Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
DI QUE SÍ
Hinata se puso una camiseta de gran tamaño y un par de bóxers. El resto de las opciones de pantalones que había encontrado estaban sucias o eran jeans en los que no podía encajar. El dueño de la cabaña parecía tener una elección limitada sobre qué ponerse. Bajó la escalera y encontró a Naruto colocando dos cuencos en la pequeña mesa. Sólo había una silla, pero le indicó que la usara ella.
—Gracias.
—Sólo tiene agua y licor para beber.— Naruto frunció los labios. —Voy a ducharme. Grita si oyes al humano moviéndose en el armario, ¿entiendes? No intentes enfrentarte a él tú misma, ni mover la silla que usé para encerrarlo allí. Estoy seguro de que permanecerá dormido, pero prefiero prevenir que curar. Sus manos están aseguradas detrás de su espalda, pero eso no lo hace menos amenaza para ti.
—¿Qué pasa con tu comida?
—Voy a darme prisa y no cerraré la puerta del todo, para poder escucharte si me necesitas.
Entonces salió de la pequeña zona de la cocina y entró en el cuarto de baño.
Hinata se sentó y miró el contenido del tazón. Por lo general, no le gustaba el estofado, pero el hambre la hizo cambiar de opinión cuando levantó la cuchara, sopló sobre ella y tomó un bocado. Cerró los ojos, masticando. Estaba un poco demasiado caliente pero no iba a quejarse. Había pasado mucho tiempo desde la mañana y esto superaba al desayuno que había tenido.
Miró alrededor de la cabaña y recordó que el dueño tenía un teléfono móvil. Fue tentador encontrarlo y usarlo. Sin embargo, Naruto se cabrearía y Hinata recordó lo fácil que había parecido controlar la mente del hombre al que había capturado y encerrado en el armario. Recordó también su advertencia de que la policía no podía ayudarla, y finalmente lo entendió. Un Vampiro podría hacer lo mismo con la policía, hacerse cargo de sus mentes y controlarles.
—Maldición.
Terminó su comida y se puso de pie, llevando el cuenco y la cuchara al pequeño fregadero. Estaba a punto de lavarlos, pero en su lugar simplemente las dejó. Esperaría hasta que Naruto comiera y los lavaría todos al mismo tiempo.
El ruido la sacó de la cocina justo cuando Naruto salió del baño. No se cansaba de contemplarle. Tenía un cuerpo inmejorable, y odiaba notar todos esos músculos mientras le miraba rápidamente antes de que él la atrapara.
Naruto estaba mirando hacia la puerta, como para asegurarse de que no había causado ningún lío. No lo había hecho. Entonces, él se volvió más y su mirada se encontró con la suya.
—¿Ningún problema?
—No.
—El sol ya debe haber caído lo suficiente como para que los Vampiros y los soldados estén al acecho.
Eso fue una cosa desalentadora para escuchar.
—Que guay.
Naruto frunció el ceño, sus labios se torcieron hacia abajo.
—El sarcasmo nunca es atractivo, Hinata.
—¿Cómo te gustaría que reaccionara a que me digas eso?¿Estrujarme las manos y encogerme? ¿Llorar? Ya entiendo que se hace de noche.
—Fue una advertencia. Y tienen muy buena audición. No se supone que debe haber una mujer aquí. Probablemente sea mejor si no hablamos en absoluto.
Hinata levantó la mano y le hizo un saludo. Era tentador doblar tres de sus dedos y el pulgar para darle un tipo diferente de saludo, pero se resistió. Todavía le valió un gruñido y Naruto se acercó, deteniéndose a menos de un palmo de distancia. Tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para seguir mirándole a los ojos.
—No estoy del mejor humor.
—No tenía ni idea.
Un brillante color dorado se extendió a través de su iris, asumiendo el control del azul. La forma en que podía hacer eso todavía la asombraba. Sus emociones causaban una reacción física en sus ojos.
—¿Qué te acabo de decir?
—Que no estás del mejor humor.— repitió ella.
—¿Del sarcasmo?— insistió Naruto.
—Que no es atractivo.
—Exactamente. Voy a ir arriba y encontrar algo de ropa.
—Bien.
Pasó a su alrededor, rozando su brazo contra el suyo. Su piel se sentía un poco húmeda y muy caliente donde se tocaron. Hinata giró su cabeza, observándole mientras comenzaba a subir la escalera.
La toalla envuelta alrededor de su cintura no se cayó, pero le abrazó el culo cada vez que levantaba las piernas, recordándole que lo tenía muy atractivo. Sintió un poco de culpa cuando él llegó a la cima y se alejó de su vista. Una parte de ella había deseado haberle visto perder esa toalla.
Hinata se giró hacia la parte delantera, miró la puerta, y deseó que nadie apareciera durante la noche.
—Eso sería malo.— susurró.
El desván crujió.
—¿Qué?
Se dio la vuelta y encontró a Naruto de pie en lo alto del desván, preguntándole.
—Nada.
—No debes hablar en absoluto. ¿No me escuchaste bien?
Ella selló sus labios y entró en la cocina, fuera de su vista. Una jarra de agua embotellada estaba posada en el mostrador. Encontró un vaso y se sirvió un poco, bebiéndoselo todo. Era una buena cosa que estuviera cansada. Dormir sonaba bien. Se acercó al único sofá y se sentó.
Se estremeció cuando levantó las piernas, un recordatorio de que sus muslos estaban doloridos. Levantó uno, se inclinó hacia delante y vio el enrojecimiento allí donde su ropa mojada la había irritado antes, mientras cabalgaba sobre la espalda de Naruto. Sin embargo, esas ligeras abrasiones se desvanecerían. No estaba sangrando. Las cosas podrían ser peores.
Un suave ruido llamó su atención y se enderezó, mirando por encima del respaldo del sofá. Naruto simplemente llevaba puesto otro par de bóxers. Parecían un poco apretados alrededor de sus caderas y Hinata podía distinguir claramente el contorno de su polla. Giró la cabeza, mirando fijamente a la chimenea en lugar de mirarle a él.
El marco de la chimenea era de madera, pero el hogar de la chimenea estaba construido con piedras pequeñas y lo que parecía cemento.
Naruto se puso a comer. Había tanto silencio, que podía oír el ligero tintineo cada vez que su cuchara tocaba el cuenco. La oscura habitación empezaba a molestarla. Estaba en un lugar extraño, y no necesitaba a Naruto para recordarle lo que podría estar acechando fuera de la cabaña.
Había pasado suficiente tiempo encerrada dentro de la mina como para, probablemente, no volver a sentirse segura por la noche jamás, ahora que sabía lo que podía atravesar la puerta. Su secuestro pasó por su memoria.
—O vienen a través de las ventanas.— murmuró en voz baja.
—Están cerradas y bloqueadas con barras a través de ellas.
La suave voz de Naruto la hizo sobresaltarse y le observó mientras se sentaba a pocos pasos de ella.
—¿No haces ningún sonido cuando te mueves?
Se dio cuenta de que se había apretado la mano contra su propio pecho. Le había dado un buen susto.
—Supuse que estabas hablando conmigo.
Naruto se retorció un poco, mirándola fijamente.
—Hablo conmigo misma a veces. Esa fue una de ellas.
—Se supone que no debes hacer ningún ruido.
—Estamos casi susurrando.
—Y un Vampiro puede oír eso.
—Estoy nerviosa.— admitió.
—O bien va a atacarnos o no lo harán.
Hinata ajustó su cuerpo para encararlo y el movimiento hizo que se frotase parte de su muslo contra el material áspero del sofá. Se encogió ante el leve dolor. Naruto se inclinó más cerca.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—No me mientas. ¿Estás herida?— la olisqueó. —No huelo la sangre.
—Estoy un poco sensible.
—¿Tus músculos?
—Mis ropas estaban mojadas y se frotaron contra mi piel. No es malo. Más bien como una erupción.
—Déjame ver.
—De ninguna manera.
Hinata se recostó más contra el sofá.
—Eso sólo ocurrió en el interior de mis muslos. Ahí es donde más nos frotamos juntos.
Naruto volvió la cabeza, mirando hacia la puerta. Eso le hizo tener miedo, y se tensó. Era posible que él pudiera oír algo que ella no podía, como a algún Vampiro.
Pasaron largos segundos y Naruto se puso de pie.
Hinata miró a su alrededor buscando un arma, cualquier cosa que usar si alguien pateaba la puerta. Naruto se acercó a la chimenea y se agarró a la repisa. Sólo se quedó allí de pie.
Hinata miró entre él y la puerta. Pasó más tiempo y finalmente ella se relajó.
—¿Qué estás haciendo?— susurró tan suavemente como pudo.
—No preguntes.— susurró.
—Está bien.
Hinata frunció el ceño. Finalmente, Naruto soltó el borde de la repisa y se volvió. Su rostro estaba en la luz desde el otro lado de la cabaña y su expresión sombría no presagiaba nada bueno mientras miraba hacia ella.
Sus ojos eran más dorados que azules otra vez, eso tampoco era una buena señal. Lo había deducido después de pasar tanto tiempo con él. Naruto dio un par de pasos más y luego se detuvo.
—Las infecciones son fáciles de conseguir para los humanos. Déjame ver tus malditos muslos.
—Te dije que no es nada.
—No necesitamos que te enfermes. Mañana por la noche llegaremos al territorio de VampLycan, si vuelves a montarme. Eso significa que tienes que estar lo suficientemente bien como para aferrarte a mí, y no con dolor. Déjame ver. Puedo curarte.
—¿Cómo?
—Mi sangre.
Hinata sacudió la cabeza e hizo una mueca.
—No, gracias. No más inyecciones para mí y tampoco voy a beber tu sangre.—Entonces se levantó.—Me voy a dormir. ¿Te importa si uso la cama?
—Hinata.
Naruto frunció el ceño.
—Buenas noches.
Huyó alrededor del sofá y subió la escalera hasta el desván. La lámpara no daba mucha luz, pero la quería encendida. De esa manera, si algo trataba de entrar, no estaría en una total oscuridad. Estaba muy harta de eso.
La cama no era muy grande, tal vez doble, y fue una grata sorpresa cuando se acostó sobre ella. Era cómoda y tenía flexibilidad, sin ser demasiado firme. Era mucho mejor que dormir en el suelo o en aquel horrible catre que los Vampiros le habían proporcionado en la mina. Se acostó de lado, se encogió en una bola y cerró los ojos.
Mañana por la noche esperaba que estuvieran donde quiera que viviera Naruto. Podría irse a casa.
«¿Y entonces qué? Mierda.»
Entonces estaría sola. Su vida tendría que cambiar. Tendría que mudarse de inmediato.
Los Vampiros ya la habían sacado de su apartamento una vez, así que sabían dónde vivía. No había mucho dinero en su cuenta de ahorros, pero tenía buen crédito. Podría pedir un préstamo de emergencia y usar sus tarjetas de crédito para conseguir un nuevo apartamento. Probablemente sería una buena idea dar aviso también en su trabajo. Podrían controlar a los humanos para que ni siquiera estuviera a salvo durante el día.
«También significará decir adiós a Naruto.»
Una opresión llenó su pecho y tuvo que respirar a través de ello. Puede que Naruto estuviese feliz de deshacerse de ella, pero Hinata le echaría de menos.
.
.
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Naruto se paseó por el pequeño espacio habitable, su mirada subió hacia el desván.
Le molestaba que Hinata no le permitiera ver sus heridas. Era posible que estuviera mintiéndole sobre la gravedad de las mismas. No había olido sangre y no parecía tener dolor cuando se apresuró a alejarse de él.
Naruto tenía muchas cosas en su mente. Sin embargo, primero necesitaba ponerse en contacto con su padre. No recordaba su número de teléfono. La tecnología moderna no siempre era una buena cosa, con la facilidad para hacer llamadas realizadas por la electrónica de almacenamiento de información en un toque. Tendría que llamar al albergue. Ese número estaría en algún listín telefónico. El padre de Izumi podría transmitir el mensaje o darle el número de su padre.
Se dirigió hacia la mochila y luego se detuvo. Su padre vendría. Le pediría a Sasuke, Konohamaru y Kawaki que se unieran a él, y dudaba que su padre esperara hasta mañana. Su grupo se enfrentaría a cualquier Vampiro que intentara detenerlos, y llegarían en cuestión de horas.
Significaría ayuda... pero eso también pondría fin a su tiempo a solas con Hinata.
Naruto se mordió el labio. Su padre trataría de convencerle de que la enviara de regreso al mundo humano, a pesar del peligro en que la pondría eso.
Continuó paseándose, discutiendo consigo mismo dentro de su cabeza. Hinata estaría más segura si él tuviera el respaldo de su padre y sus amigos. Pero de ninguna manera le permitiría regresar a Oregón. El Maestro enviaría a su Nido detrás de ella y volverían a capturarla. Una vez que se difundiera la noticia de que habían secuestrado a Naruto, los otros Clanes estarían en alerta, advirtiendo a sus miembros. Eso significaría que el bastardo loco intentaría hacerla criar con un Lycan.
«No permitiré que eso suceda.»
Dejó de pasearse y miró hacia el desván. Su padre y sus amigos tratarían de convencerle de que dejara marchar a Hinata.
Tampoco estaría segura con su Clan. Algunos de ellos realmente odiaban a los humanos. Hidan y sus amigos la atacarían, obligando a Naruto a luchar contra ellos para defenderla, y ellos tendían a no tener honor. Le atacarían en un pequeño grupo, en lugar de hacerlo de uno en uno.
«¡Maldición, maldición, maldición!»
Aún no estaba seguro de qué hacer, así que pospuso esto de hacer la llamada y buscar ayuda para llegar a casa. Era mejor centrarse en la noche que tenían por delante.
Primero, eso significaba tratar las lesiones de Hinata.
Se acercó a la escalera y la subió. Hinata lucharía con él, pero no le importaba. Además, le molestaba que pudiera estar sufriendo.
Hinata estaba acostada de lado cuando él se acercó a la cama.
Sus ojos se abrieron y ella le miró fijamente.
—¿Hay alguien afuera?
—No, pero podría ser así.
Naruto mantuvo su voz tan baja como la de ella.
—Tienes que permanecer muy callada.
—Estaba tratando de dormir hasta que se te ocurrió subir aquí. Me dijiste que no hablara.
—Muéstrame tus heridas.
Su boca se abrió sorprendida.
—Solo estaba recordándote por qué no puedes discutir conmigo.— dijo él. —Los humanos se infectan con facilidad, y esto no te lo estoy preguntando. Es una orden. Muéstrame dónde estás dolorida.
Sus ojos se estrecharon y cerró la boca herméticamente. Pero no se movió. Naruto se sentó en el borde de la cama, se retorció y tiró de la manta que había utilizado para cubrir sus piernas. Esperaba que ella le golpeara o, al menos, intentara alejarse. Pero se limitó a mirarle con el ceño fruncido.
—¿Dónde?
—Está bien.— susurró.
Hinata rodó sobre su espalda y movió un poco la cama, poniendo su cabeza más hacia el otro lado. Se quedó quieto, observando como ella agarraba los dobladillos de los bóxers que llevaba puestos y los levantaba, separando sus piernas ligeramente para exponer el interior de sus muslos. Miró hacia abajo, viendo la piel roja y sensible.
No pudo evitar tragar con fuerza. Hinata tenía los muslos atractivos, y el material amontonado cubría su sexo pero no mucho más. Los bordes inferiores de su culo estaban desnudos.
—¿Contento? Te dije que estaban bien.
Se volvió más para mirarla y sujetó suavemente sus rodillas. Apartó las piernas y se inclinó para ver mejor. No había cortes, pero la piel parecía un poco inflamada.
—Puedo arreglar esto.
—Paso.
Naruto levantó su mirada.
—No estoy seduciéndote.
—Quiero decir que estoy bien. Paso de que me obligues a beber tu sangre.
—No tendrás que hacerlo.
Naruto la soltó, se deslizó por la cama y se puso de rodillas, volviendo a mirarla. Se estiró, la enganchó detrás de las rodillas con ambas manos y tiró de ella hacia él.
Hinata jadeó suavemente, pero no luchó cuando Naruto colocó sus piernas a cada lado de él y la maniobró para que sus rodillas estuvieran dobladas. Entonces abrió más sus muslos y se puso cómodo.
—¿Qué estás haciendo?
Hinata miró su torso, levantando su cabeza para mirar más abajo, a su cintura.
—No intento follarte, si eso es lo que te preocupa. Sé que la posición es íntima, pero mantén los muslos extendidos.
—¿Qué vas a hacer, Naruto?
Él soltó sus piernas.
—Mantén el bóxer fuera de mi camino. Voy a morderme la lengua y lamer los puntos doloridos. Se curarán rápidamente. Quédate quieta, Hinata.
—Choque de trenes.— murmuró ella, pero echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. —Sólo te lo recuerdo. Esto es realmente una mala idea.
Naruto estuvo de acuerdo, pero dejó que sus colmillos se extendieran. No fue difícil de lograr, mirando sus muslos y sus piernas extendidas delante de él. Su polla se endureció, pero trató de ignorarlo.
Mordió la punta de su lengua, siendo el dolor una distracción bienvenida. El sabor cobrizo le aseguró que sangraba. Puso sus manos sobre sus piernas por encima de sus rodillas, por si acaso trataba de alejarse de él, luego se inclinó hacia delante, abriendo la boca.
Humedeció su piel, pasándole la lengua por encima. Hinata respiró hondo pero se quedó inmóvil bajo él. Le gustaba el sabor de su piel, así como aquella suavidad contra su lengua. Se retiró un poco, lamió sobre la misma área, y movió una mano usando el pulgar para limpiar su saliva teñida de rojo. Su piel se curó mientras la observaba.
—Eso hormigueó.
—Está funcionando. Relájate.
Se mordió la lengua una vez más y comenzó a lamer a su otra pierna, subiendo alto en el muslo para cubrir todas las áreas rojas. Puso su nariz directamente sobre la costura de su sexo. El material de los bóxers no era una gran barrera. Su polla se endureció aún más.
«Enfócate.» se ordenó a sí mismo.
Sin embargo, eso era difícil de hacer cuando todo lo que realmente quería era tirar de esos bóxers y colocar su boca sobre su sexo. A Hinata le gustaría tanto como él lo deseaba, si tan sólo pudiera tener acceso a su clítoris.
Se aseguró de lamer toda la piel que parecía dolorida, se retiró hacia atrás, y utilizó su mano para limpiarla de nuevo, viéndola sanar. Ver su piel perfecta y pálida fue su recompensa. Toda la irritación y enrojecimiento se desvanecieron rápidamente. Naruto la miró cuando ella levantó su cabeza, sus miradas se cruzaron.
—¿Funcionó?
—Sí.
Su voz salió demasiado profunda. Se aclaró la garganta.
—Ahora no tendrás ningún dolor.
—Correcto.
—¿Qué significa eso?
—Nada. Probablemente deberíamos dormir un poco.
—Sí.
Su mirada bajó hasta sus muslos.
—Um, ¿Naruto?
—¿Qué?
Naruto dejó que su mano acariciara su piel. Era muy suave.
—¿Qué estás haciendo ahora?
—Te deseo.
—Esto no puede funcionar.
—No me importa.
Se enderezó y se agarró por debajo de sus rodillas, arrastrándola por la cama hasta que sus piernas se separaron alrededor de sus caderas. Luego se inclinó de nuevo, sujetándola bajo él, apoyando sus brazos junto a los suyos. Naruto atrapó su cabeza entre sus manos y entonces se lanzó a por su boca.
Hinata jadeó cuando él la besó, dándole la oportunidad de ahondar más adentro.
Hinata sabía a menta fresca, acorde con lo que había dicho sobre usar la pasta de dientes que después había dejado en el cuarto de baño para que él también la usara.
Hinata se aferró a sus brazos y Naruto se esperaba que le arañase, que luchara, pero ella se aferró más a él... y le devolvió el beso. Luego sus piernas se levantaron y se envolvieron alrededor de sus caderas.
Naruto presionó su pelvis hacia adelante, frotando su rígido eje a lo largo de la costura de su coño.
Sus gemidos le incitaban, aunque no es que lo necesitara. Hinata puso su sexo contra el suyo y él gruñó, apartando su cara para poder mirarla a los ojos.
—Di que sí.
—Yo...
—No sé cuánto tiempo más tenemos juntos. Esta podría ser nuestra última noche.
Hinata se humedeció los labios y asintió.
—Quítate la ropa.
Se levantó y retrocedió cuando ella le soltó. Naruto empujó hacia abajo sus pantalones cortos y observó la lucha de Hinata para quitarse la camiseta. Sus pechos eran perfectos para él. Sus pezones estaban erizados y tensos.
Quería jugar con ellos, pero en cambio enganchó sus dedos en la cinturilla de sus bóxers, tirando de ellos. Hinata le ayudó levantando sus caderas. Luego los arrojó a través de la habitación. Navegaron por el borde del desván y desaparecieron en la planta de abajo.
Se abalanzó sobre ella, sujetándola contra la cama y tomando posesión de su boca.
Continuará...
