Aclaración: Universo alternativo, cambio de contexto, personalidad y relación entre los personajes.
Harry Potter pertenece a la magnífica JK Rowling, algunos personajes son de mi autoria y la trama es completamente mía.
Escribo mi segundo fic. con fines de entretenimiento personal, se aceptan críticas reconstuctivas y de igual forma pido el respeto necesario hacia mi persona y mi obra.
Por su atención gracias.
Diviértete Leyendo.
Prólogo
La vida había sido muy dura conmigo; desesperación, abuso y miedo, fueron los que forjaron mi carácter; la esperanza, el deseo de vivir y mi autoestima fortalecieron mi temperamento.
Recuerdo que perdí a mis padres a los 7 años y a partir de ese momento tuve que hacerme cargo de un imperio prestigioso y reconocido en el mundo mágico.
Nada fue fácil, mi infancia terminó tan rápido y la adultez me golpeó con fuerza, aprendí a la mala a ser fría, inteligente, astuta y valiente, todo con el fin de sobrevivir a los diferentes depredadores que me acechaban en esta sociedad de clase alta.
Supe observar a detalle, distinguir enemigos, aliados y fraudes, aprendí a ser la mejor, a verme como la mejor y a jugar con lo mejor. Evolucione a tal grado que me sentía invencible y todo el esfuerzo tuvo su recompensa.
Siempre obtengo todo lo que quiero, consigo con facilidad cualquier capricho, mi presencia intimida a mis enemigos, causa admiración entre mis aliados y envida en ojos desconocidos.
No puedo negarlo, me acostumbré al poder, disfruto de los lujos y aprendí a amar mi trabajo y mi vida. Soy la bruja más joven en poseer prestigio y fortuna, además de una belleza inigualable, modestia aparte.
Claro que, pese a todo, siempre habrá algo que nuble tu paraíso. En mi interior había un vacío, diminuto, casi imperceptible pero que llegaba a molestar cada noche, cuando la melancolía me abrazaba y me recordaba lo sola que en realidad estaba. Luchaba contra esa sensación y creí que iba ganando, hasta que la realidad me abofeteó tan fuerte que casi perdí la cordura.
Justo ahora me encuentro en mi sala de té, con los nervios a flor de piel y unas ganas de gritar tan fuertes que he tenido que morderme la lengua más de tres veces para no sucumbir ante ello.
¿Cuál es la razón de mi sufrir?
Pues, en realidad, son tres razones... La primera esta sentada a mi izquierda y sonríe radiante mientras garabatea en una libreta de apuntes, su té se enfría pero a ella no parece importarle ya que tiene otras prioridades. Yo la observo y me duele apreciar que las pecas de su rostro resplandecen como si fuera polvo de oro adornando su tes.
La segunda razón de mi agobio esta sentada frente a mi, a diferencia de la anterior esta si toma su té y come bocadillos, no por hambre, esta ansiosa, pero de igual forma su alegría es palpable y expresiva. Me irrita mirar ese brillo de ilusión en su mirada azul y el ligero balanceo de su larga melena roja causado por la briza que se cuela por la ventana, ella esta preciosa hoy.
Mi tercer fastidio es la mujer a mi derecha, esa con mirada soñadora y sonrisa de ángel, apenas hace algún movimiento, aunque eso no significa que no esté participando en la reunión, todo lo contrario. Me hierve la sangre al percibir ese tono dulce en su voz, la forma tan refinada y risueña con la que se expresa, demostrando por completo el estar deseosa, feliz e ilusionada.
No me mal entiendas por favor, yo no aborrezco u odio a estas tres muchachas, jamás podría hacerlo. Todo lo contrario, son y serán siempre mi más grande felicidad y las únicas personas a las que puedo llamar familia.
Lo que ocurre es que no puedo aceptar que esas expresiones y esa alegría provengan de agentes externos. No tolero la idea de que alguien, aparte de mi, sea capaz de brindarles paz y amor a sus vidas. No concibo el hecho de que ellas estén esperando impacientes el día en que se vayan de aquí, el día en el que ellos las roben de mi lado.
- Siento que el amarillo es más llamativo... pero algo rudo para la vista.
Sé exactamente el tema principal de la conversación, pero no tengo idea de qué punto especifico se está tocando, me he perdido en mis pensamientos y recuerdos a tal grado que no he podido prestar atención en nada, estoy perdida y con ganas de llorar. Lo peor es que ellas ni cuenta se han dado.
- No creo que sea lo ideal, el novio lo descartara de inmediato en cuanto se lo propongas.
Le doy un sorbo a mi té sin ninguna precaución, esta muy caliente y me quema la boca al instante, logro disimular el dolor y evitar cualquier gesto, aunque agradezco que ese daño me regrese un poco al presente.
- Tiene que ser un tocado de lilas, ya que representan el amor eterno...
Vuelvo a mirar a cada una y mi mente de nuevo viaja a través de mis recuerdos... Primero observo a Hermione, Hermione Granger, una hermosa castaña de risos definidos, la primera persona a la que deje entrar a mi vida, de manera intima y emocional.
Recuerdo tan claramente cuando la conocí, era una jovencita maltratada por la vida, sin familia y sola en el mundo, vagaba por una calle concurrida del mundo muggle, se veía flaca y muy demacrada, pude notar al instante sus intenciones cuando se aproximó a mi.
En aquel entonces yo tenía algunos asuntos pendientes con un mago retirado, el hombre había sido socio de mi familia desde mucho antes de que yo naciera, representaba no solo un buen negocio, sino que también un amigo fiel y familiar. Tom Riddle era un mago viejo de barbas oscuras y ojos cansados que estaba dispuesto a dejar de lado todo por lo que había trabajado para poder tener una vida tranquila y libre de magia junto a su extrovertida esposa Bellatrix. Yo estaba intrigada por la razón de haberme citado en el mundo muggle con tanta urgencia y tenía el presentimiento de que las cosas para mi se volverían aún más complicadas de lo que ya eran.
Mientras imaginaba las probabilidades de lo que Riddle podría decirme o proponerme, note cuando la muchacha de pecas y rostro pálido paso a mi lado para rápidamente meter una mano en mi bolso y extraer mi cartera, fue muy rápida y casi imperceptible. Se alejó a paso veloz perdiéndose entre la gente, nadie se había dado cuenta de su acción aparte de mi. Una persona común la habría perdido de vista cuando huyó, pero yo no era cualquier persona.
Se oculto en un callejón solitario para revisar lo que robo, aunque tenía prisa por llegar a mi cita y pensé en dejarlo pasar, la curiosidad e intriga por aquella muchacha era más fuerte, así que la seguí con tranquilidad y la observé de lejos antes de enfrentarla. Note su decepción y frustración al darse cuenta que el contenido de la cartera no eran más que tarjetas de presentación, agendas y algunas notas que yo guardaba ahí. La escuche resoplar y maldecir, decidí encararla por fin y aparecí tras ella.
- Mala racha la de hoy ¿Verdad? - bromee con malicia.
Voltio a verme asustada y luego me sorprendió al sacar una varita de su desgastada bota lanzando en automático un hechizo para aturdirme. Por suerte soy experta en combate de magia y sin problema bloqueé su ataque, ella parecía más sorprendida y con temor siguió atacando, buscando la forma de dejarme fuera de combate, aunque pude notar que no tenía la intención de hacerme daño, mi curiosidad aumentó mientras me defendía y ella parecía frustrada al no conseguir escapar de mi.
- Eres muy buena ¿Dónde aprendiste? - le pregunte con parsimonia, pero ella no respondió, sino que elevó su nivel de pelea, desesperada por la situación.
- ¿Podemos dejar esto? me gustaría invitarte a cenar y platicar como gente civilizada - intenté razonar con ella usando un tono dulce y tranquilo, pero no pareció surtir efecto. Entre en un estado de frustración, pues también estaba la cuestión de que tenía algo de prisa, Tom Riddle podía ser un tanto temperamental y detestaba la falta de puntualidad..
- ¡No pienso ir a prisión! - gritó alterada y atacó con más fuerza.
Ya harta de esa lucha sin sentido, chazquie los dedos y en segundos ella cayó paralizada al suelo. Mire su figura inconsciente, un rastro de lágrimas y mugre marchaban su piel, un sentimiento de pena me sobrepasó, revise que no tuviera alguna herida y note al tocar su frente que tenía fiebre.
- Es tarde, Mi Lady - una voz masculina llamó mi atención desde atrás - El señor Riddle la espera - me recordó.
Le ignore deliberadamente y levite a la joven para desaparecer juntas, lamentablemente mi reunión con Riddle se tendría que posponer, esperaba que no se molestara por ello.
Un dolor agudo en mi espalda me regreso al presente, mire de reojo al culpable de tal daño. Aron Zydan, mi fiel y leal mayordomo/chef personal/asistente/guarda espaldas/consejero... bueno, mi todologo personal quien mantenía mi té hirviendo y mi taza llena, había osado hacerme daño con un pequeño alfiler, pues lo caliente de mi bebida había perdido el efecto en mí, y aunque le lancé una mirada de advertencia al final tendría que agradecerle, pues solo así me di cuenta de que mis tres protegidas me miraban con sonrisas interrogantes mientras sostenían entre sus manos tres diferentes papeles de colores distintos cada una, mostrándomelos.
Mi mente trabajó lo más rápido posible y con una sonrisa empática contesté...
- Dorado, Rojo y Azul - dije amable, señalando los papelitos respectivamente.
Ellas me miraron curiosas y luego miraron los colores que yo había escogido.
- Tiene razón - afirmó Hermione sonriente, yo le devolví la sonrisa con algo de nostalgia por el recuerdo pasado.
- Ella siempre tiene razón - expreso simpática Ginny, mejor conocida como Ginevra Weasley, una pelirroja preciosa que parecía haber salido de un cuento de hadas.
Ellas continuaron hablando y apartando los colores escogidos mientras discutían sobre flores y postres. Yo por otro lado volví a divagar en recuerdos...
Ahora caminaba por las frías calles del Londres mágico, el clima frio y lluvioso había provocado que el lugar estuviera casi desierto, aunque debía admitir que lo prefería así, mi humor no era el mejor en ese momento, acababa de salir de una reunión en el ministerio, las aberraciones que se habían discutido me dejaron hirviendo en cólera y creo que en la ultima chimenea que tome había pronunciado incorrectamente el lugar a donde quería ir, por lo que ahora iba sola por calles desconocidas intentando mermar mi furia.
Pero no tenía miedo, sabía que estaba segura, siempre lo estoy.
Estaba harta de dar vueltas sin sentido, y te preguntaras ¿Qué me tenia en ese estado tan poco refinado y no digno de una dama de mi clase?
Te responderé, en aquella temporada de invierno habían ocurrido un sin número de eventos en mi contra, los cuales provocaron que se me tuviera desconfianza.
Se decía por las altas esferas sociales que yo tenía algo que ver con terroristas mágicos que atacaban a familias inocentes, buscando no sé qué cosas para el control del mundo mágico y que yo era su benefactora... ¡PATRAÑAS!
Acababa de regresar de Egipto por cuestiones laborales y ahora el ministerio me acusaba, abriendo una carpeta de investigación, alegando darme unos meses de prueba para demostrar mi inocencia. ¡JA! lo que realmente querían esos bastardos era aprovechar el caos y desprestigiarme para hacerse con una buena cantidad de galeones y poder responder ante una rebelión de la población mágica, quienes estaban desconformes con las nuevas demandas legales e impuestos asquerosamente elevados...
Había surgido una guerra civil de la que yo ni idea tenía, pero mi apellido resaltaba cada que se hablaba de política, dinero, comercio y magia... ósea yo siempre era un punto de mira, por ello querían aprovechar mi aparente ingenuidad ante la situación, pero se habían metido con la persona equivocada, me arme de abogados y socios de otros países, aparente que estaba cooperando con el ministerio al permitir que fisgonearan un poco en mis vienes y empresas, pero no significaba que estaría desarmada o que se les facilitaría acusarme y obligarme a comprar mi inocencia.
Ya tenía un plan infalible ante mi situación y me reiría en la cara de esos viejos cerdos ministeriales cuando el momento llegara, con lo que no contaba era que al asomarme a ese callejón oscuro, de donde se oían risas rasposas y llanto de dolor, tendría que cambiar todo lo que había realizado en pro de mi defensa para resguardar a quien sufría en ese momento.
Cinco, fue el número que conté de hombres que estaban alrededor de esa flaca, golpeada y llorosa chica de pelo rojo.
A pesar de su dificultad para ponerse de pie y de la desesperación en su llanto ella seguía peleando para escapar de ellos, arrastrándose y recibiendo puntapiés en la espalda y abdomen, yo estaba segura de que ya tendría una o dos costillas rotas por ello.
- ¡Vamos, perra! ¡Intenta levantarte o clamar auxilio! - gritó uno de ellos, para después patearla en la cara, casi dejándola inconsciente.
- ¡Anda! ¡Llama a toda tu familia de cerillos para que te ayuden! - este otro sujeto le escupió con desdén.
- ¡Oh, es verdad! No vendrán, porque están muertos ¡JAJAJAJA! - el último tiro de su cabello haciéndola chillar.
Lágrimas de dolor e indignación caían por su rostro y yo ya no soporte seguir viendo eso, pero tampoco permitiría que continuara.
- Basta, déjenla en paz - hable fuerte, claro y firme, mis deseos son ordenes siempre.
Al fin se dieron cuenta de mi presencia, me miraron con burla y sacaron sus varitas para atacarme, yo no tenia interés en perder tiempo con escorias como ellos, además la joven necesitaba atención urgente.
Chazquie los dedos y en automático una sombra oscura arrasó con los 5 individuos, dejándolos fuera de combate y casi muertos.
La sombra se detuvo ante mi tomando forma humana, Aron me hizo una reverencia.
- ¿Se encuentra bien? Mi Lady - preguntó con esa voz grave y aterciopelada que lo caracteriza.
- No era necesario que los torturaras, con desmallarlos habría bastado - el solo asintió bajando la mirada, aunque sabía que sonreía satisfecho por su trabajo, bueno yo también estaba algo complacida por el sufrimiento de esos malditos.
Me acerque con cuidado a la joven que aún en su estado intentaba huir arrastrándose, me sorprendió y admire su fortaleza.
Al llegar a su lado me agache para revisarla, no me importó arruinar mi mejor vestido con la suciedad y la sangre esparcida en el suelo.
- No, por favor, ya no - apenas se escuchaba su voz, su llanto no paraba.
- Calma, no voy a hacerte daño - la toque con delicadeza y efectivamente tenia varias costillas rotas y tal vez una hemorragia interna, volví a sorprenderme de que siguiera consiente. Levanté ligeramente su rostro con ambas manos para mirarle, estaba apenas reconocible, un ojo lo tenía completamente cerrado por causa de un gran moretón, el labio partido y un par de dientes rotos.
Chazquie de nuevo los dedos cuando escuche el gemido de uno de esos malditos, Aron le rompió una pierna ante mi orden, me hervía la sangre al ver como la habían dejado.
- ¿Cómo te llamas? - le pregunté con calma y dulzura. Ella expreso pánico ante mi pregunta e intento volver a alejarse.
- No voy a lastimarte. Mi nombre es Valeria Darling y te voy a ayudar - le prometí solemnemente - Nadie volverá a hacerte daño - la mire fijamente intentando transmitirle paz y seguridad.
Sus labios temblaron, bajo la mirada y respondió.
- Ginevra Weasley - susurró tan quedo que apenas la pude entender.
Al escuchar su apellido entendí muchas cosas. Los Weasley era una familia pura que habían iniciado con el movimiento revolucionario, hasta donde tenía entendido, todos estaban muertos… al parecer no era verdad del todo.
- Muy bien, Ginny... ¿Puedo llamarte así? - le dije sonriendo, aparentando que su nombre no me causaba ningún conflicto. Ella asintió ante mi pregunta.
Chazquie los dedos por tercera vez y Aron se acercó para levantar a la pelirroja en brazos mientras yo aplicaba algunos hechizos de curación para estabilizarla.
- Manda llamar al doctor Longbottom - ordene mientras caminábamos a donde, estaba segura, ya estaría el carruaje esperando por mi.
- Mi Lady - llamó mi atención Aron, se escuchaba algo preocupado, Ginny estaba ahora inconsciente.
Mire a mi mayordomo esperando a que hablara.
- ¿Esta segura de querer arriesgarse por esta persona? - preguntó.
Mire a Ginny y la opresión que sentí en el pecho me ayudo a decidir.
- Que le preparen una de las mejores habitaciones de la mansión, si es posible que este junto a la de Hermione, ella será un gran apoyo - Hable firme y Aron no discutió más.
Un dolor más grave me regreso de nueva cuenta al presente, esta vez Aron había apretado mi hombro con firmeza para llamar mi atención, solo que este tipo tenía la mano pesada, casi me hace gemir y retorcerme por el dolor.
- Me parece un poco excesivo Luna, son muchas flores para un ramo - hablaba Hermione, mire a las chicas que ahora parecían algo frustradas al no poder tomar una decisión precisa.
- Rosas, tulipanes y Violetas azules - acomode con parsimonia las flores que mencione obsequiado un ramo distinto para cada una.
- ¡Me encanta! - exclamó Luna, Luna Lovegood, la tercera de mis protegidas y, para qué negarlo, mi favorita.
- Gracias ¿Qué haríamos sin ti? - dijo Ginny y todas reímos. aunque un pensamiento gritó en mi interior "Si ¿Qué harán ahora sin mi?"
- Entonces ¿Cuál es tu respuesta Aron? - comentó Hermione y yo lo mire interrogante ¿De qué me perdí?
- Los eventos serán de gran importancia para ustedes señoritas, por lo que debo estar atento al personal y el desarrollo de las fiestas - habló serio y educado, lanzándome una discreta mirada que expresaba una petición de ayuda, pero yo no tenía idea de lo que se estaba hablando.
- Bromeas ¿Verdad? - intervino Ginny - Eres un gran amigo y fiel compañero para nosotras, tienes que estar ahí como invitado, ya eres considerado parte de la familia - exigió levantando una ceja.
- Nada me honraría más que cumplir su petición, Señorita Weasley, sin embargo, recuerde que tengo otras obligaciones y responsabilidades para que todo salga perfecto - replicó, se notaba incomodo, ya entendí un poco a lo que iba esto, pero me mantuve callada, atenta y serena mientras tomaba mi té.
- Pero ¿Qué no hay más personal contratado para eso? - cuestionó Hermione.
- Claro que si, pero debo dirigir a los trabajadores ya que debo evitar cualquier error... - Él ya estaba muy nervioso ante su escusa, Luna le interrumpió.
- Pero alguien más puede reemplazarte, para que tú disfrutes de la fiesta como todos los demás - le sonrió - Además, quiero que me entregues como lo hubiera hecho mi padre - su mirada se volvió nostálgica y sus ojos se cristalizaron ligeramente.
Al escucharla me fue imposible evitar que mi mente viajará a ese día lluvioso y triste del pasado.
Había asistido a un funeral, el caballero Xenophilius Lovegood, un buen amigo de mi difunta madre y quien me había apoyado en secreto cuando tome posesión de todo mi patrimonio una vez que cumplí la mayoría de edad, había fallecido en circunstancias misteriosas y cuestionables.
Aunque nunca tuve el honor de conocerlo en persona, nuestro intercambio periódico de cartas logro que le tuviera cierto apreció al hombre por lo que no podía simplemente ignorar su desafortunado evento.
- Lady Darling, es un placer verla, aunque lamentable que sea en esta situación - No me sorprendió encontrarme con los típicos hipócritas de la aristocracia, pues Lovegood era también un hombre con prestigio y riqueza, era obvio que los animales carroñeros llegarían al lugar.
Salude con cortesía y educación, pero no tenía la intención de conversar con nadie, así que me disculpaba y seguía mi camino. Ayudo bastante la presencia intimidaste de Aron a mis espaldas, su silueta fornida, piel canela y ojos aceituna le hacían lucir exótico, debo admitir que me gustaba presumirlo al pasearme por el lugar.
Estaba algo consternada de que se estuviera velando a Xenophilius en su casa de campo y no en su querida mansión, de hecho todo lo que veía a mi alrededor era cuestionable, aunque no conocía mucho al hombre sabía lo suficiente como para intuir lo que Lovegood habría deseado como su última voluntad, como el haber sido velado en la mansión familiar, ser enterrado junto a su esposa y tener a su hija presente... otro cuestionamiento surgió en mi mente ¿Dónde se encontraba la adorada hija de Xenophilius? alrededor solo veía desconocidos y algunos socios del difunto, pero ni rastro de algún familiar que pudiera reconocer, nadie lloraba o se apenaba sinceramente por su muerte.
No conocía a la muchacha, pero Lovegood siempre la mencionaba en sus cartas, así que tenía una idea de cómo era la joven, seguí buscándola la con la mirada sin conseguir ubicarla, me molesto la idea de que la niña fuera una mal educada y caprichosa que tampoco deseaba brindar un ultimo adiós a su progenitor y única familia, toda una mal agradecida.
Decidí no quedarme más tiempo, deje un arreglo floral frente al ataúd, realice una ligera reverencia para despedirme de mi amigo por carta y me dispuse a retirarme, le estaría por siempre agradecida, ya que sin su ayuda yo nunca habría logrado ganar el respeto que hoy en día se me profesaba.
Me dirigí a la salida pero un lacayo me detuvo informándome que el abogado de Lovegood tenía que hablar algo importante conmigo.
Ordene a Aron que me esperara en el carruaje. Él estaba algo renuente, no le gustaba dejarme sola en un lugar desconocido y con tanta gente extraña, le calme alegando que conocía a una mayoría y que solo eran moscas molestas.
El lacayo me guió a una oficina apartada del tumulto, me pidió esperar mientras anunciaba mi presencia y me permitían pasar. Me molesto la espera y el misterio, pero mi curiosidad era más grande ¿Qué tendría que decirme el abogado de aquel difunto aristócrata? ¿Qué pintaba yo en todo esto?
Mientras esperaba me acerque a la ventana que había junto al pasillo, note que me encontraba en un segundo piso y no recordaba haber subido escaleras, me permití apreciar una parte del jardín que decoraba los alrededores de la casa Lovegood. Para mi sorpresa, presencie a dos mujeres discutiendo, una más alterada que la otra, no pude notar sus rostros por las pañoletas oscuras que las cubrían, pero si alcance a ver un mechón de cabello rubio platinado en la que, a mi parecer, era la mas joven. Sin previo aviso, la mujer alterada le soltó tremenda bofetada a la otra haciéndola caer al suelo, me indigne ante tal acto, pero antes de poder hacer algo el lacayo me llamo, anunciando que podía pasar. Al regresar mi mirada a la escena tras la ventana ya no había rastro de las dos mujeres. Suspire cansada para entrar rápidamente en la habitación.
Todo lo que hable con el distinguido y viejo James Potter, había sido un disparate, pero era de esperarse si el estratega era Xenophilius Lovegood, iba pensativa en el carruaje, Aron sentado frente a mi me miraba curioso, pero no se atrevía a hacerme alguna pregunta. Para mi mala suerte un gran bache me hizo saltar de mi lugar empujándome para terminar cayendo sobre él y el carruaje quedo quieto justo en medio de un gran puente de piedra lleno de neblina, un medio para asustar muggles curiosos.
- ¿Se encuentra bien, Mi Lady? - me pregunto preocupado.
- Si, sal a ver que le paso al carruaje - hable apartándome de él rápidamente, no acostumbraba tocarlo y me sentía algo incomoda estando tan cerca, seguro para el también era incomodo.
Como le ordene, Aron salió para revisar el daño, yo no quise quedarme dentro mientras él arreglaba las cosas, ya venía muy abrumada por todo lo acontecido, así que salí a respirar un poco.
La neblina apenas me permitía ver a lo lejos, Aron parecía tener problemas con la carroza, ese viejo montón de madera era sensible a la magia, por lo que se debía ser muy cuidadoso al manejarla.
Me pregunte por qué seguía transportándome en esa antigüedad si tenia otros medios y luego observe con nostalgia el escudo de mi familia que era representado por un hermoso tigre combatiendo a un dragón, la nostalgia inundo mi interior, fue la respuesta que necesite ante mi auto-cuestionamiento, camine un pequeño tramo, me sentía algo ansiosa, respiraba pausadamente para poder calmarme. Para empeorar el asunto la ligera llovizna, que desde hace horas caía, empezó a aumentar.
- Mi Lady, refugiese dentro por favor, casi termino - me informo Aron y yo iba a obedecer, pero la silueta de un vestido negro llamó mi atención.
Ignoré a Aron y me dirigí a ella, por un instante la lluvia y la neblina afectaron mi vista haciéndome pensar que lo había imaginado y fue entonces que esa voz resonó...
- Yo fui, fue mi culpa. Yo lo hice, soy un monstruo - se escuchaba como una queda psicofonía de un alma en pena.
Apresure el paso y pude verla mejor, una chica de pelo rubio platino, parada justo en la orilla del puente, lista para saltar al vacío.
- Yo fui, fue mi culpa. Yo lo hice, soy un monstruo - la lluvia incremento su intensidad, el viento soplo agresivo y rayos estruendosos llenaron el lugar.
- No, no, no, no ¡NO, espera! - grite y corrí a su encuentro lanzándome al vacío tras ella.
- ¿Verdad que si, Vale? - La pregunta me regreso al presente de manera abrupta, pero ahora no pude identificar quién había hablado, ni supe distinguir cuanto tiempo mande a mi mente de viaje.
¿Seguirían insistiendo con la presencia de Aron en la celebración? Él era una persona que se negaba a participar de una manera tan intima en lo que se avecinaba, se sentía mas seguro siendo un simple sirviente, pero yo tenía una perspectiva similar a las chicas, él merecía un trato especial, por lo menos hasta que todo esto terminara.
- Si, deberías asistir como invitado familiar - hablé aparentando tranquilidad y dirigiéndome a Aron.
Él me miró preocupado y un silencio raro lleno el lugar.
Era obvio que ya no podía fingir que nada pasaba, había contestado algo fuera de contexto, posiblemente ya el tema era otro y yo seguía desubicada.
- ¿Estas bien, Vale? - la dulce voz de Luna sonó preocupada y sujeto mi mano sobre la mesa.
Tal vez esto no era del todo malo, al fin tenía su total atención, habían dejado de lado la platica de vestidos, comida y adornos, para mirarme con preocupación. Era mi oportunidad para hablar y dar a entender lo que opinaba y mi sentir, por fin.
Apenas iba a abrir la boca, cuando tres lechuzas; una blanca, una negra y otra gris, con correo correspondiente, entraron agitadas, robándome la atención de mis tres chicas.
- ¡Deben ser ellos! - hablaron las tres al unísono, su alegría regreso y yo quedé en el olvido mientras ellas tomaban las cartas, las leían y despedían a las lechuzas.
- Me ha citado para comer - informó Hermione.
- Con tan poca anticipación - murmure disgustada.
- Nosotros vamos a escoger los anillos - aviso Ginny.
- ¿No podía hacerlo él solo? - susurre irritada.
- Quede en conocer a su madre hoy - dijo risueña Luna.
- Apenas te la presentara, que descaro - volví a murmurar.
Rápidamente las tres se aproximaron para despedirse; Hermione me sujeto ligeramente del hombro y junto nuestras mejillas en un rápido beso, Ginny beso mi frente de manera sonora y rápida, Luna, por lo menos, se tomo el tiempo de abrazarme y besar mis dos mejillas.
Las tres se dirigieron a la chimenea y en su desaparición solo dijeron "Ciao, Nos vemos, Las veo en la cena" respectivamente.
Cuando las llamas verdes del último viaje desaparecieron yo, por fin, exploté.
Al levantarme de mi lugar grite a todo pulmón causando una gran explosión de magia que arrojó los muebles por los aires y rompió cualquier elemento de vidrio, cristal, cerámica y porcelana.
Aron se transformó en un gran cuervo negro que revoloteo asustado por el lugar intentando protegerse.
Las lágrimas acudieron a mi cuando sentí mi garganta desgarrada,termine hincada en el suelo susurrando varias veces "¿Por qué?"
Cuando me calme lo suficiente fui directo al piano, que milagrosamente estaba intacto, comencé a tocar una canción familiar, aquella que mis padres me habían enseñado, Aron se colocó junto a mi acompañándome con el violín en la misma tonada.
Mi mente maquinaba una solución, yo tenía que hacer algo al respecto, debía defender a mis niñas de lo que podría ser el error más grande de sus vidas.
¿Pero cómo?
Lo peor de todo era que yo era la dama de honor... ¿Seria posible evitar tres bodas en las que tengo que participar activamente?
Tenia que haber una solución y no me iba a quedar de brazos cruzados. Me convertiría en una fiera que protegía a sus criás… seria una bestia defendiendo su manada… sería… sería una autentica mamá gallina.
