Suga es un buen chico, por eso sabe que debe evitar tener ese tipo de pensamientos y sentimientos. Pensar esas cosas está mal, sobre todo si son sobre tu mejor amigo. Por eso, Suga buscará la menara de dejar de ser "así". Advertencia: Homofobia interiorizada, pero con final feliz :D
Ok, es la primera vez que escribo para este fandom, sepan perdonar si hay errores :,v
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Lloraba todas las noches, desde ese maldito día. Nada de esto estaría pasando, si sólo pudiera fingir que vivía en una dulce ignorancia. Pero ya no podía hacerlo.
Antes que nada ¿A que se debe tanto sufrimiento? Pues fácil, ser "eso" en una familia religiosa, no era nada fácil para el joven Suga.
La primera vez que le gustó un chico, Suga tenía 12 años. Tenía un vecino llamado Kai, quien tenía 16 años, y era genial. Jugaba Baloncesto es su escuela, era alto, un poco delgado, muy guapo. ¿Guapo? ¡Los chicos no encuentran guapo a otros chicos! Pero Kai tenía una gracia y magnetismo que hacían despertar cierto interés sobre todos a su alrededor. Tal vez era su cabello castaño, rebelde hasta la mitad de su cuello, sus ojos verdes almendrados, o su sonrisa de revista.
En fin, si Kai atraía la atención de todos, entonces esos sentimientos no eran algo raro ¿verdad?
Kai se mudó de ciudad, y sus sentimientos quedaron como una ligera anécdota sin importancia.
A la edad de 14 años, su mejor amigo Daichi consiguió su primera novia. Su nombre era Yui. Suga sabía que ella era bella, pero él mismo no la encontraba bella.
Pero, es más, Suga podía ver todos de actrices famosas y calificarlas como más o menos guapas, pero no las "sentía" más o menos guapas. La situación no era la misma cuando hablaban de actores y músicos. Cuando Suga miraba los videos musicales de algunos artistas masculinos, no podía evitar sentir cierto cosquilleo en su estómago y sus manos. Eso nunca pasaba con las artistas de género femenino.
En su segundo año sospechó que él podía ser "ese" tipo de persona. Pero eso no podía ser. Sus padres lo amaban, y siempre habían sido buenos y responsables con él. No habían hecho nada malo como para que el fuera "así". Suga consideraba que le faltaba experiencia con el género contrario, y entonces se solucionaría el problema.
Daichi terminó con Yui a principio de ese mismo año. Suga consiguió su primera novia.
Suga podía decir que Minami era "linda", pero no la "sentía" guapa. Aun así, la chica era muy inteligente, la primera en casi todas las materias, y muy simpática. La novia perfecta para un mimbro del equipo de volley. Fue una lástima que ella terminara con él a los pocos meses por falta de interés. Suga se sintió mal por que ella tenía razón. Se sintió culpable por que Minami era una gran persona, que merecía todo el interés y amor de su novio, el problema es que él nunca estuvo interesado ni enamorado.
Suga siempre se arrepentiría de haber hecho llorar a una chica.
Al menos su padre se veía un poco más aliviado.
En su tercer año, Suga seguía poniendo excusas. Pero no pudo más cuando después de un tiempo, durante un campamento de entrenamiento, Kenma y Kuroo anunciaron su relación. ¡Dos chicos juntos! ¡Eso no podía ser! ¡Estaba mal y era asqueroso!
En el campamento ambos no tenían miedo de expresarse cariño. Aunque no había besos, y los abrazos entre ambos tampoco eran muy efusivos, era evidente que existía cierta aura alrededor de ambos que correspondía a una pareja enamorada.
Suga solía ser el más observador del equipo, el podía comprender los deseos de mejorar de Hinata. Se acercaba a Kageyama cuando este recordaba su soledad. Trabajaba con Asahi para mejorar su autoestima. Calmaba a Tanaka y Yuu cuando se frustraban demasiado. Pero puso una gran distancia con los chicos del nekoma, y por motivos que aún no comprendía, mantenía su distancia de Daichi también.
Todos notaron ese extraño comportamiento. Suga jamás era frío con nadie. Pero siendo Daichi su mejor amigo de toda la vida, consideraron que era mejor dejarle a él el trabajo de averiguar qué sucedía.
Suga dijo "nada, estoy bien", pero Daichi sabía que no era así. Además, todo el ambiente del grupo cambiaba cuando Suga se encontraba de mal humor. Probablemente por que su estilo fresco y tranquilo neutralizaba la energía de explosiva de los de segundo (y Hinata) y la personalidad más sombría y fría de Kageyama y tsukishima. Suga funcionaba como un equilibrio de calidez y tranquilidad que, ahora mismo, no se encontraba presente. Todos lo notaron, pero nadie comentó nada.
Pero la situación iba de mal en peor. Con el pasar de los días, Daichi se acercaba siempre más a él. Primero notó su aroma, una mezcla de colonia de menta y una biblioteca. Sobre todo le gustaba el aroma después del entrenamiento. Algo había en Daichi cuando se encontraba sudado, cansado, y masculino, muy masculino.
A Sula le ponía nervioso su cercanía.
Apenas volvieron a Miyagi, notó sus manos. Eran fuertes, grandes, y tenían varias asperezas por los largos días de entrenamiento. Suga no solo quería entrelazar su mano con la de su amigo, quería que esas manos acariciaran su cara, su cuello, su… ¡Mejor dejaba de pensar en eso!
Para cuando terminó la semana, Suga estaba completamente pendiente de Daichi. De su espalda amplia y protectora, sus fuertes brazos, sus trabajadas piernas, su abdomen plano. Nada podía decir de sus cálidos ojos, amable sonrisa, y rostro perfecto.
A Suga ahora no solo le incomodaba pensar que el podría ser "eso", sino que, le gustara su mejor amigo sería peor todavía. ¡Era una traición! No quería que su mejor amigo, el más grande apoyo de su vida se sintiera tan asqueado como se sentía él mismo. Porque… que un hombre sienta esas cosas por ti es asqueroso ¿verdad?
Tras ese campamento, tras ese maldito día en que vio a la parejita del nekoma, Suga no tenía más excusas. Él era "eso". Y ser "eso" le daba asco. Le daba asco sí mismo, y evidentemente, si su familia o amigos lo descubrían, estarían de acuerdo con él.
Buscó en internet si podía curarse de "eso". La gran mayoría de páginas decía que no, pero encontró una que sí. ¡Tenía esperanza!
Suga intentó hacer los pasos uno a uno.
Lo primero, Intentó dejar de pensar en Daichi.
Era difícil por que era su mejor amigo, y por el volley, estaban siempre juntos. Al menos intentaba estar más cercano al resto del equipo. Por ejemplo, ya no almorzaba solo con Daichi, sino que hacían grupo con los demás del equipo, chicos de su clase, o incluso un par de chicas. Además, en los entrenamientos se preocupó más que nunca de los chicos de primero, estando siempre al pendiente de ellos, haciendo correcciones y practicando los remates.
Había un momento al día del que no podía escapar, y no le quedaba más alternativa que quedarse a solas con el capitán. Al ser él mismo el vicecapitán, ambos estaban obligados a ser los últimos en irse y cerrar el gimnasio. Sus casas quedaban en la misma dirección, por lo que no tenía sentido separarse. En el camino de vuelta, normalmente, al menos dos veces a la semana Daichi pasaba por la casa de Suga o viceversa, pero desde ese (fatídico) campamento, Suga rechazaba a Daichi, y tampoco le invitaba a su casa.
Al principio todo iba bien, pero su amigo empezaba a sospechar.
- ¿Estás seguro de que estás bien? – Le preguntó Daichi
- No te preocupes, estoy bien
- ¿Vamos a comprar algo para comer? Hace una semana que no pasas por mi casa después del entrenamiento – Suga extrañaba esas tardes con su amigo, exhaustos después de entrenar, pero no podía.
- Lo siento, no puedo
Daichi conocía a su amigo, y tenía una vaga idea de cual podía ser el problema. ¿A quién intentaba engañar? Siempre lo supo. Le quería decir que el sentía lo mismo, que le quería más que como amigo. Pero su situación era diferente.
Daichi les dijo a sus padres que era bisexual de forma muy casual. En una tarde de viernes durante la cena, su madre le preguntó:
- ¿y esos ojos de enamorado? ¿Nos vas a presentar a una nueva novia? – A Daichi le gustaba tener tanta confianza con sus padres, era cómodo.
- No estoy con nadie, pero me gusta un chico
- ¿Te gustan los chicos? – Preguntó su padre, algo sorprendido, pero sin hacer escándalo de ello
- Mi exnovia me gustaba, pero ahora me gusta un chico – Debía admitir que se encontraba un poco abrumado, y confundido.
Su madre empezó a recoger los platos de la mesa, y en el camino a la cocina, le dio dos palmadas en la cabeza, terminando la conversación con un:
- Espero conocerlo pronto.
A Diachi le hubiera gustado decir que ya le conocían, que iba a la casa casi día por medio después de entrenar, que era su mejor amigo. Daichi confiaba en sus padres, pero de momento quería guardar ese sentimiento para sí mismo, mientras averiguaba la forma de acercarse a su amigo de forma más romántica.
Por otro lado, Daichi sabía que la situación de Suga era muy diferente. Sus padres eran religiosos, muy religiosos. Jamás aceptarían algo así. Ninguno de los dos eran personas de política, pero siempre habían votado por personas y partidos extremadamente conservadores. Daichi no hablaba mucho con ellos, por que eran personas algo distantes, pero no daban vibras de aceptación o compañía. Por ese motivo, Daichi esperaría.
Esperaría y acompañaría a Suga en todo momento.
Aun así, era doloroso ver a su amigo alejarse de él, pero en cada oportunidad, le diría que él estaba siempre disponible, que siempre sería su apoyo, y, antes que nada, era su amigo.
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La primera vez que todo el equipo vio a Suga realmente enojado, todos se sorprendieron mucho. Mientras practicaba pases, semanas después del campamento volvió a surgir el tema de Kenma y Kuro.
- Si se quisieran casar tendrían que viajar a otro país, ¡eso es triste! – comentó Yuu después de recibir de manera perfecta.
- Deberían aprobar el matrimonio igualitario en Japón – comentó Hinata
- Me sorprende que puedas tener ideas políticas con tu diminuto cerebro – le molestó Tsukishima, empezando las típicas peleas del club.
Daichi hizo callar a todos, y funcionó por un tiempo.
- Si algo así se aprueba, Dichi y Suga podrían casarse, y ser oficialmente nuestros papá y mamá – Se rió Tanaka.
Todos se rieron de la situación, imaginando escenarios en donde eso pasaría. Eran chistes malos acerca de "la familia feliz karasuno". El ambiente era divertido y gracioso, excepto por Suga.
- ¿Qué sucede Suga? – le preguntó Hinata en medio del ataque de risa colectivo.
- ¡No es divertido! – No había gritado, pero se notaba su molestia. Todos se callaron al ver a la "mamá" enojada – Continúen el entrenamiento, debo ir al baño.
El resto de la práctica tuvo un ambiente algo tenso. Tanaka apartó a Suga para disculparse con él en caso de que algo le hubiese molestado, que no era su intención ofenderle diciéndole "mamá". Suga se sintió culpable, y le dijo que todo estaba bien, y le perdonara de vuelta por enojarse por algo sin importancia.
Daichi vio el intercambio con un poco de pena.
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- Sabes que soy tu amigo, sin importar nada, y siempre estaré a tu lado, ¿Verdad Suga?
- Lo se Daichi
- Sólo debes tenerlo presente, con eso me basta.
Se despidieron en la calle que separaba sus casas, y cada uno se fue por su lado.
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La segunda instrucción de la página para dejar de ser "eso" era intentar masturbarse pensando en chicas. Nada de pensar en chicos, nada de chicos con cabello negro, nada de chicos con cabello negro y ojos obscuros, personalidad paternal, capitanes de equipo y mucho menos amigos. ¡Chicas! Debía pensar en chicas.
Empezó pensando en su última exnovia. Minami tenía el cabello negro también, pero eso era una coincidencia. Tenía un pecho pequeño pero firme, la piel suave, ojos color miel y labios rosas.
Bajó su mano lentamente por su abdomen, manteniendo la imagen de sus labios sabor a fresa y perfume de rosas. Intentó recordar esas pocas sesiones de besuqueo en su habitación… su habitación… pelo negro, sería genial si Minami hubiese tenido el pelo un poco más corto.
La imaginó así, el cabello más corto, y la piel un poco más áspera. Un aroma un poco más fuerte y menos dulce. Ojalá y dejara marcas en su propia piel blanquecina con sus manos algo ásperas… un poco más alto, el pecho aún más plano… manos gruesas.
¡No!
Tal y como decían las instrucciones, apartó esa imagen de su cabeza. ¡Chicas! ¡Debe pensar en chicas! La página decía que por ningún motivo debía hacerlo con un video porno, pero a este paso no iba a funcionar.
Puso uno, sólo para probar, y de inmediato entendió por qué.
Suga se imaginó a si mismo como la chica, y lo mucho que le gustaría recibir, recibir a su amigo.
Daichi jamás debía enterarse de eso, o si no le dejaría de hablar para siempre.
Suga lloró de solo pensarlo, aunque ya se estaba acostumbrando a hacerse ovillo en la cama y evitar que su sollozo se escuche.
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La relación entre Daichi y Suga se distanció más todavía. Suga no podía ver a Daichi a los ojos pensando en lo que había hecho con su imagen y recuerdos.
Daichi quería darle especio a su amigo para que este analizara sus sentimientos por sí mismo. Le conocía bien, y sabía que presionarlo sería una mala idea.
- ¿Cómo estás Suga? ¿Listo para entrenar?
- Sí – Suga se puso las zapatillas rápidamente, y se fue con los de primero
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Suga ya no podía más. Fue pura coincidencia que ese día su padre comentara muchísimas cosas muy despectivas sobre "ese" tipo de personas. Inocentemente, y solo para tantear, Suga preguntó:
- ¿Por qué es tan malo?
Su padre sólo respondió sobre lo antinatural que era todo eso, lo asqueroso, y los pobres niños que deben ver ese tipo de asquerosidades en la televisión, en la calle, en la radio. Era horrible que "ese" tipo de personas quisiera convertir a los niños.
Suga no pudo evitar estar de acuerdo, y sentirse igualmente asqueroso.
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- Sabes que eres mi amigo, y me puedes decir lo que sea – Suga ya sospechaba, o era más que evidente, que Daichi sabía que algo andaba mal con él. Pero temía que, si se enteraba de los detalles, lo odiaría por siempre, así que le respondió lo de siempre.
- Estoy bien, no me pasa nada.
- Si necesitas algo, siempre puedes venir a mi casa, sin llamar ni preguntar, siempre estoy disponible para ti
- Lo sé – llegaron al punto de separación de siempre.
Ninguno de los dos se esperaba, que ese mismo día le cobraría la palabra.
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Suga sabía que algo andaba mal cuando al llegar, recién a las 7 de la tarde, estaban sus dos padres en casa. Estaban sentados en el cuarto de estar, con expresiones serias en sus rostros. Al llegar y saludar, ninguno de los dos le miró a los ojos.
Suga supo que ya nada sería como antes, cuando su madre le muestra su historial de búsqueda en su computadora, y una página que decía "¿cómo dejar de ser gay?".
Suga no se acuerda mucho de qué sucedió exactamente durante esa conversación. Aunque hay dos cosas que nunca va a olvidar. El sonido de las lágrimas de su madre, y el grito de "No tienes cura, estás enfermo" de su padre.
Suga sólo tenía un bolso con su uniforme del colegio, el uniforme del club, algo de ropa, su cepillo de dientes, su celular y cargador.
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Daichi abrió la puerta a su amigo cuando su familia estaba por sentarse a la mesa. Daichi, con la sola imagen que estaba frente suyo, podía darse una idea de qué había pasado.
Pusieron un plato más en la mesa. Suga intentaba participar en la conversación, y pedir disculpas por la intromisión. Los padres de Daichi, con un corazón tan grande como el de su hijo, sospechaban que algo estaba mal, pero por esa noche le dejarían dormir, y hablarían con él al día siguiente.
Por fin, la cena terminó, y ambos amigos subieron a la habitación. Suga entró primero, y se lanzó con confianza a la cama de su amigo, como muchas otras veces.
Daichi cerró la puerta, y se acercó a su amigo. Suga, acostado, se tapaba la cara con sus brazos, pero sus sollozos eran audibles. Daichi se sentó a su lado, sabía que solo debía esperar unos últimos segundos.
- Daichi… estoy enfermo… es asqueroso… - Suga ya empezaba a hipar, o incluso hiperventilar. No dejaba que su cara fuera visible.
Tal declaración, tristemente, no le sorprendía. Daichi conocía a los padres de Suga, sabía como eran, y sabía lo que podían inculcar en los hijos.
- No lo eres
- Me gustan los chicos, soy…
- Ya lo sé – Suga dejó de temblar y sollozar – Siempre lo he sabido – Le repitió para que le quedara más claro
- Pero…
- A mi también me han gustado chicos. Me gustan también las chicas, pero, ahora mismo, me gusta un chico ¿Crees que es asqueroso?
- ¡Por supuesto que sí! – Suga intentó incorporarse en la cama, pero Daichi lo evitó, acostándolo de nuevo.
- No es asqueroso Suga, es normal. Hay chicos que les gustan los chicos, y chicas que les gustan las chicas. ¡Todos en el karasuno hablan con normalidad del tema! Los homofóbicos son tus padres, quienes traspasaron su homofobia hacia ti.
- Pero yo… no puedo ser homofóbico, si soy… "eso"
- Muchas personas como nosotros son homofóbicas, es homofobia interiorizada, pero no es tu culpa
Suga parecía estar pensándolo, pero no lo veía convencido. Era obvio. Años de sentirse mal consigo mismo no iban a desaparecer con una charla de minutos, menos con todo el estrés de ese día.
Antes de dormir, Daichi en un futón, y Suga en la cama, el primero le recordó:
- Somos los mejores amigos, y siempre estaremos juntos, no importa el que, ¿Verdad?
- Sí
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Daichi explicó la situación a sus padres, y estuvieron de acuerdo con dejar a Suga quedarse en su casa. Aunque también le dijeron a Suga que debería hablar con sus padres, al fin y al cabo, en dos meses acaba la escuela, y en poco tiempo debe ir a la universidad, y eso implica hablar de carrera, universidad, trabajo de medio tiempo, localización, gastos, etc.
Daichi estuvo de acuerdo con acompañarle.
Por su trayectoria en el karasuno tanto deportiva como académica, la universidad en Tokyo le pagaba gran parte de los estudios. Sus padres estuvieron de acuerdo con pagar lo que faltaba, y Suga viviría en los departamentos estudiantiles de la misma universidad, y se lo costearía con un trabajo de medio tiempo. Aun así, en los 60 minutos que duró la reunión, no hubo una pizca de reconciliación.
- Fue mejor de lo que esperaba, sinceramente – comentó Suga mientras caminaban de vuelta a la casa de Daichi
Daichi le abrazó por el hombro. Suga no le rechazó, pero se sentía algo culpable de disfrutar tanto ese calor y cariño en silencio.
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En la escuela, Suga terminó por contar lo que sucedía. Los chicos eran unos chismosos, y tarde o temprano de enterarían.
Tenía miedo del rechazo, pero Daichi le insistió una y otra vez en que, al decirlo, se sentiría mucho mejor y en paz. Después de todo, ese tipo de secretos era como llevar una mochila con piedras. Es un esfuerzo inútil y cansador, que te desgasta poco a poco. ¡Mejor soltarlo de una vez por todas!
"Estoy viviendo estos últimos dos meses con Daichi porque… mis padres descubrieron que… me gustan los chicos y a mis papás no les gusta". Todos los chicos se sorprendieron. Suga estaba completamente sonrojado, listo para el rechazo.
"Era esperable" Pensaba Suga "Después de todo, es un asco". Pero sus amigos lo miraron comprensivo. El primero en aligerar el ambiente fue Tanaka, quien le abrazó fuerte diciendo:
- "Pues tendremos que entrenar el doble, considerando que mamá y papá ahora viven juntos, podemos imaginar que entrenan todavía más en casa, nada de holgazanear".
Tras eso el ambiente recreativo del gimnasio volvió a la normalidad, pero Suga no lo comprendía… ¿No les daba asco? Iba a agregar algo más, pero Daichi le interrumpió incluso antes de decir algo. No tenían tiempo que perder, debían entrenar.
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El camino de vuelta a casa ese día fue tenso. Daichi tomó a Suga de un brazo, y en lugar de ir a casa por el camino de siempre, le llevó al parque que quedaba de camino. En el parque había un sitio un poco más apartado detrás de unos matorrales, de vez en cuando había parejas besuqueándose, pero por suerte esa tarde estaba vacío.
- ¿Pasó algo malo en el entrenamiento?
- Es que no entiendo…
- ¿Qué no entiendes? – Se sentaron uno al lado del otro en el pasto.
- Todos me trataron y entrenaron como siempre...
- Es lo mismo que cuando Kenma y Kuroo empezaron a salir… a nadie le importa mucho realmente
Al parecer las palabras no fueron las adecuadas. Pudo ver como el color acaparó el rostro de Suga. La verdad, era imposible que tarde o temprano todos los sentimientos de Suga explotaran.
- ¿¡A nadie le importa!¡ ¡A mi sí! ¡Y a mis padres también! ¡A todos les importa! Y si actúan de forma normal… ¡No tiene sentido! ¡No lo entiendo! ¡Es asqueroso, es horrible! ¡Y tú! ¡Tú me dejas dormir en tu cama como si nada! Como si yo… fuera norm…
Fue interrumpido por un abrazo, fuerte y amplio.
- No lo quise decir así, no es ese sentido de "no importar". Lo que quería decir, es que independientemente de cualquier cosa, todos en el karasuno son tus amigos, y yo soy tu mejor amigo. Nadie lo ve como algo malo. Por eso, no es que no sea importante, lo es para ti, pero eso no cambiará nada.
Suga estaba cansado, cansado de todo, cansado de pensar. Sólo quería descansar, quería sacarse la mochila de piedras, pero no podía.
- Yo…
- ¿Tú lo ves como algo malo? ¿Realmente es malo lo que hay entre los chicos del nekoma?
Suga lo pensó un momento…
- No realmente
- ¿Entonces por qué sería algo malo para ti?
Suga cayó en cuenta
- No lo sé
El abrazo le estaba asfixiando, pero lo necesitaba. Ya no podía más. Se aferró más a ese fuerte cuerpo que se le ofrecía de apoyo, y dejó sus lágrimas caer. No eran lagrimas solitarias como el día que llegó a la casa de Daichi. Eran lágrimas más violentas. Lágrimas de rabia, de frustración, de cansancio, de auto tortura. Un llanto escandaloso. El ruido no era un leve sollozo, eran alaridos de dolor. Estaba cansado, increíblemente cansado.
- No hay nada malo contigo Suga – Esas palabras, lejos de hacerle sentir bien, sólo le dolían más, pero al mismo tiempo le aliviaban. Daichi le mostraba con paciencia lo equivocado que estaba. Al mismo tiempo que sentía frustración, rabia y pena, se le abrían nuevas oportunidades.
Suga no respondía, sólo se desahogaba.
- Todos en el karasuno te amamos, iremos juntos a Tokyo, estudiaremos mientras jugamos volley, y haremos nuestros sueños realidad.
Los sollozos continuaban. No sabían cuanto tiempo había pasado. ¿Minutos? ¿Horas? Cuando por fin descargó todo, por fin pudo responder.
- ¿Lo prometes? – Alejó su cabeza de su pecho, para poder mirarle, estaba cerca… muy cerca.
- Lo prometo
Daichi hubiese querido terminar ese momento con una confesión y un beso, pero Suga estaba recién empezando a reconstruir una casi inexistente autoestima.
Podía esperar un poco más, en especial si Suga le volvía a mostrar una de esas maravillosas sonrisas que no había sido capaz de ver desde hace meses.
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Daichi y Suga fueron juntos a Tokyo, pagando el departamento estudiantil a medias. No era difícil, pues al ser de la universidad tenían precios accesibles, y con un trabajo de fines de semana podían costearlo. Los padres de Suga cumplieron su promesa de pagarle el resto de la matrícula que su beca no pagaba, y ambos jugaban volley en el equipo de la universidad. Aunque no apuntaban a las ligas profesionales como algunos de sus compañeros de equipo, y ex compañeros del karasuno, de todas formas, se lo pasaban bien junto al resto de compañeros, entrenando de forma más bien recreativa.
En la universidad, por segunda vez en su vida Suga conoció a una pareja de hombres, y se hizo amigo de ellos. Era genial por que vivían en el mismo edificio, a pocas puertas de distancia, por lo que a veces cenaban los cuatro juntos.
Meses después de conocer a Jun y Eiji, estos dos les preguntaron si tenían novias. Daichi se sorprendió cuando escuchó a Suga, por primera vez en su vida decir.
- No tengo novia, porque soy gay
La conversación entre los cuatro continuó de forma fluida, como si ese comentario no fuera tan importante.
Pero Daichi sabía que, para Suga, decirlo en voz alta por primera vez, implicó todo un viaje de autoaceptación y auto amor que no había sido nada fácil, ni corto.
Quedó más impresionado, por que el primero en confesarse fue el mismo Suga, y él, felizmente, aceptó sus dulces sentimientos.
Fin
O tal vez me animo a hacer un extra o.0
