Naruto Y Hinata en:
MAS SALVAJE
UN PROBLEMA A LA VEZ
Hinata agarró con su puño la camisa de Naruto y éste se detuvo, afortunadamente. Ella jadeó, deseando caer de rodillas.
—Necesito descansar.
— Maldición.
Naruto se quitó la mochila y se volvió para mirarla.
—Como te gusta señalar, soy simplemente humana.
—Siéntate.
Hinata se sentó en la hierba a la sombra, pero no fue un gesto elegante de ningún modo. Naruto se agachó a su lado y abrió la mochila, dándole una botella de agua. Ella se recordó que debía beber a sorbitos. Vomitar sólo la haría sentirse peor. Le dolían ambos costados, los músculos desde el culo hasta los tobillos querían ir a la huelga, y estaba dispuesta a creer que cuando se quitase las ruinosas zapatillas que había robado de la cabaña, sus pies se verían como muñones sangrientos.
—No nos estamos moviendo lo suficientemente rápido.— se lamentó Naruto.
Hinata le estudió mientras tomaba otro sorbo de agua.
—Hemos estado corriendo y caminando deprisa por lo menos dos horas seguidas.
—Tuviste que parar a hacer pis y después exigiste un descanso para tomar agua.
—Lo siento. Una vez más, solo soy humana. No soy ningún tipo 'súper-asombroso' con 'extras'.
Naruto dejó de mirar alrededor y le sostuvo la mirada.
—¿Es así como me ves?
—No fue un insulto. De verdad. Estoy de malas, Naruto. Cansada. Sudorosa. Gruñona. Podría seguir adelante, pero no lo haré.
—¿Quieres que te lleve por un tiempo? Podrías ponerte la mochila y podría llevarte a cuestas.
Sonaba tentador, pero Hinata negó con la cabeza. Podría parecer que el ritmo no le estaba desgastando, pero notó la forma en que su cuerpo se mantenía tenso, su mirada vagando constantemente. También olfateaba mucho. Desde que habían salido de la cabaña, Naruto esperaba que fueran atacados en cualquier momento. Tenerla sobre su espalda podría distraerle. No quería tener que luchar por su vida. Ya era bastante malo correr para ello.
—Estoy bien. Sólo dame unos minutos.
Naruto sacó una barra de granola y se la entregó.
—Come.
Le agradecía que estuviera pensando en sus necesidades. Tomó un bocado de la barra seca y masticó. Eso ayudó a calmar su hambre. Se la terminó y le entregó el envoltorio. Naruto lo guardó dentro de la mochila, le ofreció otro trago de agua y se puso de pie.
—Lo sé.— murmuró ella, tratando de obtener la fuerza necesaria para levantarse sobre sus pies. —Hora de irse.
Naruto le tendió la mano y la levantó.
—Vamos a caminar durante un rato, pero debemos seguir en movimiento.
—Gracias.
Naruto asintió con la cabeza y se puso en marcha, caminando por el bosque. Hinata le siguió, cojeando detrás de él. Miró hacia atrás y ella trató de ocultarle su dolor, forzando una sonrisa. Volvió a mirar el bosque a su alrededor, haciendo su rutina olfativa.
Sabía que le estaba frenando. Él podría cambiar y correr. Fue tentador pedirle que lo hiciera de nuevo, pero no lo hizo. Aunque esta vez su ropa estaba seca, no significaba que no conseguiría quemaduras en el interior de sus muslos al montarle otra vez. Lo último que necesitaban era una repetición de la noche anterior. Él querría curarla con su lengua caliente y ella terminaría siendo jodida. Literalmente.
Su cuerpo respondió de inmediato a ese recuerdo. Naruto tenía un cuerpo increíble y sabía qué hacer con él. La había hecho correrse en un tiempo récord. Un espasmo se apoderó de su vientre, un dolor entre sus muslos sólo imaginándoselo dentro de ella otra vez. Tenía una gran polla. Estaba muy dura y era gruesa, y maravillosa.
Naruto se detuvo frente a ella tan rápido que se estrelló contra su espalda. Volvió la cabeza, mirándola con los ojos entrecerrados. Sus fosas nasales se agitaron y una sonrisa curvó sus labios.
—Tengo un buen culo.
¿Podía oler sus pensamientos sobre el sexo entre ellos? Era posible. Tenía una nariz que podía recoger casi cualquier cosa.
—No sé de lo que me estás hablando.
—Te estás mojando.
Deliberadamente, Hinata miró hacia el cielo y volvió a mirarle.
—No está lloviendo. Pensé que teníamos prisa. Ya sabes, tenemos que seguir avanzando, ¿no?
Naruto se encaró hacia adelante y comenzó a caminar de nuevo.
—Te voy a inclinar delante de mí cuando estemos a salvo y entonces te follaré.
—Eso no me motiva exactamente a seguirte.— le mintió ella.
Naruto bufó.
—Voy a tener que enseñarte una lección más tarde. Mentirme no es aceptable. Hueles como si quisieras ser follada.
—Tal vez sea una ilusión por tu parte. Lo único que quiero es descansar al menos una buena hora y poner los pies en alto.
Naruto negó con la cabeza.
—Estás distrayéndote, pensando en el sexo. Lo entiendo. También lo hago cuando mi cuerpo está cansado.
Los celos mostraron su lado oscuro. Se preguntó con quién fantaseaba. No le había preguntado demasiado sobre su vida de pareja. No tenía compañera. Eso es todo lo que realmente sabía en cuanto a las mujeres de su vida.
—¿Naruto?
—¿Qué?
Él siguió caminando.
—Um, ¿estás viendo a alguien?
Naruto se detuvo de nuevo y se volvió hacia ella.
—No. Los bosques están despejados.
—Quiero decir, como una novia.
—No habría follado contigo si estuviera comprometido con alguien más. Los VampLycans emparejados no engañan.—Se dio la vuelta para continuar. —Sigue moviéndote.
—No te pregunté si tenías compañera. Ya sabía que no. Quiero saber si hay alguna mujer con la que estás durmiendo.
Hinata aceleró su paso, viendo que Naruto se puso a caminar más rápido.
—No.
—Entonces... ¿con quién fantaseas?
Naruto gruñó y volvió a girarse una vez más.
—¿Qué?
—¿Con quién imaginas tener sexo? ¿Estás enamorado de alguien?— Sus ojos se estrecharon con suspicacia. Hinata bajó la mirada y sintió que el calor le subía por las mejillas.
No era la conversación más cómoda para tener, ya que ella no les consideraba exactamente una pareja. Sin embargo, había surgido el tema, y realmente quería saber más sobre Naruto. Le había pedido que fuera su compañera.
Tenía derecho a preguntar por su vida personal.
Naruto le agarró la barbilla y se acercó más.
—Este no es el momento de tener esta discusión. Lo haremos cuando estés a salvo.
Tenía un punto, pero Hinata sentía como que probablemente Naruto evitaría sus preguntas más adelante.
—¿Hay alguien en tu vida por quien tengas sentimientos?
—No. Sólo follé con mujeres cuando mi cuerpo tenía una necesidad que ya no podía ignorar y ellas se me ofrecieron. No tomo amantes. Las follé una vez, pero nunca una segunda. También tengo cuidado de no dejar que tengan mi esperma.
Puede que no lo estuviera mencionando, pero ella nunca olvidaría lo que le había contado sobre su madre. Todo tenía sentido. Por supuesto que tendría problemas de confianza con las mujeres. Su madre había engañado a su padre para que la dejase embarazada.
—Nosotros no usamos condón.
—Vas a ser mi compañera.
—Yo no estaba de acuerdo con eso.
—Mantente en movimiento, Hinata. Hablaremos de todo esto más tarde.
Ella selló sus labios cuando él empezó a caminar otra vez y miró hacia su culo. Tenía un culo genial. Era firme, redondeado y musculoso...
Sólo necesitaba seguir moviéndose. Llenaron su cabeza más preguntas que quería formularle. ¿Qué clase de casa tenía? ¿Cuántos otros VampLycans vivían con él? ¿Compartían una casa grande o todos tenían la suya propia?
¿Tendría su padre un ataque cabreándose sobre el hecho de que Hinata fuese humana, posiblemente tratando de matarla o algo drástico?
Abrió la boca, lista para lanzar otra serie de preguntas... algo que la distraería de sus doloridos músculos... pero Naruto se detuvo de repente y se agachó.
Trató de hacer lo mismo tan elegantemente como él, pero terminó cayendo como un plomo sobre sus manos y rodillas. Miró a su alrededor, pero no vio nada más que una tonelada de árboles.
Naruto volvió la cabeza y se llevó un dedo a los labios, luego le hizo un gesto para que se tumbara. Apretó los dientes y lo hizo, odiando estar presionada contra el sucio suelo. La tierra se pegaría con el sudor que la cubría, pero no quería que le dispararan con algún dardo... o peor aún, que le dispararan a Naruto con uno.
Naruto se quitó la mochila y se la tendió, levantó la mano para decirle que se quedara allí, luego se arrastró de rodillas hacía unos arbustos.
«Mierda.»
No le gustaba nada que la dejara allí sola, pero confiaba en él con su vida. Se quedó quieta y callada, esperando que nadie tropezara con ella, una vez que Naruto se hubiera perdido de vista.
.
.
Naruto alcanzó la cima de una empinada pendiente. Las voces que había oído sonaban más fuertes desde allí. Utilizó los arbustos para ocultar su cuerpo, mirando por encima del borde del arroyo.
Tres humanos estaban reunidos en el otro lado, todos llevando mochilas ligeras, y uno de ellos sostenía un arma de dardos.
—Tenemos que encontrarlos.— declaró el más pequeño de los tres. —El Rey Jigen cuenta con nosotros.
—Lo sé. Probablemente permanecieron junto al río. Yo lo haría así. Eso les puede conducir a otras cabañas. Yo estaría buscando un teléfono que funcione, comida y armas.
El hombre barbudo con mucho pelo se frotó la mandíbula con una mano.
—No puedo pensar en alguien que tenga una línea terrestre en esta área, ¿verdad?
El tercer hombre sacudió la cabeza.
—No. Tuvimos suerte de haber añadido esa torre hace dos años para que pudiéramos obtener cualquier tipo de mierda de recepción aquí. Mi compañero la pagó él mismo. Ahora estará patrullando el río con su barco, buscándoles. Tal vez ese tipo le vea y le haga señales, pensando que le ayudará.
—Tal vez.
A continuación, el hombre barbudo ajustó su mochila, su lenguaje corporal indicaba que estaba ansioso, dado sus constantes movimientos.
—El Rey Jigen sintió que se dirigirían en esa dirección. Tenemos que seguir buscando. La mujer fue secuestrada por este hijo de puta.
Naruto frunció el ceño.
«¿Esa fue la historia que les contó el Maestro Vampiro?»
Sin embargo, encajaba.
Querría aprovecharse de los temores de aquellos humanos para obtener un vínculo de empatía, por si se sentían resistentes en lo más mínimo a seguir sus órdenes. Algunos humanos podrían comenzar a pensar por sí mismos más allá de la violación de su mente si se alejaban durante varios días del Vampiro que tenían controlándoles. Una sugerencia profundamente arraigada, como el que estuvieran tratando de salvar a una víctima, podría mantenerles siguiendo sus órdenes durante más tiempo.
—Una cosa es segura.— dijo bruscamente el más bajo, —Quedarnos aquí de pie mirando alrededor, como estamos ahora, no hará que les encontremos. Nuestro compa y su equipo pueden ocuparse del río. Vamos a extendernos y seguiremos buscando por aquí.
Se agachó y tocó un arma pegada a su muslo.
—Dispárale con balas en las piernas, si es necesario. No le mates. El Rey Jigen le quiere vivo. No le culpo. Me gustaría matar personalmente a cualquiera que raptase a mi mujer.
—De acuerdo. — gruñó el barbudo. —Solo recuerda. Este idiota está metido en drogas y va a ser difícil de derribar. Mantén las armas listas y fuera. Se supone que también es un cazador hábil, así es que vigila tu espalda.
Se separaron y Naruto retrocedió hasta Hinata. Permanecía exactamente donde la había dejado. Odiaba ver el miedo en sus ojos. Se acostó junto a ella, susurrando:—Tres de ellos están justo ahí delante.
—¿Tienen esas pistolas de dardos?
Naruto asintió.
—Sí. También están preparados para dispararme con balas normales para paralizarme. —Hinata extendió su brazo y colocó su mano en su antebrazo, pareciendo alarmada.—No vamos a dejar que eso suceda. Mantente en silencio y agachada. Sígueme.
Naruto agarró la mochila, pero no la puso sobre su espalda. Se arrastró, llevando a Hinata justo hasta donde él había estado antes. Sintió orgullo cuando miró hacia atrás. No había discutido con él, simplemente hizo lo que le había ordenado.
También parecía linda como el infierno mientras se arrastraba sobre su vientre y su culo subía en el aire cada vez que levantaba una pierna, para hacer avanzar poco a poco su mitad inferior a lo largo del suelo.
Hizo una pausa donde había observado a los hombres y buscó signos de ellos. Los vio enseguida. El hombre barbudo se mantenía junto al arroyo, pero los otros dos se habían extendido, yendo hacia el bosque. Significaba que sólo tendrían que superar a dos de ellos.
Podría haber más por ahí, pero la zona no era exactamente densa en cuanto a población humana. Era demasiado remota.
Posiblemente, el Rey Jigen, podría tener en total hasta cincuenta seres humanos bajo su control. Quizás más, si había algún campamento maderero.
Naruto no había salido del territorio VampLycan desde hace tiempo, por lo que no estaba seguro de lo que estaba pasando en las áreas circundantes. Una cosa era cierta, sin embargo, el Maestro había establecido su base y había estado en esa área por un tiempo significativo antes de que hubiera ido contra un VampLycan. Conocería las localizaciones de todos los humanos.
Eso le enfureció.
Pain había mantenido al Clan tan ocupado con su mierda que los Vampiros habían conseguido adentrarse un centenar de kilómetros en su territorio y establecer un Nido. Era otra razón más para odiar al líder de su Clan.
Hinata tocó su pierna, su pequeña mano descansando ligeramente sobre su pantorrilla. Naruto volvió la cabeza, mirándola. Ella arqueó las cejas.
Le indicó que se quedara callada y no se moviera mientras volvía la cabeza hacia el arroyo, observando el progreso de los humanos. Se estaban alejando, pero todavía estaban a la vista. Al menos Hinata podría descansar un poco mientras esperaban para seguir adelante. Una vez más, deseó que su gente los encontrara pronto.
Otro pensamiento golpeó, uno sombrío. ¿Y si Pain ya hubiera regresado al Clan? En ese caso, era posible que nadie fuera enviado a buscarle. Hidan había estado a cargo cuando le habían secuestrado, y ese imbécil tampoco levantaría un dedo para ayudarle.
Pero el padre de Izumi, le hablaría a su padre, Minato, sobre esa llamada, incluso si Pain o Hidan le ordenasen que no lo hiciera. También podía contar con tres de sus amigos. Sasuke, Konohamaru y Kawaki le buscarían. Habían formado un vínculo sobre su odio mutuo por la manera en que era dirigido su Clan. Todos ellos habían quedado atrapados por tener al menos uno de sus padres jurando su lealtad al Clan desde su nacimiento.
Miró hacia atrás para ver cómo estaba Hinata. Su mano permanecía en su pierna. Había utilizado su otro brazo para doblarlo debajo de su mejilla y parecía estar usándolo como almohada. Tenía los ojos cerrados.
Olfateó el aire, sin captar nada que le alarmara. Esperarían un poco allí, así ella conseguiría un descanso, después sería hora de seguir adelante. La pondría a salvo, aunque sus amigos no pudieran encontrarles.
Era su compañera.
Ese convencimiento ya no le molestaba, ni le irritaba. Una parte del vínculo pudo haber comenzado debido a la sangre forzada en ellos dentro de esa mina, pero desde entonces se había formado un lazo emocional. Simplemente, no podía imaginarse dejando que Hinata regresara a su mundo humano y no volver a verla nunca. Se enfrentarían a muchos obstáculos.
Uno de ellos era la negativa de la propia Hinata a convertirse en su compañera.
Naruto sonrió. Ese era un reto que esperaba con ganas. La seduciría hasta que rompiera su terquedad.
Los recuerdos de la noche anterior regresaron y su polla se endureció. Debería habérselo tomado más despacio con Hinata, pero había esperado demasiado tiempo para saber cómo se sentía al tenerla debajo de él, para saber cómo sería estar dentro de ella.
Una vez que llegara a casa, las cosas serían diferentes. Le enseñaría que ningún humano podía compararse con él. Incluso si tuviera que retenerla en su cama durante semanas hasta que accediera a convertirse en su compañera.
Conseguir que Hinata accediera a emparejarse con él sería tarea fácil, comparado con tomar el Clan y librarlo de toda la putrefacción.
Él y sus amigos habían hablado de derrocar a Pain y de conseguir que el nuevo líder del Clan fuese Sasuke.
Su amigo no tendría ningún problema con que él tuviera una compañera humana. Kawaki y Konohamaru también la aceptarían. A ambos les gustaban todas las mujeres, independientemente de su raza.
Su padre, Minato, podría no estar encantado de verle uniéndose con una humana, pero tenía fe en que su padre le ayudaría a proteger a Hinata. Había hecho cosas mucho más duras por Naruto, como abandonar a su propio Clan para unirse a uno que odiaba solo para poder criar a su hijo.
«Funcionará. Tiene que hacerlo. Un problema a la vez.»
Hinata levantó la cabeza y miró a los ojos de Naruto. La miraba con el ceño fruncido. Tendía a ser más gruñón que ella, incluso cuando estaba agotada y se sentía como una mierda.
—Están fuera de la vista. Necesitamos movernos de nuevo. Este es todo el descanso que puedes tener ahora mismo. Lo siento.— susurró. —Mantén la calma, no hables, y prepárate para dejarte caer al suelo si te lo ordeno.
—Está bien.
Hinata se empujó hasta sus manos y rodillas, poniéndose de pie. Naruto también lo hizo, no perdiendo el tiempo cepillándose el polvo de la ropa. Sólo se puso la mochila y bajó por la pendiente. Hinata se arrastró tras él, luchando con su cuerpo cansado y tratando de no caer de cabeza.
Llegaron al arroyo y Naruto la recogió en sus brazos. Ella no protestó mientras se deslizaba a través del agua y la colocó de regreso sobre sus pies secos en el otro lado. Luego la soltó y siguió adelante.
—Gracias. Eso fue muy caballeroso. Te lo agradezco.
Naruto no miró hacia atrás.
—Eres mi compañera. No puedo permitir que enfermes. Sigue moviéndote, Hinata. Menos hablar y más caminar rápido.
Hinata tropezó, sorprendida por su continua insistencia. Pero no se lo creía. Odiaba a los humanos demasiado como para quererla de verdad. Estaba segura de que era sólo su ego lo que estaba hablando.
—No voy a ser tu compañera solo porque tú dices que lo soy.
Naruto se dio la vuelta y la agarró con tanta rapidez que se quedó sin aliento, mirando fijamente hacia él. Sus manos en las caderas no le hicieron daño, pero tenía un buen control sobre ella.
—Primero vamos a ponernos a salvo, entonces podremos pelear.
—Lo siento.
Naruto tenía razón. Había al menos tres hombres con pistolas de dardos buscándoles.
Naruto la soltó, olisqueó el aire y se abrió paso entre los árboles. Hinata se apresuró para mantener su ritmo. Naruto tenía una gran zancada y ella casi tuvo que correr para mantenerse al paso con él.
Su mente todavía estaba atrapada con eso de Naruto diciendo que ella era su compañera. No podía ser así.
Sus vidas eran totalmente diferentes. Se convertía en algo con cuatro patas y pelaje. También era un poco intimidador y no le gustaba nada de su especie. Ese problema de confianza con las mujeres también se convertiría en un problema.
El sexo era genial, al menos esa única vez, pero probablemente sería imposible convivir con él.
Su mente planteó una serie de otros problemas a los que se enfrentarían como pareja. No podía imaginarse a Naruto soportando bien sus semanas de trabajo de sesenta horas. Parecía más bien del tipo exigente.
Su trabajo no era el mejor, pero había trabajado duro para conseguir esa posición de gerente. La había tenido en el bote hasta que la habían secuestrado. Probablemente ahora la habrían despedido por no aparecer, de todos modos.
Naruto probablemente estaba jugando con su cabeza sobre eso del emparejamiento. La ira era una gran motivación para sobrevivir. También la mantenía distraída de pensar en ser devuelta a esa mina y convertirse en una máquina de cría para un monstruo.
Nunca volvería a oír hablar de su genealogía familiar sin hacer una mueca. Su antepasado era un chiflado y un maníaco... y también alguien muy 'no-muerto'. Deseó que estuviera profundamente enterrado en algún cementerio.
Llegaron a un claro y Naruto se detuvo. Por lo tanto, ella también lo hizo, mirando las montañas que antes los árboles habían escondido a su vista. Miró a Naruto. Estaba sonriendo, muy feliz.
—¿Sabes dónde estamos?
—Sí. Vamos a pasar sobre eso y llegaremos a territorio VampLycan. Estamos más cerca de lo que pensaba.
Volvió a torcer la cabeza, mirando las montañas. Eran altas. No eran enormes, pero la idea de escalar unos pocos cientos de metros no la excitaba exactamente.
—Parecen bastante empinadas.
—No vamos a rodearlas. Ni siquiera lo sugieras.
—Sabes que esta vez no tenemos cuerda, ¿no?
—No la necesitaremos. Hay muchos árboles.
—¿Por tanto?
—Los humanos querrán evitar eso.
—Tienes razón. Yo también quiero evitarlo.
Naruto frunció el ceño. Hinata se volvió y vio algo que brillaba bajo el sol.
—¿Qué es eso?— preguntó ella señalando un punto.
Naruto se acercó, siguiendo la línea de su dedo.
—Increíble.
—¿Qué es? ¿Debemos esquivarlo? ¿Son esos hombres?
—Es una moto de cross. Uno de ellos debe haberla conducido hasta esta zona para llegar aquí desde dondequiera que viva.
Ella entrecerró los ojos.
—Debes tener súper-visión. Todo lo que yo estoy viendo es un montón de verde y un pequeño punto brillante.
Naruto le agarró la mano.
—Puedes conseguir tu deseo de no escalar si esa moto tiene combustible y no es una trampa. Alguien la dejó aparcada en un lugar oculto. Desde este punto, sólo es visible a la vista ese pedacito de la moto. Pero el sol ha calentado el metal, así que lo puedo ver a través de los arbustos.
—¿Una trampa?
No le gustaba esa idea en absoluto, pero Naruto tiró con fuerza, haciendo que le siguiera o continuara el viaje. Ella siguió adelante. Él olfateó mucho, haciendo otra vez esa cosa suya, y mirando alrededor.
—¿Puedes ver a través de los arbustos? ¿Es eso lo que dijiste?
—Soy parte Vampiro, Hinata. El metal se calienta en el sol y aparece casi como brillando ante mí.
Recordó entonces que antes le había mencionado que los Vampiros tenían la extraña habilidad de ver el calor por la noche. Es por eso que nunca habían viajado durante la noche y había excavado ese agujero para que durmieran. Realmente esperaba que él tuviera razón. Una moto de cross significaba ruedas.
—¿Qué pasa si el dueño no dejó las llaves?.
Naruto resopló, continuando hacia adelante.
—¿Qué significa eso?
—Las motos de cross viejas no tienen llaves, Hinata. Silencio.
Ella cerró los labios y se apresuró a seguirle. Estaba caminando aún más rápido, concentrado en aquel grupo de arbustos. A medida que se acercaban, pudo ver más parte de la moto. Estaba escondida detrás de unos arbustos, entre dos árboles.
Naruto soltó su brazo y puso su dedo en sus labios, luego le indicó que se quedara allí con un gesto. A continuación, avanzando con cautela, se colocó detrás de los arbustos.
Hinata echó un vistazo alrededor, con el corazón latiendo. ¿Qué pasa si el que había dejado esa la moto estaba al acecho? Miró al suelo y encontró un palo. Mejor eso que no tener nada con lo que golpear a alguien, en caso de que fueran atacados.
—Ven aquí.— susurró Naruto lo bastante alto para que le escuchase.
Estaba sentado a horcajadas sobre el sillín de la moto, la mochila en el suelo. Un pie apoyaba su peso y el otro se inclinaba un poco. Estudió de nuevo el bosque que les rodeaba.
—¿Qué estás haciendo?
—Buscando el mejor camino para salir de esta área. No quiero seguir el mismo camino del conductor. Lleva la mochila por mí. No hay mucho combustible, pero podría ser suficiente para llevarnos a casa. Sube detrás de mí una vez que arranque. No pierdas el tiempo. El sonido se difundirá.
Hinata se inclinó, se puso la mochila y observó con temor la escasa cantidad de asiento que quedaba para ella. Naruto no era exactamente un tipo pequeño y, en su estimación, ese asiento no fue construido para dos personas, para empezar. Tenía un guardabarros sobre el neumático trasero y un tubo de escape. Sería sólo muy mala suerte si el plástico se rompiera y chocara contra ese neumático.
—Estupendo. Simplemente genial.— murmuró.
—Agárrate fuerte. Esto va a ser duro. ¿Lista?
Hizo algo con las manos en las barras del manillar, luego empujó su pie levantado contra una palanca. El motor trató de arrancar, pero no lo hizo. Levantó la pierna y volvió a patear.
Esa vez el motor arrancó. Sonó increíblemente ruidoso en aquellos silenciosos bosques.
Hinata se movió con rapidez, casi aterrada por el pensamiento de imaginarse a aquellos hombres con dardos corriendo hacia ellos. Levantó la pierna, abrazándose a Naruto en un apretón de muerte.
Avanzó lentamente y la parte trasera de la moto derrapó un poco en la tierra.
Hinata se dio cuenta de que no había estriberas donde posar sus pies y mantuvo sus piernas extendidas hacia fuera, completamente aterrorizada.
—Envuélvelas alrededor de mí.— gritó Naruto, aumentando la velocidad.
Estaba loco. Por otra parte, cuando él dio un giro para evitar una roca, su pie golpeó la tierra. Fue sólo un toque, pero Hinata levantó ambas piernas, tratando de engancharlas alrededor de la cintura de Naruto.
Su cuerpo era demasiado grande como para poder ver realmente alrededor y lo que podía vislumbrar, sólo le hizo arrepentirse de haberlo intentado. La moto se abría paso a través de los árboles, las rocas y los arbustos a un ritmo peligroso.
La moto de cross vibró duramente bajo su trasero, su coxis siendo baqueteado cuando rebotaron alrededor sobre la tierra rocosa, esparciéndola, mientras que Naruto cogía aún más velocidad.
—Vamos a morir.— murmuró. —Corrección, yovoy a morir. Mierda.
Naruto sonrió. Había pasado muchos años desde que había pilotado una moto de cross, pero recordó cómo hacerlo. Tuvo cuidado de no acelerar demasiado rápido, por si en cualquier momento tuviera que frenar. No quería hacer estallar accidentalmente una rueda.
Se detuvo cuando llegaron a un arroyo, buscando la mejor manera de cruzarlo. No parecía muy profundo. Podía ver las piedras bajo el agua.
Naruto se agachó y ajustó los pies de Hinata para que no le hiciera daño con los talones.
—Agárrate fuerte.
—No me digas. Mis ojos están cerrados y estoy fingiendo que esto es un paseo en un parque de atracciones.
—Es sólo un arroyo poco profundo. Nos vamos a mojar un poco.
—Al menos no es una montaña.
Naruto se echó a reír y avanzó lentamente, bajando por un pequeño terraplén hacia la parte más estrecha de la corriente de agua.
Un movimiento llamó su atención a la izquierda y divisó a un humano corriendo. Todavía estaba lejos, pero ganaba terreno. Era uno de los hombres que había visto antes. Gruñó, acelerando más. Alcanzaron el agua y Hinata jadeó, pero se aferró a él. La rueda trasera patinó un poco en el otro lado, pero lograron pasar. Giró el puño, acelerando la velocidad.
Algo pasó junto al rabillo de su ojo. Era un dardo. Ese bastardo estaba disparando contra ellos. El humano podría acertar a Hinata en la parte posterior de la moto. Probablemente eso la mataría si usaban drogas suficientes como para derribar a un VampLycan. Vio una gran roca y se dirigió hacia ella. Se detuvo con brusquedad una vez que estaban en el otro lado, dejando el motor en marcha.
—Suéltame y quédate aquí.
Trató de ponerse de pie, pero Hinata todavía estaba envuelta alrededor de él, apretándole. Naruto maldijo, ajustando sus pies hasta que quedó sentada a horcajadas en el asiento.
—Aprieta las piernas.— le dijo. —Sostén la moto.
Naruto desmontó, manteniendo a Hinata en posición vertical con su agarre.
—No puedo conducir una de estas.
—Sólo debes sostenerla. Agarra el manillar, pero nada más.
Se imaginó que esas instrucciones eran lo suficientemente claras.
Hinata hizo lo que le pidió.
Dio un paso atrás, saltó sobre la roca y miró por encima. El humano estaba corriendo, siguiendo las huellas de los neumáticos. Tardó unos minutos en llegar.
Naruto se abalanzó sobre aquel bastardo que seguía corriendo. El hombre ni siquiera le vio hasta que impactaron juntos, golpeando el suelo con el humano debajo de él.
La rabia se apoderó de Naruto y le dio un duro puñetazo al humano en el rostro. Los huesos se rompieron. Ya no le importaba ni un comino si el humano se encontraba bajo el control de un Vampiro. Ese estúpido bastardo había disparado contra Hinata. Apostaría su vida a que el Maestro le había ordenado a aquel idiota que no hiciera justamente eso, sabiendo que una dosis completa de las drogas probablemente podrían matarla.
El humano dejó de moverse, pero todavía respiraba. Naruto se inclinó hacia delante, agarró la pistola de dardos y se puso de pie. Estaba tentado de disparar uno de esos dardos hacia ese idiota inconsciente. En lugar de hacer eso, se giró y lanzó el arma lejos, fuera de la vista.
Rodeó la roca y volvió hasta donde estaba esperándole Hinata. Parecía aterrorizada.
—Está bien.
Naruto agarró el manillar de la moto de cross.
—Bájate para que pueda conducir. Ya me encargué del problema.
—¿Le has matado?
Naruto negó con la cabeza mientras ella se bajaba y alzó una pierna por encima, ocupando su asiento.
Hinata volvió a subir, esta vez levantando los pies y envolviendo sus piernas a su alrededor sin que tuviese que pedírselo.
A Naruto le preocupaba que sus pies golpearan la rueda, o algo peor. Había mucha vegetación en la que podía engancharse. No estaba muy cómodo con los talones contra su regazo, pero prefería arriesgarse a sufrir daño en sus bolas antes de que Hinata se rompiese los huesos o perdiese los dedos de sus pies.
Rodeó la montaña, pasando alrededor de ella, después de todo. Tuvo que reducir la velocidad cuando se encontró con que una tormenta había causado un deslizamiento de tierra. El suelo se había secado hace mucho tiempo, pero habían caído muchas rocas. Sin embargo, cada kilometro que conducían en esa moto, era uno que no tendrían que caminar, y cada uno de ellos les llevaba más cerca del territorio VampLycan.
Pasaron alrededor de la sección dañada y aceleró, la hierba estaba resbaladiza con el peso adicional en la parte posterior de la moto de cross, pero reconoció más hitos. Parte de su trabajo era reconocer el territorio exterior alrededor de su clan.
Había una vieja carretera en algún lugar por allí delante. Siguió dirigiéndose hacia su hogar y finalmente la encontró. Entonces se dirigió hacia el norte. La carretera ahora era más bien un camino de tierra, tras años de no ser cuidada, pero vio huellas de neumáticos recientes, mientras la seguía. Probablemente era como le habían alejado de su casa.
Detuvo la moto de cross, estudiando algunos de los surcos de neumáticos más profundos. No había llovido recientemente. Aquellos tenían que haberse marcado cuando el camino estaba lleno de barro. Significaba que alguien lo había estado usando varias semanas antes, cuando había golpeado la última tormenta. Otra lluvia torrencial habría vuelto a enturbiar el camino y las había borrado mejor.
—Maldita sea. ¿Cuánto tiempo llevan estos bastardos entrando en esta área?
—¿Qué?
Hinata le abrazó con más fuerza.
—Nada.
Arrancó lentamente de nuevo para evitar sacudirla demasiado, luego aumentó la velocidad, alerta ante algún posible ataque. Sería mejor dejar aquella carretera de tala, pero estaba preocupado por Hinata. El terreno era bastante abrupto y su seguridad era lo primero. Sin embargo, ellos no se habrían esperado que robara una moto. Era muy poco posible que se hubieran molestado en poner una trampa por delante.
Pocos kilómetros más tarde, el motor chisporroteó y murió. Naruto maldijo, usando sus pies descalzos para frenar el rodaje por inercia hasta detenerse. Estaban cerca de las vallas VampLycan. Miró al cielo. Oscurecería en un par de horas. Podrían lograrlo.
Hinata relajó su agarre sobre él.
—¿Por qué te detuviste?
—Nos quedamos sin gasolina.
—Mierda.
—Bájate.
Cuando lo hizo, hizo unos sonidos lindos gimiendo y luego frotándose el culo con ambas manos. Naruto tuvo el impulso de hacerlo por ella, pero se resistió. Querría follarla si le ponía las manos encima para masajear sus dolores y molestias.
Apartó la moto de cross de la carretera y la dejó fuera de la vista, luego se volvió hacia ella.
—Dame la mochila.
Hinata se la quitó de su espalda.
—Es un placer. Creo que las correas dejaron huecos permanentes en mis hombros.
—Estamos casi en casa, Hinata.
Eso no pareció consolarla cuando frunció el ceño, su mirada fija con la suya. Naruto la alcanzó y le tocó la mejilla, acercándose. Ella no dijo nada. Eso le molestó.
—¿Qué pasa?
—¿Qué pasará cuando lleguemos allí? Esto significa que hay una gran cantidad de personas como tú, ¿verdad? En otras palabras, probablemente odien a los humanos tanto como tú.
—Nunca permitiría que nadie pueda hacerte daño, Hinata. Ya te he dicho esto.
—¿Puedes culparme por estar nerviosa y recelosa?
—Eres inteligente. Hiciste una herramienta con tu sujetador. Me liberaste a pesar de ser débil y no tener garras. Ya has enfrentado muchas cosas. Esta será la parte fácil.
—Me encanta cómo puedes insultarme y halagarme al mismo tiempo. Buena habilidad. —El humor ácido entrelazó su voz.—Eres un idiota. También creo que estás lleno de mierda, y no creo que nadie que sea como tú vaya a estar feliz de que yo haya sido tu compañera en esta desgraciada aventura desde el infierno.
Naruto se rió entre dientes.
—Hay una cerca alta que debemos escalar. Preocúpate por eso.
—Estupendo. Fantástico. ¿Es de alambre de púas?
Hinata le divertía.
—No.
—Hay un lado positivo. No estaré sangrando mucho cuando conozca a otros tipos medio-Vampiros, así que espero que no quieran comerme.
—Soy el único que conseguirá hacer eso.
Los ojos de Hinata se agrandaron en sorpresa.
Naruto la dejó ir y retrocedió, sacando otra botella de agua de la mochila. Dejó que Hinata bebiera primero, luego se la terminó.
—Pongámonos en marcha. Las vallas fronterizas están por ahí delante, pero todavía nos queda un buen paseo antes de llegar a casa.
Continuará...
