Capítulo 25

"Disculpa, William, por favor siéntate porque hay muchas cosas que quiero decirte," dijo el señor Darcy sin poder contener tanta emoción. Él estaba feliz porque su hijo había venido a visitarlo y no podía esperar a decirle todo lo que había planeado desde que supo que él estaba vivo.

"Gracias por entender, señor, pero desde que soy niño me han llamado William y me sentiría más cómodo si usted usa ese nombre para referirse a mí."

"No te preocupes, muchacho, no creas que no comprendo lo difícil que es estar en tus zapatos. Debe haber sido un gran impacto enterarte que tu familia real está viva y que siempre te amó y lloró tu ausencia. Además, tu situación ha cambiado drásticamente, sé que creciste con una familia respetable de comerciantes, pero ahora sabes que eres el hijo de un caballero terrateniente cuya familia ha estado en posesión de nuestra tierra por más de doscientos años. Bueno, y me imagino que ya sabes que por tu línea materna eres nieto de un conde. William, eres el heredero de la mitad de Derbyshire y una de las haciendas más hermosas del norte del país."

El señor Darcy le habló por varios minutos sin parar a su hijo contándole sobre lo maravilloso que era ser un Darcy y de cómo él sería el encargado de hacerse cargo de todo cuando él ya no estuviera en este mundo. Pero además le contó que había contactado con su procurador para que resolviera el asunto legal después de haber vivido muchos años con una identidad que no le pertenecía.

"Espero que todo eso pueda estar listo lo antes posible para poder anunciarle al mundo que después de muchos años, por fin encontré a mi hijo perdido," dijo el señor Darcy sin poder evitar derramar unas cuantas lágrimas.

"Señor Darcy, espero no tome a mal lo que le voy a decir, pero yo necesito que me dé tiempo. Si vine aquí hoy es porque mi madre me dijo que me diera la oportunidad de conocerlos y para poder comprender mis orígenes. Además, no soy insensible al dolor que mi desaparición causó en su familia, Fitzwilliam me habló de eso y puedo imaginar lo que significó para usted y su esposa la pérdida de vuestro hijo."

"William, hijo, ¿hay algo que me quieras decir?"

"Sí, señor. Deseo que usted comprenda que lo que nos separó fue una tragedia de la que nadie es culpable," dijo William no tan seguro si eso era realidad. "Hasta hoy yo he tenido una vida y una familia a la que amo y de la que me siento muy orgulloso. Por favor, deme tiempo de conocerlo, de saber un poco más de su vida, de conocer a mi familia antes de empezar a hablar de abogados u otras cosas."

"Entiendo, disculpa si estoy un poco ansioso, es que han sido tantos años soñando que no puedo creer que sea verdad que mi amado hijo está vivo. Y le agradezco sinceramente a los Dalton por todo lo que hicieron por ti, sin lugar a dudas, te hicieron un hombre de bien," dijo el señor Darcy. Él no pudo evitar comparar a William con George Wickham porque no podían haber dos personas más opuestas que ellos. Él estaba seguro que si a su ahijado se le hubiera presentado una oportunidad como esa, la hubiera aprovechado. Que se hubiera olvidado inmediatamente de sus padres comerciantes con tal de ser el heredero de una de las grandes fortunas de Inglaterra.

"Le agradezco, señor Darcy, que respete a Aaron y Violet Dalton porque ellos son muy importantes para mí. Pero además hay un asunto más que deseo mencionarle. Yo también hablaré con mi procurador de este asunto porque si existe la más mínima posibilidad que al asumir mi identidad como un Darcy signifique que mi reciente matrimonio quedara nulo, le aseguro que no habrá nada ni nadie que pueda convencerme de dejar de ser William Dalton."

"No entiendo qué quieres decir, hijo. Puedes volverte a casar con ella con tu verdadera identidad."

"¿Y la reputación de Elizabeth? Si mi matrimonio queda nulo, ¿Qué se supone que ha sido ella estos casi tres meses? ¿mi querida? Y si Elizabeth está en cinta, mi primer hijo no habría sido concebido bajo el amparo del matrimonio de sus padres. Lo siento, pero yo tengo la obligación de proteger a mi esposa porque la amo profundamente," explicó William categóricamente.

"Tienes razón, no había pensado en eso. No te preocupes que cualquier medida que tomemos será considerando que ella es parte de tu vida. Ella es una mujer muy bonita pero también encantadora y entiendo muy bien por qué estás tan enamorado." El señor Darcy sabía que si su hijo hubiera crecido a su lado, probablemente jamás se hubiera casado con una mujer de un rango social tan inferior al de él. Pero dadas las circunstancias, Elizabeth había sido una gran elección porque pese a su origen social modesto, al menos, era la hija de un caballero y una mujer ejemplar.

"Finalmente,y si es posible, me gustaría estar presente cuando le cuente a la señorita Darcy de mi existencia. Aunque le parezca extraño, una de las cosas que más me ilusiona de tener otra familia, es la posibilidad de tener una hermana," dijo William sinceramente.

"Por supuesto, ¿qué te parece si hablamos ahora con ella? Debe estar en su cuarto."

"Si usted cree que es el momento apropiado, me encantaría poder conversar con ella," dijo William un poco nervioso.

El señor Darcy le pidió al mayordomo que le avisara a Georgiana que la estaba esperando en la biblioteca. Mientras ella llegaba, él aprovechó de explicarle quienes eran las personas de los distintos retratos que adornaban las paredes. Pero a William el que más le llamó la atención era el de Anne Darcy, su madre. Ella se parecía mucho a Georgiana, incluso en la forma tímida de su mirada. Era tan diferente a Violet, su madre adoptiva siempre había sido una mujer muy hermosa y llena de vida, mientras su madre biológica parecía una mujer frágil.

Cuando Georgiana entró a la biblioteca se extrañó mucho al ver a su padre hablando animadamente con el señor Dalton. El señor Darcy le pidió que se sentara y comenzó a narrarle la historia de cómo su hermano había sobrevivido después de haberse aferrado por casi veinticuatro horas al tronco de un árbol.

"¿Y qué pasó con Fitzwilliam si no murió, padre?" preguntó Georgiana aunque intuía la respuesta.

"Él era muy niño y aquel horrible accidente le provocó un bloqueo emocional y que no le permitió recordar quién era. Una familia buena y generosa lo adoptó, y lo criaron como a su hijo," explicó el señor Darcy mirando a William.

"Señor Dalton, ¿es usted mi hermano, mi querido hermano al que jamás conocí?" preguntó Georgiana al borde de las lágrimas.

"Sí, mi querida señorita Darcy. Yo soy y quiero ser tu hermano, si es que me das la oportunidad," dijo William igual de emocionado.

Georgiana abrazó a su hermano inmediatamente y no pudo aguantar ni un segundo más el llanto. Ella estaba completamente sobrepasada por la emoción y sentía que nunca había sido tan feliz en su vida. De repente, se secó las lágrimas y dijo sonriendo.

"Si tu eres mi hermano, eso significa que Lizzy también es mi hermana," dijo Georgiana provocando la risa espontánea de William.

El señor Darcy miró al retrato de su esposa satisfecho sabiendo que ella, donde quiera que estuviese, estaba igual de feliz que él viendo a sus dos hijos abrazados y sonriendo contentos de estar juntos.

P&P

Elizabeth llevaba tres días en Longbourn y las cosas habían mejorado desde que el doctor vio a su madre. Al menos, la noche anterior la fiebre por fin había bajado y ella había dormido profundamente. Ella y Jane se habían encargado de cuidar a la señor Bennet, mientras Violet se había ocupado de las tres hermanas menores que no sabían muy bien cómo sobrellevar la angustiosa situación.

Como la señora Bennet ya estaba fuera de peligro, el señor Gardiner y el doctor regresaron esa mañana a Londres y Elizabeth aprovechó de mandarle una extensa carta a su marido contándole todo lo que estaba pasando y diciéndole que sólo en una semana más podría regresar a Londres.

Pero además, Violet había aprovechado de conversar con el señor Bennet y de cierta forma hacerle ver que era conveniente que se preocupara un poco más de la educación de sus hijas menores. El señor Bennet estuvo de acuerdo y no tuvo ningún problema en darle permiso a Violet para invitar a Kitty y Mary a vivir con ella definitivamente si ellas aceptaban.

Si todo salía como ella pensaba, muy pronto su querido William iría a vivir con su padre y ella no deseaba estar en el medio de la relación de ellos. Violet estaba segura que William le pediría que se fuera a vivir con él a su lujosa hacienda, pero ella prefería vivir en Manchester en la casa en la que fue tan feliz con su amado Aaron. Pero además, ella sabía que William no permitiría que viviera sola en aquella casa tan grande y llena de recuerdos, pero que sí sabía que estaba acompañada intentando ayudar a las hermanas de Elizabeth, él se sentiría menos culpable por dejarla sola.

Aquella mañana, llegaron a Longbourn dos cartas de William, una para Violet y otra para Elizabeth. Él les contó todo lo que había pasado entre él y el señor Darcy, y del hermoso reencuentro con Georgiana. A Elizabeth le emocionó mucho saber que su esposo estaba más tranquilo y que estaba dándole tiempo a su nueva familia para que lo conocieran.

Mientras Elizabeth leía la extensa carta de su esposo, Jane la observaba detenidamente. Ella era capaz de apreciar en los expresivos ojos de su hermana todas las emociones que provocaban en ella las palabras de William Dalton. Pero ella también había notado que la carta tenía por lo menos diez páginas completas por ambos lados escritas con una letra impecable que demostraba preocupación. Jane calculaba que William debía haber estado escribiendo esa carta por unas dos horas sin parar. El marido de su hermana era no sólo guapo, sino también atento y preocupado de cada detalle, y ella podía notar lo feliz que hacía a su hermana.

Por el contrario, el día anterior Jane había recibido una carta de su esposo. Contenía sólo una hoja que casi no se podía leer porque se notaba que la había escrito a la ligera y en la que le pedía que regresara pronto porque la extrañaba. Jane imaginaba que después de escribirla, probablemente Charles fue a casa de un amigo donde se quedó hasta altas horas de la noche conversando y jugando a las cartas. Al comparar su relación con la de Elizabeth y William, Jane se había dado cuenta de que ella no tenía nada y por eso prefería quedarse en Longbourn con su madre. Ella no deseaba tener que vivir nunca más con Louisa y Caroline y estaba segura que su esposo no haría nada al respecto.

"Lizzy, dame un poco de agua," dijo la señora Bennet con voz tenue a su hija.

Elizabeth estaba sentada en una silla al lado de la cama de su madre mientras Jane estaba parada al lado de la ventana de la habitación de la señora Bennet.

"No te agites, mamá," le dijo Elizabeth a la señora Bennet al ver que intentaba moverse. Ella le dio de beber agua y se sintió un poco mejor.

"Gracias, Lizzy. Te has portado tan bien conmigo, niña, que no creas que no me he sentido un poco culpable porque siempre dije que eras mi hija más rebelde. Además tu suegra, qué señora tan buena y considerada. Mi Lydia ama a Violet," dijo la señora Bennet pero no pudo seguir hablando porque le dio mucha tos.

Elizabeth le dio un poco más de agua y la ayudó a acomodarse en la cama. "No te preocupes, mamá, no tengo problemas en asumir que siempre he sido una chica rebelde," dijo Elizabeth haciendo reír a la señora Bennet.

"Yo ya estoy bien, así que quiero que vuelvas lo antes posible al lado de tu marido. Aunque es un hombre muy serio, es tan alto, guapo y rico que no es bueno que lo dejes solo tanto tiempo," dijo la señora Bennet preocupada. "Yo siempre pensé que Jane sería la hija que se casaría con un hombre rico que nos protegería a todas. Pero ya ves, ella se ha olvidado de nosotros y con esas brujas que tiene por cuñadas, dudo que pueda siquiera disponer de su propia casa."

Elizabeth notó que Jane salió del cuarto abruptamente después de escuchar lo que dijo su madre. Afortunadamente la señora Bennet no se dio cuenta de que Jane la había escuchado. De otra forma, le hubiera dado un ataque de nervios y ella necesitaba más que nunca descansar. Elizabeth pensó en darle tiempo a su hermana e ir a conversar con ella en cuanto la señora Bennet se quedara dormida.

Violet estaba leyendo la carta de su hijo cuando Jane entró corriendo al pequeño salón. Ella no se dio cuenta de que Violet estaba allí por lo que tomó unos cojines que había en un sillón y los arrojó al suelo como para descargar la rabia que sentía mientras no paraba de llorar. Pero cuando vio a Violet no supo qué hacer y sólo atinó a recoger los cojines y ponerlos de vuelta en el sillón.

"Lo siento, no quise interrumpirla, señora Dalton," se excusó Jane ruborizada por la vergüenza.

"No te preocupes, a veces es bueno descargar esa energía que tenemos acumulada," dijo Violet sonriendo.

"Supongo que usted tiene razón," dijo Jane. "Me iré al jardín a caminar."

"Sé que no me has pedido consejo, y espero no pienses que soy impertinente por lo que te voy a decir, pero no guardes aquello que te hace daño. Mi hijo William es muy reservado, como tú, pero yo siempre le enseñé que intente resolver lo que le sucede conversando."

"Hay cosas que no son tan fáciles de decir, sentimientos que no se pueden confesar porque…"

"Siempre hay una forma de expresar aquello que nos atormenta, sólo hay que encontrar las palabras adecuadas o a la persona correcta que no nos vaya a juzgar sino entender y aconsejar."

"No, señora Dalton, hay cosas que son inconfesables porque son sentimientos horribles…"

"La envidia es un sentimiento horrible, pero si uno no es capaz de aceptar y analizar por qué siente envidia, no hay posibilidad de superarla."

"¿Qué sabe usted? ¿Por qué me dice eso?"

"Porque es demasiado evidente que tú envidias a tu hermana Elizabeth, pero lo haces porque siempre has pensado que ella es mejor que tú, y en realidad ni ella es mejor que tú, ni tú lo eres que ella," dijo Violet sonriendo.

Jane se sentó al lado de la suegra de su hermana y le contó cosas que jamás había confesado a nadie antes. Jane le dijo a Violet que a ella siempre le había molestado que su madre la considerara una especie de muñeca en exhibición pero que era la única forma que ella había encontrado para tener su amor y atención. Que su padre nunca había sentido interés en interactuar con ella, como siempre lo había hecho con Elizabeth y que después de varios años intentándolo, se había rendido y aceptado su papel en la familia.

Violet sintió mucha pena por Jane, una chica sin personalidad que sabía muy poco del mundo y que ni siquiera sabía cómo organizar su propia vida, pero lo peor de todo, que no tenía nadie en quien confiar y que la ayudara a madurar.

"Lo peor de todo, señora Dalton, es que mi marido me ve exactamente como mi madre. Yo soy la esposa joven y bonita que él puede exhibir delante de sus amigos y nada más. Él jamás luchará por darme el lugar que merezco en su vida," dijo Jane secándose las lágrimas.

"¿Le has dicho cómo te sientes?" preguntó Violet

"No, pero él debería darse cuenta. Así como tu hijo se da cuenta de lo que Lizzy necesita y quiere," replicó Jane.

"No creo que deberías comparar tu relación con la de William y Lizzy. Y créeme que los hombres no siempre se dan cuenta de lo evidente. Jane, debes actuar de una forma más madura y no como una niña ofendida que al primer conflicto corre a casa de sus padres. Habla con tu esposo, dile cómo te sientes porque eso no sólo te ayudará a madurar a ti, sino también a él."

Jane permaneció por casi una hora hablando con Violet y estaba sinceramente agradecida porque la había ayudado a disipar todas sus dudas y le había dado mucho en qué pensar. Ella siempre había asumido que debía ser una persona buena y gracias a Violet descubrió que era humana igual que todo el mundo.

P&P

William estaba triste porque tío Gardiner le entregó la carta de Elizabeth y ella le decía que no regresaría hasta en una semana más. Él no soportaba ni un día más sin verla, por lo que viajaría al día siguiente a Hertfordshire. Llevaba tres días sin ella y le parecía que habían sido años. Él estaba en su estudio y planeaba ir a avisarle al cochero que tuviera todo listo porque viajarían al día siguiente cuando el señor Bingley llegó a visitarlo.

"Dalton, ¿has sabido algo de Lizzy? ¿Está todo bien en Longbourn?" preguntó Charles afligido.

"No, acabo de recibir una carta de Elizabeth y me dice que su madre ya está mejor y que el doctor dijo que había pasado el peligro. Pero pasa, siéntate," dijo William al ver a su amigo tan desesperado. "¿Te pasa algo?"

"Sí, me pasa todo," dijo Charles enojado. "Mi Ángel se fue sin siquiera hablar conmigo, me dejó una nota de cinco líneas y no me ha escrito para decirme cómo está o si necesita algo. ¿Qué clase de esposa hace algo así?" preguntó el señor Bingley más para sí mismo que para William.

"Probablemente una que está muy enojada con su esposo," contestó William.

"¿Crees que mi Ángel está enojada conmigo?"

"No lo sé, ¿crees que tiene razones para estar enojada?"

El señor Bingley se puso de pie y comenzó a caminar por el estudio sin saber qué responder. "Yo no soy el marido perfecto, pero ella sabe que la amo con todo mi corazón."

"¿Y cómo le demuestras ese amor? Porque no basta con decir te amo, Bingley."

"¿Y qué debiera hacer, entonces?"

"El hecho que me hagas esa pregunta revela que le has dado muy poca importancia al asunto, Bingley. Si viniste para que yo te dijera lo que tienes que hacer, viniste al lugar equivocado. Eso lo debes decidir tú, porque cuando lo hagas es porque estás listo para ser el marido que tu esposa necesita."

"Creo que tienes razón," dijo el señor Bingley. Luego, se paró cerca de la venta y estuvo casi tres minutos sin decir nada.

William se estaba impacientando porque no sabía qué hacer. Su amigo parecía estar inmerso en sus pensamientos y sin moverse. "Bingley…"

"Dalton, no quiero que me digas lo que tengo que hacer, sólo que me escuches y me digas que piensas de lo que yo he decidido hacer."

"Está bien, pero con sólo una condición."

"¿Cuál condición?"

"Que independientemente de mi opinión, harás lo que has decidido."

"Está bien… Bueno, mañana mismo viajaré a Hertfordshire a ayudar a mi querido Ángel en todo lo que necesite. Además me haré cargo de mi hacienda y de vivir al lado de mi esposa sin la presencia nociva de mis hermanas interfiriendo en nuestros asuntos."

"Siempre has sabido lo que tenías que hacer, entonces, ¿por qué no lo hacías?"

"Por perezoso, pero quiero que mi esposa se sienta orgullosa de mí… Gracias, Dalton," dijo el señor Bingley. Luego le dio un fuerte apretón de manos a su amigo y se fue rumbo a su casa a preparar todo para su viaje.

William no pudo evitar sonreír al ver al señor Bingley tan contento. Al parecer, él estaba dispuesto a intentar comenzar a hacerse cargo de su vida y él esperaba que le fuera bien en todo. Charles Bingley era un buen hombre, sólo necesitaba madurar un poco.

A William se le olvidó lo que iba a hacer cuando Charles llegó a interrumpirlo y se dio cuenta que por leer la carta de Elizabeth, no había revisado el periódico ese día. Él leía sin falta las noticias sobre la guerra y la situación del gobierno porque todo eso afectaba las inversiones y los negocios, y era mejor estar preparado antes que las tragedias ocurrieran.

Pero cuando vio la primera página quedó absolutamente impactado con el titular del periódico de mayor circulación nacional.

"Después de más de veinte años desaparecido, el heredero de los Darcy ha regresado a ocupar su lugar en su familia y en la sociedad..."

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo.

En el capítulo anterior les dije que quedaban como ocho capítulos pero creo que me equivoqué y conté mal porque conté doble :)

La verdad es que sólo quedan cuatro capítulos más. Ya voy en casi 100 mil palabras y no quiero que pase de 120. Así que si no hay inconvenientes, en doce días más habré terminado esta historia.

En el próximo capítulo, nuestra querida Lady Catherine de Bourgh aparece en escena.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo