Los personajes no me pertenecen fueron creados por Hajime Isayama para Shingeki no kyojin.
Créditos para los autores de las ilustraciones usadas en la portada de este one Shot.

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Está lloviendo hoy, apuesto a que en este momento Mikasa maldice no haber puesto atención al canal del clima, incluso cuando insisto en dejarlo presionando el botón del control remoto. Hoy llueve mucho, como el día en que comenzamos a vivir juntos.
De joven siempre fui inquieto, sin embargo siempre supe comportarme, seguí las reglas y leyes que se me inculcaron, las seguí al pie de la letra, ya saben, para ser bueno, pero cuando mi madre murió y me vi vagando por las calles tuve que romper mis esquemas, debía pelear por algo para comer, por un lugar donde dormir, aunque nunca lo hice tranquilamente, siempre alerta, las calles son crueles e ingratas, no perdonan, no te tienden una mano aunque seas un niño, exigen que te vuelvas un lobo dispuesto a mostrar las garras y dientes ante la mera sospecha de peligro. Sentí el frío que cala los huesos, el hambre que hace a tus vísceras gruñir, sin abrigo, sin rumbo más que el hoy, buscar sobrevivir un día sin la promesa de un futuro, una promesa que nunca llega.
Con el tiempo me volví un adolescente, uno que siempre tuvo en su mente la idea de aferrarme a la vida, ¿Porqué?, a veces sentado en una plaza, comiendo algo que robé por ahí, algo que nadie comería pero yo devoraba con ahínco pues llevaba tres días sin bocado, veía pasar a otros de mi edad, sus ropas y brincos alegres junto a una linda chica, unos dulces padres, un amigo fiel, mientras yo era acompañado de la soledad. Ahí, en esa banca vi el mundo florecer frente a mis obnubilados ojos, al mismo tiempo que mi ira alimentada de la injusticia cercenaba mi corazón, mis venas vacías de sangre sólo contenían furia en ellas. Me volví violento, agresivo y mal humorado, asustaba a esos que daban sus presuntuosos paseos, robaba su comida de las manos, simplemente espantaba a quien se viera como yo quería sentirme, feliz, sólo fui feliz hasta que mi madre murió, entonces mi vida se volvió una reverberación de la miseria y el hastío, ¿Cómo brillas cuando estás envuelto en palabras despectivas?, tú propia existencia era un constante desapruebo, "¡Qué asco!", "sáquenlo de aquí", "¡está sucio!", ¿Cómo no iba a estarlo si vivía en la calle?, a veces me bañaba en el río de la ciudad, no por ser indigente debía ser sucio, y los piojos y pulgas eran un martirio. Cuando fui un adulto conocí a Farlan e Isabel, ambos huérfanos y criados en las calles como yo, en un comienzo dejé que mi desconfianza sembrara dudas, pero ellos aún así no me dejaron, entendían gran parte de mi forma de ser, e incluso comenzaron a tratarme con afecto, las primeras muestras de cariño desde mi madre, ellos se volvieron mi familia, yo cuidaba de ellos. Con el tiempo nos organizamos para engañar a las personas y robar sus bolsas fuera de la tienda de víveres, Farlan distraía a la víctima mientras Isabel y yo tomabamos el botín, a esa edad yo estaba en mi mejor momento, la calle había cincelado mi aspecto, era ágil, imponente, mi sola voz detenía a los imbéciles que osaban atreverse a desafiarnos, me dejaban pasar al verme, pronto gané más que esa banca en la plaza para nosotros, comíamos bien y teníamos incluso abrigo, una vieja sábana que encontré cerca del río, éramos invencibles, sí, éramos. Un día las quejas contra nuestro trío fueron incontenibles y vinieron por nosotros. Dormíamos cuando pude identificar el sonido de pasos en la lejanía, me puse alerta, tenía mejor oído en ese entonces, así que abrí los ojos y comencé a observar a mi alrededor, molestas luces de linternas aparecieron rasgando el manto de la noche que nos cobijaba, desperté a mis hermanos, ocultamos a Isabel para salir a defendernos, la dejamos envuelta en la sábana bajo la banca y fuimos directo a los invasores, venían armados y eran al menos seis, mientras nos enfrentábamos a ellos escuchamos con horror la voz de Isa, dos idiotas que venían por otra dirección la encontraron, la arrastraban por el suelo y entonces nos lanzamos a ayudarla, fue así como pactamos la derrota, logramos herir a quienes querían llevársela, Isabel se quedó viendo cómo ahora los ocho sujetos caían sobre nosotros, no podíamos hacer nada, o al menos no por nosotros, "¡Corre!", le grité, pero ella negó con la cabeza, pude ver como comenzaba a llorar el duelo por la ineludible muerte de nuestra familia improvisada, "¡corre maldita sea!, ¡o nos habrán llevado en vano!, ¡vendremos por ti!", le tomó unos segundos armarse de valor y dejarnos, pude oír en su huida cuanto dolor se llevó con ella, Isabel era mucho más joven que nosotros, demasiado dulce para este horrible mundo, le prometí algo que jamás cumplí, porque ese día mis ojos la vieron correr, adentrarse en la negrura de la noche y los callejones que conocíamos mejor que nadie, la vi hasta que los golpes me hicieron desmayarme, la vi por última vez.
Al despertar Farlan y yo estábamos en la enfermería del hogar de acogida, habían atendido nuestras heridas, cuando logré incorporarme la vi por primera vez, Mikasa, la enfermera cuidó de nosotros hasta que nos dieron el alta, sus dedos eran tan suaves al tocarnos que casi no dolían mis llagas, siempre tenía una hermosa y honesta sonrisa en el rostro, lo sé, porque a diferencia de otras personas ella no nos miraba con desdén, nunca había visto ojos como los suyos, ese color plata, lunar, hizo que algo despertara en mi, podría aullarle a esos ojos, a medida que pasaban los días y ella cuidaba de nosotros, de dos adultos, lo hacía con dedicación y esmero, como si fuéramos valiosos, ella me hizo sentir por primera vez que mi dolor no era invisible, me miró con dignidad, a veces cepillaba mi cabello, la sentía tan cerca que mi pecho parecía una bomba de tiempo, veía su piel tan alba y esos labios que cada cierto tiempo me daban una sonrisa viéndome a los ojos, "tenemos el cabello del mismo azabache, pero el tuyo es más hermoso", "eres muy dulce cuando te lo permites", "¡Qué fuerte eres!", "¿te han hecho mucho daño verdad?", decía cuando ella iba a acercarse y yo de inmediato adoptaba mi posición de ataque de forma instintiva, odiaba no poder controlar ese impulso, al menos quería hacerlo con ella, pero mi defensiva no era más que mi inseguridad desatada, la asesiné con la mirada muchas veces y por muy violento que pude reaccionar sin poder evitarlo, ella jamás se asustó, nunca temió que fuera a herirla, y jamás podría, cuando me salía de control se sentaba junto a mí sin decir nada, cómo sabiendo que mi culpa por perderme a mí mismo era suficiente castigo, se quedaba ahí y hablaba de cualquier cosa, hasta que sin darme cuenta me estaba acariciando y yo dejándome agasajar.
El día en que Farlan fue adoptado por una buena familia sentí que perdí lo que quedaba de la mía, un matrimonio sin hijos y muy empalagoso quedaron fascinados con Farlan y decidieron llevarlo con ellos, el día que vinieron por él trajeron muchas prendas nuevas para vestirlo, juguetes y galletas, me hizo feliz que él tuviera un destino diferente, Farlan era un excelente compañero de supervivencia, pero era un mocoso muy sensible, una familia que lo deseara le haría perfecto, nos miramos antes de que él subiera al taxi rumbo a su nuevo hogar, a su nueva vida, lejos de la escarcha invernal por las mañanas o la humedad de las lluvias, la sed que te carcome los veranos, el hambre implacable, lo vi despedirse de mi por la ventana, fue la última vez que lo vi.
"Has estado muy solo ¿verdad?", preguntó ese día cuando superado por la desolación recosté mi cabeza en su regazo por primera vez, no me malinterpreten, me hacía feliz la nueva vida de Farlan, pero eso sólo me recordaba que volví a estar solo, completamente solo, ella me acarició el flequillo y murmuró,"eres fantástico, ya vendrá una familia por ti", desee creer en ella, en verdad, yo sólo creía en Mikasa, "¿Porqué no puedes ser tú esa familia?, seré bueno, cuidaré de ti, lo prometo", pensé. Ella se esmeraba volviendo a recordarme aquello que había olvidado en mi vida de vagancia, comer adecuadamente por ejemplo, a veces me traía a escondidas otra ración de postre, me ayudó a no pelearme, obedecer, incluso ella me preparaba los días de visita, esos en que las familias llenas de amor venían a escoger a un mal nacido con poca suerte para cambiar su vida, pero el tiempo pasó y yo, seguía en el hogar de acogida. Una tarde un hombre vino por mi, no se veía tan estusiasmado como los que solían llegar allí, pero cuando has estado en la calle, poner condiciones para tu adopción no es posible, "agradece que alguien quiere llevarte, a tu edad ya nadie los adopta", dijo una de las superiores, aquellas a cargo del papeleo, Mikasa me dio un fuerte abrazo en el cual mi nariz trató de colmarse de su aroma, no olvidarlo jamás, así como mis oídos siempre recordarían su gentil voz, volteé a verla hasta que la puerta se cerró tras de mi, la vi llorar al verme partir, ¡ella lloró por mí!, supe entonces que también me quería, mi corazón brincó casi fuera de mi cuerpo, sentía que podía superar todo ahora, incluso me sentí listo para esta nueva vida, pero en mi vida hasta los sueños se terminaban en pesadilla, aquellos que debían cuidar de mi tenían otros planes conmigo, no supieron cómo lidiar con un alma rota como yo, Mikasa siempre me daba mi tiempo para todo, siempre se tomaba todas mis pausas con gusto y yo retribuía con gratitud, se quedaba en silencio esperando que yo lograra silenciar mi caos, entonces sus brazos estaban listos para mi, sin embargo, mi nueva familia no era Mikasa, no había tiempo de leerme, sólo de ponerme a trabajar, los castigos cuando no obedecía eran exorbitantes y desmedidos, a veces, por quedarme atrás mientras caminábamos me golpeaban la cabeza y apretaban mi cuello para que no dejara de avanzar, una vez me dejaron sin comer por dos días, o me daban baños de agua fría si ensuciaba el piso con los pies, luego usan el término "animal" como algo malo, el humano es el ser más cruel.
Cuando eres llevado a una casa que pretende incorporarte como miembro familiar haces todo para ser de su agrado, agradecido profundamente por tener comida en tu plato y un techo sobre tu cabeza, a veces me desvelaba haciendo guardia, custodiando el hogar de cualquier peligro, como cuando lo hacía en la banca de la plaza, a veces ese peligro sólo era un misterioso taxi que dejaba al vecino por la noche, un joven que fumaba su cigarrillo a escondidas frente a nuestra casa, el repartidor, pero nada de eso simpatizaba a mi nuevo núcleo familiar.
El sujeto me exhibía como la gran obra solidaria que había hecho, recoger al vagabundo más feo, más extraño y lograr domesticarlo, volví al inicio, se reían de mi, de mi ser salvaje y mi carácter indómito, "¡eres una vergüenza!, ¡debería haber elegido a otro!", decía él, comparándome con otros siempre. Con el tiempo retrocedí, volví a conectarme con mi yo interior de las calles, a recordar que no debo dejarme pisotear, no sé en qué momento perdí mi valor, en que momento vendí mi orgullo por comida y una cama, pero no soy yo, así no soy yo, comencé a desobedecer enfrentando el castigo sin protesta, e incluso a veces escapaba, una noche en que llegué luego de estar todo el día fuera, el hombre comenzó a golpearme, me golpeó tan fuerte, tan brutal, que pensé que moriría, el dolor surcaba todo mi cuerpo y vi los ojos de mi Luna, viéndome tan dulce, ella no me haría algo así, Mikasa no me trataría de esta forma, sentí la furia alzarse como un incendio, la cólera cual corriente eléctrica sulfurando bajo mi piel, cada golpe que él me propinaba me acercaba un paso más al abismo, a perder el control que Mikasa tanto se esmeró en volver a enseñarme respetar, lo lamenté, me dolió el alma saber que la apenaría verme volver a mi fiereza, pero no soporté más y ataqué de vuelta.
Hablaron de la bestialidad de mi ataque, de cómo me abalancé sobre el hombre y cómo no podían quitarme de él, de cómo le rompí dos dedos y la piel, de que parecía que iba a matarlo, del odio resplandeciente en mis ojos, "esto es así, los de su clase nacen así, malos, son los genes", "no se puede enseñar trucos nuevos a un perro viejo", "estaba acostumbrado a vivir en la violencia, no saben recibir amor", "es peligroso", pero nadie habló de cuanto peso perdí, de mis costillas rotas, de las heridas en mi cuerpo, de cómo no podía mantenerme en pie a causa dolor, incluso respirar era una tortura y ciertamente nadie habló de las cicatrices en mi rostro, del ojo que perdí a golpes, porque de seguro para ellos me lo merecía.
Para mi fortuna ese tormento me llevó de regreso a las manos de mi ángel, Mikasa lloró a mares cuando tras ser notificados de lo sucedido me llevaron de regreso al hogar, de regreso a sus manos, "¿Podré componer todo lo que han roto de ti, mi dulce Levi?", hacía tanto no la oía decir mi nombre, se escucha tan bien desde sus labios, lloró muchas veces al verme inmóvil, lloró al curar mis laceraciones, lloraba haciendo horas extras para cambiar los vendajes que nadie más se atrevía, lloraba mientras abría mi boca y me alimentaba a la fuerza, a la única que permitía tocar mis dientes con su mano, estar así de cerca de mi, la única que no debía temerme, lloró al ver cómo oriné sangre por días, lloró al ver mi rostro rasgado y mi ojo blanquecino a causa del trauma, la marca de la crueldad, el beso de la ingratitud, la firma que me decretaba maldito, lloró al ver que yo volví a ser quien fui en las calles, no permití que nadie más que ella se me acercara de lo contrario atacaba sin piedad, nadie quiso tener nada que ver conmigo, incluso el médico cesó las visitas una vez que pude incorporarme, regresó sólo para informarle a Mikasa las nuevas novedades sobre los planes que aguardaban para mi futuro. Resulta que ya no tenía edad para ser adoptado, las posibilidades eran prácticamente nulas, sin mencionar que nadie querría a alguien como yo, incontrolable, violento, "resentido" decían, ¡Qué cómodo de decir! cuando no has vivido a las tinieblas del mundo como yo me he visto obligado, cuando no has caído en las fauces de la injusticia una y otra vez y que cuando decides defenderte siempre eres el culpable, dicen que cuando miras demasiado al abismo, el abismo termina mirándote a ti, yo en ese punto era el abismo. Dijeron que nadie querría a uno tan feo, un sólo ojo, crecido, mal carácter, sólo era gasto fiscal mantenerme ahí, era mejor darle mi lugar a uno con más posibilidades, Mikasa volvió a llorar cuando dijeron que ese día iban a devolverme a la calle, que no tenía caso, yo no me adapté a la sociedad y jamás lo haría, o te adaptas o te apartan al parecer, la calle era mi hogar y de seguro yo estaría dichoso de regresar a ella decían, sí, claro, para ellos no había forma que un marginal como yo pudiese desear un hogar como todos los demás, moría de ansias de volver a esa mierda pensaban, al menos ahora me vería más intimidante y recuperar mi territorio en la banca sería más sencillo, esperaba no ver a Farlan ahí, al menos que él lo haya logrado.
"¡No!"
Escuché justo antes de que abrieran la puerta para subirme al auto que me dejaría donde me encontraron, giré y ahí estaba ella, Mikasa gritó nuevamente, llorando, sosteniendo su pecho entre sus manos, mierda, yo siempre la hago llorar y sólo quiero verla sonreír, todo se detuvo y ella corrió hacia mí, me estrechó entre sus tibios brazos como nunca antes, casi me costó respirar pero lo hice eufórico al sentirla, al llenar mis sentidos de ella otra vez, afortunadamente tenía las costillas sanas o ese abrazo me habría dolido, aunque habría válido la pena.
"yo voy a llevármelo, vas a vivir conmigo, ¡no permitiré que regreses a la calle!, ¡jamás!"
He visto en la televisión a personas decir que los ángeles existen, la fortuna llega, la suerte llama, el karma, no lo sé, pero Mikasa es eso y todo para mi, ella me salvó, estábamos destinados, desde ese día jamás he vuelto a sufrir, ese día llovía, antes odiaba la lluvia, cuando estás en la calle no hay nada de romántico o hermoso en ella, sólo estás empapado y congelándote, ahora recuerdo el día en que llegué a esta casa y empecé a amar la lluvia, a veces Mikasa me reprende cuando vuelvo a mirar como asesino a quienes la ven en la calle, pero obedezco de inmediato, no por miedo a que ella se deshaga de mi, si no porque quiero hacerla sentirse orgullosa de quien logré ser, de en quien me ha convertido. Aunque vivimos juntos aún no puedo acostumbrarme a la fortuna de tenerla conmigo, a veces por las mañanas, me siento en el suelo a verla mientras duerme, es hermosa, incluso en ese momento, ella preparó una cama para mi, pero prefiero dormir con ella, amo dormir ebrio del aroma de su cabello, nunca había dormido en un sitio tan limpio, tan cálido, ella me abraza por las noches y siento mi corazón como una locomotora. Tengo mi lugar para comer y mi propio sofá, adoro verla preparar el desayuno, baila alegremente usando una camiseta corta y sus bragas, agita la cabeza danzando mientras prepara huevos estrellados y café, a veces toma mis manos y me hace seguir su ritmo, bailamos, luego se sienta junto a mi y vemos televisión, una tarde en que paseábamos vi mi reflejo en un ventanal, me veo como a esos que yo solía espantar a causa de la envidia, ahora soy yo quien brinco junto a ella al caminar, a pesar de mi aspecto hostil ella siempre me toma fotografías y dice lo encantador que soy, ahora lo soy, por ella, por Mikasa. Los días en que ella debe cubrir sus turnos en el refugio me quedo solo con mi horror, siento que se va por siglos, que me abandona para siempre, que si algo le sucede no estaré para cuidarla, por eso espero por ella en la ventana a que regrese.
A veces cuando Mikasa me besa la nariz y me abraza diciendo "te amo Levi", siento algo extraño en mis mejillas, como un ardor, en esos momentos me gustaría poder hablar, me gustaría responderle "yo también te amo", pero como soy un perro no puedo hacerlo, aullo, aullo a la Luna de sus ojos y entonces ella sólo me sonríe, mi pequeño pedazo de cielo. Ojalá todos tuvieran la fortuna de tener una Mikasa que los salve de las macabras garras de la ingratitud, he conocido lo más cruento y horrible de este mundo, pero aún lo considero hermoso, lo es si Mikasa existe en él, ella es mi mundo.
"¡es un diluvio Levi!, ¡debí ponerle atención al canal del clima!"
Exclamó Mikasa entrando a la casa toda empapada, corrí hacia ella para saludarla lanzándome a sus brazos, ¡al fin!.
"¿nos damos un baño caliente?"
Ladré aprobando el plan y la seguí hacia el baño moviendo enérgico mi cola, eso siempre la hace reír, esa hermosa risa traviesa. Mikasa me ama aunque sea un perro con cicatrices, adulto y de carácter difícil, me hace sentir que merezco todo su amor, al fin puedo dormir profundamente sin miedos, al fin olvidé el frío y el hambre, al fin existo. Ella siempre me mira y suspira "ojalá fueras humano", espero en otra vida serlo, seré mejor que los que he conocido, seré tan bueno como ella, para encontrarme con Mikasa y tal vez, siendo hombre casarme con ella, acompañarla por muchos más años que en esta, poder bailar con ella en la cocina y comer sus huevos estrellados, saber cómo se siente un beso suyo en los labios, ella es todo lo que necesito, ella es amor.