Esa mañana Mikasa abrió los ojos, la luz insolente del amanecer la besó para despertarla, le tomó unos minutos recordar dónde estaba, la noche anterior había bebido demasiado como era ya costumbre, sentía una respiración alcohólica en su cuello y piel húmeda a su espalda, comenzó a moverse, ahí estaba ese chico del bar, el de ojos verdes, ¿o café?, Ni siquiera lo recordaba ya, él aún dormía así que ella lo volteó sobre su espalda con esperanzas de poder salir de ahí sin despertar a nadie, demasiado asqueada de ella misma para dar la cara a esas personas de las que no recordaba sus nombres o si valió la pena esa noche. Como pudo, se sentó en la cama y el cuerpo tras ella aún se aferró a sus caderas con un delicado brazo lacio, era una chica, sí a veces hacía eso, despreciable ¿no? "¡Mierda!" Pensó, retiró ese brazo con cuidado y saliendo de las cobijas se arrastró a los pies de la cama en un mar de prendas, a gatas comenzó a buscar las suyas, ejecutando la maniobra como si fuera una ladrona, cuando escucha al hombre murmurar algo, se agacha para no ser vista mientras rápidamente se enfunda su vestido, toma su cinturón y la chaqueta, se cuelga la mochila y las botas y sale lo más rápido que la indignidad lo permite.
"Disculpa eres amiga de mi hija?
eh... Sí, ya me voy gracias!"
Ni siquiera recordaba su nombre, marcando la opción de ser maleducada dió la vuelta y salió de ahí, el sol la cegaba, la cabeza iba a explotarle, la piel pegajosa, el olor a humo en su cabello, de seguro el ejemplo de "proyecto de vida sale mal", en rollo en su cintura el cinturón y se vistió con la chaqueta, el celular descargado no podía guiarla ahora para saber qué hora era o a dónde ir, ¿acaso la gente olía su miseria que los ojos parecían pegarse a ella cómo anzuelos?
"- disculpe, que hora es?
- las 11.30"
¡Mierda! De nuevo no llegó a clases, no podía ir así, tenía que ir a su casa primero, quizás alcanzaría a llegar a las clases de la tarde, lo único malo era enfrentar a su madre que de seguro elevaría un sermón tan repetido que podría decirlo ella misma sin ayuda, y tan largo que quizás no le permita llegar a clases de todos modos, pero qué más, no había opción. Cuando las miradas sólo se anclaban a su pecho entendió que salió tan rápido de esa casa que olvidó su sostén, sí, ella misma se saboteaba para alcanzar nuevos niveles de indignidad, superar sus límites.
Llegó a casa, antes de poder darse un baño el ataque maternal se desató, después de lo que parecieron horas de humillación extra a la ya vivida, logra darse ese baño, roba unas barras de cereal de la cocina y sale, sólo para recordar que tenía un trabajo que presentar y que claramente no había hecho, pasó la tarde en la biblioteca de la universidad dibujando, tenía muchas carpetas de dibujos, todas eran el mismo, el tipo que se imaginaba y que soñaba seguido, lo dibujaba una y otra vez, grafito, óleo, acuarela, carboncillo, incluso lápiz tinta en una esquina de sus cuadernos mientras ignoraba sus clases, era su hombre perfecto, quizás un día esos dibujos se harían reales, él vendría por ella, a amar su desastre.
Mikasa era una joven rebelde y complicada, la infidelidad de su padre y el perdón obligado por las apariencias que su madre le entregó, sólo trajo más guerra a su casa, una guerra de silencio, nadie se hablaba si no era para gritar o vomitarse veneno, y ella al salir de ese juego fue siendo olvidada, vista sólo cuando causaba problemas.
El amor para Mikasa no existía más que en sus dibujos, se negaba a ser como sus padres, se negaba a tener una familia y una vida "normal", se negaba después de ver cómo resultó para ellos. Jugaba a suplir esa carencia con excesos, fiestas, alcohol, sexo, incapaz de confiar en nadie, el amor sólo era el que tenía por sus dibujos y sus diseños, al comienzo recordaba cada noche de desenfreno, cada boca que besó, cada cuerpo que la tuvo, luego dejó de hacerlo pues no le importaba, eran una pildora de evasión, no sentía placer ni deseo, no sentía emoción, sus latidos espesos no se conmovían con ningún hombre ni mujer, con ningún baile, ni un vaso de cerveza o dos u otra sustancia, todo era igual, incluso la vergüenza del día siguiente, el asco de lavar su cuerpo, las marcas de manos ajenas, ella no era de ella misma, no se pertenecía, buscaba con ahínco algo que la hiciera sentir viva tomando cada oportunidad que prometiera hacerlo. Cuando su cuerpo necesitaba un descanso la música estridente hacía orquesta mientras ella diseñaba un atuendo nuevo, eso le gustaba, la calmaba entre tanto vaivén en el caos.
"El tiburón llora profundamente y sus lágrimas corren por sus mejillas, pero como vive en el mar no se pueden ver"
Se abrazaba las piernas bajo la lluvia de la ducha, escondía su rostro ahí y dejaba que el agua se mezclara con su llanto, la mandíbula dolía por detener los sollozos, por más que tratara de cubrir el agujero en su pecho sus manos impotentes no lo lograban. Se sentía demasiado conectada y buscaba su botón de apagado con insistencia, ese vacío siempre estuvo ahí, como una canción que no puedes sacarte de la cabeza, ahí resonando, una y otra vez, siempre buscando algo y perdiéndose un poco en el proceso.
"¿Seguiré así hasta que no me quede nada? "
A veces se acostaba mirando el techo de su habitación esperando que esa falta se hiciera tan grande que la devoraría por completo, un sentimiento de pérdida tan intrínseco sin saber qué era lo perdido, como una avalancha de incertidumbre, la ausencia mordía fuerte.
perdí algo, olvidé algo importante, pero no sé qué, duele, me duele...
A veces los días partían bien pero envejecían mal, y la desesperación la hacía sucumbir a la adicción, esa que trata de llenar los puños con agua, de cubrir un cuerpo con una hoja, tratando de llenar su vacío con quien fuera haciendo esa fosa cada vez más profunda, era una ruleta rusa en que la bala siempre le tocaba a ella. Salió de la biblioteca y fue a tomar un bus a uno de los bares de siempre, tenía varios y los alternaba para no encontrarse con las mismas personas, usualmente la gente está de paso en esos lugares, pero ella es una constante, se pone sus audífonos para que la música cubra el ruido de las personas, va siempre tarde, siempre rauda, incluso cuando nadie espera por ella, deja pasar un par de buses sólo porque sí, sólo porque se le da la gana, entonces se sube a uno que parece ir un par de personas más vacío que los anteriores, espera porque los demás se sienten, así no la miren con desprecio si ella lo hace primero pues ya sabes, es joven, no debería estar cansada, avanza desde el fondo del bus y encuentra un asiento, una señora frente a el la hace esperar por si va a tomarlo o no, pero sigue su camino a otra parte del bus, entonces se sienta en paz, más bien se desarma ahí, trata de no mirar a nadie, pues sabe que más de alguien lo hace con desprecio ya sea porque se ve bien o se ve mal, depende de los ojos que la miren, las personas van y vienen pero siente que la observan sin vergüenza a ser descubierto, de reojo siente los ojos de alguien sobre ella y cuando nota que no retira mirada, lo ve desafiante para espantarlo.
"¡No puede ser! El hombre de sus dibujos, ese que en sus sueños viene a sacarla de esta soledad, ahí sentado frente a ella viéndola directamente a los ojos "
Los botones de la camisa abiertos y el nudo de la corbata suelto dejaban ver su cuello, casi podía ver su yugular pulsar, él simplemente no le quitaba los ojos de encima y ella no tuvo reparo entonces en observarlo detenidamente. La quijada delineada casi afilada, afeitado perfectamente, sus labios pálidos abiertos mientras la miraba con un par de ojos azules abismantes, preciosos como el mar, sus manos grandes pero de largos dedos surcadas con grandes venas, eran fuertes, seductoras.
"¿Qué sabor tendrá la piel en su cuello?
¿Qué tan firme se sentirá su pecho bajo mis manos?
¿Qué temperatura tiene su cuerpo?
¿A qué huele?
¿Qué se sentirá esa mano apretar mi cuello o mi mano sobre el suyo?
¿Mantendrá esa mirada azul cuando yo me pierda en él? "
Su cabello negro que juega sobre su frente, brillando, va perfecto con su traje, esa camisa impecable, no es ajustada sin embargo puedo ver en algunos lugares el diámetro de sus brazos.
" ¿Qué tal si me destrozan?
¿Qué tal si me derrito en ellos?"
Las piernas abiertas sin conciencia de lo tentadoras que se ven con ese pantalón a la medida, acentuando sus muslos y otros rincones, los zapatos brillantes, es un tipo ordenado, limpio, se ve que toma su tiempo antes de salir de casa, ¿es este el tipo de mis sueños? ¿Porqué me mira así?, Su rostro parece intrigado y no ha dejado de verme, ni siquiera ahora que sabe que lo veo también, ¿Qué quieres? ¿No soy muy joven para ti? ¿Eres un pervertido? ¿Sabes quien soy? ¿Puedo morder tu cuello? ¿Puedo desordenar tu vida? ¿Quieres comer de mi? ¿En qué momento el vacío dejó de doler?, ese constante zumbido en mi cabeza dejó de molestar y siento como si el agujero en mi pecho goteara lava a borbotones por mi vientre, sobre mis muslos, entre mis piernas, siento todas las arterias de mi cuerpo pulsar a la vez, ¡vuelvo a sentir! ¡vuelvo a desear! ¡estoy viva!, ya no duele, ya no hay vacío, ¡ahora sé que buscaba! sé lo que había perdido, lo encontré, por eso mis manos inútiles no tapaban la ausencia en mi interior, son esas manos, las suyas las que van a llenarme, definitivamente pueden hacerlo, quiero tu control, quiero ver en qué más eres minucioso, ¿vas a salvarme o voy a subirme a un auto sin frenos contra un muro? entonces, ¿vas a matarme? ¿Eres la muerte? ¿Eres un ángel? ¿Eres ambos? ¿Porqué no me miras como los demás? ¿No quieres poseerme? ¿No te doy asco? ¿No sientes lástima por mí? ¿Porqué tu mirada hacia mí es tan...Cálida?.
