CAPITULO 3

"Él sabe que estamos aquí, él sabe que estamos aquí" – comenzó a repetir Hinata incesantemente, con la voz baja y queda mientras se balanceaba de atrás hacia adelante.

-Hina, ¿estás bien? – Preguntó Tenten, preocupada. Al no recibir respuesta de ella se dirigió al conductor – Nej, ¿qué le sucede a Hina-chan? Desde que subimos al auto, ha estado muy pálida y susurra esas palabras…

-Yo creo que solo quiere llamar la atención o hacernos asustar – Dijo Shion a modo de burla – Intenta jugarnos una broma por traerla aquí engañada…

-Bueno, basta ya, maldita sea – dijo Neji, rabiando – La tormenta está cada vez peor y ya casi llegamos… La dueña del hostal nos dijo que si o si debíamos entrar en el pueblo antes del anochecer o nos cerrarían la puerta en la cara…

-Bueno, ¿quién sabe? Quizás nuestro amigo el zorro vendría a ayudarnos si se lo pedimos… - volvió a burlarse Shion mientras intentaba limpiar el lente de su cámara.

-¡DEJENME SALIR, QUIERO SALIR! ¡DEJENME IR, NO QUIERO! ¡NO! – comenzó a gritar Hinata, desesperada, mientras se sacudía e intentaba de alguna manera escapar del vehículo que tenía todos los cerrojos puestos.

-Hina, basta… Hina, cálmate por favor… Solo bromea, ya casi llegamos… - Trato de calmarla Neji mientras intentaba seguir conduciendo.

De pronto, Hinata se desesperó aún más. Comenzó a dar patadas y manotazos, intentando salir de ese lugar, sintiendo gran temor. La energía que había sentido fluir en el bosque, al mirar esos enormes ojos rojos, no había sido positiva. La bestia que los había estado observando tenía una enorme rabia, y Hinata había podido sentir toda esa negatividad. Esa cosa no era un espíritu del bosque, estaba más cerca de ser un demonio que otra cosa.

Un gritó ahogado y una maldición se escucharon de repente cuando un enorme árbol apareció frente a ellos. El impacto era inminente. Hinata se sostuvo fuerte del asiento y rezo para que no salieran lastimados.

Neji pudo frenar, y aunque derraparon un poco, el golpe del auto fue mínimo. Aun así, con la fuerza del derrape Hinata golpeó su cabeza contra el cristal.

-Eso estuvo cerca, ¿están todas bien? – Preguntó Neji, mientras miraba a cada una - ¡Oh, mi dios! Hina, aguanta, preciosa… - le dijo su primo antes de que todo se volviera negro.

Allí estaba ella, flotando en un inmenso vacío negro. No había absolutamente nada, ni calor, ni sonido. Solo la total oscuridad. Su mayor miedo ahora estaba allí, rodeándola como un tiburón a un pez. Sabía que se estaba preparando para engullirla, solo sintiendo la desesperación al no poder abandonar ese lúgubre lugar. Hinata entonces se preguntó ¿por qué ella estaba allí realmente? ¿Por qué siquiera salió de su casa? La imagen de su primo llegando a casa hacia dos semanas con una enorme sonrisa la devolvió a ese recuerdo, que llegó a ella como una escena de una película.

FLASHBACK (DOS SEMANAS ATRÁS)

Luego de la muerte de su madre y de su recién descubierto don, la vida de Hinata no paro de dar incesantes tumbos.

Al principio su padre creyó que era su imaginación, una forma de explicarse a sí misma por qué su madre ya no estaba con ellos y no volvería. Pero con el pasar de los años, con las constantes visitas a médicos, religiosos, monjes, chamanes. Nadie podía encontrar una cura para ella, para lo que veía y hacía. Mucha gente le había dicho que tendría una vida mejor en un instituto mental, pero su padre no era un bastardo sin corazón. Él creía que el amor curaría a su hijita. Luego, más años pasaron y las cosas se complicaron cada vez más. Fueron perdiendo amistades, familia. Incluso las pocas relaciones que Hinata había tenido habían sido un fracaso. La relación con su hermana pequeña no era mejor. La joven Hanabi prefería fingir que no la conocía antes de mancharse con la reputación de vivir con una rara. Así le dijeron gran parte de su vida. "Hinarara".

Todo cambió con la muerte de su tio Hizashi, cerca del cumpleaños número dieciocho de Hinata. Él era, junto con su padre, socios en una gran firma. Cerraban tratos de todo tipo y por eso les pagaban muy bien. Cuando su tío falleció, la Mesa Directiva había optado por dividirse su parte y dejar fuera a Hiashi. Él nunca les había dicho, pero mientras él hacia los números, era generalmente Hizashi quien con su carisma cerraba los tratos. No solo la familia de su tío, sino la suya se hundiría en la miseria si no podían encontrar el testamento. Recordó que su primo había venido junto a su padre, desesperados, a preguntarle si había visto a su hermano.

Ella solo le pidió que la llevara a la oficina. El lugar era muy simple, incluso para un hombre de negocios como él. Muebles oscuros, alfombra color vino, archiveros en una esquina, unas plantas. Solo había una cosa que desentonaba con ese ambiente. El modelo del sistema solar que pendía sobre ellos. Hinata y Neji se lo habían hecho para su cumpleaños número cuarenta y cinco, y él había incluso llorado al recibir tal obsequio. Siempre había estado fascinado por la astrología, pero su abuelo lo convenció de que era mala idea dedicarse a tal vocación. Hinata les había pedido a ambos hombres que trajeran una escalera.

-Tio Hizashi apareció en mis sueños anoche… - había dicho ella, convencida – dijo que de todos los planetas del Sistema solar, Júpiter era su favorito…

Subió la escalera, sostenida por su primo y tomó a Júpiter entre sus manos. Solo lo sacudió un poco y noto que algo producía un sonido extraño, casi metálico. Le paso el planeta a su primo, quien lo rompió como si fuera un huevo. Las caras de sorpresa de ambos hombres al encontrar una pequeña llave con el tallado del escudo familiar los sorprendió. Solo había un lugar que podía abrirse con esa llave.

Se imaginaran el resto. Encontraron la bóveda de la familia y allí había no solo el testamento per se, sino que además había suficiente dinero para que ninguno pudiera pasar penas. Por supuesto, que luego de eso, nunca más dudaron de las habilidades de la joven.

En la actualidad, Hinata vivía su día a día en una pequeña casa rentada de color rojo intenso. Tenía lo justo y necesario. No había mucho que una joven solitaria y rara como ella pudiese necesitar. Eso sí, sus vecinos siempre murmuraban sobre ella. La extraña joven de la casa roja. La que se paseaba por el vecindario con enormes auriculares y gafas de sol a todas horas. Su casa estaba llena de plantas medicinales, talismanes, hechizos y amuletos de todas las clases. Incluso tenía sal puesta en todas las aberturas de la casa. Algunos pensaban que ella era una bruja malvada, mientras otros creían que solo era una desequilibrada.

Todas las semanas cenaba con algún o todos los miembros de su familia. Tía Haru, Neji, Hiashi y Hanabi habían cambiado radicalmente su trato hacia ella. Solo había elogios, palabras amables, consejos, mensajes de apoyo. Hinata agradecía que ellos se preocuparan por ella y quisieran que viviera una vida normal pero… Lo había intentado por tanto tiempo ¿qué sentido tendría hacerlo ahora?

-Hinata, soy Neji – había dicho su primo ese día – necesito que vengas conmigo y me apoyes. Estoy a punto de dar un paso definitivo en mi vida.

-¿A qué te refieres con un "paso definitivo"? – preguntó ella, llena de curiosidad.

Neji sacó de su abrigo los folletos de Konoha, el pequeño pueblo en las montañas con aguas termales, montaña, bosque. Todo lo romántico que podría ser un paraje así.

-¿Por qué quieres ir conmigo a un lugar así? Soy tu prima. Sé que crees que necesito un novio y que querías casarte conmigo, Nej, pero esta no es la manera… - dijo Hinata, burlándose de su primo.

-¡CIERRA LA BOCA, TENÍA SEIS AÑOS! – gritó Neji, avergonzado al recordar la "propuesta de matrimonio" que había hecho a su prima dos años menor que él – Aunque si estoy interesado en pedirle matrimonio, esta vez de verdad, a mi novia actual… y quiero que sea en este lugar. También invite a su mejor amiga para que sean testigos y graben todo.

-¡OH, NEJ! – Gritó Hina emocionada mientras le daba un fuerte abrazo - ¿Te refieres a Tenten-san? Felicidades, sé que serán muy felices… Pero yo no…

-Hina, por favor - insistió el joven – De no ser por ti, jamás podría haber ido a la Universidad ni la hubiera conocido. Debes estar allí, por mi…

Ella había aceptado a regañadientes, prometiendo guardar el secreto de su primo hasta que fuera el momento de la verdad…

FIN DEL FLASHBACK

Lástima que todo había sido una mentira, y que ahora estaba sufriendo en un tétrico lugar.

Una luz se encendió frente a ellos. Era una luz incandescente, similar a la que había visto en aquella ocasión. Intentó levantar la mano para tocarla y sentir su calor, pero solo sintió algo frio que no le permitía llegar a ella. Era la ventana del auto, ella estaba aún viva aunque desorientada. Veía a todos sus acompañantes mover los labios, pero no entendía nada de lo que decían.

-Hola, ¿pueden oírme? ¿Hay alguien herido en el auto? – dijo una gruesa voz.

-¡POR AQUÍ, RAPIDO! Se golpeó la cabeza contra el cristal – dijo Neji, con desesperación.

Luego todo se oscureció. Ella había perdido el conocimiento, otra vez.

Estaba soñando, ahora ya no había pena ni dolor. Apareció ante ella un bello claro en un bosque que parecía encantado, rodeada de luciérnagas y a la orilla de una laguna. La vibra del lugar era bueno, un lugar donde realmente uno podía relajarse y meditar. Había pasado años aprendiendo esas cosas, en pos de poder superar su traumático pasado.

Música de una flauta provenía de algún lugar, un sonido dulce y suave. Creyó que era ese lugar al que había ido su madre, ya que sentía la magia, el calor…

Al voltearse, se encontró con un joven. Más que un joven, era todo un hombre. Sentado sobre una roca, lo vio como un Dios. Cabello rubio, corto y en punta. Una pañoleta de color negro contrastando entre él y sus hermosos y brillantes ojos azules. Su cuerpo estaba envuelto en un fino kimono naranja y negro pero podía notar que su cuerpo estaba muy trabajado. Él estaba tocando la flauta dulcemente, consiguiendo hipnotizar a la curiosa joven que empezó a acercarse con cautela. Lentamente camino entre la hierba húmeda, sintiendo cada parte de su cuerpo siendo envuelta por una extraña energía. Todo en ella vibraba y chispeaba, casi como electricidad.

El muchacho dejó la flauta a un costado y se levantó de la piedra donde estaba. Solo dio un paso hacia ella, intentando no asustarla, y abrió sus brazos ampliamente.

-Ven a mi Hinata Hyuga, mi chica de ojos perlas… No me temas… - dijo él, sonriéndole ampliamente.

Hinata no sabía que sucedía, sin quererlo se impulsó en una pequeña corrida y se abrazó a él como si fuera su salvavidas. Sintió sus fuertes brazos apretándola y su delicioso aroma a bosque húmedo la inundo. No sabía si era un sueño o si realmente había muerto. Pero no quería despertar. Ella, que nunca había tenido un amigo verdadero, que no había conseguido que nadie la amara, estaba envuelta alrededor de este joven como si fuese su amante.

-Estas a salvo, eres mía… Medium Hinata… - dijo una gruesa voz, que parecía salir de los gruesos labios del mismo joven que le había hablado hacia un momento con dulzura. Subió la mirada para ver con horror, que sus ojos eran rojos como la sangre y brillando con dolor y rabia.

"Es él" – pensó para sí misma, mientras luchaba por soltarse. En cuanto pudo liberarse, comenzó a correr tanto como daban sus piernas.

-¡ESPERA, VUELVE! ¡TE NECESITO, NO ME DEJES! – gritó el muchacho desesperado, comenzando a correr detrás de ella.

Hinata volteó la mirada nuevamente, solo para ver a un enorme zorro correr tras ella. Parecía tener el tamaño de un caballo mediano y tenía nueve colas. Pero lo que realmente le llamó la atención fueron sus ojos. Aunque rojos, ya no se veían tan terribles. Parecían mirarla con desesperación. Algo atravesó su alma, un sentimiento de protección que ella nunca había tenido. ¿Realmente alguien la necesitaba? Justo antes de que el zorro llegue a atraparla, ella despertó.

-¡NO! – gritó fuertemente, asustando a la doctora y a sus acompañantes.

-Vaya, que susto nos diste bonita… Menos mal que llegamos a tiempo antes de que cerraran las puertas. No te hubiera gustado quedarte afuera y con esa herida… - dijo la doctora Senju, dejando su botella de sake en la mesa.

-¿Qué sucedió? – pregunto ella, refregándose la cara intentando terminar de despertarse. Pronto se dio cuenta que tenía una venda en su frente y le había dolido solo rozarla

-Soy la doctora Tsunade Senju – dijo la mujer - Chocaron contra un árbol y la única herida fuiste tú. Golpeaste con tu cabeza contra el cristal, te hiciste un corte y perdiste el conocimiento. Menos mal que mi esposo Hiraiya, el dueño del hotel, los encontró. Me llamó mientras estaba en una partida de póker, por eso tengo este sake. No me movería mucho si fuera tú… Puedes haber tenido una contusión o algo así, pero no lo sabremos con certeza hasta mañana que podamos ir a la clínica a dos horas de aquí… tus amigos están durmiendo ya, en la mañana les avisaré que estas despierta…

-¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

-Has estado inconsciente casi cinco horas… Intenta dormir querida, yo me quedaré velando por tu sueño…

Hinata asintió y trató de dormir un poco, esperando que sus pensamientos estuvieran más claro por la mañana.

¡TANG! Primer campanada…

¡TANG! Segunda campanada…

¡TANG! Tercera campanada…

Eran las tres de la mañana, sin lugar a dudas. Pero Hinata se había vuelto a despertar. Había algo sobre todo aquello, sobre el zorro y el muchacho. No podía estar tranquila, tenía que tener respuestas.

Caminó por el pasillo hasta encontrar la salida del hotel, ignorando que sus compañeros la habían escuchado y la estaban siguiendo.

-¿A dónde va Hinata? – preguntó Tenten, temerosa al ver a su amiga caminar descalza y solo con su camisón blanco – ¿Ella es sonámbula?

-No lo creo, pero podría ser… Un tiempo de su vida tuvo que tomar calmantes y esas cosas, podrían haberle provocado un efecto adverso… - dijo Neji.

-Creo que deberíamos seguirla sin despertarla, quizás esta en un trance psicosomático o algo así… - dijo Shion, sin darse cuenta que solo estaba diciendo puras sandeces - ¡VAMOS, QUE SE NOS VA!

Hinata siguió caminando con paso decidido hacia la puerta sur del pueblo, que ostentaba un gigantesco pergamino. Allí escrito se leía "la maldad no podrá pasar". Acercó su mano al poderoso objeto y luego la alejo, dudando de si era una buena idea.

¿Realmente iba a hacer esto?

-Ven a mi Hinata Hyuga, mi chica de ojos perlas… No me temas… - volvió a escuchar en su mente.

Los dioses la protegieran, pero iría en búsqueda de respuestas esta noche. Arrancó el pergamino y con gran esfuerzo abrió la pesada puerta. Luego hecho a correr, rápidamente. Algo le decía que esto era demasiado importante para perder el tiempo.

Allí estaban todos, en medio del bosque, a las tres de la mañana, dirigiéndose directo hacia la guarida del zorro…