Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
EL PLAN
El ruido alertó a Hinata de que algo importante había ocurrido. El misterioso silencio habitual fue interrumpido por siseos excitados. Ella se estremeció, sabiendo que no era un buen augurio para quien fuera o lo que fuera que excitaba a las sanguijuelas.
Caminó hasta la puerta y se asomó por el pasillo a través de las barras de varios centímetros en la pequeña ventada de la puerta.
Antes, las velas habían sido un símbolo romántico, pero ver las llamas parpadeantes de los apliques en la pared del túnel de roca se había convertido para ella solo en una fuerte de luz.
Su mente se quedó en blanco cuando trató de recordar cuanto tiempo había pasado desde que había visto la luz del día. Todo se había desdibujado, hasta que perdió su sentido del tiempo. Podrían haber pasado días o semanas desde aquella horrible noche en la que había sido secuestrada de su apartamento.
El siseo se hizo más fuerte, el ruido más aterrador que de costumbre, con una cualidad amenazante. Casi retrocedió lejos de la puerta, pero luchó contra el impulso de su curiosidad.
La gruesa puerta la mantenía encerrada en aquel pequeño cuarto, pero también la protegía de las sanguijuelas. No podrían irrumpir atravesando esa puerta cerrada de varios centímetros de grosor.
Unas ruedas chirriaron y el movimiento atrajo su atención. Un merodeador caminó hacia atrás, tirando de una camilla. Odiaba ver a aquellas criaturas pálidas y espantosas que siseaban palabras amenazadoras y revelaban unos colmillos afilados con manchas oscuras cuando venían a atormentarla fuera de la puerta. A veces solo arañaban el metal, tratando de entrar. Se negaba a pensar en ellos como humanos.
Un hombre grande había sido encadenado a la camilla con ruedas. Él era la razón por la que las sanguijuelas siseaban, lo que continuó mientras pasaba rodando por su puerta. Consiguió una buena y suficiente visión de su enorme pecho desnudo y sus bíceps mientras se retorcía y luchaba con los grilletes que le sostenían.
El largo cabello rubio ocultaba sus rasgos con la cabeza erguida, tenía la barbilla apoyada en el pecho. Intentó patear al otro merodeador con los tobillos restringidos. Tenían puesta una manta sobre la mitad de su cuerpo.
—Detenteeee.— siseó uno de ellos.
—Vete a la mierda.— gruñó aquel tipo.
Hinata jadeó, alejándose de la puerta. No había sonado como un humano con ese gruñido animal.
Seguro que no era un Vampiro, su piel estaba demasiado bronceada. El ruido se desvaneció y cerró los ojos, luchando contra las lágrimas.
Solo quería despertar de esa pesadilla, pero eso no sucedería.
Todo era completamente real.
Más tarde sonaron unas llaves, y se deslizó a lo largo de la pared hasta el rincón más alejado, rezando para que esa persona solo pasara junto a su puerta.
Ya le habían dado la porquería de comida que obtenía todos los días. Solo se le permitía un baño una vez a la semana, cuando la llevaban por el túnel, pero eso ya había ocurrido el día anterior. No era hora.
Los pasos se detuvieron frente a su puerta.
—Mi querida, querida Hinata.— se burló una voz cantarina. —Es hora de conocer a alguien.
Apretó los ojos cerrados, deseando evitar mirar a lo que había aprendido a odiar más. Se negaba a llamarle hombre.
La llave se giró en la cerradura, el metal crujió, y pensó que su vida estaba a punto de terminar.
—Te veo.— se rió entre dientes el hijo de puta.
Hinata abrió los ojos, mirando a Urashiki.
Era delgado, su piel era tan blanca que parecía resplandecer por el candelabro que sostenía en alto con una mano huesuda. En su interior, el odio luchó contra el miedo mientras miraba fijamente a un par de siniestros ojos rojos.
—Déjame sola.
—Es hora de que sepas cuál es tu propósito.
—Ya sé lo que me vas a hacer. He oído los gritos de otras personas y después sus sollozos. Una de las mujeres de la otra celda me dijo que tus monstruos la mordieron y bebieron su sangre.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Hinata.
»—Supongo que la mataste, ya que no volvió después de la última vez.
Él inclinó la cabeza en un ángulo que hacía parecer como si su cuello estuviera roto, dándole realmente una apariencia inhumana y diabólica.
—Tú no, querida. Tu linaje ha asegurado que no seas ganado para alimentar a las masas. Por eso recibes comida y eres limpiada de vez en cuando. No queremos que mueras.
—¿Qué significa eso?
—Ven conmigo.
Movió la mano hacia la puerta.
Hinata dudó. Odiaba la húmeda habitación donde la mantenían prisionera, pero dejarla era mucho peor.
Las sanguijuelas cubrían los túneles, siseando cuando los pasaba para llegar a la habitación donde le permitían bañarse, donde la bañera se parecía a un abrevadero de vaca con agua tibia. Siempre estaban esperando, con sus mugrientas ropas apestando a muerte y cuerpos sucios.
Urashiki les había impedido atacarla por el momento, pero temía que en algún momento no le escucharan.
—Tictac, querida. Apresura tu paso. No querrás enfadar al Maestro. Él ha sido paciente demasiado tiempo.
«El Maestro.»
Había visto suficientes películas para saber que él sería quien estuviera al mando. Las novelas románticas que había leído suponían que los Vampiros eran atractivos y encantadores. Hasta ahora, esa no había sido su experiencia. Sería repugnante si Urashiki la tocara o le hundiera sus amarillentos colmillos en el cuello.
Respiró profundamente, tratando de calmar su acelerado corazón.
«Al menos terminará pronto.» concluyó. «No te vayas con un gemido. Muere con dignidad.»
Sus hombros se enderezaron mientras se alejaba de la pared, levantando la barbilla.
«Que les jodan a esos imbéciles.»
—Después de ti, ser despreciable. ¿Por qué no me enseñas el camino?
Estaba orgullosa de lo firme que sonaba su voz. Los ojos de él se ensancharon.
—¿Disculpa?
—No hay excusas para lo que me has hecho a mí y a todos los demás.
Una sonrisa curvó sus labios, con la frialdad suficiente para hacerla casi lamentar su cambio de actitud.
—Aquí hay una chispa de ese espíritu que vi cuando fuiste traída aquí por primera vez y exigiste tu libertad. Fue decepcionante para el Maestro cuando le informé que parecías derrotada.
—Se llama estar en estado de shock, imbécil. Lo superé.
Le encantaría romper una silla y estacar al Maestro, pero especialmente a Urashiki.
«¿Eso funciona realmente? ¿Una estaca en el corazón? ¿Agua bendita? Lástima que no sea religiosa y no lleve una cruz.»
Presionar una contra el horrible monstruo y verle gritar de dolor la habría hecho sonreír.
—Camina.— siseo él.
Hinata mantuvo la barbilla erguida y los hombros rectos, mientras se adentraba en el túnel.
—Ve a tu izquierda.
Era la dirección en la que aquellas sanguijuelas habían llevado al enorme tipo rubio. Tenía una sensación realmente mala mientras caminaba lo suficientemente rápido como para evitar que Urashiki se tropezara con ella.
No huyó, aunque era tentador intentarlo, sabía que había más sanguijuelas en algún lugar próximo a la parpadeante luz de las velas. Apliques adicionales colgaban en las paredes sin fin del túnel, separados cada seis metros, pero no proporcionaban demasiada luz.
—Gira a la derecha.
Hinata siguió las instrucciones y vió luces más brillantes al final del túnel. Pasaron más puertas de metal y algunos sonidos de angustia. Una celda de la izquierda no podía contener los sollozos de una mujer, el distintivo ruido era suave pero claro.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Urashiki tenía que estar mintiendo y ella estaba a punto de convertirse en la cena de alguna monstruosidad de chupasangres.
Imágenes de viejas películas de Vampiros pasaron por su mente. El Maestro probablemente sería un ser antiguo con rasgos horribles, alguien que sería incluso menos humano de lo que ella ya había visto.
Desaceleró el paso, pero la mano huesuda de Urashiki empujó contra su hombro para empujarla hacia delante y entrar en una habitación grande donde la puerta metálica estaba abierta.
No pudo evitar mirar embobada a las sanguijuelas que rondaban cerca de una puerta al otro lado de la habitación. Parecían mucho peores en una luz más brillante que en los oscuros túneles.
No solo eran pálidos, sino que tenían finas venas negras cubriendo toda su piel expuesta. Sus ojos estaban inyectados en sangre, el blanco de ellos era casi completamente rojo.
Uno de ellos le chasqueó los labios y ella le miró, desafiándole a tratar de morderla. Las manos de Hinata se curvaron en garras mientras sus músculos se tensaban, preparándose para luchar. De ninguna manera iba a ser un 'juguete mordedor' sin tratar de arrancarles sus diabólicos ojos.
Un hombre moreno con una túnica blanca de pecho abierto con líneas verticales negras. Estaba de pie en el centro de la habitación. No estaba tan pálido como las sanguijuelas o como Urashiki. Sonrió, revelando unos dientes suaves y blancos. Tenía el pelo largo con una cola y sus ojos negros la miraban. Hinata recorrió su cuerpo con la mirada.
—Eres bonita.— dio un paso más cerca, mirándola fijamente. —¿No es así, Urashiki?
—Sí, Maestro.
El shock reverberó a través de Hinata. ¿Es el Maestro?. No pudo retener su aturdida observación.
—No puedes serlo.
—¿Por qué no?
Él se inclinó ligeramente por la cintura y usó sus manos para hacer el gesto un poco extravagante.
—¿No soy lo que esperabas?
—No.
No estaba dispuesta a dar rodeos.
—Parece muy joven
Él sonrió otra vez.
—Eres una joven valiente.
—Soy una joven cabreada.— corrigió ella. —¿Cómo te atreves a secuestrarnos a los demás y a mí? No somos ganado.— le lanzó una dura mirada a Urashiki. —Deberías estar alimentándole con queso, porque definitivamente parece una rata.
Urashiki siseó, mostrando aquellos sucios colmillos suyos.
—Suficiente.— se burló el Maestro entre dientes. —Tiene fuego. Sabía que lo tendría.
—Lloró mucho cuando llegó.— murmuró Urashiki.
—Deja de hablar antes de que te arranque la lengua.— amenazó el Maestro.
Urashiki cerró la boca y retrocedió, bloqueando la puerta para que no pudiese escapar. Su mirada volvió al Maestro. No parecía un monstruo, sino un tipo joven e inocente, excepto cuando abría la boca para hablar.
—No estás aquí para ser la donante de sangre de nadie.
Eso la hizo sentir ligeramente menos temerosa.
—Entonces, ¿Qué quieres de mí?
Él se acercó, examinando su rostro.
—Veo el parecido familiar. El pelo negro azulado, la nariz firme, los rasgos delicados. Me recuerdas a mi hermana. Sabía que serías la anfitriona perfecta para llevar a cabo mi legado.
—¿Qué semejanza familiar? ¿Legado? ¿De qué estás hablando?.
Su estómago se revolvió un poco y rezó para que no estuvieran realmente relacionados de ninguna manera y que no planeara convertirla en un Vampiro.
—Soy tu...— agitó una mano. —He olvidado cuántas generaciones... pero soy un pariente lejano.
—No, no lo eres.— rechazó ella instantáneamente.
—Oh, pero lo soy, querida. Confía en que revisé con cuidado tu ascendencia para asegurarme de que estábamos unidos por la sangre.
Realmente no le gustaba estar asociada con él de ninguna manera.
—¿Cómo un primo quinto?
—No.
Caminó alrededor de ella, estudiándola de pies a cabeza.
—Provienes de la línea de nacimiento de mi hermana. Eso me convierte en un tátara, tátara...
Se encogió de hombros, con signos de impaciencia.
—Suficiente. Estamos relacionados.—Le costó mucho mantenerse quieta, sintió escalofríos cuando la examinó de cerca. Eso la asustaba.—¿Por qué estoy aquí si no piensas alimentar a tus, um... sanguijuelas?
Se rió cuando se detuvo frente a ella, demasiado cerca para su comodidad.
—Soy un Rey.
Ella parpadeó, insegura de cómo responder a eso.
»—Necesito una Reina.
—¿Disculpa?
—Necesito una Reina, alguien digna de gobernar mi imperio a mi lado.
Hinata tuvo que bloquear las rodillas para mantenerse en pie mientras las horribles sospechas le llenaban la cabeza.
—A mí no me mires. Acabas de decir que estamos relacionados.
—Los linajes reales deberían casarse.
—Eso es enfermizo. El incesto está mal.
—¿No sabes nada de historia?.
—¿Quieres decir que algunas familias reales se casaban con sus primos? Soy consciente y todavía está mal.
Él sonrió.
—Afortunadamente, tu opinión no importa.
Ella dio un paso atrás.
—Aléjate de mí. No me voy a casar contigo. ¡Ewww!
—No lo hagas, Urashiki.— advirtió el Maestro.
Hinata torció la cabeza y se dio cuenta de que Urashiki se había acercado más a ella, así que se puso de lado, manteniéndose alejada de ellos.
—Tú no eres a quién quiero.
—Gracias a Dios.
Hinata se relajó ligeramente.
«Hay cosas peores que ser mordida.» pensó. «Una de ellas sería este tipo queriendo tenerme desnuda.»
Eso encabezaba la lista cualquier día.
—Es tu hija quien se convertirá en mi Reina.
A ella se le abrió la boca.
—No estoy embarazada
Hinata estaba segura de eso.
—Todavía no... pero pronto lo estarás.
Ella sacudió la cabeza frenéticamente.
—Demonios, no. No hay oportunidad.— Su mirada se dirigió a Urashiki.—Mátame ahora si es él quien crees que va a tocarme, preferiría morir.
—No es él.
El Maestro Vampiro tuvo el descaro de reírse. Hinata le fulminó con la mirada, aterrorizada y horrorizada al mismo tiempo.
—Tú tampoco.
El Maestro sonrió. Hacía mucho eso, pero nunca llegaba a sus ojos. Había algo frío en ellos, sin emoción y aterradores. Le hacía preguntarse si aún tenía alma.
—Los humanos y los Vampiros no pueden crear vida juntos.
Esas eran buenas noticias. Significaba que ninguno de los dos pensaba violarla.
»—Sin embargo, en las condiciones adecuadas podemos impregnar a las hembras de Hombre-Lobo. Pensaba convertirte en una, pero la probabilidad de que mueras es demasiado grande. Rechacé esa opción.
Hizo una pausa.
»—Eso también te daría la capacidad de controlar tu ciclo reproductivo. No quiero que impidas la ovulación. Eres la última hembra de mi línea en edad reproductora y que tiene parecido familiar. No puedo arriesgarme.
El Maestro frunció el ceño.
»—Además, es algo brutal convertirte en una de esas criaturas desagradables.
Abrió la boca y chasqueó los dientes.
»—Demasiada pérdida de sangre cuando te desgarran.
Hizo una pausa.
»—También está el hecho de que quiero que mi Reina sea fuerte. Deseo que sea mi igual. No es realmente posible teniendo en cuenta cuantos años tengo, pero si puedo diseñarla quiero que esté lo más cerca de serlo. Eso significa que necesitará ser engendrada por 'algo' que no me gusta...
Hinata no supo que decir, así que se quedó en silencio, echando un vistazo a su alrededor, buscando una salida pero sin verla.
«¿Hombre-Lobo? ¿Acaba de decir eso? Lo dijo. ¡Mierda! Los vampiros y los Hombres-Lobo existen. ¿Qué será lo siguiente? ¿Demonios y brujas? No quiero saberlo.»
Urashiki seguía bloqueando la puerta detrás de ella, y la del otro lado de la habitación no era una opción, ya que dos sanguijuelas estaban en pie frente a ella.
»—He decidido que críes con uno de ellos.
Miró a las sanguijuelas.
—¡De ninguna manera!
—Mis mascotas no.— se rió entre dientes. —Dudo que tengan un impulso sexual o recuerden lo que es una mujer excepto para alimentarse.— bajó la voz. —No son muy listos.
—No permitiré que nadie me toque.
El Maestro se abalanzó de repente y Hinata jadeó cuando él capturó su mandíbula. Su mano estaba helada al tacto. Trató de alejarse, pero gritó de dolor cuando él apretó su agarre y sus dedos se clavaron en su tierna piel.
—No tienes nada que decir sobre el asunto.—Alivió su agarré y la soltó.—Presta mucha atención si quieres saber lo que espero de ti... y quieres saberlo.
«No, no quiero.»
Guardó silencio, temiendo que volviera a poner esa pegajosa mano sobre ella.
»—Los Vampiros y los Hombres-Lobo pueden criar bajo ciertas circunstancias, lo que ya te he indicado. Los hijos que nacieron de tales uniones son mitad de cada uno, y el hombre que he elegido para ti es uno de ellos.
Dejó que eso se hundiera en ella.
—¿Algo mitad Vampiro, mitad Hombre-Lobo? ¿Eso es lo que estás diciendo?
—¿No es eso lo que acabo de decirte?—Él sacudió la cabeza, con una expresión de disgusto retorciendo sus rasgos.—Es bonita, pero no muy brillante, ¿verdad, Urashiki?
—No, Maestro.
—Espero que su hija sea más inteligente. Estaré a cargo de su educación una vez que nazca. Nos aseguraremos de que sea una estudiante excepcional.
—Si, Maestro.
«Lame-culos.»
Hinata lanzó a Urashiki una mirada asesina antes de desviarla hacia el Maestro Vampiro.
—¿Quieres que deje que un monstruo hibrido me toque? No en esta vida.
—En tu vida, para ser exactos. Serás encerrada con él en una habitación hasta que produzcas una hija.
Hinata se quedó boquiabierta. Ese tipo estaba loco.
»—Con suerte, el primer intento funcionará. Espero que no des a luz a un niño.
—Son buenos donantes de sangre.— manifestó Urashiki.
Hinata estaba horrorizada.
—¿Le chuparás la sangre a un bebé? ¡Morirá!
—Cállate.— cortó el Maestro. —El chico sería pariente mío, y por lo tanto lo pondría a trabajar para mí. Podría usar a todos los niños como guardias de día.
Miró su estómago.
—Prefiero que la primera que tengas sea mi Reina. No quiero tener que esperar demasiado tiempo para reclamarla. Estoy solo.
—Tiene a sus novias.— susurró Urashiki.
—Las novias no son mi Reina.— susurró el Maestro. —¡Silencio!
—¿Novias? ¿En plural?
Hinata había captado eso. El Maestro arqueó una ceja y frunció el ceño.
—Tengo cinco, pero ninguna es digna de mí. Sirven a mis necesidades físicas, pero mi Reina gobernará a mi lado.
«El murciélago de mierda está loco.» decidió ella. «¡Oh dios!, espero que no pueda convertirse en murciélago. Ese es un pensamiento inquietante.»
—Te presentaré al VampLycan. Es violento, así que intenta alejarte de su boca cuando críes con él. No estará de acuerdo con esto de buena gana.
—Yo tampoco estoy de acuerdo.— le recordó.
—Como te he dicho, tus deseos son irrelevantes.
Hinata le miró fijamente, su mente estaba trabajando.
—Déjame entenderlo. ¿Quieres que tenga un bebé para que puedas casarte con un pariente y este... 'lo-que-sea'... tampoco quiere tocarme, pero esperas que tengamos sexo?
—Exactamente.
Hinata parpadeó unas cuantas veces, dejando que la información se hundiera en ella, luego tuvo que bloquear las rodillas para mantenerse erguida.
—No.
—No estoy preguntándote. Él está siendo aseado en este momento. No creí que encontraras atractiva la sangre, y tendrás que estar de humor. Estará encadenado, así que solo súbete encima. Soy consciente de que no eres virgen.
Sacudió la cabeza.
»—Las mujeres jóvenes de estos días son muy promiscuas. Tú incluso has vivido con un hombre durante dos años. En mi época, tus padres te habrían repudiado por una conducta tan escandalosa, pero al menos no tendré que instruirte sobre la mecánica de quedar embarazada.
El tipo tenía descaro.
—Esperas que me suba a un pobre tipo y um... ¿se lo haga? ¡De ninguna manera! ¡Estás loco!
Su pálido pariente sonrió.
—No puede hacerte daño, si es él quién está encadenado. Lo harás... o esperaré a que él entre en celo. Hacen eso, ¿sabes? Es repugnantemente vulgar, pero servirá a mi propósito. Serás tú quien esté encadenada, desnuda, a su merced. Y no tendrá ninguna piedad.
»— Usará tu cuerpo hasta que ya no sienta necesidad. Ahí es cuando decidirá matarte, pero lo detendré antes de que termine su ciclo. Esperarás estar embarazada. Solo que no sé cómo estarás después de varios días tratando con su lujuria.
Urashiki se rió entre dientes.
—Podría aplastarle los huesos. No son delicados en el celo. Pero ella no es su compañera, así que... ¿Cómo piensa hacer eso? Solo pueden impregnar a sus compañeras, por lo que hemos aprendido.
—He pensado en eso.
El Maestro chasqueó los dedos y las sanguijuelas de repente se abalanzaron, Hinata gritó y trató de alejarse, pero estuvieron sobre ella en un instante, tirándola al suelo. Su espalda golpeó el suelo con tanta fuerza que sacó el aire de sus pulmones.
De repente el Maestro se encaramó a sus caderas y ella observó, horrorizada, mientras sacaba una jeringuilla grande. Estaba llena de algo oscuro, que parecía sospechosamente sangre.
Entonces gritó de nuevo, aterrorizada mientras él enterraba la aguja en la piel de su pecho izquierdo, justo encima del borde de su camisa de corte bajo.
—¿Qué es eso? ¿Qué estás haciendo?
—Es sangre de VampLycan.
El Maestro terminó de inyectarla y retiró la aguja. Se la llevó a los labios y lamió la punta.
—Mmm...
—¿Cuánto tarda?
Urashiki se asomó sobre ellos.
—Unos minutos.
El Maestro siguió sentado sobre ella mientras los dos pálidos sanguijuelas le sostenían los brazos.
—¿Me presenté apropiadamente, querida mía? Soy el Rey Jigen õtsutsuki, a tu servicio.
El apellido de soltera de su abuela materna había sido õtsutsuki, una indicación de que debía venir de ese lado de la familia.
—¡Estás loco! Ahora moriré. ¿Alguna vez has oído hablar de personas que entran en shock por el tipo de sangre equivocado?
—Con sangre humana, no VampLycan.
Él usó una mano para sacar de su bolsillo un reloj antiguo y levantar con su pulgar la tapa.
—Ahora mismo su sangre se mezcla con la tuya.—Se inclinó lo suficiente para que ella sintiera el olor de su aliento, nada agradable.—¿Cómo se siente?
Estaba petrificada y un poco mareada, pero eso era por el miedo. Aquellas horribles sanguijuelas eran demasiado espantosos para mirarlos, sus frías manos en las muñecas supuso que sería como si estuvieran sujetas por cadáveres. Sin embargo estaban animados, monstruos de circo reales. Su pariente no era mucho mejor.
Una parte de ella esperaba que esa sangre la matara. Eso sería mejor que la pesadilla infernal en la que se había convertido su vida.
—Te he hecho una pregunta. ¿Cómo se siente?
Hinata respiró profundamente y trató de ignorar todo excepto su cuerpo. Su corazón se aceleró y el aturdimiento fue más pronunciado.
—Creo que me voy a desmayar.
—No rompas mi diversión.
De repente, metió la aguja en el otro lado de su torso, de nuevo sobre su pecho.
Una vez más, Hinata gritó de dolor. Trató de luchar, pero no pudo escapar mientras él dejaba caer su otra mano sobre su caja toráxica para mantenerla abajo. Observó impotente mientras usaba la aguja sucia para sacar su sangre. Llenó la gran jeringuilla.
El dolor se apagó cuando retiró la aguja y quitó la mano de sus costillas. Hinata aspiró otra respiración, parpadeando las lágrimas. Su peso se levantó de su torso cuando aquel loco Maestro Vampiro se puso en pie.
—Ahora le toca a él recibir tu sangre. Es un poco bárbaro, pero engañará a vuestros cuerpos para que piensen que estáis verdaderamente emparejados, por lo menos el tiempo suficiente para quedar embarazada. Ponla en pie.
Las sanguijuelas la levantaron y la soltaron. Hinata se giró, poniendo la mayor distancia posible entre todos ellos y ella misma. Realmente no había ningún lugar a donde ir excepto para presionarse contra la pared de roca.
Urashiki se inclinó para recuperar la capucha olvidada de la jeringuilla y devolvérsela a su amo.
—¿Y ahora qué, Maestro?
El moreno le entregó la jeringuilla llena.
—Inyéctasela y empújala a ella dentro de su celda.— él la miró. —Acércate a su boca y te matará. Podría vaciarte de sangre o simplemente abrirte lo suficiente como para que mueras desangrada. La única manera de que salgas viva de aquí es si engendras una niña para mí. Te doy mi palabra de caballero de que entonces tendrás tu libertad.
No confiaba en él hasta donde podría lanzarle. Tampoco es que ella quisiera tocar a este hombre alguna vez.
»—Tuve que pedir un montón de favores a amigos para que este VampLycan fuera capturado y traído aquí. Algunos de ellos murieron en el proceso. Estoy muy decidido en este empeño. Incluso te compensaré con dinero si no me das quebraderos de cabeza. Pero decepcióname y tu vida será un infierno. Haz lo que hacen las putas modernas y engendra a mi Reina.
Continuará...
