Disclaimer: "Harry Potter" no me pertenece, es propiedad de J.K Rowling. La presente historia está hecha por diversión y sin fines de lucro.
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ERRORES DEL PASADO
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CAPÍTULO 1: Un amor olvidado
Draco siempre había amado a Harry, incluso antes de conocerlo.
Cuando era un niño, su madre solía contarle historias del famoso Harry Potter que había derrotado a un mago oscuro con tan sólo un año de edad. El niño que vivió era asombroso a sus ojos, siempre soñó con conocerlo y volverse su amigo.
Sueño que se desmoronó al verlo rechazar su amistad y preferir a alguien más. Así que le resultó natural convertirse en su enemigo, dejando atrás todos los sentimientos que le eran confusos en ese momento. Molestarlo fue divertido y hasta excitante, creyó odiarlo. Pero cuando lo vio enfrentarse al peligro en cuarto año, la terrible realidad de la que estaba escapando inconscientemente se estrelló contra él. Fue algo fácil de entender, aun así trató de luchar contra las emociones que día a día querían escapar de él. Lo disimuló muy bien.
Quinto año fue el inicio de toda su trágica historia. Ser parte de la Brigada Inquisitorial y a su vez tratar de proteger al estúpido Gryffindor sin que nadie lo notara, resultó ser toda una hazaña. La ayuda de Dobby fue, de entre todas las cosas, la más efectiva pero también la más difícil de obtener. El pequeño elfo doméstico, que ahora gozaba de su libertad, se negó rotundamente a asistirlo y espiar a los otros miembros de la dichosa brigada, incluida Dolores Umbridge. Pero la sola mención de 'Harry Potter' y 'peligro' en una misma frase cambió la postura de la criatura y ofreció su ayuda sin dudarlo. Se sintió aliviado cuando supo que Harry estaba vivo después de su incursión en el Ministerio, a pesar de que eso significó que su padre estaría preso. Lo que nunca imaginó fue que su madre descubriera sus sentimientos y lo enfrentara, para luego mirarlo con profunda tristeza cuando éste se lo confirmó.
Narcisa le contó una historia que jamás escuchó de los Malfoy, era una Maldición.
Armand Malfoy había amado a su esposa con locura e hizo todo lo posible para tenerla, incluso acabar con toda la familia de su rival amoroso. Pero uno sobrevivió, lo secuestró, robó su sangre, realizó un oscuro ritual y lo selló pagando con su vida. El joven Malfoy de ese entonces, no creyó en lo que vio, siendo más exactos no le importó. Confiaba en su magia y en el poder que tenía, se sintió inmune a cualquier maldición. Pero estuvo muy equivocado.
El amor, el sentimiento más puro y hermoso, se convirtió en su desgracia. El amor que Armand había profesado y que causó la muerte de toda una familia fue la base del ritual, y fue vinculado a su magia y sangre.
"Aquel descendiente Malfoy que amará,
A su pareja jamás conservará,
Toda felicidad terminará
Y la muerte a uno de los dos se llevará".
No importaba las circunstancias en las que se cumpliera esta maldición, bastaba el hecho de un amor mutuo y entraría en efecto tarde o temprano. Todos y sin excepción fueron malditos, unos murieron para salvar al otro, y otros enloquecieron al no poder hacerlo y en consecuencia perderlo.
Una semana después perdió a su esposa y su vida se destruyó. Se distanció de su único hijo al ver en él la similitud con su amada y se confinó a una habitación por temor a perderlo también. Buscó información, se contactó con muchos magos y cuando no encontró pista alguna del ritual del que fue testigo, decidió viajar fuera del país; no sin antes obligar a su hijo a casarse con una mujer que no amaba y haciéndole prometer que jamás se separaría de ella bajo juramento.
Solo cuando sintió muy cerca la hora de su muerte, regresó a casa muy anciano y le contó a su hijo sobre la maldición. Hasta el día en que murió, Armand lamentó las acciones de su juventud. Sólo rogó que esta desgracia sólo afligiera a unas pocas generaciones. No esperó que perjudicara a sus descendientes incluso muchos siglos después.
No había registros que corroboraran esta historia, ya que había sido transmitida oralmente de padre a hijo, pero lo único cierto era que dicha maldición no se podía deshacer. Ese era el castigo de los Malfoy, no podían amar a su pareja.
Luego de escuchar esa inquietante historia por parte de su madre, Draco decidió alejarse de Harry por el bien de este. Nunca esperó ser correspondido después de todo.
Sexto año fue muy doloroso para él. Ver a su persona amada ser feliz con alguien más no fue fácil. Pero ser un mortífago en pleno ejercicio lo distrajo un poco.
La Batalla de Hogwarts le arrebató todo, incluido a sus padres. Lucius y Narcisa habían visto la realidad de su situación y pelearon para proteger el castillo. Lucharon ferozmente, con movimientos hábiles y mucha destreza para lanzar hechizos; pero no fue suficiente, no cuando la vida de su hijo estuvo en peligro. Habían corrido desesperadamente hacia Draco cuando Dolohov lo arrinconó. Narcisa murió por un hechizo lanzado por su propia hermana en el instante en que le dio la espalda y Lucius había interceptado con su propio cuerpo la maldición asesina que el mortífago le lanzó a Draco. Todo pasó en un segundo. Lo perdió todo en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando la guerra acabó, no volvió a Hogwarts. No importó si al final su familia hubiera desertado al bando de Voldemort, fue encontrado culpable al portar la marca oscura. Pero gracias a Harry Potter no fue recluido en Azkaban sino desterrado de Inglaterra, con una orden de aprehensión inmediata si volvía. Aun así sabía que no sería bien recibido en ningún país.
Así que tuvo que vivir solo, lejos personas que conocía, despojado de su hogar y sin dinero, pero sobretodo sin mucha esperanza de poder sobrevivir.
Ahora, cinco años después, el recuerdo de ese tiempo aún se mantenía fresco en su mente. Él estaba seguro que nunca lo olvidaría.
Siendo un exiliado y sin nadie a quien acudir, tuvo que valerse por sí mismo. Gracias a uno de los últimos elfos domésticos leales a su familia supo de una cabaña perteneciente a la familia Black que le había sido heredada a su madre y la cual no había aparecido en los registros de los Malfoy. Decidió refugiarse allí, en una región montañosa al sur de Francia, lejos de la comunidad mágica y muggle. Dado que había una magia natural que rodeaba el lugar, la cabaña se mantuvo bien conservada y sobresalía en un pequeño claro rodeado de frondosos árboles. Aunque la casa era pequeña, fue suficiente para él. La limpió, ordenó y la hizo suya. Trató de construir un huerto para poder sobrevivir con él, y tras varios fallos lo logró. Aprendió a cazar, sin ninguna experiencia y luego de casi morir se acostumbró. Tener una varita y poder utilizar magia facilitó mucho las cosas. Si sus antepasados lo vieran en este momento estarían más que furiosos, pero Draco era feliz.
Sus días de volvieron rutinarios, se levantaba muy temprano, tomaba un ligero desayuno en su pequeña cocina y se preparaba para salir a cazar, dependiendo del día. Cultivaba sus alimentos y tenía algunas plantas mágicas que utilizaba en la preparación de algunas pociones curativas. Le encantaba cocinar. Leía libros que obtenía en sus pequeños y rápidos viajes a los pueblos cercanos. Su vida era modesta pero tranquila.
Así que no esperó que una mañana al salir fuera de las barreras protectoras de su casa encontraría a una persona, que jamás pensó volver a ver, inconsciente y sangrando.
—Harry Potter —exclamó sorprendido.
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N/A: Espero que les haya gustado y muchas gracias por leer.
