Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
EL CAMINO
Naruto paseó por el salón y apretó los puños. Estaba furioso con el Maestro Vampiro que le había puesto en este lío. No dejaba de mirar hacia la puerta cerrada de la habitación y luchar contra el impulso de ir detrás de Hinata. Todavía la deseaba. Su polla se sentía dura como una roca y su olor le estaba volviendo loco.
El teléfono no funcionaba, así que no habría ayuda. Tendría que llevarla con él para mantenerla a salvo hasta que encontrase un teléfono o algún vehículo para robar que pudiera llevarle de nuevo a su territorio.
Estaba medio tentado de esperar a que oscureciera y establecer una trampa para el Maestro. Nada le gustaría más que desgarrar a ese hijo de puta en mil pedazos.
Rápidamente descartó la idea. No tenía ni idea de con cuántos de ellos se enfrentaría. Dejaría vulnerable a Hinata si hubiera demasiados y el Nido podría raptarla mientras él luchaba. Tampoco podía olvidar cómo le habían capturado la primera vez. Los muy cobardes usaban dardos con sedantes.
Calculó de nuevo dónde pensaba que estaba y sintió más rabia. Le habían alejado aproximadamente ciento treinta kilómetros de su casa. Conocía todos los caminos alrededor de su territorio. Los Vamps habrían tenido que cargar con él por lo menos diez kilómetros hasta llegar a alguno de los caminos antiguos.
Estaban en malas condiciones por años de abandono y eso los habría frenado. El sol se habría levantado antes de que llegaran a la mina. Significaba que debían haberlo mantenido drogado y escondido en alguna parte más cercana a su territorio durante el día, entonces las drogas comenzaron a desvanecerse cuando lo llevaron dentro de la mina.
¿Le habían hecho algo mientras dormía? ¿Le mordieron? ¿Le usaron como fuente de alimento? Sus heridas habrían sanado en cuestión de horas.
Hinata abrió la puerta, usando ropas de humano. Quedaban enormes sobre ella y, obviamente, pertenecían a un hombre. Las largas mangas de la camisa de botones estaban enrolladas en sus muñecas para que sus manos no se perdieran en el material. Había tomado prestados unos pantalones vaqueros y había usado un cinturón para mantenerlos sujetos, ya que la cinturilla era demasiado ancha. Las perneras también estaban enrolladas para revelar sus pies descalzos.
Se veía absolutamente adorable... y eso también le cabreaba.
—Mi turno.— gruñó, pasando por delante de ella y golpeando la puerta del dormitorio.
El olor de ella permanecía en la habitación, así que respiró por su boca mientras examinaba la ropa del dueño de la cabaña. Nada le quedaba bien. Se conformó con unos pantalones de chándal que sólo le llegaban hasta las pantorrillas.
Se probó una camisa, pero no abrochaba sobre su pecho. Se inclinó un poco para mirar por su cuerpo y las mangas ajustadas contra sus brazos se rasgaron por las costuras cerca de sus hombros. Naruto gruñó, hundiendo sus dedos en las rasgaduras y arrancándose las mangas completamente.
Había un espejo y se puso delante de él.
—Parezco ridículo.
Su gente se reiría si pudieran verle así.
—¿Estás bien ahí dentro?— preguntó ella.
—No.
—¿Qué pasa?
Naruto se acercó a la puerta y la abrió de un tirón. No estaba seguro de lo que haría si ella se echase a reír, pero en vez de eso, Hinata frunció el ceño cuando le miró. Su mirada recorrió su cuerpo.
—Oh. En cierto modo, eres un poco grande.
—¿En cierto modo?
—Pareces el Increíble Hulk, excepto por la piel verde.
—¿Qué demonios significa eso?
Hinata miró abajo, hacia las perneras del chándal.
—Um... Déjame encontrar unas tijeras. Te quedarán mejor si los convertimos en pantalones cortos. Los recortaré justo por encima de tus rodillas.
Naruto agradeció que le ayudara, mientras ella entraba a la cocina y empezaba a abrir los cajones. Hinata localizó lo que quería y volvió junto a él.
—Deberías quedarte en el dormitorio y pasármelos por la puerta. Serán más fáciles de arreglar si no los tienes puestos en ese momento.
Naruto dudó. —Gracias.
Hinata le sonrió. —De nada.
Se quitó los pantalones de chándal y luego abrió la puerta para encontrársela a unos centímetros de distancia, esperando. Los aceptó y regresó a la cocina. Naruto la observó a través de la puerta ligeramente abierta mientras ella recortaba los pantalones. No tomó mucho tiempo antes de que se los entregase de vuelta.
Naruto cerró la puerta y se los puso. Ahora llegaban justo por encima de sus rodillas. Se dirigió al espejo para echar un vistazo. Las perneras cortas tenían mejor aspecto, pero la camisa todavía le irritaba. Salió del dormitorio.
—Tengo un trabajo para ti, Hinata.
—Muy bien.
—Busca algo para comer y cocínalo.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué yo? ¿Por qué soy la que tiene tetas?
—Vale. Yo haré la comida y tú vas a buscar en el cobertizo exterior cualquier cosa que podamos usar.
Hinata suspiró, su expresión se suavizó.
—Yo me encargaré de la cocina.
Ella le divertía.
—Bien. Yo como mucho. Necesitaremos nuestra fuerza. Los Vampiros no habrán tocado la comida humana, así que debería haber algo en la despensa. Podríamos estar a kilómetros de cualquier cosa. Tomaremos algunos suministros cuando nos vayamos, en caso de que estemos allí fuera toda la noche. Vuelvo enseguida.
Salió por la puerta de atrás y rodeó el cobertizo. No parecía haber ninguna trampa, incluso tuvo que romper la cerradura para poder entrar. No había mucho dentro, excepto herramientas de jardinería.
Sus pensamientos seguían volviendo a Hinata. Había oído la mayor parte de su conversación con el Vampiro. Ella era un descendiente lejano de aquel Maestro. El idiota parecía empeñado en obligarla a dar a luz a una hija. Significaba que ella seguiría en peligro de ser raptada de nuevo mientras ese bastardo todavía viviera.
Al principio no le había importado lo que le deparase el futuro a ella. Solo había planeado advertir a los otros clanes de que corrían el riesgo de ser secuestrados de la manera que había sido capturado él. Cambiarían los procedimientos de seguridad para evitar que sucediera de nuevo.
Pero ahora le preocupaba el futuro de Hinata. Le enfurecía, pensar en ella estando en peligro. El Maestro quizás cambiaría sus planes una vez que se diera cuenta de que no podría volver a poner sus manos en un VampLycan.
Pero podría decidir obligar a Hinata a criar con un Lycan, luego cruzar a su descendiente con otro Vampiro Maestro, para obtener a su reina de 'sangre-fuerte'.
Sólo imaginarse a algún Lycan en pleno celo sobre Hinata le hizo gruñir por lo bajo. Cazaría a ese perro sarnoso, lo despedazaría, y crearía una alfombra de piel de Lycan para que Hinata la pisara frente a su chimenea.
La madera se rompió y miró hacia abajo, dándose cuenta de que había roto la azada con la que había estado tratando de moldear un arma. La dejó caer y se estiró, frotándose los músculos tensos a lo largo de la parte posterior de su cuello. En realidad, había imaginado Hinata dentro de su cabaña, su hogar.
'Es el intercambio de sangre.' razonó.
Esto explicaba lo posesivo que se sentía hacia ella. Nunca había oído hablar de un vínculo de emparejamiento formándose por inyectar sangre en una pareja. Debía ser algo temporal, pero... ¿y si no lo fuera?
Cerró los ojos, dejando que esa posibilidad se estableciera. Si fuese así, estaría emparejado con una humana. Tendría que llevarla a su casa, a su Clan.
Como su compañera, ella sería tratada mal, en el mejor de los casos. Tendría que luchar para mantenerla a salvo y protegerla en todo momento de Ejecutores como Hidan. Ese cruel bastardo, la mataría en cuanto la viera. Diablos, si Pain retomaba el liderazgo sobre su Clan, ordenaría matar a Hinata, y cada VampLycan del Clan se vería obligado a intentar quitarle la vida. Pain odiaba todo lo que fuese humano.
—Hijo de puta.— gruñó, abriendo los ojos.
Todos los escenarios se desarrollaron en su mente. Tendría que rastrear y matar al Maestro Vampiro. En el Nido al que había sido llevado no estaba ninguno de los Vamps que le habían atacado y drogado. Eso significaba que podría haber un Nido más grande con el que enfrentarse. Era posible que la antigua mina solo hubiera sido una especie de centro de detención para sus prisioneros.
No quería que Hinata corriera peligro, pero tampoco estaba dispuesto a dejarla sola mientras trataba el problema. No estaría a salvo a menos que él estuviera cerca para protegerla. La única otra opción era...
Mierda. Tengo que llevarla a mi guarida.
Intentó imaginar cómo iba a responder a estar encerrada bajo tierra y dejada allí mientras él perseguía a los Vampiros.
Probablemente trataría de escapar... y eso la dejaría en medio del territorio VampLycan. En el mejor caso, la atraparían, limpiarían su mente y la enviarían a casa. El Maestro la reconquistaría, si Naruto no le hubiera matado para entonces. En el peor caso, alguien de su Clan la mataría. Era una situación infernal.
Abandonó el cobertizo después de empaquetar algunas cosas que les ayudarían a sobrevivir en el bosque y entró en la casa. El olor de los frijoles y la carne en conserva hizo retumbar su estómago. La vista de Hinata cocinando le hizo detenerse. Ella volvió la cabeza y le sonrió.
Su polla se endureció. La deseaba más que la comida. Sólo por esa simple vista doméstica de su mujer preparándole una comida.
—Quienquiera que viviera aquí, realmente le gustaban los frijoles refritos y el picadillo de carne en conserva. Tenía mucho de eso almacenado. Utilicé tres latas de cada uno.— le informó. —Espero que sea suficiente.
Naruto se las arregló para asentir cabeceando y dejó el bulto envuelto al lado de la puerta, cerrándola detrás de él. Hinata se encaró hacia las dos sartenes grandes con las que había guisado en la cocina, revolviéndolas con una cuchara de madera. El impulso de acercarse más y estrecharla entre sus brazos apareció. Se resistió.
»—Casi todo lo que hay en la nevera ha caducado, incluyendo la leche. Espero que no te importe beber cerveza, agua o refrescos. Eso son sus únicas opciones para beber. Ah, y encontré una escopeta. No la toqué. No sé si está cargada o no.
Eso desvió su atención fuera de su culo.
—¿Dónde?
—En la despensa. Está apoyada contra la pared. ¿No es extraño eso? Hay una caja de cartuchos en el suelo, al lado de ella. Ese es un lugar extraño para guardar un arma.
Se acercó a la estrecha puerta que ella había señalado y la abrió. Se inclinó y vio la escopeta. La agarró y la comprobó.
—Está cargada. El pobre bastardo ni siquiera usó un cartucho.
Se inclinó y recogió la caja de cartuchos, estudiando los otros estantes. No había ningún repuesto más. Llevó el arma y la caja a la pequeña mesita, dejándolos abajo.
—¿Qué significa eso? ¿Qué 'pobre bastardo'?
Encontró a Hinata mirándole frunciendo el ceño. Apagó las llamas debajo de las sartenes.
—El propietario de esta cabaña está muerto. O bien no fue capaz de llegar a su arma para disparar a los Vampiros antes de que le atacaran o le pillaron inconsciente antes de que supiera que ya no estaba solo.
—¿Cómo sabes eso?
—¿Ese olor a muerte que he captado? Alguien está enterrado detrás de la cabaña.
Hinata palideció. Naruto lamentó habérselo dicho, pero pronto se marcharían de allí.
—No he olido ninguna sangre dentro de la cabaña. Probablemente le mataron afuera. No hubo ningún daño a las puertas, pero dudo que las tuviese cerradas. Este es un lugar remoto.
Ella se limitó a mirarle fijamente.
—¿Qué?— preguntó Naruto.
—Suenas muy frío. Estás diciendo que un hombre murió, sin embargo, estás usando su ropa y a punto de comerte su comida.
—La vida puede ser dura. Lo mismo ocurre con la muerte. Yo no le maté.
—Eres un cerdo.—Hinata se giró y abrió los armarios, sacando dos platos. —Ese pobre hombre.— susurró ella.
—Vamos a comer y ponernos en marcha o podríamos ser capturados de nuevo. Esos bastardos ya me dispararon con drogas una vez. No quiero darles la oportunidad de hacerlo de nuevo.
Eso pareció tranquilizarla. Llenó un enorme plato de comida y se lo sirvió en la mesa.
—¿Qué quieres beber?
—Lo que esté frío. No me importa.
Hinata abrió la nevera y sacó una lata de refresco, llevándosela. Luego volvió con una cuchara grande.
—Ahí tienes.
—Gracias.
—Me alegro de que al menos sepas esa palabra.— murmuró, acercándose de nuevo a la cocina para servirse su propio plato.
—Tengo muchas cosas en mi mente.
—¿No es así para ambos?— le replicó ella.
Hinata posó su plato en la mesa y sacó otro refresco de la nevera, sentándose finalmente frente a él tras coger una segunda cuchara.
—Está caliente.
Naruto se concentró en la comida, en lugar de arrojarse a través de la mesa para tumbarla en el suelo. La deseaba muchísimo.
Su polla seguía estando dura y, nuevamente, la necesidad de desnudarla era más fuerte que su deseo de comer. Levantó la cuchara y la clavó en el guiso, sustituyendo un hambre por otra.
—¿Qué sigue ahora?
—Cogemos algunas provisiones y nos ponemos en marcha. Es mejor si ponemos tanta distancia como podamos entre nosotros y ese Nido. Todavía no sabemos dónde duerme el Maestro.
—¿Estás seguro de que no estaba en la mina?
—Habría venido detrás de nosotros si hubiera estado allí. No creo que así fuera. La furgoneta en la que me llevaron hasta allí había desaparecido. Supongo que él se la llevó. Pero estará cerca, ya que necesita mantener control sobre sus soldados. Estoy más preocupado por cuántos otros Vampiros estarán con él en ese otro lugar.
—¿No son más fuertes si se mantienen juntos?
Esa era una buena pregunta, demostrando que era inteligente.
—Muchos Vampiros no confían en los soldados. Se vuelven locos después de un tiempo y resultan más difíciles de controlar. Han sido conocidos por atacar a sus amos. Los Vampiros duermen separados de ellos durante el día, sólo como medida de seguridad.
Hinata siguió comiendo, pareciendo reflexionar sobre sus palabras. Naruto la miró repetidas veces, sin disfrutar de los indicios de miedo que vio en ella.
—Todo irá bien. Cubriremos mucho terreno antes de que caiga la noche.
—Voy a retrasarte.— dijo Hinata sosteniendo su mirada. —Irías más rápido si me dejas aquí, ¿no?
Lo haría, pero la idea de que Hinata estuviera en peligro no le sentaba nada bien.
—No.— mintió —Entonces tendría que retroceder para recogerte antes del oscurecer, cuando encuentre un vehículo. Hay calcetines en el dormitorio. Quiero que te pongas varios pares sobre los pies para protegerlos del suelo. Nos mantendremos juntos.
Ella pareció aliviada. —Muy bien.
—Mantengo mi palabra, Hinata. Me ayudaste a salir de esa mina. No te dejaré morir.
Hizo un gesto hacia la escopeta.
—¿Alguna vez has disparado una antes?
—No.
Naruto sofocó una maldición.
—¿Nunca?
—No. Nunca tuve el deseo de poseer una. Me criaron en un vecindario bastante decente. Tengo cerrojos y vivo en la segunda planta. Nunca pensé que los Vampiros iban a estallar por las ventanas para venir a por mí.
—Lo bastante justo.
—¿Puedo preguntarte algo, Naruto?
—No te has detenido antes. Eres muy curiosa.
—¿Me culpas? Todo esto es nuevo para mí. ¿Los Vampiros pueden volar? ¿Pueden convertirse en murciélagos?
—No.
—Bien. Así que, si alquilo un apartamento en un edificio alto, como seis o siete plantas, estaré a salvo de que ellos lleguen a mis ventanas, ¿verdad? Para futura referencia.
—Dependerá de la construcción.
—¿Qué significa eso?
—Pueden saltar unos tres metros con facilidad. Posiblemente cuatro o cinco, dependiendo del Vampiro. Probablemente es así como entraron en tu apartamento. ¿Tiene balcones este edificio que tienes en mente? Podrían saltar de uno a otro para subir más alto.
—No lo sé. Sólo estaba pensando que podría querer mudarme, pero tendré que ver qué puedo permitirme. No quiero que me secuestren de nuevo.
—Preocúpate por eso más tarde. Vamos a sobrevivir hoy.
—Solo estoy pensando en el futuro.
—Los edificios altos no te salvarán de los Vampiros, aunque no haya balcones. Pueden controlar las mentes humanas y conseguir que tus vecinos les permitan acceder dentro del edificio en el que vives. Serían capaces de patear tu puerta para llegar hasta ti o incluso romper la pared desde algún apartamento que esté al lado del tuyo. ¿Responde eso a tus preguntas?
Hinata suspiró y dejó caer su barbilla, mirándole con reproche.
—¿Qué fue lo que dije ahora?— se quejó él.
Ella alzó la vista hacia él.
—¿Alguna vez alguien te ha llamado aguafiestas?
—No.
—Bueno, acabo de hacerlo yo. Me estás volviendo loca.
—Estoy siendo sincero. Estás en peligro. Ese Maestro no va a renunciar a su plan hasta que se vea obligado a hacerlo. Parecía bastante loco. Tendrás que ocultarte cuando vuelvas a casa o él vendrá detrás de ti otra vez.
Cuanto más pensaba en sus propias palabras, mas se daba cuenta de que no iba a poder borrar la mente de Hinata de forma efectiva.
Ella no sería capaz de mantenerse fuera de peligro por su cuenta si no podía recordar de que tenía que esconderse. Naruto estudió su triste expresión. Eso simplemente reafirmó que tendría que mantenerla a salvo hasta que el Maestro estuviera muerto.
Pero un poco de miedo podría impedir que intentara huir de él.
Hinata se mordió el labio inferior.
—He oído lo que quiere de ti. Podría hacerte engendrar con un Lycan, luego usar a tu hija para criar con un Vampiro para conseguir lo que soy. Querrá recuperarte. Romper el Tratado y entrar en el territorio VampLycan para drogarme demuestra que está loco.
—¿Qué Tratado?
—Los Vampiros han jurado permanecer lejos de nosotros.
—¿Por qué?
Naruto sostuvo su mirada.
—Somos malas noticias para cualquiera que nos jode. Pocos son lo bastante estúpidos como para intentarlo.
—Oh.
Hinata tomó algunos mordiscos.
—Y... ¿por qué son 'malas-noticias'?— Sus preguntas comenzaron a irritarle.
—Tenemos las mejores cualidades tanto de los Vampiros como de los Lycans. Somos más fuertes, pero carecemos de sus debilidades. Ahora come y deja de hablar. No tenemos mucho tiempo. Quiero estar lejos de aquí antes del anochecer.
Hinata comió tanto como su estómago le permitió, luego se levantó y se dirigió hacia el fregadero, abriendo el agua.
—¿Qué estás haciendo?
—Lavar los platos.
Naruto gruñó. Ella le miró desafiante.
—¿Cuál es tu problema ahora?.
—Déjalos.
—No. Es grosero.
—El propietario está muerto. No le importará si dejamos un desastre. Ve a ponerte los calcetines y encuentra un poco de ropa de repuesto. Tal vez una chaqueta. Creo que vi una mochila en la esquina de la habitación. Pon esas cosas dentro, pero deja espacio para llevar la comida.
Hinata cerró el grifo. Tenía razón.
—Bueno.
—Procura darte prisa. Nos iremos de aquí en cuanto yo haya terminado de comer.
Hinata huyó al dormitorio y localizó la mochila. No era demasiado grande. Embaló unos cuantos pares de calcetines, puso tres capas sobre sus pies, y trató de encontrar una ropa de repuesto para cada uno de ellos.
Había una selección de chaquetas dentro del armario. Encontró una de peso ligero y la metió dentro. Por último, se acordó de coger un rollo de papel higiénico. Podría ser un largo día si no encontraban pronto otra casa con un teléfono que funcionase.
Naruto había terminado su comida cuando ella volvió a entrar en la cocina. Había apilado algunas latas de comida y botellas de agua sobre el mostrador.
—Estaré fuera. Guarda esto.
—Guarda esto.— murmuró Hinata con retintín, justo después de que él saliera de la cabaña con el bulto de lona envuelta que llevaba antes. —Siempre tan mandón.
Sin embargo, hizo lo que le había pedido y luego salió por la puerta llevando la mochila. Naruto la esperaba, su mirada la siguió, sus ojos brillando. En general, podría ser aterrador, pero también tenía que admitir que era atractivo.
—Vámonos. Necesitamos poner distancia entre nosotros y este lugar.
Hinata bajó corriendo por los escalones y hacia la carretera. Naruto caminaba rápidamente con sus largas piernas, la lona bajo un brazo, la escopeta en la mano. Se apartó del camino frente a ella, yendo hacia el bosque.
—¿A dónde vas?
Naruto se detuvo y miró por encima del hombro.
—¿Quieres que sea más fácil para los Vampiros encontrarnos?.
—Nos perderemos si dejamos el camino.— alegó ella.
—Será más difícil para ellos rastrearnos. La mayoría de los Vampiros son unos bastardos perezosos. Estuve en esta zona hace algunos años. Hay un pueblo minero abandonado cerca y creo que ese camino conducirá hasta allí. Algunos de los edificios pueden estar aun en pie, y ese es el primer lugar donde los Vampiros mirarán. Quiero estar donde no nos estén buscando.
—Los edificios significan que alguien podría vivir en ellos, y necesitamos ayuda.
—No me di cuenta de lo remota que es esta área hasta que encontré una dirección dentro de esa cabaña. Los humanos son algo que queremos evitar. Los Vampiros habrán localizado donde están todos ellos, para propósitos de alimentación, y probablemente los tengan bajo control. Eso significa que intentarían capturarnos y retenernos para los Vamps. Los humanos se pegan a los caminos... así que los evitaremos.
—No estaremos atrapados aquí si encontramos a alguien con un coche. También tendrán algún teléfono móvil. Todo el mundo lo tiene. Podremos llamar a la policía. Eres un tipo grande. Incluso si han sobornado a la gente para que haga cosas malas, tú podrías golpear a cualquiera.
Naruto dio unos pasos en su dirección, pero luego se detuvo, frunciendo el ceño.
—No es un tema de debate. No sabes con lo que estás tratando, pero yo sí. Ese Nido me pareció bastante establecido, incluso tuvieron tiempo de agregar puertas para establecer celdas. Eso significa que han estado en esta zona bastante tiempo. No me hagas llevarte, Hinata. Sígueme o te echaré sobre mi hombro. ¿Qué sabes acerca de los Vampiros?
—No mucho.
—Yo lo sé todo. Me gustaría evitar ser capturado de nuevo. Esos bastardos están usando drogas. Los humanos nos ponen en peligro, así que es mejor evitarlos a todos ellos. Vamos con mi gente.
—La policía...
—¡Son inútiles contra los Vampiros! Pueden ser controlados mentalmente. Los humanos te entregarían directamente a ese Maestro. Ahora deja de detenerte y sígueme. O caminas tu sola, o te llevo yo. Eso me retrasaría. Quédate cerca.
Se dio la vuelta, internándose en el bosque.
—Maldición.— siseó Hinata.
Sin embargo, le siguió. De ninguna manera quería quedarse sola en un camino de tierra en medio de la nada.
Se puso la mochila y trató de ignorar el hecho de que los calcetines le tenían los pies calientes. La protegieron de las heridas mientras caminaba sobre la tierra y las hojas secas. Los árboles se volvieron más gruesos mientras caminaban. Una mirada le aseguró que la cabaña ya no estaba a la vista, tampoco el camino.
—Vas a hacer que nos perdamos ambos.— predijo ella en voz alta.
—Deja de quejarte.
—Creo que esto es una mala idea.
—No me importa lo que piensas.
—Me di cuenta de eso, ya que te niegas a escuchar nada de lo que tengo que decir.
Naruto se detuvo bruscamente delante de ella y casi chocó contra su espalda. La miró por encima del hombro.
—¿No puedes estar en silencio? ¿Siempre sientes la necesidad de discutir?
—Sólo con idiotas.
Sus ojos se estrecharon.
—En algún momento vamos a encontrar un lugar para resguardarnos antes de la puesta de sol. Estaremos encerrados en un espacio muy pequeño para esconder nuestras firmas de calor de los
Vampiros si se dispersan y tratan de localizarnos. Recuerda eso. Nos estás frenando con tu charla. Detenlo y simplemente camina.
Giró la cabeza hacia delante y se alejó, aumentando el ritmo. Hinata apretó los dientes y caminó tras él. La pesada mochila no le ayudaba en nada, pero Naruto llevaba todo lo que había sacado del cobertizo bajo el brazo y también la escopeta, de modo que no podía quejarse de que la hubiera convertido en la 'mula'de su viaje.
El terreno se volvió más áspero cuando llegaron a un área donde los árboles se habían caído y se habían acumulado muchos escombros. Le sorprendió cuando Naruto se volvió, ayudándola a subir y superar algunos de los peores momentos.
—¿Desprendimiento de tierras?
—Inundación.— corrigió él. —Probablemente fue al final del invierno, cuando la nieve se derritió.
Naruto levantó la barbilla, pareciendo estudiar el cielo.
—No veo ningún indicio de lluvia, pero quiero salir de esta área. Necesitamos alcanzar un terreno más alto.
—Más escalada. Woohoo.
—En realidad,— Naruto esbozó una sonrisita. —Por lo menos ahora tenemos cuerda.
Hinata miró la voluminosa lona.
—¿Dentro de eso?
—Sí.
—¿Cuál es tu plan? ¿Quieres quedarte aquí, en medio de la nada, hasta que creas que los Vampiros han dejado de buscarnos?
Esa idea la horrorizó.
—No van a hacer eso. El Maestro tiene un plan para ti. ¿Acaso te pareció como el tipo de persona que cambia fácilmente de opinión?
Nunca olvidaría a aquel loco desquiciado que decía ser pariente suyo... o el motivo por el cual había sido secuestrada.
—No. Es un lunático.
—Seguiremos en esta dirección hasta encontrar alguna casa muy remota con un teléfono o un vehículo. Es posible que los Vampiros no estén al tanto de algunos de esos humanos antisociales que viven a kilómetros de otros y no usan caminos pavimentados. Entonces llamaremos a mi gente para que venga a buscarnos o nosotros iremos hasta ellos.
—Sigo pensando que deberíamos ir a la policía. Ellos pueden protegernos.
—Ingenua Hinata.— murmuró Naruto.
Ella decidió no responder. Naruto enrolló la escopeta con la lona, extendió la mano y agarró su brazo con su mano libre cuando la pendiente se hizo más empinada. Podía ser un idiota, pero impedía que tropezara mientras luchaba por subir la colina. Los árboles volvieron a engrosarse, dejando atrás el área dañada por las inundaciones.
—Voy a mantenerte a salvo.
Hinata le miró, agradecida. Naruto no la miró, sino que siguió escudriñando el bosque.
—Muévete más rápido. Nos estás retrasando demasiado.
Continuará...
