Disclaimer: Los personajes de Shingeki No Kyojin no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama.
rutina
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El viento matinal de otoño otorgado por el cambio de la estación comenzaba a penetrar en sus huesos con menos sutileza que durante las refrescantes mañanas del verano, la oleada de las esporádicas ráfagas heladas golpeaba sus rostros y picaba sus clavículas expuestas con más ahínco cada vez, sin embargo, aquello no era impedimento para que sus mejillas se arrebolaran como normalmente lo hacían debido al extenuante atareamiento físico.
Sin duda, despertarse a horas tan tempranas debía ser una tarea compleja para cualquier ser humano común y perezoso, pues se requería de una fuerza de voluntad tan inquebrantable no reflejada más que en atletas súper experimentados y para quienes el deporte era su vida. Sin embargo, no era así para el intrépido par de esposos —que en realidad no eran atletas olímpicos o algo similar—; sino solo simples mortales sumamente disciplinados en diversos aspectos, y que gustaban de la actividad física que los mantuviera en constante práctica y en forma.
Levi y Mikasa Ackerman eran un matrimonio equilibrado y muy fitness.
Una pareja regularmente acostumbra a llevar a cabo actividades cotidianas en donde los gustos personales interactúen en armonía; por ejemplo, pasar el rato viendo Netflix, salir a cenar, beber con amigos, fiestas, cine, viajes o la designación días para visitar a los parientes del contrario, todo en perfecto equilibrio con el trabajo y sin descartar el tiempo de calidad a solas. Y ellos lo hacían todo. Obviamente siendo distribuido apropiadamente durante los siete días de la semana.
Tenían una especie de itinerario fantasma imantado en sus memorias. Pero solamente la estructura, pues los huecos de "qué hacer" con exactitud se hallaban siempre a la expectativa de ser decididos en su momento, según los deseos, junto a la hora y el lugar; y, por supuesto, jamás olvidándose de sus rutinas imprescindibles durante las mañanas, y de pasar, por lo menos, una hora en el gimnasio por la noche.
¿Cómo tenían tiempo para ser tan dinámicos y realizar sus hobbies con una agenda tan apretada, sin cansancio, sin parar? Simple, otro de sus sorprendentes atributos era la planeación, junto con el orden, responsabilidad, entereza, y sobre todo la higiene estrictamente aplicada en la acogedora casa actualmente habitada por ambos.
Levi rechazaba la flojera, la suciedad y el excesivo sedentarismo malsano. Inevitable había sido que esas características fueran contagiadas en Mikasa, quien había sido su pareja desde hace más de siete años.
Ahora estaban casados, y Levi agradecía la compenetración que había logrado establecer con su esposa, tanto, que era casi como una copia de él.
Casi tanto en personalidad como de manera física.
Mikasa era dueña de un abdomen marcado y envidiable como el que poseía su marido, esto en un principio haciéndola sentir poco femenina e insegura en cuanto a la apariencia; no obstante, Levi le demostró con el paso de su relación que no había nada de malo con su cuerpo. La amaba tal y como era. Amaba que ella amara sus rutinas, que compartieran momentos en sus hobbies, que no fueran las diferencias lo que los uniera. Por supuesto, tampoco es que Mikasa fuera una réplica exacta de cabo a rabo del espécimen masculino. Ella aun siendo tan asidua al ejercicio, a los combates cuerpo a cuerpo, no dejaba de ser una mujer atractiva y con excelentes atributos y curvas perfectamente puestas en su correspondiente lugar. Aquellos imperdibles detalles dulcemente femeninos eran los que volvían loco al hombre más bajo.
Con personalidades muy parecidas, humor particular, carácter huraño, fiero y temperamental, para las personas poco observadoras a su alrededor aquello podría parecer una convivencia problemática, tediosa o hasta algo monótona, llegando al punto de calificarla como aburrida o suponerla poco interesante.
Pero más equivocadas no podrían estar.
Ellos no son opuestos. Ellos no encajaban en la típica regla de "opuestos se atraen" —ni mucho menos en "los iguales se repelen"—; pero no todo en la vida es una regla. Las maneras de encontrar el amor no están sujetas a estereotipos imaginarios y estúpidos de la sociedad. Así como uno más uno no siempre llega a ser dos, en este caso, seguían siendo uno. Con todo y sus similitudes
Mikasa y Levi irradiaban felicidad al lado del otro, aunque no lo demostraran abiertamente, y no se notara gracias a sus expresiones frías e inamovibles tan características, ellos disfrutaban su vida juntos. La mayoría de sus amigos más íntimos está de acuerdo de que nacieron destinados para el otro. Cuando discuten de un tema en común, los dos se muestran igual de apasionados y no dejan de darle vueltas a todo, siendo a veces desafiantes, orgullosos, retándose incisivamente el uno al otro a la vez que concuerdan en algunos aspectos.
De vez en cuando eran como el agua y el aceite.
Si Levi y Mikasa fueran personajes de televisión, serían rivales. Rivales de esos que empiezan respetándose a regañadientes y acaban enamorándose loca y apasionadamente. O como un capitán y una subordinada; como jefe y asistente; o dos periodistas contrarios. Funcionarían de cualquier manera, pues no cabe duda de que juntos forman un gran equipo.
Aquella mañana parecía apacible desde la perspectiva de Mikasa, quien junto a su esposo caminaba de regreso a su hogar.
—¿Tienes trabajo? —preguntó ella.
—No hasta por la tarde —respondió él, en el mismo tono monótono. Pareciese que no se interesaran por las cosas del contrario, pero la verdad es que Mikasa quería calcular si tendría tiempo para prepararles un desayuno a ambos.
Levi era Dentista y manejaba su propio consultorio privado. Ella a veces le hacía de secretaria y solía agendar pacientes normalmente después de las cuatro de la tarde, pero últimamente Levi actuaba como su propio secretario, por lo que ya no sabía a qué hora exactamente citaba a sus pacientes.
Mikasa tenía entendido que Levi quería expandir su horario de atención, por lo que no se le haría para nada raro que el primer paciente que se agendara Levi fuera a las siete de la mañana.
Actualmente, mirando el smartwatch en su muñeca, eran las 6:52.
—Sin embargo, estaré ocupado toda la mañana, terminaré unas carillas que tengo que entregar pronto.
Mikasa asintió.
—Bien. Hoy no tengo prisa por llegar a la guardería, pero me quedaré más tiempo al final. La directora Zoe quiere discutir de una vez las actividades para el próximo curso, no me esperes para comer.
—Hm. —Él no estaba muy seguro de esa decisión—. Iré a casa de mi madre a comer con ella, te esperaré ahí hasta las dos. Si no llegas, te veré en la casa más tardar a las cuatro. Mi primer paciente llegará a las cuatro y media.
—De acuerdo, aunque no creo que la reunión dure más de una hora.
Levi asintió en respuesta.
No hubo más palabras en lo que restó del camino a casa.
Al llegar, Mikasa se dirigió a la cocina, y supuso que Levi subió a su habitación para tomar una ducha. A ella también le urgía tomar una, pero el impulso de cocinar había sido más insistente. Y ahí estaba ella frente a la estufa, muy concentrada decidiendo entre huevos revueltos con tocino al estilo desayuno americano o unos panqueques cubiertos de miel.
Ambos deliciosos, pero también altos con grasa y calorías. ¿Y si mejor hervía un par de huevos y luego los acompañaba con una ensalada verde? Eso parecía buena idea, aguafiestas, pero más sana y acorde al equilibrio de vida saludable que llevaban, es decir ¡recién volvían de hacer ejercicio como para volver a recuperarlas en menos de unos segundos!
Pese a su perfecto estado, Mikasa no se lo pensó más, y dejando de lado que parecía la loca de las calorías, se agachó para buscar un recipiente donde poner los huevos en el fuego. Estuvo un rato en esa postura inspeccionado cada artículo de plástico de su reducida alacena, hasta que por fin la divisó, muy al fondo.
Gruñó, reprochando en sus adentros a quien quiera que haya arrojado esa olla tan atrás, y regañándose a sí misma por no tener más de una. También era su culpa por casi nunca emplear el maldito objeto dejándolo en el olvido como muchos de sus otros recipientes de cocina. Muchos de ellos siendo regalos de boda de amigos y familiares, por lo que tampoco debería quejarse.
Fue justo en medio de ese tren de pensamientos cuando Mikasa, estando todavía en la posición inclinada sobre la estufa, que de repente siente algo duro pujando contra ella.
—¿Qué diablos…?
Sus palabras quedan al aire cuando una mano grande le cubre la boca desde atrás.
—Shh… tranquila soy yo.
Bueno, Mikasa no se esperaba un visitante o un ladrón, además ella y Levi viven solos en casa, pero ¿no se estaba duchando? ¿Qué intenciones oscuras tenía restregando su intimidad contra su trasero? ¿E inmovilizándola? No sabía lo que sucedía pero se estaba excitando.
"Que tramas" murmuró entre dientes y apenas entendible. Mikasa giró un poco su torso para lanzarle una mirada de advertencia, los dedos de Levi no le daban espacio a pronunciar más palabra. Por su lado, el hombre posicionó su mano libre en la nuca de su esposa, para bajarla lentamente por toda su columna vertebral hasta su zona lumbar, para así reclinar su cuerpo a una altura perfecta y que este quedara casi completamente en estilo perrito.
No hubo muchas palabras después de esa acción, solo fervientes jadeos que brotaron de la garganta de Mikasa, quien estaba siendo totalmente dominada.
Cuando la pareja tiene sexo, la cama es como un campo de batalla donde cada uno lucha por ejercer su control sobre el otro. Hay noches en que él se rinde completamente a ella, porque le encanta o viceversa; otras ocasiones con sesiones muchísimo más intensas donde este control se tiene que manejar por turnos porque ninguno se somete al otro por completo.
Se necesita de creatividad para mantener a un hombre como Levi entretenido y satisfecho. Si bien no es de los hombres que se quedan quietos dejándole todo el trabajo divertido a la mujer, le fascina lo imaginativa que puede resultar Mikasa cuando está cachonda. Es como su otra faceta, su otro yo escondido, su lado sádico y malvado que la convierte en una máquina de proporcionar placer.
Aunque al parecer esa mañana el control lo tendría él.
Levi no tenía la intención de tomarla esa mañana y de esa manera, pero la descubrió en esa postura provocativa cuando regresaba por un vaso de agua, y por más que el placer de un buen baño lo llamara, la lujuria pudo más.
—Apóyate sobre la encimera —ordenó con esa voz ronca y aterciopelada.
Ella obedeció de inmediato.
Levi entonces fue descendiendo su mano de los labios de la azabache, acariciando sus pechos en el proceso de llegar hasta el borde de sus pantaloncillos de lycra para entrenamiento.
Con cuidado, Levi quitaba la prenda junto con sus bragas, mientras Mikasa empujaba su trasero más hacia la notable erección del hombre, provocando que este le respondiera con leves estocadas por encima de su propia ropa.
Al instante, sus shorts y bóxers también fueron retirados. Se tomó a sí mismo con su derecha para poder restregar la puna de su longitud entre las nalgas de Mikasa, y así culminar el recorrido obsceno con unas sensuales caricias en su entrada. El cuerpo de Mikasa se sentía aturtido por el placer, y lo demostraba arqueando su cabeza hacia atrás al mismo tiempo que su espalda formaba esa hermosa curvatura que volvía loco a Levi.
Sin tantos rodeos, finalmente la penetró desde atrás, empezando con estocadas lentas y poco profundas que dejaban medio pene fuera, lo que hacía soltar quejas de la boca de Mikasa. Quería torturar a su esposa.
—Levi… por favor…
Esta solo gemía y jadeaba.
Él hasta cierto punto mantenía la serenidad, pero siendo honesto, la paciencia se le estaba agotando. Frunció el ceño, realmente quería ponerse rudo.
Sin embargo, jugando un poco más con ella, tanteó sus senos por desde debajo de su blusa. Disfrutando de la sensación de palpar la suavidad y redondez de ese par de tetas que amaba, apretó y pellizco sus sensibles pezones a la vez.
Fue con ese firme enganche en sus senos y en esa posición, que Levi tomó un impulso más salvaje y profundo en sus embestidas, llenándola por completo con cada firme penetración que estaba dando ahora, los dos sentían sus cuerpos calientes y repletos de sudor, incluso más que después del entrenamiento mañanero.
Las paredes de Mikasa se contraían alrededor del falo de su marido, succionándolo deliciosamente. Levi estaba llegando a su límite, duraron un poco más en ese choque entre sus intimidades, hasta que llegó el punto de no retorno donde ambos alcanzaron el éxtasis del orgasmo. Levi se dejó ir libremente dentro de Mikasa, quien aún sentía las palpitaciones de su húmedo interior.
Después de unos momentos, ambos se desmoronaron sobre la encimera de la cocina, pero al final terminaron cayendo al piso de espaldas.
Mikasa aterrizó sobre Levi, quien la abrazó rápidamente para posterior girarla y aplastar sus labios contra los suyos. El mejor beso siempre ocurría después del increíble sexo con ella.
Joder, amaba a esta mujer y su manera tan asombrosa de hacerlo llegar hasta el cielo permitiéndole gozar de su cuerpo.
—¿Por qué fue eso? —las mejillas de Mikasa estaban teñidas de un bonito rojo escarlata, mientras le dirigía una mirada interrogante a su esposo.
Él simplemente dejó entrever una sonrisita torcida.
—Solo quería "romper" un poco la rutina, ¿que no te agradó?
—Por supuesto, pero no me esperaba esto de ti, Levi.
—Fue algo espontáneo —el hombre se encogió de hombros.
Se pusieron de pie, para así reanudar con las actividades del día, casi como si aquello no hubiera pasado, o como si no hubiese tenido relevancia, pero dentro de sí sabían que posiblemente habían adquirido un nuevo habito que estaría presente la mayoría de las veces a partir de ese día.
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Nota de Cer: Bueno bueno, me preguntaba CUÁNDO rayos iba a terminar esta historia, pero ya está por fin.
Gracias por leer. Aió.
