FAVORES
Te devolveré el favor
—Mierda… no ahora… no justo ahora…
Korra sudó frío al sentir en su ser la venidera desgracia.
¿Cómo podía tener tan mala suerte?
¿En qué momento ofendió tanto a los espíritus como para que la castigaran de esa manera?
¿Cómo fue posible que, en el hasta ahora más importante día de su joven carrera deportiva, le pasara esto?
¿Cómo fue que de repente, a punto de finalizar la Competencia Nacional de Kickboxing, estaba entrando en celo?
Korra normalmente estaba orgullosa de ser omega, pero ahorita no hacía nada más que maldecir su status y pensar en su calendario de calor para saber qué diablos había salido mal con sus cálculos.
—No me tocaba si no era hasta dentro de una semana… ¡Mierda!
Su puño enguantado golpeó la pared con furia, agradeció mentalmente que su entrenadora no estuviera allí. No, Lin estaba informando su inconveniente para saber qué medidas tomar…
—"No podemos arriesgarnos a que tomes algo y luego te descalifiquen por consumo de sustancias no permitidas en la competencia"-Korra imitó la voz de su entrenadora, recitando las últimas palabras que esta había dicho antes de partir a hablar con el comité y con el área médica de la competencia. – Da lo mismo, si no tomo algo de igual manera no podré seguir compitiendo… ¡Y lo peor es que Sami ni siquiera está aquí! ¡AGH!
La castaña resopló y se dejó caer en el mueble, estaba entrando en desesperación. Este debió ser un día perfecto, el día en que finalmente ganaría el Torneo Nacional… pero ahora seguramente tendría que retirarse por un asunto que no podía controlar.
Pese a estar encerrada en su camerino se sentía vulnerable y tremendamente sola, lo único que la haría sentir mejor era el abrazo de su alfa…
Su alfa, aquella mujer que había sido su novia por casi nueve meses. Un divino tiempo de amor verdadero, cariño inconmensurable y sexo oral y anal intenso…
Sí, solo de esa manera habían intimado durante ese tiempo. Se habían explorado hasta conocerse por completo con sus bocas y manos, ayudándose en sus respectivos calores y brindándose carnal afecto aún fuera de estos; pero ambas siendo vírgenes decidieron esperar el momento correcto para una primera vez completa… Y su omega interna ahora la estaba pateando mentalmente por eso.
"Si ella estuviera aquí podría hacerme maravillas con su lengua y manos… no ¡Korra mala! ¿A quién quieres engañar? la competencia prohíbe actos sexuales en las instalaciones por lo que igual estarías sufriendo… aunque quizás no se enterarían… ¡No! ¡Mala omega calenturienta!"
Considerando que estar entrando en celo y pensar en las habilidades lascivas de su alfa no la ayudarían a calmarse, intentó sacar su mente de la cuneta y redirigir los pensamientos a un campo más sano, el de los abrazos. Un abrazo de su pareja le vendría taaaan bien ahorita, una tentación que la excitaría más de seguro, pero al menos la haría sentir protegida… pero no, esa mujer siempre precavida había decidido ir a la farmacia para ahorrar tiempo, así cuando Lin volviera y la llamara dando instrucciones de qué medicina debía comprar, podría traerla sin demora alguna.
Como llamada por el pensamiento, el Satophone de Korra sonó, anunciando con su timbre especial que era su amada. La ojiazul rápidamente se quitó los guantes y contestó. Solo con escuchar la melódica voz de su alfa saludándola, su corazón se calentó … y por desgracia otras partes también.
—¿Nada aún amor?
Korra negó con la cabeza, como si su novia pudiese verla. Al darse cuenta contestó con su voz, pero no pudo evitar también sincerar su corazón.
—No… te extraño… te necesito…
—Lo sé bebé, yo también te extraño y te necesito…
A través de la línea escuchó cómo su pareja suspiraba de forma entrecortada. Sabía que sus palabras eran sinceras sin necesidad de verla a la cara, no solo porque durante esos meses habían creado una conexión profunda, sino también porque después de todo su pareja también estaba en celo y… ¡Oh mierda, era eso! ¡Debía ser eso!
Si bien Asami y ella no se habían mordido, había escuchado de parejas que, sin marcarse, su conexión era tan fuerte que en algún punto sus rutinas se unían.
—Sami, cariño, he estado rompiéndome la cabeza pensando en qué salió mal con mis cálculos del calendario de calor, pero creo que ya sé lo que ocurrió.
—¿Que nuestras rutinas se sincronizaron?
—¿También llegaste a esa conclusión? -preguntó sorprendida.
—Sí, en el tiempo que llevo esperando he estado cavilando. Es la opción más razonable, después de todo nos hemos vuelto muy unidas cariño. Si bien nuestras dos respectivas rutinas anteriores fueron descoordinadas, siguiendo el propio ritmo que teníamos antes de hacernos novias, al parecer nuestra unión por fin las regularizó y sincronizó… -la alfa volvió a suspirar y cambió su voz a un tono arrepentido- lo siento mucho amor…
—¿Qué? ¿Por qué lo sientes? No tienes la culpa de nada.
—Sé que está fuera de mi voluntad, pero igual siento que mi rutina te ha arruinado el día…
—No, no digas eso Sami -negó rotundamente Korra- incluso estás tomando tus supresores para que tu calor no me distrajera, este es un imprevisto… pero aun así es algo de lo cual no puedo evitar estar orgullosa. Si bien no vino en el momento más adecuado, me encanta la idea de que nuestra conexión sea tal que nuestros celos se readaptaron y unificaron…
—Me alegra que lo veas así, temía que me culparas, te amo mucho mi Kor-Kor…
—Nunca te culparía por algo así, y yo también te amo mucho mi Sami…
La cálida atmósfera se vio interrumpida cuando la puerta se abrió abruptamente e hizo gritar a la omega y por ende a su alfa al escucharla por teléfono.
—Okey, suficiente de chucherías amorosas, pásame el sathopone para hablar con la Tórtola #2
Lin entró como huracán y estiró la mano para recibir el dispositivo. Korra no dudó en entregárselo, y mientras intentaba calmar su corazón del susto (sin duda las hormonas del celo la ponían más sensible de lo normal) Lin habló con su alfa lo que tenía que hablar y colgó la llamada, dándole vuelta el teléfono a la omega.
—¡Oye, abusiva! ¡Ni me dejaste despedirme!
—Tranquila Tórtola #1, conociendo al bólido que tienes por novia, estará aquí en menos de lo que canta un gallo-cerdo.
Tras un bufido y aún con un puchero, la omega preguntó sobre el tema que más le interesaba.
—¿Qué dijo la organización del torneo?
Korra sospechó que algo andaba mal cuando Lin se quedó pensando en sus palabras antes de hablar.
—Podrás tomar la medicina y participar.
—¿Pero…? Porque parece que vas a acotar algo más.
—Los detalles te los contaré cuando Asami esté aquí, no vale tener que gastar saliva dos veces. Sé que le dimos un pase pero igual iré a verificar que esta vez no le pongan problemas para entrar a esta área. -Lin avanzó hacia la puerta y miró sobre sus hombros- Ya sabes, no salgas ni le abras a nadie chiquilla. Tus padres, tu novia e incluso mi esposa me matarían si algo te pasara. Volveré enseguida.
Korra solo atinó a asentir cuando Lin salió cerrando con llave la puerta. Ella también tenía una llave, pero sabía que salir no era una opción. El Kickboxing era un deporte 99% practicado por alfas; de hecho, ella era el 1% restante, la única omega en esta competencia nacional la cual sería la que definiría al candidato que iría al torneo internacional... un sueño para cualquier practicante del deporte y para Korra un hito personal y representativo por ser mujer y omega.
Sin duda salir en celo en un ambiente así, sin medicinas, no sería para nada coherente ni conveniente para sus metas.
La castaña vio el reloj y se mordió el labio. Habían dado media hora de intermedio y de ese tiempo ya habían pasado 10 minutos, quedaban 20 minutos para que iniciara el encuentro final. Ojalá su pareja llegase pronto para tomar lo que sea que Lin le haya indicado que comprara.
Aunque su gruñona entrenadora no fuese la mejor compañía, la prefería aquí con ella; ya que era una alfa casada y marcada las feromonas del celo de otra omega no la afectaban y le evitaría quedarse nuevamente sola… aún así, saber que volvería con su alfa le daba cierto alivio.
Cuando tras vencer el último combate había sentido la distintiva sensación de su celo, se alarmó y corrió donde su entrenadora, luego ambas fueron velozmente al camerino. Asami al ver eso se alarmó y quiso pasar al sector de los participantes, pero los guardias le impidieron el acceso, estaban a punto de expulsarla del recinto cuando Lin fue oportunamente a su rescate. En realidad, era una afortunada coincidencia, Korra quería a su pareja a su lado, aunque por las reglas no pudiesen hacer nada sexual allí, por ello instó a la alfa mayor a buscarla.
Habiendo aclarado el lio y obtenido un pase para la estudiante de ingeniería, ambas alfas volvieron al camerino y tras un efímero momento de cariños entre la pareja (al cual la entrenadora volteó los ojos) decidieron que mientras Korra se quedaba allí encerrada y segura, Lin iba informar y obtener los permisos de medicamentos mientras Asami iba a la farmacia para agilizar el proceso de la compra de la medicina.
—Falta poco… -se susurró a sí misma, dándose ánimos- Ya vendrá Sami y traerá algo que quite este creciente dolor e incomodidad para poder seguir en la competencia.
Para alegría de la omega, las mujeres no demoraron. Tan solo 5 minutos después ambas estaban entrando en el camerino, gracias a la llave de Lin, y Asami se lanzó directamente a su amada para darle un abrazo protector.
—Por fin viniste… -Susurró la omega, fundiéndose en la calidez de los brazos de su novia.
—Ya estoy aquí cariño… -Respondió la alfa joven, olfateando el aroma de las feromonas de su omega y agradeciendo haber venido tomando sus supresores, porque sino tendría una increíble erección.
—Vamos chicas, no hay tiempo. Asami, dame la medicina, por favor.
La alfa mayor recibió el frasco y lo ojeó mientas sacaba una botella de agua del mini refrigerador del camerino. Cuando estuvo conforme con las indicaciones de la etiqueta sacó dos pastillas y se las extendió a Korra mientras hablaba con seriedad.
—Esta es la medicina que autorizaron a comprar los directivos. Lamento decirte chica que no son supresores. Son atenuadores de feromonas.
—¿Qué? P-pero eso… eso solo bloqueará mi olor, pero no me quitará el dolor… -susurró, mientras tomaba en sus manos las píldoras y la botella.
—Lo sé, pero eso es lo único que autorizaron…
—Esos bastardos… ¡No es justo! - Exclamó indignada la pelinegra, mientras abrazaba a su pareja- ¿Cómo pretenden que una omega compita apropiadamente si está sufriendo un dolor intenso? Claro, como a los alfas no nos afecta de esa manera el celo, se despreocupan de todo lo demás. - arremetió con ira protectora.
La alfa mayor suspiró y seleccionó bien sus palabras. Podría actuar fuerte y agresiva como siempre, pero ante una situación delicada y la furia creciente de una alfa queriendo cuidar a su omega, era mejor ser asertiva. Además, secretamente apreciaba mucho a ambas chicas, por lo que una parte de sí estaba orgullosa de ver que se querían tanto como pareja.
—Escuchen, seré honesta: Sé que el sistema es una mierda. El comité está regido por normas alfacentristas que aún no han hecho los cambios necesarios para incluir a omegas ya que por sus primitivas y cuadradas mentes ni siquiera pasaba la idea de que un omega fuera capaz de incursionar en un deporte así de rudo… pero, aunque odie el asunto tanto como ustedes, es lo que hay. Prometo poner todo de mi parte para exigir un cambio justo en las normas, es más estoy segura que mi cuñado Tenzin, que es abogado, estará más que feliz de ayudar a la causa. Pero eso en este momento no sirve de nada y tienes que tomar una decisión porque estamos contra reloj. Así que la verdadera pregunta aquí es… Considerando que el dolor no va a disminuir y esa medicina solo servirá para que los alfas no te ataquen por tus feromonas… ¿Quieres continuar en la competencia o prefieres retirarte?
Korra quedó inesperadamente callada y cabizbaja. Era mucho para asimilar en tan poco tiempo y eso sumado al malestar de su celo que hacía mella en su cuerpo, no la ayudaba a pensar con claridad. Sentía que si no fuese por el abrazo protector de Asami ya sus piernas habrían cedido. La alfa joven, por su lado, sintiendo el aroma tribulado de su pareja mezclado con las feromonas de su estado, se atrevió a preguntarle a la entrenadora.
—¿Cuánto tiempo queda, Lin?
—Diez minutos para la final. -indicó tras checar su reloj.
—¿Las pastillas son de acción inmediata?
—Efectivamente. En cinco minutos hacen efecto, eso leí en la etiqueta.
—¿Nos puedes dar algo de tiempo para hablar a solas?
—Hmmm… Tienen 5 minutos, si es menos, mejor. Volveré para saber su decisión.
Dando un asentimiento hacia las jóvenes, la alfa madura salió del camerino. Al no tener la presencia de su entrenadora, Korra sintió que podría dejar ir la paupérrima máscara de leve fortaleza que tenía y ser ella misma con su pareja, expresando sus dudas.
—Sami… es mucho… mucho dolor… -gimió la omega, temblando levemente al sentir un retortijón en su interior.
—Lo sé amor, te he visto en tus otros calores y sé cuánto te duele y me parte el corazón no poder darte el alivio que necesitas… sé que es un tema difícil más aun sintiéndote así, pero debes tomar una decisión…
—Yo… no quiero defraudarlos… odiaría decepcionarlos…
—Korra, no -interrumpió la ojiverde. Nadie se molestará sea cual sea tu decisión. No defraudarás ni decepcionarás a nadie. Además, esto no se trata de lo que otros opinemos, se trata de ti. ¿Qué deseas tú hacer? Lo que decidas, tienes mi apoyo incondicional y te aseguro que todos estaremos orgullosos de ti pase lo que pase, amor.
La mente de Korra era un conflicto de pensamientos. Por un lado estaba el dolor que sabía minuto a minuto empeoraría y por el otro estaba la competencia… no quería perder, menos aún sin siquiera competir estando tan cerca de la final. ¡Había llegado tan lejos! Vencido a todos en ese maldito torneo, incluso en su última batalla cuando ya se estaba comenzando a sentir mal… Incluso allí triunfó y venció a todos… a todos menos a una sola persona, la alfa con la que tendría su batalla final.
Era verdad, no quería decepcionar a los demás.
No quería decepcionarse a sí misma…
Pero más que nada en el mundo quería derrotar a esa última contrincante.
Aquella que petulantemente se había burlado de ella, indicando que una simple omega nunca podría ganarle.
Aquella que al conocerla hace ya tiempo, se había disfrazado de buena persona… cuando luego se enteró que su único deseo era "follar a la novata". Que antes de Asami había sido su primera y única novia de la etapa universitaria… hasta que esta traicionara su confianza esparciendo chismes obscenos y malintencionados, simplemente por el hecho de haberse rehusado a tener sexo con ella en el corto tiempo que salieron.
Aquella que había esparcido rumores falsos, a diestra y siniestra, de que Korra era una puta que se acostaba con cualquiera… cuando bien sabía que era virgen y que sus primeras y únicas experiencias en orales las había tenido por insistencia de ella y por lo que, al no estar lista para ir más lejos y no dejarse presionar por los egoístas deseos de la alfa, prefirió terminar la corta y tóxica relación.
Aquella que mancilló su honor por un obtuso rencor y una absurda venganza mal infundada.
Aquella que había sido una perra total, no solo con ella, sino también con su actual pareja.
Aquella… Kuvira, la maldita que, si no se presentaba, seguramente se jactaría de que le tuvo miedo. La muy cretina.
No, ella no se rendiría tan fácilmente.
Lo haría por sus seres queridos.
Lo haría por Asami.
Lo haría por sí misma.
Y lo haría por todos los y las omegas que son excluidos por su simple status.
Daría lo mejor de sí y lucharía hasta el final.
La omega respiró hondo y se separó del abrazo de su alfa, mirándola ahora fijamente con determinación.
Asami sonrió, sabiendo la respuesta aún sin haberla escuchado verbalmente. En realidad, aunque puso ambas opciones en la balanza para su pareja, podría haber apostado todo su dinero de antemano a cuál iba a ser la decisión de su amada… después de todo en el vocabulario de la omega la palabra "rendirse" no estaba registrada. Korra no viviría en paz si no se esforzaba y lo intentaba hasta el final.
La pelinegra asintió y vio como Korra se tomaba las pastillas con toda la botella de agua y se estremecía un poco antes de finalmente hablar.
—Hay que hacerlo.
—Eso, ve a demostrarles de lo que es capaz una omega.
Acto seguido Asami le ayudó a su pareja a rápidamente ponerse los guantes y al salir del camerino se toparon con Lin, quien al ver a su pupila con el equipo puesto solo asintió y comenzó a caminar.
Llegaron al ring y el presentador instó a las competidoras a tener la última charla con sus respectivos entrenadores para subir al ring. Lin dio unas últimas recomendaciones y tras darle una palmada la despidió para que subiera; pero antes de que Korra pudiera hacerlo, su novia la jaló de la muñeca para fundirse con ella en un feroz beso que hizo rugir a la multitud.
—Escúchame, tomaste esta decisión así que sé que ganarás, no lo dudo ni por un maldito segundo. Da lo mejor de ti amor, patea el trasero de esa puta bruja y me aseguraré de devolverte el favor que me diste el día de mi competencia y recompensarte con creces por este dolor que sientes….
Una sonrojada Korra asintió con determinación, e ignorando el calor de su zona íntima ante tales palabras, se colocó el protector bucal y subió al ring.
Sentía aún el dolor y la necesidad, estaban creciendo y volviéndose poco a poco insoportables. Pero la confianza total que le tenía su pareja la ayudó a centrar su mente y sus deseos. Además, no mentiría, estaba ansiosa por la recompensa que recibiría.
Ante ella Kuvira se plantó, mirándola con su típico aire de suficiencia.
—La perrita en celo decidió aparecer… -habló entre dientes, con su propio protector bucal puesto. Al ver los ojos entrecerrados de Korra, su petulancia aumentó- ¿Creías que no me enteraría? ¡Aquí se sabe todo! O al menos yo tengo mis formas… Pero no te hubieras molestado en tomar esos atenuadores de feromonas… de todas formas no pensaría tomarte a la fuerza aquí si de todas maneras cuando barra el suelo contigo dejarás a ese prospecto de alfa con el que te juntaste y me rogarás para que por fin te coja como la perra que bien sabes que eres.
—Eres una enferma y te haré comer cada una de tus puercas palabras, Kuvira. -susurró con ira contenida, concentrando todas sus fuerzas en la batalla que estaba a punto de comenzar.
—Ya lo veremos, putita.
El réferi, ajeno a la violencia verbal de la alfa, finalmente se acercó con el micrófono y comenzó a hablar.
"¡Bienvenidos de nuevo señoras y señores!, es de mi agrado presentarles la ronda final del Torneo Nacional de Kickboxing: ¡La batalla entre Kuvira, "La Gran Unificadora" representante de la Universidad de Zaofu y Korra "El Avatar" representante de la Universidad de Ciudad República!"
El grito ensordecedor de la audiencia agitó el corazón de Korra, pero cerró los ojos concentrando todo su ser en ese momento, más allá de las aspiraciones del público o de los anhelos de su cuerpo. El presentador las llamó y les hizo juntar los guantes en un vano intento de que el encuentro sea deportivamente cordial y tras recordarles las reglas de qué movimientos eran o no permitidos, se alejó y finalmente la campanada sonó.
Lista o no, era el momento de la verdad.
"Y la campeona de este año del Torneo Nacional de Kickboxing, aquella que representará al país en la competencia internacional de esta disciplina es… ¡Korra Waterstone!"
El réferi levantó en una mano el cinturón del campeón y con la otra sostuvo en alto la mano enguantada de la Omega en señal de triunfo y la multitud rugió.
La pelea había estado muy reñida, tanto que, como era de esperarse, Kuvira había pasado de una batalla limpia a aplicar técnicas sucias que hicieron que sus propios fans la abuchearan. ¿Por qué el réferi no la había detenido, amonestado o descalificado? No lo sabía, pero sospechaba que estaba comprado. Igual ninguna de sus artimañas sirvió porque aún con todo en contra, recibiendo golpes bajos y con el dolor torturante de su celo robando energía vital, Korra había triunfado. Casi había sido un doble Knockout, pero al final ella fue la que se levantó mientras Kuvira seguía en el suelo del ring. Ni el réferi más parcializado podría haber hecho de la vista gorda ante aquella la clara victoria.
Los vítores y clamores estaban en tal apogeo que trajeron de vuelta al estado consciente a su adversaria, la cual, tras una ligera confusión y al darse cuenta de su derrota, gruñó de impotencia, escupiendo su protector bucal hacia un lado y golpeando con sus guantes en el suelo por la pura frustración.
—¿Cómo…? ¡¿Cómo mierda puede ser esto posible?! Perdí ante una… ante una…
Korra la observó, su ira se había disipado y había desembocado ahora en lástima hacia aquella alfa visiblemente equivocada en los caminos de su vida. Tras unos segundos, con voz apacible, finalmente decidió hablar.
—Espero esto, al igual que la pérdida en el concurso de Ingeniería, te enseñe un poco de humildad. El mal no paga, Kuvira. Aprende a ser mejor persona, de corazón, y finalmente te irá bien en la vida.
La alfa no miró a su contrincante, simplemente se levantó y cabizbaja giró sobre sus talones para salir del escenario y esperaba Korra, también permanentemente de su vida. Tras esta batalla catártica la omega sentía haberse quitado de encima sentimientos de rencor hacia su ex. Se sintió empoderada al haber conseguido, con su propio esfuerzo, justicia. De todas maneras, no le deseaba mal alguno; solamente esperaba no verla más, ya que para ella no sería nunca una persona grata.
La ojiazul, aún con el réferi sosteniendo en alto su brazo, vio cómo se acercaban Lin y Asami.
Lin lucía sonriente, lo cual era algo nuevo; no la hubiera creído capaz de mover sus músculos faciales de tal manera si no la estuviera viendo con sus propios ojos. Se preguntó mentalmente si en verdad era su entrenadora… "Lin" y "sonreír" nunca iban en una oración al menos que hubiera un "no" en medio; pero el ceño fruncido que aun conservaba, aparte de la vieja cicatriz en su mejilla por un antiguo experimento fallido de ingeniería, la hicieron saber que era la original sin duda alguna y no un clon del gobierno.
¿Clon del gobierno? Debía estar más cansada por la pelea de lo que esperaba o Kuvira tal vez le dio un mal golpe en la cabeza. Tomó nota mental de tener consulta con el médico.
Al lado de la No-clon venía su hermosa novia, aún más sonriente, sin ceño fruncido como su contraparte alfa, y totalmente llena de orgullo.
Korra no podía negar que, en la batalla, cuando parecía que iba a flaquear, escuchaba los gritos de ánimo de su novia y eso varias veces la hizo resistir y espabilar. Ella era su motor, ella era su luz, ella era…
De repente, el pensamiento de Korra se paralizó y abrió mucho los ojos cuando un fuerte dolor proveniente de su útero la atravesó. Su dolor se plasmó en su expresión, lo supo porque las sonrientes caras de las dos alfas pasaron de la alegría a una visible y asustada preocupación.
Todo pareció ocurrir en cámara lenta.
Su cuerpo se sintió recorrido por una fuerte y dolorosa corriente.
Sus fuerzas flaquearon, sintió el cuerpo pesado y parecía ya no poder controlarlo.
Sintió cómo el réferi intentaba balancear el repentino peso muerto que colgaba de su mano levantada.
Su mente comenzó a nublarse y a oscurecerse rápidamente.
Lo último que vio antes de caer en la inconciencia fue a las alfas correr a agarrarla para que no cayera al suelo, ya que el réferi, por su mala posición, no había podido sostenerla por más tiempo.
Con un grito ahogado, la conciencia volvió a Korra.
Se sentó apresurada. Estaba confundida y sudando frío, tuvo miedo por un par de segundos hasta que cálidas manos tomaron su rostro y recibió caricias junto al arrullo de una bella voz calmante y el aroma fragante de jazmines que tanto adoraba. Todo provenía de la mujer que apresuradamente se había acercado para tranquilizarla, aquella por la cual se sentía afortunada de amar y ser amada.
—Shh, shh, shh… tranquila bebé, estás a salvo…
Los músculos que se habían tensado, poco a poco se relajaron y su respiración se regularizó. Con su rostro aún acunado por las gentiles manos vislumbró a su alrededor. En su estado aturdido no había captado el entorno, aunque tampoco podría nadie juzgarla, en realidad era todavía algo nuevo estar allí, en el departamento al que ambas se habían mudado hace un par de semanas para vivir juntas. Se sintió aún más segura sabiendo que estaba con su alfa en un ambiente seguro por lo que se dejó mimar un poco más antes de preguntar.
—¿Qué pasó Sami? Todo estaba bien, pero de repente se puso negro y no recuerdo más.
La alfa dio un beso en la frente de su omega y finalmente soltó su rostro y cogió sus manos, entrelazando sus dedos antes de hablar.
—Te desmayaste, Kor-Kor. Llamamos a Kya y te llevamos al hospital donde estaba de turno. Le explicamos lo ocurrido y se enojó mucho con el comité, con Lin y conmigo por dejarte participar así…
—Pero yo fui la que decidí…
—Oh sí, no te preocupes que también se molestó contigo- bromeó Asami- Por las notificaciones que vi en tu Satophone creo que encontrarás una serie de extensos audios regañándote… y quizás algunos expresando lo orgullosa que está de tu triunfo… pero seguramente más son regaños ya que como estabas inconsciente no pudo dártelos en persona.
—Okey… ahora tengo miedo de coger mi dispositivo… ¿Será recomendable cambiar de línea?
—No amor, ni aunque cambies de Estado te librarías del regaño, sabes que ella te encontraría tarde o temprano. -Al ver el asentimiento resignado de su pareja levantó sus manos entrelazadas para besar sus nudillos y luego continuó hablando- En fin, después de amenazarnos despiadadamente, ella indicó que tuviste ese colapso por el sobre estrés que sufrió tu cuerpo al embarcarte en tal batalla en ese estado y sin el medicamento adecuado. Dijo que cuando la adrenalina del encuentro bajó, tu físico ya no debió resistir más.
—Oh… ya veo. ¿Me medicó?
Korra notó que su pareja comenzó a sonrojarse mientras respondía.
—Oh…Hmmm… sí y no. -ante la expresión confusa de la omega, Asami continuó- Te inyectó algo para aliviar el dolor y nos dio un frasco de los supresores que tienes registrados en tu historial por si se te hubieran agotado…pero… dijo que viniéramos a casa, que era un lugar seguro para que cuando despiertes pudiéramos conversar de qué queríamos hacer…
—¿Sobre qué queremos hacer? ¿A qué te…?
La pregunta murió entre sus labios cuando el delicioso aroma que antes había percibido en su atolondrado despertar, inundó nuevamente su olfato, dilatando sus pupilas y generando un palpitar en su zona íntima.
Ahora más lúcida se dio cuenta de lo que era. Era el aroma del celo de su pareja.
No tan discretamente bajó sus ojos hacia las caderas de la alfa y vio que esta se reacomodó algo incómoda, intentando ocultar infructuosamente su notable erección.
—Sí… -retomó la palabra la alfa, algo nerviosa- el efecto de mis supresores pasó, Kya supo notarlo antes de que la situación se pusiera tan… visible… Aconsejó que, como nuestros calores se sincronizaron, era mejor que conversemos al respecto y eso estaba esperando… aunque confieso que de hecho cuando te despertaste estaba a punto de tomarlos, no quiero que te sientas presionada a hacer nada como ocurrió con Kuvira.
—Nunca me sentiría así contigo. Tú no eres como ella, Asami. -Refutó Korra, con total seguridad. Al ver el suspiro aliviado de Asami, volvió a hablar- ¿Qué deseas hacer Sami?
—¿No debería yo preguntarte eso? -cuestionó la alfa, enarcando una ceja.
—No -respondió Korra, negando con la cabeza y con una leve sonrisa mientras apretaba las manos de su pareja- Más allá de ser alfa u omega, esta es la primera vez completa de ambas… y por ende ambas opiniones importan en la misma medida.
—Bueno… sé que ambas decidimos esperar al "Momento correcto" para consumar el acto propiamente dicho y si soy sincera… para mí no hay momento más perfecto que este para hacerlo. Nos amamos, vivimos juntas y aún sin el intercambio de marcas de apareamiento tenemos una profunda conexión, nuestro estado actual es la prueba máxima de ello. Aún así, respetaré lo que decidas Korra, si quieres esperar yo no tengo ningún… ¡Hmmm!
La frase de Asami quedó a medias cuando su novia se abalanzó a besarla ferozmente mientras se sentaba a horcajadas en su regazo, directamente sobre la erección de la alfa.
Cuando la apasionada danza de lenguas finalizó por la necesidad de oxígeno, ambas se quedaron viendo con lujuria reflejada en sus miradas.
—Entonces supongo eso significa que está lista para esto, señorita Waterstone…-ronroneó la pelinegra.
La omega dio pequeño salto sobre el notable bulto y comenzó a restregarse en él sobre las prendas para enfatizar su respuesta.
—Totalmente, no hay momento más perfecto. Tómame alfa, estoy ansiosa porque mi primera vez sea contigo… -replicó ansiosa, con las feromonas fuertemente brotando de su ser.
Asami inhaló el aire dulcemente enviciado con el aroma de su pareja y sonrió de forma depredadora.
—Te dije que te recompensaría por tu victoria de hoy, mi amada omega… y de paso te devolvería el favor que tan acomedidamente me diste el día de mi competencia…
La omega ronroneó y el sonido vibrante fue atrapado en un nuevo y profundo beso.
Las caricias de parte y parte comenzaron, con manos ansiosas de rozar cada trozo de piel expuesta. Los toques pronto se tornaron más entusiastas, queriendo dejar libre más y más piel tersa para poder disfrutar, es así como en un abrir y cerrar de ojos, entre besos y caricias acaloradas ambas quedaron en topless.
Mientras Korra seguía restregándose en la viril rigidez de Asami, las manos de la alfa fueron inmediatamente uno de sus lugares favoritos del cuerpo de la omega, sus amplios pechos. Los masajeó lentamente sacando un sonido de gusto de la sensible castaña, el cual se transformó en un gemido al sentir sus pezones siendo pellizcados por su pareja.
—Eso bebé… sigue… me encanta escuchar tu dulce voz…
Aún con las prendas inferiores puestas, Korra sintió cómo Asami agarraba sus caderas y la estocaba, a la par que volvía a retorcer sus sensibles picos marrones para motivarla a sacar lascivos sonidos de su garganta, lo cual obviamente logró. Era de esperarse, su alfa la conocía y sabía qué botones presionar para hacerla disfrutar, como esa mano que apretó sus glúteos, los dientes que mordisquearon su labio inferior o la lengua que pasó por su cuello y mentón… sin embargo no era la única que disfrutaba de la emoción de provocar pasión.
Korra era una omega, sí, pero eso no significaba que no disfrutara de ser recíprocamente activa en el placer con su pareja; y así como Asami la conocía, también la conocía a ella.
Tras un profundo beso, Korra aprovechó e inició un camino de besos húmedos hasta llegar a los pechos de su alfa, esta no opuso resistencia y mas bien soltó las caderas de su omega, que aún seguían moliéndose contra las propias, para apoyarse con las manos hacia atrás y darle un mayor acceso de sus senos a Korra.
La omega deleitó su vista, olfato y tacto al llegar a sus bellos objetivos. Los pechos de la ojiverde eran un poco más pequeños que los propios, pero a su parecer eso los hacía aún más preciosos ya que cabían perfectamente en sus manos para ser masajeados y admirar con adoración aquella piel blanca como la leche, adornada con rígidas protuberancias rosas que llamaban a ser besadas y mordisqueadas.
Los gemidos ahora comenzaron a provenir de la alfa y eso encanto a la omega interna de Korra, ser capaz de sacar esa bella y femenina melodía de placer de su pareja siempre la hacía sentir orgullosa, sabiendo que aquellos cánticos eran solamente para ella.
Mientras una de sus manos acariciaba uno de los senos, el otro fue bendecido por la cálida y húmeda lengua de Korra, lamiendo la aureola, chupándolo cual bebé hambrienta.
—Fuck… eso se siente tan bien… sigue mi buena y hambrienta chica, sigue…
El orgullo de la omega creció ante el elogio y procedió a dar el mismo acomedido trato al otro seno. Su alfa tenía razón, ella estaba hambrienta, su celo la ponía así y recién con ese comentario notó que la humedad de su zona íntima ya había mojado por completo su ropa. Al parecer la misma conciencia llegó a su pareja, pues sus feromonas se volvieron más fuertes y dominantes de momento. La omega, percibiendo el cambio arrastró por última vez los dientes en uno de los pezones, jalándolo un poco hasta soltarlo y quedar pendiente del siguiente acto de su pareja.
Amaba a la Asami que se dejaba complacer… pero adoraba cuando entraba en su modo alfa y tomaba su activo lugar dirigiendo y dando placer.
Las manos de la pelinegra volvieron a las caderas de su amada y detuvieron el movimiento de molienda. El aroma de Asami llamó a un entendimiento tácito de contacto visual y cuando ocurrió la omega supo que había llegado el momento.
La necesidad de ambas se sentía en el aire, en sus aromas, en sus miradas y Korra sabía que la humedad que sentía en su zona íntima era tanto por sus propias mieles como por el precum del pene de su pareja que se filtraba en conjunto con los jugos de su deliciosa vagina; sin embargo, la considerada alfa, cuidando como siempre de su pareja, se abstuvo de asumir y quiso aclarar verbalmente los deseos de ambas.
—¿Estás segura de esto?
—Cada célula de mi ser quiere esto, Asami. -admitió la castaña sin una sola gota de vergüenza.
La alfa sonrió y dándole nuevamente un apasionado beso se puso de pie con su omega a cuestas para luego girarse y colocarla sobre la cama. Manteniendo el contacto visual comenzó a desnudar la parte inferior de su pareja, con profundo amor pese a las inconmensurables ansias que tenía de arrancarle la ropa volviéndola jirones y fundirse en ella.
Cuando terminó de desvestirla y la omega quedó como vino al mundo, se tomó un momento para contemplar su belleza. No era la primera vez que la veía desnuda, pero cada vez que lo hacía se admiraba de que tal diosa le diera la gracia de compartir sus días con ella. Todo su cuerpo era una oda a la belleza atlética, la perfección muscular, como si la mujer frente a sus ojos fuera esculpida por algún artista profesional.
Inevitablemente sus verdes ojos se posaron en el vértice entre sus muslos. Relucía ante la tenue luz de la habitación por la abundante humedad que resaltaba entre los rizos negros de la intimidad. Y el aroma... Oh Raava ¡El aroma era magistral! El aroma de Korra era de por sí delicioso, pero en celo y teniéndola tan cerca era simplemente delirante.
A Asami se le hizo agua la boca por probar a su pareja como tantas veces lo había hecho, de seguro sabría exquisita como siempre… pero su propia necesidad palpitante llamó su atención a la par que unos ojos azules y un aroma de necesidad la espabiló.
Miró nuevamente a los orbes de su pareja. Mientras ella había estado admirando su cuerpo, la omega había hecho lo mismo con su alfa, tratando de comérsela con los ojos, pero al todavía estar vestida de la cintura para abajo la castaña se impacientó queriendo ver más de aquello que su alfa ocultaba y que pronto las uniría a nuevos niveles de profundidad.
En entendimiento tácito Asami procedió a desvestirse, de la forma sensual que sabía le encantaba a Korra y cuando terminó de quitarse la última prenda se irguió en toda su portentosa altura con aquella virilidad orgullosamente lista para su misión.
Korra se relamió los labios. Si bien adoraba la íntima femineidad de su amada, que escurría su ambrosía por el interior de los pálidos muslos, ahora mismo ansiaba, ansiaba infinitamente la polla de Asami con todas sus fuerzas. Su sabor, su humedad, su grosor, su textura, su calidez… Por su mente pasó cómo aquel mástil de cabeza roma más de una vez había llenado su boca, profundizando en su garganta y brindándole el sabor de su semilla; inevitable también fue el pensar cuando la larga y gruesa verga había estrenado su trasero haciéndola desde allí adicta a sentirla dentro, inundándola con su carga. Sabía que al final de la noche tendría una nueva adicción, una nueva preferencia de dónde sentir a su amada.
La imperiosa necesidad causó aún más estragos en la sensible omega. Si bien normalmente comenzarían con trabajos manuales y orales mutuos, lo único en lo que podía pensar ahora era en tener a Asami dentro de su hambriento coño; por lo que, sin vergüenza alguna, se puso a rogar.
—Alfa… por favor… ¡Te necesito! ¡Te necesito muy dentro de mí!
La pelinegra se mordió el labio mientras asentía con mirada lujuriosa y decidida. Se acercó y abrió más las piernas de su pareja, poniéndolas a los costados de sus caderas. Tras ubicarse, con una mano sostuvo la cadera de su amada mientras que con la otra tomaba la base de su falo y comenzaba a rozar la punta a lo largo de la húmeda y necesitada raja. Sabía que ambas estaban más que lubricadas, pero un poco de tentación y humedad extra seguro no estaría demás… después de todo esta sería la primera vez completa para ambas un momento especial para cualquier alfa u omega, un momento que quedaría guardado en sus corazones y enraizado en sus sentidos por la eternidad.
Un gemido ansioso de Korra le indicó que definitivamente no podría esperar más, y sabiendo que estaban en la misma situación se dispuso a entrar.
Manteniendo el contacto visual con su novia, su glande se ubicó en la lubricada abertura y lentamente comenzó a empujar. Había con anterioridad penetrado a Korra con los dedos, pero eso ni por asomo se comparaba en tamaño a la circunferencia de su pene, el cual poco a poco comenzaba a ser tragado por las paredes vaginales que iban cediendo a su paso.
Pronto encontró una barrera y supo lo que era. Se debatía en si hacerlo lento o rápido, pero la necesidad y determinación que su pareja transmitía en su mirada y el conocerla bien le dieron la respuesta. Como leyendo su mente, Korra asintió y eso firmó el trato para la alfa.
—Te amo Korra.
—Yo te amo a ti, Asami.
La ojiverde tragó saliva y de una estocada entró lo suficiente para romper de golpe el himen de su novia, ganando un quejido que se mezcló al final con un gemido tanto por parte de su pareja como de ella misma.
Miró hacia sus uniones y vislumbró un hilillo de sangre que seguramente mancharía las sábanas, pero no podía importarles menos.
Finalmente estaba hecho, sus virginidades fueron mutuamente tomadas y estaban felices por ello. Lágrimas brotaban de ambos pares de ojos, una pequeña parte por el leve dolor, pero más que nada por la inmensa felicidad que las embargaba. Cuando estuvieron listas, Asami prosiguió en su camino por el apretado canal hasta que finalmente tocó fondo y su pelvis lampiña besó la hermosa selva íntima de Korra. Un nuevo hito de pareja se había cumplido, finalmente estaban totalmente fusionadas.
La expresión de Korra reflejaba muchas cosas: dolor por el gran estiramiento, emoción por sentirse unida a su amada y placer por lo llena que estaba. Asami disfrutó de la vista mientras en su pene sentía cómo las paredes satinadas de su pareja se readaptaban a su tamaño. Bajó su rostro para dar ligeros besos cariñosos en el rostro de su pareja mientras le susurraba palabras de aliento.
— Tranquila bebé, ya entró, lo estás haciendo muy bien mi chica buena, no me moveré hasta que estés lista… ¿Vale?
Obnubilada por las sensaciones de su cuerpo, la omega no atinó a hablar coherentemente y simplemente gimió mientras asentía.
—Eso, no te preocupes, iré lento… -susurró la alfa, comenzando a moverse lentamente después de unos minutos, cuando sintió que la presión sobre su pene había cedido un poco.
Así inició un pausado ritmo de vaivén, con estocadas ligeras que fueron aumentando en fuerza, rapidez y profundidad con el paso de los minutos. Proporcionalmente a las embestidas del falo en la cálida cavidad, los jadeos y gemidos de ambas mujeres fueron acrecentándose, formando un lascivo coro que era secundado por los sonidos del choque de las húmedas intimidades.
Por largos minutos estuvieron así, enfrascadas en su ritmo carnal, en su pasión animal. Las piernas de Korra rodeando las blancas caderas, ambos pares de senos juntos, con pezones rígidos rozándose mientras las mujeres intercalaban los lascivos sonidos que emitían con besos sedientos de deseo.
Sus celos sincronizados alentaban un ritmo implacable, por lo que el calor y la excitación mutua subió a niveles exorbitantes; dicho candor llegó al punto en que, sin saber cuánto tiempo habían estado sumidas en el placer, ambas estaban a punto de a su clímax llegar.
Las pupilas dilatadas volvieron a hacer contacto, sus feromonas pedían lo mismo: Una mordida para así poder finalmente anudar. El vínculo máximo entre alfa y omega… sin embargo, por más tentadora que fuese la idea, sabían que no era el momento, hasta ese extremo no debían llegar.
No era por falta de voluntad o desconfianza en su amor, después de todo ambas estaban plenamente seguras de que su vida juntas querían transitar. Se abstenían de ese paso solamente porque conociéndose profundamente la una a la otra, sabían que aún había hitos educativos, deportivos y profesionales que querían alcanzar… además, ya habían conversado y tenían la ilusión de pasar por una debida pedida de mano, compromiso, y boda previo a la marca de mordida ejecutar.
Ahogaron la tentación de marcarse en un potente beso mientras las caderas de ambas se encontraban en un punto medio con gran velocidad. Tras unos momentos el beso se disolvió por la necesidad mutua de aire, y allí, sin dejar de meter y sacar su rigidez, con voz agitada y casi desesperada, Asami alcanzó a hablar.
—Korra, cariño, estoy tan cerca…
—Y-yo también amor…
—¿Dónde lo quieres, bebé...?
—Tú sabes dónde… sabes que lo necesito… dámelo por favor… termina dentro de mí, amor. Devuélveme el favor como me prometiste…
Los vellos de la nuca de la pelinegra se erizaron al escuchar dichas palabras. Era cierto, ellas habían conversado con anterioridad sobre cómo querían que fuese su primera vez y Korra, para gusto de Asami, había dejado muy en claro su deseo de querer la semilla dentro de su vientre, inundando su fértil útero. Su parte racional sabía que Korra tomaría omega-anticonceptivos, como habían acordado hace mucho, ya que no querían tener cachorros antes del matrimonio… pero eso no parecía afectar al alfa interno de Asami, el cual se sentía inmensamente orgulloso de pintar de blanco el útero de su novia con sus chorros poderosos.
Una ventaja adicional, pensó brevemente su lado lógico, era que como alfa su semilla actuaría como analgésico y relajante en el útero de Korra, ayudando a aliviar así el dolor del calor de su amada omega y así saldaría aquella "deuda" de cuando se conocieron cara a cara… sin mencionar que la liberación propia y de su pareja también ayudaría a aliviar su dolorido falo.
Todas eran ventajas y era un mutuo acuerdo, así que tras la última confirmación no dudó en realizarlo.
—Tus deseos son órdenes, amor… -susurró con esfuerzo mientras seguía embistiendo el apretado, cálido y húmedo canal que rodeaba firmemente su rígido falo.
Esas fueron las últimas palabras dichas antes de que ambas mujeres, con un poderoso gemido, anunciaran su conjunta liberación. Al igual que su ciclo celar, sus orgasmos se sincronizaron; a la par de que las piernas de Korra se enroscaban con mayor ímpetu alrededor de su novia y que sus paredes satinadas convulsionaban en movimientos placenteramente desenfrenados, la polla de Asami comenzó a pulsar abundantes chorros de semen directamente en el útero de su amada omega.
La sensación de placer las recorrió a ambas de cabo a rabo, el éxtasis orgásmico inundó cada poro de su piel mientras la vagina de Korra ordeñaba diligentemente la verga de su adorada alfa hasta vaciarla por completo de la ansiada y blanca sustancia.
Pudo ser cuestión de segundos o minutos, ninguna de las dos lo sabía, pero de repente el grito lascivo de ambas se detuvo, así como los movimientos y ambas cayeron una sobre otra, con sus extremidades rendidas y sus gargantas secas queriendo agarrar aire para regularizar las respiraciones agitadas.
Otro espacio atemporal transcurrió cubierto dulcemente por la neblina de la perfecta liberación mientras la pareja poco a poco trataba de recobrar el aliento y la consciencia ante el orgasmo liberador. No obstante, aunque Asami seguía exhausta, más pudo su preocupación por el bienestar de su amada, por lo que juntó el suficiente raciocinio y fuerzas para finalmente hablar.
—¿Estás bien, Kor-Kor? ¿Te sientes bien?
—Hmmmm… Mejor que nunca, Sami…
Aún si las palabras susurradas por Korra no hubieran sido emitidas, Asami hubiera sabido el estado de su novia por el dulce ronroneo que comenzó a emitir la diosa de ébano que bendecía su cama.
El agradable sonido y vibración se expandió del cuerpo de su pareja al propio, ayudándola a regularizar los latidos de su emocionado corazón.
Aún embelesadas por las sensaciones vividas el tiempo transcurrió, hasta que ambas ya habían recuperado el aliento tras el intenso orgasmo mutuo; sin embargo, continuaban con sus sudorosos cuerpos abrazados, compartiendo la calidez del momento e íntimamente unidas por sus partes más privadas.
Asami se dio cuenta de que seguían unidas y que tenía todo su peso sobre la omega, por lo que reaccionó ante esto comenzando a retirarse de encima de su novia. No es que ella deseara alejarse, pero lo que menos quería era hacer sentir incómoda a su pareja. No obstante, el sentir a Korra abrazándola con más fuerza y volver a envolver sus piernas alrededor de sus caderas la detuvo en seco.
Observó a su hermosa omega, la luz de sus ojos llenos de calidez fue acompañada una silente petición. Leyendo nuevamente su mirada, llena de vulnerabilidad y cariño, Asami preguntó.
—¿Quieres que me quede dentro de ti, amor?
—Sí, por favor Sami… espero no te moleste dormir así…
Asami viendo la fragilidad del momento en su pareja, se apresuró a negar y a darle un casto beso en los labios mientras sonreía y hablaba con sinceridad.
—Para nada, es lo que yo también quiero, en verdad. Solo me estaba retirando pensando en no incomodarte…
—No me incomodas, nunca lo harías…
—Entonces… ¿Te parece dormir así? Las sábanas las podemos cambiar mañana y de todas maneras, con el tiempo mi pene se retraerá y seguramente cuando despertemos ya no estará… al menos que me dé una erección matutina lo cual sinceramente es muy probable estando ambas en celo y teniéndote aquí así… -admitió con algo de vergüenza la pelinegra.
Korra se rió por lo bajo y rozó su nariz con la de su pareja de forma juguetona.
—Me encanta la idea de dormir así, amor… y no me molestaría si despertases dura, después de todo seguiremos en celo y además… la verdad… es que me siento muy bien contigo dentro de mi… me siento tan… tan…
—Completa -susurró la alfa, terminando la oración. Al ver un asentimiento esperanzado de la castaña, sonrió- Sé a lo que te refieres, siento lo mismo… Espera, déjame acomodarnos.
Sin sacar su virilidad del cálido canal de su omega, Asami las movió de lado para mayor comodidad. Una vez bien acomodadas, con una pierna de Korra sobre las caderas de la alfa para que la posición les permitiera seguir con sus intimidades conectadas, se volvieron a abrazar, disfrutando al sentir la suavidad de los senos rozándose mutuamente y la calidez compartida de sus cuerpos.
Por el trajín del día y el grato final de su noche, ambas estaban exhaustas, por lo que poco a poco, entre caricia y caricia se estaban balanceándose entre el sueño y la vigilia. Es así como, con voz adormilada, Korra volvió a hablar.
—Sami…
—Dime Kor-Kor…
—Gracias…
—¿Por qué? -respondió algo confundida por el sueño.
—Por ser mi amada alfa…
—No cariño, gracias a ti por ser mi omega y permitirme el privilegio de amarte…
Con caricias y ronroneos mutuos, la suave conversación se desvaneció, dando paso a un plácido sueño mutuo, antesala del primer día de la nueva etapa de su relación.
Si bien aún no se habían dado una mordida de apareamiento y el nudo que viene por consiguiente a esta, ambas sabían que este acto era el sello final que determinaba como estable y perenne su relación. Habían cruzado gustosas la frontera y seguirían juntas por el camino de la vida como una pareja unida, avanzando hito por hito en sus vidas.
Fin
¡Hola!
Por fin la segunda y última parte de este two-shot.
Me ha costado un poco porque tuve que hacer ajustes de mis ideas, pero espero el resultado lo consideren bueno.
Aunque investigué, debo admitir que no sé nada de Kickboxing; así que pido disculpas si alguno de los términos o escenarios está mal empleado… igual como siempre recalco lo obvio: Esto es ficción, así que de mi parte no esperen algo 100% apegado a la realidad (Esto también es aplicado a las descripciones del ámbito erótico).
De la misma manera me disculpo si algún detalle por atar se me pasó por alto, cuando una escribe por lapsos a veces quedan cosas en el aire que no siempre atina a corregir.
Espero que dentro de todo lo hayan disfrutado y de ser así me dejen un comentario.
Saludos,
Le chat et l'abeille.
