Los gritos de las chicas hicieron que Sakura subrayara por encima de lo que debía sus apuntes para presentarse a médico ninja del hospital de Konoha. Con un bufido, levantó la mirada y encontró el motivo por el cual las chicas se habían excedido en el tono de voz. A través de la ventana encontró a Naruto rodeado de chicas de la aldea.

Se sintió algo incómoda al ver a su mejor amigo siendo el centro de atención del público femenino en particular.

Sakura arrugó la nariz.

Él no parecía para nada descontento con la situación.

Se sintió una persona muy egoísta, era su momento de gloria y se suponía que debía alegrarse por Naruto pero le estaba costando trabajo. Ella había tenido la exclusividad del chico durante años y ahora no le gustaba que otras chicas la reclamasen. Él era un buen chico, quizás demasiado, pero sabía que ellas querrían aprovecharse de su inocencia.

¿celosa? ─ Preguntó una voz detrás de ella.

Ino se reía de ella por lo bajo y se sentó a su lado a observar como Naruto aceptaba los chocolates que le entregaban.

Por supuesto que no, simplemente me molesta que le traten como un objeto, él merece a alguien que le valore ─ respondió muy orgullosa.

Frentona, igual se te olvida, pero Naruto es un hombre ─ replicó.

¿Qué quieres decir con eso? ─ Preguntó frunciendo el ceño.

Él también tiene necesidades ─ respondió Ino encogiéndose de hombros. ─ ¿Crees que habrá estado con alguna de ellas? Yo creo que sí, se lleva muy bien con la bajita de los ojos tristes.

Apoyó la barbilla en su mano y se acercó a la ventana ella también.

Pero no la escuchó, las palabras de Ino habían tenido un efecto muy negativo en ella. Tenía razón, por muy amigo suyo que fuera, Naruto era un hombre y seguramente tendría necesidades afectivas.

Ya no era aquel chico travieso que corría por la aldea haciendo travesuras, se había vuelto un hombre muy atractivo. Pero la sola idea de imaginar a Naruto de esa manera provocó que se sonrojara más de lo debido. Ya tendría tiempo de hablar con él, tan solo había estado tres semanas fuera realizando misiones.

Ni siquiera había ido a saludarla la primera, se había quedado hablando con su séquito de fans y eso la molestó.

Durante días, Sakura estuvo evitándole, seguía molesta y no pensaba darle el gusto de saber el efecto que tenía en ella. Se refugió en la biblioteca y apenas salió para ir a casa, sabía que él la encontraría allí.

El lunes, muy agotada, recogió sus cosas; el día le había cundido mucho y pronto podría ser médico titulada. Iba moviendo el cuello cuando se topó con un ramo de flores que llamó su atención debido a su gran tamaño de la mano de Naruto Uzumaki.

Había sido muy dura juzgándole, con una pequeña sonrisa se acercó a él.

Oh, hola, Sakura-chan ─ exclamó él muy sorprendido.

No hacía falta que me trajeras un ramo, ya te he perdonado ─ respondió ella con la cabeza muy alta.

¿De qué hablas? ─ Preguntó extrañado.

¿No me has traído este ramo? ─ Dijo extrañada.

El chico se llevó la mano a la nuca mientras reía nervioso y se echó a un lado para ver a la bajita de ojos tristes que Ino le había comentado. Con la cara roja, Sakura se quedó callada y humillada mientras la pareja se saludaba. No se molestó en resultar lo más cortés posible con aquella chica y se fue de vuelta a su casa con un cabreo monumental.

A la mañana siguiente, se levantó muy temprano para volver a la biblioteca antes que nadie pero se llevó una gran sorpresa al encontrar un hombre sentado en las escaleras mientras miraba al horizonte.

¿Y tú qué haces aquí? ─ Le preguntó recelosa.

Naruto echó la cabeza hacia atrás para mirarla con una socarrona sonrisa que no parecía querer olvidar lo ocurrido.

Quería hablar contigo ─ respondió encogiéndose de hombros.

Se levantó y la obligó a meterse de nuevo en su hogar.

Has estado evitándome durante días y te enfadas cuando me ves con otras mujeres, parece el tipo de conducta que tendría alguien que quiere llevar el apellido Uzumaki por bandera ─ dijo orgulloso.

Sakura no dio crédito a lo que estaba escuchando.

Pero, ¿qué dices, idiota? Quita, voy a llegar tarde a la biblioteca ─ respondió muy enfadada.

Apenas pudo avanzar cuando Naruto la agarró del brazo.

¡Suéltame! ─ Gritó.

Naruto sonrió y se acercó a su oído.

No soy tan fuerte como tú, si realmente quisieras zafarte podrías hacerlo sin problema ─ respondió sonriente.

Sentirle detrás de ella hizo que se pusiera aún más nerviosa de lo que ya estaba, se erizó cuando él apoyó la cabeza en su hombro.

Podría hacerte muy feliz si me dejaras, Sakura-chan ─ susurró.

Estaban cerca.

Demasiado cerca.

Las manos de Naruto rodeaban su cintura cada vez más fuerte, podía sentir también su corazón en su espalda. Con la cara sonrojada, evitó cruzar la mirada con él pero fue una tarea destinada al fracaso; Naruto le dio la vuelta y quedó apoyada en la pared. Él se agachó y quedaron cara a cara, momento que aprovechó para maldecir a Ino; ahora que había alabado a su mejor amigo era incapaz de pasar por alto aquellos ojos azules que la miraban con deseo.

Para evitar volver a quedar en evidencia, echó un vistazo al reloj de la cocina, eran las ocho de la mañana y el sol comenzaba a alumbrar su hogar. Desde que sus padres habían muerto en la guerra, se había convertido en un lugar muy solitario.

Tengo que ir a la biblioteca ─ repitió.

Respóndeme algo, ¿me besarías? ─ Preguntó él ignorándola.

¿Se puede saber de dónde has sacado esas confianzas conmigo? Somos amigos, por supuesto que no te besaría.

Él rio.

Te quiero, Sakura-chan, te he querido desde que tengo uso de razón, no puedes culparme de disfrutar ese momento de celos que me brindaste ayer ─ dramatizó llevándose la mano a la frente.

Lo peor de todo era que se sentía demasiado cómoda estando entre sus brazos, él simplemente era el apoyo más estable que tenía en aquel momento. Pero aquello no era un cuento de hadas por mucho que lo pareciera, recordó a la chica con la que quedó la noche anterior.

Mejor pídele un beso a la chica con la que quedaste anoche ─ respondió sin pensar en lo que había dicho. ─ O s-sea, que beses a quien quieras, a mí me da igual.

Naruto la miró y acarició su mejilla con el dedo índice. Ella intentó zafarse pero llegó un momento en el que él había dejado de sujetarla, era ella quien no se apartaba de él. Aquel iba a ser su primer beso, sentía que el corazón iba a salírsele del pecho. Tragó saliva cuando vio a su mejor amigo girar la cabeza para besarla.

Cerró los ojos y abrió la boca lentamente al sentir el olor de la colonia que él llevaba pero ese beso nunca llegó.

Extrañada, abrió los ojos y se encontró a Naruto con una pícara sonrisa.

Ya he movido ficha, Sakura-chan, si me correspondes como yo a ti, necesito oírlo de tus labios.

Acto seguido le dio un beso en la frente y se fue.

Sasuke estaba sorprendido.

Muy sorprendido.

Nunca pensó que Naruto pudiera ser un galán con las mujeres. Aquel amigo cafre, torpe con una ridícula sonrisa había conseguido algo que él jamás se hubiera atrevido a hacer. No tuvo palabras, dejó a Sakura seguir hablando acerca de como acabó corriendo hacia sus brazos jurándole que sólo sería un beso y como esos besos se habían ido repitiendo en numerosas ocasiones porque el Uzumaki provocaba algo en ella que no sabía ni explicar ni controlar.

─ Ahí empecé a sospechar. Luego le hice yo lo mismo ─ añadió mirándose las puntas del pelo. ─ No podía permitir que mi imagen quedara en entredicho pero él no se lo tomó como yo hice, al contrario, fue mucho más en serio a por mí.

Sasuke atendía a cada palabra que ella decía mientras comía el ramen instantáneo. Aunque él también sentía una pequeña espinita, se sentía feliz por sus dos compañeros y no quitó una sonrisa en ningún momento; al menos lo que era una sonrisa para él.

Naruto la había conquistado y no solo con su aspecto físico, la había conquistado de verdad. Notaba el rubor en sus mejillas cuando hablaba de él y en cómo conseguía que sus piernas temblaran.

Cuando terminó, Sakura le sonrió.

― ¿Y tú? ¿Conociste a alguien en tus viajes? ─ Preguntó con la voz algo nerviosa.

Él la miró, sabía que, a pesar de haber iniciado un proyecto de relación con Naruto, seguía comportándose un poco extraño cuando estaba a su lado. No supo muy bien qué responder, si bien podía entender aquellos sentimientos que Sakura le había contado, nunca había experimentado algo así y menos de esa manera.

Jamás había sentido esa atracción que le impidiese controlarse, sentía algo muy fuerte y muy puro por Sakura desde que era pequeño pero no de la misma forma en la que Naruto haría.

Todas las situaciones en las que se había visto involucrado de carácter más íntimo habían resultado en una gran incomodidad que él no sabía explicar. Su propia compañera se había desnudado para seducirle pero no surtió efecto alguno. Él no sentía nada.

Siempre creyó que era algo normal, Karin no era su interés amoroso y nunca lo fue pero tampoco ocurrió con Sakura. El Uchiha se había enamorado de su inteligencia, de sus capacidades como ninja, del extraño color de su pelo pero era incapaz de imaginarla en otro contexto.

― No siento ese deseo del que hablas ― se limitó a responder.

Ella abrió los ojos y le sonrió.

― ¿Nunca? ― Preguntó curiosa.

― No, nunca.

Estar junto a ella le hacía sentirse bien.

Ella no le juzgaba.

Ella entendía su peculiar forma de ser.

Ella no tenía problemas con sus silencios ni con ser la parte activa de los dos, ella le respetaba. Ella era más parecida a él de lo que alguna vez pensó que sería.

Se dio la oportunidad y apoyó la cabeza en su hombro, cosa que a Sakura le sorprendió.

Durante los siguientes días, Sasuke la observaba con detalle, cada gesto, cada mirada era guardada en su memoria como un tesoro. Aunque ya la conocía, descubrió lo talentosa que era y lo mucho que se esforzaba.

Todos los días, ella le pedía que fuera a recogerla después de trabajar en el hospital, así que se dedicó a cumplir los deseos de la chica. No parecía hacerlo por compromiso, algo así le hubiera preocupado, ella realmente quería que estuviera a su lado y, para qué negarlo, él también.

Sentados en el banco de al lado del hospital, Sasuke se sintió asqueado al ver como el helado que ella le había comprado empezaba a derretirse en su mano. No había querido ser grosero con ella y había aceptado su invitación a pesar de que odiase el dulce. Tuvo que hacer un gran esfuerzo y tragárselo todo de una sentada para evitar hacerla sentir mal.

Cuando ella lo vio, reprimió una carcajada y comenzó a limpiarle la mano.

― Pareces muy ensimismado, ¿en qué piensas? ― le preguntó mientras le limpiaba con una toallita húmeda.

― Kakashi-sensei me encargó la misión de restaurar el barrio Uchiha.

Ella se acercó, parecía muy interesada.

― ¿Puedo verlo?

Él asintió y le entregó el plano que había hecho durante la noche. Estaba un poco avergonzado, desde la pérdida de su brazo izquierdo, más que escribir, garabateaba como podía.

― ¡Sasuke-kun, esto es genial! ― comentó asombrada.

― Siento que esté tan borroso, no escribí mucho con esta mano ― se disculpó.

Ella se giró y le sonrió.

― Tu brazo sigue esperando, ¿por qué no quieres que te lo implante? ― Acto seguido, se sonrojó. ― Lo siento, sonó muy mal.

A pesar de no haberlo entendido, le devolvió la sonrisa.

― El brazo es un recordatorio de lo que no debe volver a ocurrir.

Sakura se quedó callada y le miró curiosa.

― Has pasado más tiempo ayudando a la aldea que destruyéndola, ya has pagado tu deuda, Sasuke-kun ― respondió con dulzura. ― Sin ti el mundo hubiera acabado destruido.

Sin quererlo, se sonrojó.

Esto no debía ocurrir, ella no tendría porqué saber algo así, no se merecía ese reconocimiento. Sakura le acarició la mejilla y le susurró al oído algo.

― Sin embargo, hay algo que puedes hacer si quieres redimirte.

Con una ceja encarnada, Sakura le cogió de la mano y ambos corrieron a gran velocidad por los bosques. Antes de que el helado comenzara a sentarle mal, ella se paró enfrente de una puerta y la señaló.

― ¿Esto se supone que me va a ayudar a redimirme? ― Preguntó.

― Te ven muy lejano, no como alguien real.

Le ofreció su mano.

― ¿Confías en mí?

Sasuke la miró de arriba a abajo.

― No ― respondió con sinceridad.

Ella no pudo evitar soltar una carcajada y acto seguido llamó a la puerta.