Sasuke atravesó un oscuro pasillo de la mano de Sakura, no tenía miedo pero sintió que había sido una mala idea dejar la katana en su apartamento por si algo ocurría pero, para su sorpresa, percibió el chakra de muchos ninja al final del pasillo.
No es que fuera algo que le importase demasiado, nunca le había importado lo que la gente pensase de él pero después de todo lo ocurrido se había ganado a pulso más odio del necesario y eso sí que le pesaba. Con la cabeza agachada, se quedó parado.
― Confía en mí ― le susurró Sakura, ― todo saldrá bien.
La luz de la tarde deslumbró un poco cuando encontró varios pares de ojos frente a él. Tragó saliva, no sabía qué hacer pero se vio rodeado por el cuello por un un estrafalario Lee.
― Por fin vienes, llevamos esperando este momento mucho tiempo ― le dijo con una sonrisa mientras levantaba el pulgar.
No lo creyó para nada cierto y menos le gustó el contacto prolongado que Lee hacía sobre su persona. Cuando Sakura lo hacía no había ningún problema pero tuvo que aguantar para no causar una mala impresión.
― Pero suéltale, Lee, ¿no ves que le estás incomodando? ― Exclamó Kiba colocándose estratégicamente a la izquierda. ― Vaya, siento lo del brazo, ¿duele? ― Preguntó curioso.
― Sólo a veces ― respondió.
Sakura echó una pequeña risita.
― ¿En serio? ― Dijo Lee con los ojos muy abiertos. ― Pero si no tienes.
― Se llama síndrome del miembro fantasma ― dijo Sakura, ― su cerebro sigue pensando que su brazo está ahí aunque no sea así.
Él escuchó todo lo que ella dijo acerca de aquel síndrome con atención.
― ¡Eso nos beneficia a todos! ― Exclamó Lee, ― ahora sí podré vencerte, Uchiha, esta vez sí lo conseguiré.
Bajo la atenta mirada de los otros ninjas, Sasuke estaba especialmente condicionado a responder, después de todo lo ocurrido con Lee, debía cuidar sus palabras. Hizo contacto visual con Neji, el cual se hallaba de brazos cruzados junto a Shikamaru mirándole muy serio. Todos esperaban esa respuesta y se estaba quedando sin tiempo.
― Bueno… Tú ganaste aquella vez ― dijo.
Después de un silencio que se le hizo eterno, todos rieron.
― Te preguntarás porqué te he traído aquí ― dijo Sakura apoyando la mano en su hombro. ― Verás, sabemos que la guerra ha sido muy dura para todos pero aquí, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Sai, allí presente ― señaló con el dedo al chico que le saludó con una sonrisa ― ha hecho cosas inimaginables mientras estaba en la raíz. Neji fue un cretino con Hinata durante gran parte de su vida…
― Gaara se volvió loco con Lee durante los exámenes chunnin ― añadió Tenten un poco triste.
― Exacto ― dijo Sakura mirando a aquella chica. Acto seguido, se giró para mirarle. ― Todos hemos hecho cosas de las que claramente nos arrepentimos, puede que tú hayas pasado el límite pero prevalece que has luchado con nosotros y nos has protegido.
― Te has redimido ― exclamó Chouji, ― tres años vagando por el mundo ninja sin una comida caliente que llevarse a la boca tiene que ser algo terrible… ― susurró apenado. ― Yo hubiera arrasado con todo.
Sasuke miró a aquel chico regordete y le sonrió.
― Tengo estómago suficiente para ganarte a ti ― le dijo.
― Apuesto entonces 500 ryos por Chouji ― dijo Shikamaru.
― Yo 700 ― dijo Shino.
― 1000 por el Uchiha ― exclamó Sakura.
Sakura sonrió dejando a Chouji cara a cara con él.
― ¿Estás seguro? ― Le preguntó divertido. ― Estás demasiado flaco, vas a morir como comas lo mismo que yo.
― Entonces no tendrás nada que perder ― respondió.
Realmente lo había hecho para intentar entenderles un poco, sabía que no tenía ninguna posibilidad contra Chouji pero se vio sorprendido cuando vio la comida que el mismo Chouji había traído.
Tenía costumbres raras.
Muy raras.
Cogió uno de los tazones de ramen que Chouji le dio mientras escuchaba las apuestas del resto, sólo ella había apostado por él por lo que pensó que le devolvería el dinero apostado.
Sin embargo, su estómago empezó a rugir de verdad. Estaba acostumbrado a comer únicamente cuando tenía oportunidad y cuando empezó a comer, sintió un instinto animal despertándose dentro de él. Cuando el ramen cayó en su estómago fue incapaz de parar.
Ya no comía para ganarle, comía porque verdaderamente sentía la necesidad de comer. Escuchaba los gritos y exclamos de sus compañeros y al acabar el tazón número cuarenta y seis, Choujin aún seguía por el número treinta.
Sintió los brazos de Sakura rodearle el cuello para contar todos los que se había comido, miró a Chouji sorprendido de sus habilidades.
― ¡Has ganado, Sasuke-kun! ― Gritó muy emocionada. ― ¡Pagadnos, panda de ilusos que tres años de viajes gana a Chouji!
Ver como ella le defendía era algo que Sasuke no supo describir con palabras. Su rostro se iluminó y le sonrió. Esta vez de verdad, no una media sonrisa como siempre solía hacer.
― Habrás ganado esta competición pero no serías capaz de ganar a Hinata ― bufó Chouji.
El Uchiha miró a la supuesta Hinata muy sorprendido. Ella se sonrojó al percatarse que él la estaba mirando pero no le dio importancia, sabía que era la chica rarita de los Hyuga y no se lo tomó como algo personal.
Después de una charla en la que le pusieron al día de todas las novedades en Konoha, observó a Sakura bailando con sus amigas mientras él seguía comiendo ramen. Se asqueó un poco a sí mismo al darse cuenta del parecido que tendría con Naruto cuando se extrañó de algo.
No había visto a su amigo desde su llegada, Sakura le había dicho que solía tener misiones en otros países y su estancia en Konoha solía ser muy breve pero nadie le había mencionado. Quizás se había hecho demasiadas ilusiones y aún no confiaban en él lo suficiente.
Él había intentado matar a Naruto en numerosas ocasiones.
Se encogió en su asiento cuando sintió a alguien sentándose al lado.
Una mirada blanca que no supo cómo interpretar le miró curioso.
― ¿Puedo? ― Preguntó Neji.
Sasuke asintió a pesar de que él ya se había sentado. Había empezado a entender que muchas veces las preguntas que le hacían no necesitaban de su respuesta y era meramente informativa.
― Sigo sin fiarme de ti pero por alguna razón que desconozco quiero hacerlo ― dijo sin apartar la mirada del horizonte.
― No te culpo, yo tampoco me fiaría de mí ― confesó dejando el tazón de ramen en la mesa.
Neji se giró para mirarle, cosa que le asustó.
― Sin embargo aquí estoy ― dijo.
Sabía que la intención de Neji era hacer una broma pero no le salió bien, su rostro no parecía ir acorde con sus palabras.
― Sé cómo te sientes, a mí también me cuesta entenderles.
Aquella confesión sorprendió al chico, el cual abrió los ojos.
― Exactamente ― bufó. ― Supongo que hay veces que necesitas a alguien como tú por muy mal que te caiga. De igual forma, puedes acudir a mí, seré el líder del clan Hyuga hasta que Hanabi-sama tenga la mayoría de edad.
Sasuke asintió.
― Tal vez lo haga.
― Bien.
Continuaron en silencio observando la fiesta hasta que una fugaz idea cruzó por su mente.
― ¿No debería ser Hinata quien fuera la líder?
― Técnicamente sí, ¿por qué lo preguntas? ― Preguntó receloso.
Se encogió de hombros, sólo intentaba ser amable igual que Neji lo había sido acercándose a él.
― Ella no desea ser ninja ni líder de su clan, antes de hacerla pasar por esa humillación, acepté el cargo yo.
― ¿Y la respuesta real?
Neji se sonrojó.
― Es una buena ninja pero no la mejor y eso desprestigiaría al clan ― admitió. ― ¿Todos vosotros érais igual de buenos?
Él se hundió en su asiento.
Por supuesto que no lo eran, él mismo no lo era y siempre vivió a la sombra de su hermano Itachi; aquello era algo que le pesaba. Era extremadamente complicado ser el mejor, más aún si cada año, los ninjas más jóvenes iban muy preparados. No tenía ni un solo momento de tranquilidad sin sentir que debía ser el número uno.
Miró a Hinata Hyuga sonrojarse mientras hablaba con Tenten y por un momento tuvo cierta empatía con ella.
― ¿Por qué lo preguntas?
― Sólo quería saber si podía confiar en ti o no.
― Entiendo.
Quizás no era su amistad soñada pero Neji le entendió y con eso bastó.
Al acabar la fiesta, acompañó a Sakura a su casa. La chica no puso objeción ninguna y juntos andaron por las calles de Konoha.
― Hay algo que necesito saber ― dijo después de unos minutos en silencio en los que ambos disfrutaban de su compañía.
Sakura se giró y le sonrió.
― ¿Por qué nadie me habla de Naruto?
― Sí que vas al grano ― respondió con una sonrisa. ― Antes hay algo que quiero contarte. Verás, después de la guerra, los señores feudales invirtieron dinero en las villas. En especial, la medicina ha avanzado más que nunca y se han descubierto cosas que… bueno, son sorprendentes acerca de nuestra propia naturaleza humana.
Aquel tema llamó su atención.
Le encantaba escucharla mientras hablaba de medicina, no podía evitar sentir un gran orgullo.
― Hay personas con habilidades increíbles pero también tienen otras que les dificulta su día a día. No es culpa suya ni ninguna enfermedad ― suspiró. ― Simplemente funcionan de una forma distinta y ese es el caso de Naruto. Cualquier estímulo le desconcentra de su tarea, siempre tiene que estar haciendo algo porque tiene demasiada energía ― rio.
Pero a pesar de estar interesado en lo que decía, ella estaba esquivando su pregunta.
― Si llega a saber que estás aquí, lo abandonaría todo y…
― Eso no explica por qué nadie me habla a mí de él.
Ella se quedó callada y volvió a sonreír.
― No saben cómo reaccionarías
― No tienes que cuidar tus palabras, puedes decirlo.
― Naruto ha cambiado mucho desde la última vez que os vísteis y como siempre habíais tenido rivalidades… Es complicado pero no te preocupes, cuando vuelva, podréis hablar.
Sin apenas darse cuenta habían llegado a la casa de Sakura.
La chica sacó las llaves y después le miró.
― No estamos haciendo nada malo, ¿verdad? ― Preguntó tímidamente.
Ella le miró de arriba a abajo.
― ¿Crees que hacemos algo malo? ― Preguntó divertida.
Sasuke apartó un mechón de su frente y colocó los dedos en ella dándole un pequeño toque.
― No ―susurró.
Antes de que Sakura pudiera responderle, dio un salto y se despidió de ella desde la calle.
Después de una larga tarde, pasó por enfrente del barrio Uchiha con una melancólica mirada. Allí donde había pasado gran parte de su infancia ahora parecía un lugar encantado donde habían muerto todos los Uchiha.
Camino observando cada detalle.
Su casa, la casa de Shisui, la de sus abuelos y sus tíos.
Echaba de menos a su madre, todos los días se acordaba de ella y de la cariñosa forma que tenía de tratarle. Aquella era la razón principal por la cual no le gustaba relacionarse, le hacía recordar todo lo que había perdido y no era algo que le gustase.
Con el corazón encogido, se sentó en la parte más alta del Santuario Nakano mientras miraba la villa.
Se sintió en una gran encrucijada, estaba disfrutando demasiado de su estancia en Konoha pero sabía que en algún momento tendría que volver a realizar misiones. Él sabía que no estaba hecho para la vida tal y como sus amigos la percibían, no se veía a sí mismo siendo una versión de Kakashi, su vida estaba en el campo.
Se prometió a sí mismo que tan pronto como terminara la reforma del barrio Uchiha, volvería pero cada día que pasaba se le hacía más y más difícil tener que despedirse de ellos.
Despedirse de ella concretamente.
Sakura…
Aquella dulce niña que siempre estuvo de su lado, que siempre le defendió y apoyó durante toda su trayectoria. La misma que había aceptado su perdón y con quien pasaba gran parte de sus días.
El color rosado de su pelo siempre era señal de que podía estar tranquilo, era el único momento en el que podía bajar la guardia; con ella nada malo le ocurriría. Se tocó la cara de forma inconsciente al notar como una sonrisa se dibujaba en su cara.
Quería hacerlo, reformaría el barrio y ella le admiraría en compensación por abandonar la villa nuevamente con la promesa de que volvería. Pero él sí volvería, sentía que no podía alejarse tanto de alguien a quien quería tanto como él quería a Sakura.
