Soñar no cuesta nada. Aun así, sus sueños han salido muy caros.
La inmensidad del poder en sus manos le ha arrebatado el derecho a soñar libremente. Sus sueños sí tienen precio, y este es el destino del universo. De los universos.
Se le ha arrebatado incluso el derecho a desear, puesto que desear le ha traído consecuencias muy graves. Y ojalá pudiera alegrarse por esos ojos que se han vuelto a abrir por su causa. Ojalá pudiera alegrarse por esa estrella tan brillante y esos ojos verdes tan bonitos que ha visto en sueños. Pero es que hasta a ellos ha debido de heredarles la desgracia.
A pesar de todo, él quiere seguir soñando y deseando. Deseando por el bienestar y la victoria de aquellos muchachos. Quizá con todo su poder, él pueda alcanzarlos y ayudarles a cumplir su misión con aquel hechizo invencible que también le llegó en sueños: pase lo que pase, te aseguro que todo estará bien.
Y aunque sabe que no debería, él sigue soñando y deseando. Pero sabe que el final del sueño se acerca. Y que el final del sueño, es el comienzo de todo. Y sabe que pronto debe despertar. Sí, despertar, y seguir hacia adelante.
Es hora.
El sueño debe terminar.
