Epílogo
Meses después...
La vida, para el GEO español y la actriz de Hollywood, nunca volvió a ser la que era. Cuando se confirmó su romance la prensa se volvió loca. Todos querían información. Pero fue Hanabi, la hermana de Sasuke, quien animada por los protagonistas de la historia, les hizo una entrevista con fotos y firmó la exclusiva. Aquel magnífico reportaje, y ser la cuñada de una de las mujeres más queridas de Hollywood, reportaron a Hanabi un buen trabajo en una agencia de noticias de mucha credibilidad.
La boda se celebró en julio, en la catedral de Santa María de Sigüenza, y esta vez la actriz sí que pudo reservar todo el parador. Fugaku, el abuelo Goyo, Deidara, las hermanas y los compañeros de Sasuke estaban felices por el acontecimiento. Aquella era una verdadera boda por amor y eso era lo que importaba.
En el parador se alojaron los invitados. Actores y directores venidos de todo el mundo saludaban a las personas y a la prensa que copaba las calles a su paso. Solo faltaron Kizashi Haruno y su mujer. Su padre, por una vez en su vida, no se comportó como un hipócrita y se negó a acudir a una boda que no aprobaba. Aquella noticia sorprendió a todo el mundo excepto a la novia, quien encogiéndose de hombros, aceptó su negativa a acudir al evento. Así habían sido siempre las cosas con su avinagrado padre y así lo seguirían siendo.
Deidara actuó como padrino de boda y Aoi, la sobrina de Sasuke, como madrina. Fue una boda maravillosa donde todos fueron felices e incluso comieron perdices, los novios estaban guapísimos y Sigüenza, por unos días, se convirtió en la capital del mundo. El enlace entre la estrella de cine Estela Ponce y el policía español, fue la gran noticia del año y copó todos los noticieros.
En septiembre, Sakura tuvo que marcharse a Los Ángeles. Tenía una película que rodar y el trato era que ambos continuarían con sus vidas y así lo hicieron. Pasó octubre, noviembre y con diciembre regresó Sakura.
Sasuke, nervioso y deseoso por ver a su mujer, llegó al aeropuerto de Barajas acompañado por varios de sus amigos. En aquel tiempo había aprendido cómo funcionaba la prensa y sabía que aquella mañana, en el aeropuerto, necesitaría a sus colegas.
Durante la espera, rio con Naruto, Konohamaru y Suigetsu, y aunque parecía relajado, por dentro estaba como un flan. El hombre autosuficiente y que siempre había controlado su vida, se deshacía al pensar en la joven que tenía que salir por aquella puerta de un momento a otro. La había añorado cada segundo del día y de la noche y aunque había hablado con ella todos los días por teléfono o enviado cientos de correos electrónicos, ella por fin iba a regresar a casa. Su casa.
Los periodistas, al ver a Sasuke llegar a la terminal 4, le rodearon y comenzaron con sus incesantes y a veces impertinentes preguntas. Con paciencia, Naruto y los demás se los quitaron de encima al tiempo que aprovechaban para ligar con alguna que otra reportera. Las preguntas seguían poniendo muy nervioso a Sasuke. ¿Cómo podían ser tan indiscretos? Pero con humor y paciencia aguantó estoicamente el momento. Por su mujer era capaz de soportar lo que fuera. Ella se lo merecía.
Emocionado por ver a su canija, portaba en su mano un bonito ramo de flores multicolores mientras observaba con las pulsaciones a mil cómo la puerta de salida de pasajeros se abría y cerraba. Aquel encuentro era muy especial, y solo los dos sabían el porqué. Con curiosidad disfrutó y observó cómo la gente, al ver llegar a sus seres queridos, sonreía para luego abrazarse, algo que él estaba deseando de hacer.
Diez minutos, después la puerta se abrió, y allí estaba ella. Tan preciosa como siempre vestida con unos vaqueros, una camisa blanca y su bonito pelo cayéndole sobre los hombros.
Sus miradas se encontraron y sin importarles los continuos flashes y los cientos de ojos que los observaban, corrieron a su encuentro para besarse. Por fin... Durante unos segundos se besaron sin hablarse, hasta que Sasuke separándose unos milímetros de ella murmuró.
—Hola, canija. Te he echado mucho de menos.
—Hola, cielo —sonrió ella feliz.
Sin separarse ni dejar de demostrar el amor que sentían a pesar de los cientos de flashes y de las miradas indiscretas de todo aquel que reconocía a la actriz Estela Ponce, Sasuke preguntó entre susurros:
—¿Cómo está mi preciosa mujercita?
—Deseando verte —asintió encantada. Y, separándose de él, preguntó dándose una vuelta para que la observara—: ¿Cómo me ves?
Recorriendo su cuerpo con verdadera pasión, Sasuke suspiró.
—Maravillosa —y tras abrazarla para deleite de los fotógrafos le murmuró al oído—. ¿Te encuentras bien, cariño?
Ella asintió. Hacía dos meses que sabía que estaba embarazada y nadie, a excepción de él, conocía la noticia. Era su secreto y esperaban que así fuera durante algún tiempo más.
El barullo que se organizó a su alrededor era tremendo. Fotógrafos, pasajeros y periodistas intentaban acercarse a ellos, a pesar de que Naruto, Konohamaru y Suigetsu se lo impedían. Les protegían.
Tras muchos empujones y cientos de preguntas sobre sus vidas, caminaron hacia el aparcamiento cogidos de la mano. El mundo no existía. Solo existían ellos dos y sus ganas de demostrarse su amor. Cuando llegaron al aparcamiento, era tal la nube de periodistas que les rodeaban, que Sakura levantando la mano dijo mirando con una sonrisa a todos aquellos:
—De acuerdo..., de acuerdo, contestaré a algunas preguntas. Pero recuerden, ni mi marido, ni sus amigos responderán a nada de lo que se les pregunten por su trabajo, ¿entendido?
—La artista es ella —añadió Naruto, haciendo reír a todos.
Sasuke, tras soltarla a regañadientes de la mano, metió las maletas en el coche y, antes de que comenzaran a preguntar los periodistas, se acercó a ella y acercándose a su oído le preguntó.
—¿Estás segura, cielo?
Ella asintió. Conocía cómo funcionaba aquello y lo mejor era responder a algunas preguntas y así todos quedarían contentos.
—Estela, ¿cuánto tiempo tiene pensado quedarse de nuevo en España?
—Varios meses. No sé si serán tres o siete..., pero de momento voy a descansar. El rodaje de la película de aventuras que acabo de terminar me ha dejado agotada —respondió con una preciosa sonrisa que a Sasuke le hinchó de orgullo.
—La promoción de la película que acaba de rodar, ¿es cierto que comenzará en España?
—Sí.
—¿Por qué? —insistió el reportero.
Encogiéndose de hombros, ella sonrió y respondió:
—¿Y por qué no? Ahora vivo en España, ¿por qué no comenzarla en este precioso país?
Los periodistas sonrieron por la respuesta.
—Hemos sabido que usted ha exigido a su representarte hacer menos películas al año, ¿es cierto?
—Sí —asintió sorprendiendo a Sasuke—. Como máximo haré dos películas. El resto de mi tiempo se lo quiero dedicar a mi marido y a su maravillosa familia, que ahora es también la mía.
Aquello dejó le boquiabierto. Cuando le había comunicado lo del embarazo, él no le había exigido nada. Pero ella, una vez más, había vuelto a sorprenderlo. Orgulloso y feliz por ver como aquella pequeñaja manejaba las cámaras y sus respuestas, sonrió y se apoyó en el coche.
—¿Es cierto que ha firmado con Miramax para hacer una película sobre la vida de la que fue primero actriz y luego princesa, Grace Kelly?
—Oh, sí. El rodaje comenzará a finales del año que viene y estoy muy emocionada con ese proyecto.
Así estuvieron durante más de quince minutos. Los periodistas preguntaban y la actriz Estela Ponce escoltada por aquellos cuatro gigantes, a pesar del cansancio por el jet lag y el embarazo, respondía. Una vez se dio por terminada aquella improvisada rueda de prensa, los cuatro hombres y la actriz se montaron en el coche de Suigetsu mientras la prensa se alejaba.
—Hola, preciosa —saludó Naruto dándole un beso en la mejilla—. ¿Qué tal por esos mundos?
—Genial, pero ahora que estoy aquí con vosotros, mejor —sonrió saludando con cariño a aquellos hombres que tanto la cuidaban y en especial, cuidaban a su marido—. Por cierto Suigetsu, espero que no te pongas nervioso, pero a tu churri le traigo recuerdos de Vin Diesel. Dice que se divirtió muchísimo con ella en la boda y que espera volver a verla.
—Ése alucina. A ver si al final le voy a tener que sobar los morros —se mofó Suigetsu divertido.
—Por cierto, ¿dónde está nuestro Deidara? ¿No venía contigo? —preguntó Konohamaru.
Sakura soltando una risotada, miró a los cuatro hombres que la observaban y soltó.
—Lo siento, chicos, pero está en Hawaii con su Sasoriman.
—Por el amor de Diorrrr —se guaseó Naruto—. ¿Nos nos ha cambiado por ese inglés escuchimizao?
—Os manda muchos recuerdos y me ha dicho literalmente que os diga que muere por sus X-Man preferidos, pero que Sasoriman le hace vivir en las nubes y que, mientras pueda no se quiere bajar.
Aquello provocó una risotada general. La amistad que Deidara había logrado con aquellos rudos hombres era magnifica, y se demostraba en el cariño y en el respeto que se tenían. Sasuke, que hasta el momento había permanecido callado, deseoso de tener toda la atención de su mujer, la agarró de la barbilla y susurró ante todos sin importarle.
—¿Te he dicho ya que estas preciosa y que te he echado mucho de menos, cariño?
—Joderrrrrrrr qué pasteladaaaaaa —se mofó Naruto tapándose los ojos al escuchar aquello.
—Eso es amor Mariliendre —rio Suigetsu, y mirando al rudo de Naruto, señaló—: El día que llegue la mujer que te descoloque la vida, ya verás, auguro que serás el más pasteloso de todos. Recuérdalo.
—Tú lo flipas hombre —se mofó aquél al escucharle.
Sin importarles las mofas, ni los comentarios de sus amigos, Sasuke atrajo a su mujer y volvió a besarla con devoción. Llevaba meses deseando hacerlo y ahora que la tenía junto a él no pensaba reprimirse. Konohamaru que iba sentado en el asiento de atrás con ellos protestó divertido:
—Joder, macho. Espera a llegar a tu casa para hacer eso. Que uno no es de piedra.
Una vez el coche se puso en marcha, entre risas y burradas, llegaron hasta el lugar donde Suigetsu debía introducir el ticket para salir del parking. De nuevo los periodistas rodearon el coche.
—Pero ¿qué les pasa otras vez a estos? —protestó Suigetsu.
Sorprendida por aquella nueva nube de periodistas, la joven actriz suspiró y, tras pedirle a su marido un segundo con la mirada, le besó y bajó la ventanilla. Dos segundos después, uno de los periodistas metió la alcachofa dentro del coche y preguntó:
—Nos acaba de decir un pasajero de su vuelo que la vio tomando hierro en las comidas ¿es posible que esté embarazada?
Sasuke y Sakura se miraron y sonrieron. Aquel era su mundo a partir de ahora, y tras entenderse con la mirada, ambos miraron al periodista y con una gran sonrisa, respondieron justo en el momento en que la valla del parking se abría y Suigetsu pisaba el acelerador:
—¿Y a ti qué te importa?
FIN
