Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
CUATRO PATAS
—Es hora de moverse.
Hinata se despertó con el sonido de una voz profunda y ronca. Abrió los ojos y miró a Naruto. Estaba de pie por encima de ella, en el borde del agujero en el que habían dormido. La mañana había llegado y habían sobrevivido a la noche sin ser hallados.
—Ve al baño.
Se inclinó hacia delante, ofreciendo su mano.
»—No hay tiempo que perder, Hinata. Estuve explorando con la primera luz del día y encontré pruebas de que los soldados se encontraban como a un par de kilómetros de nosotros.
Ella se aferró a su mano y él la levantó, ayudándola a salir del agujero. El dolor se elevó por todo su cuerpo, sus doloridos músculos se hicieron notar.
—¿Qué tipo de pruebas?
—Cuerpos muertos.
Su respuesta la enfermó.
—¿Mataron más gente?
—Animales. Fueron salvajemente mordidos y drenados de sangre, con múltiples marcas de mordiscos. Supongo que debían ser cuatro o cinco soldados. Se acercaron demasiado para mi comodidad. Hoy tenemos que poner más distancia entre nosotros y ellos.
Hinata se estremeció, sintiendo simpatía por esas pobres criaturas que habían muerto. También la hacía consciente de lo que podría haber ocurrido si esas sanguijuelas aterradoras les hubieran encontrado durante la noche. Volvió la cabeza y miró al otro lado del barranco. Le aterrorizaba pensar en cómo la llevaría Naruto al otro lado, pero había cosas peores, como ser capturada de nuevo por esos monstruos.
—Ve al baño y come. Voy a desmontar nuestro campamento.
No tardó mucho en aliviar su vejiga detrás de un árbol. Mientras tanto, Naruto abrió una lata de frijoles para ella. Fríos eran repugnantes, pero se las arregló para conseguir tragarse la mitad. Pensamientos de comida real se burlaban de ella, pero al menos no se moriría de hambre.
Sus escasos suministros eran mejores que nada. Naruto había empaquetado todo rápidamente y había caminado hasta el borde del barranco, estudiándolo desde diferentes ángulos.
Su conversación sobre sus padres había cambiado la forma en que veía a Naruto. Debió haber sido difícil crecer sin una madre que le amara. Eso también explicaba muchas cosas. Le había desquiciado escucharle diciendo que era el resultado de una mujer hambrienta de poder manipulando a su padre para tener un bebé al que planeaba usar en su propio beneficio. Naruto solo había sido una herramienta para comerciar, algo para conseguir lo que ella quería.
Básicamente, se redujo a eso. Su madre, esa perra de sangre fría, había rechazado su amor, y sonaba como si ella le hubiera golpeado muy duro incluso para tener emociones.
También explicaba por qué, probablemente, consideraba a las mujeres como el enemigo. En su mente, el hecho de que Hinata fuera humana lo hacía diez veces peor, ya que había hecho notar su aversión por ellos. No es que ella le culpara por eso tampoco, después de las pocas discusiones que habían tenido sobre el tema.
Estaría en la lista de los más buscados de todos los científicos y enfermos del mundo, algo que buscar y capturar para cualquier propósito que tuvieran en mente. Nada de esto sería un buen augurio para su futuro.
Naruto se volvió, frunciendo el ceño mientras ella se acercaba cojeando junto a él para mirar hacia el barranco que había debajo.
Hinata evaluó la situación. Era un largo camino hasta el fondo, probablemente unos treinta metros.
—No creo que tengamos suficiente cuerda.
—Lo sabía. Pensaba bajarte lo más lejos posible, hasta donde puedas aferrarte a algo y luego yo bajaré hasta tu posición. Desde allí, te bajaré un poco más hasta llegar al fondo. Haremos lo mismo para subir por el otro lado. Escalaré hasta que termine la cuerda, luego te arrastraré hasta que tengas algo donde sujetarte y después subiremos más alto hasta llegar a la cima.
—Fantástico.—Hinata sabía que el sarcasmo sonaba claro en su voz.—Suena muy peligroso. 'Woohoo'.— añadió.
—Estás dolorida. Veo cómo te mueves. ¿Me mentiste acerca de tener cortes?— la olisqueó. —No huelo sangre.
—Estoy fuera de forma. Eso es todo. No hay nada que puedas hacer al respecto sobre tirones musculares o mis pies magullados. Sobreviviré. Pero no esperes que corra ninguna maratón.
—¿Puedes hacer esto, Hinata?—Naruto extendió la mano y acunó su barbilla, haciendo que le mirase a los ojos.—Dime la verdad. Puedo atarte a mi espalda, si es necesario. Tendremos que dejar la mayor parte de los suministros, pero necesitamos ir más allá de este barranco.
La mirada solemne en su rostro le confirmaba que quería decir cada palabra.
—Puedo hacerlo. No quiero terminar de nuevo en esa celda.
Naruto la soltó.
—Ponte los calcetines, capas múltiples, y vámonos.
—No has comido.
—Me comí un aperitivo antes de despertarte.
No le preguntó más, temerosa de su respuesta. No había tocado ninguna de las latas. Significaba que había cazado su comida. En su lugar, hizo lo que le había ordenado y se puso dos pares de calcetines, cubriéndose los pies. Naruto envolvió su lona, la pala, la escopeta y la manta. La sorprendió cuando los lanzó sobre el borde.
—¡No puedo creer que hicieras eso!
Él la miró.
—¿El qué?
—Probablemente rompiste la escopeta y la pala.
—Los arrojé contra un arbusto grande. Eso habrá suavizado el aterrizaje. Si no es así, la lona y la manta son todo lo que necesitaremos. Pásame la mochila.
Naruto no tenía mucho sentido para ella.
—No vas a tirar esto también.
—No. La llevaré en mi espalda. La carne cruda puede enfermarte y no podemos encender un fuego. No me arriesgaré a que las latas se abran.
Pasó por encima la mochila y observó cómo se la ponía. Luego se agachó junto a ella, usando el extremo de la cuerda para envolverla alrededor de su cintura. Hinata levantó los brazos fuera del camino mientras Naruto ataba un nudo.
»—Agárrate fuerte y cuando esté cerca el final de la cuerda, gruñiré. Encuentra un buen asidero en alguna parte y aférrate fuerte mientras yo llego hasta ti.
Ella captó la esencia de su plan.
—Sigo pensando que deberíamos tratar de dar la vuelta y encontrar otro camino alrededor.—Naruto suspiró, su mirada se cruzó con la de ella.—Lo siento. Sentí la necesidad de decirlo al menos una vez más. Pero estoy empezando a conocerte, y eres obstinado. Has tomado una decisión. Sólo espero que no me mate.
Naruto se puso de pie rápidamente.
—No voy a permitir que nada te suceda.
La sinceridad de su tono la sorprendió. —Gracias.
—Todo irá bien.
—Sólo no me dejes caer.
Ese era un miedo real. Naruto le sonrió.
—Podría levantar un coche pequeño. Tú no eres nada. —Ella le estudió con suspicacia. —No soy humano, Hinata.
—Bien.— tragó saliva. —Está bien. ¿Cómo quieres hacer esto?
—Sólo tienes que ir al borde.
Agarró la cuerda a pocos palmos de ella, el resto yacía en una pila junto a ellos.
—Te tengo.
«Santa mierda. Estoy haciendo esto.»
Hinata se dio la vuelta, agarró la cuerda con una mano y se dirigió al borde. Fue un largo camino hacia abajo, pero Naruto tenía un punto. No era humano. Había lanzado a ese vampiro tan fuerte que había atravesado las tablas y lo había hecho volar por lo menos seis metros antes de caer sobre la cornisa de la mina de la que habían escapado. Para eso se necesitaba mucha fuerza bruta. Ella era más pequeña de lo que había sido esa sanguijuela.
«Puedo hacerlo.»
Hinata se sentó en el borde, sus pies colgando, y agarró la cuerda con ambas manos.
—¿Estás listo? Voy a deslizarme fuera. Por favor no me dejes caer. Prometo intentar no molestarte nunca más.
Miró hacia atrás para encontrar a Naruto sosteniendo la cuerda con ambas manos, con las piernas separadas, la mirada fija en ella.
—Estamos perdiendo un tiempo que no tenemos. Tenemos una gran cantidad de kilómetros que cubrir.
—No me jodas.
Ella cerró los ojos y se deslizó, su trasero dejó el suelo, y luego se dejó caer unos cuantos palmos. La cuerda se clavó dolorosamente en su cuerpo, la textura áspera de la misma rozó contra sus palmas, pero se balanceó en el aire en lugar de caer.
Naruto la bajó lentamente, soltando un poco cada vez. Mantuvo los ojos cerrados fuertemente durante unos minutos hasta que se sintió más valiente. Luego miró hacia abajo.
—Ojalá no hubiera hecho eso.— murmuró para sí.
—Vas muy bien.— declaró Naruto desde arriba. —No eres pesada en absoluto.
Esperaba que él no le estuviera mintiendo para hacerla sentir mejor. La había bajado a una cuarta parte del camino cuando oyó su gruñido. Era el momento de encontrar un lugar donde agarrarse para que él pudiera bajar hasta ella.
Hinata extendió la mano, agarrando un grupo de arbustos, encontró un poco de roca para apoyar sus pies y arrastró su cuerpo contra el costado. Algo de tierra suelta cedió debajo de ella, pero consiguió un buen agarre.
Su corazón latía con fuerza. ¿Y si se caía? ¿Qué pasa si los arbustos a los que se aferraba se desprendían de la pared de tierra? No le gustaba escalar. La gente estaba loca haciendo este tipo de actividad por diversión.
—Vale.— gritó ella. —Estoy bien, pero date prisa.
—No mires hacia arriba.— advirtió Naruto desde su altura.
Se preguntó por qué le había dicho eso hasta que un poco de tierra cayó sobre ella.
—Mierda.
Naruto sintió un gran orgullo. Hinata había sido muy valiente para ser solo una humana. No había gritado ni había perdido la compostura. La atrajo hacia el otro lado del barranco, la puso sobre el borde y sonrió.
Bajar y luego subir les había llevado más tiempo del que esperaba, pero lo habían logrado. La ayudó a ponerse de pie, cepillando la suciedad de ella.
—Necesito darme un baño con urgencia.
Parecía atractiva incluso con el cabello desordenado.
—Los dos lo necesitamos, pero ya nos preocuparemos de eso más tarde. Es muy posible que esta tarde lleguemos al primer río que debemos cruzar.
Desató la cuerda de su cintura. Ella le sorprendió agarrando su camisa con su puño y dando un paso adelante, mirándole fijamente a los ojos.
—Dime que es una broma. Estás tratando de ser gracioso, pero fallando en el gran momento, ¿verdad? Me imagino que el humor es un nuevo concepto para ti, por lo que simplemente no te sale.
—¿Qué dije?
—¿Cruzar ríos?
—Debe haber por lo menos tres de ellos entre nosotros y el territorio VampLycan.
—¿Habrá barcos? ¿Ferris? ¿Puentes? Eso sería bueno. Incluso si son esas horribles cuerdas que se balancean.
—Tenemos que nadar a través. —Ella palideció.—¿Qué pasa?
—No sé nadar.
Eso le sorprendió.
—¿Nunca te enseñaron a nadar?
—Éramos pobres. Mi madre no podía pagar las lecciones. No teníamos piscina, tampoco acceso a una. Fui a la playa a veces con amigos, pero estaba aterrorizada de los tiburones. De esos que se comen a la gente y arrancan sus extremidades. Me tumbé en la playa, pero nunca entré en el agua más alto que mis rodillas.
Tenía la peor suerte, y el Maestro Vampiro no podría haber elegido una compañera peor adaptada para él. Era suya, al menos durante el tiempo que sus instintos así se lo indicaran. Naruto extendió la mano y agarró sus caderas, inclinándose para mirarla profundamente a los ojos.
—No tenemos tiempo para discutir. Te haré cruzar aunque sea subida en mi espalda.
Ella se mordió el labio, dubitativa.
»—Puedo hacer eso. Podría nadar contigo agarrándome. Vamos, Hinata. Tenemos mucha distancia para recorrer antes del anochecer. Al menos quiero estar más allá de un río para poder limpiarnos.
—Vale.— aceptó ella.
Hinata le impresionó por no discutir y se encontró sonriendo.
—Bien.— le respondió Naruto.
Entonces la soltó y comenzó a empaquetar la cuerda en la lona que había logrado lanzar al fondo del barranco. Sus músculos estaban un poco doloridos después de todo ese ascenso y subida, pero ignoró el dolor. Las prioridades exigían que los mantuviera a ambos en movimiento y recuperar el tiempo perdido.
Mantuvo la mochila puesta. La mirada de Hinata fue hacia él cuando levantó la lona envuelta y sacudió su cabeza en la dirección que él quería ir.
Naruto habló antes de que ella pudiera decir algo.
—Estamos retrasados. Necesito que hoy te muevas más rápido. Esto significa hacerlo más fácil para ti.
—Pero eso no es justo. Debería llevar la mitad de la carga.
—Sólo di gracias y sígueme.
—Tengo que hacer pis primero.
Él suspiró.
—Apresúrate.
Se volvió de espaldas, frente al barranco que acababan de cruzar mientras Hinata se alejaba. Escudriñó el otro lado, sólo por tener algo que hacer. Un movimiento llamó su atención y entrecerró los ojos, concentrándose. Allí, a lo lejos, entre algunos árboles, vio algo de color amarillo.
La silueta se parecía a la de una persona y el color podía ser de alguna camisa.
Se volvió, sin preocuparse por la modestia de Hinata en ese momento. Era más importante salir de aquel claro. Estaba feliz de ver que había desaparecido entre los árboles. La siguió rápidamente, también agachándose detrás de uno.
—¿Hinata?
—¡Mierda! Estoy aquí. No te acerques más. Estoy en cuclillas.
—He visto a un humano. Tiene que ser uno de los que trabajan para el Maestro. Date prisa.
Volvió la cabeza, mirando alrededor del tronco. No volvió a ver movimiento, pero estaba seguro de que había sido un humano. Era posible que fuera un inocente, pero improbable.
Los soldados habrían encontrado y matado a cualquier humano que no fuera Hinata. Los cuerpos de esos animales habían demostrado un salvajismo que hablaba de furia.
Ningún Vamp disfrutaba de la sangre animal sobre la de los humanos. Habían derramado su rabia y su hambre en esas pobres bestias, haciéndolas sufrir.
Hinata se enderezó a unos metros de distancia y él se volvió, observándola. Sus mejillas estaban un poco rojas.
—Supongo que me has oído haciendo pis.
—No estaba escuchando, y ni siquiera quiero saber por qué te da vergüenza realizar una función normal del cuerpo. Yo orinaría delante de ti, si tuviera que hacerlo.
Él sacudió la cabeza.
»—Quédate pegada a esos gruesos matorrales bajo los árboles hasta que estemos más lejos, para que ese humano no nos vea.
—¿Y si es un buen tipo? Tal vez la policía me está buscando.
Decidió ser contundente.
—Es una zona demasiado remota para que puedan llegar tan fácilmente desde el momento en que el sol se levantó. Significa que ya estaban fuera durante la noche, y si los soldados no los desgarraron para tomar su sangre, son parte de su equipo de seguimiento.
—Oh.
—Muévete, Hinata. ¡Ahora!
Ella se giró, haciendo lo que le había ordenado. Naruto la siguió, manteniéndose alerta. Estaba feliz, ya que ella viajaba a un ritmo más rápido sin el peso de la mochila.
Su equilibrio también era mucho mejor, ya no tenía que estirar la mano para evitar que se cayera mientras subía por las rocas. Incluso se pegó a aquellos árboles que crecían muy juntos, tal como él le había pedido. Podría tener potencial como compañera, después de todo.
Cuando llegaron al río Hinata tenía lo que sentía que era un calambre permanente en su costado y sus pies dolían. Naruto se volvió, mirándola fijamente. Le molestaba que él no estuviera jadeando demasiado o cubierto de sudor. Si alguna vez había dudado de que él no era humano, ya no dudaba más. La había hecho ir a un ritmo extenuante entre el claro y esta enorme masa de agua.
—Te cruzaré primero, y luego regresaré para buscar nuestros suministros.
Ella se inclinó, agarró sus rodillas y cerró los ojos.
—Necesito recuperar el aliento. Haz eso primero y vuelve por mí.
Naruto gruñó.
—Prefiero arriesgarme a perder nuestros suministros que a ti. Te cruzaré primero.
Ella alzó la cabeza, mirándole fijamente.
—Dame dos minutos. Apuesto a que podrías nadar hasta allí y volver en ese tiempo. Eres un monstruo de la naturaleza.
Él frunció el ceño.
»—¿Quieres que vomite?— alegó ella.
Hinata se dejó caer, sentándose con fuerza, y ni siquiera le importó si era poco femenina. Separó los muslos y se inclinó hacia adelante, apoyando las manos allí.
»—Dame al menos dos minutos. Debería obtener puntos de bonificación por seguir tu ritmo y no caer de culo. Debían ser varios kilómetros lo que acabo de correr.
—Maldición. No te muevas.
Naruto se dio la vuelta, caminando directamente hacia el agua. Ella le observó mientras el agua se hacía más profunda, hasta llegar a sus hombros. Tenía la mochila puesta, la lona atrapada bajo un brazo. Nadó como si hubiera nacido para hacerlo, haciéndolo parecer fácil cuando utilizó su brazo libre y sus dos piernas para maniobrar a través de la masa de agua. Hinata vio cosas flotando hacia él, pero Naruto nadó casi en línea recta, parecía ajeno a la corriente.
—Fenómeno de la naturaleza, está bien.— murmuró.
Algo del dolor en el costado se desvaneció y su respiración se desaceleró mientras Naruto salía del río en el otro lado, escondiendo sus cosas, y luego se zambulló de nuevo en el agua. Empezó a bucear, y ella se tensó cuando no volvió a subir. Finalmente, su cabeza salió a la superficie casi a la mitad del río mientras tomaba aliento, y luego desapareció de nuevo.
—Pulmones de hierro también. No es justo.
Una madera se resquebrajó, como si una rama se hubiera roto, y ella se giró. La vista de un hombre a unos ocho pasos de ella hizo que Hinata agarrara una roca mientras se ponía en pie.
Tenía unos veintidós años, llevaba una enorme mochila y parecía un joven universitario corriente. Acababa de salir del bosque y sus claros ojos marrones se abrieron como si ella también le hubiera sorprendido. Hinata se movió, retrocediendo y esperando atraer su atención lejos del río.
—¿Hinata?
Odiaba cuando Naruto tenía razón. Sin embargo, el chico podría ser parte de un equipo de búsqueda de la policía. Era posible que alguien hubiera informado de su desaparición. Ella tragó saliva, recordando que se suponía que había dos de ellos. Miró ansiosamente a su alrededor buscando al otro.
El chico levantó la mano y se sacó la mochila, tomando tiempo para sacar algo de un bolsillo. Extendió una barra de chocolate.
—Aquí. Apuesto a que tienes hambre. ¿Quieres agua? Tengo un poco. Ven acá.
Hinata frunció el ceño.
—¿De verdad? ¿Golosinas? Mi madre me enseñó mejor que eso cuando tenía cuatro años. —Agarró la roca más apretada en su puño.—¿Quién eres tú?
El muchacho miró la roca y sus rasgos se transformaron en ira.
—Tratas de golpearme con eso y se pondrá feo. El Rey Jigen te quiere viva, pero no dijo que no tuviera permitido defenderme.
Esa era una pregunta contestada. Pero tenía otra.
—¿Por qué trabajas para un Vampiro? ¿Eres estúpido? ¿Loco?. Ellos te matarán.
Él negó con la cabeza.
—Nunca voy a morir. Es por eso. El Rey Jigen prometió convertirme.
—Eres un idiota. ¿Has visto esas cosas tipo sanguijuelas? Deja las drogas si piensas que eso es cualquier tipo de futuro.
Miró hacia atrás, deseando saber si el segundo tipo había llegado hasta donde estaban y se preguntó dónde estaba Naruto. No se atrevía a mirar al agua por si el joven seguía su mirada. Hinata le lanzó una mirada furiosa.
»—¿Por qué no tomas esa barra de chocolate y te atragantas con ella? Esa es una forma mucho mejor para morir que ser el títere de algún idiota loco.
El chico se abalanzó y Hinata le arrojó la roca, clavándosela en el pecho. Eso debió de dolerle, porque dejó caer el dulce y agarró su pecho mientras se tambaleaba hacia atrás.
En lugar de correr, Hinata se lanzó hacia adelante, empujando el codo hacia fuera y chocando contra él tan fuerte como pudo. El joven gruñó mientras ambos se caían. Ella aterrizó sobre él y utilizó su otra mano para arañar su cara. Él gritó cuando sus uñas rasgaron sus párpados cerrados.
Hinata se sentó sobre él, hincándole el codo con fuerza suficiente como para hacerse daño ella misma, pero ignoró el dolor mientras buscaba otra roca. Se las arregló para agarrar una y comenzó a golpearle, usando sus muslos para afianzarse cuando él intentó corcovear fuera de ella.
Hinata le golpeó fuerte en la cabeza. El muchacho trató de proteger su rostro, así que dejó de usar las uñas en sus ojos y en su lugar se dirigió a su garganta, todavía martillándole con la roca.
Alguien la agarró de la muñeca y fue arrancada del hombre que estaba debajo de ella. Intentó echar la cabeza hacia adelante, tratando de darle un cabezazo a esa persona, pero golpeó un pecho sólido en su lugar. Uno húmedo.
Entonces vió a Naruto, que apenas se retorció, dejándola sobre sus pies. Él se movió con rapidez y la observó, con la boca abierta, mientras usaba su pie para pisar la garganta del tipo derribado.
—¿Cuántos de ustedes están por aquí? Respóndeme o te aplasto la garganta.
El tipo movió las manos, revelando las sangrientas marcas de arañazos que Hinata le había dejado, así como algunos cortes en su frente y mejilla hechos por la roca.
—¡Que te jodan!
El chico levanto su dedo medio hacia Naruto, en respuesta. Naruto miró a Hinata.
—Cierra los ojos, ahora.
Ella lo hizo. Un repugnante sonido crujiente la hizo girarse, su estómago amenazó con revolverse. Naruto no había estado fanfarroneando. No necesitaba mirar para saber que ese sonido horrible había venido de los huesos del cuello rompiéndose.
Algo apareció, haciendo un ligero ruido, y ella se quedó sin aliento cuando Naruto la abordó, llevándola hacia abajo. Se retorció en el último segundo de modo que fue él quien cayó al suelo rocoso en lugar de ella. Hinata levantó la cabeza, viendo un dardo de metal que había aterrizado junto al borde del río.
Naruto también debió de haberlo visto. Él gruñó.
—Aguanta la respiración y no me sueltes.
Apenas le entendió ya que las palabras salieron de manera brusca. Sin embargo, tragó aire, y entonces estaban rodando.
El agua helada casi la hizo jadear cuando salieron del terraplén y golpearon el agua. Apretó los ojos cerrándolos justo a tiempo y sintió que la corriente los agarraba.
El agarre que Naruto tenía sobre ella se tensó hasta el punto de que sentía que podría romperle las costillas. Hinata puso sus brazos alrededor de su cuello a ciegas, y enganchó sus piernas alrededor de la cintura por si acaso. Naruto soltó sus costillas y su cuerpo se tensó, flexionando sus músculos.
Estaban bajo el agua y Naruto estaba buceando. No pasó mucho tiempo para que sus pulmones gritaran en busca de aire. El pánico la golpeó y le clavó las uñas en la piel, tratando de decirle que estaba a punto de ahogarse. Debió de entenderlo, porque en unos segundos sus cabezas rompieron la superficie y ella jadeó tomando aire. Naruto también lo hizo, y luego el frío helado les rodeó de nuevo cuando volvió a sumergirlos a ambos.
Algo se enganchó en su camisa e intentó separarla de él. Eso la aterrorizó. ¿Y si se separaban? Realmente no sabía nadar. Sin embargo, lo que tiraba de ella se soltó y siguió aferrada al cuerpo grande y firme de Naruto. La corriente ya no los empujaba con tanta fuerza como al principio, cuando entraron en el agua.
Hinata estaba segura de que iba a morir. Enterró la cara contra el pecho de Naruto y trató de mantener la calma. Ahogarse no era un buen camino a seguir. Volvió a notar aire y boqueó, justo antes de volver a sumergirse en el agua.
Esto le recordó los videos de ballenas que había visto una vez, tomados desde un barco. Naruto los sacaba del agua por un segundo, y luego volvía a sumergirse. ¿Cuánto tiempo tardará en llegar al otro lado del río?
Había cruzado muy rápido la primera vez, pero parecía que estaba pasando demasiado tiempo, ya que tomaron aire unas cinco veces más. Tal vez tenerla unida a él le había frenado. En cualquier caso, cuando finalmente la tomó y rodeó su brazo alrededor de sus caderas, subiéndola más arriba en su cuerpo, se dio cuenta de que podían ponerse en pie. Entonces Hinata se frotó contra el pecho de Naruto para despejar el pelo de sus ojos. Los abrió.
—Estamos río abajo.— jadeó. —Hemos perdido nuestros suministros. No puedo arriesgarme a volver atrás por ellos.
Naruto la enganchó alrededor de su caja torácica, sacándola del agua mientras se tambaleaba por el terraplén y entraba en los árboles. Hinata usó una de sus manos para empujar más de su pelo, todavía pegado a su cara.
—Puedo caminar.
Él la ignoró, adentrándose más en los árboles hasta que el río se desvaneció. Hinata no se quejó, solo se limitó a sostenerse contra él. Naruto se detuvo después de unos cinco minutos y se agachó un poco.
—Puedes soltarme.
Hinata se deslizó por su cuerpo y se puso de pie sobre sus temblorosas piernas. El río estaba muy frío y ella perdió el calor de su cuerpo instantáneamente. Su ropa empapada se sentía muy incómoda y pesada.
Naruto señaló hacia un punto.
—Sube y entra en esa cueva.
Hinata divisó una pequeña hendidura entre las rocas.
—¿Y si hay serpientes o algo así?
Naruto se aferró a su brazo y la gruñó, sus ojos brillaban de un tono dorado.
—Escóndete. Tengo que revisar la zona. Cállate y no hagas ruido hasta que vuelva.
Todavía estaban en peligro. Hinata descendió, mientras se arrastraba hacia adelante por la boca de la cueva se recordó que debía estar agradecida por poder estar fuera del agua y no haber muerto en aquel río.
Era una entrada bastante ajustada, pero sabía por qué la había elegido. Ninguna luz del sol alcanzaba más allá de algunos palmos adentro. Ella no vería ni un poquito, tampoco le daría un ataque, aunque 'algo' más ya estuviera escondido allí.
Naruto se enfureció mientras se quitaba la ropa. Su camisa estaba desgarrada e inútil. La arrojó hacia la grieta donde había hecho entrar a Hinata y también se quitó los pantalones cortos, arrojándolos fuera de la vista. Cambió, sin importarle si ella podía verle.
No la oyó jadear sorprendida, así que pensó que no había encontrado espacio para darse la vuelta. Utilizó sus patas para remover las hojas y el follaje muertos para cubrir sus huellas desde la línea de los árboles y luego echó un vistazo al río.
Divisó al otro humano, corriendo muy apresurado por el otro lado del río, buscándoles. Se agachó sobre su vientre, manteniéndose a la sombra. El muy bastardo tenía un rifle en la mano, del tipo que dispara dardos. La mochila había desaparecido, pero sabía que este era el otro falso excursionista.
Era tentador ir a requisar sus provisiones, pero no estaba dispuesto a arriesgarse a que ese humano pudiera dispararle con un dardo. Esperó hasta que aquel hombre desapareció alrededor de una curva y retrocedió, se levantó a cuatro patas, y se fue de caza para ver si había más de ellos en su lado del río.
No tardó mucho tiempo en descubrir que, hasta el momento, estaban solos por lo menos en un kilometro a la redonda. Regresó hasta Hinata y cambió a su piel, se agachó y se puso la ropa mojada para seguirla dentro de la cueva.
El interior estaba muy apretado, y rascó su piel contra la roca. La cueva no era tan profunda. Tal vez un par de metros. Sus ojos se adaptaron y él encontró a Hinata en el fondo, donde se había topado con la roca sólida. Se había enroscado en una bola, con los brazos envueltos alrededor de sus piernas, la cabeza abajo.
—Estoy aquí.— susurró él.
Hinata levantó la cabeza y se la golpeó, maldiciendo suavemente.
—¿Hay alguien ahí fuera?
Naruto extendió el brazo y puso su mano en la parte posterior de la cabeza para protegerla de más golpes accidentales. Ella le miró con los ojos muy abiertos, ciega. Era evidente que no podía ver absolutamente nada.
—Estamos bien por ahora.
—Me estoy congelando.
Naruto podía imaginárselo.
—Este no es un lugar seguro. Quítate la ropa y escúrrela mientras yo me voy. Necesito encontrarnos un lugar más seguro para la noche, lejos del río. Ellos saben que me retrasarás.
—Joder con eso.— murmuró.
Su rabia le sorprendió. Se imaginó que iba a comenzar otra discusión, pero no podían quedarse donde estaban. Les encontrarían.
»—Dame un minuto hasta que mis dientes dejen de castañear y luego podré correr. Están tratando de sedarnos, ¿verdad?
—Solo a mí. Tu no representas suficiente peligro para ellos.
—Cuéntale eso al chico universitario. Le he pateado el culo.
Naruto sonrió de verdad. Había quedado impresionado cuando salió del agua y la vio a horcajadas sobre ese macho, golpeándole. Eso también le había enfurecido. Ella había sido atacada.
—Lo hiciste bien.
—Puede que sea pequeña, pero me crie en la ciudad. Tomé algunas clases de autodefensa. Los asaltantes y violadores apuntan a las mujeres todo el tiempo. Los muy idiotas esperan que las mujeres corran o simplemente se congelen. Nunca se esperan que tú les lances el primer golpe.
—Estoy orgulloso de ti. —Le frotó suavemente el cabello, sus dedos enredándose un poco en las húmedas mechas.—Quédate aquí unos minutos mientras me visto.
Ella se tensó, luego asintió.
—¿Quiero saber por qué ya no lo estás?
—Me muevo más rápido en cuatro patas que en dos y eso me mantiene más bajo contra el suelo, más difícil de detectar.
—Voy a tener que ver eso en algún momento.
Eso le recordó una idea anterior.
—¿Alguna vez montaste caballos, Hinata?
—No. ¿Por qué? ¿Viste alguno y crees que puedes atraparlos? Sin embargo, probablemente podría aferrarme a ti, si puedes montar delante de mí. Parece que tengo eso bien entendido No me perdiste en el agua. Fui como tu segunda piel.
—También estarías aferrándote a mí. Como te dije... me muevo más rápido en cuatro patas.
La boca de Hinata se abrió sorprendida, pero luego la cerró. Pasó solo un segundo.
—Oh. ¿Quieres que te monte como si fueras un caballo? Eso es una especie de locura. ¿Es una broma?
—No.
Hinata se calló.
»—Nos estás haciendo ser más lentos. Ahora ya no tengo que preocuparme por los suministros. Puedo llevarte sobre mi espalda.
Ella cerró los ojos.
—¿Hinata?
Hinata los abrió y asintió.
—Muy bien. Sólo dime una cosa.
—¿Qué?
—Vas a saber que soy yo, ¿verdad? No vas a ponerte todo asesino o algo así, ¿no?
—Deja de preocuparte por eso. Todavía soy yo, con piel o con pelaje. Sin embargo, no voy a tener mucha voz. Mis cuerdas vocales cambian completamente cuando yo lo hago. Tendrás que subir por mi espalda, envolver tus brazos alrededor de mi garganta y usar tus rodillas para agarrarte a mis costados. Eso sí, no pongas tus pies alrededor de mi parte inferior.
—¿Por qué? ¿Será más difícil para ti correr?
—No quiero que me patees las bolas.
—Eso es... um... justo. Vale.
—No tengas miedo de mí, y no grites cuando me veas. Sólo sube a mi espalda. ¿Puedes llevar mis pantalones cortos contigo? Necesitaré algo para ponerme más tarde.
Palpó alrededor, los encontró y escurrió la mayor parte del agua. Los presionó contra su mano. Hinata los agarró y asintió con la cabeza, empujándolos entre su camisa y sus propios pantalones, cerca de su cadera.
—Los tengo.
—Sin vacilaciones, Hinata. Nuestras vidas dependen de esto. Permanece en silencio y sigue mi ejemplo. Usaré mi cabeza para indicarte si algo está mal o daré un gruñido bajo. ¿Entiendes?
—Sí.
—Vámonos.
—¿Ahora?
—Nos están buscando y la red de búsqueda se ha estrechado drásticamente. Probablemente tienen radios. Yo lo haría así. Tenemos que salir de aquí antes de que nos capturen.
—Bien. Hagámoslo.
Le soltó la cabeza y retrocedió ligeramente, apretando los dientes mientras más rocas raspaban su piel. Cambió, odiando que ella lo oyera, pero transformar su cuerpo le ayudó a salir de aquel estrecho sitio. Terminó fuera, olisqueó el aire mientras miraba a su alrededor, y no divisó ninguna amenaza.
La oyó venir y miró hacia el agujero. Hinata mantuvo la cabeza baja, su pecho cerca del suelo mientras se arrastraba hacia fuera, probablemente para evitar que la roca le rasgara la espalda.
Entonces su cabeza se levantó... y mostró puro terror cuando se encontró con su mirada. Naruto se volvió un poco y se agachó, observándola. Hinata sólo vaciló un momento, luego extendió la mano, temblando mientras tocaba su costado.
—¡Mierda!
Naruto utilizó su cabeza para sacudirla en un gesto hacia su espalda. No tenía tiempo para que ella actuara tan humana. Necesitaban moverse. Hinata se puso de rodillas y le agarró la espalda, se enderezó y pasó la pierna por encima. Se montó lentamente sobre su lomo.
—Mierda.— susurró. —Voy a necesitar terapia.
Naruto gruñó una advertencia y ella se quedó callada, se inclinó hacia adelante y le rodeó el cuello con los brazos. Entonces apretó los dedos y enterró la cara en su pelaje.
—Estás muy caliente.
Se movió lentamente, por si acaso se soltaba cuando se levantara sobre sus cuatro patas, luego comenzó a caminar. Ella se mantuvo sobre él y también le apretó con los muslos del modo que le había indicado.
Naruto hizo una pausa, movió un poco las caderas para ponerla en una posición más cómoda, y luego olisqueó el aire, explorando sus alrededores. Decidió mantenerse yendo por las zonas más espesas de árboles y aceleró el paso. Hinata emitió unos cuantos ruidos bajos, más bien como gemidos, pero no protestó.
Una vez más, estaba impresionado con ella. Demasiado para Hinata verle cambiado y probar que nunca podrían ser compañeros con su reacción. Pero ella se aferró con fuerza a él, como si le pareciera normal estar abrazada a un VampLycan cambiado.
Se concentró en otras cosas para apartar su mente de la sensación de ella mientras corría, escudriñando cuidadosamente cualquier movimiento. Habían tenido que abandonar sus suministros. Eso significaba que sería más difícil alimentarla. Su estómago no toleraría bien la carne cruda. Con el tiempo se debilitaría.
Por supuesto, había una manera de obtener más suministros. Aquellos guardias de día llevaban paquetes. Necesitaban alimento humano para sobrevivir.
Los guardias humanos probablemente dormían por la noche mientras los Vampiros y los soldados les cazaban. Podía escabullirse y robarles, si pudiera evitar a los cazadores nocturnos. Eso también significaría dejar a Hinata desprotegida durante un tiempo.
Seguiría moviéndose hasta que llegara la noche, encontraría un lugar seguro y entonces pensaría en sus opciones. En este momento, necesitaba alejarlos de donde estaban.
Continuará...
