48

A la mañana siguiente, tras haber pasado una tórrida noche de pasión, cuando Sasuke se marchó a la base, sonó el portero automático de la casa. Sakura, que estaba sentada mirando un correo en su portátil que su representante Max le había enviado de la Paramount Pictures, se levantó y al abrir la puerta, las hermanas de Sasuke entraron como una tromba en la casa. Al verlas sonrió. Él tenía razón. Ya estaban allí.

«Menos mal que llevo la peluca y todo lo demás», pensó al verlas.

—Hija de mi vida, anoche nos dejasteis preocupadas. Ese hermano mío a veces se comporta como un cromañón —murmuró Naori mientras le plantaba un par de besazos en la cara.

—Hola guapa —saludó Hinata y después Hanabi que la besuquearon una tras otra.

Entraron directamente en el salón, se quitaron los abrigos que dejaron sobre una de las sillas mientras Sakura buscaba rápidamente con la mirada las gafas y se las ponía.

—¿Qué tal? ¿Todo bien? —preguntó Naori con una gran sonrisa.

—Sí, bien... —respondió Sakura.

Hinata sentándose con su bebé en los brazos, miró a la joven morena y sin darle tiempo a pensar sonrió abiertamente.

—¿De verdad que todo va bien entre Sasuke y tú?

—Sí.

—Pero ¿todo... todo? —insistió Hanabi.

Sakura volvió a asentir.

—Pues sí.

—Uff... ¡Cuánto me alegro! —aprobó Naori cogiéndola de la mano para sentarla a su lado—. Anoche cuando os vimos a los dos discutir pensamos: «¡Oh..., oh..., la que se va liar!». Parecíais muy enfadados. Pero vamos; por lo que, vemos habéis hecho las paces ¿verdad?

Al recordar aquel momento Sakura sonrió y entendió el porqué de las preguntas.

—Sí. Tranquilas. Ya está todo solucionado.

—Ay, benditas reconciliaciones. Aún recuerdo cuando mi Tobirama y yo nos reconciliábamos tras una de nuestras tontas trifulcas. Su manera de mirarme y como luego me sonreía, me volvía loquita perdida.

Hanabi, divertida por el chorreo de palabras de su hermana mayor, miró a Sakura y le guiñó el ojo. Ambas sonrieron.

—Por cierto —dijo Hinata sacándose un pecho para dar de mamar al bebé—. Nos ha dicho Hanabi que eres personal shopper. Qué trabajo más alucinante, ¿no?

«Vaya..., cómo vuelan las noticias», pensó Sakura.

—Joder, Hina... ¿tienes que sacarte la teta en cualquier lado? Ayer igual. Estábamos en el médico y, ¡zas!, teta fuera.

—¿Qué quieres que haga si le toca comer ahora? —se defendió Hinata—. Piensa que ahora soy como una central lechera. Produzco y debo suministrar si no quiero explotar, y no me apetecía sacarme la leche con la máquina infernal que me regalasteis —rio al recordar el sacaleches que utilizaba para dejar comida a su bebé cuando salía.

Naori sonrió ante las ocurrencias de sus hermanas y trató de reconducir el tema.

—Ay, hija, yo porque me explicó Hinata qué era eso, porque no tenía ni idea de que existiera un trabajo así. ¿En serio que trabajas yendo de compras?

—Sí.

Con gesto indescifrable la curiosa hermana de Sasuke volvió al ataque.

—¿De verdad que otros te pagan para que tú les vistas y les aconsejes sobre qué es lo que mejor les queda?

—Sí.

—Se lo dije, pero no me creyó —cuchicheó Hanabi, observando con curiosidad el portátil color blanco de última generación que había abierto sobre la mesa.

—Es que me parece tan ridículo pagar a otros para que te vistan que ¿cómo iba a creerte?

Sakura, al percatarse de hacia dónde se dirigía la mirada de Hanabi, y recordar que tenía abierto el email de Max, su agente, donde le hablaba sobre la película de la Paramount, se levantó con rapidez, se apoyó en el portátil y, disimuladamente, lo cerró.

—No me seas paleta Naori —protestó Hinata—. Igual que tú pagas a Ulche, la chica rumana para que te limpie la cocina una vez al mes, otros pagan a personas como Sakura para que les aconseje sobre qué deben llevar.

—Pero pagar a alguien para que te ayude en la casa es más normal que pagar a alguien para que te diga qué te tienes que poner. Y, oye..., no te pases ni un pelo que yo de paleta tengo lo mismo que tú de santa, ¿eh?

—Vale..., vale..., —rio Hinata besando a su bebé.

Hanabi, divertida por la conversación entre ambas, asintió y dijo:

—A ver, Naori. Esto es como todo en la vida. Es la ley de la oferta y la demanda. Hay quien busca personal doméstico para ayuda en el hogar y otro tipo de gente, digamos un poco más adinerada que no tiene tiempo para compras, contrata a un personal shopper como Sakura. Entiendo que a ti te parezca ridículo pagar para que alguien te diga lo que has de ponerte, pero para ciertas personas no lo es.

—Tienes toda la razón —asintió Sakura al pensar en Clive Olsen, su asistente.

—Pero vamos a ver —insistió Naori—, ¿de verdad me estás diciendo que tu trabajo es ir de compras con quién te contrate?

—Sí —asintió odiando tener que mentir.

—¡Qué maravilla! —se carcajeó Hinata.

—Entonces —cotilleó Naori—, el famoso pianista que nos dijo Hanabi que estuvo en el parador, ¿te contrató para comprar aquí en Sigüenza?

—A ver cómo te lo explico —suspiro Sakura mientras ideaba una mentira creíble—. Ese pianista tuvo un par de conciertos en Madrid y allí fue donde hicimos las compras. Después vinimos a conocer el parador, él se marchó y yo me quedé unos días.

—Será muy moderno lo que cuentas, pero me parece ridículo ¡muy ridículo! —suspiró Naori.

—Te entiendo Naori, pero el mundo funciona así.

Al ver como su hermana Hanabi la miraba para que callara, volvió a decir para arreglarlo.

—A ver Sakura..., no me parece ridículo tu trabajo. Todo el mundo tiene derecho a trabajar, pero...

Consciente de que el mundo en el que se movía Naori nada tenía que ver con el suyo, Sakura la cortó y dijo:

—Escucha Naori. Mi trabajo consiste en estar siempre al tanto de las tendencias de la moda y saber recomendar. Me ocupo de la imagen de mis clientes, y en el caso de algunas mujeres, de su maquillaje, peinado o complementos. Incluso a veces si mi cliente no tiene tiempo para ir de tiendas, estudio su perfil, y soy yo quien compra lo que luego él, o ella, se vaya a poner.

Durante un rato las cuatro mantuvieron una animada conversación sobre aquel trabajo, cuando de pronto se escuchó:

—Jujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu... My love, el divino George Clooney al celular. ¡Quiere hablar contigo! ¿Querrá hacerte una proposición indecente?

Las mujeres miraron hacia la puerta del salón donde apareció un Deidara recién salido de la ducha, vestido con un albornoz de Sasuke, una toalla enrollada en la cabeza perfectamente colocada y el móvil en la mano. Sorprendidas por aquella inesperada aparición Naori e Hinata miraron a Sakura que levantándose rápidamente para ponerse junto a aquél dijo:

—Os presento a mi primo Deidara —y mirando a la hermana menor indicó—: Hanabi, tú ya le conoces, ¿verdad?

—Sí. Hello, guapetón —sonrió esta divertida mirando a sus hermanas.

—Nena, qué mona has venido hoy —saludó.

Al ver como aquellas miraban las pintas de su primo, Sakura intervino con rapidez.

—Él y yo trabajamos juntos de personal shopper y fuimos los encargados de comprar y aconsejar al pianista.

Sin perder un segundo, le quitó el teléfono de la mano, con la esperanza de que ninguna hubiera reparado en el nombre de George Clooney. Antes de desaparecer por el pasillo dijo:

—En seguida vuelvo.

Deidara al quedar a solas con aquellas desconocidas que le miraban como a un bicho raro, suspiró e intentando parecer natural, se acercó a Hanabi, la besó y luego mirando a las otras dos mujeres dijo:

—Deidara, la que te mira con cara de susto es mi hermana mayor, Naori —indicó Hanabi muerta de risa. Sabía que cuando su hermana le conociera se quedaría sin palabras.

—Sí..., sí, soy la mayor. ¿Conoces a Sasuke verdad?

Deidara, poniendo los ojos en blanco y mordiéndose el labio inferior, murmuró:

—Oh, sí querida..., le conozco. I love Sasuke. Le deseo locamente y todo lo que se te pueda ocurrir. Digamos que es el rey de mis pensamientos más oscuros y perversos. —Al ver como se le desencajaba la mandíbula finalizó—: En fin él es very..., very divine.

—Yo soy Hinata, otra hermana de Sasuke.

—Encantado ladies —Y clavando su mirada en el bebé dijo—: Por el amor de Dior. ¿Qué es eso que te chupa un pecho?

—Mi búho particular —respondió divertida.

Inmediatamente ambos se enzarzaron en una conversación sobré embarazos, estrías y cremas reafirmantes, mientras Naori se recuperaba de la impresión. Cinco minutos después cuando Sakura regresó al salón tras hablar con su amigo George escuchó a su primo decir:

—Dejadme que os diga que tenéis un brother sexy y estupendo.

—¿Un qué? —preguntó Naori todavía patidifusa por la forma de hablar y de moverse de aquél. Nunca había conocido a nadie tan peculiar.

—Un hermano —aclaró Hanabi.

Las hermanas de Sasuke al ver entrar en el salón a Sakura cruzaron una mirada con ella y Hanabi preguntó con curiosidad y guasa.

—¿Hablabas de verdad con George Clooney?

Sakura agarrando a su primo del brazo le obligó a sentarse y respondió con naturalidad:

—¡Ojalá! Ya me gustaría a mí conocerle.

Deidara reaccionando con rapidez murmuró:

—Y a mí..., y a mí, pero no. Es un amigo que es tan divine que le hemos bautizado como el Clooney.

—Es guapísimo —apostilló con énfasis Sakura.

—Mucho. Muy divinón —finalizó Deidara.

Tras escuchar aquello, Hanabi les miró extrañada. Ella había estado buscado por Internet la página web de la empresa que regentaban aquellos dos, y por más que buscó no encontró Fashion Victim. Iba a comentarlo cuando Hinata atacó:

—¿Entonces los dos trabajáis juntos?

Los primos se miraron.

—Sí. Desde hace años se puede decir que somos inseparables —respondió Sakura.

Naori, escaneando de arriba abajo a Deidara preguntó boquiabierta:

—¿Tú también aconsejas sobre moda?

—Oh, sí, querida, ¡me encanta! En cierto modo, me considero un fashion victim.

—¿Qué es eso? —volvió a preguntar Naori.

Deidara, quitándose la toalla mojada del pelo, sacó un peine de púas dorado del bolsillo del albornoz y mientras se peinaba su pelo color pistacho indicó:

—A ver, para que me entiendas. No soy fiel a ningún diseñador. Me vuelve crazy comprarme de todo y a veces compró más de lo que necesito. Me encanta que todo el mundo sepa que llevo lo último de Gucci, y lo próximo de Dior. Oh my God ¡adoro la moda!

Al ver que Hanabi sonreía, pero ninguna de las otras decía nada clavó su mirada de nuevo en la mujer que le había preguntado y dijo antes de que Sakura le pudiera frenar:

—Por cierto, y esto te lo digo en confianza. Ese peinado que llevas te hace very..., very mayor. Ese ahuecado no se lleva desde hace lustros, y si me dejaras aconsejarte podría conseguir que parecieras por lo menos diez años más joven, simplemente cambiando tu look. Por cierto, ¿dónde compras los trapuchos tan terriblemente feos que llevas?

La cara de Naori era todo un poema. ¿Quién era aquel tipo tan desagradable? Sakura al ver aquello, acercándose a su primo siseó:

—Deidara, cierra tu boquita ¡ya! ¿Alguien te ha pedido opinión?

Hinata, divertida por todo lo que escuchaba, soltó una risotada y mirando a su hermana que aún estaba boquiabierta indicó:

—¿Lo ves? Te lo dijimos Hanabi y yo hace tiempo.

—Ese peinado no te favorece nada, Naori —señaló Hanabi—. Te hace mayor, vamos, muy marujil y...

—No me interesa vuestra opinión —cortó aquella.

Pero Hinata, sin darse por vencida, prosiguió tras dejar a su bebé sobre el sillón. Conocía cosas de la vida de su hermana, e intuía que desde hacía bastante tiempo le faltaba emoción.

—¿Recuerdas lo que hablamos el otro día con Sakura en la cocina de papá sobre renovarse o morir? Pues creo que ha llegado el momento de renovarse querida hermanita. Y si podemos contar con la ayuda de Sakura y Deidara, pues mejor que mejor, ¿no crees?

Naori reaccionó, la miró y con gesto de enfado gruñó:

—Soy una madre de familia respetable, no una modernucha como vosotras. Para mi edad estoy estupenda, y no quiero cambiar. Mi vida está muy bien como está.

—Y una porra —gruñó Hinata—. Si hemos venido aquí es para que Sakura te aconseje y ahora no te echas para atrás.

—¿Qué yo la aconseje? —preguntó Sakura.

—Sí —asintió Hanabi con seguridad—. Naori necesita un cambio. Su vida últimamente no es la mejor del mundo y necesita avivar la chispita en Tobirama.

—¿Os habéis vuelto locas? ¿Desde cuándo aireamos los trapos sucios fuera de casa? —gritó indignada la mencionada.

—No estoy aireando nada. Solo he dicho que necesitas avivar la chispita de tu matrimonio o... —dijo Hanabi.

—Te he dicho que no necesito esa ayuda. Yo estoy muy bien como estoy y no necesito aparentar lo que no soy. Pero ¿por qué queréis que cambie?

Sin darle tregua, Hinata le espetó:

—Porque lo necesitas, porque eres una persona joven y, en cambio no lo aparentas.

Sakura y Deidara sorprendidos por aquella trifulca entre hermanas se miraron y este último preguntó con curiosidad:

—Pero bueno, querida ¿cuántos años tienes?

Al escuchar aquello Naori pensó en no contestar, pero finalmente carraspeó y cuchicheó:

—Cuarenta y dos, y a mucha honra.

Como si le hubieran dicho ciento veinte, Deidara se llevó las manos a la cara y gritó ante el desconcierto de su prima:

—Por-el-amor-de-my life. Pero si yo te echaba veinte más. Oh no..., eso no puede ser, darling, un poco de glamour in your life no te vendría mal.

Sakura fue a parar aquello cuando Naori gritó mirando a sus hermanas:

—¡¿Qué pretendéis ricas?! ¿Que parezca una actorucha de Hollywood con vida pecaminosa e irreal? —aquéllo sorprendió a Sakura—. ¿O acaso pretendéis que me ponga un pendiente en el ombligo cómo llevas tú?

—Ahora no lo llevo —se defendió Hinata, pero en cuanto mi cuerpo vuelva a ser lo que fue, me lo volveré a poner. ¿Y sabes por qué? Porque me gusta y porque me gusta gustar, ¿has oído bien?

—Ya te vale, rica. La sarta de tonterías que tengo que escuchar, ahora que eres madre —protestó su hermana mayor.

—Vale. Soy madre soltera pero no tonta. Me gusta el sexo, me gustan los hombres y me gusta gustar. Y eso, querida hermanita, me seguirá gustando siendo madre o no. ¿Te enteras?

—Sí..., si ya te vi cómo tonteabas con el municipal ese —le recriminó.

—Enfádate todo lo que quieras, pero creo que a Tobirama un cambio en tu apariencia le encantaría. Joder Naori..., que es un hombre —insistió Hanabi—. Tu imagen es antigua y por lo visto no soy la única que lo piensa.

—¿Y tú qué tienes que hablar de mi marido Hanabi?

—Yo nada —suspiró su hermana—. Sólo que Tobirama es un hombre y estoy segura de que le gustaría verte guapa y diferente. Chica, un poquito de morbito y atracción no os vendría mal. Además, no me digas que no te gustaría que te ocurriera algo emocionante y altamente estimulante con él, en cualquier lugar, y...

—Yo no soy una libertina como tú o ella. Yo soy...

Hinata molesta por aquel comentario, escudriñó a su hermana y siseó:

—Sí..., tú eres la santa de la familia ¡Santa Naori! Y te vamos a canonizar cuando la palmes. Oh Dios. ¿Por qué tendrás que siempre tan negativa? Necesitas un cambio y punto, o dentro de poco tu bigote será más largo que el del tío Jacinto.

—Oh..., las cosas que tengo que escuchar —refunfuñó aquella, mientras se tocaba el labio superior. ¿Tanto bigote tenía?

—Vamos a ver, Naori —protestó Hanabi—. Te pasas media vida quejándote porque Tobirama no te mira, y ahora que te proponemos que te actualices exteriormente como mujer, y le enseñes tu potencial ¿también protestas? Joder chica, a ti no hay quién te entienda.

«Esto es un desastre», pensó Sakura al ver como aquellas se enfadaban, pero fue a hablar cuando su primo se le adelantó.

Stop..., Stop..., Stop..., —exigió Deidara y mirando a la malhumorada hermana mayor indico—: Querida, para estar divina y actual ¡no hay edad! Puedes ser una mamá respetuosa y un bombón de mujer. Puedes ser una woman respetable y una mujer divina.

—Pero...

—No hay peros, ni excusas. Soy un profesional y tú necesitas un extreme makover.

—¿Un qué? —preguntó Naori.

—Un cambio radical —asintió aquel—. Si no he oído mal tus sisters creen que necesitas un cambio in your life y fíjate my love, yo no te conozco, pero solo con verte pienso como ellas. Eres muy joven querida para parecer la abuela de cualquiera de ellas. Pero ¿no lo ves lady? Puedes ser una woman espectacular. ¿Por qué te lo niegas?

Naori metiéndose la mano en el bolsillo de su chaqueta granate, sacó un pañuelo y se lo llevó a la nariz. Pensar en Tobirama, su marido, le hacía llorar. Desde que tuvieron a la pequeña Nomi, apenas la miraba. Prefería irse al bar a echar la partidita con sus amigos a pasear con ella o ir simplemente al cine, como hacían antes. Tras sonarse y secarse las lagrimillas de los ojos, miró a aquel desconocido y preguntó:

—¿Por qué hablas tan raro?

—¡¿Yo?! Oh, my God, si yo hablo divinamente el spanish.

—Pues metes cada patada al diccionario que me dejas sin palabras.

Ahora el desconcertado era Deidara. Sakura al ver la cara de Deidara, respondió adelantándose:

—Es que mi primo tiene una particular manera de hablar. Digamos que habla espanglish. Mezcla el español con el inglés, y eso se debe a nuestro trabajo. Y aunque creas que somos unos entrometidos, si quieres nuestra ayuda para cambiar en algo, aprovéchate del momento. Aquí nos tienes.

Naori, tras cruzar una mirada con sus hermanas sonrió, y mirándoles murmuró:

—De acuerdo. Quiero volver a ser guapa y sorprender a mi Tobirama. ¿Podéis ayudarme?

—Sí —dijeron al unísono los implicados.

—¡Genial! —aplaudió Hanabi.

—Dios ¡ya era hora! —rio Hinata—, llamaré a mi amiga y le diré que iremos a visitarla. Ya veréis que cosas más chulas tiene en su tienda de ropa y a unos precios impresionantes.

Durante un rato hablaron sobre compras, trapos, cremas y Hanabi, al fijarse de nuevo en el reloj que Sakura llevaba, dijo:

—Me encanta ese reloj. Te lo dije ya una vez, pero es que es precioso.

Sakura sonrió y Deidara saltó:

—Es un glamuroso Limelight de la marca Piaget inspirado en la alta costura con diamantes talla grande engastados. ¿Cómo no va a ser precioso?

—¿Lo dirás en broma no? —insistió Hanabi al escucharle.

—Pues no, reina. Ese reloj es magnífico, además de un símbolo del glamour.

Hanabi, sorprendida por lo que le decía, y en especial por lo que esos relojes costaban se acercó aún más y mirándolo de cerca preguntó:

—¿De verdad que es un Piaget de pata negra?

Sakura al darse cuenta de su error, pellizcó a su primo para que se callara y actuando como solo ella sabía hacer sonrió y dijo:

—No, mujer. Es una estupenda imitación, pero ¿a qué parece auténtico?

Hanabi aún sorprendida asintió y cuando fue a responder su hermana Hinata preguntó:

—Por cierto, vuestra empresa de personal shoppers ¿cómo se llama?

Sakura y Deidara se miraron, y este último rápidamente y sin pensar contestó.

—Crazy Life, vamos para que nos entendamos, Vida loca.

Todos sonrieron, excepto Hanabi. No recordaba que Sakura le hubiera dicho aquel nombre. Pero decidió olvidarlo y centrarse en planear junto al grupo el maravilloso día de compras que les esperaba en unos días. Tenían mucho que hacer.