Capítulo 5

Hinata abrió los ojos de repente, siendo recibida por la cálida luz del sol sobre su rostro. Se sentó de manera brusca sobre la cama… ¿UNA CAMA? ¿Cómo rayos había llegado a una cama? Observó alrededor, intentando reconocer la habitación en la que se encontraba. Ciertamente, no era su casa y no se parecía ni un poco al pequeño hotel donde se habían hospedado con su primo y los demás. "Me lleva mi suerte…" pensó la joven. Había creído que, tal vez como la primera vez que había visto a ese joven, todo había sido solo un bello sueño. Pero no. La habitación era grande, rodeada de madera. Estaba decorada como si aún vivieran en la época imperial. Hermosos abanicos con kanjis, estatuas de buda, listones rojos, una bella cama con dosel y un armario clásico eran parte de toda la habitación. Levantó un brazo para cubrir sus ojos de la luz solar que lograba colarse por una ventana y se dio cuenta de que llevaba una manga blanca. Bajo la vista para encontrarse que llevaba puesto un simple kimono blanco. "¿Pero en qué momento…?" pensó para sí "si ese pervertido me vistió, lo voy a…" No pudo terminar de hablar al ver que se abrían las puertas de su enorme dormitorio, dejando entrar un montón de pequeñas bolas de pelo. Eran los mismos cachorritos que habían encontrado en el bosque. No le sorprendió verlos allí, dado que el demonio era un zorro. Probablemente, eran sus sirvientes.

-Hola pequeñines… - dijo Hinata, feliz de ya no verlos como zorros rabiosos - ¿pueden decirme donde se encuentra el joven de ojos azules y el zorro gigante?

Los pequeños animalitos la miraron confusos. Hinata pensó que se estaba volviendo loca, hablándoles a los pequeños animales. Seguramente solo podrían entenderse con su amo. Les dio la espalda un momento, pero al volverse se sorprendió. Allí parados en lugar de los zorros, había un grupo de jóvenes vestidas como sirvientes.

-Buenos días, Hime-sama… - dijeron los cuatro, inclinándose a modo de respeto - ¿ha dormido bien? Mi lord esta abajo esperándola para que lo acompañe a desayunar… ¿desea primero darse un baño antes de comer?

Hinata comenzó a boquear como pez fuera del agua, mientras intentaba recomponerse. Se restregó la cara, pensando que quizás eran impresiones suyas ¿El joven, un lord? Okey, si aún seguía dormida, este era por lejos el sueño más extraño que podría haber tenido. Un pellizco en su mano le hizo dar cuenta de algo: que ella no estaba soñando y por tanto todo era real.

-Mi señora, mi nombre es Kasumi. Le pido, por favor, se decida. Necesito prepararle ropa nueva. La que traía no es adecuada para usted y este viejo kimono pertenecía a la madre de nuestro señor. - dijo la jovencita.

¿Hime? ¿Señora? Todo esto seguía sonándole cada vez más y más extraño. ¿Acaso todos los zorros son personas? ¿Serían estas chicas parte de los desaparecidos que hubo en el bosque? Como pudo, fingió compostura y contestó educadamente.

-No es necesario por ahora el baño, pero si me apetece el desayuno. Bajaré ahora mismo.

-Muy bien – respondió Kasumi, sin mirarla a los ojos – Si necesita algo, no dude en llamarme. Miyuki, Chin, Saya y yo estaremos para servirle a usted

Apenas se fueron de la habitación, ella tomó unas sandalias que había al costado de la cama y se las calzó. Al salir al pasillo, casi se cae al piso. Ella ya sabía dónde estaba. Era el viejo templo del zorro, el guardián del bosque. Pero estaba casi irreconocible. Todo era nuevo y brillante. Cuando volteó a mirar, en una mesa no muy alejada se encontraba el joven al que había venido a buscar junto a la enorme bestia que lo había acompañado la noche anterior.

Con paso decidido, se acercó a ellos. Era hora de poner las cuentas claras…

….

Naruto estaba que rebosaba de energía. Gracias al beso que había compartido con Hinata, su cuerpo había absorbido parte de su poder espiritual. "Si solo un beso me ha dado tanto poder, ¿qué sucederá cuando ella sea mía?" Bajo un poco la mirada pensando en la joven que había llevado en brazos hasta su hogar. No era pesada, y las curvas de su cuerpo se notaban perfectamente debajo de su camisón blanco. Sonrió para sí mientras Kurama gruñía. Sabía que su maestro no estaba particularmente contento con su línea de pensamiento pero al menos, las cosas habían salido bien para todos.

O casi todos…

-Hola, buenos días… Mi nombre es Hinata Hyuga, es un gusto conocerlo señor… - dijo la joven de ojos perlas al acercarse, extendiéndole la mano para poder estrechar la suya.

El muchacho tomo su mano entre las suyas y en lugar de estrecharla, la volteó y le dio un beso en el dorso de su mano.

-Buenos días, mi bella de ojos perlas. Soy Naruto Namikaze, y para mi es más que un placer tenerte aquí… - le dijo el joven, mirándola directamente a los ojos.

Hinata sintió que intentaba desnudarle el alma, así que desvió la vista.

-Toma… - le dijo la joven tímidamente poniendo ante sus ojos el objeto que le había sido robado de su templo. Paso sus manos alrededor de su cuello de forma sutil y lo abrocho – Lamento que te lo robaran, yo… sé lo que es que querer conservar los recuerdos de nuestros seres queridos que se han ido, también perdí a mi mamá…

Naruto levantó ambas cejas, sorprendido. No había esperado que ella le colocara el collar ni mucho menos que supiera que solía pertenecer a su madre.

-Gracias, en realidad el zafiro más grande es un…

-Es un guardapelo, lo sé. Mi madre tenía uno con una perla y allí guardaba el primer cabello de mi hermana y el mío…

-Lamento mucho tu perdida Hinata…

Hinata vio que los hermosos ojos del joven destilaban una profunda tristeza y soledad, igual que la primera vez que lo había visto en su sueño. Ahora, frente a él, se daba cuenta de que en realidad tenía el poder para provocar esa visión. Aun así y todo, se sentía en confianza con él.

Kurama solo observaba a ambos jóvenes interactuar. Esperaba que realmente las cosas entre ellos resultaran, por el bienestar de todos. Se preguntó si debía interferir, si debía opinar. Prefirió quedarse en silencio, tal vez ella siguiera asustada por todos lo sucedido.

Al voltear a verlos, encontró los enormes ojos perlas observándolo atentamente. Desvió su mirada para evitar causarle temor pero de pronto escucho.

-¿Cómo se llama tu amigo? – preguntó la muchacha a su captor, mientras se acercaba al guardián.

-Mi nombre es Kurama, médium… - le dijo el zorro – y no soy su amigo, soy su maestro…

-Entonces ¿él habla? – dijo Hinata sorprendida.

-¿Por qué no le preguntas tu misma? – Dijo él con una sonrisa que a Hinata se le hizo deslumbrante – Él habla, el problema es hacerlo callar…

-Mocoso insoportable, verás nomás. Cuando entrenemos, te daré una paliza…

-Tengo muchas preguntas que hacerte… Perdón, hacerles… ¿qué quieren de mí? ¿Por qué me necesitan?

El joven y el zorro volvieron a compartir miradas cómplices. "Ellos deben comunicarse por telepatía, que increíble". Naruto dio dos aplausos e hizo una seña en dirección a la cocina. De allí dentro, salieron al menos una docena de personas llevando platillos de todo tipo y jarras toda clase de bebidas. "Menudo buffet continental" pensó Hinata mientras observaba como acomodaban todo frente a ellos.

-Come, por favor… - le dijo Naruto, sonriéndole nuevamente.

Hinata empezó a pensar que sus sonrisas deberían estar prohibidas por ley por ser demasiado eróticas. Volvió a empujar ese pensamiento hacia las profundidades, mientras tomaba un gran bocado de huevos revueltos con beicon.

-¿Y bien? ¿Qué tal la comida? – le preguntó el zorro, pillando desprevenida a Hinata.

-Esta deliciosa y les agradezco mucho la hospitalidad, pero espero que no les moleste que pregunte… ¿por qué estoy aquí? – pregunto ella, yendo al grano.

Bebió un par de tragos de su café, mientras esperaba alguna explicación. Se la debían, al menos uno de los dos.

Naruto se levantó de la mesa para acercarse más a ella, se arrodilló a su altura y acarició su mejilla.

-Hinata ¿qué sabes de las médiums? – preguntó, mirándola seriamente.

Ella se quedó callada, pensando. Había intentado averiguar por años cómo hacer para conseguir controlar o incluso hacer desaparecer su poder. Sentía que no lo necesitaba para que le arruinara más la vida, ni a ella ni a nadie más. Al ver que no podía simplemente desaparecerlo, había estudiado todo lo posible para comprender cómo repeler a los espíritus que la contactaban. Al ver que él esperaba una respuesta, solo negó con la cabeza. Realmente aún no confiaba lo suficiente en él para contarle sobre esa parte de sus conocimientos.

-Hinata, todos los seres vivos poseen fuerza vital. Nos mueve a ti, a mí, a Kurama y a todos en el Universo. Unos pocos seres, que han entrado en contacto con el mundo Shinto, adquieren poder espiritual. Algunos nacen con él e incluso, como en tu caso, tu tercer ojo se ha abierto al verte enfrentada con la muerte inminente…

Ella lo escuchó en silencio, asintiendo a todo lo que decía. Una parte de ello ya lo conocía, pero jamás imagino que alguien podía nacer con esta clase de maldición. Se preguntó cómo habían logrado llevar vidas normales. Bebió otro sorbo de café y asintió, esperando que continuara.

-He estado solo toda mi vida, y a excepción de Kurama, me he visto aquí sin poder conocer el mundo. Supongo que entiendes lo que siento…

Hinata tomo su mano y le dio un apretón. Claro que ella conocía ese sentimiento. ¡Cuántas veces había soñado con tener una vida normal! Ir a la escuela, tener un novio, ir a fiestas, graduarse, casarse… Sabía que con su "don" como muchos lo llamaban, ella jamás alcanzaría sus objetivos.

-Es por eso que debo pedirte, por favor… ¡AYUDAME A ALIMENTAR A KURAMA!

-¿Qué… qué acabas de decir…? – dijo la joven poniéndose pálida.

-Lo siento, no me malinterpretes. No te comerá físicamente, solo necesita "comer" de tu poder espiritual.

Hinata volvió a quedarse en blanco mientras intentaba procesar las palabras que habían salido de la boca del joven.

-¿Có… cómo… cómo lo hará? ¿Me va a doler? – preguntó ella al borde de las lágrimas.

-Lo está haciendo ahora mismo, solo necesita tener tu presencia cerca… ¿no es increíble? A que no estas sintiendo nada ahora ¿verdad?

Hinata suspiró aliviada y se limpió los ojos. "Que suerte, así que solo era eso"

-Gracias a ti, Kurama está más enérgico. Pudo arreglar el templo y alimentar a su vez a sus sirvientes. En cuanto unamos nuestras vidas y produzcamos descendencia, él será aún más fuerte…

-¿De qué hablas Naruto? – preguntó ella llevándose de nueva cuenta el tazón de café a su boca.

-Hablo de matrimonio e hijos, Hinata… Cásate conmigo… - dijo el joven, sonriendo de nueva cuenta.

La muchacha entonces escupió el café que aún seguía algo caliente sobre él, sobre la comida e incluso una parte al pobre zorro, que al verse mojado, se puso a refunfuñar.

¿Naruto? ¿Yo? ¿Matrimonio? ¿Hijos?

¿Eh? ¿EHH? ¿EHHHHHHHHH?

.

Al otro lado del país, en la sala de una gigantesca casa, un hombre cortaba el teléfono. Había hablado con su sobrino y escuchado su historia atentamente, sin poder creer las palabras del mismo. Se sirvió un vaso de su whisky de doce años, apuró el trago hasta el fondo del vaso y volvió a servirse. Estaba muy preocupado por el secuestro de su hija, ella era muy cuidadosa con qué clase de fuerzas jugaba. Algo iba mal, su pequeña nunca había sido una insensata para correr semejante peligro.

Alguien tocó a la puerta, sorprendiendo al hombre. Dejó el vaso de whisky que no había bebido aun, levantó el portero eléctrico, que tenía cámara y al otro lado se encontró con la imagen más estrafalaria de su vida.

Era la mujer más hermosa que hubiese visto. Estaba ataviada con un kimono color crema con flores de jazmín y un abrigo rojo que le caía desde los hombros como una capa. En una de sus manos llevaba una sombrilla negra, que usaba para cubrirse del sol de la tarde. Su largo cabello rosado caía en una trenza hasta las caderas. Sintió cómo lo observaba directamente con sus hermosos ojos esmeraldas, similares a los de un felino. Parecía salida de un sueño.

-¿Señor Hiashi Hyuga? Soy Sakura Haruno, sé del problema que tiene su hija y creo saber cómo resolverlo ¿Puede dejarme entrar?

El hombre cortó el timbre y fue directo hacia la puerta. Apenas le abrió, le dijo.

-¿Cómo es que sabe sobre mi hija? Recién hable con mi…

-Con su sobrino, lo sé. En el mundo Shinto, los chismes vuelan aún más rápido que en el mundo físico… - le respondió ella mientras se quitaba el abrigo y cerraba la sombrilla.

-¿Acaso usted es…? – preguntó Hiashi, desconcertado.

-Soy una médium y me dedico a exorcizar demonios. Podría salvar a su hija, ya que cuento con las armas y la experiencia para ello… Pero, como sabrá, yo pondría mi vida en riesgo y, por ende, le va a costar… dos millones de yenes. El primero por adelantado y el segundo una vez terminado mi trabajo.

-¿DOS MILLONES DE YENES?

-Más gastos. Le dije que arriesgo mi vida en esto… – dijo la joven, tomando el vaso de la mesa del teléfono y apurándolo en su garganta.

El hombre se preguntó si esta extravagante mujer sería igual a su hija o si solo sería una estafadora, como tantos otros habían conocido. No tenía muchas opciones realmente, ¿por qué sino se presentaría una persona de la nada en casa de alguien a decir semejante locura?

-Su hermano Hizashi murió recientemente ¿no es así? – Dijo la joven de la nada – Me lo he encontrado. De hecho, fue él quien me envió aquí.

-Es usted una farsante, mi hermano paso a mejor vida luego de que resolviera sus asuntos junto a mi hija…

-Lo sé, no está en este plano. Se me apareció en un sueño, para contarme lo sucedido con su querida sobrina. También me dijo que controlara cuánto whisky bebía usted, que era malo para su corazón.

El hombre ya no tuvo dudas. Ciertamente, ella estaba hablando con su hermano. O al menos lo había hecho.

-Páseme un número de cuenta. Tendrá su primer millón esta noche. Dígame, ¿cuándo se irá? – preguntó Hiashi mientras tomaba un vaso más de la mesita y le servía a ambos.

-Mañana sale mi vuelo a las siete y treinta, fue un placer hacer negocios con usted sr. Hyuga. – dijo la joven mientras tomaba sus cosas para retirarse por donde había aparecido

Hiashi se quedó consternado. "Ella sabía que aceptaría…"

"Aguanta, Hinata. La ayuda va en camino…" pensó apurando su último vaso de whisky.