Hola a todos.
Sé que van a decir. Debería estar trabajando en "La Legión Dragón".
Pero, ¿adivinen qué?
En este momento tengo un enorme bloqueo de escritor. No he podido avanzar casi nada con el siguiente capítulo en dos semanas. Así que seguí el consejo de un amigo y escribir otra cosa en lo que logro superar eso. Y, bueno, esto es lo que salió.
Este fic es una idea que tuve hace algún tiempo y la historia que me inspiró a escribirla es Special Gifts del autor Tibki. Excelente fanfic, si me preguntan.
En fin. Espero que lo disfruten.
"El Hijo del Jefe"
Prólogo
Hay una pregunta que muchos se han hecho por lo menos una sola vez en la vida.
¿Quién eres tú?
Tres simples palabras, una sola frase. Pero detrás de ellas hay algo más con un profundo significado: tu identidad, aquello que te define y te hace diferente a los demás. Y muchas veces tu identidad te dice en que estás destinado a convertirte. Te muestra un camino a seguir que puedes aceptar como tu destino, o puedes intentar ignorarlo y crear tu propia suerte.
Cuando naces como un vikingo, saber quién eres se define principalmente por tres cosas: la herencia de tu familia, tus habilidades (especialmente las de lucha, los vikingos tienden mucho a pensar primero con los puños) y la tradición de la tribu a la que perteneces. Simple. Desde muy pequeños, la mayoría de los vikingos ya saben quiénes son y cuál será su futuro, son muy pocos los que se han arriesgado a cambiar las expectativas por seguir la búsqueda de su verdadero yo. Aunque, sinceramente, entre los vikingos muy pocos nacen con un verdadero yo… para nada vikingo. (Como en mi caso, por ejemplo).
Berk, el pedazo de roca a mitad del mar congelado al que llamamos hogar, es un muy buen ejemplo de eso. A cualquier persona a la que preguntes, con seguridad te podría describir en un par de frases quién es, sin que importe si se habla de sí mismo o de alguien más. No es algo muy difícil después de todo. En nuestra cultura, no importa si no te dedicas a la lucha a tiempo completo; por el simple hecho de nacer vikingo, automáticamente eres un guerrero.
Por ejemplo, mi primo Snotlout es fuerte, algunas veces algo cobarde (aunque lo niegue) y las otras temerario hasta un grado muy estúpido; también un poco arrogante, no, tacha eso, es bastante arrogante y tiende a pensar luego de dar el primer golpe… o los primeros diez… o veinte… o treinta golpes en realidad. En pocas palabras, él es casi (¡casi, dije casi!) todo lo que el perfecto adolescente vikingo debería de ser.
Gobber es el más hábil artesano herrero que hay en el Archipiélago, durante su época fue uno de los mejores asesinos de dragones de la tribu y, aunque no lo crea, es también el maestro con los peores métodos de enseñanza que puedas encontrar (y tengo varias cicatrices encima para probarlo).
Astrid es hermosa, dura, de voluntad fuerte y la mejor guerrera de nuestra generación. Muchos dicen que ella podría ser la "esperanza de los Hofferson", aquella que tal vez logre restaurar el honor de su familia y se convierta en la más grande doncella escudo que Berk haya visto. Sobra decir que todos en la tribu tenemos buenas razones para tener esa opinión.
Gothi puede ser un poco gruñona cuando se le molesta, terriblemente franca y no muy delicada cuando trata heridas (otra vez, hablo por experiencia, es tan suave como un golpe de martillo en la cara). Pero no hay nadie en la isla que conozca el arte de la curación y las antiguas tradiciones como ella.
Los gemelos Thorston serían unos de los pocos vikingos que no siguen fielmente la tradición de su familia (aunque tiene fama de heredar locura a algunos de sus miembros) para ser ellos mismos. Ambos ansiosos seguidores de Loki, dejan su mezcla especial de caos y destrucción por dónde pasan. Dudo que haya algún bromista en todo el archipiélago que se les compare en su búsqueda de peligro.
En mi tribu hay fuertes guerreros, buenos comerciantes, agricultores muy hábiles, grandes líderes. La mayoría de las veces te conoces lo suficientemente bien para saber qué puedes lograr en el futuro. Desde vencer a un ejército en el campo de batalla hasta persuadir de algo a temibles jefes usando sólo las palabras; pero el camino que recorre cada uno hasta ese punto es único y diferente a los demás. De la misma manera en que el destino de cada uno es diferente al de los otros.
Algunos dicen que nuestro destino está conectado al verdadero yo. Que es parte de nosotros, como nosotros de él. Otros dicen que el destino está entretejido como una tela, entrelazando el destino de uno con el de muchos otros, sin que por eso se altere en lo más mínimo. A veces el destino es aquello que más buscamos o que luchamos por cambiar. Algunos nunca lo encuentran o intentan librarse de él, pero hay otros que son guiados a aquello que siempre estuvieron destinados a ser.
Hay quienes, desde que nacen, saben quienes son y en qué van a convertirse. Esos pocos afortunados nacen con su identidad y destino tan claros como el día, no necesitan esforzarse por descubrirlo. Pero los dioses nórdicos son valientes y aventureros, les encanta participar en la guerra y completar grandes hazañas heroicas, y adoran especialmente que nosotros los mortales hagamos lo mismo. Entonces, ¿qué pasa con los demás?
¿Qué pasa con los que no saben quienes son? ¿Con los que no saben cuál es su destino? Esas personas tenemos que encontrar la respuesta por nosotros mismos. No todos lo hacen solos, la mayoría tienen familia y amigos que los apoyan en cada paso de su viaje. En mi caso, solo tenía a mamá (y a veces pensé que también a mi padre) para ayudarme cuando llegara el momento de que lo descubriera.
O eso creí.
Era una noche de invierno en Berk. Fría, implacable, desolada, lo común cuando se vive allí. Pero en lo alto de una colina, dentro de la cabaña del jefe, esa noche fue muy diferente a las demás para sus ocupantes.
El niño de ocho años miraba con temor la puerta que daba a la habitación de sus padres. A pesar de su escasa edad, el pequeño castaño supo que algo andaba mal desde que vio a la aprendiz de Gothi salir corriendo en busca de la anciana sanadora. Y esa idea solo se reforzó cuando vio llegar corriendo a su padre en dirección a su habitación. Su madre debía haber empeorado mucho para que su imperturbable padre perdiera el control de sus emociones.
Su madre había estado bastante enferma durante las últimas semanas y solo parecía estar consumiéndose cada vez más hasta llegar el momento en que desapareciera. El niño apretó el colgante en su mano, regalo de su madre cuando nació, tratando de aferrarse a alguna esperanza de que esto fuera solo un mal sueño que terminaría cuando menos se lo esperara y todo volvería a la normalidad. No más sanadores, no más niñeras molestas, no más regaños y reproches cuando lo sorprendían colándose para visitar a su madre. Solo él y sus padres.
La puerta de la habitación de sus padres se abrió de repente y la aprendiz de Gothi salió apresurada hacia el exterior de la cabaña con una caja de suministros médicos en los brazos. Aprovechando el estado distraído de la chica, el pequeño castaño se lanzó hacia la abertura que se cerraba y entró en ese sitio prohibido del que lo mantenían lejos. Aparte de la mujer que se encontraba descansando en la cama en el centro de la habitación, solo habían otras dos personas ahí. La anciana sanadora parecía estarle explicando a su padre sobre el estado de su esposa, y el rostro de esa montaña de hombre se oscurecía cada vez más.
Escabulléndose entre las sombras para evitar ser sorprendido, el pequeño se acercó a la enorme cama. Su madre se revolvió ligeramente entre las pieles y abrió ligeramente los ojos, esbozando una pequeña sonrisa cansada cuando reconoció al niño frente a ella. –Mi pequeño Hiccup,– logró murmurar –te estaba esperando. Ven y dale un abrazo a mamá.
El pequeño castaño se lanzó hacia ella y se fundió en su abrazo, suspirando por la calidez familiar en él. –Te vas a poner bien, ¿verdad?
–¿No te gusta jugar con los otros niños?– preguntó aún con una débil sonrisa.
–Me gusta más jugar contigo– respondió enterrando su rostro en el hombro de su madre.
–Prometo que todo esto va a pasar– dijo mientras Hiccup se giraba para verla a los ojos. –Muy pronto, mi pequeño sol.
–Hiccup, quiero que me hagas una promesa– dijo su madre un poco más solemne. –Promete que nunca te quitarás el colgante que te dí. Promételo.
El pequeño castaño asintió con su cabecita sin dudar: –Lo prometo.
–Val…
Madre e hijo se giraron para ver al imponente jefe acercarse lentamente a ellos mientras Gothi salía por la puerta, intentando esconder la angustia de sus facciones, pero fallando miserablemente.
–Stoick– murmuró mientras su esposo se sentaba en la cama frente a ella y tomaba su mano. –Mi hora está llegando.
–No. No, Val. Estarás bien, solo necesitas descansar– negó.
–Stoick, por favor… Pronto me reuniré con mi madre en Valhalla… Necesito que cuides de nuestro hijo por mí.
Valhalla. Hiccup sabía qué era ese lugar. Y que quien iba allí era porque no iba a volver. Jamás. –Mamá…– gimió apretándose más a ella.
–No, nosotros vamos a cuidar de él– dijo desesperado su padre deshaciéndose de su máscara imperturbable por primera vez. –Acordamos que criaríamos juntos a nuestro hijo. Que los dos envejeceríamos uno al lado del otro.
–Lo siento, Stoick– murmuró. –Pero mi alma ya está dejando mi cuerpo… Júrame que cuidarás de Hiccup, por favor… Ne-necesito que lo jures… Por mí.
–Valka… N-no puedes dejarnos– dijo al borde de las lágrimas.
–Mamá…– lloró Hiccup. –No te vayas…
–Hiccup, hijo mío– se volvió ligeramente a él y con una mano temblorosa le apartó un mechón de la frente. –S-sé fuerte… y nunca olvides que… te amo.
–Yo también te amo, mami.
Lentamente, los ojos verdes de Valak empezaron a cerrarse al tiempo que su mano se debilitaba y exhalaba su último suspiro. El corazón de Hiccup se partió al ver la mano de su madre caer sin fuerza junto a su cuerpo sin vida.
–No, Val. No– lloró Stoick. –¡No! ¡Valka! ¡Por favor, responde! ¡VALKA! ¡NO!
–¡Mami!
De pronto, un par de brazos levantaron al niño del lado de su madre y empezaron a alejarlo. Hiccup intentó zafarse, pateó, luchó y lloró, pero nada de lo que hizo logró aflojar el agarre sobre él. –No deberías estar aquí, pequeño. Aún eres muy joven para esto– escuchó una voz femenina decirle.
Impotente, el pequeño castaño solo pudo ver con dolor a su padre completamente derrumbado y sollozando sobre el cuerpo demasiado quieto de su querida madre mientras lo sacaban a la fuerza de la habitación.
Después de la muerte de mi madre, pasé una semana completa siendo el centro de atención de toda la aldea, en especial de las madres de la isla ya que ahora toda la responsabilidad de criarme quedaba únicamente sobre papá. Sinceramente, fue algo incómodo y extraño. Antes de que ella enfermara, nunca tuve tantos ojos sobre mí. Siendo pequeño, débil, torpe, no aficionado a la violencia y con mi madre cuidándome, la mayoría de los adultos no se sentían obligados a vigilarme cuando caminaba por ahí. Hasta que ella se fue.
Durante esa semana, la gente estuvo cuidándome constantemente, compadeciendo al pequeño hijo del jefe que había perdido a su madre. Me veían como a cualquier otro niño de la tribu y se aseguraban que no muriera haciendo algo imprudente y estúpido. Después de todo, los niños vikingos tienden a ser muy problemáticos, y ruidosos, y traviesos, y mucho más destructivos que un adulto. Especialmente cuando piensan que es buena idea jugar con el hacha de papá.
Dejando de lado la incomodidad y que mamá acababa de morir, se sintió bien no ser ridiculizado ni empujado por ser pequeño o débil, no ser regañado por todo lo que no era o que no podía hacer.
Y luego destruí por accidente ese almacén en el muelle y todo se fue a Helheim.
(¿No se supone que deberían revisar ese tipo de edificios buscando daños después de las redadas? El pilar de apoyo estaba prácticamente carbonizado. La aldea pudo haber pensado lo que quiera, pero fue un accidente. Bueno, esa vez.)
Sabía que esa simpatía no estaba destinada a durar para siempre, pero dolió. Dolió que toda la tribu volviera a ignorarme con más fuerza que antes, dolió que los otros niños volvieran a molestarme por ser pequeño y escuálido, y dolió que desde entonces mi padre solo me mirara a la cara con clara decepción en los ojos por ser una mancha en el linaje familiar lleno de vikingos perfectos.
Pero después me di cuenta que probablemente era lo mejor, no tener tantas miradas en mi espalda cuando intentaba entender la nueva realidad en que vivía. Y no era solo por la muerte de mi madre. Fue mientras hurgaba entre las cosas de mamá dentro del sótano que descubrí la razón por la que yo era diferente. Extrañamente tenía mucho sentido, pero también fue aterrador enterarme, tanto que casi no salí de la casa los primeros días. Mi mundo entero se había puesto de cabeza y necesitaba tiempo a solas para poder aceptarlo todo.
Después del incidente en el muelle, solo hubo unas cuantas personas en todo Berk que no me evitaron como a una plaga o se molestaron por mi simple existencia. Gobber, el mejor amigo de mi padre, que me tomó como su aprendiz tan pronto como tuve edad para aprender un oficio y me dio un refugio en la forma de su herrería; Gothi, la anciana sanadora, a quien mamá le tenía mucho cariño ya que era la única en toda la aldea que conocía su secreto y el mío; y Astrid Hofferson.
Al paso de los últimos años, se formó un patrón constante. El resto del pueblo se reiría, se burlaba y me ignoraba, especialmente mi primo y los otros chicos, luego destruía accidentalmente algo y toda la tribu me miraba con furia mientras Gobber me llevaba de regreso a casa. (Gothi no contó porque rara vez abandona su casa, a menos que fuera algo importante o se estuviera incendiando el techo sobre su cabeza.)
Excepto Astrid. Ella simplemente recogería su hacha y ayudaría en la reconstrucción. No me reconocía en lo absoluto, lo que era mejor que cualquier otra cosa. Incluso hubo veces en las que sus ojos azules se encontraron con los míos por un segundo, un solo segundo antes de que ella empezara a alejarse. Pero era tiempo suficiente para saber que nunca había desprecio hacia mí en esos ojos. Aunque nunca llegué a descubrir por qué.
Astrid y yo nunca fuimos amigos, prácticamente nunca me dirigía la palabra, pero ella, Gothi y Gobber fueron las únicas islas hermosas en un mar helado durante mucho tiempo. Fueron una especie de ancla que, incluso en medio de la tormenta en la que vivía, me mantuvo con la esperanza de que al fin pudiera encontrar un lugar dentro de la tribu para mí.
Estaba agradecido con ellos por eso, y la pequeña luz que encendió Astrid en mi vida, que me consoló cada vez que salí corriendo al bosque oscuro con la vergüenza y el ridículo envolviéndome fuertemente como una espesa niebla pegajosa, sólo se hizo más brillante con el paso de cada estación.
Solo una persona antes se atrevió a preguntarme quién era y en que me convertiría. Nunca le respondí realmente; antes de que pudiera articular cualquier cosa, se disculpó por preguntar y se fue. Probablemente creyó que preguntar eso sería un insulto o algo por el estilo. Realmente no puedo culparlo, como hijo del jefe tengo el deber de seguir mi herencia familiar. Ser el próximo vikingo perfecto en tomar el mando de la tribu. Fin de la discusión.
El único problema con eso es que hay más en mi herencia familiar de lo que se ve. Por un lado, el que todos conocen, desciendo de un linaje antiguo de dignos y orgullosos vikingos que tomaron el manto de jefe. Por el otro… digamos que esa rama de mi familia no es precisamente del todo humana, y ciertamente lanzaría mi aceptación tan alto como el suelo si alguien se enterara de la verdad. Así que para resumir la situación, estoy en un punto muerto, tratando de decidir entre lo que debo ser y lo que parece que soy, por ambos lados.
Por lo que había escrito mamá en sus diarios, ella había pasado por algo parecido y totalmente diferente cuando tenía mi edad. Nunca encajó en la descripción del fuerte vikingo como yo, pero al ser mujer y la hija de la costurera de la aldea no necesitaba cumplir con todos esos estándares. Nacer como heredero varón de la tribu trae todo eso y mucho más; más expectativas, más tensión, más responsabilidades, más decepción sobre ti si no lo consigues. (Sip. ¡Bienvenidos a mi mundo!)
En los diarios de mamá encontré mucho, no solo sobre ella y nuestro origen, sino también sobre lo que había descubierto usando los regalos que otorga una herencia como la nuestra. Pero yo quería saber más, mucho más. Quería experimentar todo eso por mí, tal vez así podría saber qué se supone que debía hacer. Aunque, después de causar una estampida de yaks muy cerca de los campos de cultivo, decidí que el bosque sería un lugar más seguro para satisfacer mi curiosidad.
Pronto aprendí a sentir la energía de la magia fluir en mí y mi entorno, a canalizarla para conseguir lanzar hechizos. Mientras leía, aprendí sobre las fuentes de energía que había en la isla. Aprendí sobre amplificadores y bloqueos mágicos (resultó que el collar que mamá me había dado en realidad era una especie de seguro que me había impedido acceder a mis habilidades por accidente cuando era pequeño. Bien, más pequeño).
Aunque Gothi fue de ayuda al principio, su experiencia era muy limitada en el campo de la magia y los dones que tenía la gente como yo. Por eso tuve que aprender a controlar la mayor parte de mis habilidades por mi cuenta, lejos de cualquier ojo curioso que pudiera delatarme, y cómo había dicho mamá en su diario, era mejor mantener todo en secreto.
Secreto: que la magia prácticamente corría por mis venas y podía sentirla igual que al viento. Que dentro de la aldea, nunca debía quitarme el colgante que bloqueaba mis habilidades seiðr por precaución. Que debía controlarme para no sobrecargar de magia el candado que evitaba que fuera descubierto.
Secreto: que había heredado la habilidad de cambiar de forma de mi madre. Que podía hablar y entender perfectamente el lenguaje de los animales aún estando en mi forma humana.
Secreto: que había una razón por la que siempre fui más inteligente y utilicé la astucia por sobre la fuerza bruta. Que la piel pálida y los ojos verdes que compartí con mi madre delataba nuestra ascendencia oculta. Que todos mis "accidentes'' no se debían exclusivamente a mi torpeza característica.
Secreto: que Loki, hijo de Odín y Laufey, había engendrado a mi madre Valka. Que yo, Hiccup Horrendous Haddock III era un Ásmegir, descendiente del dios de las travesuras, del hijo del padre de los Æsir y una Jötun.
Secreto: que el pequeño y escuálido hijo del jefe era, de hecho, parte dios y parte gigante. Que tenía mucho miedo al futuro porque no sabía cuál sería mi destino. Y que aún no sé la respuesta a una pregunta:
¿Quién soy realmente?
¿Qué? ¿Otra historia escrita con aportes de la mitología nórdica? ~jadeo~ Sip, otra. Nerd, ¿recuerdas?
Probablemente no será del todo exacto, especialmente con la licencia artística. Por ejemplo y como muchos saben, Loki realmente NO es hijo de Odín, pero como es hijo de Laufey, una jötun, y no sé como demonios se le llamaría a alguien parte humano, parte jötun (a pesar de lo mucho que investigué), decidí hacer una pequeña trampa yendo a lo seguro: un Ásmegir, parte humano y parte æsir, y así llené los espacios faltantes.
En esta historia, Hiccup tal vez sea un poco (o bastante) OCC. Si a alguien no le gusta, pido perdón, pero este Hiccup es diferente de lo normal. El Hiccup de Dreamworks lidia con la presión de su padre y su tribu para ser el heredero que quieren que sea; este Hiccup carga con el peso de un secreto y las expectativas que tendría el futuro de un descendiente del dios de las mentiras (solo miren a los hijos de Loki, Fenrir, Hela y Jörmundgandr), mientras intenta averiguar quién es.
Aunque me encanta la ironía en Special Gifts de Hiccup como nieto de Thor, personalmente lo prefiero emparentado con Loki.
El título será provisional, eso si logro encontrar algo mejor. Se aceptan sugerencias.
¿Preguntas? ¿Comentarios? Coloca todo en la caja de abajo.
Hasta luego.
