Capítulo 23

"Mañana a esta hora estaremos en uno de los eventos más importante de la temporada, y voy a usar mi nuevo vestido," dijo Louisa feliz.

"Me alegro mucho que madame Dupont haya tenido espacio en su apretada agenda para poder hacernos esos vestidos tan hermosos. Además, creo que deberíamos usar las joyas que nos heredó nuestra madre, ¿no crees, Louisa?" preguntó Caroline a su hermana.

"Por supuesto, Caroline. Tenemos que vernos muy elegantes y destacar como siempre lo hemos hecho," dijo Louisa. Luego miró a su cuñada y le preguntó, "y tú, Jane, ¿qué vestido piensas ponerte?"

La familia estaba cenando y Jane había permanecido en silencio porque no tenía ganas de participar en la superflua conversación de sus cuñadas. Pero desgraciadamente, Louisa le hizo una pregunta y ella no podía ignorarla.

"Me pondré el vestido color crema que me regaló mi tía Gardiner," dijo Jane y siguió comiendo.

El señor Hurst no estaba prestando atención a la conversación porque estaba concentrado en comer y beber, mientras que el señor Bingley leía una carta del administrador de Netherfield con mucha preocupación.

"Jane, no creo que ese vestido sea apropiado para el baile de Lord Sutton. Creo que deberías usar el vestido amarillo que yo te regalé cuando compramos tu ajuar de novia. El que te regaló esa señora es demasiado simple," dijo Caroline despectivamente.

"Obviamente, querida Jane, tu tía no tiene ni la clase ni el roce social como para conocer el tipo de vestidos apropiados para nuestros círculos sociales," agregó Louisa en el mismo tono que su hermana.

"No estoy de acuerdo con lo que dicen. Mi tía es una mujer muy elegante y sofisticada y el vestido que me regaló es uno de los más hermosos que tengo. Además, nunca lo he usado porque lo estaba guardando para una ocasión como esta," respondió Jane muy nerviosa. Aunque sentía que no podía respirar de lo tensa que estaba, Jane no deseaba seguir soportando que sus cuñadas continuamente la pasaran a llevar. Ella sentía que no podía soportar más las faltas de respeto de Caroline y Louisa.

"Como quieras, pero no te quejes después si eres el hazmereir del baile," concluyó Caroline. Después, ignoró por completo a Jane y siguió conversando con Louisa sobre todos los preparativos para aquel evento.

Jane siguió comiendo en silencio pero no pudo evitar mirar a su esposo, al que parecía no molestarle en lo más mínimo como sus hermanas trataban a la esposa que decía amar tanto. Entonces, ella no pudo evitar comparar a Charles con William Dalton. Una vez Caroline intentó faltarle el respeto a Elizabeth y él inmediatamente la defendió. Jane no pudo evitar admirar aún más al esposo de su hermana, que no sólo era guapo y amable sino que también un hombre hecho y derecho.

Después de la cena, Jane dijo que le dolía la cabeza y se fue inmediatamente a su cuarto. Pero no tuvo tiempo para recostarse y descansar porque su marido llegó a hablar con ella.

"Mi querido Ángel, espero que tu dolor de cabeza sea pasajero. Bebe mucha agua y acuéstate temprano. Yo jugaré a las cartas con Hurst y vendré a dormir a tu lado más tarde."

"Está bien, Charles," replicó Jane. A ella le hubiera gustado decirle a su esposo todo lo que sentía cuando él permitía que sus hermanas le faltaran el respeto a ella y su familia, pero sentía que ya no tenía fuerzas para discutir con nadie más y tenía miedo de no poder contener la pena y sus ganas de llorar.

"Otra cosa, querida. Mañana quiero que vayamos a visitar a los Dalton," dijo Charles y besó a su esposa en la mejilla.

"Charles, me gustaría saber por qué me avisas a esta hora que mañana quieres ir a visitar a la familia de mi hermana," dijo Jane sospechando la razón que tenía su esposo para querer ver a su cuñado.

"Hoy recibí una carta del administrador de Netherfield y hay algunas cosas que debo decidir y no estoy seguro. No quiero tener que molestar a tío Gardiner nuevamente, entonces…"

"CHARLES…" gritó Jane interrumpiendo a su esposo.

Él quedó muy sorprendido porque jamás pensó que su amado ángel era capaz de siquiera subir un poco la voz, menos aún gritar. "¿Qué pasa, Jane?"

"No puedes molestar a mi cuñado una vez más con tus problemas."

"¿Por qué no? Él tiene muy buena voluntad y sé que no le molesta ayudarme."

"Probablemente no, pero no corresponde que tú siempre lleves tus problemas a otros."

"¿Y qué quieres que haga, entonces?" preguntó el señor Bingley enojado.

"Que actúes como un hombre adulto y aprendas a solucionar tus problemas solo. Además, mi cuñado no te ayudará porque yo le pedí a Lizzy que le dijera a su marido que no interfiriera más en tus asuntos."

"¿Y por qué hiciste eso?" preguntó el señor Bingley indignado.

"Por las razones equivocadas, pero creo que al fin y al cabo hice lo correcto," dijo Jane un poco más tranquila.

"No comprendí nada de lo que dijiste, pero prefiero no seguir teniendo esta conversación. Me iré a jugar a las cartas con Hurst y haré como que todo esto nunca ocurrió."

"Haz lo que quieras, Charles," dijo Jane. Cuando su esposo salió del cuarto, Jane se arrojó a su cama y se quedó dormida llorando.

P&P

"Por favor, señora Dalton, siéntese. Si me disculpa, me serviré un vaso de brandy para escuchar todo lo que tiene que decirme," dijo el señor Darcy. Él sentía que no podía dominar sus nervios y necesitaba de alguna forma tomar algo que le sirviera como sedante.

Violet se sentó, se secó algunas lágrimas que no pudo evitar derramar, y finalmente comenzó a narrarle la historia del niño del río que había sido el hijo de su alma por los últimos veintidós años.

"Aquella semana cuando mi esposo y yo regresábamos a Manchester, quedamos varados por varios días en una pequeña posada. Cuando Aaron fue a hablar con el herrero, yo aproveché de salir a caminar y encontré a un niño muy asustado, aferrado al tronco de un árbol a la orilla del río…"

Mientras Violet contaba los detalles de cómo encontró a su hijo Fitzwilliam, el señor Darcy escuchaba horrorizado. Su pobre niño había logrado sobrevivir a las aguas torrentosas de un río y había pasado toda una noche solo sin saber dónde estaba, asustado y temiendo por su vida. Las aguas del río habían arrastrado al pequeño niño por más de treinta millas.

Violet le contó lo que había pasado los días posteriores y como nadie del área reconoció al niño, ni sabían de padres o familiares buscando por un niño perdido. "Mi esposo y yo sentimos mucha pena por la situación del pequeño, al que llamamos River, y decidimos llevarlo con nosotros a Manchester. Aaron y yo llevábamos más de diez años casados, teníamos una situación económica establecida y no habíamos sido bendecidos con hijos propios."

"¿Y por eso decidieron quedarse con un niño que no era de ustedes?" preguntó el señor Darcy enojado. "Usted ni se imagina lo mucho que mi esposa y yo sufrimos pensando que nuestro hijo había muerto en aquel río."

"Se equivoca, señor Darcy. Sé muy bien lo que es perder a un ser querido. Pero las cosas no son como usted lo está insinuando," explicó Violet. Ella sacó de la pequeña bolsa la ropa que William llevaba aquel día y la puso sobre el escritorio del señor Darcy, y luego sacó varios periódicos antiguos y le enseñó al señor Darcy los anuncios que su esposo había puesto en los periódicos de Manchester. Además, tenía los carteles que el procurador de su marido había distribuido en varias partes de la ciudad y que había enviado a la posada cerca de donde encontraron al niño.

El señor Darcy miró toda la evidencia y no supo qué decir. Los Dalton efectivamente habían intentado encontrar a la familia del niño, pero en el lugar equivocado. "Era lógico que nadie supiera nada de mi hijo en aquel lugar. Mi niño se crió en una hacienda y viajaba con sus padres a Londres, jamás visitó un lugar como Manchester," dijo el señor Darcy aún alterado.

Violet decidió ignorar la actitud hostil de aquel hombre y siguió con su relato. "Durante los primeros tres meses el niño no dijo nada. El doctor pensó que probablemente era sordo mudo y por eso su familia no estaba interesada en recuperarlo. La primera vez que me habló, me dijo que se llamaba algo que a mi esposo y a mí nos sonó como a William y por eso le dimos ese nombre. Desgraciadamente, el niño no recordaba nada de su pasado, y nunca supo darnos pistas que nos ayudaran a saber quién era o de donde era. Nosotros contactamos a uno de los médicos más prestigiosos de Manchester, y él concluyó que el episodio del río fue un accidente tan traumático, que William lo bloqueó de su mente junto con todos los recuerdos de su vida previa."

"No puede ser que mi hijo se haya criado lejos de su familia, que su madre haya muerto con ese gran dolor en el alma mientras nuestro hijo crecía con extraños," dijo el señor Darcy con una mezcla de dolor e indignación.

"Mi marido y yo hicimos lo que creímos correcto en el momento. Si hubiéramos sabido que habían unos padres buscándolo lo hubiésemos regresado con su familia. Pero creímos que nuestro William era un niño sin familia que sin nuestra protección hubiera crecido en un orfanato o en las calles como tantos otros niños."

"Aunque me cuesta entender lo que usted y su esposo hicieron, supongo que bajo vuestra lógica hace sentido. Como sea, no soy tan necio como para no darme cuenta que ustedes protegieron y cuidaron a mi hijo cuando más lo necesitaba, y se lo agradezco. Pero es hora que MI HIJO asuma el lugar que le corresponde en mi familia y en sociedad. Es hora que Fitzwilliam Darcy regrese con su familia y espero, y le ruego que no interfiera en eso."

"Yo haré lo que sea mejor para mi hijo…"

"Señora, William Dalton no existe y me gustaría que empezara por comprender aquello. Fitzwilliam Darcy es el hijo de mi esposa, Anne Darcy."

"Entiendo, señor Darcy. Pero lo que yo quería decirle es que yo haré lo que William me pida. Yo jamás seré un impedimento para la felicidad de mi amado niño, y todo lo que yo haga, lo haré por él, no por usted y por nadie más."

"Necesito hablar con mi hijo lo antes posible… Hay tantas cosas de las que debemos conversar y otras muchas que él debe aprender. Mañana mismo iré a su casa a buscarlo, él debe vivir en esta casa, que es su casa," dijo George Darcy más hablando consigo mismo que con Violet.

"Quiero pedirle, señor Darcy, que me deje hablar con él primero."

"Señora Dalton, ¿no cree que usted ya ha tenido demasiado tiempo con mi hijo? Por favor, no interfiera más…"

"Usted será el padre de William, señor Darcy, pero usted no lo conoce como yo lo conozco. Si usted aparece mañana por nuestra casa y cree que él va a estar dispuesto a cambiar su vida diametralmente porque usted se lo pide, le aseguro que conseguirá todo lo contrario."

"¿Me está insinuando que mi hijo es un hombre poco razonable? Esa es la crianza que usted y su marido le dieron al heredero de los Darcy?" preguntó el señor Darcy cada vez más tenso.

"No, señor Darcy. Mi marido le enseñó a nuestro hijo a ser un hombre honorable, cuidadoso a la hora de tomar decisiones y extremadamente responsable. William está a la cabeza de dos empresas de las que dependen muchas personas y él jamás podría abandonar todo de un día para otro. Además, él se acaba de casar y está en una etapa muy especial de su vida porque está muy enamorado de su esposa. Sólo le pido que me deje hablar con él, explicarle todo y le prometo que él vendrá a su casa a hablar con usted antes del fin de esta semana. Si no es así, usted puede ir a nuestra casa y decirle todo lo que usted quiera."

"Está bien, esperaré hasta el fin de esta semana, ni un minuto más," concluyó el señor Darcy.

Él le hizo algunas preguntas más a Violet sobre la infancia de su hijo y Violet le contó las cosas más importantes que recordaba. Le dijo que siempre había sido un niño reservado, pero muy inteligente y que siempre se destacó en sus estudios, tanto con su tutores privados como cuando estudió en Oxford.

Finalmente, Violet le dijo al señor Darcy que debía regresar a casa porque se sentía muy cansada. El señor Darcy estaba de la misma manera, agotado tanto física como emocionalmente. Tanto Violet como George Darcy se encerraron en sus habitaciones y no quisieron hablar ni ver a nadie hasta el día siguiente. George Darcy durmió con la medalla de su hijo entre sus manos mientras Violet lo hizo abrazada a la ropa que su amado William llevaba el día que lo encontró.

P&P

Elizabeth se levantó sin hacer ruido para no despertar a su esposo. La noche anterior había sido maravillosa, William había sido más cariñoso y apasionado que de costumbre, y eso ya era mucho. Era como si por fin hubiera logrado sacarse un gran peso de encima.

Pero ella no estaba tan tranquila como él porque lo que le había contado el coronel Fitzwilliam sobre el accidente en el que falleció el hermano de Georgiana, la había dejado llena de dudas. Por un momento pensaba que podía ser cierto y en otro que era una idea tan absurda que le daba vergüenza siquiera mencionarla.

Por eso, ella prefirió levantarse porque ya no tenía más sueño. Además, si se quedaba en cama, William iba a insistir que desayunaran en la habitación y ella prefería que lo hicieran en el comedor con Violet. Hace días que la veía muy distante y quería asegurarse que por lo menos se estuviera alimentando bien. Elizabeth se estaba arreglando el pelo para salir de la habitación cuando alguien la abrazó fuertemente.

"¿A dónde cree que va, señora Dalton?"

"William," dijo Elizabeth riendo. "Por favor, creo que debes vestirte porque la mañana está un poco fría." Elizabeth no pudo evitar ruborizarse al notar que su esposo casi no llevaba ropa.

"No quieres volver a la cama conmigo, te aseguro que no sentiré frío si estás a mi lado," dijo William en el oído de su esposa con una voz apasionada.

Elizabeth besó a su esposo en los labios por varios minutos. "William, quiero que desayunemos con tu madre porque no la he visto bien en los últimos días."

"Tienes razón, mi amor," replicó William y besó a Elizabeth en la frente. "Creo que es mejor que me vista y vaya a hablar con mi madre. Te amo, Elizabeth," dijo William y le robó el último beso a su esposa.

Mientras William se vestía, Elizabeth le dijo un poco preocupada. "Querido, disculpa pero hay algo que debo preguntarte… No quiero ser indiscreta, pero el coronel Fitzwilliam me dijo algo que me dejó pensando…"

"Dime, cariño, sabes que puedes confiar en mí." William se estaba poniendo la camisa pero no dejaba de mirar a su esposa un poco intrigado.

"William, ¿tú recuerdas algo de tu niñez? No sé, ¿tuviste un accidente en un río? Perdóname, creo que estoy diciendo puras tonterías…"

William se acercó a su esposa y la abrazó y le susurró al oído. "Sí, querida, y hoy al mediodía me juntaré a conversar con Fitzwilliam. Mis recuerdos son muy confusos aún, pero creo que estoy más cerca de saber sobre mi vida antes de ser un Dalton."

"Entiendo, querido. Quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites," dijo Elizabeth. Ella se moría de ganas de hacerle un montón de preguntas a su esposo, pero comprendió que él aún estaba muy confundido y necesitaba su cariño, su apoyo y no su curiosidad.

"Lo sé, y también sé que voy a necesitar más que nunca tu amor, tu compañía, tu cariño y tu comprensión. Pero quiero que sepas que pase lo que pase, yo siempre seré William Dalton, tu esposo," dijo William con la voz entrecortada por la emoción.

"Oh, William," replicó Elizabeth y besó a su esposo con ternura y devoción.

William terminó de vestirse y fue a hablar con su cochero para avisarle que debían estar al mediodía en el club de caballeros para juntarse con el coronel. Su cochero le dijo que a las once estarían esperándolo en frente de la casa, pero además le comentó que la noche anterior, Violet había usado el carruaje pequeño y le entregó un chal que había olvidado allí.

Por su parte, Elizabeth fue a hablar con la ama de llaves para decirle que en veinte minutos más sirvieran el desayuno. Pero cuando estaba revisando el inventario de la donaciones del orfanato que patrocinaban con su tía Gardiner, el mayordomo le entregó un mensaje expreso que le había enviado su tío Arthur Phillips.

"Madre, te estamos esperando para desayunar contigo," dijo William mientras entraba a la sala de estar del cuarto de su madre. Él estaba un poco preocupado por ella y se preguntaba dónde había ido el día anterior.

"Pasa hijo, estaba terminando de peinarme," dijo Violet. Ella había decidido que se armaría de valor y guardaría toda su angustia para otro momento. Su amado hijo la necesitaría más que nunca y ella debía ser fuerte para él.

"Madre, Cooper me dio este chal que olvidaste en el carruaje pequeño. No quiero que pienses que soy un entrometido, ¿pero dónde fuiste?"

Violet sonrió y respondió. "Fui a hablar con el señor George Darcy."

"¿Le hablaste de mí y de cómo me encontraste en el río?" preguntó William.

Violet quedó muy sorprendida pero respondió sinceramente. "Sí, hijo, le hablé de ti."

"¿Por qué? ¿Qué te llevó a hacer algo así?"

Violet presintió que su hijo sabía algo y pensó que era mejor terminar con todo eso de una vez por todas. "Porque cuando Georgiana estuvo aquí, me contó que su hermano se ahogó en un río. Su hermano se llamaba Fitzwilliam Darcy… Y el niño que yo encontré hace veintidós años llevaba una medalla grabada con la letra F y cuando por fin me habló, me dijo que se llamaba itlliam… Hijo, son demasiadas coincidencias…"

"Lo sé, yo pienso lo mismo. Pero madre, ¿por qué fuiste a hablar con ese hombre?" preguntó William preocupado.

"Porque necesitaba comprobar que mis presentimientos eran ciertos y porque necesitaba estar segura antes de hablar contigo." Violet no pudo evitar llorar.

William inmediatamente la abrazó y le dijo con mucho cariño. "Violet Dalton, tú siempre serás mi madre y Aaron Dalton mi padre."

"Ese señor quiere hablar contigo, hijo. Creo que debes darte la oportunidad de conocerlo y darle la oportunidad a él de conocerte."

"Madre, no quiero que te preocupes por nada. Yo iré a hablar con él y arreglaré ese asunto, pero necesito que te quedes tranquila y no te preocupes por nada."

Violet le acarició el rostro a su hijo, le besó la mejilla. "Te prometo hijo que estaré tranquila y que dejaré que soluciones todo a tu forma y cuando lo estimes conveniente. Donde sea que esté tu padre Aaron, sé que estará orgulloso de ti."

"Gracias, madre. Pero ahora debemos ir a desayunar, ¿te parece?"

"Sí, hijo mío, estoy muriendo de hambre," dijo Violet y aceptó el brazo que le ofreció su querido William.

Jane se levantó temprano y salió lo antes que pudo de casa de los Bingley en dirección a casa de los Dalton. Ella necesitaba conversar con Elizabeth y contarle lo infeliz que era viviendo en esa casa llena de gente que no la quería. Ella siempre había pensado que el cariño de su esposo sería suficiente para sobrellevar todo, pero con mucho pesar se había dado cuenta que no era así. Ella estaba tan decepcionada de Charles y de sí misma, que sentía que no podría ser jamás realmente feliz mientras estuviera en ese lugar. Por eso necesitaba hablar con Elizabeth porque era la única persona que siempre la había protegido contra todo y todos.

Elizabeth había terminado de leer el mensaje cuando el mayordomo hizo pasar a Jane al salón donde estaba la esposa de su patrón.

"Oh, Jane, qué bueno que estás acá. ¿Sabes algo de nuestra madre? ¿Está bien?"

"Lizzy, ¿de qué hablas?" preguntó Jane sorprendida.

Elizabeth estaba tan nerviosa que Jane le pidió que la dejara leer el mensaje y quedó igual de preocupada que su hermana. La señora Bennet llevaba una semana en cama con una fuerte gripe y el boticario del pueblo les había recomendado que contactaran a un doctor en Londres porque él no podía hacer nada más por ella.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo.

Special thanks to everyone who follows the story through the translator because I know it is much more difficult to understand the plot.

Hemos terminado la segunda etapa de la historia. Como les dije la primera parte William resolvería su vida amorosa, en la segunda comenzaría a recordar su pasado y en la tercera tendrá que enfrentarse a una nueva vida.

Una vez más, pido disculpas si hay muchos errores, pero escribí este capítulo ultra rápido (como siempre)

En el próximo capítulo, hay una emergencia en Longbourn y William tendrá una conversación honesta con su primo.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo