Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
DESEO
—Piensa que soy idiota— murmuró Hinata.
Estaba usando el jabón para limpiar su piel, donde se había resecado la sangre procedente de Naruto matando a Urashiki y a esas otras criaturas. El agua caliente se sintió celestial, cuando se puso de pie bajo la ducha.
Naruto no quería que ella escuchara su conversación cuando llamase a alguien. Podría habérselo dicho, en lugar de tratarla como a una niña.
Se enjuagó el acondicionador de su pelo y apagó el agua cuando terminó. Las toallas eran baratas, de esas ásperas que ella nunca habría comprado, pero eran más agradables que cualquier cosa que había podido usar desde su secuestro. Los pocos baños que había sido autorizada a tomar habían sido miserables.
Algo se registró mientras terminaba de secarse. El corte en su dedo no le había dolido cuando había usado jabón.
Miró fijamente el punto donde una vez había estado el corte, notando por primera vez que se había curado completamente. Se quedó aturdida mientras se tocaba la piel intacta.
Ya no había ninguna marca en el lugar donde el alambre había cortado la punta de sus dedos.
—¿Qué demonios?
Pensaba preguntarle a Naruto cómo era posible eso. Pero primero, tendría que vestirse.
Hizo una mueca ante la visión de su camisa y sus bragas. Lo último que quería era volver a ponérselas. Pasó sobre aquellas prendas, envolviendo la toalla alrededor de su cuerpo. La cabaña probablemente tendría alguna ropa que podría tomar prestada. Abrió la puerta del baño y salió.
Naruto no estaba a la vista. Dio unos cuantos pasos cautelosos a la sala de estar, buscándole. La única otra puerta interior estaba abierta, y pudo ver una cama. Cruzó la habitación y se detuvo allí, mirando dentro. Era obvio que el dueño de aquella cabaña era un hombre. Sólo había una cama y un tocador. No había ningún chisme de adorno a la vista, pero una cabeza de ciervo disecada colgaba sobre la cama. Ella se dio la vuelta.
—¿Naruto?
Él no respondió. Su miedo aumentó.
¿Acaba de abandonarla? La había sacado de la mina y había encontrado una cabaña para dar por cumplida su promesa. Hinata se apresuró al teléfono... sólo para quedarse pasmada.
—Desgraciado.— murmuró.
Lo había destrozado en media docena de piezas, todas esparcidas sobre el mostrador justo donde había estado montado en la pared.
La ira vino después. El muy bastardo había roto el teléfono a propósito, atrapándola en medio de kilómetros de bosques.
Corrió hacia la puerta principal con la esperanza de ver otra cabaña o signos de vida. Su mirada errante sólo encontró una vasta vista de árboles.
Se aferró a la toalla con las dos manos para mantenerla en su lugar mientras empezaba a jadear. Era raro que sufriera un ataque de pánico, pero ciertamente era el momento para ello. Era una chica de ciudad. Imágenes de osos y lobos llenaron su cabeza. Tendría que caminar a lo largo de ese camino de tierra para encontrar a alguien que pudiera ayudarla, quien sabe a cuanta distancia.
La madera crujió desde algún lugar en el otro lado de la cabaña y se giró, mirando por las ventanas. Un movimiento llamó su atención desde la puerta trasera, y casi tropezó con la cabeza de la alfombra de piel de oso que estaba cerca de la chimenea mientras se precipitaba en esa dirección.
Hinata se detuvo en la puerta y abrió la boca sorprendida. Naruto no la había abandonado, después de todo.
Estaba totalmente desnudo y de pie en el porche trasero. Sostenía una manguera de jardín sobre su cabeza mientras se inclinaba hacia atrás, dejando correr el agua sobre su cara. La mirada de Hinata bajó, admirando abiertamente sus músculos y su ancho torso. Los ojos de Naruto estaban cerrados, así que Hinata se permitió mirar más abajo. Ya no estaba erecto.
Se alegró cuando se volvió un poco, presentándole su fornido culo. Estaba tan bronceado como el resto de su piel, prueba de que no llevaba nada cuando tomaba el sol.
Sacudió la cabeza, rociando agua en su dirección, pero la enorme ventana de cristal de la puerta recibió la salpicadura, en lugar de ella.
Naruto bajó la manguera y la sostuvo cerca de su pecho, usando su otra mano para limpiar su garganta y más abajo.
Hinata tomó unas cuantas respiraciones profundas para calmarse, ahora que sabía que no se había marchado. Pero lo del teléfono seguía cabreándola, y agarró el picaporte de la puerta, empujándola abierta.
Naruto volvió la cabeza, abriendo los ojos.
—¿Por qué?— le espetó.
Él frunció el ceño, sin entender.
—Estuviste allí dentro mucho tiempo. Odio tener tierra y sangre por todos lados.
—Me refería a que destrozaste el teléfono, Naruto. ¿Por qué lo hiciste? ¡Quería llamar a alguien para que me llevara!
—Te lo dije. Nada de policía.
Naruto ajustó la manguera para que el agua corriera por su espalda.
—Ven aquí, si te vas a quedar allí. Sé útil.
—¿Disculpa?
—Frota mi espalda.
Echó un vistazo a esa extensión de piel, desde su cuello hasta donde su cintura se sumergía justo antes de ensancharse formando su culo. Eso era un montón de carne para lavar.
—No, gracias. Lávate tú mismo. ¡Rompiste el teléfono!— Naruto se encogió de hombros.—Dijiste que podía hacer esa llamada.— le reprochó.
—Te dije lo que querías oír para que hicieras lo que yo te pedí.
Hinata se enfureció.
—¡Idiota! ¿De verdad lo admites?
Naruto dejó caer la manguera, cerrándola cuando soltó la abrazadera que permitía que fluyera el agua.
Hinata clavó la mirada en su rostro cuando se volvió lentamente. El tipo tenía pelotas, y no parecía importarle que pudiera vérselas en ese mismo momento, si miraba hacia abajo.
Naruto se acercó más y alargó la mano.
—Esto es ser un idiota.
Aferró la toalla y tiró con fuerza, arrancándola de su cuerpo.
—Gracias. Me olvidé de conseguir una.
Hinata estaba tan sorprendida que tardó un segundo en reaccionar. Ese tipejo acababa de robarle su toalla. Se echó un brazo sobre los pechos, levantó la pierna y se retorció sobre sí misma, tratando de esconder su cuerpo. Chocó contra el marco de la puerta con su hombro y se congeló.
Naruto tuvo el descaro de reírse y empezar a secarse el pecho con la toalla robada. Tampoco ocultó el hecho de que estaba contemplando cada centímetro de ella mientras bajaba la mirada.
—No te preocupes, mujer. Eres demasiado pequeña para follarte y no eres mi tipo.
Se acercó más, su cuerpo más grande se arrimó y se frotó contra su costado mientras avanzaba por la puerta que ella bloqueaba parcialmente.
—Te rompería.— susurró junto a ella.
El calor le inundó el rostro y se quedó sin habla en una mezcla de ira, indignación y sorpresa. Naruto pasó más allá de ella, adentrándose en la cabaña y se alejó. Hinata giró su cabeza, mirándole envolver su toalla alrededor de sus caderas cuando entró en la cocina.
Hinata buscó frenéticamente algo para agarrar, lo más cercano que pudo encontrar fueron las cortinas de la ventana.
La barra se soltó cuando la arrancó y la cortina apenas cubrió su parte delantera, mientras se volvía.
—¡Idiota!— Naruto la ignoró.—¡¿Cómo te atreves?!— le increpó.
Se recuperó rápidamente y se movió hacia la izquierda, presionando su culo desnudo contra la pared. De lo contrario, cualquiera que estuviese en el bosque sería capaz de ver su parte trasera. No había vecinos, pero ese no era el punto.
—Ve a la habitación y busca ropa.
—No me digas lo qué debo hacer.
Naruto abrió la nevera y se inclinó un poco.
—Entonces no lo hagas. Camina desnuda por aquí. Aun así no voy a follar contigo.
Hinata se olvidó de cómo respirar mientras su temperamento rugía. Se sacudió un poco y su hombro raspó contra un marco colgado en la pared. Giró la cabeza, viendo que era una foto de algún tipo barbudo en pose de pesca, sosteniendo lo que parecía ser una trucha de dos palmos de largo, como algún tipo de trofeo.
Ese hombre tenía mucho valor para decirle eso. Probablemente se creía que era un estupendo súper-semental, y ser secuestrado por aquel loco Vampiro con la idea de convertirle en algún tipo de criador sobrenatural acababa de amplificar su monstruoso ego.
Hinata alzó la mano y levantó la foto de la pared. Estaba colocada en un marco de diez por quince centímetros. Se lo lanzó a aquel idiota.
Su objetivo se desvió y se estrelló en el gabinete, unos dos palmos a su izquierda, fallando. El vidrio se rompió y el marco cayó al suelo.
Naruto se enderezó y miró en su dirección. Tenía los ojos muy abiertos y Hinata sabía que le había sorprendido.
—Lo siento, fallé. Estaba apuntando hacia tu grueso cráneo. No quiero tener sexo contigo. ¿Cuántas veces tengo que decirte eso? ¡Supérate a ti mismo!
Dio un paso más cerca y sus labios se separaron, los colmillos aparecieron. Él gruñó.
—Viniste tras de mí solo con una toalla.
—¡Pensé que me habías dejado aquí para morir! Me asusté un poco y luego me cabreó lo del teléfono. Lo rompiste y me mentiste. Perdona si me irrité tan endemoniadamente que no esperé a vestirme primero para enfrentarme contigo.
Avanzó unos metros y le gruñó otra vez.
—No me tires cosas.
—No seas un idiota y tal vez no lo haga.
Sus ojos se estrecharon, cambiaron de color. Pasaron de azul a ser casi totalmente dorados. Tenía las manos puestas a los costados y su labio superior se curvaba hacia arriba.
—No me insultes, humana.
Después de todo lo que había pasado, Hinata estaba por encima de su límite de tratar con monstruos locos.
—Soy humana, y... ¿adivina qué? Me alegro de serlo. Deberías verte ahora mismo. Tus ojos son raros y tienes esos dientes desordenados. ¿Qué sigue? ¿Vas a golpearme? ¿Rasgarme la cabeza?¡Qué gran cabrón eres! ¡No pedí nada de esto!
» No quería ser secuestrada por una pandilla de enfermos que beben sangre y seguro que no me inscribí para estar encerrada en una habitación contigo. ¿Crees que eres atractivo para mí? ¡Ja! ¡No lo hago con perros!
Naruto inclinó un poco la cabeza, mirándola. No volvió a gruñir. Hinata pensó que eso era una ventaja. Tampoco se acercó más a ella. Sin embargo, sus manos permanecían sujetas a sus costados y su cuerpo parecía tenso. Podía ver la mayor parte, ya que sólo llevaba su toalla alrededor de su cintura. Le parecía mucho más pequeña de lo que era cuando la tenía puesta sobre ella misma.
Pasaron varios largos segundos y una parte de su rabia se desvaneció.
»—Voy a ir a vestirme ahora. Estamos juntos en esto hasta que no lo estemos, así que trata de recordar que te ayudé a escapar. Hicimos eso trabajando juntos. ¿Recuerdas? Por favor, no me mientas de nuevo, ni vuelvas a insultarme. Se está haciendo pesado que me sigas acusando de querer saltar sobre tus huesos. Esa era la idea espeluznante de aquel maestro 'bicho-raro', no era idea mía. Además, estoy un poco asustada.
Hinata levantó su dedo una vez cortado.
»—Se curó. El corte se ha ido. ¿Cómo es eso posible?
Naruto parpadeó, pero no se movió ni dijo nada. Hinata se alejó de la pared. Tuvo que caminar de costado para evitar mostrarle su trasero desnudo. La cortina le cubría los pechos y llegaba hasta la mitad de sus muslos.
Tenía miedo de apartar la mirada de él mientras seguía acercándose a la puerta del dormitorio.
»—Ambos estamos bajo mucho estrés.— le recordó. —Así que simplemente relájate. Lamento haberte llamado perro. Estaba cabreada. Tienes tendencia a hacerme eso. Eres muy abrasivo.
Movió la cabeza para seguir la pista de ella. Eso la asustó un poco. No tenía ni idea de lo que estaba pensando o si todavía estaba cabreado. Su expresión feroz había desaparecido, pero esos ojos dorados le recordaban a los de un depredador. El comentario del perro había estado un poco fuera de lugar, pero parecía bastante justificado. Sin embargo, no estaba dispuesta a admitirlo en voz alta.
Hinata se acercó a la puerta del dormitorio y se relajó un poco. Naruto parpadeó de nuevo y ella retrocedió hacia la habitación, extendiendo la mano para cerrar la puerta entre ellos. Sus dedos rozaron la madera y la empujó, esperando que hubiera una cerradura en el interior.
Naruto se abalanzó hacia ella. Una mesa estaba en su camino, pero él tan sólo la empujó a un lado. Un grito quedó atrapado en su garganta y sólo tuvo tiempo para aspirar aire antes de que ciento y pico kilos impactaran sobre ella.
La alzó de sus pies y la lanzó hacia atrás. Hinata esperaba sentir dolor, pero golpeó sobre algo suave, en lugar de eso. Su cuerpo rebotó una vez sobre el colchón antes de quedar clavada cuando Naruto agarró sus muñecas, sujetándolas por encima de su cabeza. Las entrelazó entre el índice y el pulgar. Sus caras terminaron quedando a pocos centímetros de distancia y Hinata no podía apartar la mirada de sus afilados colmillos.
—¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!
Sus ojos brillaban totalmente dorados. Eran misteriosos, pero fascinantes. Realmente le recordaban a un gato, sólo que la forma estaba equivocada. Era la calidad inhumana de ellos.
Su corazón latía con fuerza y sintió miedo. ¿Le haría daño? No creía que así fuera. Claro, él era un idiota, pero no la había abandonado en el interior de esa mina. Podría haberlo hecho. Incluso la había acarreado por ese acantilado. Una persona cruel la habría abandonado justo en esa repisa para hacer frente a la noche, que sería cuando esas sanguijuelas podrían volver a capturarla.
—Tú también me cabreas.— gruñó Naruto.
—Me mentiste y rompiste el teléfono. Me trataste como a una idiota cuando me dijiste que me duchara. Simplemente no me querías cerca cuando hicieras tu llamada. Acepté el juego porque una ducha caliente sonaba bien. Tampoco quise discutir contigo otra vez.
Su agarre en sus muñecas se aflojó un poquito, pero no lo suficiente como para soltarlas. Lo intentó, pero fue inútil. Su piel estaba algo fresca por el agua fría de la manguera exterior con la que se había duchado. Era grande, y Hinata era más que consciente de que podía aplastarla, pero había apoyado los codos en la cama para sostener la mayor parte de su peso corporal.
Se sentía pequeña e indefensa bajo él. Era un recordatorio de que él no era para nada como ella. Que fuese mitad Vampiro y mitad Hombre-Lobo era un concepto bastante aterrador.
Naruto no le respondió y Hinata siguió hablándole, tratando de calmarle un poco más.
—Pareces muy condescendiente, Naruto. Yo he pasado por muchas cosas. Sé que tú también, pero apenas acababan de llevarte a esa antigua mina. Yo estuve allí durante algún tiempo. No sabía nada de vampiros o sanguijuelas.
Hinata respiró hondo.
—Tampoco sabía nada sobre lo que tú eres. Todo esto es nuevo para mí y es una especie de pesadilla que desearía no haber experimentado nunca.
Parte del brillo de sus ojos se atenuó hasta una sombra más suave. Esto la animó.
»—Sigues acusándome de querer molestarte. Es insultante. No sé cómo es en tu mundo, pero en el mío, los hombres suelen perseguir a las mujeres. No de la otra manera. No tengo ningún problema en conseguir citas, si quiero una.
»—No tengo que aprovecharme de hombres drogados. ¿Ves cómo tus acusaciones podrían cabrear a cualquiera? Sería como si yo te acusara de ser secuestrado a propósito para que pudieras encerrarte en una habitación conmigo. El infierno todavía no se ha congelado, ¿no? Dices que yo no soy tu tipo. Bueno pues...
—¿Cuál es tu tipo?
Esa pregunta la sorprendió.
—¿Qué?
—¿Con qué tipo de humanos follas?
No estaba segura de cómo responderle. Una parte de ella quería decirle que no era de su incumbencia, pero aún así estaba anonadada de que incluso lo hubiera preguntado.
—Apuesto a que son escuálidos y débiles.
—Yo...
No sabía quién debía estar más insultado. El tipo de hombres con los que él pensaba que salía o ella misma.
—Por favor, bájate de mí.
—Respóndeme. Descríbeme a tu último amante.
—No.
—Debido a que era escuálido y débil.
—Realmente eres un idiota.
Naruto gruñó. Hinata tragó saliva con esfuerzo, lamentando estas últimas palabras.
—Por favor, ¿puedes bajarte de mí? ¿Eso está mejor?
—¿Por qué demonios hueles tan bien?
—¿Qué?
Naruto la liberó de nuevo para girarla. Entonces la olfateó, y Hinata jadeó cuando enterró su nariz contra el costado de su garganta.
—Hueles como muy follable.— Su corazón latía con rapidez.
—Es la sangre. ¿Recuerdas? Nos robaron sangre y nos inyectaron. Ellos te dieron un poco de mi sangre y me inyectaron la tuya a mí. Ese tipo, el Maestro, dijo algo acerca de engañarte para que pensaras que estábamos emparejados o algo por el estilo.
La boca de Naruto se comprimió en una línea apretada cuando levantó la cabeza.
—Exacto. Por eso tu dedo ya no está cortado. Mi sangre te sanó.
—¿Eso es posible?
—Sí.
Naruto alivió parte de su peso de la parte superior de su cuerpo, pero no soltó sus muñecas. Su mirada bajó hacia su pecho.
—Aún tienes moratones que todavía no se han desvanecido.
Deben haber sido bastante graves como para mostrarse todavía.
—Me clavó dos agujas.—Hinata tragó saliva.—Eso es muy raro. Lo de la sangre, quiero decir.
—No lo entenderías.
—¿Ya tienes una pareja?
—No. Sólo podemos tomar una. No me sentiría afectado por ti, si ya estuviera emparejado.—Naruto gruñó un poco, su pecho vibrando. —Todavía quiero follarte.
Hinata no tenía palabras. Sólo tragó saliva y le miró fijamente.
»—No estamos emparejados. Mi mente lo sabe, pero mi cuerpo no está escuchando.
—Entonces haz que escuche la razón.— sugirió ella.
Naruto apartó la mirada, pareciendo interesado en estudiar la habitación. Finalmente se volvió para mirarla.
—Los Vampiros arrancaron la línea de telefonía cuando entraron en la casa. Me las arreglé para conectarla de nuevo, pero no funcionó. Entonces supe dónde estamos, después de encontrar algunas cartas que el humano tenía en un cajón. Estoy más lejos de mi territorio de lo que debería estar, así que nadie me buscará aquí. Eso significa que por lo menos me mantuvieron drogado un día entero, antes de despertarme. Perdí los estribos y rompí el teléfono.
—Oh.
—Vamos a tener que permanecer juntos más tiempo, hasta que podamos encontrar un teléfono conectado para que pueda llamar a mi gente. Te dejaría aquí, pero no es seguro. El Maestro regresará a su Nido al anochecer y pasará por esta cabaña. No pasé por todos esos problemas para rescatarte solo para permitir que seas capturada de nuevo. Eso sólo significaría que el Maestro intentaría drogar y secuestrar a otro VampLycan para criar contigo.
Gruñó, bajando la mirada hacia sus pechos.
—¿Y eso te cabrea?— le preguntó Hinata.
Parecía furioso. Naruto sostuvo su mirada.
—Sí.
Esa palabra fue gruñida.
—A mí también.— acordó ella.
Hinata se alegraba de que tuvieran algo en común.
—Nadie más va a follarte, si yo no puedo.
No había esperado que él dijera algo así. Eso la dejó muda una vez más. De nuevo, Naruto se inclinó y la olfateó.
Hinata se mantuvo inmóvil, viendo que era imposible conseguir que se moviese fuera de ella hasta que estuviera listo para hacerlo.
—Maldición.— dijo con voz áspera.
Repentinamente, enterró su rostro contra su piel. Hinata jadeó cuando acarició su nariz contra su cuello y lamió la piel justo debajo de su oreja. Su aliento caliente alentando su carne le hizo unas pocas cosquillas. No luchó, demasiado asustada de que la fuese a morder. Había admitido que era en parte Vampiro. Tal vez le gustaría chuparle la sangre.
—No me comas. No soy comida.— dijo con voz temblorosa. —Soy una persona. ¿Recuerdas?
Naruto gimió.
—No me des ideas.
—Por favor, ¿Naruto?
Recordó haber leído que usar el nombre de alguien ayudaba de alguna manera, si se encontraba en una mala situación con otra persona... ¿o se suponía que debía decirle su propio nombre, para recordárselo? Le costaba pensar mientras le pasaba la punta de la lengua por el cuello de nuevo.
—Silencio. Quiero probar algo.
—Eso no suena bien.
Se dio cuenta de que había hablado en voz alta. De repente, la mordió con sus afilados dientes. No rompió la piel, pero no había duda de que tenía colmillos. Podía sentirlos contra su garganta. La mordida no le dolió, pero sí la asustó. Una sacudida atravesó su cuerpo. No era miedo.
Hinata no estaba segura de lo que era, pero la hizo ser consciente de su rápido ritmo cardíaco y lo cálido que ahora parecía sentirle encima de ella.
Él gruñó en tono bajo y la mordió de nuevo. Esta segunda vez no fue una sorpresa... pero su respuesta sí. Todo su cuerpo empezó a hormiguear, casi como si una extremidad se hubiera entumecido y ella hubiera intentado moverla, obligando a que la sangre circulara. Nunca había experimentado esa sensación en un nivel tan masivo.
—¿Qué me estás haciendo?
Hinata trató de liberar sus brazos. Por alguna extraña razón, deseaba tocarle.
Naruto la acarició con el rostro y escogió un punto más bajo en su garganta, casi en su hombro. La mordió de nuevo, esa vez un poco más fuerte. Sus colmillos no le hicieron daño, pero cerró los ojos, totalmente concentrada en su boca. Sus pezones se apretaron con fuerza y corcoveó las piernas, extendiéndolas un poco para aliviar algo del calor que, repentinamente, parecía inundar la zona inferior de su cuerpo.
—¡Respóndeme! ¿Qué estás haciendo...?
Apretó un muslo entre los de ella, inclinando parte de su peso.
Naruto gimió, mordiéndola de nuevo.
Hinata cerró los ojos y apretó los puños. Una conciencia comenzó y ella lo identificó rápidamente. Estaba excitada... y era cada vez más intenso.
—¿Por qué estás haciendo esto? Ni siquiera te gusto.
Se detuvo de explorar su piel con su boca y sus dientes.
—Ese es el problema. Estás empezando a gustarme.— Levantó la cabeza de su garganta, jadeando.—Sólo estoy... viendo si puedo excitarte.
Hinata abrió los ojos y quedó hipnotizada por los suyos. Eran hermosos y surrealistas, por lo dorados que se habían vuelto. Era un recordatorio de que no era humano, pero por alguna razón, eso no importaba tanto. Bajó la mirada, estudiando su rostro. Era muy guapo, fuera lo que fuese. Naruto movió su cabeza y su mirada atrajo su atención otra vez. No podía apartar la mirada.
—Me siento atraído por ti.
—Esto no puede acabar bien.— soltó ella.
El brillo de sus iris se embotó un poco.
—Lo sé.
—Déjame ir.
Echó un vistazo a su boca y casi pudo adivinar sus pensamientos. Estaba pensando en besarla. Tenía colmillos. Se mostraron cuando se pasó la lengua por el labio inferior. Una parte de ella estaba tentada a inclinarse un poco y encontrarse con él a medio camino.
—No puedo emparejarme con una humana, pero si puedo follar con una.
La ira se agitó dentro de ella. No era razonable, pero la cabreó de todos modos.
—Crees que no soy digna de ti. ¡Dios, eres un idiota! ¡Bájate!
De repente, Naruto se alejó y la liberó. La cama se movió cuando la dejó y se levantó, manteniéndose de espaldas a ella.
—Ponte la ropa.
Hinata se sentó y agarró una parte de la ropa de cama, escondiendo la mayor parte de su cuerpo, ya que la cortina no era suficiente. Sus manos temblaban.
—Lo haré cuando te vayas.
Naruto no se movió. Pasaron varios largos segundos hasta que finalmente habló.
—Es sólo un truco, solo porque me han dado tu sangre y te han dado la mía.
—Ya te indiqué eso, ¿recuerdas?
Naruto se volvió lentamente, y ella no pudo evitar que su boca se abriera sorprendida cuando su mirada bajó hasta la toalla envuelta alrededor de su cintura. Estaba duro y completamente excitado. No había ninguna manera de perdérselo, ya que su polla erecta se marcaba contra el material. Era grande por todas partes.
—Hinata.— le gruñó.—Ella forzó su mirada hacia arriba para encontrarse con la suya. —Vístete o te follaré.
Hinata selló sus labios y respiró hondo por la nariz. Tragó saliva, evitando mirar por su cuerpo una segunda vez.
—¿Vas a hacer que lo haga delante de ti? Un poco de privacidad sería agradable.
—Correcto.
No se movió.
—Eso significa que debes salir de la habitación y cerrar la puerta.
—Lo sé.
Todavía no se movió. Se estudiaron y finalmente se volvió, caminando hacia la puerta. Se fijó en su ancha espalda, luego el contorno de su culo a través de la toalla. Tenía un cuerpo increíble. Naruto se detuvo en la puerta y se agarró al marco en cada lado.
—¿Podrías cerrar la puerta?
La madera crujió y vio sus dedos blanquearse. Aferraba el marco en un apretón de muerte. Un gruñido bajo sonó.
—A la mierda.
Se dio la vuelta, mirándola fijamente. Sus ojos eran de color dorado brillante de nuevo.
—Te deseo. Sé que no puede terminar bien. No puedo emparejarme con una humana, pero necesito averiguar lo que hay entre nosotros. Te deseo demasiado.
Hinata tiró de las sabanas más arriba sobre su pecho, llevándolas casi hasta su garganta.
—No.
Naruto inclinó la cabeza y sus fosas nasales se encendieron.
—Tú también me deseas.
Hinata reconoció eso, efectivamente él le afectaba. Era más que consciente de las señales indicando que su cuerpo estaba sufriendo de deseo sexual.
—Somos un choque de trenes, Naruto. ¿Sabes lo que eso significa?
—¿Qué?
Ella hizo una pausa, debatiendo sus palabras.
—Ni siquiera somos de la misma especie, pero creo que podría quedar embarazada si tenemos relaciones sexuales. Eso es lo que dijo el Maestro. No quiero que eso suceda, y tú tampoco quieres eso. Probablemente me matarías.
Naruto frunció el ceño.
—Yo no haría eso.
—No te conozco lo suficiente como para estar segura de que no lo harías. Sal y déjame que me vista.
Naruto hizo una pausa, luego asintió con la cabeza y se volvió hacia atrás, agarrando la manija de la puerta en su camino. Cerró la puerta entre ellos.
Hinata suspiró y alivió su agarre en las sabanas, levantándose lentamente de la cama.
—Mierda.— murmuró, caminando hacia la cómoda. Se había escapado por los pelos.
Continuará...
