CAPITULO II
Abrió sus enormes ojos azules, mientras el sol se colaba por una de las múltiples rendijas del viejo y derruido templo. La mañana era tranquila y silenciosa, como siempre. Igual que todos los días se levantó, envolviéndose en el viejo kimono naranja y negro que llevaba desde hacía años. Intentaba recordar cuando fue la última vez que había visto a otro ser humano alrededor de su santuario. A su lado, Kurama estaba desperezándose. Si, últimamente todo era aburrido. Al menos la noche pasada había podido dormir unas horas sin tener una pesadilla. Abrió la puerta del templo y salió al jardín delantero. Comenzó a entrenar para olvidarse del hastío que invadía su interior. Deberían haber pasado ¿unos diez años, tal vez, desde la última vez que había atrapado un alma? Kurama y él se alimentaban bien con la energía de aquellos que habían atrapado en los últimos trescientos años, pero se preguntó cuánto tiempo más podrían vivir así. Parecían parásitos.
-¿Otro día de aburrido entrenamiento? ¿Por qué mejor no vamos de cacería? Eso ayudara con tu dichoso humor negro… - le dijo Kurama.
-Sé que tienes hambre… - respondió Naruto, levantando sus pesas – pero sabes que para que exista el perfecto equilibrio debemos entrenar la mente y…
-Sí, si… también tu cuerpo… no deberías olvidar, mocoso, que fui yo quien le enseño todo a tu madre… - Kurama se hizo un ovillo en medio del césped, mientras pretendía disfrutar del poco sol que había. Ambos vieron el cielo. El gran zorro olisqueo el aire y gruño malhumorado. Naruto sabía lo que significaba. Probablemente en unas horas llovería y sabía que debería soportar el mal humor del pobre animal. Dejo las pesas a un lado, tomando la decisión de complacer a su compañero, quien hacía mucho no disfrutaba de deliciosa carne.
-Iré a vestirme más apropiadamente e iremos a cazar. Aprovisionarnos antes de la tormenta es lo mejor. No toleraré que me gruñas toda la jornada por tener el estómago vacio.
-Bien, mientras tú haces eso enviaré a algunos de los míos a vigilar.
Naruto mientras entró en su cuarto nuevamente. Sobre una mesa, medio polvorienta, había un dibujo. Él lo tomo con las manos temblorosas y lo miró detenidamente. Sus padres, Kushina y Minato lo abrazaban amorosamente mientras sonreían. Se suponía que sería un típico retrato familiar, pero la familia Namikaze nunca fue del todo convencional. Prueba de ello era el intrincado símbolo en su vientre, el que llevara su madre antes que él. Sí, su familia tenía una tremenda responsabilidad y eran considerados héroes. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué todos los rechazaban y trataban como parias? Recordó esa noche que hicieron la pintura, en uno de los tantos festivales que el pueblo celebraba. Cuando la vida era tranquila, cuando nada los amenazaba, cuando todos podían ser felices… Entonces todo cambió.
-¡Naruto, corre! Huye y no mires atrás. No confíes en nadie más que en Kurama… No mires atrás…
Soltó el dibujo cuando en lugar de ver a la pareja sonriente, vio a su hermosa y fuerte madre tirada en el suelo con el estómago atravesado por una enorme espada, a su padre degollado a solo unos metros de ella, mientras la casa en la que ellos vivían ardía con la fuerza del sol. Él había corrido lejos, mientras un grupo enardecido de gente lo perseguía. Se había internado en el bosque y encontrado ese viejo templo abandonado que había convertido en su hogar. Esa noche Kurama despertó por primera vez dentro de él, con su furia y su dolor a flor de piel. Ni uno solo de todos los que lo habían perseguido había logrado escapar de la furia del gran zorro. Así había comenzado la historia, la leyenda del zorro de las nueve colas del bosque Shinoji. Sacudió la cabeza, intentando alejar los gritos y la imagen del baño de sangre en que se había convertido el lugar, termino de vestirse y se dirigió nuevamente hacia afuera, donde el zorro lo esperaba sentado sobre sus patas traseras, con expresión seria.
-Mis sirvientes controlaron el perímetro, seguimos estando solos en el bosque. Oye, ¿estás bien? Te siento inquieto muchacho, perturbado… ¿Acaso anoche volviste a tener pesadillas?
-Nunca dejo de tenerlas, viejo zorro… - dijo Naruto intentando quitarle seriedad al asunto – pero cada día es un intento para olvidar…
-Nunca olvides tu pasado, chico. El pasado nos dice de dónde venimos, el presente es el camino que labramos hacia el futuro… - dijo, impartiendo su sabiduría milenaria con el muchacho. Es cierto que al principio no estaba de acuerdo con tener que habitar un cuerpo para sobrevivir y ser controlado por sus sucesivos Jinchurikis. De hecho, al principio quería matarlos a todos. Lo trataban como si fuera una bestia, un animal que debía permanecer oculto, enjaulado lejos de la luz. Naruto y su madre, Kushina, habían cambiado todo. Ellos lo dejaban andar, salir a su gusto, caminar a su lado. A veces se preguntaba si había sido él la causa de la desgracia de Naruto. Por eso, al ver que él se encontraba en peligro en aquel momento, no dudo ni por un segundoen protegerlo. De pronto cayó en la cuenta de cómo lo había llamado su aprendiz - ¿A quién le dices viejo, mocoso impertinente? Deberías saber que solo tengo mil años… He visto cosas, hecho cosas que jamás podrías imaginar…
Naruto comenzó a reírse de manera escandalosa, mientras su compañero se sumó poco a poco a la carcajada. Cuando acabaron, el joven le señaló el camino al zorro y emprendieron viaje a su zona de caza. Esperaban tener suerte de atrapar algo antes de que lloviera, sino deberían comer sobras de carne salada que había curado el muchacho recientemente. No es que no fuera deliciosa, pero estaban agotando sus recursos.
Luego de más de una hora de viaje, llegaron a su coto de caza. Por lo general en ese lugar había conejos, ciervos, otros zorros, algún que otro jabalí. Cualquier carne estaría bien para salar, cocinar y comer. De pronto, un enorme ciervo apareció frente a ellos. El animal estaba pastando tranquilamente, y al estar ellos contra el viento, había permitido que ambos se camuflen. Naruto saco de su espalda el arco y una flecha. Se preparó, controlando su respiración, tensó el arco lentamente mientras se preparaba para disparar. De pronto, el silencio fue roto por un horrible tronido. ¡BOOM! Resonó fuertemente en el bosque, haciendo que el animal huyera despavorido.
-Diablos, ahí se fue nuestra comida. Kurama, dijiste que no había nadie en el bosque… - gritó Naruto furioso. Toda su concentración y preparación había sido en vano.
-No comprendo, mis sirvientes jamás me han fallado así antes… Quédate aquí y ocúltate chico… Verás a través de mis ojos ¿recuerdas cómo? – pregunto Kurama, preparándose para enfrentar a los invasores.
-Déjame ir contigo Kurama, ¿cuantas veces debo decirte que yo puedo pelear? – le dijo el joven, ansioso por enfrentarse a quienes impidieron su cacería.
-Nada puede dañarme chico, pero si tú mueres yo muero. Sabes cómo funciona esto. Iré a ver, espía a través de mí. Podrías alertarme si hay algo que no veo… - respondió el zorro intentando calmar al joven.
Naruto asintió y le dijo un escueto – Ve con cuidado.
Kurama corrió en la dirección desde la que había venido el estruendo. No quiso decirle nada a su joven aprendiz, pero él no estaba sintiéndose tan fuerte como antes. La energía vital del muchacho era excesiva, cosa que había heredado de su madre. Pero él requería además de poder espiritual. Naruto había perdido a sus padres muy joven y no había podido completar el riguroso entrenamiento por el que había tenido que pasar su madre. Pero aún así, haría todo en su poder para proteger a su portador.
Al llegar al límite del bosque, donde estaba lo que los humanos llamaban camino, se ocultó tras unos arbustos para observar quién o quiénes eran los responsables de aquel estruendoso sonido. Se asomó apenas y suspiro de alivio al ver que no eran cazadores. Eran unos jóvenes, en esas nuevas carretas extrañas. Hablaban de algo así como un neumático pinchado. Nunca entendió cómo los humanos lograban complicar tanto todo. Los vio bajar a todos de allí, y mientras dos comenzaban con la faena, otros dos estaban sosteniendo un extraño aparato mientras hablaban. Solo una de ellas logró captar su atención. La morena con los ojos color luna irradiaba una energía especial. No pudo evitar mirarla de pies a cabeza, deteniéndose justo en su rostro. Su mirada triste le decía que había pasado por cosas terribles. Agudizó el oído, interesado en saber más sobre la preciosa joven. Un momento, ¿preciosa? Él era un zorro, nunca podría mirar a una humana así. Pero sabía que alguien más estaba en su mente, observando y oyendo todo.
-Naruto, dime que fuiste tú quien tuvo el pensamiento sobre que esa joven es preciosa… - rogó Kurama, creyendo que quizás su edad estaba afectando su buen juicio.
-¿Preciosa? Es bellísima, Kurama… Mira su cabello largo y negro como la noche, sus hermosos ojos, sus labios carnosos, su cuello fino como un cisne y sus enormes…
-¡Silencio, mocoso pervertido! – Le gritó Kurama al joven en su mente – Hay cosas más importantes que eso, niño. Esta chica… Podría ser la respuesta.
-¿La respuesta? ¿La respuesta a qué?
-Esa chica podría alimentarnos con su enorme poder espiritual por mucho tiempo… Naruto ¿estás pensando lo mismo que yo? – volvió a hablar el zorro para su foro interno.
-Entiendo Kurama, debemos asegurarnos que ella sea nuestra… Antes de que cualquier otro espíritu del bosque quiera reclamarla…
Ambos detuvieron su conversación al notar los ojos de luna clavados en ellos. Ni Naruto ni Kurama estaban seguros de que ella podía verlos y sin embargo a ninguno le importaría mostrarse. Los pensamientos del joven empezaron a invadir la mente del zorro. Llegó a pensar incluso en mostrarle el vientre y pedirle caricias. Así de fuerte era su mirada subyugadora. El macho humano habló y la muchacha le respondió con mucha familiaridad. A ninguno de los dos les gusto eso. Un extraño sentimiento de posesividad había nacido en el pecho de ambos, seguramente preocupados porque su presa no escapara fácilmente.
Naruto salió del cuerpo de Kurama y flotó hasta estar cerca del oído de la hermosa muchacha, donde susurró suavemente.
"Nos veremos pronto, Medium Hinata"
Vio a la joven estremecerse y tener un escalofrío antes de volver a subir a la extraña carreta. Siguió con la vista al vehículo, esperando que fueran a donde él creía. De ser así, conseguir a su presa sería mucho más sencillo. Al verlos tomar el camino que llevaba hacia Konoha, sonrió y volvió al cuerpo de Kurama. Una mezcla de emoción, ansiedad y excitación recorría el cuerpo de ambos. Tan ensimismados estaban que ni siquiera les importo la lluvia al caer sobre ellos.
-Que empiece la cacería… - dijeron ambos al unísono mientras se alejaban del lugar, con la intención de planear su próximo movimiento.
