Una noche como cualquier otra en la basta Seaside Island, todos dormían a gusto en sus comodidades, soñando cosas dulces, agridulces o agrías. Sin embargo, en la lejana aldea de los Gogoba, el líder se encontraba en un sueño agrío por las leves pero heladas ventiscas de la noche que lograban colarse en su casa. Gracias al crujir de la arcilla seca contra el suelo, el líder se despertó de sus laureles extrañado y cansado, salió de su casa con una vela pegada con su cera en un platillo para ver donde pudo originarse el ruido, al caminar por el sombrío lugar con el aire soplando un helado viento vio pequeños restos de arcilla esparcidos en frente suyo, avanzando un poco más contempló un jarrón quebrado en el suelo, a lado de la cabaña de un miembro del clan. Sin mucha importancia, procedió en recolectar los restos, para luego tirarlo en una zanja donde normalmente se bota la basura que la tribu produce; con el labor hecho volteó para regresar a su cabaña e inesperadamente un miembro del clan lo esperaba silenciosamente detrás suyo, sobresaltándolo por la repentina aparición.
"Uf, me asustaste. No vuelvas a hacer eso, por favor. Por cierto, ¿Ese era tu jarrón?"-Preguntó el líder.
"Si, señor. Es que fui por algo de agua y de seguro lo coloque mal y se rompió."-Respondió el Gogoba menor.
"Ya veo, solo ten precaución la próxima vez, no quiero otro disturbio a estas horas de la noche, más aparte con el viento que me molesta."
"Si, prometo que no volverá a ocurrir. Pero dígame, ¿qué quiso decir con el viento?"
"Pues resulta que mi casa ha estado mostrando grietas que le dan paso al aire. Mañana hablare con un arquitecto para que la arregle."
"Con que era eso, pues espero que descanse."
"Si, igualmente."
Acto seguido, los dos Gogobas se retiraron del vertedero con dirección a sus camas.
El líder, sin saber aún, un presentimiento inseguro lo llamaba; lo ignoraba por querer recostarse ya en su cama, para evitar sentir ese insufrible frío que abundaba en la noche, pero de todas maneras, la sensación se elevaba más. Ya cerca estaba de llegar y apresuró el paso, las pisadas del segundo Gogoba también se hacían fuertes, ¿Por qué este tipo todavía lo seguía? ¿Era un tipo de broma? De ser así, no causaba nada de gracia. Al voltear a su acompañante, este no vio nada, el miembro se esfumó de la nada.
"¿Se habrá retirado a su casa?"-Pregunto el líder, mirando sus alrededores por si el Gogoba no se trataba de ocultar.
"Bueno, parece que si se fue." Suspiró aliviado, entrando nuevamente a su cabaña. Mientras trataba de conciliar el sueño, leves crujidos de madera y hojas secas lo perturbaban, se esforzó aún más en dormir, pero los ruidos cada vez se hacían más fuertes, cosa que lo molestaba; de pronto, del crujir de las ramas, gorjeos misteriosos se harían presentes, a lo que ese fastidio que tenía se volviera cada vez en inseguridad e inquietud por lo que hay afuera. Los sonidos se intensificaban conforme más trataba de dormir, 3 o 4 minutos llevaba con eso, pero al llegar al minuto 5, susurros y murmuros desconocidos entrarían en escena; esto le provocó un miedo intenso, hasta que la puerta de su pequeña cabaña abriría lentamente. Se refugió entre sus sabanas para poder sentirse un poco más seguro de lo que haya entrado a su hogar, pero una voz familiar le preguntó:
"¿Esta bien, jefe?"
La pregunta lo tomó de sorpresa y al quitar sus telas, vería al mismo Gogoba de antes.
"¡¿Acaso los ruidos fueron tuyos?!"-Preguntó molesto y algo quebrado el anciano.
"¡¿Y qué haces aquí?!"
"No pues, solo escuche ruidos extraños cerca de tu cabaña y vine a saber si usted se encontraba bien."- Dijo con calma y algo de nervios el muchacho.
"¿Ósea que tú escuchaste eso también?"
"Si."
"¿Y que habrá sido esos sonidos tan raros?"
"¿Se refiere a las ramas?"
"No, eso no. Eran como... gargantas ahogadas y ásperas, que susurraban cosas inentendibles."
"Oh, pues no escuche nada de esas "gargantas" que menciona."- Respondió confundido el miembro del clan.
"Ugh, creó que debí haber sido yo, ser alguien de la tercera edad si que tiene sus desventajas." -Menciono el líder algo penoso por ello.
"¿No quiere que lo acompañe hasta que duerma?" -La pregunta del muchacho impresiono al señor.
"¿Hablas en serio?"
"Si, debe de estar alterado con la perturbación, así que pensé que algo de compañía le serviría para el sueño."
"Oh, con que es eso... Pues algo de compañía me vendría bien." -Dijo ya calmado de la situación.
Acto seguido, el muchacho se acercó a su jefe para poder acompañarlo, para que este pudiese dormir más rápido, el jefe le pediría al muchacho ir por un vaso de leche acompañado de un pedazo de pan que guardaba en su alacena; el joven fue a su diminuta cocina y traería el pedido al líder.
Gustoso de su merienda nocturna, agradecería a su visitante ya recostado en su cama.
"*Jadeo suave*Muchas gracias por eso. Tu idea si que resultó bien, ya siento como mi cuerpo se relaja."
"No hay de que, señor."
"Después de todo... Soy alguien que le gusta complacer a sus presas."
Lo dicho confundió al señor, y al mirar al muchacho se pasmaría de lo que vio. No pudo formar palabra alguna de su boca o mover algún músculo de su ya débil cuerpo, porque luego, la "cosa" le dijo en un tono suave e intimidante:
"Lo veo nervioso, señor, ¿Por qué no mejor se recuesta y se duerma... para siempre?"
Lo único que se oía de aquella cabaña, eran gritos ahogados acompañados del ruido de la carne machacada, pero aún así... nadie vino. Porque toda la aldea Gogoba... desapareció.
-Fin del prólogo
