La noche parecía tremendamente aterradora. Sakura no podía ver nada en la oscuridad de su habitación, pero sí podía sentir lo que sea que estaba allí. Sakura temblaba terriblemente, tratando de dormir mientras se escondía debajo de las sábanas. Y entonces…
–¡Aaaahhh!
Touya se despertó de inmediato y corrió a la habitación de su hermana para ver qué había sucedido.
–¡Sakura! ¡¿Qué pasa?! – preguntó mientras entraba a la habitación y encendía las luces.
Sakura estaba temblando y llorando debajo de sus sábanas. Touya no pudo evitar sentirse un poco molesto por la facilidad con la que su hermana se asustaba.
–H…Había algo en mi habitación. Po-podía sentirlo. Y-y luego... ¡Habló!
–¿Estás herida?
–¡No! P-pero, realmente me asustó.
Touya suspiró, aliviado de que al menos Sakura estuviera bien. Luego se acercó a ella y le dio un gran abrazo.
–Tranquila – dijo – aquí no hay nada. E incluso si lo hubiera, nunca dejaría que te lastimaran. Le prometí a papá que te cuidaría mientras él está en el trabajo. Estás bien.
Sakura se aferró a él como si su vida dependiera de ello.
–¿Puedes dormir conmigo esta noche?
Una vez más, Touya suspiró, pues realmente no le apetecía pasar la noche con su hermana pequeña. Sin embargo, todavía quería asegurarse de que ella estuviera bien y de que nada malo los amenazara, por lo que accedió a quedarse.
–Está bien, pero sólo por esta noche. Ahora muévete.
Sakura hizo espacio para que su hermano se acostara a su lado, y tan pronto como estuvo bajo las sábanas, lo abrazó del brazo. Ella todavía estaba llorando.
–Oye, deja de llorar, ¿de acuerdo?
–No puedo.
–Pff, nunca había conocido un monstruo que llorara tanto – molestó Touya. – Ahora que lo pienso, lo que sea que estaba en la habitación probablemente se asustó después de ver un monstruo tan monstruoso como tú.
–¡NO SOY UN MONSTRUO MONSTRUOSO, HERMANO! – gritó Sakura, aún con lágrimas en los ojos, pero ya sin llorar, mirando a Touya con ira.
–Claro, monstruo. Ahora duérmete. Incluso los monstruos como tú necesitan descansar – dijo Touya sonriendo.
–¡TE DIJE QUE NO SOY UN MONSTRUO! ¡ERES CRUEL, HERMANO!
Siguieron así por un tiempo, hasta que Sakura finalmente comenzó a dormirse. Una vez que estuvo profundamente dormida, Touya volteó hacia la ventana.
–¿Qué quieres con mi hermana? – preguntó. Había un niño mirando por la ventana. Se veía muy triste.
–Lo siento – dijo el espíritu, avergonzado y sonrojado. – Pensé que ella podría ayudarme, nunca quise asustarla.
–¿Qué necesitas?
–¿Qué? – el pequeño miró desconcertado. ¿Touya no solo lo estaba viendo, sino que se había ofrecido a ayudarlo? – ¿Hablas en serio? ¿Me ayudarás?
–Sí. Aunque no esta noche. Todavía estoy cuidando a Sakura. Pero mañana acércate a mi ventana y te ayudaré en lo que necesites.
El rostro del niño se iluminó de alegría. Parecía aliviado y contento.
–Mis padres murieron cuando yo era un bebé, y fui miserable hasta el día que morí. Todo lo que siempre quise fue alguien que me cuidara, que se preocupara por mí. De la misma manera que pareces preocuparte por tu hermana.
Con una gran sonrisa y los ojos cerrados, el niño se disipó en la noche. Pero antes de desaparecer por completo, miró a Touya directo a los ojos y susurró:
-Gracias… Por preocuparte tanto.
Touya vio al espíritu irse. Luego le dio la espalda a la ventana y finalmente se durmió.
Y en lo profundo de su sueño, escuchó una dulce voz femenina.
-Eres un buen chico. te quiero. Buenas noches, mi niño.
-Buenas noches, okaa-san.
