rodea.
-La única opción para mí, es la eterna y tranquila muerte -alce con cuidado aquella arma que pondría fin a mi vida mortal y me abriría las puertas de la felicidad.
- ¡Hermana, calmate! -con un ágil, pero grosero movimiento, una jovencita de cabellos castaños retiro mi arma y negó ferozmente con la cabeza en un bucle de decepción hacia mi- ¿Cuándo vas a entender que no puedes suicidarte con una zanahoria? -sacudió aquel vegetal anaranjado y pico con su dedo índice la punta- esto no podría ni atravesar un papel fácilmente.
-Con que atraviese mi corazón estaría mas que satisfecha -al notar la poca clemencia que tendría mi pariente sobre mí, opte por recostarme en mi cama, al menos su suavidad haría de mi vida menos pesada.
-No tienes por qué ser tan dramática -la jovencita suspiro y se sentó en mi cama. Aun por el rabillo del ojo logre divisar el como formaba una mueca con su boca- no eres la única que se avergonzó, María onee-chan.
- ¡Tu no tenías puesto una pantalonera llena de pintura! -grite y atrape mi cara en mi fiel almohada.
-Eso que ni que -una pequeña risita burlona salió de los labios de la menor- y eso que yo iba con blusa de tirantes, pero tú eras la que peor se veía~
Gruñí al escuchar sus palabras, aun recordarlo causaba en mi una gran vergüenza. Pude conocer al amor de mi vida, pero ¡no! Tenia que arruinarlo.
-Dos días antes-
¿Les ha pasado que un día están haciendo una actividad en su casa y cuando tienen que salir simplemente no lo hacen? Es ahora mi perfecto caso. Aquella mañana soleada me había propuesto a pintar el baño de mi casa que ya necesitaba una buena pasada de pintura. Todo salía según lo planeado, al levantarme temprano podía darme el lujo de tomarme mi tiempo y descansar en intervalos así que antes de las diez de la mañana ya presumía de casi terminar el baño.
-Yo creo que una ultima pasada y quedara listo -admire orgullosa mi mas reciente obra.
Vestida con una pantalonera con vestigios de azul marino, una camiseta roja y el cabello amarrado con rastros de pintura, podía jactarme de mi gran habilidad con la brocha.
-Yo digo que esta perfecta, hermana -dijo Serena que ese día solo portaba una blusa de tirantes y un short algo informal- ¿no quieres pintar lo que resta de la casa?
-Suena tentadora la idea de no ser porque nos hemos acabado la pintura -le sonreí entre risitas- si consigues más, pintare lo que falte, ¿sí?
-Me gusta como suena eso -ella correspondió mi risita- ¿tendrás un poco de tiempo ahora?
-En lo que termina de secar, supongo -la mire con cierta duda- ¿Qué tienes planeado?
-Necesito que me acompañes a la carnicería -dijo con simpleza.
- ¿No puedes ir sola? Normalmente lo haces -me parecía curioso que me lo pidiera cuando por lo general ella es muy independiente.
- ¿Qué una chica de 18 años no puede pedirle ayuda a su hermana mayor? -su sonrisa angelical funcionaria si no la conociera tan bien.
-Ya mejor dime la verdad, Serena. Tus trucos no funcionan conmigo -al cruzarme de brazos y verla con severidad ella se irguió instintivamente.
-E-es que es mucho lo que voy a pedir -frunció el ceño, parecía una niña pequeña que iba a ser regañada- y me gustaría algo de ayuda…
- ¿No puedes pedírselo a Shirabe o a Kirika? -alce la ceja, esperando una respuesta coherente.
-Sabes que no puedo pedirles eso, ahora mismo se encuentran en sus famosas citas, ¿enserio crees que me harán caso? -la menor con un movimiento veloz de deshizo de mis brazos cruzados y se agarro del brazo izquierdo- ¿podrías ayudarme esta vez? ¡prometo compensarte si lo haces!
La observe por unos segundos, aún seguía usando esa estrategia de los ojitos angelicales. Suspire, no me iba a convencer su técnica, pero ciertamente no podía dejarla cargando toda la carne.
-Bien, te ayudare -negué con la cabeza y ella dio un pequeño saltito de alegría- al menos dejame cambiarme de ropa, no puedo salir así.
-Yo me voy a ir así, ¿Qué tendría de malo? Vamos a la carnicería que está a unas cuadras, no hay mucha gente estos días, no creo que te pongan un, pero por estar manchada de pintura.
- ¿Eso crees? -alce la ceja y ella asintió enérgica- entiendo, entonces me iré de esta manera -camine un poco hacia la salida del baño y directo a la salida de la casa- ¿le avisaste a madre que iríamos por la carne?
-No te preocupes, ella lo sabe -su sonrisa inocente delataba que decía la verdad.
-Mas te vale, ya sabes cómo se preocupa -abrí la puerta de la casa y le ofrecí una sonrisa a mi hermana- andando entonces.
- ¡Si! -alzo su puño al aire como si de una nueva aventura se tratara.
o-o-o-o
Ciertamente no había mucha gente en la calle, salvo algunos señores mayores y unos perros. Vivíamos en un lugar tranquilo de Osaka, aunque la mayor parte de la ciudad podía parecer una fiesta eterna.
La carnicería a la cual nos dirigíamos había comenzado con su renovación hacia varios meses y esta seria la primera vez que iríamos desde su reinauguración hace dos semanas.
-Si que es un lugar grande -alce la mirada y no pude evitar silbar al ver el inmenso edificio enfrente mío.
-No escatimaron en gastos los dueños -Serena se encogió de los hombros y abrió la puerta del local- vamos, no quiero que místicamente cierren por quedarnos viendo el edificio todo el día.
-Dudo que eso pase, a decir verdad -la acompañe adentro y el lugar de verdad asombroso.
Parecía un minisúper, no una carnicería. No era nada comparado con esa carnicería con pisos ensangrentados y resbalosos de antaño o esas paredes grisáceas que antes eran blancas. No, todo parecía tan nuevo que incluso daba miedo tocar las verduras del mostrados por el miedo a que fueran de cristal y este se rompiera de inmediato.
-Vamos hermana, aprovechemos que no hay fila -la menor tomo mi mano e hizo que nos acercáramos a la vitrina donde veríamos varios cortes de carne que a decir verdad desconocía.
- ¿Y dónde está el carnicero? -intente mirar adentro la habitación donde cortaban la carne, pero no visualice nada.
- ¿Sera que tenemos que tocar esta campana? -con su pregunta vino la acción de tocar la campana.
En el tintineo de ese objeto sonoro salieron del interior de una habitación dos jóvenes… En este momento es cuando odio ser una persona floja, ¿¡Dónde está mi carnicero gordo lleno de sangre y grasa de puerco!? ¿¡Porque tienen que atender mujeres tan guapas!?
Una de ellas tenia una sonrisa confiada y astuta a la par de esos ojos rojo fuego, su cabello anaranjado lo llevaba atado con una cola de caballo, aunque se notaba unos mechones de su rebelde cabello, todo estaba prolijo a su particular manera. La otra poseía una mirada tranquila y serena, sus ojos índigos eran simplemente hipnóticos, su cabellera azulada amarrada era el accesorio perfecto para esa piel tersa de porcelana. Sin cumplir con el código de un buen carnicero, no llevaban ropa sucia y un delantal manchado de batallas antiguas, no, esas jóvenes traían puesto unos pantalones negros y camisa blanca de vestir; su mandil negro era el complemento para su imponente entrada.
Tuve que sacudir mi cabeza e incluso pestañear un par de veces para verificar lo que mis ojos estaban visualizando. En definitiva, eran de verdad.
Observe a Serena que estaba igual de estupefacta que yo.
-Buenos días, soy Kanade y estoy a su servicio -la joven de anaranjado cabello hizo una breve reverencia con esa impecable sonrisa- ¿en qué les puedo servir?
La castaña carraspeo un poco antes de contestar, su cordura no era de todo viable, pero era mejor que la mía- buenos días, voy a necesitar estos productos -saco de la bolsa de sus shorts una lista.
En lo que mi hermana conversaba con la señorita Kanade, me sentí observada por unos ojos penetrantes. Al dirigir la mirada a su origen, me tope con esos ojos índigos que no parecían de dejar de analizarme.
Maldita sea, ¿Por qué justo hoy me gano la flojera? Mis pantalones y camiseta eran un completo desastre y ni combinaban, sin contar que mi cabello parecía que había sido reburujado por un gato salvaje. Eso sin decir que tenia tanta cantidad de pintura en mi cabello que había vestigios del rosa original.
-Que encantador -escuche la voz fina y sedosa de aquella carnicera.
Estaba sonrojada por mi apariencia informal; pero entre a otro nivel cuando soltó esas palabras.
-Listo hermana, vámonos -la castaña tomo mi mano antes de que pudiera dialogar algo a la joven de cabello azul.
-A-adiós -fueron las últimas palabras que dije entre los jalones apresurados de la menor.
Ella cargaba la bolsa con la carne, yo la seguía por detrás. Nuestra antes animada platica se había convertido en una gélida contestación de meditaciones diminutas. Cada una se encontraba en su mundo, ignoro que habría dicho Serena, al menos yo no dejaba de reprocharme lo estúpida y floja que había sido el día de hoy.
En cuanto llegamos a la casa y al cerrar la puerta tras de mí, mis pies me dirigieron a la sala donde al acostarme solté un grito de frustración total.
- ¡Maldición! -grite por enésima vez, sintiéndome completamente tonta y estúpida- ¡estas cosas solo me pueden pasar a mi- de no ser por ese cojín, mi grito se habría escuchado hasta la otra cuadra.
-María-onee chan -la castaña palmeo mi espalda, me erguí para verla, tenia la idea de que me abrazaría para consolarme. Al hacerlo me tope con su fría mirada que se clavaba en mi como un millar de agujas- ¿¡Como pudiste permitir que nos fuéramos de esta manera!?
Sacudí inmediatamente la cabeza cuando su inminente grito. Era irreal, en sus 18 años de vida, Serena nunca había alzado la voz como en ese momento y menos manifestaba una mirada tan amenazadora.
-No entiendo que es lo que estas tratando de decir, Serena -repuse cuando carraspea un poco- explicate- intenté mantenerme tranquila, fuera de que mis emociones estaban desbordando en ese preciso momento.
-Es que… -cerro los ojos brevemente, tomo aire y al abrirlos un viento espeluznante hizo aparición en la escena- ¿¡Como permitiste que nos fuéramos con estas fachas a la carnicería!? -señalo su atuendo despectivamente- ¡tu eres la que siempre insiste en que vayamos bien arregladas a la casa! ¿Enserio no se te ocurrió ser insistente hoy?
-Pues… -cual niña regañada, comencé a hablar cohibida- tu dijiste que la carnicería no estaba lejos y que no habría mucha gente en la calle… -al razonar un poco la situación, mi actitud cambio a la hermana dominante- ¿Por qué me atribuyes la culpa? ¡fuiste tu la que insistió! -la señale con un poco de molestia- ¡en todo caso tu eres la que tiene la culpa de todo?
- ¿Yo? -palmeo su pecho con su mano derecha- la que siempre tiene una manía compulsiva por la ropa eres tu -pico despectivamente mi cabeza- sin contar que eres la mayor, ¿y te vas con esa ropa a la carnicería? -agarro una parte de mi camisa y la estiro- ahora entiendo porque nunca te vas a casar.
- ¡Serena! -me levante velozmente de la sala- ¿Cómo iba a saber que remodelarían así la carnicería? ¡Tu eres la que esta mas pegada a este lugar, eres la mas indicada para saber que tipo de cambios harán!
- ¡Por tu culpa nunca tendré a la señora Cadenzavna! -grito fúrica.
- ¡No eres la única que quedo en ridículo enfrente del futuro amor de su vida! -mi grito no se quedó atrás del tuyo, resonó como un gran rugido.
-o-o-
Una pelea no es siempre la mejor opción para resolver los problemas. Serena y yo discutimos alrededor de una hora y media, nos culpábamos una a la otra e intentábamos derrotar a nuestro rival en cada intento. De tan alto calibre fue nuestra discusión que llegaron Shirabe y Kirika y la comida no estaba ni por empezar. Desconcertadas por nuestras actitudes, optaron por retirarse sin enterarse mucho de la situación. En parte no puedo culparlas, también huiría si viera a dos leonas pelear. Fue solo hasta que llego nuestra madre que nos logramos parar y "perdonar"; con un ágil movimiento golpeo nuestras cabezas una contra la otra y así termino la discusión.
Ambas nos miramos y nos sonreímos resignadas. Ciertamente no podía estar peleada con mi hermana, la amo demasiado como para hacerlo. Aunque debo aceptar que la situación, por primera vez, ameritaba las agresiones.
Solo imagínenlo, conocer al amor de tu vida en una carnicería y no tener el valor de volver solamente porque te morías de la vergüenza que esa hermosa mujer se riera de ti. A decir verdad, ella me dijo una palabra bastante halagadora, ¿pero qué tal si fue por lastima? No tiene cara de ser una mujer que siente lastima… Aun así, no iría, que vergüenza, no, no, tengo un poco de dignidad.
Admito mi pecado, podría volverme adicta al sonido suave de su voz.
-Actualidad-
Pese al tiempo que paso de aquel fatídico incidente a la actualidad, no me había logrado recuperar del todo. Cuando recordaba lo que había pasado, simplemente me arrojaba al primer lugar suave que encontraba y lloraba por mi batalla sin pelear.
A diferencia mía, que lagrimeaba infantilmente, mi hermana parecía muy sonriente, como si algo fantástico le hubiera pasado en los últimos dos días. Ignoro la razón, pero ella salía constantemente de la casa, principalmente después de las 3 de la tarde. Se le veía radiante, casi emulaba la calidez que espiraba el sol.
- ¿Por qué no te ves como yo? -alce la ceja con duda cuando nuestras miradas se cruzaron.
Cerro los ojos por unos segundos y tras reír risueñamente abrió los ojos- es un se-cre-to -resalto cada una de las silabas, como si las saboreara.
-Me duele que tengas secretos hacia mí, Serena -fruncí el ceño, desaprobando sus acciones- tu nunca me has ocultado algo, ¿Qué lo diferencia de ahora?
-Es algo que quiero guardar solo para mi -toco su pecho con ambas manos y esa sonrisa relajada y enternecida salió de sus labios- es mejor que estarse quejando todo el día como tú, onee-chan.
-Lo hago porque es lo justo -suspiré y negué un par de veces con la cabeza- nunca he pasado tanta pena en mi vida, y sabes que Kirika me aventó lodo en la cabeza cuando tenía cinco años cuando iba a empezar el recital de la escuela.
-Esa chica es tremenda, en el pasado y en el futuro -rio suavemente y se encogió de hombros para continuar hablando- debes de salir de la casa, conoce gente María.
-No quiero -abracé mi almohada y negué de nuevo con la cabeza. De verdad parecía una niña chiquita- si lo hiciera, tal vez pasaría lo mismo.
-En ese caso solo debes de prepararte -tomo mi mano y tiro de ella con el fin de levantarme de la cama- si la vida te golpea, te levantas con mas fuerza. O en este caso, te vistes como toda una reina -cerro su ojo derecho y ladeo la cabeza con una sonrisa traviesa.
-A decir verdad, tengo algo de miedo contigo el día de hoy, y no sé porque -cuando logro levantarme de la cama, su sonrisa se hizo un poco más grande- ¿Qué te traes hoy?
-Quiero que mi hermana mayor salga a tomar el sol, ¿Qué tiene eso de malo? -fue directamente a mi armario y saco un par de conjuntos- quien sabe, un evento inesperado puede dar lugar en cualquier parte.
-Tus palabras son confusas y aterradoras -suspire y me acerque al armario- creo que un poco de aire no me caerá mal, ¿o sí?
Emule una diminuta sonrisa. No había salido de la casa desde que tuve ese incidente, a decir verdad, no podía dejar de pensar en esa jovencita de cabello azulado. Su porte elegante, etéreo, sincero y serio: era un encanto prometedor. No había pasado mucho tiempo desde que nos vimos, su imagen seguía siendo vivida en mis pensamientos. Al cerrar los ojos, era atrapada por su sagaz sonrisa me hacia suspirar y entre sueños añoraba ser la poseedora de aquella magnificencia.
Era algo particular en ese día que su recuerdo se había mas fuerte, incluso no puse obstáculos a los intentos de Serena de sacarme de la cama cuando otras veces lo había intentado con mas vehemencia.
- ¿Qué es lo peor que puede pasar? -logre sonreír de lado al mirar la vestimenta que portaría ese día.
-Una hora más tarde-
La ciudad seria perfecta a no ser por la cantidad excesiva de calor. No tengo problemas con un baño de sol, pero ese día parecía que caía lumbre a las calles de la ciudad. Afortunadamente mi atuendo me permitía estar ligera contra este tipo de climas: una blusa de manga ¾ color menta, falda negra con franjas anaranjadas que me llegaba por debajo del muslo; sandalias grises con cintas cruzadas; y unos lentes negros que cubrían mis ojos del abrumador sol.
Tal vez sea mi vanidad saliendo a la luz, pero me sentía bien con ese atuendo y algo me decía que las cosas podían mejorar al son de mi caminar.
- ¡Cuidado! -un potente grito se hizo presencia cuando un flash amarillo cruzo al lado mío y choco contra el poster.
-Ay Dios -me acerque a aquel individuo- ¿te encuentras bien? -le pregunte y la figura solo sacudió la cabeza.
Aquella era una jovencita de cabello corto y de color anaranjado. Llevaba puesto un overol grisáceo lleno de aceite por lo que podía evaluar. Esa señorita se levantó poco a poco del piso, puesto que cuando choco contra el poste cayo de rodillas.
-No es nada -dijo con un tono adolorido, pero ciertamente alegre- lamento asustarla, señorita -al incorporarse me miro y sonrió alegremente.
- ¿Segura que no te duele algo? -esa imprudencia me recordaba mucho a cierta rubia, así que, sabiendo lo que eso provocaría en ella, di un paso hacia adelante y toque con mi mano su sonrojada frente- ¿no que no te dolía? -alce la ceja cuando la vi dar un saltito en cuanto la toque.
-Solo fue un poco -rio algo nerviosa- me pasa todo el tiempo, es algo común para mi andar chocando tontamente -inclino un poco su cabeza- pero agradezco que se preocupe, señorita… -hizo una pausa para que le dijera mi nombre.
-María -omití mis apellidos, a decir verdad, es difícil para los japones pronunciarlo adecuadamente- ¿y tú quién eres?
-Oh, pero que buena pregunta -coloco su mano en su pecho y lo inflo como orgullosa- yo soy…
- ¡TACHIBANA! -otro fuerte y prominente grito hizo aparición.
A diferencia del anterior, este parecía más una fuerza destructiva de aura azulada a un flash.
-Te dejo sola solo un minuto, ¡y haces estas cosas! -cuando esos cabellos azules volaron a mi lateral y visualice esa fina cara, supe rápidamente de quien se trataba- mira que golpearte la cabeza -sacudió su cabeza en negación cuando vio la de su compañera- Yukine se enojara contigo si llegas así, pero ni modo, tenemos que tratarte.
-Lo lamento, Tsubasa-san -inclino la cabeza, pero mas que verse arrepentida parecía divertirse con los humores de la peliazul.
-No tienes remedio, Tachibana -tras suspirar, poco a poco su mirada se fue dirigiendo hacia mi- ¿Qué sucede contigo y preocupar a los demás? -en cuando nuestras miradas se cruzaron, se cayó, no hubo más palabras.
El cerúleo y el índigo se encontraron de forma calmada. Se buscaba una explicación lógica de porque se encontraban ahí. El índigo de sus ojos me miro de pies a cabeza y un tenue color rojizo se estableció en sus mejillas. En cambio, mis ojos también la observaron, llevaba el mismo atuendo que Tachibana, solo que estaba aún más cubierto de grasa y su cabello se encontraba recogido con una cola de caballo.
Cuando ella se dio cuenta de que la observaba, alejo su mirada de mi y observo otro punto distante. Se cruzo de brazos y murmuro un par de cosas que no alcance a escuchar.
- ¿así que eres tú? -la sonrisa infantil de la jovencita accidentada se parecía mucho a la que Serena tenia hace unas horas atrás- Si que tienes buenos gustos, Tsubasa-san -sacudió la cabeza en aprobación y alzo su pulgar- ¡que los dioses les den esa gran oportunidad que esperan! -asintió un par de veces antes de que su superior la observara con ojos de muerte- entiendo, entiendo. Te dejare, por hoy -rio traviesa y al verme inclino un poco la cabeza- gracias por preocuparte por mí, María-san. Me iré adelantando, por favor, se buena con Tsubasa-san -con esa sonrisa se fue marchando del lugar sin esperar contestación alguna.
- ¿Qué fue eso? -lance mi pregunta al aire. Al no recibir respuesta mire a mi acompañante y la sorpresa no cabía en mí.
Si su imagen en la carnicería me parecía atractiva, en esa posición esa chica adorable me hacía creer que era la persona mas linda y apetecible del mundo. Sus mejillas sonrojadas y ojos inofensivos la hacían parecer una presa que pedía clemencia a su atacante.
Simplemente sonreí enternecida y algo divertida, era un espectáculo de pura excelencia. No perdería esta oportunidad, como dije hace rato: este día será especial.
-Supongo que estamos iguales -incline un poco mi cuerpo, puesto que ella es algo más baja que yo.
- ¿A-a que te refieres? -me observo de forma tímida, aunque curiosa.
-Que tu me viste llena de pintura y yo te veo llena de manchas negras -mantuve esa sonrisa amistosa y ella cuando se vio soltó un suspiro.
-Qué vergüenza -nerviosa soltó una risita- normalmente solo me ven así cuando trabajo en el taller…
-A mi me parece adorable -solté con una risita y ella me miro sorprendida.
Ni yo conocía este lado mío. Por lo general me limito a decir monosílabas con gente extraña o simplemente no dialogaba mas de lo usual. Pero con ella era diferente, quería ver más de sus exquisitas reacciones, quería estar más tiempo con ella para conocerla mejor.
-E-Eso es inesperado…
-Y es mas cuando no conoces a la persona -carraspeé un poco- María, María Cadenzavna Eve, con decirme María está bien ¿puedo saber tu nombre? -pedí me manera amable.
-E-eh… -trato de calmarse al tomar y soltar aire un par de veces- Tsubasa, Kazanari Tsubasa. Puedes llamarme como gustes -poco a poco esa voz elegante volvía a tomar posesión de su cuerpo.
-Entiendo, Tsubasa- saboree cada silaba de su nombre como si fuera un rico helado- ¿te puedo proponer algo?
-Dime -contesto un tanto interesada.
-Ahora que nos hemos visto en "fachas", como dice mi hermana -sí que me sentía nerviosa, pero por hoy no controlaría mis sentimientos- ¿te parece si salimos en una cita?
¡FIN DEL CAPITULO! Ustedes decidirán si hago o no la continuación… Oh, maldad de media noche, aunque debería estar haciendo "Nanny María" … Bueno "debería" en mi defensa, ando sacando unos one-shot pendientes antes de que se vaya la inspiración de hacerlos jaja.
Esta historia… Al menos la primera parte si llego a pasar, a mi hermana y a mi para ser exacta xD. ¿Desde cuando las carnicerías tienen gente así? Eran chicos super atractivos cortando carne, es el sueño erotico de toda ama de casa xD.
Pero bien, por mi parte es todo, mañana toca trabajar y si no voy… Pues no me pagan xD.
¡Gracias por leer!
