Capítulo 22

Al notar que tenía la atención de su tío, Richard sacó la carta que la señora Annesley le envió a finales de la semana pasada y se la pasó a al señor Darcy. "Por favor, tío, lee esta carta."

El señor Darcy se puso sus gafas y comenzó a leer la carta. Lo primero que le llamó la atención fue el primer párrafo donde la señora Annesley decía que estaba contactando al coronel porque tenía temor que el señor Darcy no la tomara en serio. Después, con horror leyó el siguiente párrafo donde narraba la conversación que había escuchado entre Wickham y Caroline. En el tercer párrafo y final, la señora Annesley le decía que llevaría a Georgiana a casa de los Dalton porque sabía que allí estaría segura, pero además se sentiría cómoda y protegida.

El señor Darcy dejó la carta sobre el escritorio, se puso de pie y se sirvió un vaso de agua porque necesitaba poder procesar toda aquella información antes de poder decir algo.

"Tío, desde hace muchos años que yo, mi padre, Roger y mucha otra gente te ha dicho la clase de canalla que es Wickham y tú no lo has querido ver. Comprendo que sientes que tienes una deuda de gratitud con la madre de Wickham, pero te ruego que abras los ojos. Ese hombre le ha hecho daño a mucha gente sabiendo que siempre iba a tener tu protección, y pese a lo mucho que lo has ayudado, quiere hacerle daño a tu hija. Porque aunque te cueste creerlo, ese maldito infeliz quiere casarse con Georgiana para robarle su fortuna…"

"¡Suficiente, Richard! Yo siempre pensé que ese muchacho podría enrielar su camino, que tal vez sólo necesitaba tiempo para darse cuenta de lo equivocado que estaba. Pero tienes razón, sobrino, él ha abusado de mi confianza y no quiero ni pensar cuánto daño ha hecho a mis espaldas. ¡Pero esto se acaba aquí."

Richard quedó muy sorprendido al ver a su tío tan afectado y decidido. Él pensaba que iba a tener que discutir por mucho rato antes de que él aceptara la realidad. "Me imagino que te has dado cuenta de lo injusto que fuiste con la señora Annesley. Ella ha protegido a Georgie desde que ese desgraciado comenzó a acosarla con sus indeseadas atenciones."

"No soy tan obtuso como para no darme cuenta de que cometí un gran error y como el hombre honorable que soy, le pediré disculpas en cuanto tenga la oportunidad de localizarla."

Al ver al señor Darcy tan arrepentido y cabizbajo, Richard decidió ofrecerle su ayuda. "Si quieres, tío, yo puedo encargarme de Wickham."

"Te lo agradezco Richard, pero es algo que debo solucionar personalmente. Pero antes de hablar con Wickham, debo conversar con mi hija y pedirle disculpas."

"Buena idea, tío. Georgiana está muy sentida con todo lo que ha pasado en las últimas horas." Richard se quedó unos minutos más dándole ánimo a su tío para todo lo que tenía que enfrentar.

Él fue al cuarto de su hija, y se le apretó el corazón al verla tendida sobre su cama llorando desconsoladamente. Entonces, se sentó en la cama de Georgiana y comenzó a acariciarle el pelo con mucha ternura.

"Querida, espero puedas perdonarme por ser tan ciego y no protegerte mejor," dijo el señor Darcy con la voz quebrada por la emoción.

Georgiana abrazó a su padre y le dijo sinceramente. "Padre, yo sé que tú siempre creíste que Wickham tenía buenas intenciones. Pero lo que nunca pude entender es por qué siempre ignoraste lo que yo y otros te decíamos sobre él."

"Porque su madre murió intentando rescatar a tu hermano de las aguas torrentosas del río y porque todo este tiempo he creído que eso afectó el carácter de ese muchacho. Pero más allá de la pena que pueda sentir por él, yo no continuaré ignorando su comportamiento irresponsable y menos le voy a permitir que te haga daño."

"Me alegra mucho saber que de una vez por todas no tendré que ver a ese hombre nunca más, ni en esta casa ni en Pemberley," dijo Georgiana aliviada. "Pero además quiero que recontrates a la señora Annesley. Ella se fue a casa de los Dalton."

"Así lo haré hija," dijo el señor Darcy y abrazó a Georgiana.

Al día siguiente, él fue a casa de los Bingley y Caroline le confirmó todo lo que la carta de la señora Annesley decía, y le juró que ella jamás se hubiera prestado para algo así. Pero además le contó la cuantiosa deuda que su ahijado tenía con su hermano y la forma irrespetuosa como siempre la había tratado a ella y Louisa.

Richard y Georgiana se encargaron de ir a buscar a la señora Annesley a casa de los Dalton, y cuando llegó a casa Darcy, y después de acomodar sus cosas en su cuarto, el señor Darcy le ofreció una sentida disculpa y le rogó que aceptara ser nuevamente la dama de compañía de Georgiana. Pero además de pedirle disculpas, le agradeció por proteger a su hija y poner siempre el interés de ella por sobre otras consideraciones.

Lo único que tenía pendiente el señor Darcy era hablar con su ahijado. Él le mandó una nota diciéndole que tenía prohibido acercarse a Georgiana, que ya no era bienvenido en ninguna de sus propiedades y lo citó a la oficina de su procurador para explicarle las razones de todo lo que estaba ocurriendo. El señor Darcy estaba agotado y todo lo que había pasado en los últimos días, le había provocado algunos problemas de salud por lo que el doctor le recetó reposo por unos días, le prohibió salir de casa y le dijo que debía evitar a toda costa pasar malos ratos.

P&P

Violet no deseaba estar cerca de William porque necesitaba pensar y tomar una decisión y decidir qué hacer con toda aquella información que le quitaba el sueño por las noches. Por eso le pidió a su sobrina Madeline que la recibiera en su casa por unos días. Ella le dijo a la señora Gardiner que deseaba permitirle a William y Elizabeth tener algo de privacidad por unos días y su sobrina se sintió feliz de poder ayudar.

Por su parte, William y Elizabeth notaron que Violet no era la persona jovial y alegre que siempre había sido, pero atribuyeron su melancolía a lo mucho que extrañaba a su esposo. Pero además, ellos estaban tan felices de estar juntos que prácticamente no se daban cuenta de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Los casi diez días que estuvieron separados, les hicieron comprender lo mucho que se necesitaban y deseaban aprovechar al máximo el tiempo que estaban juntos.

"William, me encantó la ópera, el teatro era maravilloso y la música excepcional. Muchas gracias por invitarme a un lugar tan maravilloso," dijo Elizabeth mientras se quitaba los guantes y el abrigo. Ellos acababan de regresar del teatro pero Elizabeth no podía dejar de hablar de todo lo que había observado en aquel lugar.

"Yo también disfruté mucho de la música y debo reconocer que la calidad de los músicos y cantantes líricos es muy superior a lo que se ofrece en Manchester."

"¿Ibas muy seguido al teatro y la ópera?" preguntó Elizabeth.

"Bastante porque mi padre compró un pequeño palco hace unos diez años atrás."

"¿Tienes un palco en el teatro en Manchester?"

"Tenemos un palco, señora Dalton. Pero debo advertirte que es muy pequeño y no se puede comparar con el del señor Barret."

"Eso no importa, me basta con saber que hay espacio suficiente para ti, nuestra madre y yo," dijo Elizabeth y besó a su esposo en la mejilla.

"Me alegra mucho que quieras tanto a mi madre, ella es muy importante para mí," replicó William. Luego tomó la cara de su esposa en sus manos y la besó apasionadamente. "Creo que es hora que vayamos a dormir, querida."

"¿A dormir?" preguntó Elizabeth con una sonrisa traviesa.

"Sabes muy bien a lo que me refiero, señora Dalton," dijo William y tomó a su esposa en sus brazos.

William y Elizabeth hicieron el amor más de una vez aquella noche y se quedaron profundamente dormidos abrazados y felices.

Al día siguiente, Elizabeth despertó antes que su marido que estaba profundamente dormido y no se dio cuenta como ella lo observó por casi diez minutos. Ella miraba absorta el rostro de su esposo y no supo por qué recordó las pinturas en casa de los Darcy. Su marido tenía un rostro muy masculino y a ella le encantaba verlo con una incipiente barba. Pero además, se dedicó a observar el curioso lunar que tenía en su cuello tras la oreja izquierda, aunque no era grande, su perfecta forma de media luna lo hacía muy llamativo. Ella sabía que William era adoptado y se preguntaba si era alguna marca distintiva de su familia biológica. Pero el instinto curioso de Elizabeth la motivó a mirar debajo de las cobijas ya que su esposo estaba completamente desnudo.

"¿Me puedes explicar qué estás haciendo, señora Dalton?" preguntó William sonriendo.

"William… yo," intentó explicar Elizabeth completamente ruborizada.

William abrazó a su esposa y comenzó a besarle el cuello a mientras se reía. En aquel momento, William no tenía cabeza para pensar en nada más que en Elizabeth pero sabía que no podía seguir ocultándole todo lo que estaba pasando en su vida recientemente.

"Elizabeth, me gustaría contarte algunas cosas que me han estado pasando recientemente," dijo William cambiando dramáticamente el tono de su voz.

Elizabeth se preocupó mucho al ver a su marido tan serio e inmediatamente le preguntó si todo estaba bien. "William, ¿tienes algún problema? ¿Hay algo que pueda hacer por ti?"

William le dijo a Elizabeth que no se preocupara, la acurrucó en sus brazos y ella descansó su cabeza sobre el pecho de su marido mientras él le explicaba todo lo que le estaba pasando desde hace algún tiempo.

"No estoy seguro si lo que veo en mis sueños son recuerdos o sólo mi imaginación, pero siento que estoy listo para enfrentar la verdad sea cual sea."

"William, quiero que sepas que puedes contar conmigo para todo lo que necesites," dijo Elizabeth y besó a su esposo suavemente en los labios.

"Gracias mi amor, sé que cuando tenga que enfrentar mi pasado voy a necesitar más que nunca tu cariño."

William y Elizabeth siguieron conversando por casi una hora sobre el futuro, la vida en Manchester y todos los planes que tenían para su futura vida.

P&P

William tomó unos días libres para pasear con Elizabeth por Londres. Ellos fueron al museo, caminaron por el parque y disfrutaron enormemente el tiempo que estuvieron juntos.

Finalmente llegó el día de la cena en casa de Lord Matlock, y William y Elizabeth estaban un poco nerviosos aunque por razones muy distintas. Elizabeth no comprendía muy bien por qué los habían invitado y sospechaba de las reales intenciones de Lord Matlock. Ella temía que ese señor forzara a William a hacer negocios con él. Mientras William tenía temor a descubrir información que no estaba seguro si estaba preparado para aceptar.

Cuando llegaron a la elegante mansión Matlock, la condesa los recibió muy cordialmente y el Conde fue un poco más reservado pero amable. El que fue muy efusivo al saludarlos, fue Richard que estaba sinceramente contento de tener a su querido amigo y esposa en casa. Georgiana también estaba invitada a cenar y sentía muy feliz de ver a su amiga.

El conde Matlock se tomó unos minutos para conversar con William y hacerle algunas preguntas sobre el negocio que estaba estableciendo en Londres y en el que Richard había invertido una buena parte de sus ahorros.

"Señora Dalton, por favor permítame una vez más reiterarte mi agradecimiento por ayudar a mi querida prima cuando más lo necesitaba," dijo Richard sinceramente. Él admiraba profundamente a la mujer de su amigo, no sólo porque era muy bonita, sino también porque era inteligente y tenía un gran corazón.

"Fue un gusto poder ayudar a mi querida amiga, pero espero que nunca más tenga que salir huyendo de su casa," explicó Elizabeth preocupada.

"Creo que finalmente mi tío comprendió quien es realmente Wickham y me prometió que ese hombre nunca más pondrá un pie en casa Darcy o Pemberley.

"Me alegro mucho por Georgiana, pero también por el señor Darcy que finalmente entró en razón," dijo Elizabeth. "Es muy difícil de entender por qué un hombre inteligente como él, se ha dejado manipular por ese hombre."

"Es un asunto muy doloroso, pero mi tío siempre se ha sentido en deuda con Wickham porque su madre murió tratando de salvar a mi primo," dijo Richard.

"Georgiana me contó de su hermano fallecido, pero no tenía idea que murió en un accidente."

"Fue un accidente muy desafortunado. Mi primo se cayó al río y la madre de Wickham intentó salvarlo y ambos murieron ahogados," dijo Richard con tristeza.

"Qué tragedia tan terrible, pobre señor Darcy," exclamó Elizabeth.

"Lo peor es que el cuerpo de mi querido primo nunca apareció. Mi tía y mi tío ni siquiera pudieron darle una cristiana sepultura."

Richard le contó a Elizabeth un poco más sobre la tragedia del heredero de los Darcy mientras ella no podía evitar mirar a su marido. Había algo en esa trágica historia que la inquietaba profundamente pero no sabía por qué. Pero sus inquietantes pensamientos se vieron interrumpidos con la llegada del vizconde y su esposa.

Lord Matlock le presentó a su otro hijo y nuera a los Dalton y pasaron al comedor para cenar. Después de la cena, las mujeres fueron al salón principal a conversar sobre la nueva ópera y otros asuntos de la vida social londinense. A la condesa y a la vizcondesa les agradó mucho Elizabeth y estaban contentas escuchando su interesante conversación.

En el estudio de Lord Matlock, Roger le contaba a su padre del último caballo que había comprado mientras su padre le aconsejaba ahorrar dinero para invertir en nuevos emprendimientos. Las cosechas de los últimos dos años no habían sido muy buenas y el conde no deseaba que su hijo tuviera problemas económicos porque a él le tocaría ayudarlo.

En el otro lado del estudio, el coronel Fitzwilliam le estaba contando a su amigo los planes que tenía para mantener a Wickham a raya. "Mañana iré a verlo al tugurio donde vive y le diré que si me entero que anda rondando la casa de mi tío o a mi prima, le voy a dar una paliza que jamás olvidará."

William miraba fijamente a Roger mientras hablaba con Lord Matlock y un recuerdo cruzó su cabeza y no pudo evitar decir lo que estaba pensando. "Fitzwilliam, ¿recuerdas aquella vez que te subiste al manzano y esperaste a que Roger pasara para arrojarle manzanas? Él se enojó tanto que trepó el árbol, te obligó a bajar y te hizo comer las tres manzanas que le arrojaste," dijo William con una sonrisa nerviosa.

El coronel quedó estupefacto y no supo qué decir por varios segundos. "Y tú, ¿cómo sabes eso?" preguntó Richard cuando recuperó el habla.

"Porque yo estaba en la otra rama del árbol y Roger no me vio," dijo William muy nervioso.

"¿Fitzwilliam Darcy?" preguntó Richard. "Por supuesto, Darcy… Yo…"

"No puedo contestar ninguna pregunta porque ni yo mismo sé quien soy, Fitzwilliam. No tengo respuestas porque mis recuerdos vienen y van. Por eso, sólo quiero pedirte que me des tiempo y que no le cuentes a nadie."

"Pero… es que… Está bien, pero qué te parece si nos juntamos mañana en el club."

"Al mediodía estaré allí, ahora creo que debemos ir a donde están las damas y hablar de cualquier cosa menos de esto."

"Yo dudo que pueda decir algo después de esta conversación," dijo Richard.

Finalmente, los hombres fueron donde estaban las damas. Elizabeth y Georgiana tocaron el piano y cantaron para entretener a los presentes. Por su parte, Richard miraba a William y estaba seguro que era su primo, el parecido físico con su tío era demasiado grande. Pero lo que no lograba comprender era que había pasado durante los veintidós años que estuvo extraviado y por qué llevaba el apellido Dalton.

P&P

Violet iba en el carruaje rumbo a la casa Darcy sabiendo que estaba haciendo lo correcto. Ella no podía negarle a su hijo la posibilidad de conocer a su familia biológica, aunque eso significara perderlo para siempre. Pero antes de hablar con su querido niño, ella necesitaba estar segura de que aquel hombre no le haría daño a William. Después de haberse enterado lo negligente que había sido con Georgiana, no estaba segura si él estaría dispuesto a acoger a un hijo al que había creído muerto por más de veinte años.

El señor Darcy estaba encerrado en su estudio pensando en su ahijado y en todo lo que había pasado entre ellos desde que era pequeño. George Wickham siempre había sido un niño muy extrovertido pero vanidoso, muy similar a su madre. A él nunca le había gustado Edith Wickham porque desde que la conoció, ella siempre había actuado de una forma muy inapropiada en frente de él. Incluso él creyó que en más de una ocasión ella se le había insinuado. Pero su opinión de ella cambió en cuanto se enteró de su desinteresado acto de valentía.

Por eso siempre pensó que su ahijado en algún momento, tal como lo había hecho su madre, mostraría que debajo de esa apariencia de hombre irresponsable había una buena persona. Pero con mucha pena descubrió que eso jamás pasaría y que si él seguía protegiéndolo y excusando sus canalladas, él seguiría haciendo daño.

Él ya había hablado con su procurador para cerrar definitivamente ese amargo episodio de su vida. Él iba a mantener la promesa de no abandonar a su ahijado, pero no quería tener que verlo nunca más. Para eso, le asignó una cantidad de dinero mensual que su procurador le entregaría. Él sabía que si le daba una suma de dinero anual, él probablemente la gastaría en un mes. Además, había previsto en su testamento, que se reservara una cantidad en un fondo de inversión para su ahijado y que se le entregaran los intereses semestralmente.

Ese día, Richard lo había invitado a cenar a casa de sus padres, pero él no estaba de ánimo para socializar con nadie. Todo el asunto con Wickham le había producido mucha tensión nerviosa y su salud se había visto muy afectada. Más que nunca, él estaba muy consciente de que Georgiana lo necesitaba, y por eso sabía que debía cuidar su cada día más precaria salud.

Cuando el señor Gibson sintió que alguien llamaba a la puerta, pensó que era algún conocido o alguien de la familia porque esa no era hora para hacer visitas sociales. Pero cuando abrió la puerta quedó muy sorprendido al ver a una señora mayor muy bien vestida.

"Buenas tardes, soy Violet Dalton y necesito hablar con el señor George Darcy," dijo Violet con voz temblorosa.

El mayordomo estuvo a punto de decirle que su patrón no recibía visitas inesperadas y menos a esa hora. Pero al ver a la señora tan nerviosa, asumió que era la madre o algún familiar de Elizabeth Dalton, la amiga de la señorita Darcy y que estaba allí por alguna emergencia.

"Señora Dalton, permítame ver si el señor Darcy la puede recibir," dijo Gibson. Él invitó a Violet a que pasara al recibidor y fue rumbo al estudio de su patrón.

Violet quedó impresionada con la elegancia de aquella casa. Era una mansión hermosa ubicada en el barrio más exclusivo de Londres. Mientras su razón le decía que se fuera de allí, su corazón le decía que debía quedarse y hacer lo que había planeado porque su hijo merecía saber quien era.

El señor Darcy estaba escribiendo una carta a la señora Reynolds para avisarle que a fin de mes él y Georgiana regresarían a casa. Pero también para decirle que George Wickham ya no era bienvenido y se lo hiciera saber si se atrevía a aparecer por allá.

"Señor, disculpe que lo interrumpa, pero la señora Dalton desea hablar con usted."

"¿La señora Dalton? ¿Pasó algo con Georgiana? Ella me dijo que su amiga también estaba invitada a la cena de los Matlock."

"No señor, no es la señora Elizabeth Dalton sino Violet Dalton. Creo que debe ser la madre de la amiga de la señorita Darcy."

"Entiendo," dijo el señor Darcy. Él pensó que Violet estaba allí para hablarle de Wickham y no tenía ganas de seguir dándole vueltas de ese tema. "Gibson, dile que estoy muy ocupado, pero que le enviaré una nota diciéndole cuando puedo recibirla."

El mayordomo fue donde estaba Violet e hizo lo que su patrón le pidió. "Lo siento, señora Dalton, pero el señor Darcy está muy ocupado. Pero me dijo que él le avisará cuando puede recibirla."

Violet llevaba una pequeña bolsa de la que sacó un pañuelo y le dijo al mayordomo. "Por favor, señor, dele esto a su patrón y si después de verlo no quiere hablar conmigo, yo me iré."

El señor Gibson no supo qué decir, recibió el pañuelo y regresó al estudio. "Señor Darcy, perdone que vuelva a interrumpirlo, pero la señora Dalton me dijo que le diera esto."

"¿Y qué es eso?" preguntó el señor Darcy un poco molesto. Él no entendía por qué esa mujer, a la que no conocía, insistía en hablar con él a una hora tan inapropiada.

"Si quiere se lo devuelvo y le repito lo que ya le dije," dijo Gibson, con el pañuelo aún en su mano.

"A ver, dame eso," dijo el señor Darcy y recibió el pañuelo.

A ese punto, él no podía negar que estaba intrigado de saber por qué esa mujer le había mandado aquel objeto. Cuando lo recibió, él se dio cuenta que había algo en su interior y cuando lo abrió quedó tan sorprendido que tuvo que sentarse porque le temblaron sus penas. Aquella era la medalla que su hijo llevaba el día que se había ahogado en el río. ¿Por qué esa mujer tenía eso?

"Gibson, haz pasar a la señora Dalton inmediatamente."

El mayordomo obedeció y fue en busca de Violet. Luego, le pidió que lo siguiera y la llevó hasta el estudio de su patrón y abrió la puerta, la dejó pasar y se retiró.

Violet respiró muy hondo y dijo, "gracias por recibirme, señor Darcy."

"Quiero que usted me explique porque tiene esta medalla que perteneció a mi hijo," dijo el señor Darcy con la voz quebrada por la emoción.

"Por eso estoy aquí, señor Darcy. Quiero contarle la historia de un niño de cinco años al que encontré hace veintidós años a la orilla de un río. He venido a hablarle de MI HIJO William DALTON," dijo Violet mientras el señor Darcy la miraba atónito.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo.

El próximo es el último capítulo de la segunda etapa. La verdad está aflorando por muchos lugares y es inevitable. ¿Les gustó cómo se reveló la identidad? No quise que fuera algo de improviso y que más bien fuera gradual para hacerlo más creíble.

Una vez más, pido disculpas si hay muchos errores, pero escribí este capítulo ultra rápido.

En el próximo capítulo, nuestro querido William Dalton tendrá que enfrentar su verdadera identidad.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo