Naruto Y Hinata en:

MAS SALVAJE


ESCLAVOS


Hinata estaba cabalgando sobre el perro más grande que había visto nunca. Aunque, para ser justos, Naruto no se asemejaba a ningún lobo o pastor alemán. Cualquier canino le echaría una mirada en su forma de bestia, se mearía encima y correría para salvar su vida. Podía identificarse con eso.

Había sido muy tentador regresar a esa cueva para acobardarse cuando le había visto por primera vez, con sus ojos dorados y terroríficos, el hocico largo, cuatro patas, pezuñas enormes con garras afiladas y una cola.

Pero él la mantuvo muy caliente. El cuerpo de Naruto emitía mucho calor, y su suave pelaje amortiguó su cuerpo mientras corría. Probablemente podría moverse mucho más rápido, pero no lo hizo.

Hinata lo atribuyó a que le preocupaba que ella se cayera, o tal vez estaba tan agotado como ella. Era tentador dormitar, pero cada vez que casi se quedaba dormida, Naruto saltaba sobre algo, haciéndola aferrarse un poco más a él.

Sin embargo, estaban cubriendo mucho terreno. Tenía razón al respecto, y sus pies no la estaban matando.

Montar resultó ser mucho más fácil que correr para mantenerse al paso con él. Deseaba no llevar puesta esa ropa mojada. Su piel le dolía en lugares en los que prefería no pensar frotándose entre su enorme cuerpo y el suyo propio.

Trató de concentrarse en otras cosas, como imaginarse tomando un baño caliente o teniendo una verdadera comida bien cocinada. Una vez que llegaran a la seguridad, esas cosas eran una posibilidad.

Finalmente se detuvo y ella levantó la cabeza, buscando la causa. Naruto hizo descender su cuerpo, giró la cabeza y la golpeó con el hocico. Hinata miró fijamente sus afilados dientes, tragó saliva y miró a esos puros ojos dorados. Sus iris y sus pupilas se desdibujaban los unos en los otros. Naruto echó un vistazo al suelo y ella soltó su agarre, desmontando de su lomo.

Empezó a enderezarse, pero él le agarró la muñeca con los dientes. Se congeló, esperando dolor. Naruto la soltó rápidamente y se encorvó hacia abajo. Ella captó la indirecta y se sentó.

Él gruñó, le lanzó un tipo de mirada que no supo descifrar, y luego se fue, dejándola. Se quedó quieta y en silencio. Podría haber sentido que estaban en peligro o quizás estaba buscando un lugar para que se acostaran. Hinata estudió el cielo, dándose cuenta de que pronto estaría oscuro.

Naruto regresó unos diez minutos más tarde. Se acercó hasta ella, enfocando su mirada en su cintura.

—¿Qué quieres?

Se agachó frente a ella y empezó a cambiar. La asombró y la aterrorizó al mismo tiempo ver como su pelaje retrocedía hasta convertirse en una piel suave y dorada. Sin embargo, se mantuvo agachado cuando terminó, ocultando su regazo.

—Pantalones cortos.

—Oh.

Ella los sacó de su cintura y los sostuvo hacia él, girando su cabeza intentando darle algo de privacidad para que pudiera vestirse. Naruto tomó los pantalones y luego habló.

—Estoy decente.

Ella le miró mientras se sentaba en el suelo a unos cuantos metros de distancia. Fue agradable poder hablar con él de nuevo.

—¿Estamos bien aquí?

—Por ahora.

—Necesito orinar. Tuve demasiado miedo de moverme mientras estabas fuera, así que me quedé quieta.

Él levantó una mano, apuntando hacia unos arbustos.

—Por ahí. No te vayas lejos ni tardes mucho tiempo.

Hinata se levantó y se apresuró. Naruto no había cambiado de posición cuando ella regresó. Se sentó, cientos de preguntas llenaron su mente. Se decidió por las más apremiantes.

—¿Cómo de cerca estamos ahora de tu casa?

—Todavía tenemos camino por recorrer. Decidí que era hora de descansar. Estuve explorando y encontré un lugar para que podamos dormir y pasar la noche.

—¿No vamos a mantenernos en movimiento?

—Nos acomodaremos para pasar la noche. Los humanos son mucho más fáciles de evitar que los soldados y los Vampiros.

—¿Por qué?

—Los humanos no ven las firmas de calor, ni tienen súper audición o súper visión.

—Gracias por responderme. Tengo mucho que aprender.

Naruto inclinó la cabeza, dándole una mirada extrañada.

—Es para cuando regrese a mi casa. No quiero ser capturada de nuevo.

—Sin mí no tendrías la oportunidad de evitar eso.

Probablemente tenía razón, y la asustaba.

—Es por eso que estoy haciendo preguntas. Para aprender.

—Encontré una cabaña habitada por un humano muy cerca de aquí. Estoy seguro de que también está trabajando para los Vampiros. Le pude ver llegando desde el bosque con sus suministros en la espalda y agarrando una pistola de dardos, como si hubiera estado buscándonos todo el día. Creo que el mejor lugar para esconderse es a simple vista, donde nunca pensarán que iríamos. Voy a capturar a ese humano y esta noche dormiremos dentro de su cabaña.

La boca de Hinata se abrió, pero la cerró rápidamente.

—¿Estás loco?

Naruto vaciló.

—Tendrá comida y ropa, Hinata. Dado que este Maestro ha creado soldados, querrá mantener a los humanos separados de ellos. Yo lo haría.

—No lo entiendo.— admitió. —¿Por qué?

—Los soldados son inestables, y no se puede confiar que estén en torno a ninguna fuente de sangre sin la supervisión de un Vampiro completo. Eso significa que, si este Maestro es razonablemente inteligente, habrá ordenado a los humanos que se encierren por la noche mientras nos persiguen los soldados, para mantener vivos a sus guardias diurnos.

» De lo contrario, los soldados podrían atacarlos y drenarlos. El Maestro Vampiro les habría ordenado a sus soldados evitar las casas de los humanos que trabajen para él. Los humanos necesitan mantenerse separados de los soldados o todas las apuestas están apagadas. ¿Lo entiendes?.

Tenía sentido cuando lo expresaba así. Esas sanguijuelas que había visto probablemente atacarían a cualquiera, si tuvieran la oportunidad.

Ella asintió.

—La parte difícil será derribar a este humano antes de que pueda lanzar cualquier tipo de alerta a alguien. Llevan teléfonos móviles. Debe haber una torre de antena cerca.

—Tal vez tenga que informar cada pocas horas.

Naruto sacudió la cabeza.

—Eso no será ninguna preocupación, siempre y cuando no tenga que matarle.

—No es como si nos fuese a ayudar, si está trabajando para el Maestro, como crees.

—No va a tener una opción. Un Vampiro ya fue capaz de hacerse cargo de su mente. Puedo entrar en su mente con la misma facilidad.

Eso la perturbó.

—¿Con control mental?

Naruto asintió con la cabeza. Eso le hizo pensar en todas las discusiones que habían tenido.

—Gracias por no hacerme eso a mí.

—Los VampLycans tenemos honor, Hinata. No te haría eso a menos que me diera la impresión de que no tenía otra elección. A vida o muerte.— aclaró.

—Aun así, te lo agradezco.

Naruto tragó saliva, mirándola fijamente.

—También te dieron mi sangre. Es probable que ya esté fuera de tu sistema, pero también es posible que eso te diera una inmunidad temporal. No te preocupes demasiado.— se levantó. —Voy a necesitar tu ayuda para atraer al humano fuera de su cabaña. Podría ser peligroso, pero estaré siempre contigo, apenas fuera de la vista. Sabemos que el Maestro te quiere viva e ilesa. Eso es algo que podemos usar a nuestro favor.

—Soy el cebo, ¿no?

Naruto le sonrió. —Sí.

—Fantástico.

Hinata se puso de pie.

—Sin embargo, antes de que hagamos esto siento que necesito decir algo.

—No tenemos tiempo que perder. Puedo oír tu estómago gruñendo y estás temblando. —Naruto levantó la barbilla.—Tenemos que estar en esa cabaña antes de que se ponga el sol y los chupasangres comiencen a cazarnos.

Hinata encaró su mirada.

—¿Qué pasa si estás equivocado y esta persona es sólo un tipo normal que vive en el bosque?

—Entonces, esta noche los Vampiros entrarán en la cabaña buscando comida. Es una posición defensiva mejor que estar a la intemperie. También tendremos el elemento sorpresa, porque los VampLycans evitan a los humanos. Ellos no esperarán que hagamos esto, y creerán que solo están atacando a un humano. Nunca le haría daño a un inocente, Hinata.

No podía poner pegas a nada de lo que había dicho, y estaba hambrienta. La idea de dormir en una cama, en lugar de estar tirada en la tierra, la hacía estar dispuesta a aceptar el plan de Naruto.

—Hagámoslo. Y espero que la cabaña tenga agua caliente. Mataría por una ducha. ¿Qué es lo que quieres que haga?

Naruto se puso de pie.

—Voy a llevarte hasta la cabaña, quiero que permanezcas oculta, que cuentes lentamente hasta cien, y luego corras hasta la puerta. Golpea y grita pidiendo ayuda, dile que estás siendo perseguida por un oso hambriento. Debería abrirte la puerta enseguida. Cuando lo haga, salta rápido y mantente alejada de mi camino.

—Esperas que él no te vea. — adivinó ella.

—No me verá. Sólo apártate del camino en cuanto te abra la puerta. Retrocede y túmbate. ¿Entiendes?

Ella asintió.

—Sí.

—Vámonos.

La ansiedad de Hinata se elevó mientras seguía a Naruto por el bosque hasta que se detuvieron ante un claro. Una pequeña cabaña había sido construida allí, junto a un arroyo. Todas aquellas cosas que podrían salir mal pasaron por su cabeza.

Naruto posó su mano en su hombro, caminó detrás de ella, y agachó la cabeza.

—Recuerda que debes contar lentamente hasta cien. Entonces corre como si tu vida dependiera de entrar en esa cabaña. Finge que soy un oso trastornado, con unas garras más grandes que tu cabeza y estoy detrás de tu culo. ¿Lo tienes?

—Desde luego, si esa es tu versión de un discurso de motivación, eres un tipo aterrador.

Naruto se rió entre dientes y retrocedió. Hinata le observó bordear el claro, dirigiéndose hacia la parte trasera de la cabaña.

Contó silenciosamente en su cabeza. Su ritmo cardíaco aumentó, temerosa de lo que tendría que enfrentar cuando cruzara ese claro.

Sin embargo, el Maestro la quería viva, por lo que sus posibilidades de no ser herida por quien viviera dentro de esa cabaña eran muy buenas.

Su peor temor era que pudiera haber una sorpresa esperándoles. Naruto sólo había visto a una persona, pero eso no significaba que no hubiera más gente escondida en su interior.

Hinata llegó hasta cien, respiró hondo y corrió hacia adelante.

—¡Ayuda!

Sus pies le dolieron un poco mientras corría, pero los ignoró, imaginándose a Urashiki persiguiéndola.

—¡Ayúdame! Me va a matar.

Llegó a la cabaña, subió los cinco escalones y golpeó la puerta con sus puños, jadeando.

—¿Hay alguien dentro? ¡Un oso va a matarme! ¡Ayuda!

Un cerrojo se deslizó desde el otro lado y ella retrocedió, miró precipitadamente alrededor del estrecho porche, luego de nuevo a la puerta cuando se abrió bruscamente.

El hombre que la abrió debía tener sus buenos treinta y tantos años, estaba bien afeitado y era de cabello oscuro. Sus ojos marrones demostraron su sorpresa.

Hinata se desplomó a su lado, fingiendo desmayarse, pero usando sus brazos para proteger su cabeza y sus costillas mientras caía.

Un movimiento en la parte superior de la cabaña le llamó la atención y vio con asombro como Naruto cayó desde el techo y casi aterrizó sobre aquel hombre que había salido al porche. La mano de Naruto se enganchó alrededor de su garganta y le aplastó con fuerza contra la jamba de la puerta.

Hinata se sentó y observó cómo Naruto se acercaba casi nariz a nariz con el desconocido.

—No te muevas.— le exigió Naruto.

El hombre al que mantenía bien agarrado se mantuvo completamente inmóvil.

»—¿Cuáles son tus órdenes?

—Encontrar a la mujer, no lastimarla y disparar al hombre con los dardos que me dieron.— dijo el desconocido. —Luego llamar pidiendo ayuda de inmediato.

—¿Llamaste a alguien cuando oíste a la mujer en tu puerta?

—No.

—¿Estás aquí solo?

—Sí.

Hinata se puso de pie, acercándose a la cabaña para poder ver la cara de Naruto. Sus ojos se habían vuelto de un brillante color dorado. La miró y ella se olvidó de respirar durante un segundo. Naruto levantó la mano, impidiéndole ver su rostro.

—Hinata, vuelve la espalda. —Ella vaciló.—¿Quieres que también te controle? Haz lo que te dije, ¡ahora!

Se giró, curiosa, pero advertida.

—Responde mis preguntas. ¿Cuándo informaste por última vez?

—Lo hice cuando llegué a casa.

—¿Cuándo se supone que debes hacerlo de nuevo?

—El Rey Jigen dijo que le llamara si veía o escuchaba algo esta noche. De lo contrario, tendré que llamarle por la mañana para hacerle saber cuándo reinicio mi búsqueda.

—¿Hablas con el Rey Jigen o con alguien más?

—Sólo con el Rey Jigen. Es un placer servirle. Debo dispararte con un dardo y llamarle de inmediato.

—Olvídate de la pistola. Quiero que duermas hasta que te diga que te despiertes. Hazlo ahora.

Pasaron largos segundos y Hinata miró hacia atrás. Naruto se había ido, igual que aquel hombre, y la puerta de la cabaña estaba abierta.

Los siguió adentro, deteniéndose de inmediato. Naruto había arrojado al hombre inconsciente tumbado de espaldas en el suelo, a pocos metros de la puerta, y estaba abriendo un armario al otro lado de la habitación.

Hinata miró a su alrededor. La cabaña tenía un espacio abierto con un desván encima en un lateral. Una cocina y un cuarto de baño habían sido escondidos debajo de ese desván. El mobiliario era escaso y tenía un ambiente rústico, con las paredes de troncos expuestos. Su mirada volvió al hombre derribado. No se movió.

—¿Está bien?

Naruto cerró el armario, luego subió por la escalera hasta el desván.

—Está vivo y debería permanecer dormido. No le toques ni te acerques demasiado hasta que encuentre algo para atarlo. Todavía no estoy seguro de lo profundas que fueron implantadas sus órdenes. Es posible que pueda despertarse si su mente está realmente desordenada o controlada.

Hinata se mantuvo alejada del hombre derribado, retrocediendo. Se volvió, miró los árboles a través del espacio despejado y cerró la puerta. La bloqueó, por si alguien aparecía en la cabaña.

Menos de un minuto después, Naruto bajó la escalera con las manos vacías. Se acercó a la mochila del suelo cerca de ella y se arrodilló, abriéndola.

—Debería haber revisado aquí en primer lugar.

Hinata frunció el ceño ante la visión de los anticuados grilletes que Naruto sacó de la mochila. Eran unos voluminosos grilletes con alrededor de un palmo de cadena entre ambas esposas.

—¿Qué demonios?

—Supongo que consiguió esto de algún Vampiro. Son más fuertes que las esposas normales.

Naruto se volvió, caminó sobre sus rodillas hacia el tipo que yacía en el suelo y le hizo rodar. Puso los grilletes en sus muñecas, esposándoselas a la espalda.

—Parecen un poco oxidadas. Tal vez deberíamos encontrar alguna cuerda o algo más.

—Si debían ser lo suficientemente buenas para mí, serán lo suficientemente buenas para él.— espetó él.

Hinata abrió la boca y luego la cerró. No valía la pena discutir. Había escuchado cada palabra que había intercambiado con ese hombre y Naruto tenía razón. El tipo estaba trabajando para el Maestro. Habría disparado un dardo a Naruto para noquearle y a ella la habría devuelto a esa horrible mina, si hubiera podido hacerlo.

—Estoy hambrienta.

—Dúchate primero. Tienes frío.

—¿Crees que hay agua caliente?

—Probablemente. Tiene paneles solares y un lavadero cubierto en la parte trasera. Significa que hay un generador y posiblemente un tanque de agua. Voy a revisar nuestra situación de armas.

En otras palabras, la quería fuera de su camino. Pero no se quejó. Al menos esta vez no estaba ordenándole que cocinara.

Hinata corrió hacia el baño, agradecida de que la cabaña tuviera electricidad cuando pulsó un interruptor y la luz se encendió.

Cerró la puerta y frunció el ceño ante aquel baño tan básico. Tenía una ducha y un inodoro, pero ningún lavabo. Sin embargo, eso no le importó mientras abría el grifo del agua y esperaba medio minuto, pasando sus dedos bajo el chorro. Comenzó a calentarse.

—¡Sí!

Naruto no pudo evitar sonreír cuando oyó que Hinata murmuraba aquella única palabra. Había estado bastante seguro de que la cabaña tendría agua caliente. Había sido construida robusta como para ser usada durante todo el año, no era sólo una pequeña cabaña de caza de verano. Localizó dos armas en la cabaña, incluyendo una escopeta, y luego volvió junto al durmiente humano. Le hizo rodar de costado y se arrodilló, acercándose.

—Despierta y mírame.— le exigió.

Los ojos del hombre se abrieron y Naruto se concentró, empujando su poder hacia la mente del hombre.

—¿Cuáles fueron tus órdenes exactas sobre la mujer?

—El Rey Jigen la quiere viva y totalmente ilesa. Es muy importante para él.

—Apuesto a que lo es.

Todavía le molestaba pensar en los planes reproductivos del Maestro para Hinata.

—¿Cuántas personas están trabajando contigo durante el día?

—Somos ocho.

—¿Cuántas están cerca de aquí?

—Tres más.

—¿Dónde están?

—Una pareja que tienen una cabaña junto al arroyo, dos kilómetros más abajo, donde se encuentra con el río principal. La siguiente cabaña está a unos cuatro kilómetros al norte.

—Descríbemelos.

Naruto escuchó sus descripciones, notando que ninguno de los hombres eran los dos que les habían atacado antes en el río. El humano se calló, mirándole fijamente.

—¿Alguno de ellos suele venir aquí por las noches?

—No. No se nos permite salir después de que el sol se pone, hasta que se eleva. Debemos ignorar cualquier sonido a menos que pensemos que eres tú o la mujer. Entonces se supone que debemos llamar, pero debemos permanecer dentro.

Era como había pensado. El Maestro temía que sus soldados mataran a sus esclavos humanos.

—¿Cómo obtienes tus suministros?

—Camino hasta la cabaña de la pareja y los recojo.

—¿Cómo consiguen ellos esos suministros?

—Tienen un barco.

No era lo que Naruto quería escuchar.

—¿Tienes un vehículo? ¿Ellos?

—Tengo una moto de cross, pero estoy bajo de combustible para ella. Mi compañero es dueño del barco y una pequeña retroexcavadora. Están a punto de expandir su cabaña. La mujer está embarazada.

Naruto sintió lástima por aquellos humanos. No era culpa suya que estuvieran ayudando a los Vampiros, ya que estaban siendo controlados mentalmente. El hecho de que la mujer estuviera embarazada lo empeoraba. El Maestro podría decidir deshacerse de ellos cuando ya no sirvieran a sus propósitos.

—Vuelve a dormir y mantente así hasta que yo te diga lo contrario. Estás agotado.

El humano cerró sus ojos y su cuerpo se relajó. Naruto le agarró, le levantó y se acercó al armario. Abrió bruscamente la puerta, depositó suavemente al hombre en aquel pequeño espacio cerrado y le dejó allí dentro. Cerró la puerta y la bloqueó para que el humano no pudiera salir. Luego se acercó a la puerta de la cabaña.

Hinata la había cerrado con llave, pero no había notado el sistema secundario que tenía para asegurarlas. Naruto alzó las dos robustas barras y las encajó en los dos soportes situados a cada lado del marco de la puerta.

Probablemente este humano había tenido algunos osos intentando entrar en su cabaña y había añadido este sistema de barras de refuerzo para ayudar a mantenerlos fuera.

Había sólidas persianas en el interior de las ventanas. Las cerró y puso más barras en las dos de la planta baja. Luego comprobó el desván. No tenía ninguna ventana. Los osos debían ser un gran problema en éste área para que el humano hubiera tomado tales medidas. Eso era una buena cosa ahora. Sería más difícil para cualquier Vampiro irrumpir en la cabaña, ya que tendrían que poner cierto esfuerzo en ello.

Encendió una luz en el desván, una pequeña lámpara, a continuación, simplemente saltó sobre la barandilla hasta aterrizar en la planta principal.

Naruto echó un vistazo a la puerta cerrada del baño, luego entró en la cocina, encendiendo la luz. Ambos necesitaban comer. El humano estaba bien provisto de comida enlatada. Utilizó su garra para cortar la parte superior de dos de ellas y volcó el estofado en una olla. Frunció el ceño ante el quemador automático y averiguó cómo encenderlo. La cocina era tan básica como era posible y no había ninguna nevera.

El agua se apagó en el cuarto de baño y Naruto se dio cuenta de que Hinata no tendría ropa, a menos que se pusiera la ropa húmeda. Probablemente debería regresar al desván y conseguirle algo de ropa para usar, pero se quedó dónde estaba, usando un cucharón para revolver la mezcla de carne y verduras que había puesto en la cazuela.

Una sonrisa curvó sus labios. Le gustaba verla solo con una toalla. Incluso podría arrebatarla de su cuerpo otra vez.

Sin embargo, su diversión se desvaneció rápidamente cuando la puerta del baño se abrió y ella salió solo con una toalla. Su piel estaba sonrosada por el agua caliente, su cabello todavía mojado, y la visión de sus piernas y la parte superior de sus senos expuestos a la vista le despertaron un hambre nueva. La deseaba. Su polla se endureció y el deseo se extendió a través de él.

«Mierda. La atracción no se está desvaneciendo. No puedo desear a una humana.»

—Esa ducha se sentía como el paraíso. Hay agua caliente. Me aseguré de dejar algo para ti. Supongo que es limitada, ¿verdad? Quiero decir, probablemente hay un tanque de agua muy pequeño para esta cabaña. Miré en los armaritos.

» No había cepillos de dientes nuevos, pero tenía hilo dental y mucha pasta de dientes. Creo que hice un buen trabajo con mi dedo para conseguir limpiar mis dientes. Nunca voy a dar nada por sentado de nuevo.— le sonrió. —¿Viste alguna ropa arriba que podamos tomar prestada?

—Sí.

Hinata se acercó a la escalera y se quedó paralizada.

Naruto volvió a remover la cazuela, pero mantuvo la mirada fija en ella. Tenía una piel muy suave. Delicada. Pálida y rosada, tan ajena a lo que era habitual para él. Las mujeres VampLycan tendían a ser muy bronceadas y estar tonificadas, muy en forma. Eran más grandes. A su polla no parecía importarle que Hinata no fuera su tipo normal o que fuera humana.

—¿Algún problema?

Naruto adivinó por qué se detuvo. Tendría que soltar su agarre en la parte superior de la toalla para subir. De hecho, la toalla podría caerse y exponer cada centímetro de su cuerpo ante él. Hinata le miró directamente a los ojos.

—Um, ¿por qué no termino yo de cocinar eso y tú subes a buscarme algo limpio para que pueda ponérmelo?

Hinata se volvió un poco y se acercó más a Naruto.

—Yo no haría eso, si fuera tú.— le advirtió él.

Ella se detuvo, arqueando las cejas en modo interrogativo.

—¿Hacer qué?

—Acercarte a mí.

Hinata bajó la mirada, fijándose en la parte superior de sus propios pechos expuestos sobre el borde de la toalla. Dio un paso atrás.

—Ni siquiera pienses en ello. Tus ojos están cambiando de color de nuevo.

Naruto levantó la mirada hacia la suya.

—Entonces no te pongas tan poca ropa estando a mi alrededor.

—No había nada más en el baño para ponerme. No vamos a pasar por esto de nuevo. Choque de trenes, ¿recuerdas?

—Como si pudiera olvidarlo.

Naruto apartó la mirada para mirar hacia el estofado.

—Sube hasta allí y encuentra algo. Hazlo ahora. No miraré.

Un movimiento por el rabillo del ojo le aseguró que Hinata había seguido su orden. Deseaba mirar, pero la última cosa que necesitaba era involucrarse con ella más de lo que ya estaba. La sangre que se habían visto obligados a compartir ya debería haber desaparecido. El hecho de que todavía se sintiera tan atraído por ella le irritaba. Peor aún, le asustaba.

¿Y si no fuera sólo el vínculo de sangre lo que le hacía sentirse atraído por Hinata? ¿Y si no fuera un sentimiento que se disipara con el tiempo?

—Maldición.— gruñó.

—Ten cuidado. ¿Te has quemado?

Miró hacia el techo, capaz de seguir su rastro por el sonido mientras se movía por el suelo del desván.

—Simplemente ponte algo de ropa. El estofado está tan caliente como estoy dispuesto a hacerlo. Estoy hambriento.

—Yo también.

Pero, una vez más, la deseaba a ella más que a la comida. Su cólera creció. No podía emparejarse con una maldita humana.


Continuará...