Capítulo 4
ANTES
—Sakura hay algo que me gustaría decirte.
Sakura Kinomoto estaba con su uniforme de la secundaria balanceándose cual niña pequeña en un columpio en el parque pingüino. Su querido amigo Shaoran Li se encontraba en el columpio junto a ella, pero éste no se balanceaba.
—Dime Shaoran — le respondió sin mirarlo.
Él se puso de pie frente a ella obligándola a detenerse —Es importante.
Sakura abrió los ojos sorprendida, pues pocas veces escuchaba esa determinación en su voz. Eran amigos desde que tenían 10 años y aunque él era muy serio con el resto de las personas, con ella era otra cuestión completamente diferente. Los dos llevaban una relación muy cercana.
Se puso de pie frente a él y lo miró fijamente, esperando.
—Lo que voy a decirte es muy importante para mí. Pero no quiero que te asustes ni huyas. De hecho, no es necesario que digas nada si no lo deseas. Solo… solo quiero que lo sepas.
—Ya me estás asustando Shaoran...
Él bajo la mirada solo un momento y respiró profundo, tomando valor. Pero cuando la miro nuevamente a los ojos, ella vio en sus ojos ámbar un brillo que nunca hubiera esperado ver en él…
—Me gustas Sakura.
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AHORA
Los dos castaños estaban de pie uno junto al otro, esperando el tren que los llevaría a Shanghái. Ella lo observaba de reojo, mientras él se esforzaba en mirar a cualquier lugar excepto en su dirección. Pasaron algunos incómodos minutos en silencio cuando se escuchó el silbato del tren a lo lejos.
Shaoran dio un suspiro resignado — Aquí vamos… — llevaba una mochila con pocas pertenencias y ella una pequeña maleta en las manos.
Entregaron sus boletos al encargado del vagón y entraron a buscar sus lugares. Se dio cuenta con pesar de que les correspondía sentarse juntos durante todo el viaje. Era absurdo, pero tenía una ligera esperanza de que tuvieran asientos separados.
Cuando localizaron sus lugares, Sakura intentó poner su equipaje en el estante superior, algo que por su baja estatura, era un poco complicado. Cuando pensó que lo había logrado, la maleta cayó sobre ella. La habría golpeado en la cabeza de no ser por una mano masculina que la atrapó antes de que sucediera.
—Ten cuidado linda — le dijo un joven desconocido poniendo el equipaje de nuevo en su lugar.
—Oh gracias, que amable.
—No fue nada — el sujeto le ofreció una blanca sonrisa mientras se alejaba sin dejar de mirarla. Shaoran rodó los ojos viendo la escena de pie, a un par de metros.
—¿Te importa si tomo este asiento? — le preguntó la chica sin ser consciente de las miradas de los dos hombres, tomando el lugar de la ventana. Él se sentó junto a ella sin darle respuesta alguna, sacó su celular y empezó a teclear en la pantalla, ignorándola.
Li tenía un plan perfecto. Dormiría toda la noche, en ambos viajes. Ida y vuelta. Durante el día, estarían muy ocupados como para entablar ningún tipo de conversación demasiado larga. Y si era muy necesario, hablaría con ella. Sí, ya lo había decidido. Estaba resignado a que tarde o temprano, tenían que hablar aunque fuera un poco, como dos colegas. Él era un adulto. Podía con esto. A fin de cuentas, recordó sus palabras y tenía algo de razón. "No puedes fingir que no me conoces…".
Sin embargo, parecía que Sakura tenía otra idea completamente diferente — ¿Tienes hambre?, traje un poco de fruta — le preguntó con una sonrisa sacando un recipiente con fresas y cerezas.
—No gracias.
—También tengo jugo de naranja.
—Estoy bien.
—¿Cenaste antes de venir? Yo apenas y tuve tiempo de arreglar la cita con la señorita Yao para que nos atendiera mañana al llegar, eché un par de cosas a la maleta y listo.
Shaoran ni siquiera levantó la vista de su celular, permanecía mudo escuchando a la chica parlotear junto a él. Se veía muy entusiasmada, como si ese viaje fueran vacaciones y no trabajo. La escuchó hablar del clima, de la ropa incómoda que traía puesta, incluso de un programa de televisión chino del que él nunca había oído. Cuando a ella se le empezaron a acabar los temas de conversación, decidió cambiar el rumbo de sus palabras a terreno más peligroso.
—¿Pretendes ignorarme todo el tiempo? Si es así, será un viaje muuuy largo…
—Dormiré. Y tú deberías hacer lo mismo. Mañana nos espera un día complicado.
—Sabes algo Shaoran... — le dijo ella cuidadosamente, haciendo caso omiso a su consejo — hay un tema que quisiera hablar contigo. Algo… que quiero que sepas.
—Kinomoto… ¿recuerdas lo que te dije en el elevador?
—¿De qué me mantuviera alejada de ti?
—Así es.
—Lo recuerdo, sí.
Rodó los ojos ante su respuesta simple – ¿Y no te importa?
—No es eso. Sólo que… creo que eventualmente cambiarás de opinión.
—Eso no pasará…
—Yo sé que sí.
—Te cansarás antes de que suceda.
—Soy una chica muy paciente.
—Será más fácil si simplemente lo metes en tu cabeza…
Sakura lo interrumpió lanzando un falso bostezo y estiró sus manos sobre la cabeza — Tienes razón, debería dormir, mañana será un día interesante.
Se acomodó recargando su cabeza en la ventana y arropándose con el suéter que llevaba puesto. Cerró los ojos con una pequeña sonrisa en los labios. Li la miró con sospecha. Lo último que escuchó de ella en toda la noche fue una simple despedida.
—Hasta mañana Shaoran.
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En menos de media hora, el vagón se encontraba en completo silencio. La miró dormir con tanta tranquilidad y sintió verdadera envidia ¿por qué tenía esa condenada actitud todo el tiempo? Tan relajada, positiva y paciente. Él se encontraba siempre tenso y estresado en su presencia. No comprendía como rayos hacía ella para manejarse tan bien. No importaba cuantas veces la despachaba, siempre regresaba con actitud renovada. Como si su rechazo no valiera nada.
Por primera vez desde su regreso, Shaoran se permitió bajar la guardia y empezó a masajearse la sien con cansancio. Habían sido dos meses muy complicados, evitándola, ignorándola, huyendo. Estaba agotado. Se preguntaba a sí mismo como iba a soportarlo más.
Lo peor de todo era, que aunque odiara admitirlo, estaba disfrutando trabajar con ella. Era muy buena, y convertía en todo un reto calcular las estructuras para sus diseños. Era evidente que tenía talento y mucha destreza a pesar de su juventud. Se preguntó qué tanto tiempo había invertido ella trabajando para convertirse en una mujer tan experimentada.
Intentó conciliar el sueño sin lograrlo. Le costaba tanto encontrar tranquilidad. Se removió en el asiento un par de veces buscando una posición cómoda. Pasaron los minutos, y luego las horas. Suspiró resignado. Era demasiado consciente de la presencia que tenía al lado. De pronto hizo algo que no había hecho desde que se volvieron a encontrar: la miro detenida y pausadamente. Sakura siempre había sido muy bonita, atraía miradas con su belleza inocente y pura. Pero ahora que era una mujer adulta, había cambiado. Sus facciones habían terminado de afinarse, su cuerpo estaba completamente desarrollado y lucía mucho más sofisticada.
Observó sus pestañas espesas, sus labios rosados y ese rubor natural que tenía siempre al dormir. Su larga cabellera. Su cuerpo delgado y hermoso. Por un momento, deseo poder ver sus ojos abiertos; la parte más bella de todo su cuerpo. Siempre tan expresivos y peligrosos. Siempre preciosos. Por eso ahora evitaba mirarla a toda costa. Tenía miedo de sumergirse en ese océano de color verde. Tenía miedo de ahogarse y no poder salir nunca más. Miro sus manos, las que tantas veces lo acariciaron…
Se obligó a cerrar los ojos, no soportando mirarla más. Le asustó la cantidad de emociones que se remolinearon en su pecho. Se dio cuenta con tristeza que no podía descuidarse, ni siquiera mientras ella estaba dormida. Su cuerpo aún reaccionaba a su presencia. Sakura le atraía como un imán. El pasado entre ambos era un factor con un peso gigantesco. Si él lo permitía, podía absorberlo en cualquier momento como un hoyo negro.
De nuevo elevó esa muralla invisible que había puesto entre ambos y se dijo a sí mismo que no volvería a flaquear. No permitiría que ella lo atrapara de nuevo.
—Estás fuera de mi vida, y ahí te quedarás… — se repitió una y otra vez como un mantra. Antes de conciliar el sueño, pudo escuchar una voz en su interior, que le rumoraba que eso ya no era posible.
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Sakura se estiró sobre su asiento lanzando un gemido cansado y se empezó a frotar los ojos. Había dormido casi toda la noche y recién despertaba con la luz del sol. El asiento junto a ella se encontraba vacío. El tren aún seguía en movimiento, pero podía observar a lo lejos la característica Torre Perla Oriental de Shanghái, lo que significaba que el viaje estaba por terminar. Minutos después Shaoran regresó a tomar asiento junto a ella.
—Luces terrible…
Él la ignoró como era su costumbre. Tenía ojeras bajo sus ojos, el cabello despeinado y se veía algo pálido. Había pasado una noche espantosa, no había podido dormir ni una hora y cuando por fin el sueño lo había vencido, Sakura recargó su cabeza en su hombro sin darse cuenta, despertándolo de inmediato.
-A todos los pasajeros, se les informa que en unos minutos estaremos arribando a la ciudad de Shanghái, favor de tomar asiento y prepararse para el descenso-
Cuando por fin estuvieron fuera del tren, eran las 6:30 de la mañana. Sakura empezó a caminar buscando algún café que estuviera abierto desde esa hora.
—¿Qué estás buscando?
—Un lugar para desayunar.
—No quiero perder tiempo, vayamos de una vez con la trabajadora social.
—La señorita Yao nos atenderá hasta las 9 ¿qué se supone que hagamos durante dos horas y media?, además estoy hambrienta y estoy segura de que tú también lo estás.
Él no confirmó su declaración, pero tampoco lo negó, lo que Sakura interpretó como una afirmación. Encontraron un pequeño café a un par de cuadras y en cuanto entraron al lugar, Shaoran se dirigió de inmediato a sentarse en la barra del restaurante, junto a un par de solitarias personas que ya estaban consumiendo sus alimentos.
—¿Por qué no tomamos una mesa? — Le preguntó ella aún de pie — hay algunas libres por allá.
—Tú hazlo si quieres. Yo me quedo aquí.
Sakura pudo darse cuenta con su actitud, de que él no quería compartir mesa con ella. Quería seguir manteniendo la distancia. Sentado en la barra podía ignorarla con mayor facilidad. Vamos, sentado ahí ni siquiera tenía que voltear a verla. Lo notó un poco más distante de lo habitual. Suspiró resignada y tomó asiendo en el banco junto a él.
Había decidido darle un respiro. Se daba cuenta de lo tenso que se ponía cada vez que se le acercaba y no quería agravar aún más la pobre relación que tenían. Pensaba acercarse a él poco a poco, para que se acostumbrara nuevamente a su presencia. Y cuando eso sucediera poder hablar de todo lo que había sucedido en el pasado. Sin embargo, él era un hueso duro de roer. A cada paso que ella daba, él retrocedía dos. Iban a paso de caracol. Si seguían así, seguramente envejecería antes de poder decirle una palabra.
Les tomaron su orden y comieron en silencio, para pesar de la chica. Sus brazos se rozaban con cada movimiento que hacían al comer y ella podía sentirlo estremecerse con el contacto. Cuando hubieron terminado, salieron del lugar y tomaron un taxi. Nuevamente ella intentó hacerlo hablar.
—Y… entonces ya habías hecho esto antes…
Shaoran asintió mirando por la ventana pensativo.
—Y ¿cómo estuvo?
—Terada me envió a contactar a un cliente. Justo como ahora.
—¿Y qué más?
—Es todo.
—Vaya — dijo con sarcasmo — Estoy segura de que podría tener una conversación más intensa si hablara con un árbol. Debes ser muy malo dando direcciones… — murmuró bajo para sí misma, pero él pudo escucharla claramente. Cuando por fin llegaron al barrio obrero de Shanghái se sorprendieron de lo que vieron.
El lugar estaba viejo y descuidado y la ausencia de color le daba una apariencia completamente gris. No había muchos árboles y el aire se respiraba contaminado. La mayoría de los edificios estaban deteriorados y los que no lo estaban, tenían pintura de grafiti en las paredes. El actual centro comunitario estaba frente a ellos. Tenía una pared de la barda completamente derrumbada y había escombros por doquier.
—Hola — una voz infantil se dirigió a Sakura. Bajó la mirada y se encontró a una niña muy delgada mirándola con una muñeca andrajosa en la mano — Eres muy bonita.
—Oh, gracias pequeña, ¿cómo te llamas?
—Soy Xiang.
—Mucho gusto Xiang. Mi nombre es Sakura.
Una mujer de mediana edad se acercó a ellos — Buen día. Usted debe ser la señorita Kinomoto, y usted el señor Xiao Lang Li.
—Si, buenos días.
—Buenos días. Soy Fei Yao, la trabajadora social encargada del lugar. Disculpen la tardanza, apenas me percaté de su llegada. Pasen a mi oficina, ahí seguramente podemos hablar sin interrupciones. Les mostraría el lugar pero como pueden observar es un completo desastre.
—Nos encantaría verlo — le respondió Sakura sinceramente.
—Bien, síganme — les indicó el camino con una seña — Xiang, querida, ve a casa con tu madre — dijo dirigiéndose a la infante.
Empezaron a caminar dejando atrás a la pequeña mientras iniciaban la conversación — Supongo que están aquí por la cancelación del centro comunitario.
—Si, lamentamos mucho las molestias — dijo Shaoran tomando la iniciativa — pero la cancelación fue tan repentina que nos preguntábamos si hubo algún problema con el proyecto. Algo que le disgustara o no le pareciera correcto.
—Oh por supuesto que no, el proyecto es maravilloso. Debo decir que estábamos muy complacidos con los diseños de la señorita Kinomoto. El edificio que usted diseñó es perfecto y teníamos muchas ganas de que se volviera una realidad.
—Entonces la cancelación fue porque…
—Nos quedamos sin capital.
Shaoran calló. No esperaba esa respuesta, pues era la única sin solución. Su jefe deseaba que averiguaran si se habían ido con la competencia, si iban a posponer la obra o si el proyecto no era de su agrado. La situación empezaba a ponerse difícil.
Llegaron al patio y tomaron asiento en una de las mesas de concreto que había en el lugar.
—Lamento mucho que hicieran este viaje en vano y que su trabajo se haya ido a la basura. Por supuesto que pagaremos la indemnización por la cancelación. Pero desafortunadamente, no hay forma en que el proyecto se lleve a cabo.
La mujer lucía afligida. Tenía una mirada cansada y decepcionada. Pudieron ver preocupación sincera en sus ojos.
—Este barrio está muy necesitado. Y siento tanta frustración porque he trabajado en él por cinco años. Cuando por fin conseguimos los fondos para construir el nuevo centro comunitario pensé que por fin lograríamos un avance. Pero ahora todo se fue al caño. No completamos el coste de construcción y por eso me vi en la necesidad de cancelarlo.
—¿Qué sucedió? — intervino Sakura
—La persona que iba a financiar, era un empresario local. Un hombre noble y de buen corazón. Desgraciadamente falleció hace una semana de un paro cardiaco y su heredero nos llamó ayer para informarnos que cancelaría la donación. Al parecer él no está interesado en hacer obras de caridad… — suspiró con tristeza.
Los dos castaños se sintieron muy mortificados. Sin el dinero para el proyecto, seguramente Terada no querría llevarlo a cabo. Su jefe era un poco tacaño...
—Lo peor de toda esta situación — continuó — es que perderemos la clínica gratuita que se iba instalar en el centro. Hay muchos niños enfermos, con problemas respiratorios y alimenticios que necesitan ser tratados regularmente. El gobierno ya nos había autorizado la contratación de un doctor y una psicóloga para atenderles.
Sakura recordó a esa niña que le había saludado al llegar. En lo pequeña y frágil que lucía, en el impacto que le causó ver el barrio tan descuidado. Seguramente el gobierno podía hacer algo, China era un país con recursos. Pero obviamente no les importaba un barrio marginado escondido en medio de la gran ciudad de Shanghái. Preferían invertir dinero en la parte turística del país, sólo para mantener las apariencias. Sintió una ola de indignación en el pecho.
—¿Cuánto dinero les falta? — preguntó sin tapujos.
—Muchísimo. Poco más de 6 millones y medio de yuanes
—Yuanes… yuanes… ¿cuánto es en dólares?
—Casi un millón — respondió Shaoran, preguntándose qué estaba tramando Sakura en su cabecita.
—Es bastante. Pero podemos reducir algunos costos del proyecto, cambiar materiales… obviamente mi trabajo lo haría sin ningún costo, así nos ahorramos mi salario. Y estoy segura de que puedo conseguir que algunos compañeros también lo hagan.
Shaoran la miró dando un asentamiento, dándole a entender que él tampoco cobraría ni un yuan.
—Pero aun así no tenemos los fondos necesarios…
Se quedó pensativa buscando una solución — Creo que… hay algo que puedo hacer. Conozco… conozco a alguien que tal vez nos pueda apoyar. Permítanme hacer una llamada — Se puso de pie y se retiró un par de metros con el celular en su mano. Pronto la vieron hablando bajo por el teléfono y haciendo algunos ademanes.
—¿Cree usted que ella pueda hacer algo? — preguntó la mujer esperanzada.
Shaoran se hizo la misma pregunta, ¿qué pensaba hacer Sakura? ¿Conocía a alguien dispuesto a "regalar" un millón de dólares así como así?
—No tengo idea — respondió con seriedad sin quitarle la mirada de encima.
Minutos transcurrieron y ella seguía en la llamada. Poco después regresó y tomó asiento nuevamente — Lo tengo. Tenemos el dinero.
—¿Qué? Pero ¿cómo, quién?
—Conozco a alguien que está dispuesto a financiar la construcción del centro. Completará el gasto final de la edificación.
La mujer estalló en júbilo y abrazó a Sakura, la cual se sintió profundamente conmovida por su reacción.
—¡Muchas gracias, de verdad muchas gracias! Toda esta gente se lo va a agradecer eternamente, pues lo necesitan de verdad, es usted un ángel.
Sakura le devolvió una tímida sonrisa, tomándola de las manos — Entonces todo esta listo, continuaremos con el proyecto.
Se pasaron el resto del día recorriendo el lugar, conociéndolo a detalle, hurgando cada rincón. Sakura empezó a tomar apuntes y entrevistó a algunos usuarios del centro. Se hizo una mejor idea de las necesidades que tenían y pensó en hacer algunas modificaciones a su diseño. Cuando por fin era hora de irse, se despidieron de la encargada.
—Estaremos en contacto señorita Yao. Tiene mi número personal y el de la empresa para cualquier modificación que desee hacer al proyecto. Le estaremos enviando los primeros planos oficiales en un par de semanas.
—Claro que sí. Y muchas gracias por esto. A ambos. No saben el bien que le han hecho a esta comunidad, tienen un gran corazón.
—No es nada. Le agradezco su tiempo y seguimos en contacto.
Salieron despidiéndose con una seña de la niña pequeña que jugaba a lo lejos.
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—Y… ¿cómo conseguiste el dinero tan rápido? — le dijo Shaoran cuando se encontraban en la soledad del taxi, de vuelta a la estación del tren.
—Eh… tengo algunos contactos — dijo ella llanamente sin querer profundizar en el tema.
Shaoran la miró fijamente sospechando que las cosas no podían ser así de simples. Había algo raro en todo el asunto. Quiso saber más, pero decidió no cuestionarla por el momento. Él contaba con sus propios "medios" para conseguir información.
Llegaron a la estación a las 6 de la tarde, y hasta ese momento fue cuando se dieron cuenta de que su tren salía hasta las 10.
—Tal vez consigamos que nos cambien los boletos — le dijo Sakura
—No lo creo…
—Vamos Shaoran, no seas negativo, al menos tenemos que intentarlo. Pregúntale a ese hombre que está ahí — le dijo señalando la taquilla. Li suspiró y le dio la espalda. Lo vio acercarse a la taquilla y mantener una conversación con el joven encargado de vender los boletos. Sin embargo, su tardanza y sus repentinos movimientos agitados le decían que no lo estaba logrando. Se acercó para escuchar la conversación.
—Lo siento señor, pero no es posible.
—Pero me acabas de decir que si tienen asientos disponibles en el tren de las 7.
—Así es, pero no puedo cambiarlos.
—¿Por qué no?
—Son políticas de la empresa — le dijo con mucha seguridad. Como si esa clase de situaciones le sucedieran todo el tiempo.
—Shaoran… ¿hay algún problema con nuestros boletos? — escuchó a la castaña tras de él.
—Si. Este hombre dice que no puede hacer nada por nosotros.
Sakura le dirigió una intensa mirada suplicante al vendedor — Oh por favor, ayúdanos. Estamos desesperados por volver y no podemos esperar hasta tan tarde, por favor…
El joven miró a Sakura con los ojos muy abiertos y se sonrojo furiosamente. La determinación de antes desapareció de pronto y empezó a tartamudear con nerviosismo.
—Pe... Permítame ve... verificarlo con mi… mi supervisor.
Se levantó de su asiento y lo vieron desaparecer de la cabina. Transcurridos un par de minutos volvió y les dio sus boletos nuevos con salida al tren de las 7.
Shaoran rodó los ojos incrédulo — Impresionante... lo que consigue solo con una mirada.
—Muchas gracias, eres un chico muy amable — le dijo con una gran sonrisa, provocando que nuevamente se sonrojara hasta las orejas
—Ddee... de nada.
Tomaron asiento en el área de espera y abordaron el tren a las siete de la tarde. Cuando Sakura intentaba nuevamente poner su maleta en la parte superior -sin éxito alguno- Li la arrebató de sus manos y la colocó en su lugar.
—Gracias Shaoran.
—Mmm
Tomaron asiento cuando ella se estremeció de pronto — Oh, lo siento, ¿quieres estar en la ventana?
—Estoy bien aquí.
—¿Seguro? Porque en la mañana te veías muy cansado…
—Estoy bien Sakura duérmete.
No obtuvo ninguna respuesta de ella, lo que le extraño. Cuando la volteó a ver, ella estaba sonriendo en silencio, mordiendo un poco su labio inferior.
—¿Qué te pasa?
—Nada…
—Estas sonriendo como una boba.
—Es que… me da gusto escuchar que me llamas por mi nombre.
Shaoran rodó los ojos — Sólo porque no hay nadie presente.
—Es suficiente para mí — le dijo ella con la misma sonrisa deslumbrante.
No dijo nada ante esa declaración y cerró los ojos. Shaoran pudo dormir en el viaje de regreso debido al cansancio acumulado de la noche anterior. Esta vez se propuso no pensar demasiado en su compañera de asiento y decidió relajarse un poco. Y no despertó en esta ocasión cuando Sakura nuevamente recargó su cabeza en su hombro inconscientemente.
Llegaron a Hong Kong casi a las 4 de la mañana. Cuando Sakura despertó, estaba feliz. A pesar de que ella y Shaoran tenían la misma relación incómoda y rara, sentía que habían dado un pequeño paso hacia adelante.
Bajaron del tren lentamente, con su equipaje en las manos. Caminaron un par de metros y cuando estuvo a punto de despedirse de Li vio a una chica corriendo hacia él con júbilo. Se colgó de su cuello y le dio un beso corto en los labios. Vio los brazos de él rodearla con una pequeña sonrisa y corresponder el ligero beso. Sakura se quedó de pie con los ojos muy abiertos, mirando la pareja sin moverse.
Al parecer… Shaoran Li tenía novia.
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Notas del autor:
Hola! :)
Nuevamente agradezco sus bellos comentarios y sugerencias. Son totalmente bienvenidos, me ayudan mucho a aprender. La motivación que siento cada vez que los leo es maravillosa.
Debo confesar que es todo un reto escribir. Mis respetos a todos aquellos que lo logran magistralmente. En esta aventura he descubierto que es realmente difícil explicar algo que está en tu mente. Es decir, yo lo entiendo por que yo lo imagino, pero no se si ustedes lo comprenderán de la misma forma que yo.
Si algo les resulta confuso, les agradeceré que me lo hagan saber en sus comentarios.
Estaré actualizando aproximadamente cada diez días. Quisiera hacerlo antes, pero estudio y trabajo y me queda poco tiempo libre. La historia la estoy escribiendo sobre la marcha, entonces tengan paciencia por favor.
Les mando todo mi cariño y deseo que les guste este corto cuarto capítulo.
Besos xoxo
