47
Las chicas cenaron en un restaurante italiano entre risas y alboroto. Hinata contó por decimoctava vez lo ocurrido el día del parto y todas se morían de risa con aquel relato. Cuando terminaron la cena decidieron ir a tomar unas copas al bar de Yahico, un amigo de Tema.
—¡La madre del cordero! —rio Hanabi—. Hina, ¿ese de allí no es el municipal que fue el otro día a casa?
Todas las mujeres se volvieron para mirar. Hina, tras hacerle un escáner y ver que este las miraba asintió.
—Correcto, hermanita. Allí tenemos al supuesto boy que resultó que no lo era.
—Ay Virgencita qué vergüenza ¡qué vergüenza! —murmuró Naori al ver como se acercaba hasta ellas.
—¿Vergüenza por qué? —preguntó Hanabi haciendo sonreír a Sakura—. Un tonto error lo tiene cualquiera.
—Pues claro que sí —asintió Tema divertida.
Segundos después aquel alto y atractivo hombre llegó hasta ellas y tras clavar su mirada en Hinata dijo:
—Qué grata sorpresa.
—Además que sí —asintió Hanabi encantada.
Los siguientes instantes Naori los dedicó a disculparse mientras las demás, a excepción de Hanabi que sacó toda su artillería sexual, miraban hacia otro lado. Pero pasados diez minutos Hanabi claudicó cuando el hombre se marchó y asumió que solo tenía ojos para Hinata.
—Has ligado —susurró Sakura divertida.
—¡¿Yo?!
—Sí, tú —asintió Hanabi—. Ese poli no te ha quitado la vista de encima. ¿No te has dado cuenta?
Sorprendida. Hinata miró hacia el poli y comprobó que aquél aun la miraba.
—Pero ¿cómo voy a ligar yo con la pinta que tengo? Joder... pero si no tengo cintura y debo de oler a leche agria.
—Será por las tetorras que tienes —se mofó Tema.
—Pues si es por eso lo lleva claro —se mofó Hinata— Menuda decepción se llevará el hombre cuando vea que las pierdo según pasan los días.
—Mujer..., ¿y qué? —insistió Sakura—. Aprovecha el momento y pásalo bien.
—Tú sí que tienes que aprovechar el momento, cielo —propuso Naori, y tras mirar a sus hermanas preguntó—. ¿Has visto algún guaperas que te guste?
Sorprendida por aquella pregunta pero intuyendo el por qué, la miró y dijo:
—Pues no. La verdad es que no.
—Vamos a ver Saku mira y observa, porque yo estoy viendo mucho material de primera —se mofó Hanabi.
—¿Qué te parece el amigo del poli? El que lleva el polo naranja —insistió Naori.
Sakura volvió la cabeza para mirarle y al ver que le sonreía, le devolvió la sonrisa y se encogió de hombros para deleite de todas.
—Como diría alguien que conozco ¡es divine!
Las tres hermanas aplaudieron. Karin las miró alucinada. No entendía por qué las hermanas de Sasuke la animaban a ligar con otro. Aquello no estaba bien. Fue a decir algo cuando Hinata se le adelantó.
—Vale, el divino de naranja para ti y el poli alto para mí.
—Vamos a ver, alma de cántaro —intervino de nuevo Naori—. Te recuerdo que has tenido un bebé hace menos de quince días y en lo que menos tienes que pensar ahora es en lo que estás pensado. ¿Te has vuelto loca?
Todas rieron ante la reacción de aquélla.
—Tranquila, Naori. Tengo muy claro lo que puedo o no puedo hacer ahora. Pero oye..., que te miren con deseo cuando estás como el muñeco reventón de Michelin, a una le sube la moral —dijo Hinata, finalmente.
Dos horas después, el poli ya le había entrado a Hinata y habían conseguido que Sakura hablara animadamente con el del polo naranja. Decidieron cambiar de local y, como era de esperar, los hombres decidieron acompañarlas.
Ya en el Loop Naori, que todo lo controlaba, se fijó en que su hermano y sus amigos estaban al fondo del local, pero no dijo nada. Quería que Sasuke viera a Sakura divertirse con el del polo naranja para que probara de su propia medicina y así ocurrió. En una de las ocasiones en que Sasuke regresaba del baño, las vio y se quedó sin palabras al ver a Sakura bailar y reír con aquel individuo. ¿Quién era ese tío?
Regresó hasta donde estaban sus amigos, pero ya no pudo disfrutar más con ellos. Estaba incómodo. Saber que Sakura estaba cerca y no precisamente con él, comenzó a martirizarle, aunque trató de aguantar el tirón. En especial cuando cruzó una mirada con su hermana Naori y vio su sonrisita perversa.
Cuando llevaban en el pub cerca de una hora y todos lo estaban pasando bien, Tema que se había dado una vuelta por el local, regresó con el resto del grupo e informó:
—Pero si hay más guaperas al fondo.
Con curiosidad todas miraron hacia donde Tema señalaba y Karin susurró:
—Pero si allí están mi churri y sus compañeros.
—Uooo..., los cucharachos —se mofó Hanabi.
—No les llames así que no les gusta —protestó Hinata muerta de risa.
Al fondo del local un grupo de hombres jugaba ruidosamente a los dardos. En cuanto aparecían aquel grupo de enormes y musculados hombres, las chicas perdían los papeles. Algo a lo que ellos ya estaban acostumbrados y de lo que solían sacar el mayor partido. Rápidamente Sakura localizó a Sasuke y sonrió, aunque la sonrisa se le heló al ver a varias jovencitas pasarlo bien con ellos.
—Joder, pero si está el bombonazo de Konohamaru — aplaudió Hanabi al ver al objeto de su deseo.
Naori que sabía lo mucho que le gustaba a su hermana aquel hombre, la agarró del brazo y le susurró al oído:
—Hanabi. Haz el favor de comportarte como una señorita.
—No lo dudes —pero dos segundos después, al ver cómo una de aquellas jóvenes se acercaba más de la cuenta a su Konohamaru rectificó—. Bueno..., mejor comienza a dudarlo.
Con varias cervezas sobre la mesa Sasuke, junto a Suigetsu y algunos hombres más, reían mientras las muchachas revoloteaban a su alrededor intentando llamar su atención.
—No me jodas, macho —rio Naruto—, que tengo que ir a pasar la ITV antes de un mes.
—Pues lo siento, pero mi prima ha dicho que no piensa ponértelo fácil —rio Konohamaru—. Tú sabrás qué has hecho, pero que sepas que la tienes muy cabreada.
—Joder con tu prima —se mofó.
—Eso te pasa por mamonazo y por jugar con fuego —se burló Suigetsu. Sasuke, divertido por lo que escuchaba, sintió que una de aquellas jóvenes, la del top azul, se sentaba en el brazo del sillón donde estaba sentado. La miró pero no dijo nada. Estaba claro que ella quería algo que en otras ocasiones habría estado dispuesto a darle, pero que aquella noche no se iba a dar el caso. ¿O sí?
—Pero qué pequeño es el mundo, por Dios. Siempre tenemos que acabar en los mismos bares —dijo Hanabi de pronto acercándose a ellos.
Konohamaru al escuchar la voz de esta se volvió y tras pasear su mirada por ella sonrió y dijo:
—... la hermanita de Uchiha. ¿Tú por aquí?
—¿Algo que objetar, cucaracho? —respondió aquella.
Konohamaru resopló con resignación, agarró su cerveza y a la pelirroja que hablaba con él y se alejó. Después de lo que había pasado entre Hanabi y él una noche loca meses atrás, estaba claro que no podían verse sin discutir. Aquella descarada y él nunca iban a poder llevarse bien a pesar de lo mucho que se atraían.
—Será capullo el tío —se quejó Hanabi con media sonrisa al ver que se alejaba con la pelirroja.
Al escuchar el comentario de su hermana, Sasuke miró hacia la derecha y por fin conectó con la gélida mirada de Sakura. Sin levantarse del sillón la observó acercarse pero no llegó hasta él, Naruto la interceptó en el camino.
—Hola, preciosa, ¿qué tal?
—Bien..., ¿y tú? —respondió con una maravillosa sonrisa mientras en su interior deseaba levantar a la mujer que estaba sentada tan cerca de Sasuke.
Naruto, sin necesidad de mirar, sabía que Sasuke les observaba y aunque intuía que no tenía nada que hacer con ella, decidió vengarse de lo ocurrido días atrás. Y, apoyando su mano sobre la cintura de Sakura, preguntó en tono cautivador:
—¿Bailas? Todavía recuerdo lo mucho que te gusta bailar.
Sakura quiso decirle que no, pero al ver que Sasuke continuaba su animada charla con aquella muchacha, que ahora le estaba tocando el cuello con las yemas de los dedos dijo:
—¿Por qué no?
Naruto cruzó una mirada con Suigetsu quien le pidió prudencia y este sonrió. Si algo detestaba Naruto era la prudencia. Cogió a Sakura de la mano y se encaminó hacia la pista de baile. Una vez allí la agarró de la cintura y comenzó a bailar con ella al compás de la música.
Suigetsu al ver aquello, miró en dirección a su amigo y, al acercarse, pudo ver las arrugas que se le formaban en la frente y como se le tensaba la mandíbula por momentos.
—Cambia esa cara, nenaza. Naruto solo lo está haciendo para tocarte los cojones, ¿no lo ves?
Sasuke les miró con gesto hosco. Conocía perfectamente a Naruto. Pero el que tuviera a Sakura entre sus brazos le molestaba igualmente. Le fastidió tanto que tras controlar al del polo naranja al fondo del local, preguntó enarcando la ceja:
—¿Estás seguro?
Suigetsu sonrió.
—Conozco a ese mamonazo y solo quiere jugar.
Ambos rieron aunque a Sasuke no se le pasó por alto la sonrisa de Sakura. ¿Qué hacía sonriendo así al guaperas de Naruto? Después cruzó una mirada con su hermana Naori y al ver la guasa en sus ojos y cómo disfrutaba de su incomodidad resopló.
Aquellos bailaron varias canciones y eso a Sasuke le quemó por dentro, pero incapaz de montar un numerito delante de sus hombres, esperó pacientemente. Diez minutos después, cuando dejaron de bailar, el del polo naranja se acercó a ella y la llevó de nuevo a la pista. El enfado de Sasuke creció y más cuando vio que ella ni le miró. Cuando por fin la canción acabó y dejaron de bailar en lugar de acercarse a él, Sakura regresó junto al grupo con el que había comenzado la noche. Sasuke, desde la distancia, observaba sus movimientos junto a su amigo Suigetsu.
—¿Sabes Uchiha? Cuando me la lleve a mi cama esta noche, te aseguro que escucharás sus dulces gemidos de placer desde tu casa. Ah..., y por el idiota del polo naranja no te preocupes, si alguien disfrutará de ella esta noche, seré yo —dijo Naruto, acercándose a ellos.
Suigetsu, sorprendido por aquel comentario, respondió:
—Naruto…, ¿por qué tienes que ser tan capullo?
La carcajada de Sasuke no le dejó escuchar su contestación.
—Mira Naruto, si vuelves a ponerle la mano encima o a divagar delante de mí sobre algo que nunca, nunca, sucederá, el que va a escuchar tus gemidos de angustia por la paliza que te voy a dar, seré yo. Por lo tanto, aleja tus calientes pensamientos de ella si no quieres problemas conmigo.
Naruto, divertido por la contestación, y por lo que aquella manifestación de posesión daba a entender, soltó una risotada.
—¿Son celos lo que intuyo?
—No —respondió Sasuke.
Suigetsu miró hacia el otro lado. Estaba claro que su amigo se negaba a aceptar algo que cada día era más palpable. Naruto, asombrado, le dio un golpe en el hombro a Sasuke.
—No me jodas Uchiha que te has pillado por la morena —le espetó.
—No.
—¿Seguro capullín?
—Seguro —zanjó Sasuke.
Tras cruzar una mirada con Suigetsu, Naruto soltó una risotada.
—Me alegra saberlo, Uchiha. Ya sabes que soy de los que piensa que para qué vas a tener solo una, cuando se pueden tener varias. Y nosotros podemos tener la que queramos.
Aquella machada tan de hombres hizo saltar a Suigetsu.
—Eso lo dices porque todavía no ha llegado la que te robe el corazón, y sientas que solo quieres estar con ella y...
—No sigas churri..., eso nunca pasará —corrigió Naruto alejándose entre carcajadas.
Aún entre risas, Suigetsu cogió dos de las cervezas que llevaba el camarero en una bandeja y le ofreció una a Sasuke.
—A mí no me engañas. Te gusta Sakura y...
—No pretendo engañarte y se acabó hablar del tema—gruñó éste.
Suigetsu dio un trago a su bebida y la dejó sobre la mesa.
—Bebe y deja de mirarla, la vas a desgastar.
Sasuke bebió como un autómata, pero no podía dejar de mirarla. ¿Qué le ocurría? ¿Tanto se le notaba? ¿Qué hacía ella con aquellos hombres y por qué no estaba con él? Finalmente, no pudo más. Se levantó y se encaminó hacia donde estaba. La agarró con posesión por la cintura ante la mirada atónita del tipo del polo naranja y atrayéndola hacia sí la besó en el cuello, para dejar claro que ella estaba con él y con nadie más.
Sus hermanas al ver aquello sonrieron y se miraron con complicidad. Su hermano había picado y estaba probando por primera vez en su vida de su propia medicina. Aquel arranque de posesión no lo había tenido Sasuke en su vida y eso solo podía significar una cosa. Esa chica le gustaba y mucho.
Por su parte, Sakura, incapaz de no dejarse llevar por aquel arrebato pasional, disfrutó del contacto entre ellos hasta que le escuchó susurrarle al oído:
—¿Divirtiéndote con otros hombres, canija?
—Tanto como tú con otras mujeres —respondió levantando el mentón.
Al ver que ella intentaba separarse de él, la agarró con más fuerza y volvió al ataque.
—Te he visto muy compenetrada bailando con Naruto y luego con el idiota este de naranja. ¿Debo pensar que deseas tener algo con ellos?
Boquiabierta, se dio la vuelta para encarársele y tras cruzar una mirada con Naruto que sonreía con guasa desde la barra, dijo en tono nada conciliador.
—¿Debo pensar que tú buscabas algo con la chica del top azul?
Su contestación y su mohín de enfado le hizo sonreír. Aquella mirada furiosa, y como ella se estiraba para parecer más alta le puso duro en décimas de segundo, y no se lo pensó. Dejó la cerveza que llevaba en la mano sobre la mesa, rodeó a Sakura con sus fuertes brazos y tras mirar a sus desconcertadas hermanas, a los hombres que las acompañaban y a sus compañeros, gritó divertido encaminándose hacia la puerta del local:
—Allí os quedáis todos. Yo tengo que resolver ciertas cosas con esta preciosidad.
Naruto, Suigetsu y el resto de los compañeros al ver aquello vocearon cosas que consiguieron asustar a Naori. ¿Pero qué decían aquellos descerebrados?
Fuera del local, Sakura que todavía estaba entre sus brazos, le soltó:
—¡Suéltame!
—No —respondió él caminando hacia el coche.
—Suéltame, maldita sea —gritó ella.
En lugar de parar, él continuó su camino y suspirando con frustración ella preguntó:
—¿Se puede saber a dónde me llevas?
Al llegar junto al coche, Sasuke lo abrió con el mando a distancia y tras sentarla en el asiento, la besó, clavó sus oscuros ojos en ella y con voz ronca murmuró:
—A mi cama, canija, de donde no tenía que haberte dejado salir.
