Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. La historia está ubicada después del último episodio del anime / post Jinchu. En un inicio mi idea era terminar con la partida de Megumi y Sano pero esto ha evolucionado y he decidido continuar con el desarrollo de la relación KxK. Una historia centrada en cómo Kenshin logra finalmente vivir en el presente y que ocurre con él después de estos eventos.
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Kaoru miro por sobre su hombro una vez más antes de dirigirse a la casa de su amiga, había logrado dejar atrás a los hombres que la acompañaban después de mucho esfuerzo, insistiendo en que debían de aprovechar de seguir comiendo mientras ella veía los asuntos del festival junto con la directiva ya que ella había quedado más que satisfecha con la cena.
Tras unos palabreos entre ella y Yahiko logró separarse del grupo sintiéndose un poco culpable por ocultarle a Kenshin su incomodidad, el pelirrojo la había observado con una atenta mirada que decía que sabía que ella estaba prácticamente arrancando del lugar.
Suspirando, giro en la esquina que llevaba a la entrada principal de la casa de Tae pero se detuvo al percatarse a la joven del Kimono celeste, la misma que la había defendido la primera vez que se enfrentó a la directiva del festival, discutiendo ofuscadamente con un hombre que por sus ropajes demostraba que no llevaba un buen vivir. La pelinegra llevo su bokken a su pecho y se detuvo esperando no importunar.
- te dije, aún me debes…no alcanza con lo que me has dado – amedrentó el hombre a la mujer.
- te pedí que no vinieras a los lugares donde nos pueda ver mi madre – susurro la chica asustada.
- y yo te pedi 200 yenes no 50, con esto no llegarás muy lejos…
- te los daré, ¡los estoy consiguiendo! – la chica retorció sus manos preocupada.
De pronto el hombre sacó una wakizashi y apuntó a la joven haciendo que esta retrocediera llevando sus manos a su pecho asustada.
- una semana… si en una semana no traes el dinero…olvídate de Occidente
- ¡oye tú! – Kaoru reacciono sin pensar, apuntando con su bokken al hombre se acerco a la mujer – ¡deja de acosarla!
- ¿eh? – el hombre se volteo rápidamente y al verla sus ojos se abrieron considerablemente – ¡de nuevo tú!
-¿eh? – esta vez fue el turno de Kaoru de quedar confundida.
El hombre retrocedió dando una última mirada a la joven y guardando su espada salió corriendo sin mirar atrás.
La joven se volteo rápidamente al oír la voz de la pelinegra y asustada corrió hacia ella para tapar su boca y así evitar que volviera a gritar.
-shh…. Kamiya san por favor shhhhh – la silencio la chica con una mirada temerosa.
Kaoru se deshizo de su agarre retrocediendo unos pasos guardando su bokken de mala gana. Viendo que el hombre ya había desaparecido se volvió hacia la joven que la miraba con ansiedad.
- ¿estas bien?, disculpa no sé tu nombre – respondió Kaoru desconfiada.
-Tanaka, Usagui Tanaka des – se presento la chica inclinándose respetuosamente.
-¿Usagui...Tanaka? será que…- respondió sorprendida la kendoka analizando el rostro de la chica.
- ¡Usagui Chan! – de pronto la voz de una mujer llamó su atención.
Corriendo en su dirección venía Akihiro Tanaka, seguida muy de cerca por Tae y uno de los hombres que participaban de la organización del festival. Kaoru hizo una mueca de disgusto al darse cuenta de la relación que unía a ambas mujeres.
- ¿por qué demoraste?, ¡dijiste que tan solo irías entregar un paquete! – le recrimino la mujer tomándola del brazo y alejándola de la Kendoka.
- gomen okasan…-se disculpo Usagui
- qué hacías afuera con esta mujer – dijo despectiva – ¿y los gritos que oímos? ¿por qué el escandalo?
-okasan por favor no seas molesta – se quejo la chica zafándose del agarre de su madre – no le faltes el respeto así a Kamiya San, ella no me ha hecho nada…
-¿entonces que hacían acá? – dijo la mujer cruzándose de brazos
- no tiene importancia, entremos y cerremos los detalles pendientes – dijo Usagi tomando de la mano a Kaoru indicándole que la siguiera.
La pelinegra guardo silencio tratando de entender lo que acababa de suceder, Tae asintió y las siguió de cerca obligando a Akihiro a seguirlas. Una vez adentro regresaron al salón donde habían estado organizando la ruta de la caravana del día del festival. Kaoru dejo que el resto hablara y tan solo asintió cuando le preguntaron si estaba bien la ruta escogida. Usagui le dedicaba miradas nerviosas y por un segundo la pelinegra se arrepintió de haberse levantado de la mesa donde estaba Kenshin y los demás.
Tras una intensa conversación sobre si la comida para los representantes internacionales debían ser servidas en el interior o exterior del Akabeko, Kaoru considero que no había nada en lo que ella pudiera aportar realmente y sintiendo que su mente se había calmado lo suficiente tras la incomoda situación sucedida a las afueras de la casa de Tae, decidió que era hora de regresar con su gente y dar cara al maestro de Kenshin la próxima vez que este la incomodara.
-ejem- aclaro su garganta la joven – veo que están manejando todo con sumo cuidado
-gracias Kaoru chan – sonrió Tae y parte de la comitiva.
- no veo en qué puedo ayudar más que dar lo mejor de mi ese día en la caravana…creo que la organización esta en buenas manos.
- ¿quiere decir que vas a dejar que nosotros hagamos todo el trabajo? – intervino Akihiro cruzando sus brazos.
Kaoru se tenso por unos segundos pero sintió la mano de Usagui en su hombro tratando de calmarla.
- estoy segura que no será fácil tener que prepararte para ese día – dijo la joven con una sonrisa forzada – mucho ritual de maquillaje, vestuario, ensayar para caminar de manera elegante, mantenerse en el papel además de organizar los juegos en el dojo para ese día… Kamiya san creo que harás lo suficiente por este festival…
Kaoru se sonrojo al sentir todas las miradas fijas en ella y asintió suavemente agradeciendo la clara defensa que la joven se había atrevido hacer. Akihiro dejo escapar un suspiro decepcionado y levantando las manos en señal de derrota guardo silencio no sin antes dar una hostil mirada en dirección de la kendoka.
- te acompañare a la salida – dijo la muchacha quien en ese momento se levanto dejando ver escondido entre su escote del kimono un collar de evidente estilo occidental.
Kaoru lo observo curiosa pero decidió no hacer comentario al sentir aún la mirada aguileña de la madre de la chica sobre ella. Siguiendo a la chica de kimono celeste, cabello liso y largo azabache pensó en cómo la muchacha había logrado mantener oculto de manera tan sutil quien era su madre.
Usagui era una muchacha que siempre se rodeaba de la gente del pueblo, le gustaba el cotilleo y llevar rumores de un lado a otro, pero no era una mala persona, no como su madre al menos, por lo que enterarse de su parentesco aún le tenía algo descolocada.
Llegando al jardín Usagui se detuvo y tomando las manos de Kaoru entre las suyas le dijo en voz baja.
- Por favor te pido que no comentes con nadie lo que viste, si mi madre se entera, todo se acabará para mí.
- ¿eh?, ¿te refieres al hombre de hace un rato?
- hai…por favor no le comentes a nadie…
- no creo que ese hombre sea una buena junta - murmuro insegura la kendoka preocupada – si no me equivoco, creo que anoche le di una paliza a él y a uno de sus amigos…
- ¿¡que hiciste qué!?
- ellos fueron los qué me provocaron eso si – se apresuró en aclarar la chica – por eso sé que no es un buen hombre…
- eso ya lo sé baka – le respondió la chica ofendida
-¡oi!, no te he dado la confianza… - dijo molesta la pelinegra viendo como Usagui se llevaba las manos a la boca.
- gomen, gomen – se disculpo nerviosa la chica bajando la mirada – es tan solo que necesito que nadie se entere, especialmente mi madre.
Kaoru vió como los ojos de la chica se llenaron de lágrimas y se sintió un poco mal por ella, dejando escapar un suspiro finalmente dijo.
- esta bien, guardaré tu secreto pero tienes que prometerme que todo estará bien, si tienes un problema no dudes en pedir mi ayuda – sonrió Kaoru.
Usagui la observo sorprendida dejando caer su mandíbula por la inesperada oferta de ayuda, sintiendo sus ojos arder la chica seco las lagrimas que amenazaban por salir y asintió en silencio.
- hai…lo prometo…
- muy bien…- le guiño un ojo Kaoru abriendo la puerta de la casona.
Usagui se inclinó en señal de despedida y Kaoru la imito para luego salir y cerrar la puerta tras de sí.
- ya era hora busu
- ¡EHHHHH!
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De vuelta en el dojo Kaoru se paseaba inquieta de un lado al otro de su habitación, Kenshin y los demás habían estado esperándola a la salida de la casa de Tae por lo que Yahiko la había sorprendido cuando la llamo fea. Durante el trayecto al dojo el silencio fue total y solo interrumpido por las piedras que Yahiko pateaba de vez en cuando, de pronto todo el ambiente se había vuelto denso y oscuro y eso no le gustaba, aún así no sabia como revertirlo.
Sabía que estaba siendo cobarde al no querer enfrentar la situación que había sugerido Seijuro, pero algo sobre las intenciones del maestro del espadachín hacia que realmente temiera sobre su relación con Kenshin. Era casi como si Seijuro no quisiera que el pelirrojo se involucrara con ella.
- ¿Kaoru dono?
De pronto la voz del pelirrojo la saco de sus pensamientos y dando salto se dirigió a entrada de su habitación y abrió el shoji parcialmente.
- ¿Kenshin?
- Sessha quería saber si deseaba acompañarme a beber un té antes de dormir, eso quería…
Kaoru se percató que el pelirrojo llevaba una bandeja con la tetera y dos yunomi a la vez que notó como había vuelto a hablar con su muletilla anticuada de samurái.
- h-hai… cerrando la puerta tras de si, salió sin abrigarse y se sentó en el engawa
Kenshin la imito unos segundos más tarde mientras servía el té en silencio. Entregándole un yunomi a ella se acomodo a su lado bebiendo del brebaje con tranquilidad. Kaoru se sentía nerviosa, había aceptado sin pensarlo mucho pero se había dado cuenta que el pelirrojo la había obligado a enfrentarlo.
- ¿qué esta pensando, Kaoru dono? – pregunto el pelirrojo después de unos momentos de silencio.
- ¿esta tu maestro aún despierto? – susurró la chica removiéndose en su lugar, inquieta.
- ie…se fue a acostar apenas regresamos, dijo que la mala calidad del sake que le sirvieron lo había afectado más de lo esperado…
- ¿realmente dijo eso delante de Yahiko? – se tensó la kendoka molesta.
- hai…pero Yahiko le respondió así que no se sienta mal, lo bueno de ese niño es que no se achica con nadie – sonrió el espadachín al ver la cara ofendida de Kaoru.
- ya veo… - suspiró la joven dando un sorbo de su té.
- ¿por qué lo pregunta? – le volvió a llamar la atención el hombre.
- es tan solo…no lo sé, tu maestro es difícil de leer – reconoció la joven llevando su cabello suelto tras su oreja – no estoy segura si le agrado o no…
Kenshin vio como la kendoka suspiró derrotada dejando caer sus hombros, una clara mueca de preocupación dibujada en su rostro. El espadachín dejo su yunomi en la bandeja y atrajo el a Kaoru hacia su cuerpo pasando un brazo por sobre sus hombros, haciendo que la chica se viera obligada a apoyarse en su hombro.
- lo que mi maestro opine no debe afectarle Kaoru dono – la tranquilizo el pelirrojo apretando su hombro un poco para hacerle entender que debía estar tranquila.
-pero, él es tu maestro…
- lo es, pero no por eso puede decir lo primero que se le viene a la cabeza, quiere meterse conmigo, no contigo, lo que hizo hoy está mal – le reafirmo el espadachín haciendo que la kendoka se enderezara para mirarlo.
- Kenshin… ¿por qué crees que realmente vino?
Kenshin suspiró derrotado, había pensado en distintas teorías pero aún no encontraba ninguna que le respondiera todas sus dudas.
-la verdad….no lo sé- reconoció el pelirrojo separándose de la chica y rascando su cabeza – lo único que sé es que debe ser por algo importante.
- ugh… por qué debe ser tan complicado – se quejo la chica haciendo un puchero mientras bebía otro sorbo de su té.
El gesto arranco una sonrisa al pelirrojo quien había estado preocupado al ver a Kaoru tan decaída durante la cena. Al parecer su plan de haberla visitado de manera improvisada había logrado su objetivo. Suspirando aliviado volvió a tomar de su té mientras dedicaba furtivas miradas a la joven, quien ahora mostraba una expresión de suma concentración mientras aún mantenía el puchero en sus labios.
La media luna en el cielo los acompaño hasta que el viento trajo las nubes haciendo que se oscureciera todo y la noche se volviera negra. Kenshin observo el cielo y supo que volvería a llover, el viento comenzó a soplar inesperadamente fuerte y recordando que Kaoru había salido tan solo con su yukata y haori de dormir se puso de pie.
- creo que debemos ir a descansar, ha bajado la temperatura de golpe…
- hai
Kaoru lo imito y poniéndose de pie dejo que el pelirrojo la guiara hasta su habitación, una vez afuera, el pelirrojo ordeno sus cabellos negros detrás de sus orejas y acariciando su mejilla suavemente le deseo las buenas noches.
Kaoru se sonrojo y acepto la caricia desenado besarlo pero sabia muy bien que el espadachín no lo haría ahora que su maestro estaba en el dojo. Kaoru suponía que así debía ser realmente para alguien que tuviera sus padres presentes aún, una figura de autoridad a la que respetar y ganarse la confianza y respeto. Mantener los estándares sociales y cumplir con las normas del cortejo. A pesar de extrañar la libertad que había descubierto junto al espadachín algo dentro de sí agradecía la incomoda presencia de Hiko Soujiro, después de todo, le estaba entregando un nivel de formalidad e importancia a su relación mucho más efectiva que la que el doctor Gensai o el señor Maekawa podían darle.
Suspirando abrazó al espadachín y entro a la habitación decidida a que a partir de mañana dejaría de sufrir por las indirectas del alfarero aficionado, su meta a partir de mañana sería conseguir que el hombre dijera qué era lo que realmente venia a hacer, esta vez no lo dejaría evadir la pregunta y aunque fuera algo duro de escuchar estaba dispuesta a enfrentarlo y obligarlo a hablar. Con ese ultimo pensamiento la chica apago su lámpara y se acomodó en su futón, Soujiro Hiko respondería a sus preguntas si o si.
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Kenshin se despertó al oír un grito de proveniente de la cocina seguido del sonido de golpes y pasos agitados. Preocupado y sorprendido de que él no fuese el primero en estar en pie en el dojo, se levantó sin cambiarse de ropa y corrió en dirección a donde provenían los gritos y alaridos.
Abriendo el shoji que conectaba la casa con la cocina se quedo de una pieza al encontrar a Kaoru golpeando a Yahiko con la escoba obligándolo a bloquear sus ataques con rapidez a la vez que su maestro secaba su rostro de lo cual al parecía ser sopa. El hombre estaba cubierto de cebollín y brotes de soja y un pote de cerámica con el resto del líquido terminaba de rodar frente a él.
- Lo repetiré esta vez y nada más par de confianzudos – vocifero la pelinegra finalmente dando un fuerte golpe en la cabeza de Yahiko – mi casa, mis reglas, si cocino el desayuno ¡me agradecen y se lo comen!
Ofuscada la pelinegra dejo la escoba a un lado y comenzó a recoger el pote de comida que estaba tirado frente a Seijuro. Kenshin vio cómo su maestro se tensó por unos segundos al ver que la mujer se había acercado con rapidez a él, arrancándole una mueca de satisfacción. Soujiro le tenía miedo, Kaoru había logrado lo imposible.
- Yahiko trae el balde de agua y friega donde Hiko san volteo su comida – ordenó la chica sin mirar al niño a los ojos.
Haciendo sonar su garganta para que notaran su presencia Kenshin cerro la puerta tras de sí.
-buen día a todos, Kaoru dono, ¿desea que la ayude a servir el desayuno?- dijo amablemente
- bu-buen día Kenshin – respondió sonrojada la chica – no es necesario…
- ¿esta segura? – pregunto con una pequeña sonrisa de satisfacción al ver como su maestro se esforzaba por fingir indiferencia.
- hai, ve a vestirte así sirvo el desayuno a todos cuando vuelvas
-hai…
Kaoru vio como el pelirrojo cerro salió obedeciéndole y suspiró, no pensaba que el día partiría así, se había propuesto atender a su visita pero rápidamente se dio cuenta que sería difícil ya que el hombre no estaba haciendo las cosas fáciles. Había despertado antes que todos pero el maestro del estilo Hitten Mitsurugi ya estaba en pie cuando ella entro a la cocina. Había cocinado con toda la intención de ser una buena anfitriona pero entre Yahiko y el hombre habían destruido su buena disposición y su preparación con sus ácidos comentarios.
La puerta del la cocina se abrió nuevamente y el pelirrojo se unió a los demás. Rápidamente la joven volvió a servir la comida ante el silencio de los presentes y ante una amable sonrisa del pelirrojo.
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Hoy Kaoru entrenaba a los estudiantes del dojo Maekawa por lo que el pelirrojo y su maestro habían quedado finalmente a solas. El espadachín ignorando por completo la presencia del hombre comenzó con sus labores sin preocuparse por el hombre que desde el desayuno había guardado silencio y tan solo lo observaba desde su posición en el engawa.
Kenshin terminaba de tender la ropa cuando sintió al hombre levantarse. Sin prestarle mucha atención tomo los baldes donde había enjuagado las sábanas para tirar el agua en el huerto, dirigiéndose a su destino se percató que su maestro le seguía. Mirando el cielo se percató que ya había pasado la hora de almuerzo y Kaoru y Yahiko aún no regresaban de su entrenamiento.
Debía apurarse, se había atrasado con la preparación de la comida y le había dicho con mucho énfasis a Kaoru que no se preocupara por el almuerzo ya que él podía cocinar. Tirando el agua sobre la tierra seca sintió que su maestro se detuvo detrás de él, sin darse la vuelta le anuncio.
- maestro si vienes a reclamar, ahora iré a preparar la comid-
Kenshin no pudo terminar la oración cuando esquivo el filo de la espada de su maestro, resbalándo sobre la tierra mojada, observo sorprendido al pelinegro.
- estas débil baka deshi…- le recriminó el hombre
- ¿por qué me atacas? – respondió mal humorado el espadachín, cuando lavaba ropa habitualmente dejaba su espada en la habitación.
- has bajado la guardía, haciendo aseo sin tu espada.
- no debería preocuparme si estoy en casa con gente que conozco – medió pregunto medio aseguro el espadachín sin moverse, mirando fijamente a su maestro.
- en casa… - repitió escéptico el hombre.
Kenshin se tensó al oír el cuestionamiento en la voz de su maestro haciéndole ver lo fácil que había arrojado esa palabra sin pensarlo.
- cuando me fuiste a ver a Kyoto, ibas determinado a morir… ¿qué fue lo que cambió? – pregunto el hombre sin bajar la espada.
- ¿qué dices?…tú mismo me mostraste que estaba equivocado…- murmuró de mala gana el espadachín tratando de apartar el filo de la espada que estaba a la altura de su cuello con una mano.
Sorprendido, Kenshin noto que su maestro no movió la espada y el filo de esta se enterró en su piel sacándole un poco de sangre. El movimiento de su mano se detuvo a la vez que su rostro se torno serio.
- ¿qué quieres? – preguntó mal humorado
- ve a buscar la estúpida espada que usas, si logras conseguirla antes que te rebane te diré qué es lo que vine a hacer a Tokio.
Kenshin inspiro pesadamente, Hiko siempre era así, un dolor de cabeza. Testarudo y de métodos poco ortodoxos acostumbraba hablar los temas que le preocupaban usando el enfrentamiento como excusa. Si tan solo hablara y dejara de querer golpearlo cada vez que pudiera.
Asintiendo resignado Kenshin observo a su alrededor analizando cual sería la ruta más corta hasta su habitación, sabiendo que su maestro seguramente ya había hecho los cálculos, maldijo mentalmente al hombre por sus caprichos.
Mirándose fijamente ambos hombres midieron a su oponente antes de que el espadachín decidiera correr de frente al hombre esquivando apenas su ataque y sin mirar atrás corrió en dirección a su habitación. Hiko le siguió de cerca cortándole el paso con la espada haciendo que el espadachín retrocediera unos pasos antes de salir en la dirección contraria no sin antes tomar un balde de madera y lanzárselo a su maestro.
Aprovechando la distracción generada, salto al techo y corrió rápidamente en dirección a su habitación. Bajando rápidamente se lanzo a su habitación justo a tiempo y agarrando su espada desenfundo justo en el momento en que Seijuro lo acorralaba en su pieza.
- lo que sea que quieras probar peleando conmigo, te pido que no lo hagamos acá, Kaoru dono acaba de terminar de repara el dojo…
Seijuro alzo una ceja molesto pero sin decir nada retrocedió aceptando la solicitud de su alumno. Ambos salieron y parados frente a frente en medio del patio midieron sus espíritus por unos segundos.
- ¿por qué has venido de tan lejos solo para molestarme? – preguntó cabreado el espadachín.
- ¿para molestarte? – repitió el hombre – ¿acaso crees que eres el único que puede aparecer en la vida de otro después de años sin hablar para pedir cosas?
Entendiendo a qué se refería el pelirrojo guardo silencio manteniéndose alerta.
- entonces hacía bien manteniéndome lejos de ti…si tanto te ha molestado que has llegado hasta aquí para quejarte…
- idiota…no entiendes nada, como siempre – le recriminó dándole un golpe con su katana que Kenshin desvió con su propia espada.
- entonces es cierto…no entiendo qué quieres…
- vine porque no quiero verte cometer el mismo error dos veces…los espadachines…no, los conocedores del estilo Hiten Mitsurugui no pueden involucrarse con otros como tú estas pensando hacer con esta muchacha.
-¿oro?
- no te distraigas – una nueva estocada ofensiva y otra respuesta de parte del espadachín.
Kenshin lo observó desconcertado, no podía creer que su maestro estuviese en Tokio solo para decirle esto. Debía haber algo más.
- no me miras así idiota, cuando me dejaste en las montañas para perseguir ese delirio de justicia y entregaste tus habilidades a la política, perdiste mucho para aprender la lección que no quisiste escuchar cuándo yo mismo traté de enseñarte.
Kenshin levantó su guardia intuyendo que su maestro tenía muchas cosas que decir aún y no estaba seguro si su tono era pacifico o no.
- Nuestra espada es un estilo libre, libre de todo – enfatizó el hombre avanzando un. paso hacia delante- libre de política, de beneficios económicos… de afectos.
El pelinegro dio una mirada intensa a la figura aún debilitada de su alumno, si bien notó que había adoptado una posición defensiva, sabia que si decidía enfrentarlo en las condiciones que aún se encontraba, la posibilidad de que su físico se recuperar por completo estaría perdida.
El pelirrojo noto cómo su maestro lo analizaba y orgullosamente apretó el mango de su espada acomodando su posición.
- ¿vienes acá para recordar mis errores? – le increpó el espadachín con seriedad pero su maestro le ignoró.
- tu fuiste, te involucraste en la guerra, mataste en nombre de otros así como otros murieron en nombre tuyo… ¿realmente esperas vivir una vida de paz sin que la venganza vuelva a ensuciar la vida que aquí estas construyendo?
Kenshin observo a su maestro confundido, estas ideas fueron las mismas que habían detenido sus sentimientos por Kaoru en largo tiempo, pero después del episodio con Yukishiro creyó haber superado todos sus temores, que su maestro viniera a enrostrarle sus miedos lo hizo dudar si lo que había decidido, después de todo era lo correcto o no.
La primera vez que lo advirtió en cierto modo, su maestro había estado en lo cierto.
- ensuciaste nuestro estilo, despreciaste mi enseñanza…y luego volviste para pedirme que te ayudara en una misión suicida, por segunda vez utilizaste mis enseñanzas en una lucha que te ponía en un nivel de sirviente…un esclavo como si rescatarte de ese destino esa noche no valiera nada…y ahora…¿crees que tienes la fuerza suficiente para proteger a la que quieres sea tu futura mujer?
El agarre en el mango de su sakabatou se debilito, las palabras de su maestro hicieron que su corazón se contrajera de dolor. Inesperadamente sintió remordimiento y culpa por haber fallado al hombre que lo salvo de la muerte hacia ya muchos años atrás.
- qué vienes a enseñarme entonces…- pregunto en un hilo de voz, aún confundido por el carácter de la conversación.
- estás débil…
-cállate – dijo abruptamente el pelirrojo cabreado, ofendido.
- y sigues sin entender, sigues cometiendo los mismos errores de siempre.
- ¡cállate ya! si realmente te hubiese importado habrías ido tras mío cuando decidí dejarte- le recriminó de pronto el espadachín sorprendiéndose de sus propias palabras.
El aura del hombre mayor cambio de golpe tornándose oscura. Las manos de Kenshin comenzaron a sudar. El ambiente se tensó indiscutiblemente.
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Kaoru venia caminando seguida de cerca por Yahiko, la sesión en el dojo Maekawa había estado especialmente intensa. El dojo se había inscrito para competir en una exhibición de dojos que se realizaría en Osaka y estaban enfocados en ganar, por las secuelas del señor Maekawas tras lo sucedido con Enishi, Kaoru tuvo que practicar con cada uno de los que se habían inscrito para participar además de corregir al resto. Yahiko incluso se sorprendió de la capacidad de su instructora de mantenerse activa y energética después de tan agotadora sesión de entrenamiento.
Ahora que ambos se acercaban al dojo, el niño pudo notar como el sudor se había secado en el rostro de la chica pero el cabello de esta seguía mojado y pegado en su cuello. Estaba seguro que la chica apenas llegara al dojo se comería todo lo que Kenshin tendía preparado para comer.
Ansioso cogió la mano de su instructora y notando que la chica cada vez caminaba más lento por el cansancio, tiro de ella animándole a apurarse.
- ¡vamos busu!, tengo hambre no te detengas – le dijo mientras la tiraba arrancando un par de quejas de la chica sin que pasara a mayores.
Con una sonrisa de oreja a oreja Yahiko la jaló haciéndola trotar, seguramente Kenshin los esperaría con un banquete para compensar el desastre de desayuno que Kaoru había preparado en la mañana.
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- tu no me haces callar mocoso – dijo avanzando rápidamente el hombre, atacando al pelirrojo.
Kenshin bloque con dificultad los ataques chocando contra el gallinero que hacía poco había reparado. Tratando de no quedar acorralado entre el muro y el gallinero se abalanzó sobre su maestro.
- baka deshi…¿en serio no entiendes?
-sigues repitiendo lo mismo pero no dices nada, si tanto te importaba por que no me seguiste y no evitaste que me uniera a la guerra- dijo con frustración el espadachín.
Por primera vez pensando en esta opción. Por que su maestro lo había dejado ir, ¿acaso realmente no le importaba lo que le podía pasar en aquella ocasión?, ¿por qué estaba teniendo estos pensamientos ahora?
- no tienes derecho … te salve para que heredaras mi estilo…te enseñe a ser fuerte…casi invencible…¿cómo crees que me sentí ese día?
Hiko decidió terminar con esto rápidamente y abalanzándose acorralo al espadachín golpeando sus piernas con uno de sus ataques haciéndolo caer lo apuntó con su espada en el pecho.
- debo asegurarme que el monstruo que reside en ti entienda su poder y lo que sucedió…necesito saber que puedes controlarlo…
Los pasos rápidos y ligeros fueron lo único que ambos hombres pudieron advertir antes de que Kenshin o Hiko pudiesen reaccionar. Un golpe fuerte con una espada de madera en la muñeca del hombre mayor hizo que este soltara la espada sorprendido por la precisión y fuerza del golpe. Rápidamente el maestro del pelirrojo llevó su mano contra su pecho y observó como la pelinegra rápidamente se arrodilló a un lado del espadachín para ayudarle a levantarse.
Ignorando la mirada anonadada del pelirrojo la kendoka se volteó a dar una dura y molesta mirada al hombre que había osado a apuntar su espada contra Kenshin. Cuando se aseguró de que finalmente el pelirrojo estuvo de pie la joven apuntó su bokken lentamente en dirección al hombre.
- Hiko San, usted siempre será bienvenido en este dojo en la medida que su estadía acá no signifique un riesgo para Kenshin…- aclaró la joven con voz firme y fuego en sus ojos – no puede llegar así como así y pretender que puedes atacar a mi prometido como si nada…
Kenshin sintió para su propio asombro como un cálido rubor cubrió su rostro al oír la palabra "prometido" salir de la boca de la joven. Nervioso dirigió su mirada hacia su maestro para evaluar su reacción, el hombre mantenía la expresión de sorpresa aún en su rostro y sus ojos seguían fijos en la delgada figura de la joven.
Kaoru respiró profundamente antes de continuar hablando ante la nula respuesta del espadachín.
- Kenshin no me ha dicho muchas cosas sobre usted, pero lo poco que me ha comentado- dijo de pronto endulzando su mirada - sus recuerdos han sido todos similares a los que un hijo puede tener con su padre, es por eso que no entiendo por qué usted está haciendo esto…
La mirada de Kaoru se cristalizo y su mentón titubeo demostrando lo abrumada que se sentía ante la situación, si algo sabia era que si había alguien capaz de derrotar a Kenshin era su propio maestro. Una batalla con él en el estado deteriorado en que se encontraba el cuerpo del pelirrojo podía significar perder a Kenshin para siempre.
- Kamiya San…yo -Hiko comenzó a hablar sin poder entender por qué sentía la necesidad de explicarle a la chica, su lengua moviendose sin permiso.
- antes de que diga nada enfunde esa katana y no la vuelva a levantar contra su único pupilo, Kenshin ha hecho suficiente penitencia para rectificar sus errores, no necesita que se lo vuelva a recordar…y si no guarda su espada lo obligare a hacerlo…
Hiko dio una rápida mirada entre el pelirrojo que no apartaba su mirada del rostro de la kendoka, la kendoka y Yahiko de quien no se había percatado hasta este momento y que miraba con admiración a la pelinegra desde su posición unos metros más atrás.
Sin decir nada se agacho y enfundo su espada, notando que el golpe certero de la chica había dado justo en la unión de su muñeca haciendo que su articulación doliera con intensidad. Esto no dejaba de sorprenderlo, quien diría que una mujer tan pequeña y delgada podía tener tanta fuerza y supiera cómo golpear con tanta precisión.
- muy bien…ahora hable como un adulto maduro debe hacer, ¿qué viene a hacer a Tokio?
