Disclaimer: The Legend of Korra no me pertenece, sus excelentes personajes y grandes aventuras son propiedad de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko… Y de Nickelodeon.


FAVORES

Necesitas un favor

"Se les recuerda a todos los participantes que en 25 minutos comienza el concurso de Ingeniería. Quien no esté puntualmente presente en el escenario, será descalificado."

—Oh… No, no, no.

—Oh sí, sí, sí… Lo siento Sato, pero parece que tu pequeño… bueno, no pequeño, mas bien gran problema, te hará perder esta vez… Suerte para la próxima, Nerd.

—Tú maldita perr…

Sin embargo, sus palabras quedaron opacadas por un portazo y por la estridente risa que salía de la otra alfa, mientras se alejaba.

Estando sola en la habitación, soltó un gruñido de frustración ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Esa maldita Kuvira de la Universidad de Zaofu, una de sus principales contendientes con la que se iba a enfrentar en cuestión de minutos en el Concurso Nacional de Ingeniería Interuniversitario, le había tendido una vil trampa, y ella había caído como toda una alfa novata…

—Usar hormonas de omega en celo, eso literalmente fue un golpe bajo -renegó mientras apretaba el puente de su nariz -Es tu culpa por ingenua, Asami Sato, por abrirle la puerta del camerino y recibirle ese brownie pensando que era una muestra de paz… es lo más idiota que has hecho en tu vida…

Tras soltar un suspiro se atrevió a bajar la mirada y ver la parte delantera de su pelvis confirmando lo que sentía: Una notoria erección se asomaba sin disimulo alguno, delatando que la alfa en ella había despertado, se había expandido y entrado en rutina adelantada, necesitando por eso con urgencia supresores para amainar sus instintos.

Por desgracia para ella, como su rutina no tocaba hasta dentro de unas 2 semanas, no llevaba ninguno consigo.

—¡Mierda! -Exclamó frustrada mientras barajaba mentalmente sus opciones.

¿Masturbación?

Podría encargarse ella misma, lo había hecho otras veces… pero sabía que no serviría de nada. Un alfa en celo sin supresores, aunque se masturbe una o dos veces, no podrá bajar permanentemente su erección; necesita de largas sesiones de dicho trabajo manual, porque sino, la misma bajaría solo por unos 10 minutos y luego reaparecería más intensa y dolorosa por la falta de debida atención…

Sin mencionar que con un empalme así no podría aparecer en el escenario, menos aún enfocarse en patear el trasero de esa perra que la había engañado porque seguramente sabía que perdería abismalmente ante ella si no recurría a trampas rastreras.

—Concéntrate Sato, sigue pensando…

¿Supresores?

Se dirigió rauda y veloz a su bolso y lo volteó por completo en la mesa, buscando frenéticamente entre su maquillaje, toallitas húmedas y diversos cachivaches, aferrándose a esa absurda e irracional esperanza que cualquier persona tiene de que por arte de magia aparecerá el objeto que con ansias se necesita. Infructuosa energía desperdiciada.

Igual si lo pensaba bien, daba lo mismo. Los supresores había que tomarlos cuando recién se estaba manifestando la erección, no cuando su miembro ya estaba totalmente extendido y suplicantemente ansioso. Tomarlos ahora igual no serviría de mucho, por lo que pedirle a algún amigo que le trajera algunos era igualmente inútil.

Miró su reloj dándose cuenta que habían pasado ya 5 minutos. Los nervios la carcomían… más aún al pensar en la que por conocimiento general sabía era la única solución que en verdad ayudaría a su dura situación…

Una omega

Los conocimientos científicos de Anatomía alfa y el propio juicio común socialmente aprendido la hacían saber que tener sexo con una omega, sin importar en que parte de su cuerpo se introdujese, era la única salvación a su gran problema.

El problema es que… no tenía novia y su único amigo omega estaba emparejado… además, no le atraían los omegas masculinos… y sin contar que, bueno… ella era virgen.

Se maldijo a sí misma. Esa embustera Kuvira, mezcla entre deportista mediocre y mala aspirante a ingeniera, tenía razón cuando dijo que era una nerd.

Desde que tenía uso de razón se la había pasado enfocada en los estudios y tomando supresores desde su despertar como alfa, para bloquear la influencia de cualquier feromona omega que pudiese distraerla… quizás por eso lo que le dio Kuvira tuvo tanto efecto en ella, porque nunca había tenido una experiencia real… muy por el contrario a otros amigos alfas que con o sin pareja estable, daban rienda suelta a su sexualidad.

Tampoco es que ella fuese fea, es más, sabía que a más de una beta y omega había atraído sin proponérselo; ella simplemente no estaba interesada en dichos aspectos, al menos no con una de esas mujeres… sino con la única omega con la cual, por desgracia, no era factible iniciar un coqueteo.

La alfa suspiró, chocó su espalda contra la puerta y gimió ante el rebote que le hizo rozar su dolorosa polla contra la tela de las bragas y pantalones.

Sintiéndose derrotada susurró para sí misma.

—Muy bien, cambio de planes. Por mucho que lo deteste, no podré participar y tendré que desertar del concurso. Lo único medianamente digno que me queda es masturbarme para que baje un poco la erección, salir corriendo a buscar a la profesora Lin, explicarle rápida y discretamente la situación para luego correr a los dormitorios universitarios, encerrarme en mi cuarto y masturbarme hasta que me olvide de cómo me llamo. No es algo muy digno si lo digo en voz alta… pero sí necesario y es el único plan que tengo a la mano.

Con cuidado de no moverse mucho para evitar dolor en la zona de la ingle, comenzó a recoger las cosas que había arrojado en la mesa para tener todo listo y una vez "liberada" ahorrar el mayor tiempo en la carrera contrarreloj antes de su nuevo empalme, sin embargo, un toque de la puerta del camerino donde se encontraba, interrumpió su tarea.

—Espero sea Lin -susurró para sí misma, dejando sus cachivaches a medio recoger y acercándose al origen del llamado- Así me ahorraré el tiempo de tener que ir a buscarla y después de liberarme simplemente correré a mi cama.

Sin embargo, cuando entreabrió la puerta, la tez pálida y el cabello gris de su Profesora de Ingeniaría Avanzada no fue lo que la recibió. En su lugar una piel de bronce y cabello castaño, junto con unos orbes azules como el mar y sonrisa ligeramente torcida le dieron la bienvenida.

La rigidez entre sus piernas palpitó ansiosa y ella volteó un poco las caderas cuidando de que ni un ápice de su situación se viera por la reciente abertura de la puerta.

¿Qué hace Korra aquí?

Korra, la Capitana del equipo de kickboxing de su Universidad, la única omega en Universidad República que le podría hacer frente a cualquier alfa y ganarle, la mujer que había abierto campo a los omegas en deportes antes solo considerados para alfas… y la omega que más corazones había roto en toda la maldita Universidad de Ciudad República.

No es que ella supiera eso de primera mano, la omega no era su amiga, solo en unas cuantas clases habían topado... y era su crush secreto, si cabía mencionarlo; pero al pensar que la omega solo andaba con deportistas, y no con "cerebritos", nunca se había acercado.

Simplemente, como a otros, los rumores le habían llegado; rumores que hacían dudar del prestigio de esa omega por con cuantos y cuantas alfas se había acostado.

Ella no los creyó, se negaba a hacerlo… no parecían congruentes con aquella mujer morena aguerrida, pero delicada a la vez… aunque en realidad, fuesen ciertos o falsos aquellos comentarios, poco le importaba; eso no cambiaría su valor como ser humano ni aminoraría el deleite de admirar a respetable distancia a aquella fuerte y hermosa mujer.

Antes de que pudiera preguntar el motivo de su presencia, la deportista habló, casi susurrando con delicada voz.

—Necesitas un favor ¿No? -preguntó la omega, bajando la vista a donde deberían estar visibles las caderas de la alfa. Su mirada bastaba para saber a lo que se refería, no necesitaba decir más palabras.

—¿Tú c-cómo? -tartamudeó la alfa, mientras sus mejillas se sonrojaban al verse descubierta.

—Si me dejas entrar te lo explicaré.

El olfato de Asami fue golpeado por una oleada de dulces feromonas persuasivas de la omega, y sin darse cuenta había retrocedido para dejarla entrar. La morena ingresó de inmediato y cerró la puerta, colocando el seguro tras de sí, sin apartar la vista de la carpa que en los pantalones de la alfa se alzaba; se relamió los labios y tras parpadear un par de veces intentando volver en sus cinco sentidos, finalmente alzó la mirada topando con la de la alfa y comenzó a hablar.

—Kuvira es mi rival principal en kickboxing, es una rata tramposa por lo que siempre que está por nuestro campus por alguna competencia le echo un ojo y hoy vi que se estaba comportando raro… A un brownie de la cafetería le echó el líquido de un frasco misterioso y lo volvió a empaquetar como si nada hubiese pasado… en fin, la seguí y eso me llevó aquí, a uno de los camerinos de los concursantes de hoy. Minutos después la vi salir emitiendo esa repugnante risa que da cuando gana algún round con una obvia trampa y sin la cajita del brownie a la vista… Me acerqué, vi tu nombre en la placa de la puerta, olí tus feromonas que se filtraban por debajo y todas las piezas encajaron.

La mirada de Asami se desvió de aquellos ojos prístinos y perspicaces.

—Fui una idiota -admitió, avergonzada- pensé que quería ser una buena competidora…

—No te culpes -interrumpió la omega, negando con la cabeza- tranquila, también yo caí en su momento y hasta ahora sufro las secuelas de haberle creído… -la morena se perdió por un momento en sus pensamientos, pero acto seguido negó nuevamente con la cabeza y retomó su dialogo- pero no es momento para llorar sobre la leche derramada. ¿Cuánto tiempo falta para tu competencia?

La alfa miró su reloj, habiéndose olvidado por completo del concurso de ingeniería con la abrumadora presencia de la omega.

—Quince minutos…

—Tiempo suficiente.

La omega se acercó al alfa, provocando que esta retrocediera hasta que sus pantorrillas chocaron contra el mueble del camerino y la hicieron caer sentada sobre este. Sonriendo, Korra se arrodilló frente a Asami y con una mano comenzó a acariciar su muslo mientras soltaba atractivas feromonas relajantes e incitantes.

—¿Q-Qué haces? K-Korra no creo que esto sea buena idea… Nosotras no…

—Asami… Necesitas un favor… un enorme favor por lo que veo. - indicó con un tono juguetón- ¿Acaso no quieres ir a esa competencia? Yo te puedo dar una mano… y una boca también -mencionó guiñando un ojo.

—S-sí, pero tú y yo no nos conocemos…

—Oh vamos, sabes que hemos estado en clases juntas, además si soy sincera te he estado observando por un tiempo… te me haces una mujer muy lista, gentil, interesante y atractiva… -indicó, mientras con cada elogio subía más sus caricias.

La alfa tragó grueso y su polla palpitó nuevamente ante los cumplidos, pero luego recordó una situación importante.

—Yo… yo nunca…

La omega, sin dejar de dar roces en el muslo de la pelinegra, entrecerró los ojos tratando de comprender las palabras. Cuando la comprensión llegó a su mente, abrió los ojos de par en par.

—¿Nunca? -al ver al alfa negar con la cabeza, sonrió con renovado jugueteo y se relamió los labios como anticipándose a un festín- Entonces esta nueva experiencia te va a encantar… -sin embargo, al ver la duda aún en el rostro de la alfa, paró sus caricias- A menos que no quieras que tu primera experiencia de este tipo sea conmigo… puede que yo ni te guste… -mencionó, comenzando a alejar su mano, sintiéndose cohibida por primera vez desde que había ingresado en esa habitación. Le había costado mucho dar ese paso con la alfa que le resultaba cautivadora a la lejanía, había suprimido incluso sus feromonas frente a la puerta, mientras tomaba valor, hasta que ya no pudo más.

—¡No es eso! -exclamó la alfa, sosteniendo la mano de la omega en su lugar- Yo también… te he admirado desde lejos… de hecho me gustas… y mucho, Korra. Solo que cuando por fin tengo la oportunidad de un acercamiento contigo, más allá de las materias universitarias… bueno, no pensaba que fuese tan cercano. No quisiera que quedara solamente en esto -mencionó con un ademán de manos, señalando la comprometedora posición de ambas- Quisiera conocerte más.

La omega sonrió, esta vez no con lujuria sino con ternura. Definitivamente había acertado, esa alfa era especial.

—Yo también -respondió sonrojada- y no te preocupes, este será solo el inicio… pero por ahora tendremos que adelantarnos a este paso, te urge. Asami, se nota cuanto amas la ingeniería y si quieres estar lista para el concurso, necesitas lo que estoy a punto de darte… además si soy sincera, también lo estoy necesitando…

La alfa tragó el nudo de su garganta y dando finalmente un asentimiento llevó lentamente la mano de la morena directamente a la carpa de sus pantalones.

Korra respiró hondo mientras recuperaba la lujuria de sus rasgos y comenzaba a acariciar la dureza de la mujer de tez blanca.

Asami se retorció ansiosa, soltando feromonas de necesidad que fueron aspiradas por la omega, esta hizo contacto visual con la necesitada alfa y sin despegar el mar de las praderas, comenzó a desabrochar el pantalón y bajar la bragueta de la atractiva mujer. Después de todo, la alfa estaba más que lista y no había tiempo que perder en jugueteos… no ahora, al menos.

Delineando brevemente la cintura del pantalón, comenzó a bajarlo, instando a la alfa a alzar las caderas para facilitarle el trabajo; sin pensarlo, Asami obedeció a la solicitud implícita quedando finalmente sus pantalones enrollados a la altura de sus tobillos y exponiendo así las bellamente largas piernas color marfil, cuyo vértice de unión era adornado por una hermosa tanga blanca de encaje que poco o nada hacía por ocultar la virilidad palpitante de la alfa.

Korra se ruborizó notablemente. Pese a lo que todo el mundo creía, ella solo había tenido contacto directo con un único pene (Y desearía nunca haberlo hecho en realidad), pero el que ahora estaba frente a ella era notoriamente más grande si podía decirlo por como la delicada tela luchaba por contener el ansioso miembro.

Ansioso, sí, sabía que estaba ansioso. Su alfa estaba ansiosa, se notaba por la mancha de precum que a cada momento se agrandaba más en el fino encaje.

Y si era sincera, ella también moría de ansias.

Dio ligeras caricias por los bordes del interior, deleitándose con la sexy vista y los sonidos necesitados de la mujer, mientras acercaba su rostro y daba una lamida encima de la zona húmeda de la tanga.

Un jadeo delirante escapó de Asami, sonido que calentó aún más a la omega.

—Sabe bien… -susurró con un tono seductor, más para sí misma, pero siendo igual escuchada por la mujer alta, de cuyo falo salió más líquido al escuchar dichas palabras- y huele taaan bien…

La omega comenzó a acariciar con su rostro la ingle de la alfa, aspirando profundamente su aroma almizclado, impregnándose de él, dando besos ligeros a lo largo del miembro contenido y unas cuantas lamidas más en la mancha húmeda que cada vez más grande se hacía, tanto por el líquido preseminal que se liberaba por el glande de la alfa como por la saliva de la omega.

Korra, con esta nueva experiencia, había encontrado su nuevo lugar favorito en el mundo, podría jurar que gustosa pasaría horas de horas entre las piernas de la bella mujer, prodigándole amor… pero el maldito tiempo estaba en contra. Además, su boca salivaba por tener ya dentro de sí esa polla.

Dando un último y sonoro beso en la humedad, encima del glande de la alfa, finalmente bajó las trusas arruinadas, siguiendo el mismo proceso que los pantalones, y contempló su premio. Su delicioso premio.

La polla de Asami se alzaba rozagante, húmeda y pulsante. De un bello blanco igual que el resto de su piel, pero con un atractivo y prominente glande rosa que llamaba a ser chupado. Se fijó más abajo viendo sus labios mayores, lampiños, hinchados y húmedos de igual manera, por lo que sintiéndose apenada de no darles amor con anterioridad, se inclinó para prodigar largas lamidas, apreciando su sabor al adentrarse un poco en su femineidad, sonriendo en su trayecto al sentir como la alfa se erizaba.

—En verdad que eres deliciosa… tan mojada por todos lados… -murmuró apreciativamente la omega, finalizando con un beso por encima de esa zona para volver a la parte más necesitada de la alfa: su palpitante polla.

Korra se relamió los labios, sintiendo la deliciosa mezcla ácida y dulce de ambos majestuosos líquidos de la alfa y sin perder más tiempo con su mano tomó el eje del miembro de la ojiverde, comenzando a bombear.

Era grande, grueso, largo y caliente. Una delicia al tacto, más aún con la humedad chorreante que facilitaba un poco el movimiento… pero necesitaba más, ambas necesitaban más.

—Hmmm…. Tan grande… -susurró la morena, con voz llena de lujuria.

Asami se sentía que ardía, más aún cuando la castaña, mientras seguía con su trabajo manual en duro mástil, comenzó a dar nuevamente lamidas, desde su vulva, subiendo con deleite hasta llegar a la base del eje y al tronco del mismo.

La alfa, observó atentamente los movimientos de la omega, haciendo un esfuerzo por no avergonzarse y correrse rápidamente ante la excitante vista y estímulos recibidos. La omega se veía tan hermosa y estaba haciéndola sentir de maneras tan indescriptibles con sus atenciones que se alternaban entre la buena paja de aquellas cálidas manos, las húmedas lamidas de aquella hábil lengua, que daba a su miembro la lubricación necesaria, y los besos ansiosos, sonoros y necesitados que solo indicaban un hambre de más por parte de la omega.

Sí, definitivamente Asami estaba en la gloria, no podía haber nada mejor… o eso pensó hasta que la boca de la omega dejó de prodigar atención al tronco de su pene y finalmente subió a la cabeza del mismo, dando una larga lamida a este.

—¡Joder Korra! -soltó la alfa tras un gemido, ganándose una sonrisa por parte de la ojiazul que siguió jugando con su lengua en la delicada cabeza de la polla, más centrada en la pequeña abertura de donde brotaba la anhelada ambrosía.

Asami respiró profundamente, contando mentalmente hasta diez para no correrse… lo cual le resultaba muy difícil con su más grande y oculto sueño erótico hecho realidad.

Sintió unos cuantos movimientos más de la mano de Korra a lo largo del tronco de su polla y cuando la omega hizo nuevamente contacto visual con ella, rezumando determinación ardiente de aquellos ojos azules, supo que no tardaría mucho en correrse.

—Sé que tu lado alfa orgulloso no quiere dejar que te corras rápido… -comenzó a hablar la omega, con tono dulce, separando su cara brevemente de la polla, pero sin dejar de dar atención con sus manos a aquel gran tesoro recién descubierto- Pero también sé que si esta es tu primera vez no tardarás mucho… lo cual es excelente porque no tenemos tiempo que perder y porque deseo probar todo de ti. Así que relájate querida alfa, otro día me mostrarás tu aguante; por ahora simplemente déjate venir.

Tras sus palabras dio una cálida sonrisa a la temblorosa mujer y sin esperar respuesta ni darle tiempo a reaccionar, bajó su rostro, abriendo sus labios y metiéndose la rojiza y goteante cabeza de la polla en la boca.

Sí, eso definitivamente era la gloria. El cielo en la tierra, pensó Asami.

La boca de Korra era cálida, sus labios delicados, su lengua un deleite de suavidad cual seda. Sintió como la omega, con los labios sellados alrededor de la punta de su miembro, comenzó a chupar el mástil con vigor y a juguetear con su lengua alrededor del glande.

Tantos estímulos, tantas sensaciones perfectas, excitantes… era como si su polla supiera que solo pertenecía a esa boca. A Korra. A la que ansiosamente esperaba tras esto fuera su omega, su Korra.

El gozo aumentó cuando sintió que su pene se adentraba cada vez más en la cavidad bucal de la omega. Korra se lo estaba metiendo cada vez más dentro, poco a poco, tramo a tramo y su mirada de complacencia al hacerlo simplemente la rompió.

La alfa dentro de sí resurgió al ver a la deseable omega tomándola oralmente. Sus manos, que hasta ahora habían estado clavadas en fuertes puños a ambos lados de su cuerpo, fueron hacia los cabellos castaños de la omega y comenzaron a atraerla hacia sí misma, instándola a tomar más y más mientras sus caderas comenzaban a alzarse del sofá y a marcar un ritmo.

Asami comenzó a follarse la boca de Korra, con cada vez mayor premura.

Una parte de sí, el ápice de su ser aún no consumido por la rutina, pensó en que le podría estar haciendo daño a la omega; sin dejar de follarla, sus ojos, que se habían cerrado para concentrarse en los estímulos recibidos, se abrieron en pequeñas rendijas para observar si se encontraba bien… Y era más que perfecta la visión.

La omega se veía feliz, complacida, extasiada de ser follada con tanto ímpetu por la alfa; y pese a tener una gran polla ocupando toda su boca, llegando hasta más allá de su úvula y haciendo que su saliva se escurriera entre sus muy abiertos labios, parecía sonreír de la dicha y emitir gemidos ahogados de la emoción.

La sola mirada bastó para aumentar la rutina de la alfa, quien agarrándose con mayor fuerza los cabellos de la ojiazul y sacándole un gemido más fuerte a esta, aumentó el ritmo de sus caderas; tras dar un par de estocadas más, cuando al fin sintió que toda la palpitante polla había sido tragada por la hambrienta omega y los labios de esta estaban pegados a la base de su eje, dio un sonoro gemido y se corrió, lanzando cuerdas de espeso y cálido semen directamente al estómago de la satisfecha omega; que sin saberlo la alfa, también había alcanzado el orgasmo al ser tomada por ella de esa manera.

Pasaron un par de minutos de intensa venida, cuando Asami aflojó un poco el agarre de los cabellos y lentamente comenzó a retirarse de cálida cavidad de la omega. No es que tuviera muchos deseos de hacerlo, pero sabía que la mujer necesitaba respirar. Siseó al sentir finalmente su sensible pene a la intemperie, fuera de la calidez de Korra y por un momento temió verla a los ojos.

¿Estaría enojada por follarla con rudeza?

¿Por hacerla llegar hasta el fondo?

¿Por venirse tanto tiempo y demorar en salir de ella?

Sin embargo, sus dudas se disiparon al verla.

La expresión de Korra enamoraría a cualquiera.

Con el rostro sonrojado y los ojos llorosos por el esfuerzo, e intentando regularizar su respiración, la omega sonrió con la calidez y satisfacción de un trabajo bien hecho.

Asami le devolvió la sonrisa y acarició sus castaños cabellos mientras la visiblemente dichosa omega apoyaba su rostro al lado de la ahora flácida polla que se comenzaba a retraer, volviendo a su forma previa a la expansión.

—Me tomaste tan bien, omega. -elogió Asami

La sonrisa de Korra aumentó, sintió como la ojiverde tomó una de sus manos para atraerla con delicadeza. Una vez sentada al lado de la mujer de tez blanca, esta, de forma tímida, comenzó a acercarse con la silente solicitud de un beso, pero dando margen a que la omega aceptara o rechazara la oferta.

Korra ni loca iba a rechazar tal esperado acto. Cerró ansiosa la distancia con la alfa y selló sus labios con los de ella, primero en un casto y ligero beso que se tornó lento pero profundo, haciendo probar a la pelinegra sus propios néctares.

Tras un tiempo incalculable, se separaron por la necesidad de aire.

—Tu también lo hiciste muy bien, alfa… respondió tardíamente al elogio, la omega.

Sin embargo, antes de que Asami pudiese decir algo más, una voz por el altoparlante resonó en todo el lugar.

"En 5 minutos se iniciará la competencia, se les recuerda a los participantes que, de no estar en sus puestos designados, serán descalificados"

—¡El concurso! -Saltó la pelinegra, con ojos abiertos cual platos.

—Oh mierda, es cierto, me había olvidado que por eso estábamos haciendo esto.

Sin tiempo que perder se limpiaron con las toallitas húmedas que Asami no había podido guardar, arreglaron sus desordenadas ropas y se verificaron entre sí para que todo luciera en orden, al menos en la medida de lo posible. Pese al olor a lavanda de las toallitas, aún el recinto y ellas mismas olían a las feromonas de los orgasmos obtenidos. Asami le dio su perfume a Korra, que comenzó a rociar el olor por el lugar, a sí misma y a la alfa mientras esta terminaba de guardar las cosas en su bolso. No cubrió totalmente el aroma, pero supuso que en algo ayudaría a guardar las apariencias. Guardó el perfume que la omega le devolvió y ambas salieron juntas del camerino, corriendo a la zona de la competencia de ingeniería como si sus vidas dependiesen de ello.

Cualquiera hubiese pensado que tras lo ocurrido la situación sería incómoda, sin embargo, fue lo contrario. Mientras se limpiaban, arreglaban, ordenaban e incluso al correr, no podían dejar de verse entre sonrojos y risitas compartidas.

No obstante, la burbuja de encanto que las guardaba a ambas, fue rota por un grito atroz.

—¡Asami Sato! ¡¿Dónde rayos estabas?! ¡La competencia está a punto de comenzar! -Gruñó Lin, su profesora y tutora de la competencia. – ¡Te he estado llamando al Satophone y…! ¿Korra?

—¡H-hola entrenadora! – La omega, mientras se rascaba el cuello, saludó tratando de lucir normal.

—¿Ustedes se conocen? -cuestionó la alfa mayor, enarcando una ceja.

—S-sí y lo siento por llegar tarde… mi teléfono estaba en silencio, tuve un imprevisto y Korra me ayudó.

—E-exacto, simplemente le estaba haciendo un favor a Asami… ¡Pero ya está aquí y a tiempo!

La alfa mayor inspiró profundamente y comenzó a pasar su vista de águila de una joven mujer a otra, poniéndolas nerviosas y haciéndolas sudar. Además del obvio aroma que envolvía a las menores y de que las tontarronas que tenía frente a sí estaban cogidas de la mano, al parecer sin siquiera notarlo, finalmente volteó los ojos y exclamó.

—Lo que sea, no me interesa su vida privada. Solo lleva tu trasero de genio al escenario y haznos ganar. Y tú Korra, nada de distraerla o "ayudarla" hasta que gane. Raava sabe que tuve a mis gemelas con Kya gracias a la "ayuda" que me dio cuando estábamos en la universidad.

Sin decir más se despidió y fue a la zona de maestros, dejando a ambas jóvenes mujeres rojas como tomates.

—Okey, más información de la que quería tener de profesora…

—Y de mi entrenadora…

Tras compartir una mirada en breve silencio, ambas mujeres rompieron a carcajadas, pero debido a la premura, pararon rápidamente.

—No he tenido el tiempo de agradecerte por lo que has hecho…

—Fue un placer… Lo digo en verdad- se rió por lo bajo Korra, haciendo un juego de cejas que le sacó una risita igual a la alfa.

—Cuando acabe esto… ¿Quieres ir a tomar un café?... O bueno, primero debo pasar en realidad a comprar supresores y esperar a que hagan efecto, pero… -La alfa fue acallada por un dedo de la omega sobre sus labios.

—Cuando ganes la competencia, porque sé que lo harás, estaré aquí esperándote. Como estás en rutina necesitarás que te haga otro "favor", el cual gustosa haré -indicó guiñándole un ojo, haciendo sonrojar a la mujer de tez blanca- y una vez que no tengas ningún problema visible en tus pantalones podemos ir a por esos supresores y ese café… ¿Te parece?

—Suena como un buen plan… -Indicó Asami, aún entre las nubes, emocionada por ganar y volver a estar en ese plano con la omega.

Korra se rió ante la expresión de la alfa y se puso de puntitas para darle un beso en la mejilla a la mujer más alta.

—Para la buena suerte. Ahora acaba con ellos, tigre y con tu conocimiento patea en especial el trasero de esa maldita alimaña de Kuvira.

—Tus deseos son ordenes, omega.

Tras darle un apretón, notando allí recién que habían estado cogidas de la mano desde que habían salido corriendo del camerino, finalmente la alfa se separó y caminó hacia atrás lo más que pudo dirigiéndose al escenario, pero sin querer despegar la vista de la omega. Esta última le hizo de la mano cuando a la alfa le tocó voltearse y finalmente subir los pocos escalones para sentarse inmediatamente en su puesto junto a los otros competidores. Justo a tiempo antes de que la alarma suene.

"Señoras y señores, alfas y omegas de todas las naciones, la Universidad de Ciudad República les da la bienvenida al Concurso Nacional de Ingeniería Interuniversitario de este año. Iniciamos con la presentación de los equipos participantes, los mejores representantes de las mejores universidades del mundo…"

Korra se acomodó en el mejor asiento que pudo mientras el presentador anunciaba a los participantes. Sin duda era un asiento perfecto, pues pudo ver bien a la que esperaba, desde ahora, sea su alfa. Observó como la expresión, antes soñadora de Asami, ahora pasaba a una de determinación y competitividad.

Era un cambio que había apreciado antes, desde la distancia, teniendo un crush no admitido con ella, sin hacer avances pensando que no se fijaría en su ser por los entredichos que circulaban de su propia reputación y por no ser tan lista o una omega tan suave como otras alfas quisieran… pero, pese a todo, no podía evitar soñarla despierta y admirar su belleza, gentileza e inteligencia, considerándola una alfa diferente, especial, no machista ni idiota como las demás… Y había estado en lo correcto al final.

Sonrió al ver a Asami presentarse. Estaba segura que la alfa iba a ganar… e igual, ganase o perdiese, ella le daría una buena recompensa al terminar.

¿Un inicio diferente? ¿Poco ortodoxo? Quizás.

Pero no dudaba que esto sería más que sexo.

Su instinto omega le decía que Asami Sato era la elegida, la correcta, su persona especial. ¡¿Qué más daba que las etapas estuvieran revueltas?! Lo importante era que por fin sus caminos se habían unido en verdad.

La competencia siguió por un par de horas y Korra la observó de principio a fin; aunque no entendió mucho de la terminología usada, estuvo contenta de que su pronóstico fuese acertado y aplaudió vitoreando sin cesar cuando el trofeo y la medalla fueron dados a Asami, lo cual provocó que el Kuvira saliera furiosa del lugar. Tras una espera razonable por fotos conmemorativas, apretones de mano a personas importantes y demás, finalmente ambas mujeres se reencontraron entre grandes sonrisas y comentarios animados, dirigiéndose al camerino para volver a encargarse oralmente de ciertos asuntos que comenzaban a hacerse visibles por el tiempo transcurrido, y seguir con el itinerario planeado, finalizando así después de un tiempo en el rincón de una acogedora cafetería, hablando durante horas, cada una de sus vidas, preguntando y ahondando en la de la otra y conociéndose así más mientras sus manos se entrelazaban y sus pulgares tiernamente se acariciaban.

La mejor cita que ambas hubiesen podido imaginar.

Y sin duda el comienzo de algo más.


¡Hola!

Un nuevo fanfic, esta vez un Two-shot omegaverse con mi amada y poco común Asami Alfa. Este escrito se supone sería parte de un desafío Flash y constaría de como 1500 palabras… pero como siempre yo, llevo la contraria.

En serio Le chat et l'abeille ¿Por qué eres así?

En fin, debo aclarar que aquí los/as alfas tienen rutinas cíclicas (como el celo de las omegas), pero además de esos periodos hormonalmente predeterminados, sus hormonas de rutina también pueden ser activadas en caso de percibir las feromonas de omegas en celo y no estar tomando supresores.

Se suponía que para cuando subiera este primer capítulo (que lo tengo escrito desde el año pasado), el segundo ya lo tendría terminado para subirlo un par de días después… pero tras el omegacember me quedé con el cerebro exprimido y recién se está queriendo recuperar jajajaja. De igual manera quise subir esto para San Valentín, un romanticismo algo sucio quizás… ¡Pero romanticismo al fin y al cabo! Espero en los comentarios saber qué les pareció.

Saludos,

Le chat et l'abeille.