62

El veintisiete de febrero por la noche Sasuke estaba sentado cómodamente en su salón leyendo un libro cuando sonó el timbre de la puerta de su casa. Sorprendido, miró el reloj. Las doce y cuarto de la noche. Rápidamente se levantó y al coger el telefonillo escuchó:

—Abre, Sasuke, somos nosotras.

AI escuchar aquello blasfemó ¿Qué hacían sus hermanas allí a esas horas? Pero, apretando el botón del portero abrió la reja y después la puerta, quedándose de piedra al ver aparecer a sus hermanas, padre, abuelo, a Tema y cuando creía que no podría ver entrar a más gente entró Suigetsu con su mujer, Naruto y Konohamaru.

Boquiabierto al verles llegar con bebidas, hielo y bolsas de patatas fritas preguntó:

—¿Pero qué se supone que estáis haciendo aquí?

—Venir a ver la gala de los Oscar —respondió Hanabi dejándole patidifuso.

—¡¿Cómo?! —bramó enfurecido.

Lo último que le apetecía ver en aquel instante era aquel absurdo programa.

—Lo que oyes, Sasuke —replicó Naori—. Tobirama se ha quedado con los niños en casa y tú eres el único que tiene Canal Plus, a papá no le funciona.

Sasuke fue a decir algo cuando su amigo Suigetsu, tras darle un golpe en la espalda para llamar su atención, dijo:

—Eso te pasa por tener el Plus, nenaza.

Divertido por el gesto adusto de Sasuke, Naruto dijo al padre del anfitrión:

—Toma Fugaku, una cervecita fresquita. —Y, mirando hacia su enfurecido amigo, le guiñó el ojo y dijo—: en el frigorífico he puesto otra tanda. Creo que la noche va a ser larga.

—Vaya, qué considerado —murmuró agriamente Sasuke.

—Churri —gritó Karin—. Dame una Coca-Cola.

—En seguida, preciosa —contestó Suigetsu encantado.

Sin entender nada de lo que estaba pasando, Sasuke, en medio del salón observaba todo aquel jaleo sin dar crédito mientras Senda, su perra, parecía encantada de tener a toda aquella gente allí.

—Por cierto —dijo Suigetsu tras entregarle el refresco a su mujer—, por si no te habías enterado, nuestra amiga Sakura está nominada a los Oscar y esto es como cuando España jugó en el mundial. En vez de todos con la roja, esta noche es ¡todos con Sakura! Nuestra chica tiene que ganar ese Oscar, sí o sí.

—No me jodas, hombre —protestó aquél—. ¿No os podéis ir al bar para verlo?

—Ni lo pienses, guapo —sonrió Hinata tras aparcar el cochecito de su bebé en un lateral del salón—. Pudiendo estar en tu casa, ni de coña nos vamos al bar.

El abuelo Goyo, que estaba ansioso por ver aquel programa de televisión, cogió una de las butacas, la puso frente a la tele y gritó:

—El gorrioncito tiene que ganar por guapa y relinda.

Cada vez más alucinado, Sasuke les vio acomodarse frente al televisor, mientras charlaban y reían como si estuvieran en cualquier sitio menos en su casa. Incluso Senda parecía feliz. Jugueteaba con Konohamaru mientras éste le daba una patata frita. Quiso gritarles que se fueran, que no quería compañía, que lo último que quería ver era aquel programa cuando su padre, que le llevaba rato observando, le cogió por el hombro derecho y dijo ofreciéndole una cerveza:

—He traído croquetas. No veas lo buenas que salen con la nueva Thermomix.

—Pero papá... —se quejó desesperado.

—Lo sé, hijo, lo sé —se disculpó aquél—, pero tus hermanas ya sabes como son y han movilizado a todo el mundo para ver la gala de los Oscar.

—¿Y no lo podían haber visto en tu casa?

Fugaku sonrió, cada vez más consciente de la necesidad de que Sakura volviera con su hijo, cogió una croqueta de la bandeja, le dio un mordisco, y dijo:

—No, hijo. La gracia era verlo en la tuya.

—Joder —murmuró molesto.

Un rato después, tras poner todas las excusas del mundo para echarles de su casa, Sasuke claudicó. Nadie estaba dispuesto a irse de allí hasta que aquella maldita gala terminara. Pero les dejó claro una cosa. Él no iba a verla. Por ello, muy enfadado, se dirigió a su garaje dispuesto a hacer cualquier cosa menos estar allí sentado con ellos.

Sobre la una de la mañana todos vocearon al ver que por fin conectaban con el evento. Durante un buen rato vieron desfilar entre flashes a infinidad de famosos por aquella preciosa alfombra roja caminando hacia el teatro Kodak.

—Oisss, que mona va la Portman —gritó Naori al ver a la actriz ataviada con un vestido granate corte imperio.

—Para mono su churri —añadió Karin—. Le conoció en el rodaje de la película Cisne negro, ¿la habéis visto?

—Sí..., a mi me gustó mucho —asintió Hanabi.

—Bueno..., bueno..., bueno... ¡Cómo va de guapa Penélope! —gritó Hinata.

Los ojos de todos se centraron en la actriz española y Naruto, tras beber de su cerveza, murmuró:

—Sí..., está tremenda.

—¿Dónde están el gorrioncillo y Deidara? —preguntó el abuelo Goyo.

—Estarán al llegar —respondió Hinata.

—Por el amor de Diorrrrrrrr —gritó Hanabi—. Me encanta el vestido plateado que lleva Gwyneth Paltrow. Está guapísima.

—Guapísima..., guapísima —corearon los hombres divertidos.

—Oh, sí..., el vestido es chulísimo. Pero claro, menudo tipazo que tiene ella. Ya quisiera yo —se quejó Hinata.

—Churrí —gritó Karin—. Para la boda de mi prima Paz me haré un vestido como ese ¡que lo sepas!

—Genial, preciosa..., genial —sonrió aquel tras encogerse de hombros ante la mirada guasona de sus amigos.

—Uoooo, y ¿qué me decís del vestido que lleva Hilary Swank? —aplaudió Tema.

—Aisss, que bonitoooooooo. Es preciosooooooooo —asintió Naori.

—Precioso..., precioso... —volvieron a mofarse los hombres.

Diez minutos después, Hanabi volvió a gritar.

—Joderrrrrrrrrrr ¡pero qué bueno que esta el McConaughey! Ay Dios qué guapo está con ese esmoquin. No me digáis que ese tío no es sexy.

El resto de las mujeres asintieron.

—Todo tuyo hija. A mi me gusta más Colin Firth. Es más madurito, vamos como a mi me gustan —murmuró Naori.

Konohamaru, que junto con los hombres se divertía con los comentarios que aquellas hacían, al escuchar a Hanabi y verla tan emocionada mirando la pantalla dijo:

—Bah..., el macnosequé, tampoco es para tanto. Por cierto ¿no tiene nombre de hamburguesa?

Al escuchar aquello, la joven le miró y, tras darle un repaso de arriba abajo con un gesto devastador, susurró:

—Ya quisieras tú parecerte a él aun siendo una hamburguesa.

—Perdona guapa, pero ya quisiera él parecerse a mí. Y te recuerdo que yo soy de Ávila, como los chuletones —respondió aquél, ganándose varias palmaditas en la espalda de algunos hombres.

—Si es que es pa' darle —se quejó Hanabi al verle sonreír.

—Hanabi, ¡ni caso! —replicó Naori.

—No empecemos, Hanabi... No empecemos —sonrió Hinata.

—Pero ¿cuándo salen el gorrioncillo y Deidara? —insistió el abuelo Goyo con curiosidad.

Naori le rogó con la mirada a su hermana Hanabi que no discutiera con Konohamaru, algo prácticamente imposible, pues era verse y chocar como dos trenes a alta velocidad. Después miro en dirección al anciano y le respondió.

—Abuelo Goyo, tienen que llegar de un momento a otro. No te impacientes.

—¿Te dijo Deidara o Saku qué vestido llevaría para los Oscar? —preguntó curiosa Hinata—. Seguro que grandes firmas como Calvin Klein, Dior o Marchesa estarían como locos por verla desfilar con su precioso vestido.

—Seguro que se pone un Dior —asintió Tema—. Sakura tiene cuerpo para ponerse eso y lo que quiera.

—Hina, Deidara no me dijo nada —respondió Hanabi y, bajando la voz para que Sasuke no la escuchara, murmuró—: Solo me dijo que intentara que el X-man viera la gala.

Al decir aquello todos se miraron entre sí y resoplaron. Sasuke no lo iba a poner fácil.

Mientras tanto aquel, ajeno al plan que urdía el grupo, trasteaba en su garaje mientras escuchaba a los AC/DC.

—¿Y cómo hacemos para que se siente y la vea? — preguntó Naori.

—Tranquilas, preciosas —sonrió Naruto—. Para eso estamos nosotros aquí.

Todas sonrieron cuando de pronto Hanabi gritó:

—Ahí está Sakuraaaaaa. ¡Qué guapaaaaaaaaaaaaaaaa!

Desde el garaje, Sasuke escuchó el grito de su hermana y la herramienta que tenía en sus manos se le escurrió y cayó con gran estrepito al suelo. Durante unos segundos, intentó luchar contra la tentación de asomarse por la puerta y mirar el televisor, pero al final el deseo le venció y se acercó a la puerta para mirar. Allí estaba ella, tan guapa como siempre, con su espléndido pelo rosáceo recogido en un moño italiano y sus inquietantes ojos verdes sonriendo mientras saludaba a otros actores.

—Ay, mi gorrioncito, qué hermoso está. Es la más lustrosa de todas y Deidara, con ese traje rojo o encarnao o como él quiera llamarlo va mu relindo también —aplaudió el abuelo Goyo encantado de la vida.

Durante un rato, las cámaras de televisión siguieron los pasos de estos dos, en especial los de Estela Ponce que era una de las posibles premiadas de la noche.

—Ay churrí —gritó Karin emocionada—. Esta saludando a Vin Diesel.

—Sí, cielo ya lo veo —sonrió Suigetsu al escuchar a su histérica mujer.

De pronto, Hanabi miró a su hermana Hinata y preguntó:

—Pero el vestido que lleva Sakura ¿no es el que se compró en la tienda de Ino? ¿El de las plumas?

Pero no le dio tiempo a contestar. El móvil de Hinata sonó y una alucinada Ino gritaba como una posesa que el vestido que llevaba Sakura en la gala de los Oscar había sido diseñado y confeccionado ella.

—¡Qué fuerte! ¿Se ha puesto el vestido de Ino? —gritó encantada Naori.

—Como diría Deidara, esta lady es lo más —se carcajeó Tema.

Dos segundos después Sakura, junto a un guapísimo Deidara, se acercaron hasta los reporteros de televisión que les reclamaban, y tras contestar a algunas preguntas en inglés, un reportero le preguntó algo en español y ella contestó:

—Este bonito vestido es un diseño exclusivo de la maravillosa Ino Yamanaka. Una estupenda diseñadora española que tuve el placer de conocer cuando estuve en España, y que estoy segura que pronto dará mucho que hablar. De hecho, Annette Bening ya me ha pedido su teléfono.

—Ay, madre... Ino, tómate una tilita, que la necesitas. Mañana hablamos —susurró Hinata antes de colgar.

Sasuke, incapaz de dejar de mirar la pantalla, siguió todos los movimientos de Sakura. Le encantaba cómo aquella preciosa mujer sonreía y eso le hizo que el corazón comenzara a latirle con fuerza. Pero cerró los ojos y volvió a lo que estaba haciendo. ¿Qué hacía mirándola? No debía martirizarse con algo que no podía ser.

Tras más de una hora y media en la que desde la casa de Sasuke piropearon a todos los actores que entraban en el teatro Kodak, la gala comenzó. Expectantes como nunca en su vida, ninguno quito el ojo de la pantalla, y cuando anunciaron que en unos minutos iban a abrir el sobre que desvelaba el gran secreto que todos esperaban, sin dudarlo Suigetsu, Naruto y Konohamaru se dirigieron con paso firme al garaje, cogieron a su amigo Sasuke entre los tres, y sin importarle los puñetazos ni las blasfemias que aquel soltaba le sentaron frente al televisor.

—¿Queréis soltarme, joder? —gruñó aquél.

—Ni lo sueñes —rio Suigetsu poniéndole unas esposas que lo sujetaban al butacón.

—Sasukeito, hermoso deja de moverte así o te cepillaras el butacón —dijo el abuelo Goyo con mofa.

Aturdido, explotó malhumorado:

—¡Os juro que esta me la vais a pagar! Papá —gritó—, haz el favor de decirles a estos idiotas que me suelten.

Fugaku, al escuchar aquello, se dio la vuelta, cogió el plato de croquetas y preguntó:

—¿Quién quiere una croqueta?

—¡Papá! —vociferó incrédulo.

Como si de una comedia absurda se tratara, todos gritaron mientras cogían lo que Fugaku les ofrecía y cuando por fin callaron Sasuke gritó:

—Venís a mi casa, os entrometéis en mi vida y encima tengo que soportar que me hagáis esto.

—Anda, Sasuke, cierra el pico —se quejó Hanabi—. Solo queremos que veas con nosotros si Sakura gana el Oscar o no. Al fin y al cabo, la conocimos gracias a ti.

—Naruto, maldito cabrón, ¡Suéltame!

—No, divine —se mofó aquél—. Esta es mi venganza por levantarme a esa preciosidad.

—Pero ¿tú estás tonto? —voceó Sasuke. Y, mirando a Konohamaru, insistió—: ¡Suéltame tú!

—Lo siento, colega. Si lo hago Mariliendre y el churri luego no me ajuntaran.

Al decir aquello, Hanabi le miró divertida y le guiñó un ojo.

—¡Joder! Esta me la pagáis —soltó Sasuke desesperado. Justo antes de que su hermana Hanabi le pegara algo en la boca.

Incrédulo, comprobó que un trozo de cinta americana le bloqueaba de pronto la boca. Ya no podía gritar.

—Deidara me dijo que con esto no escucharíamos tus maldiciones —dijo Hanabi encogiéndose de hombros.

—Psss, a callar, hermoso que van a decir si nuestra muchacha ha ganado o no —exigió el abuelo Goyo levantando su bastón nuevo.

Convencido de que nada podía hacer rumió sus blasfemias, mientras todos los demás sonreían y cruzaban los dedos a la espera de que abrieran el sobre y dieran el nombre de la ganadora al Oscar como mejor actriz.

De detrás del decorado salieron George Clooney y Sharon Stone y tras dar entrada al video de presentación de las nominadas, George, tan guapo y sonriente como siempre, abrió el sobre, sonrió y se lo pasó a Sharon que dijo:

—And the winner is... Estela Ponce.

Al escuchar aquello, la locura reinó en casa de Sasuke. Todos saltaban, aplaudían y reían como cuando España ganó los mundiales de futbol, mientras Sasuke esposado en la butaca ni les veía. Solo podía mirar la pantalla de televisión, donde el realizador del programa se centró en la emocionada y llorosa ganadora abrazada a su primo Deidara. Sin poder demostrar su orgullo, Sasuke la vio saludar hecha un manojo de nervios a todos los que estaban sentados a su lado. Entre ellos reconoció a su padre, el gran Kizashi Haruno. Ella le dio un rápido beso en la mejilla y este sonrió. Un minuto después, la flamante ganadora del Oscar a la mejor actriz, con su impresionante vestido de plumas negro, subió al escenario en busca de su premio.

—¡Callaos, leches!, que va a hablar el gorrioncillo.

—Sube el volumen —pidió Fugaku y, arrancando de un tirón la cinta de la boca de su hijo le dijo—: Sasuke tradúcenos todo lo que diga.

Durante unos segundos, Sakura habló en inglés y Sasuke, hipnotizado, comenzó a traducir. Entre lágrimas y risas Sakura dio las gracias al director de la película por darle le oportunidad de interpretar aquel papel, a sus compañeros, a todo el equipo y a su padre. Las cámaras de televisión enfocaron Kizashi Haruno quien asintió y sonrió tras su fría estampa. Las cámaras volvieron a enfocar a la emocionada ganadora y ésta, buscando la que tenía encendido el piloto rojo, la miro y, en perfecto español, dijo sin importarle las personas que estaban a su alrededor:

Este premio también se lo quiero dedicar a una maravillosa familia que conocí en un encantador pueblecito de España, llamado Sigüenza...

Al escuchar aquellos todos aplaudieron e Hinata divertida soltó:

—Aisss, ya no solo conocerán Alcobendas por Penélope. Ahora, gracias a nuestra Sakura medio planeta sabe que existe un pueblo en España llamado Sigüenza.

—Psss, calla, que sigue... —apremió Naori emocionada, mientras Sakura decía.

Gracias a todos vosotros por ser como sois y haberme demostrado el cariño que me tenéis. Quiero que sepáis que os voy a querer hoy, mañana y siempre a todos —recalcó aquella última palabra con los ojos llorosos mientras la gente aplaudía—. Soy actriz. Me enorgullezco de ser actriz. Me gusta interpretar distintos papeles para hacer llorar, reír, emocionar, en definitiva, hacer soñar. Y aunque suene a utopía lo que voy a decir, me gustaría que alguna vez mi vida tuviera un final de película y ser yo la que soñara. —El público aplaudió y ella mirando a cámara añadió—: Aunque, si os soy sincera, una vez soñé. Conocí a un hombre especial, maravilloso e inolvidable que, con sus miradas y su cariño, consiguió que lo irreal se volviera real y que lo impensable, durante un corto espacio de tiempo fuera perfecto, maravilloso y posible. Gracias a él, atesoro en mi corazón bonitos recuerdos que nunca, nunca olvidaré.

Dichas esas palabras, la actriz, tremendamente emocionada dejó de mirar a la cámara, sonrió a todos los presentes del teatro Kodak y desapareció tras el decorado en medio de una clamorosa ovación.

En ese momento, todos, incluida la propia Senda, miraron con detenimiento a Sasuke que continuaba con la mirada fija en el televisor, alucinado y pasmado. Lo que aquella mujer acababa de hacer era la mayor muestra pública de amor que había visto nunca y el protagonista ¡era él!

«Vaya...», pensó aturdido.

—Sasukeito hermoso reacciona —gritó el abuelo Goyo—. Que el gorrioncillo te quiere. O como dicen en su tierra teaisloviu.

—Ay, Dios..., que momentazo —suspiró Tema todavía sorprendida.

—... momentazo pero de los que se recordaran toda la vida —asintió Hanabi boquiabierta, consciente de que la prensa estaría a las puertas de la casa de su hermano en pocas horas.

—En vivo y en directo, ha declaro su amor hacia ti ¡qué bonito! Y qué románticooooooo —añadió Naori.

Emocionada por lo que acababan de presenciar Hinata miró a su hermano y dijo.

—Sasuke, ella te quiere por quien eres. El resto no le importa. Solo le importas tú. ¿No te das cuenta?

Karin, abrazándose a su marido Suigetsu le miró amorosa.

—Ay, churri, ¿tú me quieres tanto?

—Más..., tesoro. Yo te quiero más —respondió encantado.

Naruto, que estaba tan sorprendido como el resto, al escuchar los comentarios romanticones de las féminas las miró y dijo:

—Mira que os gustan estas gilipolleces románticas a las mujeres.

—Ni que lo digas —asintió Konohamaru divertido observando la cara de tontorrona de Hanabi.

La cabeza de Sasuke no paraba de dar vueltas mientras intentaba centrarse en lo ocurrido. Sakura, su Sakura, le acababa de hacer una declaración de amor en toda regla sin importarle absolutamente nada. Solo él.

—Esta muchacha nunca dejará de sorprenderme —rio Fugaku emocionado por lo que aquella jovencita había hecho ante medio mundo y en especial, al ver a su hijo tan bloqueado.

—Joder..., ¡pero qué suerte tiene este tío feo! —se mofó Naruto—. Si no hubiera sido por ti, estoy casi seguro que ella hubiera hecho eso por mi.

—Mariliendre, no alucines, que tú no eres él —se mofó Suigetsu.

—¡Soltadme! —consiguió decir Sasuke.

—Vale —asintió Hanabi—. Pero antes de que la líes parda déjame decirte que lo único que queríamos era que vieras lo que has visto porque tenías que verlo. Ayer cuando hablé con Deidara me dijo que...

—Soltadme ya —repitió lentamente.

—Oye, Sasuke —dijo Naori al ver el gesto de su hermano—. Haz el favor de comportarte y no liarte a guantazos con ninguno de los presentes, o te juro...

—¡Soltadme de una puñetera vez! —insistió con voz grave.

Al escuchar aquel tono de voz, Fugaku retiró a sus hijas hacia atrás, se encaró a él y dijo:

—Ahora mismo, Sasuke, pero tranquilito eh...

—Papá, estoy muy tranquilito — asintió éste.

Naruto, Konohamaru y Suigetsu se agruparon dispuestos a defenderse de su ataque. Su mirada lo decía todo. Aquella mirada oscura delataba enfado y brutalidad. Entonces Suigetsu le tiró a Fugaku la llave con la que abrir las esposas, y este procedió. Dos segundos después, ya liberado, Sasuke se levantó, anduvo hacia sus compañeros y dijo con voz áspera:

—Ésta os la guardo a los tres.

—¡Qué emoción! —se guaseó Suigetsu.

—Uisss, ¡qué nervios! —murmuró Konohamaru.

—Acojonado estoy —se mofó Naruto, ganándose una seria mirada por parte de todas las mujeres.

—Pero ¿estáis gilipollas o qué? —vociferó aquél al escucharles.

—Ay, Sasukeito no te pongas así, hermoso —murmuró el abuelo Goyo.

—Sasuke..., Sasuke... —dijo Hinata interponiéndose entre aquellos titanes y su hermano—, no te enfades con ellos porque fuimos nosotras quienes les obligamos a que te cogieran por la fuerza y te esposaran al butacón.

Al escucharla, la miró y apartándola hacia un lado, se acercó intimidatoriamente a Suigetsu, que no se movió ni un ápice, y a un palmo de su cara murmuro:

Churri, vete comprando la pamela porque la vas a necesitar.

Suigetsu, al ver sonreír a su amigo, le abrazó. Por fin había quitado el freno de mano. Todos a su alrededor más relajados comenzaron a reír y Sasuke con las pulsaciones a mil, miró a su hermana Hanabi y dijo:

—Necesito dos cosas, urgentemente.

—A sus órdenes. Usted dirá X-man —se mofó está cuadrándose delante de él.

—La primera: búscame, en tu maravilloso portátil nuevo, un billete de avión para Los Ángeles.

Todos aplaudieron.

—¿Y la segunda? —preguntó Hanabi emocionada.

—Que me des el teléfono móvil de Deidara. Tengo que hablar con él —y mirándoles a todos sentenció—: Me voy por Sakura para traerla a su casa.

—¡Olé, por mi nieto! —gritó el abuelo Goyo encantado.

—Así se habla muchacho —aplaudió Fugaku mientras todos alborozados sonreían.

Sasuke, por primera vez en varios meses, volvía a sentir que le latía el corazón de emoción.