Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
ESCALANDO
Hinata trató de no mirar a aquel hombre. Había roto la parte inferior de su falda para que los extremos irregulares cubrieran la zona de la ingle y sus muslos. Se había burlado de él por no parecer varonil, pero teniendo ese cuerpo, podría haber usado uno de sus vestidos sin perder su atractivo. Su color de ojos inhumano ayudaba a esa imagen masculina, de una extraña manera. Le gritaba 'sobrenatural', a su entender.
—Los atraeremos hasta la puerta para que la abran.— Parecía estar evaluándola.
—¿Cómo?
—No te haré daño. Recuerda eso.
'¿Qué se supone que significa eso?'
De repente se abalanzó hacia ella, gruñendo. Sus manos se abrieron y sus uñas se convirtieron en afiladas garras. El grito se desgarró de su garganta mientras trataba de correr. Hinata se estrelló contra la pared de roca, con su terror olvidando que estaba allí.
Su inmenso cuerpo presionó contra el suyo. Su piel estaba caliente, y Hinata cerró los ojos, esperando que rompiera su piel con esas afiladas garras.
No lo hizo. Sólo gruñó.
Hinata echó un vistazo y vio... colmillos. Tenía la boca abierta y los ojos aterradores. Eran brillantes y de color dorado. Todo el azul en ellos parecía haber desaparecido totalmente.
Le empujó con sus manos, golpeándolas contra su musculoso torso. Otro alarido se desgarró de ella.
Naruto giró la cabeza y miró hacia la puerta. La había clavado contra la pared de roca y sus garras estaban a centímetros de sus costados. Echó la cabeza hacia atrás y soltó un rugido de furia que casi la ensordeció.
Hinata gritó de nuevo, aterrorizada. Aspiró una bocanada de aire, lista para dejar que otro grito saliera, cuando él retrocedió.
—Quédate quieta y no te muevas. — gruñó él.
Miró por su cuerpo, esperando ver sangre. No había ninguna. Su camisa estaba intacta, sin rasgones. Sus costillas ni siquiera le dolían por haber tenido su pecho presionándola contra la pared de roca.
Naruto avanzó en silencio hacia la puerta y se movió hacia un lado, apoyado contra la pared. Resonaron unas llaves y la puerta se abrió. Urashiki entró corriendo.
Sus ojos se abrieron cuando vio lo que quedaba de la camilla. Ya estaba pálido, pero Hinata juró que se puso aún más blanco. Su boca se abrió, revelando los colmillos.
Urashiki gritó como una niña aterrorizada y se volvió, probablemente planeando huir, pero de repente Naruto bloqueó su camino y empuñó el frente de la ropa del Vampiro, triturando el material.
El hombre lanzó su otro brazo hacia adelante, pareciendo abofetear al Vampiro con fuerza.
Algo caliente y húmedo salpicó a Hinata. Se encogió de forma automática cuando lo sintió en su mejilla. vio gotas de algo rojo en su brazo. Tardó un segundo en darse cuenta de que parecía sangre.
Levantó la barbilla y se sintió confusa. Urashiki se había esfumado, y algo así como polvo se elevaba en el aire, cerca del suelo. El suelo de tierra entre ella y donde había estado el Vampiro estaba manchado de manchas oscuras. Partes de su ropa permanecían, todavía sujetas en la mano de Naruto.
—¿A dónde fue?
Naruto frunció el ceño cuando la miró, luego dejó caer el material en su mano y se inclinó. Rebuscó por la ropa y extrajo una llave.
—Le arranqué la cabeza. Los vampiros se convierten en ceniza cuando mueren.—Desbloqueó cada una de las esposas y las dejó caer al suelo.—Vámonos. Quédate cerca de mí. No tengo tiempo para tratarte con cariño. Sé valiente o muere.
Naruto era un hombre que no se andaba con rodeos, eso estaba bastante claro. Hinata había fantaseado acerca de escapar, y finalmente tenía la oportunidad de hacer justamente eso. Se apresuró tras él. El tipo grande y aterrador que llevaba su falda irrumpió en el túnel oscuro y ella quería quedarse cerca de su trasero. No parecía ser del tipo reflexivo que fuese a esperar a que ella superara su trauma.
Esperaba que él pudiera ver con esos extraños ojos suyos, porque ella apenas podía distinguir nada más que su forma voluminosa y sombría. El suelo se inclinó hacia arriba mientras caminaban.
Estaba bastante segura de que se habría dado cuenta de esa gran diferencia en la inclinación del suelo, así que se dirigían a algún lugar donde ella no había estado antes.
Se acercaron a unos apliques con velas encendidas sujetos a la pared y casi se arrepintió de ser capaz de ver mejor cuando de repente llegaron dos de esas sanguijuelas, acarreando sus culos hacia ellos.
Eran unos monstruos de piel blanca que vestían completamente de negro. Uno de ellos hizo un ruido agudo, como un chirrido.
Naruto retrocedió y se estrelló contra ella. Tiró su brazo hacia fuera, golpeándola contra la pared. Dolió, pero se dio cuenta de por qué lo había hecho cuando una pálida mano trató de rodear alrededor de él para agarrarla.
Naruto gruñó y atrapó a aquellas dos cosas por la garganta. Los alzó, acercándolos a las velas encendidas. Eso le dio una visión lo suficientemente buena como para ver que Naruto había incrustado sus garras en su carne, literalmente. La sangre se derramaba de sus gargantas y sobre el dorso de sus manos. La sanguijuela con largos y andrajosos bucles se acercó un poco demasiado a las llamas. Su cabello se incendió.
Naruto lo arrojó por el túnel y desgarró al otro que todavía estaba sujeto por sus garras. Hinata se las arregló para aspirar aire en sus pulmones, pero deseó no haberlo hecho cuando el hedor del pelo quemado casi la ahogó. El tipejo que aún estaba en llamas chilló y rodó por el suelo a unos seis pasos de distancia. Las llamas se habían extendido a su ropa, de modo que siguió un segundo olor desagradable.
Hinata apartó la mirada de la criatura a tiempo para presenciar la visión horrible de Naruto arrancando la cabeza de la otra sanguijuela.
El cuerpo golpeó el suelo, pero la cabeza de aquella cosa permaneció en su mano, donde la sostuvo por el pelo. La lanzó lejos y avanzó furioso, yendo tras el otro que acababa de apagar las llamas.
Hinata no pudo moverse, contenta de que la pared de roca la sostuviera. Sus rodillas querían ceder mientras miraba cómo Naruto se doblaba, cortando con una mano hecha garra en la sanguijuela que intentaba levantarse. Su cabeza giró en un sentido, el cuerpo cayó en ese mismo lugar.
Hinata abrió la boca, sin saber si iba a vomitar o gritar. Un ruido salió de ella, reminiscencia de un chillido.
Naruto la miró de nuevo, sus ojos azul-dorado brillando en la oscuridad.
—No te congeles. ¡Sigue moviéndote!
Su brazo entero se estremeció cuando señaló el cuerpo que yacía delante de ella.
—Dijiste que se convierten en cenizas. ¡Eso no es ceniza!
Naruto bufó.
—Estas cosas dejan cuerpos detrás si fueron creados recientemente. Estos eran muy nuevos. Pasa sobre ellos. Hay por lo menos siete más. No lo olvides.
Hinata se apartó de la pared y casi tropezó con el cuerpo sobre el que tenía que pasar.
—Mierda. Muy bien. Estoy moviéndome. No me dejes.
Naruto gruñó, con expresión de disgusto en sus facciones.
—Humanos.— resopló. —No los mires, si eso te incomoda.
Tenía serias dudas sobre confiar en un hombre que acababa de hacer eso a dos...
«No son personas» se recordó «son cosas espeluznantes, asesinos chupadores de sangre que merecen morir. Mueve tu trasero. Grita o vomita más tarde»
—Estoy justo detrás tuyo.
Sin embargo, tuvo que bajar la mirada para no pisar el segundo cuerpo. Lo pudo pasar y se apresuró hacia adelante, pegándose cerca de aquel hombre que llevaba su falda y que tenía unas garras afiladas que habían crecido desde la punta de sus dedos.
'Me alegro de que esté de mi lado.'
El suelo se hizo más empinado, pero siguió avanzando.
—Hay gente aquí abajo. Tenemos que salvarlos.
Estaba orgullosa de poder pensar a pesar de su miedo y lograr recordar a las otras víctimas.
—No es mi problema.
Hinata agarró su brazo.
—¡Espera!
Naruto no la miró, observando la oscuridad que había delante de ellos. Eso la hizo detenerse, mirando también. No podía detectar nada, pero... ¿Qué veía él?
—¿Hay más de ellos?— susurró ella, tratando de mantener su voz tan suave como fuera posible, en caso de que aún no les hubiera visto.
—No. Está despejado hasta ahora. Tenemos que irnos.
—¿Qué pasa con los otros prisioneros?
Él torció la cabeza y la fulminó con la mirada.
—Mi gente va a venir aquí y despejar este Nido. Pueden salvar a los sobrevivientes, si los hay. Me voy de aquí para contarles sobre este lugar. Tú puedes venir conmigo o permanecer aquí. Escoge.
Naruto arrancó el brazo de su agarre. Hinata abrió la boca, lista para discutir con él.
»—No podemos rescatar a nadie si somos capturados de nuevo, maldición.— retumbó él —Necesitamos salir y enviar ayuda para los demás. Ya me estás frenando tal como vas. Muévete o quédate. Me voy de aquí.
Se giró, pisando fuerte hacia adelante.
Estaba cada vez más oscuro, sin que se encendieran las velas de la pared, y Hinata extendió la mano, encontrando su espalda. Mantuvo la mano allí, temiendo perderle ya que ahora ni siquiera podía distinguir formas.
Naruto se detuvo y Hinata golpeó contra su espalda. Él gruñó bajo.
—¿Por qué me tocas?
—No puedo ver nada.
—¡Carajo!.—Naruto la empujó con su codo. —Aquí. Consigue un buen agarre.
Ciegamente, Hinata encontró su antebrazo y se agarró.
»—Suéltame si te lo digo. Necesito poder pelear. Te bastará con encontrar una pared y pegarte a ella. Te recogeré cuando haya terminado.
No era como si tuviera alguna otra opción.
—Entendido.
Naruto dio la vuelta a una esquina y ella se raspó contra la roca. Hinata apretó los dientes. No estaba haciendo un buen trabajo siendo sus ojos, ya que ni siquiera había intentado impedir que acumulara arañazos. Sólo esperaba que esa fuera la menor de sus preocupaciones.
Realmente no quería tener que soltarle y rezó para que no la abandonara en la oscuridad. Esas sanguijuelas la agarrarían sin que ella pudiera verles venir.
—Es por eso.—murmuró.
—¿Qué?
Hizo una pausa y olfateó con fuerza.
—Amanecer.
—¿Qué?— repitió ella, manteniendo su voz baja.
—Lo huelo. Por eso sólo hemos encontrado dos. Estamos cerca de la entrada.
—¿El amanecer tiene olor?
—Lo tiene. La mayoría de los más nuevos probablemente se hayan ido a su descanso diurno. Los dos soldados con los que luché estaban un poco débiles y eso explica por qué. Por lo general, son más difíciles de matar.
Naruto extendió el brazo y cerró su mano sobre la suya, atrapando sus dedos contra su antebrazo. Sus dedos estaban húmedos, y Hinata tuvo el impulso de alejarse, dándose cuenta de que tenía que ser sangre. Sin embargo, no sentía sus garras.
—¿A qué huele realmente el amanecer?
Tenía curiosidad y eso ayudaba a distraerla de tener miedo.
—Ven.— le ordenó, ignorando su pregunta.
Naruto se movió rápido llevándola con él, ya fuese caminando o incluso tropezando.
La visión de diminutas grietas de luz por delante le ayudó a moverse a su lado en lugar de dejarle que la llevara. Cuanto más se acercaba, más comprendía lo que estaba viendo.
Maderas viejas bloqueando un agujero al final del túnel. Una débil luz se asomaba a través de los huecos.
—Amanece.— espetó él. —Te lo dije. — Naruto dejó de agarrarla.—Retrocede.
—Está bien.
Hinata le dejó ir y se movió hacia un lado, hasta que tocó pared desde tierra compactada. No eran de roca en esa zona, una buena señal.
Naruto avanzó y pudo distinguir su forma con la ayuda de la luz. Levantó una pierna y pateó. La madera se rompió y aparecieron grandes espacios. Pateó de nuevo, más alto, haciendo el agujero más grande. Hinata sonrió.
Estaban a punto de ser liberados. Podría ducharse y comer comida de verdad.
¡Libertad!
El sonido de rocas sueltas se deslizó detrás de ella y giró su cabeza, su corazón acelerado. Estaba oscuro... pero juraría que algo se movía cerca del suelo.
—Um... ¿Naruto?
—Casi termino.
—¿Naruto?
Dejó que su pánico alzara su voz.
—¿Qué?
Naruto se dio la vuelta.
—¡Mierda!
Se lanzó hacia adelante.
—¡Sal!
Había roto lo suficiente de la zona de tablones como para poder ver la pálida mano cuando llegó a la luz. El rostro de la sanguijuela apareció a la vista cuando se arrastró hacia adelante. Más movimiento apareció detrás de él. Aquellas cosas venían desde el suelo, moviéndose sobre sus vientres.
—¡Sal!— gruñó Naruto otra vez.
No necesitó que se lo dijera una tercera vez. Hinata se giró, corriendo hacia donde él había pateado las tablas. El agujero le llegaba sólo hasta la cintura, pero no tuvo reparos a la hora de dejarse caer de rodillas y arrastrarse. No miró hacia atrás, no queriendo ver cuántas de esas cosas estaban en el túnel.
La suciedad y la hierba se reunieron con ella cuando asomó las manos fuera y se dio cuenta de que había otro problema. A poca distancia de la abertura había un precipicio.
Hinata se quedó inmóvil, mirando a su alrededor. Estaba en un saliente, poco más que una amplia cornisa, cubierta de hierba. Rocas escarpadas se elevaban a su derecha e izquierda. Se desplazó hacia delante, mirando hacia abajo.
—No me jodas.— murmuró.
Sin embargo, estaba fuera, a la débil luz del sol que acababa de levantarse.
Algo chocó contra las tablas detrás de ella y rodó a un lado, chocando contra una gran roca para quitarse de en medio. Pero no fue Naruto a quien vio salir volando por el agujero, junto con unos trozos de tablones rotos. Era una sanguijuela. Golpeó el suelo y rodó justo sobre el borde, gritando.
Se inclinó sobre el precipicio para verle caer. Esa cosa golpeó las rocas muy abajo. Los gritos se detuvieron.
Parecía estar ardiendo, pero no había humo. La piel se estaba volviendo negra, de alguna forma se desmoronó hacia adentro, y luego el cuerpo se esfumó. Se había convertido en ceniza y el viento lo sopló de la roca.
—Necesito un trago.— murmuró ella.
Más tablones se rompieron y Hinata volvió la cabeza. Naruto se inclinó hacia delante y salió del túnel.
—Tenemos un problema. — le informó Hinata.
—Acabo de lanzarlo hacia el sol. Probablemente ese era el soldado más antiguo en el grupo, ya que era bastante fuerte.
Hinata vaciló.
—Um, esto realmente noes el exterior. Es más como que abrieron un agujero en la pared y encontraron un gran precipicio.
Naruto se acercó y miró por encima del borde. La mueca en su rostro lo dijo todo. Volvió la cabeza, mirando a derecha e izquierda, y luego se dio la vuelta, mirando hacia atrás, por donde habían venido.
—Solo mi suerte.
Hinata miró el agujero que había hecho para ellos.
—Tenemos que volver ahí, ¿verdad?
Naruto negó con la cabeza.
—No lo haremos. Los soldados son débiles, pero aún conscientes. Maté a uno de ellos, pero otros lograron arrastrarse hacia nosotros. Están cerca, como a unos doce metros o así. Lo único que evita que lleguen más cerca es el sol.
» Pero el Maestro no será débil. No sé lo fuerte que es, pero la mayoría de los Maestros pueden resistir la luz del día y moverse bien, mientras no estén directamente en ella. Prefiero evitar una pelea, si es posible. Podrían acudir más 'chupasangres'de pura sangre, y podrían tratar de drogarme de nuevo. No conozco ningún Maestro que mantenga un Vampiro verdadero en su Nido, aparte de sí mismo. Te pedirá que le ayudes.
Se dio la vuelta y miró hacia abajo.
»—Voy a correr el riesgo de salir escalando.
—No tenemos ninguna cuerda.
Le preocupaba que incluso tuviera que señalarle eso. Ya debería haber pensado en ese problema en particular. Naruto levantó las dos manos y le mostró sus garras.
—No necesito ninguna cuerda.
—¿Qué hay de mí?—Hinata miró su propia mano. —No tengo garras.
Sus ojos habían vuelto a un azul dorado y parecía divertido cuando le sonrió.
—Esos soldados están tumbados ahí dentro, a tan sólo una docena de metros. Puedes escalar conmigo o esperar hasta que baje el sol. Entonces saldrán aquí fuera para capturarte, eso si su Maestro no lo hace antes.
Hinata se volvió, mirando el agujero que Naruto había hecho en la madera. Le asustaba saber que esas cosas estaban tumbadas en el suelo, esperando que el sol bajara para poder moverse de nuevo. Miró por encima del borde del precipicio. Era una caída por lo menos de doscientos metros hasta un montón de rocas y vegetación por debajo.
—Mierda.
Naruto se rió entre dientes.
—Te prometí que te sacaría de allí. Lo hice. Ahora puedes quedarte aquí o seguir conmigo para ponerte a salvo. Tu elección.
Hinata se alzó, poniéndose de pie. Le temblaban las piernas. Podría haberla dejado allí. Apreció que incluso se hubiera ofrecido ayudarla a escalar.
—Es tan jodidamente irónico si me despeño hasta mi muerte después de pasar por todo esto.—Hinata se secó las manos en la camisa. —¿Qué debo hacer?
Naruto se acercó, mirándola.
—Estás totalmente indefensa.
Tenía esa expresión de disgusto que estaba empezando a odiar ver en su presumido rostro.
—Te he liberado.— le recordó ella —No te olvides de eso. Por favor, no me dejes aquí. ¿Eso está mejor? Solo dime qué debo hacer. No tengo zapatos y la escalada nunca estuvo en mi lista de cosas que hacer antes de morir
Naruto suspiró.
—Tendré que cargarte, en lugar de que escales a mi lado. De lo contrario te vas a caer.
Hinata apretó los dientes. Este tipo podía ser un verdadero idiota.
Respiró hondo y exhaló.
—No necesitas sonar tan disgustado.
Naruto la sorprendió cuando agarró sus caderas. Hinata jadeó, temiendo que sus garras la fueran a pinchar. Sin embargo, no hubo ningún dolor.
Naruto la levantó de sus pies.
—Sujétate y envuélvete a mi alrededor. ¿Entiendes?
Hinata se abrazó a sus anchos hombros. Estaba muy caliente. Sus manos cambiaron, consiguiendo un mejor agarre sobre ella.
—Dije 'envolver alrededor'. Eso significa que también me rodees con tus piernas.
Hinata levantó sus piernas y amortiguó una maldición cuando él agarró su culo con ambas manos, alzándola más por su cuerpo. Esto la hacía ser muy consciente de que su camisa se había levantado y sólo llevaba ropa interior. La había alzado lo suficientemente alta como para que sus muslos estuvieran justo por encima de la cinturilla de la falda prestada que llevaba.
Esto significaba que su coño estaba presionado contra su estómago, con sólo una fina capa de tela separando la piel de la piel. Hinata ajustó sus brazos, envolviéndolos alrededor de su cuello. Naruto inclinó la cabeza hacia atrás, mirándola a los ojos.
—Cierra los ojos y aférrate fuerte. No grites ni lloriquees. Tengo que concentrarme en la escalada. Sin distracciones.
—Entendido.
Naruto soltó su culo y Hinata apretó su agarre para no deslizarse por su torso. Él extendió la mano y tomó la parte posterior de su cabeza, empujándosela contra su hombro, aunque no muy suavemente.
—Y no muevas la cabeza. Necesito ver.
—Está bien.— murmuró contra su piel.
Hinata le miró por encima del hombro mientras se volvía y empezaba a escalar la roca de su izquierda, que para ella estaba a su derecha. Su espalda rozó la roca, pero Naruto tuvo cuidado de no aplastarla. Cerró los ojos cuando empezaron a moverse más arriba y alejarse de la repisa. Una mirada hacia abajo le aseguró que si cayera se desplomaría a su muerte.
Había pasado de vivir una aterradora experiencia a otro tipo de infierno.
Naruto clavó sus garras en la grieta de la roca. Fue un poco doloroso con la carga adicional de la mujer, pero podría haber sido peor. No era demasiado pesada y estaba agradecido por su pequeño tamaño. Normalmente le gustaba mantener el torso más cerca de la superficie cuando subía, pero ella estaba en medio.
Alzó la mano, encontró otro agarre y tiró, levantando otro tramo. Hinata se mantuvo en silencio, algo por lo que estaba agradecido. Sin embargo, su respiración cosquilleó contra su cuello. Odiaba ser consciente de la sensación de ella contra su cuerpo cuando se detenía, buscando cada asidero.
Tenía unos muslos suaves que se apretaban contra sus costados. Sus talones estaban clavados en los músculos de su culo. El calor de su sexo también era notable. Esto le recordó que tenía que echar un polvo, si una humana le estaba poniendo un poco caliente.
Flexionó su mano y clavó sus garras en otra grieta. Tanteó ciegamente con los pies, encontrando un lugar sólido para anclarse con sus garras de punta. Se alzó, mirando hacia lo que esperaba que fuera de la parte superior, a unos sesenta metros por encima.
Se distrajo trazando lo que sería su próximo movimiento. El Nido tenía al menos un vehículo. Le habían llevado a la mina en uno.
Se había despertado cuando lo había arrastrado fuera de la parte trasera de una furgoneta. Tendría que robarla y averiguar lo lejos que le habían sacado del territorio VampLycan. Podría haber sido un paseo corto o de varias horas. Las drogas que le habían dado le habían mantenido inconsciente por un tiempo desconocido. La vista que había contemplado desde la repisa no fue de ninguna referencia que le resultara familiar.
La mujer tendría que ser tratada después de eso. Encontraría la vivienda humana más cercana, limpiaría su mente y la enviaría a la puerta principal. Todavía necesitaba pensar en una historia de cobertura para reemplazar sus verdaderos recuerdos.
Recordó haber visto un reportaje en las noticias sobre cómo un hombre humano había secuestrado a una mujer y la había robado para ser su novia. Podía contarle algo similar, y decirle que el hombre había muerto al caer por un precipicio.
Se rio entre dientes, mirando por encima de su hombro. Probablemente ella temía caer, sin saber lo bien que podía escalar.
El sol se elevó más alto, calentando las rocas a su alrededor. El sudor comenzó a gotear sobre su piel y cuando él los levantó otro palmo, la mujer se deslizó un poco más abajo por su cuerpo. Su agarre alrededor de su cuello se tensó y aspiró en una respiración aguda, pero no habló.
Naruto ahogó un gruñido, dándose cuenta de que no podía soltarse para alcanzar hacia abajo y ajustar su 'carga' más arriba de su cuerpo. Sin embargo, la empujó contra la roca para tomar un momento de descanso. Eso le hizo ser muy consciente de su nueva posición. El sexo de Hinata estaba justo sobre su ingle.
Su polla respondió, y obviamente ella también lo sintió, porque aspiró otra respiración. Intentó como el demonio ignorar la erección que sufría. Al menos el ajuste ceñido de aquella falda de mujer evitaba que su eje presionara demasiado contra su cuerpo. Ese era el único punto culminante de esta experiencia infernal. Alargó la mano y encontró otro asidero.
—Casi hemos llegado.— le informó.
Hinata no respondió, y él sonrió. O bien estaba demasiado aterrorizada por su actual estado de excitación o bien estaba siguiendo sus instrucciones. No le gustaba el lugar donde se dirigía ese segundo pensamiento, preguntándose si haría cualquier cosa que le exigiera. Le vinieron a la mente unas pocas ideas que pusieron su polla aún más dura.
Yo no follo con humanas. se recordó a sí mismo.
No ayudó. Se imaginó Hinata sobre sus manos y rodillas delante de él. Era una mujer atractiva, para ser una humana. Demasiado pequeña... pero lo suficientemente grande.
Gruñó, irritado consigo mismo y con ella. No estaría pensando en follársela si no estuviera acurrucada contra él. Respiró hondo y se arrepintió rápidamente. Su olor era ahora más fuerte, por estar sudando y por tener su garganta tan cerca de su boca. Olía bien.
Naruto se centró en la escalada, viendo finalmente la cima. La línea de árboles le aseguró que había un espacio por encima de él que sería algo más que otra repisa.
—Casi estamos allí.
No estaba seguro de si había repetido eso para Hinata, o para asegurarse a sí mismo que pronto podría librarse de ella. Le encantaba ponerle motes. Era mejor si la mantenía enfadada.
—¿Me has oído, bruja?
Ella solo suspiro.
—He oído.— susurró. —Dijiste que no hablara.
Llegó a la cima y encontró un buen lugar para apuntalar los dedos de sus pies.
—Esta es la parte difícil. Tengo que encontrar algo para aferrarme y que no se deslice por el borde. Espera un momento.
Ciegamente alzó la mano, sintiendo hierba. Quedó suelta cuando él clavó sus garras y tuvo que agachar la cabeza cuando llovió sobre ambos, golpeando sus cuerpos. Hinata se aferró más fuerte y él cavó sus garras más profundamente, encontrando algo sólido bajo la tierra. Se sentía como una roca y tiró con fuerza, comprobó si también se viniese abajo. Se mantuvo.
Subió unos cuantos centímetros más alto y esperaba que su peso y volumen añadido no fuera a ser un problema. Se elevó lo suficientemente alto como para mirar por encima de la parte superior, pudiendo ver el bosque y los árboles. Apareció la entrada de la mina en cuyo interior había sido retenido, pero la furgoneta ya no estaba aparcada cerca de la entrada.
Eso le enfureció, mientras se agachaba y enganchaba a Hinata bajo su culo con su brazo libre. No había manera de que pudiera hacer el resto de la subida con ella delante de él. Su peso podría romper su espalda cuando se arrastrase sobre la repisa.
—Escúchame.— le exigió. —Estoy cansado y no voy a discutir contigo. Haz exactamente lo que diga. ¿Lista?
—Mierda. Sí.
—Levanta la cabeza y mira por encima de nosotros.
Hinata hizo lo que le dijo.
—Estamos aquí.
—Casi.
Naruto afianzó las piernas y movió el brazo por debajo de su culo. Lo utilizó para llegar arriba, encontrar otro lugar para agarrar que no se desmoronase, por tanto, ambos de sus brazos la estaban fijando entre el acantilado y su cuerpo.
—Puedes pisar sobre mis muslos. Solo ponte de pie, apoya tus manos sobre mis hombros. Luego gírate y escala el resto del camino.
Sus claros ojos se ensancharon y Naruto pudo identificar su miedo.
—¿Qué?
—¿Preferirías trepar a mi alrededor y agarrarte a mi espalda con los brazos mientras el resto de tu cuerpo está colgando?
—No.
—Entonces haz lo que te digo. Estoy preparado. No te caerás. No voy a dejarte.
Hinata tragó saliva y asintió con la cabeza.
—Está bien.
Casi se sentía orgulloso de ella mientras se aferraba a sus muslos e intentaba seguir sus instrucciones. Se inclinó un poco, dándole más espacio para maniobrar entre él y la roca. Uno de sus pies encontró su pantorrilla después de que ella se removió un poco.
Era un infierno, ya que esto significaba que su coño se frotaba contra su erección, atrapada bajo la falda prestada. Silenciosamente, se juró arrancar personalmente la cabeza de ese Maestro que se llamaba a sí mismo Rey.
Y para colmo, regresaría a casa con la dichosa falda de Hinata. Tendría que robar ropa primero o cambiar a su otra forma.
Hinata se las arregló para utilizar la pantorrilla como punto de apoyo, a continuación, se levantó lo suficiente como para encontrar agarre con su segundo pie en el muslo. Dejó de abrazar apretadamente sus hombros y se agarró más floja, en su lugar.
Se tambaleó, recordándole un alce recién nacido en su primer intento aprendiendo a ponerse en pie.
Le divertía observar sus expresiones. Estaba aterrorizada, pero tenía una mirada decidida en su rostro. Le dio un crédito más por su valentía.
Al enderezarse puso sus pechos directamente delante de su cara. La camisa los separaba de su vista, pero Naruto era más que consciente de esos suaves montículos mientras ella se movía. El sujetador había quedado atrás, dentro de su celda. Se habría olvidado de eso, excepto que sus pechos se sacudían cuando ella tembló otra vez, con su equilibrio inestable.
Naruto apretó los dientes.
—Ahora vuélvete y escala.
—Es más fácil decirlo que hacerlo. —murmuró, contrariada.
Pero liberó su hombro con una mano, pasando un brazo hacia fuera y encontrando algo para agarrarse. Hinata miró hacia abajo, luego movió un pie, girándolo.
—¿Estás seguro de que me tienes?
—No te estás volviendo más ligera, Hinata. Mueve tu trasero.
Hinata se dio la vuelta y empezó a subir. Naruto se levantó ligeramente, dándole impulso. Hinata se inclinó frente a él, con la camisa levantada junto con sus brazos.
Eso le dio una visión clara de las bragas negras de seda que llevaba. Tenía un buen culo, ambos cachetes se revelaban claramente con el corte escaso del material.
Tuvo el impulso de inclinarse y meter la nariz entre sus piernas para captar un olfato de su coño. Cerró los ojos después de que ella movió su culo, casi provocándolo con él. Su polla sufrió las consecuencias. Quería follarla. Ya no podía verla, pero el recuerdo parecía impreso en su cerebro.
Gruñó cuando Hinata levantó un pie de su muslo y tuvo que mirarla para asegurarse de que no se cayera y aterrizara sobre él. Casi le dio una patada en el pecho mientras se movía de nuevo, logrando poner más de la parte superior de su cuerpo sobre terreno sólido.
Se quedó mirando a su culo, sufriendo.
Hinata llegó a la cima y se arrastró lejos. Entonces Naruto utilizó su furia para arrancar su cuerpo por encima del borde... y se congeló cuando hizo todo el camino hacia arriba.
Hinata estaba a pocos metros de él. Su culo estaba en el aire, su pecho contra la hierba. La mujer parecía estar besando el suelo.
Arqueó las cejas pero no pudo apartar la mirada de su parte trasera. Naruto se movió antes de poder detenerse, arrastrándose hacia adelante hasta que estuvo encima de ella, con las piernas apuntalándola en su posición.
Ella jadeó y torció la cabeza, con los ojos muy abiertos.
Naruto se congeló otra vez, dándose cuenta de lo que estaba haciendo. El impulso de arrancar la ropa entre ellos y simplemente tomarla era muy fuerte, aunque luchó contra ello.
—¿Qué estás haciendo?
Hinata levantó su pecho y eso presionó su culo contra su polla. Entonces Hinata se apartó bruscamente, pero sus hombros golpearon los brazos de Naruto, que estaban cerrados frente a ella, impidiéndole aplastarla con la parte superior de su cuerpo, con sus manos apoyadas en el suelo.
—No te muevas.
Necesitaba pensar en el deseo de follarla. Sería muy fácil tomarla. Ese fragmento de material que llamaba bragas era frágil.
Cuando la brisa sopló le hizo ser muy consciente de que la falda que llevaba no era un obstáculo, ya que cada soplo de aire golpeaba sus bolas.
Hinata encorvó los hombros y trató de deslizarse hacia adelante entre sus brazos. Naruto gruñó. No le gustaba que tratara de alejarse de él. Hinata se detuvo, su mirada fija se cruzó con la de él por encima de su hombro.
—¿Qué estás haciendo, Naruto?
—Podría haber guardias.—Su mente comenzó a trabajar. Se negaba a follar con una humana. Nunca superaría la vergüenza, si alguien de su Clan se enterara de ello.—Quédate quieta mientras miro alrededor.
—¿No se quemarán todos los Vampiros si salen al sol?
—A veces los Vampiros tienen humanos bajo su control.
—Oh. No necesitabas enjaularme debajo de ti. Sólo decirme que no me mueva.
Quería que se moviera. Le gustaría que dejara caer sus brazos y empujara su culo hacia arriba en el aire de nuevo para presionarlo contra su ingle. Sería fácil rasgar las bragas que cubrían su coño, sacudir el material que cubría su polla, y entrar en ella desde esa posición.
Apartó la mirada de Hinata y miró a su alrededor.
¡Piensa!
Respiró por su boca, un triste intento de evitar su olor. Los Vampiros la habían dejado bañarse y lavarse la ropa. No olía mal en absoluto. Deseó que hubiera sido así.
La furgoneta había desaparecido y no había otros vehículos a la vista.
—El Maestro debe haber salido y se ha llevado el vehículo con él. Eso explica por qué no vino tras nosotros.—Su rabia hacia ese 'chupasangres' le ayudó a ignorar el deseo de follarse a Hinata.—Sin embargo, debe tener cerca un lugar para pasar el día. No iría muy lejos de su Nido.
—¿Eso es bueno o malo?
—Malo. Vamos a tener que salir de aquí y encontrar un camino casa.
—Estupendo. Entre nosotros dos, casi estamos vestidos.
Tenía que recordarle la poca ropa que llevaban. Se levantó y se enderezó, ajustando su polla antes de que ella se diese cuenta. Pero resultaba imposible ocultar su erección, así que decidió ignorar su mitad inferior. Se puso de pie y caminó hacia la entrada de la mina. Se negó a comprobar si ella le seguía. Era más seguro para Hinata si evitaba mirarla.
—Tan grosero.— murmuró ella.
Esperaba no gustarle. Eso significaría que ella no se acercaría a él. En este punto, se la follaría si hacía justamente eso.
Naruto dejó que toda la situación se hundiera en su mente y la rabia que surgió ayudó a enfriar su deseo por esa humana. Había sido drogado, raptado de su territorio, tuvo que depender de una humana para ayudarle a escapar, y ahora no tenían acceso a un vehículo.
Examinó las huellas en la tierra.
—Sólo hay una furgoneta. Todas las huellas fueron hechas por el mismo vehículo. Seguiremos las huellas de los neumáticos y eso nos conducirá a algún camino. Continua.
—Por supuesto. No hay problema.
Sarcasmo.
Recordó por qué no le caían bien los humanos. El problema era que Hinata estaba empezando a gustarle. No se había echado a llorar ni había actuado de la manera en que pensaba que haría. Eso le dejó un poco fuera de equilibrio.
«Eso tiene que ser.» decidió. «Allí fue donde surgió la atracción.»
—¿Qué hacemos cuando lleguemos a un camino? ¿Autostop?
—Sí.
No pensaba decirle que abordaría a cualquiera que detuviese su vehículo y alteraría sus recuerdos. Esa persona nunca recordaría haber recogido a dos personas o haberlas conducido a cualquier parte. No dejaría a un inocente en medio de la nada.
Contándoselo, Hinata averiguaría lo que podía hacer, y posiblemente adivinaría que ella también podría tener borrados sus recuerdos. Siempre podría tomar el control de su mente si ella entrase en pánico y tratase de huir.
Naruto tuvo cuidado de no caminar demasiado rápido. Hinata estaba descalza, pero el camino de tierra no era rocoso. No quería cansarla demasiado rápido.
Lo último que necesitaba era tener que llevarla en sus brazos de nuevo. No se quejó cuando la condujo hacia adelante, siempre atento a cualquier cosa que pudiera ser un peligro.
Se encontraron con una cabaña a un kilómetro y medio de la carretera. Naruto levantó el brazo para indicarle que debía detenerse, y luego olisqueó el aire.
—Mierda. Quédate aquí.
—¿Qué es?
—Huelo muerte. Los Vampiros tuvieron que conducir pasando justo por este lugar. Probablemente se alimentaron de los habitantes.
—Espero que no.
—Eso es lo que hacen. Para los Vampiros, los humanos solo son ganado para alimentarse.
—Bonito.
Naruto miró hacia atrás, sosteniendo su mirada.
—Es cómo piensan ellos. Yo no tengo la misma opinión, ya que no bebo sangre. Voy a mirar dentro. No te muevas.
—Como si mis pies estuvieran pegados al suelo.— prometió, cruzando un dedo sobre su corazón.
Naruto entendió el gesto y negó con la cabeza.
Tontos humanos.
Caminó hacia la casa, esperando que el Maestro se escondiera en algún lugar allí dentro. Le encantaría tomar venganza y arrancarle la cabeza le ayudaría. Llevaba una falda de mujer y todo era culpa de ese idiota.
La puerta trasera se abrió con el giro de su mano en el pomo. El olor de la muerte no viajó adentro con él.
Significaba que el cuerpo permanecía afuera. Buscó en la cabaña de una planta, sin encontrar trampas ni vida en su interior. Escuchó, volviendo a olfatear.
No había rastro de comida cocinada ni de que la chimenea se hubiera utilizado recientemente. Comprobó los dos armarios e incluso trepó dentro del desván. Estaba vacío. Se dejó caer y salió por la puerta trasera. Ningún vehículo estaba a la vista.
Dobló la cabaña y vio a Hinata casi donde la había dejado. Se había alejado del camino de tierra para sentarse en la hierba. Él olfateó, siguiendo el olor de la muerte.
Encontró donde había sido enterrado el humano en una tumba poco profunda detrás de un alto montón de madera. La tierra había sido revuelta pero no parecía demasiado reciente. Tal vez una semana, tal vez dos. No podía decir cuántos cuerpos estaban allí, pero viendo el interior de la casa parecía como si solo hubiera vivido un humano en su interior. Dejó el montón de madera y silbó.
Hinata alzó la cabeza.
—Entra. Es seguro.
—¿No hay nadie en casa?
—No.
No quería compartir lo que le pasó al propietario. Podría ponerla recelosa. A algunos humanos no les gustaba entrar en las moradas de los muertos.
Hinata le siguió dentro e inmediatamente se abalanzó hacia el teléfono. Naruto le quitó el auricular, pero no oyó el tono de marcación. O bien no estaba conectado, o los Vampiros podrían haber cortado algún cable de la casa antes de atacar, para que el propietario no pudiese pedir ayuda.
—Devuélvemelo. Necesito llamar a la policía.
—No.
No estaba seguro de cómo se lo tomaría si descubriera que estaba dañado. Era posible incluso que llorara. No quería presenciar eso. Tendría que salir y ver si podía arreglarlo, pero incluso si pudiera hacerlo funcionar, todavía no quería que ella usara el teléfono. Lo último que necesitaba era tener un montón de seres humanos pululando por los alrededores.
La boca de Hinata se abrió sorprendida.
—Mi especie se encargará de esto. ¿Quieres que mueran más humanos? Esos soldados matarían a todos los humanos, incluso a los que tuvieran armas. ¿Lo entiendes? Ve a la ducha. Hay un baño. Haré la llamada.
Hinata se mordió el labio.
—Me dejarás llamar a la policía más tarde, ¿verdad? Estoy segura de que me estarán buscando.
—Sí.— mintió, sacudiendo la cabeza. —Vete a la ducha.—La quería fuera del camino, y sería bueno interponer un poco de espacio con ella.—Hay un depósito exterior de propano. Eso significa que habrá agua caliente.
Naruto casi se sentía culpable por el anhelo de sus facciones.
—Está bien.
La observó irse y esperó hasta que cerró la puerta del baño y abrió el grifo del agua.
—Humanos de pensamiento simple.— suspiró.
Colgó el teléfono, buscando algo con un indicio de su ubicación. El humano tenía facturas en el cajón superior de un escritorio. Estaban dirigidas a un buzón de correos, pero tenían el nombre de un pueblo. Eso también le cabreó. Los vampiros le habían llevado más lejos de casa de lo que había calculado.
Salió al exterior para ver si podía poner el teléfono en funcionamiento y llamar a su gente.
Continuará...
