Capítulo 19
Elizabeth estaba esperando que William regresara de la oficina porque necesitaba hablar con él de algo importante. Violet no estaba bien, tenía mucha tos, pero insistía en decir que se sentía bien y no había guardado reposo como correspondía. Entre ella y tía Gardiner no la habían logrado convencer que se quedara en cama y sabían que el único capaz de hacerla entrar en razón era su hijo.
Pero Elizabeth también estaba preocupada por su marido. Desde que regresaron de la casa de los Darcy, varios días atrás, él estaba retraído y ausente. Aunque él dormía al lado de su esposa, ya no la abrazaba ni la buscaba románticamente. Antes de dormir, él le decía te amo, le besaba la mejilla y pese a que cerraba los ojos, Elizabeth sabía que estaba despierto pensando en qué sabe qué. A ella le dolía que él estuviera tan distante, pero más le dolía que no fuera capaz de decirle lo que le estaba pasando.
Lamentablemente, Elizabeth tampoco podía pedirle consejo a Violet porque ella tenía suficiente con el resfrío que aún la aquejaba. Ella había hablado con tía Gardiner, aún cuando no le dio detalles, ella le aconsejó que conversara con su esposo porque era la única forma de resolver aquel desencuentro.
A William no le gustaba tener que estar todo el tiempo preocupado por sus constantes pesadillas, que a estas alturas, parecían más bien recuerdos. Era angustiante sentir que no podía controlar esos indeseados pensamientos y podía concentrarse en todo lo bueno que le estaba pasando en el último tiempo.
Lo peor de todo era que él se estaba alejando de Elizabeth por miedo a no saber qué decirle si ella le preguntaba que le estaba pasando. Cómo le iba a explicar a la persona que más admiraba y amaba que era víctima de pensamientos recurrentes que no sabía cómo explicar. Elizabeth era una mujer excepcional que no merecía estar casada con un lunático que creía ver y entender cosas que era imposible que fueran ciertas.
Por eso, él prefería quedarse todo el día en la oficina y llegar lo más tarde que era posible a casa. Luego de cenar, se excusaba y se encerraba en su estudio diciendo que tenía mucho trabajo pendiente. Él único momento de alegría que tenía, era cuando al lado de Elizabeth y la sentía junto a él.
Cuando llegó a casa y el mayordomo le abrió la puerta, él se sorprendió mucho al ver a Elizabeth esperándolo. Por eso, inmediatamente intentó inventar una excusa para irse a encerrar a su estudio, pero Elizabeth no se lo permitió y le pidió en un tono muy serio que la acompañara hasta la sala porque deseaba conversar con él antes de la cena.
"Lo siento, querida, pero tengo mucho trabajo pendiente. Por eso, te voy a pedir que seas breve porque quiero escribir algunas cartas para mis socios de Manchester," explicó William sin mirar a Elizabeth. A él no le gustaba mentirle de esa forma pero sentía que no podía hacer nada más.
"No te preocupes, William, seré lo más breve posible. Sé que tu trabajo es lo más importante para ti y no deseo interrumpirte más de lo que sea necesario," replicó Elizabeth con dolor en la voz.
"Elizabeth…" William intentó disculparse pero Elizabeth no se lo permitió.
"Quiero hablarte de tu madre. Desafortunadamente no hizo el reposo que el doctor le recomendó y hoy ha estado tosiendo todo el día. Tía Gardiner y yo tratamos de hacerla entrar en razón de que se quedara en cama pero no nos hizo caso. Hoy nos acompañó al orfanato y regresó peor de como estaba en la mañana. Por favor, dile que se quede en cama y mañana me encargaré que el doctor venga a verla. Eso era todo, ahora si me disculpas, iré a pedir que nos sirvan la cena en quince minutos más." Elizabeth no quería estar cerca de su esposo porque le hería mucho su actitud distante.
"Elizabeth, espera, por favor," dijo William con voz conciliatoria.
"¿Deseas algo especial para la cena?" preguntó Elizabeth desafiantemente.
"No, querida, sólo quería darte las gracias por preocuparte de mi madre. Ella siempre ha sido una mujer muy saludable y le cuesta mucho aceptar cuando está enferma y más aún quedarse en cama."
"Entonces espero que tengas éxito en convencerla que se quede en cama y que acepte ver al doctor mañana. Ahora, si me disculpas, debo ir a hablar con la señora Taylor."
A William le dolió que Elizabeth estuviera tan fría y distante, pero no la culpaba porque en los últimos días él se había comportado muy mal con ella. Pero en ese momento, William tenía un problema mayor que era hablar con su madre.
Violet estaba en su cuarto tosiendo y con un gran dolor de cabeza cuando su hijo entró a la habitación. "Hijo, ¿qué haces aquí? Es hora de la cena."
"Tú no vas a ningún lugar, madre. Te vas a acostar y le pediré a una de las sirvientas que te traiga la cena," dijo William en tono enfático.
"Hijo, por favor no exageres tú también. Estoy bien," dijo Violet y comenzó a estornudar.
"Madre, si te hubieras cuidado como corresponde ya estarías bien. Por favor, acuéstate y prométeme que te quedarás en cama hasta que el doctor venga a verte mañana."
William tuvo que insistir por varios minutos más hasta que Violet por fin le hizo caso y se acostó. Luego se preocupó que comiera un poco, para más tarde besarle la frente e ir a cenar con su esposa.
Durante la cena, Elizabeth no dijo nada porque esperaba que William le contara algo sobre su día, pero él tampoco dijo nada. Para terminar lo más pronto posible con la incómoda situación, William comió lo más rápido que pudo y se excusó. "Querida, ahora iré a trabajar. Por favor no me esperes despierta."
"Creo que es mejor que duermas en tu habitación esta noche," dijo Elizabeth sin pensar.
"Si es lo que deseas, así lo haré," dijo William y se fue a encerrar en su estudio.
Elizabeth pensaba irse inmediatamente a su cuarto, pero recordó lo que tía Gardiner le dijo y fue a aclarar todo con su esposo de una vez por todas. Ella golpeó la puerta del estudio, pero entró sin esperar respuesta.
"Lo siento William pero hay algo que debo decirte."
"Elizabeth, podemos hablar mañana… en este momento tengo demasiadas cosas en mi cabeza."
"No te preocupes porque creo que tengo la solución a todos tus problemas. Si ya me dejaste de amar, o estás arrepentido de haberte casado conmigo, por favor dímelo. Yo puedo irme hoy mismo a casa de mi tío…" Elizabeth no pudo seguir hablando porque se puso a llorar.
"Mi amor, no digas eso, por favor," dijo William e intentó abrazar a su esposa.
"No William, no me vuelvas a decir mi amor si al minuto siguiente me vas a ignorar. Te equivocas si crees que yo voy a tolerar que me trates así…"
"Elizabeth, es que yo…" William abrazó a su esposa fuertemente mientras le susurraba palabras de amor. "Elizabeth, te amo con todas las fuerzas de mi corazón, incluso más que el día que nos casamos. Por favor, nunca dudes de mi cariño."
"Y cómo quieres que no dude si en la última semana casi no me hablas y en la noche ni siquiera me buscas y ya no quieres estar conmigo."
"Es que… Yo te amo, y deseo estar contigo todo el tiempo pero…"
"¿Pero qué? ¿Por qué no confías en mí?"
"Porque no quiero traspasarte mis problemas."
"William, para eso soy tus esposa, para ayudarte y apoyarte siempre, como tu lo has hecho y lo harías conmigo si lo necesitara."
"Por supuesto, tú siempre puedes contar conmigo para todo, mi dulce amor."
William llevó a Elizabeth hasta el pequeño sofá que había en su estudio, se sentó y la sentó a ella en sus piernas. Luego, reposó su cabeza en el pecho de Elizabeth, y mientras ella le acariciaba el cabello le contó la historia de cómo Violet lo había encontrado más de veinte años atrás. Pero no le quiso contar de las dudas que tenían con respecto a la familia Darcy porque le daba mucha vergüenza. "A veces tengo pesadillas con eso, y no sé cómo lidiar con esas emociones."
"William, mi amor, gracias por contarme, y perdóname por actuar de una manera tan impulsiva. Es sólo que me dolió mucho tu distancia."
Elizabeth comenzó a besar a su esposo en los labios y él se dejó llevar por las miles de sensaciones hermosas que ella provocaba en él. En ese momento comprendió que el amor de Elizabeth era la mejor respuesta a todas sus angustias.
"No tienes que pedirme disculpas, cariño. Soy yo quien debe disculparse por ser tan tonto," dijo William con la voz llena de pasión. "Mi amor, vamos a tu cuarto."
"¿Y tú trabajo pendiente?" preguntó Elizabeth con una sonrisa traviesa.
"Lo único que tengo pendiente en estos momentos es amar a mi esposa. Elizabeth," dijo William y la tomó en sus brazos.
Esa noche, William y Elizabeth compartieron su amor y conversaron de sus temores y alegrías. Él le juró que nunca más volvería a alejarse de ella e intentaría ser más abierto y sincero con sus problemas.
"Te amo, Elizabeth."
"Y yo a ti, William."
William abrazó a Elizabeth y se quedó dormido profundamente, feliz y sin temor a nada ni a nadie.
Al día siguiente, William recibió un mensaje expreso de uno de sus socios en Manchester. Dos nuevos inversores estaban interesados en participar en un nuevo proyecto de William, producir lana y algodón de forma más industrializada. Pero los inversores deseaban cerrar el trato directo con él, por lo que no tenía otra alternativa que viajar para allá.
Pero lo que en un principio pareció un problema, se transformó en una excelente oportunidad para viajar con su esposa. Él se animó mucho al saber que podrían pasar varios días juntos viajando y que podría mostrarle su hermosa casa de Manchester y todos sus negocios. Sería como una pequeña segunda luna de miel. Por eso, ese día trabajó sólo medio día y se fue a casa muy ilusionado con la noticia.
"Cariño, te tengo excelentes noticias," dijo William a Elizabeth y le pidió que lo acompañara a su estudio. Antes de contarle, la besó por varios minutos y le dijo sonriendo. "Mi amor, mañana viajaremos a Manchester por unos días, y por fin podré mostrarte tu casa y el negocio que mi padre construyó con su esfuerzo y dedicación." William iba a besar nuevamente a Elizabeth pero le sorprendió no verla animada. "¿No te gustó mi sorpresa, Elizabeth?"
"William, tu madre está con fiebre. Pero no te preocupes, el doctor dijo que no era grave pero que debía cuidarse."
"Elizabeth, yo tengo que viajar porque tengo la posibilidad de por fin implementar un negocio en el que he trabajado por casi dos años."
"Lo sé mi amor, tú puedes viajar y yo me quedaré cuidando a mamá Violet," dijo Elizabeth resignada.
"Gracias, querida. Aunque no puedo negarte que viajar contigo sería mucho mejor que viajar solo. Pero si mi madre te necesita, supongo debo resignarme."
Al día siguiente, William besaba apasionadamente a Elizabeth y le decía adiós deseando poder estar de regreso lo antes posible.
P&P
"Me alegra verte mejor, mamá Violet," dijo Elizabeth sentada en una silla al lado de la cama de su suegra.
"Nos hiciste pasar un susto muy grande, tía. Espero que nunca más seas tan porfiada, que le hagas caso al médico y te quedes en cama los días que sea necesario," agregó la señora Gardiner.
"No se preocupen porque he aprendido la lección. Nunca me había sentido tan mal como en los últimos días. Pero además, por mi culpa mi querida Lizzy no pudo viajar con William," dijo Violet con sincero pesar.
"No vas a empezar con eso de nuevo, madre. Ahora tienes que descansar y si sigues así, en dos días más podrás dejar la cama," dijo Elizabeth y le besó la frente a su suegra.
La señora Gardiner también besó a su tía y se despidió prometiendo que regresaría más tarde para leerle algo. Ella había estado muy preocupada por su tía y se sintió un poco culpable porque ella se había enfermado por cuidarlos a ellos. Pero además aprovechó la visita para hablar con Elizabeth de otros asuntos.
"Lizzy, te veo muy tranquila por lo que asumo que pudiste solucionar tus asuntos pendientes con William."
"Sí, tía, William me pidió disculpas por su comportamiento. Tía, he comprendido que mi marido es un hombre muy reservado y que le cuesta mucho compartir sus sentimientos. Él estaba distante porque no deseaba traspasarme sus preocupaciones, pero creo que entendió que debe confiar en mí."
"Me alegro que haya decidido contarte lo que tanto le afligía y que se haya dado cuenta que es mucho más fácil sobrellevar cualquier dificultad cuando la persona que amas está allí para apoyarte."
"Si te soy sincera, tía, creo que William no me ha contado todo. Pero siento que debo darle tiempo y que no debo presionarlo. Sé que él confía en mí, pero presiento que él no está listo aún para aceptar ciertas cosas y por eso no se atreve a decirlas." Elizabeth no quería ser indiscreta y revelar lo que William le había confiado, pero le comentó a la señora Gardiner que su marido tenía recuerdos tristes de su infancia.
"Sé por tía Violeta que William pasó por un evento traumático cuando llegó a la vida de ella y tío Aaron. Y aunque ellos lo llenaron de amor y le dieron una vida llena de oportunidades, hay algunas cosas que quedan grabadas en la mente de un niño y cuesta mucho superar."
A Elizabeth le gustaba mucho conversar con su tía porque siempre le daba buenos consejos, la ayudaba a temperar sus opiniones y le ayudaba a ver sus problemas desde otra perspectiva.
Pero además, la señora Gardiner deseaba hablar con Elizabeth de Jane. Su cuñada Fanny le había escrito contándole que hace semanas que no sabía nada de ella y le pedía ayuda. Pero ella tampoco sabía nada de Jane porque cada vez la visitaba menos, y además, jamás los había invitado a su casa. Sin embargo, no tuvo oportunidad de hablar de aquello con su sobrina porque justo en aquel momento, Jane y el señor Bingley llegaron a visitar a Elizabeth.
La señora Gardiner notó a Elizabeth y Jane bastante tensas con la situación y supuso que las cosas no estaban bien entre las hermanas. Por esa razón, pensó que tal vez era mejor darles tiempo para resolver sus asuntos. Por eso después de saludar a los recién llegados, se excusó y regresó a su casa. Más tarde, ella regresaría a ver a su tía y conversaría con Elizabeth sobre lo que estaba pasando.
Elizabeth invitó a Charles y Jane al salón principal de la casa y pidió que le trajeran una bandeja de té para compartir con sus invitados. Después de hablar de unas cuantas cosas triviales, Elizabeth decidió decirle algunas cosas importantes a su hermana.
"Jane, ayer recibí una carta de nuestra madre y está preocupada porque dice que no le has escrito y desea saber de ti," explicó Elizabeth.
"Lo siento, pero no he tenido tiempo. Con Charles hemos estado muy ocupados estas últimas semanas. Pero hoy le escribiré para contarle todo lo que he hecho," replicó Jane serenamente. Ella había venido a casa de los Dalton porque su esposo había insistido y a ella no le gustaba contradecirlo.
"Me alegro que le escribas, sé que nuestra madre se alegrará mucho si le cuentas sobre todas las cosas divertidas que has hecho en Londres," dijo Elizabeth conciliatoriamente.
"La verdad es que no nos hemos divertido mucho con mi Ángel. Ayer fuimos al baile de un amigo y la pasamos muy bien, bailamos toda la velada, y antes de ayer…"
El señor Bingley le contó a Elizabeth sobre los múltiples compromisos que había tenido en los últimos días, mientras ella pensaba en su marido tan preocupado de sus negocios y siempre trabajando responsablemente.
"Lizzy, ¿a qué hora llega Dalton?" preguntó el señor Bingley.
"Mi esposo está de viaje, Charles."
"¿De viaje? ¿Dónde fue?"
"Tuvo que viajar urgentemente a Manchester y yo no lo pude acompañar porque mi suegra no ha estado bien de salud."
Jane y el señor Bingley preguntaron por la salud de Violet y le dejaron los mejores deseos para que se recuperara pronto. Pero el señor Bingley estaba allí por razones bien específicas y necesitaba saber cuando podría conversar con su cuñado.
"Lizzy, ¿sabes cuándo va a regresar tu marido? Es que necesito que me ayude con unos asuntos un poco urgentes." Su procurador le había explicado al señor Bingley que debía tomar una decisión sobre las futuras siembras lo antes posible con la información que el administrador de Netherfield le había mandado, pero él no sabía muy bien qué hacer. Tanto el procurador como el administrador le habían entregado informes detallados con las ventajas y desventajas de diversificar la producción, sin embargo, él no había tenido tiempo para revisarlos y necesitaba ayuda urgente.
"No lo sé muy bien, pero creo que no antes de diez días porque el viaje es bastante largo y demora varios días," explicó Elizabeth.
"No puede ser, qué mala suerte la mía. Si Dalton me hubiera dicho que pensaba a viajar a Manchester, yo hubiera venido antes de que se fuera para que me ayudara," dijo el señor Bingley.
"Lo siento, Charles, pero vas a tener que esperar hasta que él regrese," replicó Elizabeth un poco desconcertada.
"No puedo, Lizzy. Yo necesito su ayuda en unos asuntos urgentes," dijo Charles.
"¿Asuntos de negocios?" preguntó Elizabeth mirando a Jane.
"Sí, sobre Netherfield. Hay una serie de documentos que necesito consultar con alguien de confianza. El problema es que no puedo esperar."
"Tal vez puedes pedirle a tío Gardiner que te ayude, él sabe mucho de contratos y cosas por el estilo."
"Tienes razón, Lizzy. Tú siempre tienes muy buenas ideas," dijo el señor Bingley aliviado. Él sabía que el señor Gardiner era un hombre muy inteligente, amable y estaba seguro que lo ayudaría.
Jane estaba muy avergonzada porque ella pensaba que habían venido a hacer una visita de cortesía. Jamás imaginó que su marido había venido a casa de los Dalton a rogar por la ayuda del altanero esposo de Elizabeth.
El señor Bingley no quería seguir perdiendo tiempo, y él y su esposa se despidieron de Elizabeth para poder ir a casa de los Gardiners que estaba a pocos pasos que la de los Dalton. Pero antes de que Jane pudiera irse, mientras su marido se ponía el abrigo y los guantes, Elizabeth se acercó a su hermana y le dijo enfáticamente.
"Espero que te haya quedado claro que es tu marido el que siempre le pide ayuda a mi esposo. Mientras él pasa la mayor parte del tiempo divirtiéndose, William está trabajando."
"Lizzy, creo que es mejor que olvides lo que te dije unos días atrás. Yo sinceramente pensaba que el señor Dalton estaba interfiriendo en los asuntos de Charles. Tu marido tiene un perfil autoritario y Charles es tan amistoso y bueno. Pero creo que es mejor que nos olvidemos de eso."
"Te aconsejo que le cuentes a Charles lo que dijiste de mi marido porque sino William lo hará."
"Creo que es hora de irnos, Jane. Gracias por todo Lizzy y por favor dale nuestros saludos a la señora Dalton," dijo Charles interrumpiendo la conversación entre las hermanas.
Elizabeth se despidió de las visitas y se quedó un poco preocupada por Jane y Charles. Ellos parecían tan inconscientes e inmaduros que parecía que no estaban listos para hacerse cargo de sus propias vidas y por eso eran tan fácilmente manipulados por otros.
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El señor Darcy estaba bastante más recuperado y había nuevamente asumido el control total de todos sus negocios. Richard le pidió que revisara una propuesta de negocio que William le había propuesto. Sin duda alguna era un plan muy ambicioso, pero muy bien ideado en el que se proyectaba el crecimiento de la industria textil a través de la automatización de los procesos productivos. Después de leer los detalles y lo bien elaborado que estaba todo, el señor Darcy no pudo más que admirar al señor Dalton. El muchacho, sin duda alguna era un hombre brillante, lleno de nuevas ideas y muy trabajador.
Pero su paz se vio alterada porque le llegó un mensaje expreso del administrador de Rosings. El señor Evans le decía que Lady Catherine había interferido nuevamente en todo lo que él había planeado y que era imposible trabajar de esa forma.
Hace dos años atrás, Lord Matlock y el señor Darcy se enteraron que Lady Catherine tenía un montón de deudas que no podía pagar y que estaba a punto de perder la hacienda. Ella culpó a las malas cosechas, pero Rosings era la única hacienda de todo Kent que no era productiva. Cuando Sir Louis falleció, ella despidió al administrador y contrató a uno incompetente pero que no la contradecía en nada pero que no tenía idea como administrar una hacienda.
George Darcy le prometió a Lady Catherine que la ayudaría sólo con la condición que ella se mantuviera alejada de la administración de la hacienda. Luego, contrató al señor Evans y hasta el momento las cosas habían ido bien, pero al parecer, Lady Catherine no pudo cumplir su promesa de mantenerse alejada y no opinar de temas de los que no sabía nada.
Por esa razón, el señor Darcy tuvo que salir de inmediato rumbo a Kent para advertirle a su cuñada que si no dejaba hacer su trabajo al señor Evans, que se olvidara de su ayuda. Él hubiera preferido mandarle una carta, pero conocía muy bien a Lady Catherine y sabía que no le haría caso y después diría que nunca recibió ninguna carta.
Georgiana prefirió quedarse en Londres con la señora Annesley porque a ella la intimidaba su tía. Ella siempre la criticaba y la hacía sentir mal. Y con Anne casi no tenía comunicación porque era muy tímida y nunca decía nada por miedo a que su madre la corrigiera.
Como era de esperarse, los contactos del señor Wickham en la casa Darcy le informaron que el señor Darcy había viajado a Kent, por lo que él no perdió el tiempo para ver si podía tener la oportunidad de acercarse a Georgiana. Él llegaría con el pretexto de que deseaba conversar con su padrino para no despertar sospechas.
Pero él no fue el único que tuvo esa idea, porque Caroline también había ido a visitar a Georgiana. Ella quería advertirle de los peligros que tenía seguir cultivando una amistad con alguien como Eliza Bennet. Ella sabía que esa chiquilla tonta y tímida era muy influenciable y deseaba que estuviera bajo su control y no el de la maldita Eliza.
La señora Annesley estaba en una pequeña salita contigua al salón donde se recibían las visitas. Era un lugar pequeño pero muy soleado y como el día estaba frío, a ella le gustaba sentarse allí a bordar o leer. Georgiana estaba con el maestro de música y su esposa practicando una nueva pieza musical de piano y canto.
"Caroline Bingley, qué gusto verte" dijo el señor Wickham con sorna.
"Déjame decirte que el gusto es sólo tuyo porque si fuera por mí, no te volvería a ver nunca más," contestó Caroline ofuscada.
"Me imagino que estás esperando a Georgiana y probablemente muy pronto ella vendrá a saludarte por lo que tengo poco tiempo para explicarte mi plan y cómo quiero que me ayudes."
"Tú estás completamente loco si crees que te voy a ayudar en algo. Te he dicho un montón de veces que no quiero tener nada que ver contigo, así que déjame en paz."
"Entonces seré breve," dijo Wickham para que Caroline no siguiera hablando. "Mi padrino me contó que su doctor le dijo que tiene una dolencia crónica y que no le queda mucho tiempo. Como sé que no eres tonta, y sabes lo enfermo que ha estado, me imagino que sabes que no estoy mintiendo." La verdad era que el doctor le había dicho al señor Darcy que si no se cuidaba, él no le podía garantizar que fuera a vivir muchos años más.
"Wickham, no me hagas perder el tiempo, y dime de una vez que quieres para decirte que no." Caroline detestaba a ese hombre arribista y ladino.
"Si mi tío muere, Fitzwilliam tomará la custodia de Georgiana y todos sus bienes. Como sabes, ni tú ni yo somos santos de su devoción, por lo que probablemente no seremos nunca más invitados ni a esta casa ni a Pemberley. Además, él se asegurará de casarla con un hombre de los primeros círculos, él no verá con buenos ojos que sea amiga de la hija de un comerciante."
El señor Wickham siguió hablando por varios minutos más y Caroline no fue capaz de interrumpirlo porque sabía que algo de razón tenía. El Coronel y su familia jamás los habían considerado y era posible que si el señor Darcy falleciera, ellos perdieran su único nexo con los primeros círculos.
La señora Annesley estaba muy incómoda en el cuarto contiguo, escuchando sin querer, una conversación privada y bastante desagradable. A ella nunca le habían agradado ni Wickham ni Caroline.
"¿Y cuál es tu brillante plan para evitar que eso pase?" preguntó Caroline curiosa.
"Sabía que entrarías en razón, mi querida Caroline."
"Tienes un minuto, y no me vuelvas a llamar Caroline porque tú y yo no somos amigos, Wickham."
"Está bien, señorita Bingley, mi plan es bien sencillo… Aprovechando que mi padrino está en Kent, quiero que invites a Georgiana a tu casa o que hagas una cita aquí con ella y que me permitas acercarme a ella el tiempo suficiente como para poder ponerla en una situación comprometedora. Luego, tú le contarás al señor Darcy lo que has visto, y a él no le quedará de otra que casar a su adorada hija con su adorado ahijado. Por supuesto que le diremos que estamos enamorados y esas estupideces que las niñas tontas y los viejos sentimentales creen…"
"¿Y yo qué gano con todo eso?" preguntó Caroline nerviosa.
"Ganarás mi gratitud y mi palabra de que siempre tendrás acceso a todas mis propiedades."
Caroline y Wickham hablaron por unos cuantos minutos más, hasta que Georgiana llegó al salón para conversar con Caroline. Por su parte, la señora Annesley quedó muy preocupada por el resto del día sin saber a quién recurrir. El señor Darcy estaba en Kent, Richard en el norte, y los Matlock estaban visitando a su hijo que pronto sería padre.
Ella no confiaba en nadie en la casa Darcy porque sabía que Wickham tenía infiltrados allí que le informaban todo lo que pasaba.
Sin embargo, sabía que Georgiana corría peligro y debía sacarla de la casa lo antes posible.
En cuanto Caroline se fue, la señora Annesley no dejó a Georgiana ni un segundo a solas con aquel canalla. Él quería quedarse a cenar con ellas, pero afortunadamente Georgiana dijo que no se sentía bien y que cenaría en su cuarto.
Finalmente, la señora Annesley decidió contarle a Georgiana todo lo que había escuchado y proponerle un plan.
"Creo que es una excelente idea, señora Annesley. Muchas gracias por cuidarme y protegerme porque yo no soportaría tener que casarme con un hombre que me quiere sólo por mi dinero."
"No llores, mi querida señorita Darcy. Ya verás como todo estará bien."
La señora Annesley se fue a su cuarto y le escribió una carta a Richard porque era a la única persona que le podía contar lo que estaba sucediendo. Él era el único que comprendería la gravedad del asunto y la defendería con el señor Darcy si se enojaba mucho por lo que pensaba hacer."
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Elizabeth estaba leyendo nuevamente el mensaje que le había mandado su amado William mientras desayunaba, cuando el mayordomo le dijo que tenían visitas. Ella se extrañó mucho porque esa no era hora para recibir invitados pero supuso que era alguien cercano.
Cuando entró a la sala quedó muy sorprendida al ver a la señora Annesley y Georgiana con ropa de viaje una pequeña maleta.
"Señora Dalton, necesitamos un lugar donde quedarnos por unos días, ¿podemos solicitarle su generosa ayuda?" preguntó la señora Annesley un poco avergonzada pero dispuesta a contarle todo lo que estaba pasando.
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Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo.
Siento no poder publicar capítulos diarios, pero los partidos del mundial han estado muy buenos :) Me encantó ver como Japón ganó hoy. Nada personal contra España sino porque me gusta cuando los equipos débiles le ganan a los más fuertes.
En el próximo capítulo, la visita de Georgiana a casa de los Dalton traerá varias consecuencias para la historia.
¡Nos vemos pronto!
Saludos,
Yo
