Naruto Y Hinata en:

MAS SALVAJE


COMPAÑEROS


—No sabía que eras tan malo.

Naruto arqueó las cejas, parecía confuso. Hinata cortó otro bocado del filete y lo masticó lentamente. Naruto ya se había duchado, después descongeló algunos filetes de su congelador y luego procedió a freírlos en una sartén de hierro fundido. También había hecho platos de acompañamiento. Ahora estaban sentados frente a frente en la mesa de su comedor, justo al lado de la cocina.

—Eres un excelente cocinero. Fue una broma.— explicó.

—No veo el humor en esa clase de acusación.

—No vas a jugar limpio para obtener tu meta, ¿verdad?—Él no dijo nada, sólo cortó un bocado de su propio bistec y lo metió en su boca.—Este es el mejor bistec que he comido nunca.— admitió Hinata.

Naruto tragó, tomando un sorbo de soda.

—Gracias. Soy mejor en el dormitorio que en la cocina.

Ella se quedó boquiabierta, sorprendida de que se hubiera jactado de eso. ¡Era tan arrogante!

—Deja de luchar contra mí, Hinata. Estamos destinados a estar juntos. Puedo comprometerme. Quiero que seas feliz.

—¿Quién eres tú y qué has hecho con el verdadero Naruto?

Él se rio entre dientes.

—Te tengo dentro de mi casa y estás a salvo. Este soy yo cuando estoy relajado.

—Ahora estás tratando deliberadamente de asustarme, ¿no?

Hinata alejó sus cubiertos.

—Estoy tratando de demostrarte que puedo ser un buen compañero para ti, Hinata. Quiero que te quedes conmigo.

—Lo tengo.

—Te protegeré, me asegurare de que estás feliz. También podemos añadir más dormitorios a mi cabaña. Sólo tiene dos dormitorios, pero podemos construirlos según sea necesario.

—¿Para qué?

—Nuestros hijos.

La boca de Hinata se abrió.

»—¿Qué? ¿Era eso algo malo para decir? No puedes controlar tus ovarios como lo hace una hembra Lycan. Eso significa que probablemente te dejaré embarazada. Nunca quise ser padre, pero estoy dispuesto a afrontarlo para estar contigo.

Hinata se puso de pie, levantándose de su silla. El impulso de huir hacia la puerta era fuerte, pero le miró fijamente.

—¿Qué tipo de juego estás jugando?

Naruto se levantó lentamente.

—Ningún juego.

—Odias a los humanos.

—A ti no. Ya te lo he dicho muchas veces. ¿No me crees?.

—Te arrepentirás, si hacemos esta cosa del emparejamiento.

—No lo haré.

—No puedes estar seguro de eso. La gente se casa y se divorcia todo el tiempo.

—Soy VampLycan. Nosotros no nos divorciamos.

Naruto parecía insultado y sonaba dolido solo por la mera perspectiva de ello.

—¿Me estás diciendo que todas las relaciones entre VampLycans funcionan siempre?

—Ojalá pudiera decir eso, pero no sería cierto. Aunque es raro que los compañeros quieran romper sus vínculos.

Antes Hinata se habría burlado de él por decir algo así, pero realmente el mundo como lo había conocido ya no era lo mismo.

—¿Cómo de raro?

—Sólo he visto malos emparejamientos cuando las emociones no eran parte de la razón para el vinculo.

—¿Puedes decir eso de una manera que yo entienda?.

—A veces se han organizado parejas para forjar alianzas. La pareja no tiene ningún apego emocional el uno hacia el otro y nunca crece entre ellos. Eso no va a pasar con nosotros. Tenemos sentimientos el uno por el otro.

Su corazón aceleró y ella se acercó a él, observando sus ojos.

—La lujuria no es suficiente para ser el pegamento que pueda mantener una relación juntos.

—¿Es todo lo que crees que siento?

—Realmente no nos conocemos.

—He aprendido lo suficiente acerca de ti como para estar seguro de que eres mi compañera.

—¿Cómo qué? ¿Qué te molesto menos que otros humanos?

Naruto paseó alrededor de la mesa y se acercó aún más, deteniéndose cuando casi se tropezaron.

—Eres valiente, inteligente, y me haces reír.

—Sí. Ese eres tú. Siempre riendo.

Naruto sonrió.

—Anotado tu sarcasmo.

—El cual, si no recuerdo mal, no te parece atractivo.

—Está en ti.

Naruto levantó la mano y apartó suavemente el pelo de su cara.

—No quiero dejarte ir. Disfruto discutiendo contigo y encuentro divertidas nuestras diferencias.

—Yo te encuentro irritante.

—¿Sí?

—Sí. Eres un matón, Naruto.

—No es tan mala cosa.

Abrió la boca para protestar pero él bajó la cara, besándola. Hinata cerró los ojos y se inclinó hacia él.

Era un matón, pero también era sexy y tenía una boca asombrosa. Su lengua se deslizó entre sus labios y él envolvió su brazo alrededor de ella, levantándola de sus pies. Hinata envolvió sus brazos y piernas alrededor de su cuerpo, aferrándose.

Se hizo imposible pensar cuando Naruto devoraba su boca como si su vida dependiera de ello.

Los gruñidos suaves procedentes de él la excitaron aún más. Apenas notó que él estaba caminando hasta que se detuvo, bajándola. Sus bocas se separaron, ambos respirando con dificultad, y se dio cuenta de que estaba acostada en su cama.

Naruto se levantó y ella le soltó, dejándole ir. Se quitó la camisa, retrocedió y se desabrochó los pantalones.

—Quítate esa ropa.

Hinata miró alrededor por su dormitorio. No era el dormitorio principal más grande que había visto, pero era lo suficientemente grande para acomodar su cama extra grande.

—¿De tamaño King? ¿Por qué no me sorprende?

—No menciones nunca la palabra 'rey'cuando estemos a punto de tener sexo.

Hizo una mueca, bajándose los pantalones. No llevaba ropa interior, y estaba excitado. Hinata admiró su polla abiertamente. Esa parte de él parecía estar creciendo mientras la miraba.

—Correcto. Lo siento. Buen plan.

—¿Hinata?—Naruto se aclaró la garganta. —Hinata, quítate la ropa.

Hinata se sentó y luego se alejó de la cama, desnudándose rápidamente. Su mirada se dirigió a la puerta por la que la había llevado, pero no tenía ganas de correr. Deseaba a Naruto.

Probablemente era un gran error hacer esto con él de nuevo, pero la vida era demasiado corta, como ella bien sabía. Si había alguien con quien estaba dispuesta a tener una oportunidad, era con él.

Naruto estaba estirado desnudo en la cama, Hinata se apresuró a subir allí con él, mientras su mirada recorría cada bronceado y musculoso centímetro. Ella tragó saliva.

—¿Te he dicho alguna vez que eres increíblemente sexy?

—Y tú también.— afirmó Naruto.

—Debes querer tener sexo desesperadamente.

Naruto se deslizó sobre la cama cuando ella se unió a él. Entonces la agarró por su muñeca y tiró. No le dolió, pero la dejó jadeando, cayendo sobre él. Naruto rodó, sujetándola bajo él. Sabía que estaba teniendo cuidado de no aplastarla con su enorme cuerpo. Debía pesar al menos el doble que ella.

—No vuelvas a menospreciarte.

—No lo hago.

—Veo tus películas y espectáculos humanos. Se hace aburrido aquí en los inviernos. Tu cuerpo hace esto con el mío.

Se ajustó sobre ella, presionando su erección contra su muslo.

Hinata no se perdió la sensación de eso.

—Abre las piernas más amplias.

Hinata lo hizo, le gustaba la forma en que su voz se profundizó.

—Yo también te excito.

—Me vuelves loco. Me gusta eso.

Naruto se deslizó un poco, acunando su pecho con una mano.

—Ahora es mi turno.

—¿Para hacer qué?

Naruto sólo sonrió, luego bajó la cabeza. Ella gimió cuando su boca caliente y húmeda se clavó en el pecho donde no estaba usando sus dedos para atormentarla.

Y le entendió. Planeaba volverla loca.

Se agarró a sus amplios hombros, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. No era suave, pero no le dolió cuando él chupó con fuerza su pezón, utilizando sus dientes para pellizcar suavemente la punta. Simplemente la hizo temblar y surgió un anhelo de tenerlo dentro de ella.

—¡Naruto!

Soltó sus pechos con la mano y la boca. La cama se movió cuando él cambió su peso. Hinata pensó que él subiría de nuevo hacia ella, pero Naruto nunca hacía nada de lo que ella suponía que haría.

Deslizó sus grandes manos debajo de sus muslos y los empujó hacia arriba, bien separados. Hinata abrió los ojos y levantó la cabeza, justo a tiempo de verle enterrar su rostro.

Esa boca se clavó en su clítoris. Ella gimió, luego perdió la cabeza cuando el placer la inundó.

—Eso no es justo.— soltó ella.

Naruto empezó a gruñir, agregando vibraciones a su lengua atormentando su clítoris. Hinata se aferró a la ropa de cama. No pasó mucho tiempo antes de que el orgasmo la atravesara y gritó su nombre. Entonces jadeó, con los ojos aun cerrados.

Naruto se levantó y le cerró las piernas. A continuación, le dio la vuelta sobre su estómago. Hinata abrió los ojos cuando dejó escapar sus piernas, deslizándole las manos por debajo de las caderas.

La levantó hasta ponerla sobre sus rodillas, la sostuvo ahí, y ella apartó su cabello del camino para mirarle por encima del hombro.

Naruto se movió detrás de ella y abrió las piernas para alinear sus caderas.

—Eres mía.— gruñó.

Hinata gimió cuando la penetró por detrás. Se aferró a sus brazos, disfrutando de la sensación de que él la tomara. Su polla era muy dura y gruesa, rompiéndola lentamente. Se sentía increíble.

—Mi compañera.— su voz se profundizó. —Nunca te dejaré ir.

No estaba dispuesta a discutir con él cuando empezó a retirarse, y luego empujó hacia adelante. Eso habría implicado que ella podría hablar. Naruto se movió más rápido, ajustó un poco las caderas y Hinata gimió más fuerte.

—Mi Hinata.— gruñó.

Naruto descendió sobre ella, envolviendo su torso a lo largo de su espalda. Aflojó el agarre de su cintura para apartar su pelo del camino, y luego su boca estaba en su cuello. Entonces mordisqueó, lamió y mordió su piel.

—¡Oh, Dios!

La folló más fuerte, más rápido. El segundo clímax se construyó, luego se estrelló a través de ella. Esa vez no gritó, demasiado sin aliento por su pesada respiración. Naruto gimió y apoyó sus caderas contra su culo, ralentizando sus movimientos. Hinata juró que podía sentirlo entrando dentro de ella.

Cuando realmente la mordió, el dolor se sintió bien, la dejó con sus brazos temblorosos, casi colapsando.

Naruto deslizó su brazo por debajo de ella antes de que se posara sobre la ropa de cama y la sostuvo. Era muy difícil pensar, pero sabía lo que Naruto estaba haciendo. Izumi le había contado todo acerca de los hábitos de emparejamiento de los VampLycans.

Naruto gimió de nuevo y siguió bombeando sus caderas, su polla todavía dura dentro de ella. Su cuerpo temblaba sobre el de ella y de repente se tiró hacia la izquierda, llevándola con él, ya que había bloqueado su brazo alrededor de su pecho. Golpearon el colchón tumbándose sobre sus costados.

Naruto soltó su garganta, lamiendo el área palpitante que antes había mordido.

—Eres mía. Emparéjate conmigo. Di que sí.

Levantó la mano y Hinata giró la cabeza, incapaz de ver su rostro ya que estaba tumbado sobre su costado. De repente, empujó su brazo delante de ella y Hinata se quedó boquiabierta ante el sangriento mordisco en el interior de su brazo, casi en su muñeca.

—Bebe mi sangre, Hinata.— la instó.

Hinata dudó. Esto les emparejaría para toda la vida, si intercambiaban sangre durante las relaciones sexuales. Todavía estaba enterrado dentro de su coño. Eso técnicamente tenía que contar, a pesar de que ambos estaban cansados.

Hinata gimió cuando él utilizó el brazo que tenía envuelto alrededor de ella, atrapado debajo de sus costillas, para tomar uno de sus pechos, jugando con él. Sus pezones estaban sensibles, y se estremeció.

—Bebe.—La sangre de su brazo goteaba sobre la cama, delante de su cara. —Por favor, Hinata...

Fue la súplica en su voz la que lo consiguió. Realmente quería hacerla suya.

Hinata apretó los ojos y se inclinó un poco hacia delante. Una calidez húmeda tocó sus labios mientras los presionaba contra el brazo de Naruto.

«Sangre.»

No podía mirar. Naruto ajustó su cuerpo en la cama, presionando su brazo más firmemente contra su boca abierta.

—Bebe.— jadeó, empezando a follarla lentamente de nuevo.—Su voz se profundizó hasta un tono inhumano y sopló sobre su garganta.—Traga por mí.

Naruto fue genial distrayéndola del hecho de que tenía la boca llena de sangre. Casi esperaba sentir nauseas mientras bebía un poco, pero no lo hizo. Naruto levantó una pierna, fijándola mejor en su costado, y condujo su polla dentro de ella más profundamente.

La mordió otra vez, en el mismo lugar. Esa vez se sintió incluso mejor, y una nueva sensación la llenó. El calor comenzó en su garganta, extendiéndose hasta su estómago y rápidamente hasta su sexo. Su clítoris latía y ella gimió, chupando su piel para obtener más sangre. Fuera lo que fuera esto tan extraño que le estaba sucediendo a su cuerpo, de repente quería más.

Naruto empujó lentamente, dentro y fuera, y ella rodó sus caderas, deseando desesperadamente correrse. Él la entendió y la folló más rápido. Un tercer clímax golpeó tan de repente que Hinata se sacudió en su agarre. Apartó el brazo de su boca y Naruto la abrazó mientras gruñía. Su cuerpo se tensó a lo largo de su espalda y soltó su hombro.

—¡Mía!

Sus brazos alrededor de ella se relajaron un poco, pero no mucho. Ella abrió los ojos, mirando la pared a través de la habitación. Sus labios estaban cubiertos con su sangre, con ese sabor metálico en su boca, mientras trataba de recuperar el aliento. Su cuerpo se sentía demasiado caliente, como si tuviera fiebre.

Acababa de emparejarse con Naruto.

Naruto se aclaró la garganta.

—Di algo.

Hinata parpadeó, tratando de no entrar en pánico. Estaban emparejados. La había seducido. No, no podía culparle por eso. No la había estado follando cuando le había pedido que bebiera su sangre. Fue ella la que abrió la boca y la empujó contra su brazo.

—¿Hinata?

Naruto levantó la cabeza y giró la de ella. La vista de sangre en su boca, también en su barbilla, sabiendo que era de ella, fue...

—Me mordiste.— espetó.

—Dos veces. Te habría dejado morderme, pero tú no tienes estos.—Naruto frunció un poco su labio superior, dejando al descubierto sus afilados colmillos.

—Así que... ¿ahora estamos oficialmente emparejados?

Necesitaba que se lo confirmara verbalmente, escuchar las palabras. Los rasgos de Naruto se suavizaron.

—Somos compañeros. Eso es una cosa maravillosa.

Él se movió un poco y ella se levantó, liberando su brazo atrapado debajo de sus costillas. Naruto dobló ese brazo después de plantarlo en la cama, sosteniendo su cabeza hacia arriba, pero envolviendo firmemente su otro brazo alrededor de su cintura para mantenerles íntimamente ligados.

El hecho de que su pierna todavía sujetara la suya tampoco se le pasó por alto a Hinata. Probablemente pensaba que trataría de salir corriendo. Pero ella era suya. Eran compañeros. La emoción y el miedo se estrellaron dentro de ella de una sola vez. No había vuelta atrás, ningún cambio de opinión.

—Respira.

—Lo hago.

—Demasiado rápido. Baja la velocidad, Hinata. No hay necesidad de entrar en pánico.

Lo estaba. Su corazón estaba acelerado y sus pulmones estaban trabajando demasiado rápido. Tragó saliva, recordó la sangre que había bebido, ya que todavía podía saborearla. Estaba manchada en sus labios, probablemente también en su cara. Como estaba la suya en la cara de Naruto.

Él se inclinó, sosteniendo su mirada.

—Te amo.

Rebuscó en sus ojos, aturdida. Parecía sincero. De hecho, había lanzado la 'bomba-A' sobre ella.

—Es la verdad. Eres fuerte, brujita. Deja de parecer que estás a punto de desmayarte.

—Hinata.— Tuvo el descaro de sonreír.

—¿Quieres discutir ahora? Te acabo de decir que eres la dueña de mi corazón y siempre lo serás. Estoy desnudándome contigo. Aquí es donde se supone que tienes que decirme que tú también me amas.

—Yo...

—Te amo. No es tan difícil compartir tus sentimientos, Hinata. Esa fue mi segunda vez pronunciando estas palabras. Tú también puedes decirlas.

«Por favor, no rompas mi corazón un día.»

—Te amo, Naruto. Solo que todavía estoy un poco asustada.— admitió ella.

—Somos compañeros. El amor es natural entre nosotros. Sé que no es fácil aceptarlo. Al principio, también yo luché contra mis instintos de emparejarte, sin confiar en ellos por esa sangre que nos inyectaron en la mina.

» Hemos tenido suficiente tiempo desde entonces como para que se haya diluido eso. Acabas de beber mi sangre, porque en tu interior sabes que realmente eres mi compañera. Trata de imaginar una vida sin mí. Te daré un minuto para pensar en ello. Yo lo he hecho... y no me gustó lo que imaginé.

Lo hacía sonar muy sencillo. La vida nunca lo era.

—Solo cierra los ojos y piensa en ti misma dentro de cinco años si te dejo volver sola a tu mundo.

No era mucho pedir y le impactaba estar mirándole fijamente, porque la sangre rociando su cara todavía la hacía sentir ligeramente perturbada, recordándole cómo debía verse ella también.

Hinata cerró los ojos, imaginándose de nuevo dentro de su apartamento. Rara vez se encontraba allí porque trabajaba al menos seis días a la semana, entre diez y doce horas, por muchas de las cuales ni siquiera recibía el pago de horas extras.

Siempre había estado sola. Todas esas comidas que comía delante de su televisor y las noches que dormía sola. Su vida había sido triste y patética.

Naruto la abrazó con más fuerza contra su cuerpo, acercando sus labios a su oído.

—Siempre estaré aquí para ti. Compartiremos todo juntos. Tienes un compañero. Acéptalo y aprécialo. Yo lo hago.

Hinata separó sus párpados, mirándole fijamente.

—Eres malvado.

—¿Por qué? ¿Por qué hago que tenga sentido?

—No, porque no juegas limpio.

Naruto sonrió.

—Soy un VampLycan. Haré lo que sea necesario para conseguir lo que quiero.

Era sincero. Siempre le daría crédito por eso. Y contundente. Ella también debería serlo.

—Somos muy diferentes. ¿No te preocupa eso?

—He oído que los opuestos se atraen. Nosotros somos la prueba de que eso es verdad.

—¿Tienes una respuesta para todo?

—Creo que si.

—Vale. ¿Qué pasa con todas mis pertenencias en Oregón? Ya ni siquiera tengo ropa, sólo las que Izumi me prestó. Y querrá que se las devuelva en algún momento. No quiero abandonar mis cosas. ¿Cómo voy a mantenerme a mí misma? Tengo mi coche. El contrato de arrendamiento de mi apartamento no termina hasta dentro de cuatro meses. Tengo algunos ahorros, pero no lo suficiente para pagar...

—Todo eso es fácil de cuidar.

—¿De verdad? Cuéntame las maravillas del mundo, ¡oh gran sabelotodo!

Naruto resopló, sonriendo de nuevo.

—Enviaré a mi padre a empacar las pertenencias que quieras conservar y haré que se envíen aquí. Tengo dinero, lo que significa que también será tuyo. Mi padre puede amortizar tu coche y venderlo para ti. Estoy seguro de que tu vehículo de ciudad no sobreviviría un invierno aquí.

Naruto frunció el ceño.

—Yo conduciré a cualquier lugar que necesites ir, si es necesario un vehículo. No necesitarás uno propio.

—Eso suena muy sexista.

Naruto sonrió.

—No lo es. Tuvimos que caminar hasta nuestra cabaña, ¿recuerdas? No hay carreteras.

—Querré ir a hacer compras de comestibles y otras cosas. Eso significa que necesitaré un coche para llegar a cualquier pueblo en algún momento.

—Nunca sin mí a tu lado. No le gustamos a los humanos, Hinata. No sería seguro. Desconfían de cualquiera que venga de una ciudad VampLycan. Creen que somos una especie de culto religioso.

—¿Por qué?

—Nos mantenemos separados de ellos, a excepción de recoger correo y suministros. Siempre ha sido así.

—Para mantener el secreto.— supuso ella.

—Sí.

—No puedo tener a tu padre recogiendo mi ropa interior. Por no mencionar que él tampoco querrá hacer eso.

—Lo hará porque eres mi compañera y tu seguridad es lo primero. No permitiré que regreses a tu casa. El Maestro ya no es una amenaza, pero eso no significa que otros Vampiros no estarán buscándote. Estaba trabajando con su Consejo. Es posible que compartiera tu nombre y sus planes con ellos. En algún momento, se darán cuenta de que está muerto.

—No tengo las llaves de mi casa, lo que significa que tengo que conseguir otro juego del propietario. Tengo que saldar mi contrato y dar aviso de que me estoy mudando.

Naruto no tenía ni idea de cómo funcionaban las cosas en el mundo real. Eso era muy obvio.

—Tu padre no soy yo, así que no van a permitirle que haga nada de eso.

—Olvidas lo que nosotros podemos hacer.

Sus ojos comenzaron a brillar en tono dorado.

—Control mental.— recordó Hinata.

El color dorado de sus iris se desvaneció hasta su color natural.

—Sí. Mi padre puede tener acceso a tu casa, empaquetar todo lo que quieras enviar aquí, y hacerlo con total seguridad. Él entrará allí durante el día y podrá manejar a cualquier humano con quien necesite tratar en tu nombre.

—Haces que suene muy fácil.

—Lo es, Hinata.

—¿Qué hay de mi madre? Todavía la llamo cada cierto tiempo.

—Tenemos teléfonos en Alaska. No le digas dónde estás. Los Vampiros podrían usar a tu familia para rastrearte.

Eso la hizo quedarse en blanco.

—¿Estarán en peligro?

—Es dudoso, especialmente si no tienen información sobre dónde encontrarte. Matar a un humano en una ciudad atrae demasiada atención, por lo que tienden a evitar hacerlo.

—¿Qué le digo?

—Que conociste al hombre de tus sueños.— le sonrió. —Que te quité el sentido y soy increíblemente guapo. A cualquier madre le encantaría escuchar eso.

Era imposible... y todo suyo. Eso la impactó fuerte. ¡Realmente era suyo!

Naruto se rió entre dientes.

—Respira, compañera. No te desmayes sobre mí.

—Que te jodan. ¡Eres muy mandón!

—Puedo hacer eso.

Naruto la besó.


Continuará...