28
Sasuke y Sakura permanecieron en el patio de la casa durante un buen rato. Hacía frío, pero ambos necesitaban estar solos sin que nadie los mirara continuamente.
—Tu abuelo es todo un personaje.
Sasuke sonrió y asintió.
—Sí. Reconozco que así es. Su fortaleza y la positividad con la que mira la vida es lo que más nos ayudó cuando murió mi madre. Si no hubiera sido por él...
—¿Te puedo preguntar de qué murió tu madre?
—Cáncer.
Sentir la tristeza de su respuesta, hizo que ella levantara su mano y la posara sobre la de él.
—Lo siento, Sasuke.
Él asintió y suspiró. La quietud del lugar y el sentirse solos hizo que él acercara su boca a la de ella para besarla. Durante unos instantes ambos disfrutaron de aquel acercamiento hasta que un golpe en la espalda de él los devolvió a la realidad.
—Ostras, Tito, lo siento —se disculpó Jin al ver a quien había dado un balonazo.
Convencido de que lo sentía por la mirada del crío, Sasuke, sonrió y respondió con paciencia:
—Jin... Jin... ¿Cuántas veces te hemos dicho que no juegues con la pelota dentro de casa?
—Esto es el patio, no un sitio para besarse —se defendió el crío—. Aquí el yayo Fugaku me deja jugar. ¿Te deja el yayo a ti besuquear a las chicas?
La puerta del patio volvió a abrirse y Suigetsu apareció con una cerveza en la mano. Al ver como su amigo miraba a su sobrino le dijo al crío para relajar el ambiente:
—Monstruito, tu madre quiere que entres.
El niño vio una buena oportunidad para escapar. Sabía por la mirada de su tito que lo que había dicho no estaba bien, pero ya no había marcha atrás, Una vez quedaron los tres adultos solos en el patio, Suigetsu dio un buen trago a su cerveza y acercándose a aquellos dos susurró:
—A ver tortolitos ¿me puede alguno contar que está pasando?
Al ver que ninguno respondía, acercándose más a ellos murmuró mirando a la joven:
—Sé quién eres y...
—Y te vas a callar —sentenció Sasuke.
—Joder macho, que ella es...
—Cierra el pico ya —cortó aquel con determinación. Solo faltaba que alguno de los que estaban en el interior de la casa le escuchara.
Suigetsu sonrió.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó preocupado.
Incapaz de continuar un segundo más callada, Sakura se interpuso entre ellos.
—Él no está haciendo nada, en todo caso soy yo. Le reconocí hace unos días en el hotel Ritz y solo vine para confirmar que era él y...
—¿Le reconociste? —preguntó sorprendido Suigetsu.
¿Cómo se podía reconocer a alguien vestido como iban en el operativo del hotel Ritz?
—Sí... intuí que era él por algo que dijo. Y oye, ahora que le tengo más cerca, a ti también te reconozco. Tú estuviste en Las Vegas ¿verdad? —Al ver que aquel dejaba de respirar ella sonrió y dijo—. Oh, sí... pero si tú te acost...
—No sigas por favor —cortó en esta ocasión Suigetsu, quien tras comprobar que no había nadie más a su alrededor, susurró—. Mi churri no sabe nada de lo que pasó allí. Si se entera...
—¡Vaya! —exclamó Sakura—. Todos tenemos secretos ¿verdad Suigetsu?
Aquél asintió comprensivo.
—¿Qué te parece si yo guardo tu secreto y tú el mío?
Incrédulo por aquel chantaje miró a su amigo y este, en tono de guasa, murmuró:
—Creo que es un buen trato. Eso sí... eliges tú.
Divertido, Suigetsu dio un trago de su cerveza.
—Esta chica además de guapa ¡es lista!
—Gracias.
—Y una buena negociadora —sonrió Sasuke.
Aprovechando el momento Suigetsu se sentó junto a ellos y susurró emocionado:
—E.P. ¡Aquí! —dijo mirándola alucinado— ¿Puedo tocarte para saber que eres real?
—Depende de lo que quieras tocar —se mofó ella, pero al ver cómo la miraba extendió su brazo y dijo— Toca... toca.
Sin perder un segundo Suigetsu le tocó el brazo como el que toca una reliquia y mirándola susurró bajito para no ser escuchado:
—¡La leche! Estoy tocando a Estela Ponce.
—Y como verás soy de carne y hueso, igual que tú. Y por favor, llámame Sakura.
Sasuke, cada vez más sorprendido por su naturalidad, estaba disfrutando de lo lindo con el interrogatorio de su amigo.
—¿Pero tú no tenías los ojos verdes y eras pelirrosa?
—Lentillas y peluca —indicó Sasuke divertido.
—Joder... si mi churri se entera que eres tú ¡le da algo! —gesticuló Suigetsu—. Eres su actriz favorita. Le encantan todas tus películas.
—¿En serio? —sonrió ella.
—Te lo aseguro —apostilló Sasuke consciente de lo mucho que Karin siempre hablaba de Estela, para su pesar.
—Karin no se pierde ni una sola película tuya. Es más en cuanto la sacan en DVD se las compra y las colecciona. ¿Sabes cuál es su preferida?
—¿Cuál? —preguntó quitándose las gafas.
—Esa llamada El destino de un amor. La que hiciste con un tal Butler y...
—Oh, sí con Gery, es un cielo. Todas mis amigas se mueren por rodar con él es un encanto suspiro ella al recordarle.
Aquel suspiro no pasó desapercibido a Sasuke pero no dijo nada.
—¿Me firmarás un autógrafo para Karin antes de irte?
—Los que tú quieras, Suigetsu. Es más, ojalá algún día podamos salir a cenar todos juntos y disfrutemos de una larga charla. Me encantaría decirle a tu mujer quién soy, pero me temo que...
—Ni se te ocurra —le interrumpió—. Primero porque le daría un patatús y segundo porque sería imposible mantenerla callada. Joder, Estela ¡que eres lo más para ella!
Los tres se carcajearon, y cuando Sasuke fue a decir algo, Hinata abrió la puerta del patio increpándoles:
—Chicos, no es por nada pero ¿por qué no regresáis al salón con todos?
No hizo falta decir más. Los tres entraron y durante horas rieron con los chistes que contaban una animada Hanabi y el abuelo Goyo.
