[One-shot]

Explotándote en la cara

—Kyōjurō R. & T. Honoka T./Chica Kakushi

Honoka Tanaka no era buena usando la katana, ese era el motivo principal por el cual trabajaba en la brigada Kakushi. Sin embargo, el día que intentó usar una simple postura de respiración, este le explotó en la cara, y no conforme con eso, uno de los más respetables pilares presenció todo. [Feliz cumpleaños, Kyōjurō Rengoku]

Disclaimer:

Kimetsu no Yaiba © Koyoharu Gotōge

Explotándote en la cara © Adilay Fanficker

Advertencias: Inspirado en el anime. | Un poco de OOC.

Notas:

Voy a aclarar dos cosas:

1.- Esta ship no existe como tal; creo que soy la única que shippea a estos dos personajes, una lástima porque le veo cierto potencial. En el fondo me interesan esos shippeos donde hay un superior y un subordinado. Además, esos ojitos de la chica Kakushi me dan ternura xD, una pena que no sepamos como es el resto de su rostro.

2.- El nombre del personaje lo inventé yo al no saber cómo se llama la chica de la brigada Kakushi que ayuda a trasladar a Tanjiro a la Finca mariposa. Puse "nombres comunes para chicas japonesas", me salió ese, y me gustó; lo mismo con el apellido. No me gusta quebrarme la cabeza buscando nombres rebuscados y súper originales o pretenciosos.

Por último, este fic no se desarrolla en un punto específico de la historia, es más un WHAT IF anterior a la misión de Tanjiro en la montaña Natagumo.

Espero que les guste el fic.


NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.



—¡Delicioso!

Agitada por el trabajo, Honoka Tanaka terminó de ayudar a deshacerse de los restos humanos que había dejado el demonio habitante de aquel templo budista, hasta que el pilar de la flama, Kyōjurō Rengoku, le puso un alto.

—¡Delicioso!

Por lo que Honoka sabía, aquel enemigo no era una luna superior, pero era un demonio problemático que el Patrón quiso detener ipso facto debido a la imperdonable gula que se había cobrado muchísimas vidas humanas.

—Justo como se esperaría de un pilar —masculló Sota, su compañero, a un lado de ella—. Míralo, ni siquiera se ve cansado.

—¡Delicioso!

—Y come como si se acabase de despertar, aunque seguramente lleva más de veinticuatro horas despierto —terminó de decir, mirando con admiración al mencionado.

Y así era.

Kyōjurō Rengoku inspiraba respeto y admiración, aún entre sus compañeros pilares. No había miembro de este círculo de élite que hablase mal de él o tuviese alguna queja en contra suya.

—¡Delicioso!

Luego de la batalla, en pleno amanecer, el pilar había aceptado un desayuno simple por parte de la brigada kakushi, mientras los miembros de este hacían su trabajo correspondiente en el sitio.

Kyōjurō Rengoku estuvo dispuesto a irse de ahí si su trabajo ya se había terminado, pero no pudo rechazar la buena comida que le ofrecieron. Aunque claro, era bien sabido por todos los que alguna vez tuvieron el honor de interactuar con él que para, por lo menos, satisfacer un poco su hambre, se necesitaba de mucho más alimento que el que se le dio.

De cualquier forma, el pilar de la flama no renegó ante sólo una charola de comida. Lo aceptó con gusto.

—¡Delicioso!

Incluso a más de cinco metros, Honoka podía escucharlo disfrutar del desayuno. Claro, él no quiso recibirlos gratuitamente como pudo haberlo hecho; aseguró que pagaría por cada bocado, y seguramente eso haría.

—Creo que está a punto de terminar —le dijo Sota a Honoka—, recibe la bandeja y pregúntale si necesita algo más antes de irse.

—De acuerdo —masculló ella, un poco nerviosa.

En la mayoría de los casos, más que un honor, estar cerca de un pilar era casi un riesgo; claro, sólo si estos eran tan impacientes e intimidantes como Sanemi Shinazugawa, o exigentes y duros como Obanai Iguro.

Uno podía simplemente esperar excentricidad si se veía a Tengen Uzui, o un ambiente tranquilo y armonioso si se hablaba de los dos pilares mujeres, Mitsuri Kanroji y Shinobu Kochō.

Hasta ahora, Honoka no había tenido el honor de estar cerca del resto de los pilares, pero cuando se hablaba del señor Rengoku…

—¡Gracias por la comida! —exclamó con ese vigor que le caracterizaba—. ¡Estuvo deliciosa!

—Disculpe, señor —habló ella poder sin mirarlo a los ojos, cosa que técnicamente no sería un problema de no ser porque él miraba al frente, casi ignorando su existencia—. Me preguntaba si necesitaba algo más.

—¡No, gracias! —se levantó del tronco de uno de los árboles caídos donde se había sentado, y le extendió la bandeja vacía a Honoka—. ¡Ya he descansado lo suficiente! ¡Ahora debo partir!

—Entiendo señor, entonces no lo retengo más. Gracias por su esfuerzo.

Palabras que todo kakushi debía expresar ante sus superiores. Cualquier falta de respeto era severamente castigada; y aunque Honoka estaba segura de que el señor Rengoku no era de aquellos que castigasen por cualquier cosa, tampoco quería correr el riesgo.

Viéndolo partir con su espalda recta, andar marcado y la frente siempre en alto, Honoka suspiró aliviada de que todo haya salido bien.

La siguiente vez que lo vio fue una semana después, justamente en su día libre. Ella decidió caminar por el pueblo.

Quiso abastecerse de víveres y luego volver a la pequeña casa que compartía con otras compañeras de la brigada kakushi.

Mientras andaba, Honoka apreció a un par de niños de diferentes edades seguir a su madre. Eso la hizo pensar brevemente en su familia. A diferencia de sus muchos otros compañeros, la familia de Honoka no había sido atacada por demonios. De hecho, Honoka no quería tenerlos cerca desde que trataron de casarla a la fuerza con un degenerado don nadie que le cuadriplicaba la edad siendo que ella en ese momento tenía 10 años.

Escapar de sus padres fue más fácil de lo que pensó en un principio, lo difícil fue sobrevivir al ataque de un demonio en plena noche.

Por fortuna, un cazador de rango kanoto ya estaba en la búsqueda de dicho ser y la salvó antes de que fuese por lo menos herida. Una vez que terminó con el demonio, el cazador le dijo que volviese a casa, pero… ella expresó que preferiría morir comida por un demonio a ser obligada a casarse con un tipo que podría ser su abuelo.

Después, por mera compasión y lástima, el cazador la acompañó toda esa noche. Se refugiaron en una posada, donde el cazador preguntó a los dueños si necesitaban a alguien que trabajase ahí.

Honoka fue aceptada en el empleo, y ella pensó que no volvería a saber de los misteriosos chicos que portaban katanas y mataban criaturas que, se supone, no existían.

Un mes después, sin embargo, la posada fue atacada por un demonio fuerte y más temible que el anterior. Fue entonces que ella conoció a un grupo de 4 cazadores de rango kanoe, quienes pudieron ayudarla a ella y a otros trabajadores más.

Envalentonada y enojada, Honoka pidió que ellos la tomasen como aprendiz; siendo que ya había sufrido por dos ataques de demonios, no quería estar indefensa si pasaba una tercera vez. Se dijo que la próxima, no tendría tanta suerte.

Les rogó, les gritó y hasta los persiguió como pudo, pues ellos se reusaron. Le dijeron que ese trabajo no era para gente débil. Y ella era muy débil.

Su cuerpo tal vez no era el más sólido, pero algo en su fuerza de voluntad los convenció de mandarla con un instructor que la tuvo bajo su mando por casi dos años.

La técnica de respiración que aprendió de su maestro fue: combustión, la cual se derivaba del fuego.

»No confundas esta respiración con la que hacen otros cazadores que usan el fuego —le había dicho su maestro, un hombre de entonces casi 50 años—, esta técnica de respiración es brutal, peligrosa e instantánea, ¡y debe hacerse con la rapidez posible! Más que nada, hay que tener la fuerza necesaria para soportarla. Si se hace mal, te volará los brazos y tal vez una pierna o las dos.

No había bromeado con eso.

Honoka no logró dominar las siete posturas de la respiración; apenas aprendió las 3 primeras, y sólo con ellas fue que sobrevivió a duras penas a la Selección Final.

Una dura temporada que no deseaba recordar. Fue ahí donde se pensó que, tal vez, ser cazadora no era lo suyo.

Le tenía tanto miedo a los demonios que, cuando se enteró de la existencia de la Brigada Kakushi, ella decidió entrar en esta y olvidar la katana. Quería ayudar en el exterminio de demonios, pero mejor hacerlo sin estorbar o morir a los 5 minutos.

En el fondo, le hubiese gustado saber cómo hubiese sido tener una katana nichirin.

¿Qué color habría tenido su filo?

Luego de dejar los víveres en su casa y no encontrar a nadie en ella, Honoka hizo algo muy estúpido.

Tomó su vieja katana, la que le ayudó en la Selección Final y estaba guardada bajo su cama, envuelta en vendas, y salió portando la zona inferior de su uniforme kakushi y una yukata gris con las mangas cortas hasta sus muñecas, pues con su kimono de civil, apenas podía caminar con normalidad.

Jamás podría hacer una postura sin el atuendo adecuado. Tal vez otros cazadores con más experiencia y técnica serían capaces de luchar con cualquier ropa, pero ella no.

En todo el camino pensó en lo que podría salir mal. Varias veces pensó en retirarse a casa y seguir descansando, o mejor preparar la comida. Pero ignoró su buen juicio y continuó avanzando.

Hace tantos años que no usaba una katana. ¿Todavía sabría blandirla?

Encontrando un espacio que ella vio solitario en una llanura no muy lejos del pueblo, y apenas rodeada por árboles, Honoka inhaló profundo, acomodando su vieja katana en su cintura.

«Sólo una vez y ya» esperaba no volar en pedazos su propia cabeza si llegaba a hacerlo mal. «Técnica de respiración profunda. Combustión, primera postura…» esforzándose en su respiración, algo que le costó horrores controlar, cerró los ojos lentamente, separando sus pies, flexionándolos un poco para saltar hacia atrás, «¡impacto fugaz!»

Desenvainó con la mayor rapidez que pudo (que no debería ser mucha) al mismo tiempo que saltaba ridículamente hacia atrás. Su katana hizo una explosión apenas visible que sí, ella en efecto no supo cómo controlar lo que ocasionó un accidente.

No pudo soportar la fuerza de la técnica y su cuerpo fue lanzado bruscamente al piso de espaldas.

Su cabeza también azotó contra el piso, aturdiéndola un poco.

Sus oídos zumbaron, su katana quién sabe dónde había quedado, si no es que se había roto.

Apenas pudo recobrar algo de consciencia, ella alzó sus manos y con la vista todavía nublada, las miró.

Fue un alivio ver que todavía conservaba todos sus dedos. Pero le dolían mucho sus huesos.

Cuando su vista se enfocó bien, visualizó algo más allá de sus dedos.

Una imagen que la congeló en su lugar y casi le hizo escupir su corazón. Ahogó una exclamación, mas no pudo mantener su boca cerrada.

«¡Qué!» casi se ahogó con su propia saliva al ver unos excéntricos ojos.

—¡Vaya! ¡Aún vives!

¿Qué debía responder?

¿Cómo debía reaccionar?

—¡La katana se hizo pedazos! ¡Parece ser que tienes suerte de aún conservar todas tus extremidades! —siguió diciendo él, mirándola sonriente con sus manos sobre su cintura y inconfundible cabello echado hacia adelante—. ¡¿Cómo has logrado sobrevivir a los ataques de demonios con esa ineficiencia en el ataque?! ¡Dime!

Aunque sus palabras fueron duras, no sonaba furioso, más bien, curioso.

Honoka encontró por fin voz para responderle.

—Señor, yo… no soy cazadora…

—¡¿Qué?! ¡¿No lo eres?!

—Soy una kakushi —terminó de decir en un murmuro.

—¡¿Qué eres qué?! ¡Habla más fuerte! —pidió firme.

—¡S-soy una kakushi! ¡Señor!

—¡Aaah! ¡Ya veo! ¡Por eso esa katana no era una nichirin!

—¡Así es, señor!

—Mmm.

Sin borrar esa sonrisa de su cara, el pilar se incorporó. Ella apenas pudo sentarse, ya comenzaba a sentir un ardor en su cara y aunque parcialmente esta era gracias a la vergüenza, porque no cualquier cazador, sino un pilar, la acababa de ver haciendo el ridículo, Honoka sabía que su propia técnica debió haberle quemado hasta las cejas. La punta de su nariz debía estar afectada también porque le ardía como el infierno.

—¡¿Qué técnica de respiración fue esa?!

—Mi maestro la llamó, combustión, señor —no quiso gritarle, no tenía las suficientes agallas para hacerlo. Pero alzó la voz lo más que pudo.

—¡Algo así no debería ser usado tan a la ligera! ¡Tienes suerte de seguir viva! —esta vez sí sonó como un regaño—. Si no puedes controlar algo así, es mejor que te sigas esforzando como kakushi. Sería una lástima perder gente por este tipo de accidentes.

Él entonces le dio la espalda y siguió caminando no sin antes decirle:

—Será mejor que atiendas esas heridas; no parecen ser serias, pero deberías apresurarte.

Lejos de que el pilar le había dicho lo obvio (haciéndola sentir aún más tonta) y no debería ofenderse por eso, ahora que Honoka lo veía con atención, él no usaba su uniforme.

Sí, llevaba pantalones negros y lo que parecía ser la parte superior de una yukata blanca por las mangas largas y anchas; llevaba sandalias y se dirigía hacia un muchachito muy parecido a él, que le esperaba.

«¿Será su hijo?» pensó erróneamente sin querer.

No estaba muy enterada de los asuntos del pilar de la flama, pues no le gustaba entrometerse en asuntos ajenos; lo único que sabía, era que él era hijo de un pilar retirado de la misma respiración, sin embargo, desconocía el resto de su historia.

«Bueno, debe tener más de 20 años, no sería raro que tuviese un hijo» como pudo trató de levantarse, pero cayó sobre su propio trasero.

Debería esperar un poco antes de intentar volver a su casa.

El niño la miró frunciendo el ceño; parecía tenerle lástima.

Apenada, ella desvió su atención al pasto, luego a los pedazos de su vieja katana, los cuales debería llevarse de vuelta a su casa por mera educación.

—¡¿A dónde vas, Senjurō?! —escuchó al pilar de la flama gritar.

Más pronto que tarde, el sonido de unos pasos aproximándose la hicieron saltar sobre sí misma.

—¿Puedes caminar?

Honoka alzó la mirada y se encontró con unos ojos idénticos a los del señor Rengoku, pero en su semblante, una tenue indecisión e inocencia, gobernaban.

Tan diferentes a los del pilar… y tan iguales. Además, el niño hablaba con suavidad.

Y la lástima en su cara pareció haber subido de nivel cuando seguramente se percató de las quemaduras en el rostro de Honoka.

—Ehm… estaré bien —dijo nerviosa, no queriendo problemas con el señor Rengoku, quien por cierto, estaba volviendo sobre sus pasos.

Maldición, maldición… si él llegaba a enojarse con ella, sería su fin.

—No creo —masculló haciendo una mueca—. Hermano, creo que deberíamos llevarla a la Finca Mariposa; se hizo mucho daño —pidió el pequeño volteando hacia…

¿Su hermano? ¿No era su hijo?

—Eso nos retrasaría en nuestros planes, Senjurō —advirtió el mayor sin verse perturbado o molesto por la sugerencia de quien, ahora Honoka sabía, era su hermanito.

—No quisiera ser una molestia —masculló ella sintiendo muchísima vergüenza.

—¡¿Qué?! —expresó Kyōjurō al seguramente no lograr oírla.

—No tardaremos mucho —dijo el niño, para luego mirar a su hermano, asintiéndole.

—¡Bien! Si tú no tienes problema, yo tampoco.

Si antes el corazón se le paralizó de pánico al ver al pilar de la flama presenciando su patético acto con la katana, ahora este se encontraba atorado en su garganta, pues él se agachó hasta casi quedar frente a frente.

—¡¿Tengo tu permiso para tocar tu cuerpo?! —preguntó amable.

Eso sonó… raro…

Aturdida, en parte por la pregunta, en parte por la pena y en parte por la cercanía del respetable pilar de la llama, ella sólo asintió con la cabeza, después de todo, hablaban de llevarla a la finca de la señorita Kochō.

Pues era eso, ¿o no?

—¡Sujétate fuerte!

Un brazo fornido se puso bajo sus rodillas, y el otro se pegó a su espalda. Luego su cuerpo fue fácilmente alzado como si no pesase nada.

—¡Debe ser por esto que no pudiste controlar esa técnica! —expresó el señor Rengoku—, ¡no tienes nada de masa muscular!

Todavía no cuajando bien el que un pilar la estuviese cargando de esa manera, aunque fuese solo una obra de caridad, Honoka no lo interrumpió.

—¡Si quieres intentar hacerla de nuevo, quisiera ayudarte! ¡Una respiración como esa no debería morir con tu maestro! ¡¿Lo harías?!

—Sí, señor —dijo sin pensar, y sin percatarse de que había abierto la boca cerca del oído que él usaba aún.

—¡Entonces no perdamos tiempo! ¡Debo llevarte a la Finca Mariposa para que te recuperes rápido! ¡Vamos, Senjurō!

—Sí —el niño sonrió.

—¡Nos veremos mañana a primera hora para empezar!

—¿Perdón? ¿Empezar qué?

Honoka parpadeó, volviendo a la realidad. El pequeño niño a su lado le habló.

—No se preocupe, si mi hermano la ayuda, seguro todo estará bien.

—¡¿Qué?!

¿Ayudarla con qué?

¡Genial, ahora era ella la que no escuchaba!

—FIN—


...



Editado: 22 de junio del 2022.


Perdonen si hay faltas de ortografía o le ven poco sentido, no quería hacer una trama tan completa xD

Si debo hacerlo, ya me verán por aquí editando.

Hasta entonces, saludos y gracias por leer.


Reviews?


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)