CAPITULO 4
"Estúpido, estúpido, estúpido" se decía Naruto a sí mismo mientras golpeaba su cabeza contra una de las paredes del templo.
Kurama no estaba en mejor estado. Se sentía terrible por haberse mostrado a la muchacha, sin haberla preparado debidamente. Ambos estaban hambrientos, cansados y bastante deprimidos. Podrían haber arruinado la primera y única posibilidad de mejorar sus vidas.
-¡KURAMA, VIEJO ZORRO APESTOSO! – Le gritó Naruto en un arrebato – Había logrado crear una hermosa ilusión para ella, para que venga a mí… ¡Y LO ARRUINASTE TODO!
El zorro no respondió. Sabía que su aprendiz tenía razón. No había podido evitarlo, cada vez estaba teniendo menos control sobre su otra parte. Naruto no conocía aquello, lo ignoraba completamente para su suerte.
Había sido en el pasado un demonio destructivo, pero había salvado a su primer portador de una manada de lobos. Un bebe que habían abandonado en su bosque, que estaba destinado a la grandeza. El antepasado de su actual aprendiz. Los dioses le habían otorgado el grado de espíritu del bosque, construyéndole un templo y todo.
Naruto no conocía esa parte de él, porque estaba sellada muy en su interior. Pero el sello se volvía cada vez más débil. El poder espiritual de Naruto no le permitía continuar con su vida como hasta ahora, aunque su fuerza vital sí. Miró al muchacho e intentó disculparse nuevamente. Pero ¿cómo podría revelarle los secretos de su pasado? ¿Cómo podría… sin asustarlo?
-Naruto yo creo que… es hora de hablar… - se sentó sobre sus patas traseras, intentando mantener su postura seria y calmada – Yo…
El joven lo miró preocupado, no solían hablar de esa manera entre ellos. Todo solía ser más relajado, más fluido. Entonces ¿por qué sentía que había malas noticias?
-Kurama, lo siento… Entiendo que ambos estamos preocupados y frustrados… - intentó disculparse Naruto – Yo…
-¡SILENCIO! – dijo el zorro mientras sus orejas se movían fervientemente y sus pupilas se dilataban hasta casi dejar sus ojos negros.
-¿Acaso acabas de decirme que me calle? – Le dijo el rubio sorprendido – Eres mi mejor amigo y mi maestro, pero eso no te da derecho a hablarme así…
-Ella ya viene… - le dijo Kurama, de manera calmada. Aunque intentaba decirle las cosas con tranquilidad, Naruto observó cómo movía la cola cual perro faldero.
-¿DE VERAS? ¡DIME QUE NO ME ESTAS MINTIENDO! – dijo el joven con entusiasmo.
-Naruto…
-Debo vestirme, debo prepararme… Oye, Kurama. ¿Deberíamos arreglar el templo?
-Naruto…
-¿Debo prepararle de comer? No, quizás requiere un banquete…
-¡NARUTO! Ella no viene sola… - dijo Kurama, de repente con el pelo crispado – El macho y las dos hembras que venían con ella la acompañan…
Los ojos de Naruto cambiaron entre el rojo y el azul momentáneamente. Respiro hondo una vez, dos veces. Se calmó un poco y volvió a hablar.
-Envía a los sirvientes, Kurama… Ponlos a prueba, desvíalos de su camino… Solo quiero que ella llegue aquí… ¿Entendido?
Kurama lo vio como si fuera la primera vez. Con ese porte y la seriedad que tenía, casi estaba irreconocible.
-Ya mismo, Naruto… - dijo Kurama, retirándose para invocar a sus sirvientes.
Se quedó allí parado, viendo a través de la ventana del templo. Había demasiados sentimientos involucrados en su corazón y los pensamientos se mezclaban en su mente.
…
Hinata siguió caminando en la oscuridad del bosque. No entendía qué estaba haciendo. Solo llevaba su camisón y el collar que solía ser de su madre. No tenía ninguno de sus pergaminos, ni sus talismanes.
¿Qué diablos hacia? Se dio media vuelta para retirarse cuando vio a las tres personas que la seguían de cerca.
-¡AH! – Gritó Hinata, con miedo - ¿Qué hacen aquí?
-¿Qué hacemos aquí? ¿Es enserio. Hinata? – dijo Neji furioso.
-Te vimos caminar hacia aquí, parecía estar en un trance… Oye, ¿estás bien? – Preguntó Tenten, viéndola a los ojos con preocupación.
Hinata sintió que de repente salía del estupor. ¿Realmente había pensado ir esa misma noche a buscar a la bestia por su cuenta? Sacudió la cabeza, intentando despejar sus pensamientos y solo dijo.
-Sí, lo siento. No podía dormir y no quise preocuparlos pero a decir verdad necesitaba respirar un poco de aire puro.
-Bien, ya que te encontramos y respiraste aire puro ¿puedo sugerir que volvamos al pueblo? Si se dan cuenta que rompiste su sello, se van a molestar con nosotros… y aún no hemos comenzado a grabar con seriedad… - dijo Shion, poniendo cara de hastío.
La muchacha asintió y todos se giraron para volver sobre sus pasos. Pero notaron que ya no estaban sus huellas. La oscuridad se había tragado el camino por el que habían venido y los arboles parecían más tupidos que antes, imposibilitando ver hacia adelante.
-De acuerdo… - dijo Neji, tratando de calmar los animos de todos – Me subiré a este árbol y podremos observar el camino…
De pronto, comenzaron a oír un sonido de gruñidos de un arbusto cercano. Escucharon como se acercaba cada vez más hacia ellos, gruñendo y corriendo.
-¡OH, NO! Es él… Debemos salir de aquí… - dijo Hinata tirando de la manga del pijama de su primo. Este no le hizo caso y se acercó al lugar. Abrió lentamente los matorrales y vaya sorpresa se llevó.
-Hina, ven a ver esto… No temas, todo está bien… - dijo Neji mientras estiraba su mano para levantar a la pequeña causa de su temor.
-¡UN ZORRO BEBE! Mira que adorable es… - dijeron Hinata y Tenten al ver al pequeño animalito, dando vueltas en brazos de su primo. Parecía estar acostumbrado a la presencia de la gente. Hinata se preguntó si no había sido este el animal que ella había visto y si, quizás, todo lo demás había sido un sueño. Pero la presencia seguía ahí, eso no lo podía inventar.
-¡QUÉ HORROR! Suelta a esa cosa, Neji… Vaya a saber si tiene rabia o parásitos… - dijo Shion, con asco, al verlos a todos tan emocionados por una asquerosa bola de pelos.
-Neji mira, hay más… - dijo Tenten levantando a uno mientras Hinata levantaba a otro que parecía ser el más pequeño - ¿no son tiernos?
El ambiente relajado y los chillidos de los animales habían cambiado las cosas. Ya no estaban tan asustados. Seguramente, esta era una señal de que todo estaría bien.
Un pequeño chillido de dolor se escuchó de pronto provenir desde el suelo, donde Shion tenía su pie levantado. Había pateado a uno de los cachorros, que en su curiosidad, se había acercado a olisquearla.
-¡ASQUEROSO BICHO! No te me acerques… - le dijo ella, con rabia.
-¡SHION, NO! – gritó Hinata, presintiendo algo malo.
De la nada, una densa aura roja comenzó a envolver a los pequeños. Esos, que parecían indefensas bolas de pelos, estaban comenzando a transformarse en enormes zorros rojos. Sus chispeantes miradas, con los ojos de color avellana habían pasado a ser rojos y amenazadores. Comenzaron a gruñir cada vez más fuerte, mientras los rodeaban. Colmillos y garras enormes estaban acechándolos, listos para acabar con ellos.
-¡CORRAN! – grito Neji, pero nadie lo siguió. Sin querer todos se fueron por distintos lugares, siendo perseguidos por las viciosas bestias. La única que no pudo mover un musculo fue ella. Una pequeña patita toco su mano, como tratando de transmitirle calma.
¿Acaso era posible…? El pequeño cachorro seguía transformado como tal, nada había cambiado en él. ¿Qué podría tener de especial?
-Hola pequeño… - habló Hinata, con algo de duda – Estoy perdida ¿quieres mostrarme el camino al pueblo?
El pequeño animalito sacudió las orejas, se bajó de sus brazos y chilló hacia ella.
"No puedo creerlo, ¿acaso él me entendió?" De la nada aceleró, corriendo delante de ella como si fuera lo más emocionante del mundo llevarla a su destino.
….
Neji y Tenten fueron los primeros en salir del bosque. Los zorros intentaron morderlos varias veces, pero desistieron a pocos metros del límite y ambos se dieron cuenta de algo.
-Mira esos árboles… sea lo que esa cosa sea, la tienen contenida en esta parte del bosque… - dijo Neji, analizando los pergaminos pegados por allí, como formando una cadena.
-Neji, no hay tiempo. Debemos pedir ayuda y buscar a Shion y a Hinata… Esas cosas podrían devorárselas… - dijo Tenten tomándolo de la mano. El joven contuvo el sonrojo que comenzaba a subir y le dijo.
-Tienes razón, vamos… - y apretando la mano de la chica se dirigieron a buscar ayuda.
Solo esperaba, rogaba a los cielos, porque ambas estuvieran bien…
….
Shion se escondió en un templo abandonado. Esas cosas no habían querido entrar más allá de las puertas de madera. Vio las estatuas y se dio cuenta que era el Templo del dios Zorro, el guardian del bosque. Había muchas cosas en ese lugar, a pesar de que nadie se encontraba allí. Pero lo que más llamó la atención de la muchacha fue el trono de oro sobre un pedestal. Era la forma de un zorro que parecía envolverse alrededor de quien se sentara, con su hocico casi a la altura del oído. Colgando del cuello de dicho zorro, había un bello collar de zafiros. La joven no pudo evitarlo y lo tomó en sus manos, ansiando ponerlo sobre su cuello. Un objeto hermoso, debía pertenecer a una mujer hermosa. La belleza de ese collar debía pertenecerle solo a ella, a nadie más. Antes de poder colocarlo, escucho un sonido tras ella.
-¡SHION, ESTAS VIVA! – gritó la pelinegra, abrazándola. - ¡DEBEMOS IRNOS, YA! - Tomándola de la mano, Hinata corrió tanto como pudo sin mirar atrás.
-Sí, claro… Nos vamos… - dijo ella, escondiendo el magnífico objeto en su abrigo de noche.
Un grito desesperado y un poderoso gruñido se oyeron a la distancia. El aura del bosque se volvió más pesada. Casi que no podía respirar… ¿qué había cambiado para que todo se pusiera tan feo?
¿Acaso fue culpa de ellos?
….
Habían buscado ayuda en el lugar más cercano, el bar de un hombre llamado Hidan. Neji creyó que ellos los ayudarían pero fue tomado y amordazado. Les gritaba a los hombres del pueblo que lo sostenían mientras luchaba como un loco. Tenten, a su lado, golpeaba la espalda de uno de ellos, intentando que lo liberasen.
-¿QUÉ NO ENTIENDEN? Mi prima y nuestra amiga están allí, debemos ir por ellas.
-¿Cómo se atreven a pedir nuestra ayuda? Durante cientos de años hemos protegido este pueblo, pagado a los mejores monjes y sacerdotes para evitar que esa creatura se acercara… Si viene a por ustedes, serán nuestro sacrificio… - dijo el dueño del lugar, desquiciado, mientras ataba a los dos jóvenes entre sí. La gente del bar los colocó sentados, contra un gran tronco que servía de pilar. Estaban asustados, pero no por su destino. Sino por no saber de Hinata y Shion.
Unos matorrales se sacudieron violentamente cerca de ellos y las jóvenes aparecieron, como si hubieran sido invocadas.
-¡TOMENLAS Y AMARRENLAS! Si esa cosa viene, que se los devore a ellos… - dijo ahora un anciano, que agitaba su bastón como si fuera un garrote.
Primero tomaron a la rubia, quien gritó y se agitó de manera violenta. Uno de ellos la abofeteó y cayó pesada como una bolsa de papas. Del bolsillo de su abrigo, cayó al suelo un hermoso collar de zafiros. Hinata lo tomó, antes de que alguno de esos hombres lo encontrara. Sabía lo que era ese collar, y por qué ninguno de ellos debía tenerlo…
Una vez que estuvo sometida, la colocaron en el mismo lugar que al resto.
-No, por favor… No hagan esto… - rogó Hinata mientras los veía acercarse a ella con sogas.
Antes de que uno de los hombres pudiera llegar a poner una mano sobre la joven, la misma se encendió en una incandescente llama roja.
La atmosfera se había vuelto pesada. La extraña energía cayó en ese lugar, cargada y densa. Hinata contuvo una nausea… Siempre solía sucederle cuando no podía lidiar con esas fuerzas. Todos los pergaminos que había en los arboles a su alrededor se hicieron cenizas, y cuando voltearon tenían ante sí la presencia chisporroteante. La misma llegaba desde el mismo lugar de donde habían salido las jóvenes. Los ojos del joven y los del zorro estaban encendidos en rojo, como lava ardiente. Se posaron en todos ellos, esculcando sus almas. Intentando encontrar aquello que le habían robado. Abrió la boca y con la voz distorsionada dijo.
-Devuélvanlo…
Ninguno de los allí presentes comprendía de lo que estaba hablando el ser, excepto una rubia que había empezado a sudar.
-Sé que lo tienen, devuélvanlo… O todos morirán… - volvió a advertir con su voz aún más distorsionada.
Los hombres, furiosos por las lesiones que la bestia le había ocasionado a su amigo y ebrios, se lanzaron contra él. Él encendió llamas en la ropa de cada uno de ellos, provocando que desistieran de sus ataques e intentaran apagar las llamas.
Hinata cayó de rodillas al ver semejante escena. ¿Realmente había sentido algo de confianza por este ser? En verdad parecía un demonio… Pero también entendía por qué se comportaba así.
Hizo una profunda reverencia y levantó entre sus manos el fino objeto. Zorro y hombre miraron en su dirección.
-Por favor, detente… No lastimes a nadie más, te lo ruego.
-Ellos me han ofendido, me han encerrado en este lugar y han intentado poner sus asquerosas manos sobre mi tesoro. No los perdonaré.
Hinata se sonrojo por un momento. ¿Intentaba decir que ella era su tesoro o se refería al hermoso collar que tenía en sus manos? Sacudió su cabeza para poder volver a poner su rostro serio y le dijo.
-Llévate el collar y permite que todos nos vayamos, por favor. Nadie volverá a molestarte, lo prometo.
-La palabra de un mortal no vale…
-¿La palabra de una médium no debería valer más?
Zorro y hombre se miraron y sonrieron entre sí. Parecían complacidos con la respuesta de ella. Pero había algo más: complicidad.
-¿Qué me darás si perdono la vida de todos estos mortales, además de esa hermosa baratija?
Hinata alzó la mirada con determinación. Sabía lo que eso significaba, sabía que eso era lo que él quería desde el principio. Tal vez, él había planeado todo eso. Pero ella debía ser fuerte y jugar su juego. Luego, encontraría la forma de escapar.
-Yo Hinata Hyuga, soy una médium. Prometo entregarte mi poder, mi alma y mi vida entera a cambio de que perdones a este pueblo.
Antes de poder seguir hablando, ella se encontraba entre los brazos del joven. Descendió hacia ella y selló sus labios de una manera arrolladora.
Hinata había sido besada antes, pero jamás de esta manera. Sentía música de fondo y fuegos artificiales dentro de ella. Abrió la boca para suspirar y él penetró con su lengua ¡Qué experiencia! Corría magma por sus venas.
-Trato hecho – dijo él una vez que se separaron. Un halo rojo los envolvió como una bola, llevándolos al interior del bosque, mientras escuchaban a la lejanía los gritos de todos los presentes.
"Resiste Hinata, tú puedes hacerlo…" se alentó a ella misma "solo debo evitar besarlo nuevamente o estaré perdida"
