Los sueños son voces de nuestro inconsciente que nos cuentan una historia. Una historia de lo que hemos vivido, de nuestros profundos deseos, y de lo que ya no tenemos. Los sueños pueden ser agradables; o pueden ser amargos. Incluso pueden ser escalofriantes. Pero nunca son reales. Y siempre se trata de algo que ya conocemos.

Pero entonces, ¿por qué un niño de ojos rojos sueña con ojos azules y paisajes nevados, tan diferentes a los de su hogar? ¿Por qué sueña con una mano miserable que busca ayuda?

¿Y por qué un niño rubio con ojos llorosos llora cuando sueña con brazos bronceados y fuertes que al fin, al fin lo salvarán y se lo llevarán? ¿Por qué tiene un sentimiento tan cálido cuando sueña con verde, ámbar y blanco?

¿Por qué este niño pequeño, tan parecido a su padre, sueña con plumas, relámpagos azules de magia, un feroz dragón rojo, una bola blanca de pelo y una estrella brillante, brillante y sincera abrazando su corazón?

¿Y por qué una niña sueña con todos estos niños? ¿Por qué la hacen sentir como en casa? ¿Por qué su corazón da un pequeño salto cuando ve los ojos color ámbar de uno de ellos?

Los sueños son deseos y anhelos. Los sueños son realidades que aún viven en nuestra imaginación, pero que deseamos que se hagan realidad. Sueños que podemos moldear. Los sueños son lo que queramos que sean. Pero los sueños también son signos. Y tal vez la única forma de despertar, es esperar hasta que el sueño se manifieste en el mundo real.

Puesto que el reflejo de este mundo no es más que sueño, siendo solo el sueño nocturno la realidad.