Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.


En veces, la vida te propone retos y tu decides si aceptarlos o no, como la Sakimori que soy, he prometido jamás rendirme a aquello que parezca imposible, aunque… Es de verdad espeluznante.

- ¡Tienes que ponerte esto, Tsubasa! –grito con alegría la joven de cabello ardiente.

Se que debería estar feliz por lo que iba a pasar, y no es que fuera indiferente, solo que tanta insistencia en mi atuendo enserio me hacia querer fugarme lejos para que dejaran de molestar.

- Te lo he dicho muchas veces Kanade, senpai no se va a poner un vestidito de flores –agrego la albina que aburrida volvió a su misión de chupar su paleta.

- Estas arruinando el momento, Chris –la pelirroja frunció el ceño- a todo esto ¿Por qué sigues sin decirme "senpai"? soy mayor que Tsubasa, merezco respeto~

En el puchero de la joven, la albina iba a contestar, pero en ese preciso instante, el pequeño demonio de Tasmania que tenían por amiga fue la que contesto primero.

- Es porque ella no te respeta a ti, Kanade-san –agrego con una risita traviesa- bueno, al menos no te tiene en su top 2 de personas favoritas.

- ¿Asi? ¿y quienes están en su top según tu? –la pelirroja alzo la ceja, retando a la joven de ojos ambarinos.

- Evidentemente, Tsubasa-san es su número 2 y yo –inflo el pecho con orgullo- Yo soy su numero uno.

La habitación se lleno de un incomodo silencio, todas a excepción de Tachibana y Yukine nos veíamos con la duda de que si ella se creía semejante tontería que había dicho.

- No se porque no creo que las cosas sean así –Kanade se animó a hablar- ¿tú qué opinas? –pregunto mirándome.

- Pues… -carraspeo antes de hablar, intentando modular mi tono de voz a uno particularmente tranquilo- En lo personal, no tengo duda de que Yukine me tenga aprecio, pero ¿a Tachibana? No se si querer a alguien implique golpearla todo el día por cualquier cosa que haga, pero bueno.

- Creo que puede llegar a quererme mas a mi –confeso la Amou- digo, cuando tiene problemas y no te encuentra a ti, a mi es a la primera que busca, no a esta niña hiperactiva –aprovechando la cercanía que tenía con Tachibana para sacudir su cabello con burla.

- ¡Oso, oso mentiroso! –exclamo la ojiambar- ¡Chris-chan me quiere mucho! ¿verdad?

Con entusiasmo infantil, miro a la aludida que tenia la cabeza agachada, titiritaba por una razón que en ese momento desconocía.

- ¿Chris-chan? –pregunto Tachibana un poco preocupada por la albina.

Aunque fuera breve, logre sentir una pesada aura viniendo de Yukine y solo en es entonces entendí el porque estaba titiritando. Nada bueno iba a salir de eso…

- Que yo… ¿te tengo en mi top? –al principio era su voz normal la que salía de su boca, pero poco a poco se fue transformando en una un poco grave pero que en momentos se dejaba agudizar- ja… déjame decirte algo, idiota.

Aunque todo indicaba que fuera una advertencia, la inocencia de Tachibana termino venciendo y se inclino un poco hacia la posición de Yukine y esta de inmediato el tomo de las mejillas en un fuerte apretón que logro que su rival soltara un chillido agudo.

- ¿¡Q-que pasa!? –sollozó la ojiambar.

- ¡TE VOY A ENSEÑAR PORQUE ERES MI PERSONA MENOS FAVORITA!

Con aquel fuerte grito, saco a jalones a Tachibana que confundida seguía emitiendo ruidos de agudo dolor mientras que Yukine no parecía si quiera importarle en lo más mínimo el daño que estaba haciendo.

Con el portazo que dejo detrás de sí, tanto Kanade como yo dimos un pequeño salto por la impresión.

- Nunca te aburres con ellas, ¿verdad? –pregunto la Amou con una risita divertida y le conteste negando con la cabeza.

- No es como que tenga muchas opciones –al encogerme de los brazos, procedí a mirar fijamente la puerta- es como si tuviera dos hijas.

Si bien, nos habíamos conocido en el instituto e incluso nuestras vidas parecían distanciarse, de alguna manera terminamos viviendo en el mismo departamento. Los días viviendo con ellas eran un sube y baja de emociones, tanto porque Yukine solía castigar a Tachibana por sus imprudencias como porque Tachibana se refugiaba detrás de mi para protegerla de Yukine, que lo admito, si le he ayudado, pero no cuando de verdad merece sus castigos.

- Y eso que la mas desordenada eres tu –rio Kanade con sutileza y al mirarla esta se encontraba de nuevo en mi closet- mira que tener la ropa sucia con la limpia ¿Cómo es que te dices la mayor de esas dos? –agarro una blusa mía con su mano derecha y con su mano izquierda un pantalón- ¿no es este el pantalón que llevaste al taller la semana antepasada? –arqueo la ceja al momento de mirarme y yo solo pude fruncir levemente el ceño e incluso mis mejillas se sonrojaron un poco.

- Si de todas maneras se va a ensuciar, ¿Por qué lavarlo de nuevo? - le conteste como si aquello fuera la cosa mas obvia del mundo.

- ¿Es enserio? –al no notar de mi una respuesta positiva, negó con la cabeza- dioses, yo pensé que tener una cita te haría, aunque sea un poco ordenada.

- ¡Que no es una cita! –en un frenesí de emociones, solté aquellas palabras con un sonrojo aun mas fuerte del que tenia hace unos segundos.

- Ya hablamos de eso, Tsubasa –rio divertida ante mi reacción- básicamente la chica te invito a salir y tu aceptaste, por ende ¡es una cita! –inclino su cuerpo hacia mi dirección y mantuvo aquella cara divertida- y bien que estabas emocionada, ¿Qué no recuerdas que llegaste toda sonrojada y emocionada al taller eso?

- Y-yo… no recuerdo eso –desvié la mirada de esos ojos fuego que solo buscaban sacarme la verdad.

- ¿No? –hablo de manera insistente. Tal era su poca distancia conmigo, que podía sentir su aliento a menta- porque si mi memoria no me falla, desde la primera vez que la viste, dijiste que no habías vislumbrado chica más linda.

- Yo no dije eso…

- ¿Asi? –rio levemente- si mal no recuerdo, dijiste algo así: "Kanade, dime la verdad… Morí y fui al cielo ¿verdad? Porque nunca he visto ser mas hermoso en este mundo lleno de perversiones" –hablo fingiendo una voz que para nada era como la mía.

- Eso es… -carraspeé un poco para quitar la vergüenza que sentía en mi voz- eso no suena para nada como mi voz, Kanade –intente sonar seria, pero los pequeños gallos que salían de mi voz no ayudaban para nada al aura que quería dar.

- Oh claro que si –afirmo con una enorme sonrisa- y cuando la viste por segunda vez, dijiste algo como "¡Kanade! ¿Por qué me dejaste trabajar con el mismo overol de la semana pasada? ¡Tu siempre me regresas a casa si llego a hacer eso! ¿ahora que te paso? ¡vi a la misma chica de la carnicería y yo con estas fachas!" –finalizo su imitación con un par de poses dramáticas que para nada seria algo que yo haría.

Pero si admito que me sentí fatal cuando María me vio con mi overol lleno de grasa e incluso estaba mas que segura que en mi cara estaba cubierta de aquel liquido desagradable. Confieso que no me es indiferente el físico de María, a primera vista es una mujer sumamente hermosa que podría encantar a cualquiera; pero no se, es un poco extraño de decir y es un tema para analizar, hay algo en la manera de hablar que tiene que me mantiene intrigada, aunque fue breve nuestro encuentro, anhelo saber mas de ella, conocer poco a poco esos secretos que podría estar ocultando.

Incluso, cerrando los ojos brevemente, puedo recordar con claridad la profundidad de sus ojos cian, le sutil aroma de su perfume y la intensidad seductora de su voz al invitarme a salir. Aquellos pequeños recursos ponen una sonrisa tonta en mi rostro y casi estoy segura de que puedo sentir el como en mi pecho algo dio un pequeño brinco.

- Hey ¡Tsubasa! –aquel grito ensordecedor que me saco de mis pensamientos fue acompañado por el tronar de unos dedos- ¡no te pierdas mujer!

Sacudí rápidamente mi cabeza cuando la escuche y la mire de manera atenta- perdóname, ¿Qué decías?

- Estas chicas enamoradas –negó rápidamente con la cabeza, bufando- decía que te ves sumamente tonta cuando te empieza a gustar alguien.

-Yo nunca dije que me gustara…

- Tu cara dice más que mil palabras, pequeña Tsubasa – soltó la pelirroja entre risas divertidas se nota que te trae loca la chica de la carnicería,

- Mejor cállate – alcance a decir con cierta pena-¿Qué no eras tú la que también estaba como loca por la hermana de María? Si mal no recuerdo, también te quedaste como idiota al verla.

Me sentí levemente victoriosa cuando pensé que mi comentario la había hecho apenar, pero poco me duró el gusto al darme cuenta que ella ni siquiera les daba importancia a mis comentarios. Simplemente sonrió enternecida, como si aquel recuerdo la hiciera dichosa.

No te niego que hablar con la adorable de Serena no fuera agradable, a decir verdad, es una chica encantadora – habló con destellos fantasiosos en su voz, pero a diferencia tuya, que no aceptas tus sentimientos, yo no dude en invitarla a salir el día que la vi.

¿Cuándo fue que...?

Ese es un secreto que te diré después, mi querida Tsubasa – rozo su dedo índice contra su labio- ahora debemos terminar de arreglarte ara tu cita.

- Ya te dije que…

- Si, ya te escuché – hizo un ademán con la mano, sin importarle mi opinión terminemos rápido, porque tengo que llevarte a tu cita.

- Si en eso tienes... Espera… ¿¡QUE!?

Tiempo después

- ¿Cómo porque está pasando esto?

- Porque sé que, si no te llevo, eres capaz de no asistir por lo cobarde que tiendes a hacer – argumento Kanade con cierta soberbia.

- ¿Disculpa? Puedes insultar mi manera de limpiar, pero nunca mi valor – fruncí el ceño sumamente ofendida no soy una cobarde y no aceptaré esas palabras de la persona que lloro cuando tenía que presentar su exposición de ciclos del agua en la primaria.

- ¿Cómo es que recuerdas eso, pero no donde dejaste los sostenes? – contra atacó de forma voraz-vamos Tsubasa, no te enojes.

No le conteste, no estaba de humor. La única cosa valerosa que tenemos en nuestras vidas, es nuestra palabra y la mía era de acero, así como mi valor. Un Sakimori no puede flaquear, de ser necesario, atacará con astucia a su agresor y será capaz de dar la vida por sus seres amados.

Que alguien insulte mi honor es una falta que no pienso tolerar, ni si quiera si es de Kanade de quien estamos hablando.

- Tsubasa – insistió la pelirroja, picando con su dedo índice mi mejilla ¿no me perdonarás? Fue un accidente decir eso, discúlpame.

Le podría creer, de no ser porque esa voz traviesa gritaba que no se arrepentía de las cosas.

- Tsubasaaaa – de reojo vi como manejando hizo un pucherito- vamos, ¿estarás enojada antes de tu cita?

La respuesta es "si", mientras no esté enojada en la cita, todo estará bien.

La Amou suspiro un poco decepcionada y yo me mantuve firme en mi palabra mental de no hablarle.

- Bien, si así lo quieres…

Con sus pausadas palabras, una música pegajosa empezó a sonar.

Alce levemente la cabeza, reconociendo esa canción que en antaño escuchaba con la misma chica que gustaba de molestarme. Al mirarla, ella estaba tarareando la música, esperando a que llegara la voz de la cantante.

- "Ni creas que eso te va a funcionar" – con dignidad dirigí la mirada hacia mí ventana.

- "Making my way downtown, walking fast, face pass"(Dirigiéndome al centro de la ciudad, caminando rápido, los rostros pasan,) - ella canto aquella estrofa con un tono gracioso, buscando así mi aprobación – "and I'm homebound." (y ya estoy en casa)

Aunque fuera gracioso, porque aquella voz era sin duda la más tonta que podía hacer la pelirroja, fui fuerte y ni siquiera la vi.

"En que mundo piensa ella que "A Thousad Miles" –pensé anqué en el fondo quería reírme por escucharla cantar eso.

"Staring blankly ahead. Just making my way"(Mirando fijamente hacia adelante, solo abriendo camino,)–pico mi mejilla y no pude evitar bufar un poco.

Como te odio Kanade, a ti y a tu estúpida manera de quitarme lo molesta.

- "Making a way through the crowd" (abriéndome camino entre la multitud.)–cante aquella oración en el mismo tono burlón que la pelirroja y ella me observo orgullosa por el rabillo del ojo.

- "And I need you"(Te necesito.) -Kanade zarandeo su cabeza al ritmo de la canción.

- "And I miss you" (Te extraño.) –Imite su acción entre tremendas carcajadas y tonos horribles de voz.

- "And now I wonder" (Y ahora me pregunto.) –Con lentitud, la pelirroja termino la frase e incluso agacho su cabeza para darle un efecto dramático.

- "If I could fall into the sky" (Si pudiera caer dentro del cielo,)en consecuencia, a lo que había hecho, le di un pequeño golpe en el hombro, pues estaba manejando, no debia hacer tantas tonterias.

- "Do you think time would pass me by?"(¿Crees que el tiempo me pasaría de largo?) al encogerse de los hombros, me dio la impresión de que no le importo y al señalar con el dedo índice el frente se veía claramente que ya estábamos en un semáforo rojo.

- "'Cause you know "(Porque sabes)solo con el rodar de mis ojos olvide sus tonterias, tenía la idea de relajarme y eso haría- "I'd walk a thousand miles" (que solo caminaría miles de kilómetros)

- "If I could just see you…"(Si tan solo pudiera verte)

Aunque en la mayoría de las veces, pueda ser un poco cabeza hueca, Kanade sabe bien como tranquilizarme. Tontamente y aunque un poco reacia, había seguido la balada mas pegajosa y extraña creada por la humanidad, y sin darme cuenta logre calmar esos nervios terribles que me aterrorizaban mientras íbamos de camino hacia la misteriosa cita.

- ¿Estas lista? –pregunto curiosa de mi respuesta y con esa enorme sonrisa cómplice por las extrañas cosas que hacíamos.

- No lo dudes –asentí con ese mismo sentimiento.

Al agarrar aire, una nueva ola de inspiración se hizo venir y con la fuerza de un huracán gritamos un fuerte "tonight" (esta noche) con tanto poder que podriría jurar que se escucho incluso hasta el otro lado del mundo.

Con la travesura realizada soltamos tremenda carcajada, aprovechando que aún estaba el semáforo en rojo. Era tal la euforia que con la mayor simpleza del mundo gire a mi costado derecho solo por inercia y lo que vi, hizo que aquella felicidad se convirtiera en vergüenza.

Ante mis ojos, mis expectantes ojos se encontraba María, la señorita con la que iba a salir en pocos minutos. Ella solo me miraba levemente sorprendida, aunque de inmediato la vi reírse levemente.

-Kanade…

-Ya, ya lo sé… - respondió mi acompañante con un poco de vergüenza,

Y ya para que a ella le de vergüenza, es que si hicimos el ridículo.

Cual acto robótico, y con la sincronía casi perfecta, Kanade y yo nos giramos a ver hacia el frente donde por fortuna de los dioses el semáforo ya se había vuelto verde y podíamos seguir con nuestro andar.

Fue un recorrido levemente tenso en el cual ninguna de las dos se animaba a decir algo, lo único que quedaba del posible ruido que podía haber era el sonido de las notas de una nueva canción que no sabia y no me interesaba saber como se llamaba.

- Tsubasa… -hablo levemente Kanade, su voz era casi un murmullo, pero fue lo suficientemente oíble para mi.

- ¡MALDITA SEA! –arrinconada por la desesperación y la vergüenza, coloque mis manos sobre mi cara para ahogar un fuerte grito.

- Yo…

- ¡He perdido la oportunidad con la futura señora Kazanari! –solté en otro fuerte grito.

Mi querida mejor amiga ya no me contesto, solamente escuche como suspiro de forma pesada y continuamos con nuestro camino hacia el café donde vería a María.

-Un rato después-

En cuanto llegamos al café no tuve mas que bajarme lo mas rápido que pude del auto, casi como aquel aroma me estuviera asfixiando.

- ¿Qué se supone que debo de hacer después de lo que hice? –solté la pregunta al aire con ciertos toques de frustración.

- Solo, pues no se, intenta actuar normal, como si nunca hubiera pasado –hablo la pelirroja con un poco de nerviosismo- con suerte no se dio cuenta quien estaba en el carro y solo vio sombras.

- Kanade…

- ¿Si?

- ¡TU CARRO TENIA LAS VENTANAS ABIERTAS!

- Así verdad –soltó una risita y se rasco por detrás de la nuca- por eso te decía que mejor finjas demencia, eso siempre me funciona.

- Funciona porque tienes la inteligencia de un animal… -solté un murmullo molesto.

- ¿Qué dijiste? –lanzo su pregunta pues como era de esperarse, no me presto atención.

- Que ya me tengo que ir –con un suspiro alce la mirada- que sea lo que tenga que ser.

- No podría estar mas que de acuerdo –con empatía palmeo mi hombro- ve por ellas, tigre.

- En primera ¿Cuáles ellas, bruta? –alce la ceja y ella rio- y segundo, ya deja de ver tantas películas de súper héroes, te tienen atrofiada las neuronas.

- Primero deja tu de ser tan amargada y veremos –en un gesto infantil, saco su lengua a lo que yo respondí poniendo los ojos en blanco.

- Bien, no voy a discutir contigo –con un suspiro me decidí a cambiar de tema- mejor dime… ¿Cómo me veo? –extendí mis brazos hacia los lados y moví un poco mi cuerpo para que Kanade pudiera.

- Te ves como una muy nerviosa mujer – soltó en una risa descarada, pero al ver mi ceño fruncido, acarició mi cabeza con cierto aire de hermandad te ves bien no creo que tengas problemas en ese aspecto. La tendrás muerta por ti en menos de o que canta un gallo.

- ¿Eso crees?

- Podría asegurarlo – guiño su ojo y con destreza tomó mis hombros para darme la vuelta y darme una palmada en la espalda, pero será mejor que entres a tu cita, algo me dice que ella está por llegar.

- ¿Cómo podrías…?

- A callar, mujer tu solo entra – dijo sin darme más información.

Con aquellas palabras dichas y sabiendo que no me iba a decir más información, decidí entrar a la cafetería con paso decidido lo que tenía que pasar, pasaría, o demás, estaba de sobra.

o-o-o

Ignoro cuánto tiempo aproximado dudé respetando en e café, por lógica, podría haber sido menos de cinco minutos, pero en la locura del momento y los nervios, sentí que el tiempo pasaba tan lento que casi podría jurar que fueron doce horas de espera.

La cafetería no tenía nada de especial, a decir verdad, más que nada, era un lugar como cualquier cafetería de Japón. A lo mucho que podría destacar es una enorme estatua de gato en a entrada, Tachibana diría que es lindo, yo pienso que es escalofriante.

Al tener un vaso de agua frente a mi pues no quería pedir nada sin que mi acompañante llegara, termine en un pensamiento un tanto catastrófico. ¿Y si no venía? Me queda claro que vio el espectáculo que ice en el auto ¿y si eso la asustó? No me dio la impresión de ser una persona que te dejaría plantada solo por esos detalles, pero, a decir verdad, es eso mismo, solo la impresión, no la conozco de nada y las posibilidades de que aquello fuera real, era cada segundo más viable a mi punto de vista.

Mi padre una vez me dijo, que para que los pensamientos autodestructivos se fueran debía concentrarse en el camino de la espada. Por lo que cerré mis ojos e intenté canalizar esas negativas emociones en algo que pudiera calmarme… ¡no funciona!

Solía funcionar en básicamente todo lo que hiciera, pero, creo que en este caso podía ser diferente

Supongo que estoy frita… - abrí mis ojos con cautela si no llega en treinta minutos, puedo irme aún con el poco honor que me queda.

Cuando por fin había abierto los ojos en plenitud, logré ver a la persona más llamativa el establecimiento, por fin, el lugar que me parecía simplón, se había vuelto fabuloso.

La persona que había esperado, llego con elegancia. Fuera de que no se nada de vestimenta femenina, aun en mi escaso conocimiento podía reconocer lo que es una falda beige y una blusa color menta que era cubierta por una chaqueta marrón. Llevaba el mismo peinado de la segunda vez que nos conocimos, su cabello ondulado era libre de las ataduras de una liga, lo único que no se salvaba de aquel calvario eran los dos montículos de cabello en forma de montañas que sobresaltaban en su cabeza. Una parte de mi decía que eran lindos, pero la parte racional decía que debía doler le hacerse eso cada mañana y del como tenía la voluntad para quitárselo e incluso de aguantarlo todo el día.

Aunque su entrada fue magistral, aquello no hubiera sido posible sin aquella fina cara de facciones extranjeras que poseía y esos ojos de aquel peculiar color. Simplemente podía verlos y sentirme maravillados con ellos todos los días de mi vida.

¡Concéntrate! Entiendo, la chica es atractiva a mas no poder, pero no eres como la tonta de Tachibana que con cualquier cosa se asombra o como Yukine que con una pequeña cosa se avergüenza. Eres un Sakimori, esto es nada comparado con tus largas horas de entrenamiento bajo las aguas más frías del nirvana. Vamos Tsubasa, tu puedes, eres el filo de la espada, es mas ¡eres una espada.

Buenas tardes, disculpa la tardanza, pasé a dejar un paquete de mamá y por eso me retrase – hablo la pelirroja con elegancia mientras con un fácil movimiento dejó su chaqueta en el respaldo de su silla pues no había donde colgarlo- ¿te hice esperar mucho? – soltó su pregunta con un poco de duda.

- EH tardes buenas, espere no mucho, con problema – hable o más bien escupí las palabras como la tonta más grande del mundo.

Bueno y así es como se va tu imagen de persona seria y responsable en menos de cinco segundos.

- AY Dios – cubrí mi boca o más bien, cubrí toda mi cara para ver si así podía tapar las tonterías que acaba de decir lo lamento, no era que quisiera decir este.

- No te preocupes – halo la ojiverde con una enorme tranquilidad. Son cosas que pasan, no es para tanto.

Leves pero sus palabras fueron suficientes para que abriera un poco el campo e el que me había ocultado y vi como ella esbozaba una sonrisa relajada que reflejaba lo acostumbrada que se encontraba por aquella situación.

- Bien, ¿ya pediste algo? – cambiando de tema radicalmente, escaneo el código qr de la mesa para proceder a leer el menú dice Serena que este café tiene un excelente pastel.

- Oh. – tarde un poco en recobrar la cordura, pero al hacerlo, imité su acción y también vi el menú con el mismo interés - ¿sí? Kanade me comentó lo mismo cuando hablo de este lugar, pero especifico que no pidiéramos las copas de nieve porque no saben muy bien del todo.

- Que loco, Serena me dijo lo mismo…

Con esas palabras dichas, se estableció entre nosotras un pequeño silencio. Nos miramos como si nuestros pensamientos fueran uno.

-Kanade…

- Y Serena…

- ¿Vinieron a este lugar juntas? – terminamos juntas la oración.

Hecha esa acción, unas pequeñas risitas nerviosas aparecieron en nuestros labios. No se bien quien empezó primero, no duró mucho el evento pues la mesera que se iba a hacer cargo de nuestro pedido había llegado.

Le contestamos un "en un momento" y vimos velozmente el menú. En ese pequeño lapso de tiempo, alejadas de la vista de nuestro celular, nos vimos y la pelirroja me regalo un guiño de su ojo derecho que fue suficiente para lograr que mis mejillas se tornará un poco sonrosadas.

- "Me encargaré de investigar a Kanade después de esto, hay algo que no me está contando" – fue lo que pensé cuando mi vista volvió al menú- "aunque debo agradecerle por la recomendación"

Tiempo después

- ¿Enserio se comió eso? – sin darle importancia a la cara de asombro que tenía, solté aquella pregunta.

- En efecto – asintió la ojiverde- Kirika se comió todo un saco de croquetas porque perdió una apuesta con Serena – dijo con una suave risita – aunque sea Serena le dio la oportunidad de permitir que Shirabe la cocinarla con algo.

- Aunque sea se pudo hacer eso – imite su acción y después le di un sorbo a mi café- eso me recuerda el día que Tachibana se puso a perseguir un gato porque le pareció bonito, se subió a un pino porque el gato lo hizo primero – hice una pequeña pausa, esperando una reacción y fue gratificante ver el interés que tenía por la historia- del cual no pudo bajarse porque le dio miedo y tuvimos que llamar a los bomberos para bajarla.

- ¿Y que pasó con el gato?

- El gato la había abandonado hace rato- solté una pequeña risa ante aquel recuerdo- cuando los bomberos lograron bajarla del árbol, no pudo volver a subir escaleras por casi medio año. ¿y sabes que es lo más irónico de la historia?

- Me gustaría saberlo –se inclinó un poco, pendiente de mis comentarios.

- Que en el taller ella es la que trabaja en el segundo piso, así que Yukine la tuvo que llevar tirando de las orejas para que cumpliera su trabajo.

La pelirrosa soltó una pequeña risa y negó un par de veces la cabeza- quiero sentir pena por la chica, pero… en parte se lo busco.

- ¿A que sí? Tachibana es demasiado impulsiva –le di otro sorbo a mi café- si me hiciera caso, aunque sea una vez en su vida, no tendría tantos problemas.

- Se llevaría bien con Kirika –hablo con cierta confianza- ambas en ese sentido son iguales, Kirika no sabe lo que es él miedo o los limites.

- El caso es que ni lo dudaría –asentí- pero aun así temo que si se conocen causen el Armagedón o algo así.

- No había pensado en eso –inclino levemente su cabeza y realizo una media sonrisa- van a causar un desastre mundial. Por eso mejor te digo, que no se conozcan.

Alce mi taza de café y asentí en afirmación- no podría estar más que segura señorita.

- Siempre un placer –imito mi acción, pero con su taza de té- no he tenido oportunidad de probar el pastel por esta platica tan entretenida –señalo el pastel sobre la mesa con el tenedor que había agarrado- ¿estas segura que no quieres? Puedo darte un poco.

- No es necesario –hice un ademan de negación con la mano- no soy muy fan de lo dulce –intente minimizar mis palabras al señalar con mi tenedor el pedazo de pay de limón que tenía en la mano- eso y que Kanade insistió mucho en probar el pay que si gustas puedo darte un poco.

- Eso sí que me suena a una buena propuesta, pero no pudo aceptarla si no te doy algo a cambio –con astucia me señalo con su tenedor- tendrás que probar un poco de este pastel, si no… Te caerá la maldición más maligna del mundo.

- ¿Así? ¿Cuál? –alce la ceja con un poco de desafío- soy un Sakimori, nada puede asustarme.

- ¿Ah sí? –con una ceja alzada, corto una parte del pastel y amenazado con ponerlo en mi plato- si no lo comes, le llamare a Kirika y no sé cómo, pero confía en mi cuando te digo que puedo hacerlo, iré por Tachibana Hibiki y las hare torturarte hasta el fin de los tiempos.

- Hmmm… -Cerré los ojos, analizando aquella opción maquiavélica que la joven ponía en cuestión y con un suspiro abrí los ojos para responderle- Bien, ciertamente aquello que me dices es demasiado para mi alma de Sakimori, por hoy me rendiré –con una fingida derrota, alce levemente mi plato y acepte el pastel.

- Es bueno saber que sabes contra quien peleas, Tsubasa-san –victoriosa soltó una sonrisa y acepto a cambio la parte del pay de limón que le había ofrecido- ahora sí, es hora de comer.

- Entendido mi general –realice un saludo militar en cuestión de broma y ella con sus afilados ojos, por poco me entierra veinte metros bajo tierra- ya, ya, comamos.

Sin pronunciar palabra alguna, asintió y prosiguió a cortar un poco del pastel que tenía en el plato para probarlo.

Fue poco el tiempo que la estuve mirando, pero fue suficiente para enternecerme con lo que mis ojos veían. La joven por alguna extraña razón soplo sobre el postre como si estuviera caliente para proceder a meterlo a su boca y saborearlo. En breves segundos, un leve rubor se formó en sus mejillas y como un acto natural, coloco su mano izquierda sobre su mejilla para ladear su cabeza.

Se notaba a leguas que le había fascinado el pastel.

- Que rico sabe~ -comento la joven con gran satisfacción.

- Eres bastante tierna –me atreví a decir cuando la vi terminar con el bocado.

- ¿Disculpa? –mis palabras la tomaron de sorpresa pues me vio dudosa.

- Eres tierna –reafirmé mis palabras- primero le soplas a la comida como si estuviera caliente y la saboreas como si fuera una de las maravillas del mundo –no pude evitar sonreír al pronunciar esas palabras- bajo esa fachada madura, hay una linda señorita que le gusta ser mimada ¿verdad?

¿Mis palabras fueron atrevidas? Por supuesto que sí, siendo franca, no sé porque me nació de la nada decirlo, simplemente tuve el impulso de hacerlo y de verdad que no me arrepiento.

- Yo…

- Y veo que disfrutas la comida, eso me alegra –asentí brevemente y en mi suave emoción, no logre notar que ella comenzaba a sonrojarse aún más- eso significa que, si me permites salir contigo de nuevo, puedo invitarte a un lugar donde tienen un bufet muy bueno según Yukine.

- Yo…

- ¿Tu? –pregunté alzando la ceja, sin entender del todo porque estaba así- ¿fui demasiado directa?

- Yo… -tomo aire, como si intentara reprimirse para no gritar- ¡No creas que soy una gatita que necesita hacer ese tipo de cosas!

- ¿Una gatita? –confusa puse mi dedo índice sobre mi barbilla y fruncí levemente el ceño- ahora que te veo bien, siento que eres más como un conejito.

- ¿C-Conejito?

- En efecto –asentí varias veces con la cabeza- tienes cara de uno, no sé por qué.

La joven pelirrosa casi parecía que temblaba, tomo aire con los ojos cerrados y al abrirlos soltó un tremendo grito que asustaría incluso a mi padre.

- ¡Esta espada no es para nada linda!

-Tiempo después-

Me gustaría decir que nos habíamos ido de la cafetería porque terminamos nuestros alimentos, pero… la verdad es que nos fuimos por la vergüenza que sintió María en cuanto dijo semejantes palabras. Y no es en si el contexto, si no que grito aquello a todo pulmón y como si no hubiera un mañana.

- Lamento eso –se disculpó negando levemente con su cabeza- por lo general no digo esas cosas, pero…

- No te preocupes –incline mis hombros y le reste importancia- siempre podemos ir a otro lugar para tomar algo, incursionaremos en diferentes cafeterías –le sonreí tranquila y ella parecía un tanto asombrada por el gesto.

- Tu… ¿Aun quieres salir conmigo después de ese escándalo?

- ¿Por qué no lo haría? –hable con simpleza- esas pequeñeces no harían que me alejara de ti, tendrás que esforzarte para siquiera intentarlo.

Mi seguridad se vio reflejada en mis palabras y en mi lenguaje corporal: postura perfecta, hombros hacia atrás, una mano en el bolsillo de mi pantalón, una sonrisa natural y gesticulación adecuada, contacto visual constante y una voz alta, pero sin ser molesta.

- Eso es… -ella titubeo, mostrándome una sonrisa de lado y si mi vista no me fallaba, la llegue a ver humedeciendo un poco sus labios- gracias, no esperaba una contestación tan… bueno, ¿elegante podríamos decir?

- ¿Así? –al mover un poco mi cabeza, hable de forma inocente- me enseñaron desde pequeña que, si tienes que decir algo lo dices y ya, no es necesario dar tantos rodeos.

- Entiendo eso –la ojiverde asintió con la cabeza- los japoneses tienen ese habito y es algo que de verdad admiro. Recuerdo que la primera vez que llegamos a este país, tuvimos un incidente con un… -sin dejarla terminar, su celular comenzó a sonar, lo saco de su bolsa y soltó un suspiro pesado al ver el remitente del mensaje- discúlpame.

Me limite a asentir y la vi contestando el celular. Al principio parecía dudosa de lo que le decía e incluso la llegue a escuchar que regaño al remitente por llamarla y para concluir hubo unos segundos de silencio en el cual volvió a suspirar de forma muy pesada.

- Esta bien, estaré ahí en 15 minutos, NO vayas a moverla –colgó el celular y me miro tras soltar el enésimo suspiro del día- temo que me tengo que retirar antes. Tal parece que Kirika quiso apostar de nuevo con Serena y como perdió, tuvo que meter su cabeza en la reja de la casa y ahora no la puede sacar –negó con la cabeza.

- Válgame ¿quieres que te vaya a ayudar? Puedo ir por unas herramientas ir… -antes de hablar, ella sacudió su mano y me mostro una media sonrisa- ¿no quieres?

- Más bien, no es necesario –aclaro- se cómo sacar a Kirika cuando hace eso, lo gracioso e irónico es que no es la primera vez –alzo la mirada un momento para ver el cielo y al bajarlo me miro- ni que hacerle ¿quieres que te lleve a tu casa?

Si me decepcione de no pasar más tiempo con ella, pero… Yo también me iría de una cita si alguna de mis dos inquilinas e incluso Kanade estuvieran en un aprieto así.

Negué con la cabeza- no es necesario, le diré a Kanade que venga por mí, por mientras puedo dar vueltas por el centro comercial de allá –señale dicho lugar que se encontraba a unas pocas cuadras, pero se lograba divisar los avisos del mismo.

- No sé por qué no me gusta la idea de dejarte sola… Déjame llevarte a tu casa, no me costara nada y…

Así como ella lo había hecho, me atreví a interrumpirla tomando sus manos contra las mías y brindándole una sonrisa- estaré bien, ve y ayuda a tu familia. Saldremos otro día.

- Tsubasa…

Interprete su sonrisa como si estuviera conmovida y eso hizo que ampliara mi sonrisa pues ella no rechazo mi contacto, incluso podía decir que estaba aferrándose un poco a él.

Aunque fue corta, de verdad disfrute de su compañía y quiero salir de nuevo con ella, quiero mostrarle mi gratitud, quiero abrazarla para conmemorar esta cita, pero… En ese sentido, odio vivir en Japón, aquí ese tipo de comportamientos es un tabú terrible. Mi padre estaría decepcionado de mi si lo hiciera e incluso, creo que mi madre también.

Ambas nos miramos desde la pequeña distancia que estábamos, ninguna se atrevía a dar un paso. Tal vez fuera la emoción del momento, pero sentí la impaciencia de María, como si quisiera decirme algo.

Yo también estaba impaciente, por mi código no podía hacer nada indebido.

En el pequeño plan de último momento, quise estrechar su mano, aunque sea y retirarme con la promesa de otra cita, pero algo que hizo ella, cambio mi estrategia.

- Al diablo, no soy japonesa –con un rápido movimiento, me tomo entre sus brazos para brindarme un fuerte abrazo.

- ¡M-María!

¿No se supone que los ucranianos son más reservados? Ay Dios, que cosas…

Me gustaría decir, que por mi código rechace su contacto, pero sería mentir y pecar si es que lo dijera. Su aroma, el calor que brindaba su cuerpo contra el mío, fue… reconfortante. Me hizo sentir segura, como si aquellos estúpidos tabús no existieran más en el mi vocabulario.

A mi parecer, no había nadie más en el mundo que ella. Era una burbuja de felicidad y confort.

Ella me abrazaba con fuerza, sus brazos rodeaban mi cuello y animándome a hacerlo, logre colocar mis brazos sobre su cintura. De verdad que se sentía bien.

- Bien, ahora no tienes que temer –susurro suavemente sobre mi oído y aquello me hizo sentir un escalofrío.

- ¿Temer de…?

- Temer que al cantar "A Thousad Miles" pierdas la oportunidad de que sea "la señora Kazanari" –agrego con una risita traviesa y cuando se alejó un poco del abrazo visualice una sonrisa un tanto malvada- ¿creíste que lo olvidaría?

- ¿E-Eh? ¿¡EH!?

Y lo último que recuerdo de ese día, fue su sonrisa y ella gritando mi nombre porque me había desmayado de la vergüenza.

Bueno, supongo que estamos destinadas a pasarnos la vida avergonzando a la otra. Espero y le rezo a los dioses que esa sea la única dificultad que tengamos.

Que la flojera que sentimos nos haya unido es un milagro, pero ya depende de nosotras ver si podemos seguir aquel ritmo alocado.

Aunque algo me dice que no será del todo difícil.


Después de un millón de años… ¡POR FIN PUDE TERMINARLO! Créanlo o no, tarde un mes escribiendo esta parte XD. Le atribuyo mas que nada a que ahora básicamente trabajo 12 horas y no me había adaptado bien a ese estilo de vida. Ahora que soy una maltratada laboral, digo… una linda trabajadora,

Voy a intentar trabajar con los pendientes que tengo y después hacer unos fanfics pendientes que me pidieron uwu.

Muchas gracias por llegar hasta aquí y tomarse la molestia de leer.

¡NOS LEEMOS DESPUES!