Esto era cruel. Lo más cruel a lo que había sido sometida en todos sus años de vida.

Veía el objetivo ubicado detrás de la mesa del comedor, prácticamente pegado a la pared, dos de ellos. Tenían el tamaño justo para ser un blanco fácil para alguien como ella, para cualquiera dada la distancia en los separaba, sería imposible fallar.

Ambos estaban inmóviles, como un peso muerto. Pero no eran tal cosa, no aún.

Ella sería quien hiciera la elección de si vivían o morían.

El arma nueva en su mano era una que jamás conseguiría si no fuera por esta situación en la que se hallaba, ella nunca había puesto un pie en el ejército ni se había unido a ninguna causa rebelde, ni siquiera los apoyaba.

Sin embargo, eso no importó en absoluto para hacerla participar. El comandante de facto le había dado este privilegio junto a la oportunidad de salvar a su familia.

La elección debería ser fácil. Eran extraños o su familia.

Para liberarse de los yaegeristas, ella debería dar en el blanco ambos objetivos y estaría libre de culpas. Pero si no lo hacía...

Incluso un movimiento en falso condenaría a sus padres, retenidos en el extremo opuesto de la habitación. Artur y Lisa Braus solo podían ver la espalda su hija Sasha Braus, la habían visto a los ojos por última vez hace casi tres minutos, pero parecía una eternidad.

Aunque fuera buena con el uso del arco, no estaba segura de saber si lograría disparar un arma de este tipo por primera vez y acertar, no cuando básicamente sentía que el corazón se le saldría por la boca ante la simple idea de matar.

En nada ayudaba el joven comandante interino que estaba sentado en el lateral derecho de la mesa, derecho como todo soldado con los brazos cruzados sobre su pecho, con la nariz levantada en dirección al par de dianas vivas como si las mirase desde abajo. De seguro lo hacía.

Aun así, con la mirada de soslayo en el chico, la hija de los Braus le rogó en silencio piedad, pero el joven no pareció nada tocado.

Es más, Floch Foster sacó un reloj que traía en el interior de la chaqueta y ojeó la hora.

—¿Y bien? —exigió.

No tuvo que mirarla para que ella hacer que alzara el brazo con rapidez y quitara el seguro del arma. Pero se detuvo ahí, incapaz de seguir.

Sintió cómo sus dientes crujían, el sudor bajaba sus sienes y los bellos de su nuca se erizaban, deseando que él de la nada le dijera que era una elaborada broma y que no hiciera una locura. Pero el grito imposible de ignorar, el grito de dolor que había oído, y gemidos que aún escuchaba de uno de los niños a los que uno de los suyos le había disparado en la mano, su hermano menor al que su madre aún estaba atendiendo, le había confirmado desde el inicio que este hombre y su grupo no jugaban.

Ella lo odio con todas sus fuerzas por hacerle esto y no ordenar que la matasen, pues sabía que eso sería una alternativa más fácil.

Sasha quería que fuera toda una pesadilla, cerró los ojos con fuerza y esperó que las náuseas fueran solo una indicación de que despertaría cuando los abriera, pero cuando los abrió la mirada helada de quien se presentó como un yaegerista estaba sobre ella, juzgándola.

—Sasha, si vas a desistir… —él dejó a medias la advertencia y levantó su mano, haciendo que al instante el comedor se llenara del ruido de las armas, realizando la misma acción que Sasha antes, a diferencia de que ninguno de ellos dudaría de las órdenes.

Antes de que Floch pudiera dar una orden, motivada por el terror ella simplemente disparó una vez tras otra al punto en que perdió la cuenta y solo acabó cuando el cargador se vació.

Se oyeron gritos de terror, jadeos preocupados y un fuerte llanto. La fuerza del impacto hizo que los cuerpos cayeran en diferentes direcciones, aún pegados a las sillas donde habían estado totalmente inconscientes.

Los soldados ni se inmutaron, Floch Forster ni se inmutó, ni pestañeó ante lo que sus ojos presenciaron aunque, se dio cuenta, no estaba mirando la sangre fluyendo de las cabezas de los cuerpos amordazados y atados. Él se alzó de la silla y les dio la espalda, era como si no le importara en absoluto, muy diferente a ella.

Uno de los principios que a Sasha le habían enseñado como cazadora, es que ni siquiera se la lastima a los animales heridos. Estos no eran simplemente animales, eran humanos.

Este era el pecado más grande cometido por ella.

Se preguntó qué mirada tendrán sus padres después de lo que ha hecho, después de haber matado a dos personas a cambio de sus vidas, cómo podrá mirarlos a la cara otra vez. Definitivamente no estarán agradecidos, lo sabe y aun así hizo esto. Todo lo que quiere es salir corriendo por la puerta y adentrarse al bosque a donde nadie la encuentre.

Vio cómo los soldados arrastraron los cuerpos por el suelo, sin importarles cubrirlos.

Fue ella quien lo hizo. Ella y nadie más. Fue como si su cerebro lo comprendiera solo ahora y las lágrimas bajaron por el rostro de Sasha. Su cuerpo congelado por fin se movió, se mordió, sus piernas temblaron, le era difícil estar de pie al ser consciente de lo que había hecho. El arma completamente descargada estaba deslizándose de entre sus dedos.

El llanto se volvió sollozos, fue imposible retenerlos y su mano seguía temblando.

Alguien apareció a su lado, pero ella apenas lo notó hasta que la mano ahuecó su espalda baja, casi con la delicadeza de un compañero de baile, era como si quisiera ayudarla a mantenerse de pie.

Shsss —su voz sonaba increíblemente calmada considerando las circunstancias, mientras su mano se deslizaba ahora por su espalda para consolarla y la otra retiraba el arma, de la que era dueño, antes de que esta escapara fuera de las manos de la chica—. Tranquila… Ya terminó. Eres libre ahora, Sasha Braus —la voz de Floch realmente sonaba como terciopelo y también aliviada, ella alzó la mirada esperando ver al menos un poco de culpa.

No obstante, lo que encontró ella fue una sonrisa y a ella le horrorizó, aunque no parecía tétrica ni mucho menos. No conseguía entender por qué alguien estaría feliz luego de hacer que matara a dos niños incluso si eran guerreros de Marley.

¿Había sido una prueba de lealtad o solo un teatro para que Floch lo disfrutara? Porque definitivamente no quería pensar que su sonrisa intentaba darle confort, no quería esto de alguien como él, que se alegraba de la elección que había tomado.

No cuando jamás podría volver a mirar a sus padres a la cara, no cuando ella sabía que odiaría a Floch Forster con toda el alma, al igual que a sí misma, durante el resto de su vida, por esto.