Toma mi mano y recemos juntos por el nuevo día.

Y pensemos también en lo que debemos agradecer hoy. En los recuerdos que vivimos, y aquellos que solo son un sueño. Los recuerdos de otra vida, una vida que fue nuestra, y a la vez no. Por tenerte a mi lado, y habernos encontrado una vez más.

"¿Eres feliz, Kobato?"

"Sí."

"Con eso basta."

Y agradezco a Dios por el deseo que cumplió.