Semi-AU | OOC

Sumire y Kawaki en sus veinte años.


Chocolate de taza.

Sumire & Kawaki


Sumire masajeo sus hombros para tratar de relajar el nudo en su tensa espalda.

Katasuke le había pedido revisar unos proyectos con actitud crítica y había estado encerrada en su oficina por dos días seguidos. Era una suerte que en la corporación tuvieran estancias donde comer y tomar un baño.

Por suerte había culminado su trabajo y acababa de enviarle su respuesta a su maestro.

Se levantó de la silla y se ubico frente a la pared de cristal, para observar los edificios que formaban parte de Konoha. Pero más que eso, observó los copos de nieves cubrir los tejados. Fue cuando recordó que pasado mañana sería fin de año.

Y dos meses después, se cumplirían tres años que Konoha y la tierra, habían logrado vencer en la guerra contra el masivo ataque de los Otsutsuki.

Se volteó cuando la puerta fue abierta. Sumire alzó una de sus finas cejas al observar a esa persona ingresar a su despacho. Sin un 'buen día', o siquiera haber por lo menos tocado a la puerta para empezar.

Pero lejos de estar enojada, solo sonrió con sarcasmo. Y es que a esas alturas estaba más que acostumbrada a su falta de modelos. Aunque podía admitir que había mejorado un -mucho-poco, pero conociéndolo era mejor callar y no hacérselo y solo dejar que siguiera fluyendo en su crecimiento como persona.

—Ya sabes, has tu trabajo. — gruño mientras cerraba la puerta.

—Tus modelas siguen igual de malos que cuando eras un chiquillo — lo acusó mientras caminaba hacia la camilla. — Vamos, tonto, tomar asiento.

—Podría quejarme de que la Doctora Sumire no tiene ética profesional con sus pacientes.

—Ambos sabemos que no harías tal cosa — Sumire palmeo su hombro con la confianza que solo los años conociéndose le permitía tener.

Kawaki tomó asiento y se remango la manga izquierda de su chemise. Mientras Sumire examinaba su brazo simbiótico, como era habitual que ocurriera, no pudo evitar mirarlo de reojo en varios momentos.

Ella no podía evitar recordar ese chiquillo que provoco una guerra y termino arrepintiéndose al ultimo minuto. A veces, incluso, no podía evitar que tenían cierto parecido con eso en sus vidas.

—Se supone que revises mi brazo, no mi rostro.

—Si que que estas mas huraño de lo usual. No puedo evitar preguntarme que te sucede.

—No me sucede nada. Termina rápido con eso para irme a mí apartamento.

Sumire le pellizco el hombro, ganándose una mirada molesta del joven.

—Ni el chocolate de taza es tan amargo como tú — le soltó sin verse afectada por sus palabras.

—¿Por qué me comparas con un chocolate? ¿tienes cinco años?

Sumire río.

—No puedo evitarlo. Pero si, eres como un chocolate de taza. Amargo, pero que se las arregla para seguir gustando a mucha gente.

Kawaki la miró de reojo.

—¿Te gusta el chocolate amargo?

Sumire se detuvo de mover su mano sobre el brazo artificial del chico y lo miró. Y no pudo evitarlo, termino bromeando un poco con él. Kawaki, por alguna razón, la tentaba a querer acabar con su poca tolerancia a las chanzas.

—¿Estás coqueteando conmigo? — Sumire sonrió divertida al percibir un pequeño rubor en las mejillas del chico pese a que su mirada seguía tan huraña como al principio.

Tener que seguir revisando su brazo simbiótico, le había permitido a Sumirer apreciar gestos que quizás el que no le hubieran asignado tal tarea le hubieran privado de poder descubrirlos.

—¿Te volviste loca? ¿acaso estas falta de atención masculina? ¡Auch!

—No puedes hablarle a una chica así, Kawaki — lo señalo con sus dedo acusatorio tras darle otro pellizco. — ¿Enserio piensas conquistar a una chica de esa manera?

—No me interesa.

Sumire se quitó un guante cuando hubo terminado.

— ¿No te llama la atención alguna chica?

Kawaki arrugó la frente.

—¿Por qué estamos teniendo esta conversación? — se acomodó la manga de su camisa y se levantó para quedar frente a Sumire. — Creo que te estás tomando muchas confianzas. Solo eres mi doctora. — Y pasa su misma sorpresa, le dio un suave toquecito en la frente a Sumire.

Sumire hizo un ademán con la mano.

—Deja de hacerte el duro, se muy bien que somos amigos.

Kawaki esbozo una sardónica mueca.

—En tus sueños.

Sumire negó con una sonrisa.

—Bueno, está bien, entiendo. Tus únicos amigos son Boruto-kun, Sarada, Mitsuki y Hima.

Sumire camino hacia su escritorio para tomar el expediente de Kawaki y anotar unas cosas de la revisión. Sin ella verlo, él se le quedó un poco mas de la cuenta. Así era ahora en su edad adulta, donde sin pensarlo dos veces se encontraba prestando con mucha atención en lugares que antes ni sentía él interés de hacerlo.

Sobre todo con ella. No, se corrigió. Únicamente con ella.

—¿Cuanto tardarás en pedirle a Boruto salir?

Sumire dejó de anotar y miró a su paciente. Sus palabras la habían tomado desprevenida. Sintiéndose un poco nerviosa, observó de nuevo la carpeta hasta que la cerró. Había pasado mucho tiempo desde que alguien le recordaba sobre sus sentimientos por Boruto.

Al menos los que una vez tuvo.

—Eso es pasado — dejó la carpeta en el escritorio — Y es curioso, la misma persona me ha sacado el tema dos veces.

—Enserio me dirás que ya no sientes nada por Boruto — Kawaki la miró impresionado. — Vamos, incluso casi mueres por interponerte en un mortal ataque hacia él. — Y se cruzo de brazos.

Sumire camino hasta ubicarse de nuevo frente a su alto e imponente cuerpo.

—Kawaki, si bien en ese momento me sentían muy enamorada de Boruto, no necesariamente haría eso solo por el hombre que amo. Podría hacerlo por todos mis amigos. — Y sin pensarlo dos veces, coloco sus manos sobre sus antebrazos. Y por fortuna Kawaki no se aparto.

—Entonces debo creer que harías lo mismo por mi.

Sumire parpadeo, no esperando ese tipo de pregunta por su parte.

Una pequeña sonrisa enternecida broto de sus labios femeninos.

—Ya te lo dije, somos amigos.

Kawaki miró a la chica fijamente, en esos segundos que ella aun le sonreía algo se movió en su pecho. No, en realidad. No era la primera vez que ocurría. La señora Hinata le había dicho lo que podría hacer y admitía que eso lo asustaba.

Un loco como él albergando esos sentimientos. Ver para creer.

Elevó sus manos para tomar las de Sumire y quitarla de sus brazos con suavidad.

Kawaki paso una mano por su cabello azabache. Su carácter apaciguándose un poco.

—Ya que te gusta el chocolate de taza, ¿vamos a tomar un poco? Hacer un frío de mierda. Y puede que luego de eso admita que somos amigos.

Sumire suspiró resignada. Ese chico era imposible.

Se quitó su bata blanca y en venganza tomo al chico de un brazo, haciéndolo gruñir.

—¿Qué haces? Tampoco hace tanto frío — Y Sumire volvió apreciar aquel tímido rubor.

—Solo cállate y acepta ir conmigo de esta manera.

Kawaki gruño, pero cuando Sumire iba alejarse divertida, él no la alejó para su sorpresa.

Y solo en ese momento, cuando él la miro como nunca antes lo había hecho, fue ella quien se sonrojo y sintió algo cálido removerse en su pecho, por primera vez en mucho tiempo.

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Nunca imagine hacer un KawaSumi, pero me ha gustado y seguro haré más. Si mis seguidores BoruSumi siguen ahí, no se preocupen, BoruSumi sigue siendo mi hermosa OTP de la serie.