0.El inicio

Madara observaba jugar a los cachorros algo más alejados. Sus peleas, sus gruñidos y sus rugidos. Eran molestos. Sobretodo las crías que presentarían como alfa pero aun les faltaban unos años; eran peleonas, dominantes y algo agresivas, siempre queriendo mostrar su fuerza por encima de los otros, queriendo hacerse un nombre y situarse dentro de la jerarquía de poder.

Él lo entendía, como alfa también había sido así en su niñez. Juegos de pelea y dominio. Pero eso no significaba que ahora como un macho adulto joven de casi 20 años, un alfa superior que tenía que ocuparse del clan, no le molestase escuchar toda esa demostración de estupidez infantil y juvenil, sobretodo cuando deseaba descansar.

Miró al que consideraba el cachorro más molesto de todos, Obito, un mocoso mimado de unos 13 años, más o menos, muy bocazas que sólo pensaba en hacer travesuras por todo el territorio del clan y retar a todos los demás cachorros alfas a peleas, aunque fueran mucho más grandes que él. Un joven que estaba al cuidado de su abuela pues sus padres habían muerto; el omega murió al sufrir complicaciones al dar a luz y el alfa en una de las cruentas guerras que libraban por el territorio y contra los rivales. Un cachorro muy molesto que acumulaba un gran número de quejas a sus espaldas a causa de sus múltiples travesuras y por las numerosas peleas que buscaba. Pero a la vez el cachorro era muy amado, cuando no estaba siendo un puñetero incordio, por ayudar a los miembros más vulnerables del clan en las duras tareas que todos tenían que enfrentar.

Madara, no podía estar litigando con ese molesto criajo. Si el muy cabroncete intentó retarle a él un día que le gruñó al pillarle haciendo una travesura. ¡Maldito mocoso de mierda! ¿Y se amilanó al mostrarse dominante y rugirle con gran molestia? ¡No! Se había girado a mirarle con descaro y le devolvió el gruñido, mientras inflaba pecho y sacaba su labio inferior con terquedad, como retándole. Ese día si no llega a intervenir Izuna y se lleva de allí al cachorro, tirándole de la oreja mientras el mocoso soltaba quejidos y le reprochaba ese trato injusto... Habría recibido un buen mordisco de castigo y unos buenos azotes en el trasero, como mínimo.

Le miró, con cierto desdén, viendo como se lanzaba a golpear a otro cachorro más fornido que él. Menudo puñetazo le había arreado a Shion... Aunque el otro tenía ventaja, estaba más formado a sus casi 16 años, era un cachorro que pronto presentaría y como tal su morfología corporal era casi la de un adulto, alto y con una fuerte musculatura. Además que ya era un buen guerrero a sus órdenes. Y ahí iba el contraataque, vio a Shion levantarse y abalanzarse contra el bocazas, que no se amilano todo y su juventud y, ahí iban, a luchar con todo. Se había de reconocer que Obito tenía agallas, aunque era demasiado impetuoso y merecía que le dieran su merecido y lo pusieran en su lugar. Después de todo, esas peleas eran para eso, para que todos encontraran su lugar en la jerarquía.

Reviró los ojos y decidió abstraerse e ignorarles, igual que ignoraba a todas las crías. Ninguna era suya, así que era trabajo de los omegas cuidar de las crías, así como los alfas cuidaban de sus propias manadas y protegían el clan.

– Madara, detén a Shion.– Abrió los ojos al escuchar a su hermano Izuna.

–Están retándose, ya sabes como van estas cosas entre cachorros.

–Shion está por encima de estos juegos. Él ya es un guerrero y Obito está empezando sus entrenamientos, sabes que sus misiones por ahora han sido cosas sencillas. Ergo no pueden pelear en igualdad de condiciones.

–Ha empezado Obito retando a Shion. Ya sería hora que alguien le diera una lección al mocoso.– Observó que el más pequeño sangraba pero seguía terco levantándose a pelear– Yo le veo bien. Se ha de reconocer que tiene agallas... Aunque no me guste su incapacidad de seguir instrucciones y ordenes de los que están por encima suyo.

Gruñó la última parte, odiaba a ese cachorro desobediente e insubordinado, odiaba como se comportaba y le molestaba especialmente que fuera así. Ese crío seguía sus propias creencias y pregonaba sus ideales y gritaba por todos lados que sería el próximo líder del clan, el alfa más fuerte de todos.

–Madara, es sólo un cachorro... Y tu te sientes amenazado por él. Muy mal hermano...– Se burló Izuna, ganándose un gruñido de su parte. – Eso no funciona conmigo, y lo sabes.

Izuna rió con falsa inocencia. Aunque era un omega, su hermano era un buen luchador o lo había sido cuando permanecía al clan. Además eran hermanos, sabía que nunca haría nada en su contra. Le quería demasiado... La confianza apestaba, esa era la autentica realidad.

–¿Qué haces aquí?– Miró alrededor buscando a la pareja del menor.

–No está aquí.– Al verle mirar – Y he venido a visitar a mi clan, sigue siendo mi hogar, Madara.

–Se nota que no está aquí... No percibo su pestilencia.

Ahora fue el turno de Izuna de sisear en molestia.

–No insultes a mi macho, hermano. Él es un excelente alfa para mi, estoy muy contento a su lado.

Madara miró a su hermano menor, Izuna se había unido a Tobirama Senju, el hermano menor de su amigo de la infancia Hashirama Senju y, alguien que había sido un enemigo por años.

...

Su hermano había entrado en su primer celo con 16 años y él lo había ido a ver para que todo estuviera correcto y asegurarse de que estaba protegido y cuidado mientras él tenía que ir a pelear con los que hasta ese momento habían sido los mayores enemigos del clan Uchiha, los Senju.

No deseaba volver de la batalla y encontrar que su hermanito había sido abusado aprovechando su estado vulnerable. Lo dejó al cuidado de buenos guerreros ya emparejados de su clan, estos al tener ya omega no prestaban atención a los dulces aromas que desprendía un omega en celo, él por ser su hermano tampoco estaba afectado, aunque ese dulce olor estaba haciendo estragos en su cuerpo, nada que no fuera controlable por eso.

Cual fue su sorpresa que al cruzar espadas con Tobirama, en medio de la batalla, éste se quedara quieto, olfateara con fuerza y soltara un sonido gutural y de llamada, para seguidamente liberar un fuerte aullido al levantar la cabeza.

Omega... ¿Dónde lo tienes? ¿Dónde tienes a mi omega?– Le preguntaba fuera de sí, descontrolado, nervioso... Excitado por ese aroma que captaban sus fosas nasales.

Y Madara lo comprendió y rugió cabreado. Su hermano. Su pequeño y dulce Izuna era el omega destinado de ese alfa. Rugió de nuevo y se apartó, para luego volverle a encarar y volver a rugirle.

De entre todos los que podían ser... ¡Tenías que ser tú, puta rata albina! ¡Joder!¡Maldita sea!

Y se acercó y le dio un fuerte puñetazo por estar frustrado y molesto y cabreado y... Demasiadas cosas pasando por su mente y cuerpo. Volvió a maldecir. Y ordenó un alto en la lucha, siendo imitado por un, postrado en el suelo, albino. Ese puñetazo le había sacado lo suficiente de su estupor para ser consciente de lo que sucedía.

Se levantó con lentitud y sin perder de vista al alterado Uchiha. Sacudió la cabeza al oler de nuevo ese dulce aroma que le hacía salivar, buscando despejarse lo suficiente como para razonar.

El omega, mi omega es...

Es mi hermano, maldita rata. Mi hermano menor Izuna... El único que me queda.

Las cejas del Senju se fruncieron comprendiendo el cabreo del Uchiha, él se hubiera sentido igual si su hermano mayor hubiera terminado siendo el destinado de ese puercoespín, por suerte no lo fueron.

Los dos se quedaron callados analizándose y elucubrando los siguientes pasos a seguir. Madara cerró los ojos con fuerza y volvió a gruñir... No le gustaba pero no había otra. Ese maldito de delante suyo era el alfa de su hermano y eso era ineludible. Era el macho que podía calmar el dolor que le provocaba el celo a su hermano, era su pareja ideal, su destinado, el único que le haría feliz y le complementaria. No le quedaba más remedio que aceptarlo, lo que les llevaba a...

Te ofrezco la paz entre nuestros clanes, Madara Uchiha.– Mientras le tendía la mano en señal de buena voluntad y paz.

Era evidente que el alfa Senju había llegado a su misma conclusión. El destino le había unido a un Uchiha y era estúpido que siguieran en guerra ambos clanes.

El clan Uchiha acepta la paz que me ofreces, Tobirama Senju y os declara clan en hermandad con el nuestro.

Sus manos se apretaron dando inicio a una nueva y poderosa alianza.

Ese mismo día llevó a Tobirama Senju ante su necesitado hermano. Sabía lo que ocurriría en esa cerrada construcción donde su hermano estaba pasando su celo.

Eso no era lo típico, normalmente las parejas se reconocían antes, poco antes del primero celo si tenían suerte o sino durante su vida "adulta" (esto era después de haber presentado como alfas u omegas), y se cortejaban o el alfa cortejaba al que sería su omega. Había veces que se detenía el celo para que no lo sufrieran los omegas y así pudieran aceptar, de forma racional, a ese macho que se afanaba para hacerse notar ante ellos. Pero con su hermano no pudo ser así... Su hermano estaba sufriendo su primer celo y ya estaba demasiado avanzado para que éste fuera detenido. Sabía que Tobirama copularía con su hermanito, le anudaría y le marcaría, el frenesí sería demasiado como para contenerse y no otorgarle su marca. Lo único que había pedido antes de entrar al alfa albino al territorio del clan Uchiha, su territorio, y llevarle con su menor, fue que le darían a Izuna hierbas para que no quedara en estado.

Es demasiado joven aun como para tener que hacerse cargo de cachorros.

Tobirama había aceptado y había pasado por su clan para buscar el preparado de hierbas que hacía su hermano para evitar que un omega resultara embarazado tras la cópula.

Hashirama era un excelente médico, un omega que había sido un buen amigo suyo antes de que ninguno de los dos presentara en su género. La verdad es que se llevaban tan bien que había creído que Hashirama podría ser su omega, pero a medida que el olor de ambos se hacía más intenso comprendió que el Senju no era su pareja y, si un buen amigo y confidente. Aunque su amistad se rompió al intervenir el padre de ambos y el odio que se tenían tras generaciones de enfrentamientos. Ahora parecía que ese odio terminaba gracias a la unión de Uchiha Izuna y Senju Tobirama.

No les molestéis...– Había ordenado a sus hombres antes de abrir las barreras que había puesto alrededor de donde estaba alojado su hermano.– Os dejaré comida y bebida aquí fuera. Nadie os vendrá a molestar en estos días.

Tobirama asintió y se dispuso a entrar. El aroma le estaba descontrolando de nuevo, era un olor tan dulce el de su omega, le gustaba tanto. Pero fue detenido por el alfa Uchiha.

Trátale bien... Es mi amado hermano.

Es mi omega... Nunca le haría daño. En mi clan los respetamos y amamos, para siempre.

Satisfecho por esa respuesta lo soltó y sabiendo que el Senju era honorable, cerró tras entrar el macho albino.

...

De eso ya habían pasado dos años... Dos años en los que decidieron apostar por vivir ambos clanes unidos, donde escogieron el lugar adecuado para dicha aldea y hacía poco que habían empezado la construcción de dicho lugar, una aldea donde se albergarían Uchihas y Senjus... Y otros clanes que quisieran formar parte de esa alianza. Y ese era el motivo por el cual estaba tan cansado y los jodidos cachorros no dejaban de molestar con sus ruidosos juegos. Es que no solo tenía que ayudar a supervisar junto a los Senju la construcción de la aldea y decidir cada cosa; es que encima tenía que seguir peleando contra los clanes que les quisieran mal, que querían robarles omegas, ganado, comida o simplemente matar Uchiha para hacerse de un nombre.

Observó a su hermano con ese rostro apacible que mostraba y una mirada brillosa y emocionada y sonrió. Su menor había venido a algo más, hacía unas semanas que no le veía, cuando él también acostumbraba a participar en la toma de decisiones de la aldea que estaban construyendo.

–¿A que más has venido Izuna?

Tras unos segundos en silencio más, donde solo se escuchaban los malditos mocosos.

–Estoy esperando un cachorro... Bueno, estamos esperando un cachorro con Tobirama.– Sonrió feliz de poder compartir su nueva con alguien a quien amaba tanto como su hermano mayor.– Por eso no me has visto estos días, no me encontraba muy bien...– Al ver a su hermano alarmarse se rió.– Tranquilo es normal en esta fase, pequeños mareos, malestar y vómitos, sobretodo por la mañana. Preferí tomarme las cosas con calma y no desplazarme mucho.

–¿Y ahora? ¿Estás bien?– Se preocupó por su menor. Éste asintió y volvió a sonreír emocionado por estar en espera.– Me alegro mucho por ti... Bueno por vosotros, que la rata no se sienta mal.

Un golpe por parte de Izuna le hizo soltar un quejido.

–No llames rata a mi macho.

–Vale, vale... Lo lamento, Izu.

Unos gritos más fuertes rompieron la armonía reinante entre ambos hermanos. Shion se había cabreado de más con el molesto de Obito, pues el criajo consiguió atizarle y partirle la nariz al más mayor y ahora le estaba apretando contra el suelo con rabia. Eso ya no era un juego de dominancia, eso ya era agresividad e instintos asesinos. Hasta ellos llegaba el aroma que desprendía el próximo alfa, estaba claro que en pocos días presentaría su primer celo que le haría ser declarado adulto con todos los derechos y donde ya podría iniciar su búsqueda de pareja omega, si así lo deseaba.

–¡Madara!– Se alertó Izuna al ver a Shion desnudar los dientes y estar dispuesto a morder al menor en el cuello, mientras le seguía presionando fuerte para ahogarlo.

Madara se levantó, antes de que su hermano dijera nada, para detener al más mayor, no iba a permitir tal cosa. Estaba claro que su hermano Izuna había tenido razón, Shion era demasiado mayor como para participar en esos juegos de cachorros, su instinto demasiado a flor de piel por estar cerca de su primer celo que marcaría el inicio de su adultez, incapaz de controlarse.

Pero sucedió algo que dejó parado al líder Uchiha, parado y parpadeando asombrado. El cachorro más molesto de todos, el más bravucón y peleón, pero a la vez el más inútil en cuanto a pelear como un verdadero Uchiha, o sea activando el sharingan... Pues lo había activado por primera vez y, su capacidad era lo que había dejado a Madara Uchiha pasmado. El maldito criajo había atravesado las manos que le sujetaban y el cuerpo entero del más mayor, y ahora estaba detrás del otro sin creerse lo que había hecho.

Obito estaba patidifuso, estaba de pie mirándose las manos sin creerlo. Hace unos segundos estaba ahogándose a manos del chulito de Shion y ahora... ¿Era un genio? ¿Cómo lo había hecho? Soltó una carcajada por saberse tan increíble y se giró, para restregárselo en la cara a su rival... Recibió un puñetazo que le tumbó en el suelo y le dejó inconsciente.

Shion, tras el asombro inicial de ver lo que había hecho ese renacuajo bocazas de Obito, se giró viéndole a su espalda. Ni él mismo sabía como se había librado de su agarre, pero el muy cabrón se había librado de que le arrancara la yugular o, quizás se hubiera apiadado y en vez de matarle le habría sometido tan fuerte que hubiera quedado traumatizado de por vida. Sólo sabía que unos segundos antes estaba en sus manos, él tenía la potestad para decidir que hacer con ese imbécil y ahora estaba de pie a sus espaldas, asombrando a todos con esa extraña capacidad. La fuerte carcajada del niñato le sacó de su estupor y con un fuerte gruñido le atacó, un puñetazo directo a la mandíbula que el mocoso no se esperaba. Iba a rematarle, por dejarle en ridículo ante los otros críos cuando fue detenido por su líder. Un fuerte gruñido del mismo y desnudó su cuello en señal de sumisión.

–Se han terminado los juegos para ti, Shion. Eres casi un adulto y estás aquí dejándote provocar por unos cachorros... Compórtate como lo que eres.

Bajo la cabeza y se alejó tras musitar un "Si, líder".

Una mala mirada a su alrededor y todos los cachorros se marcharon cabizbajos. Ellos no se atrevían a molestar a su poderoso y atemorizante líder. No eran como Obito.

–Interesante habilidad la de Obito, ¿No crees?

–Mmm... Desaprovechada en alguien que sólo buscará usarla para sus travesuras y para retar a sus compañeros.

–Oh, vamos Madara... Es tenaz, es terco, no sabe cuando rendirse y si, de ideas e ideales firmes, pero puedes reconocer un gran guerrero y se que puedes ver uno en este cachorro.– Mientras se agachaba y cargaba al niño en sus brazos, lo llevaría a casa de su abuela.

–Puede llegar a ser un gran guerrero, pero no es capaz de seguir una simple orden, no sabe guardar silencio, es impetuoso y no respeta a sus superiores.– Mientras seguía a su hermano– Y no tendrías que cargar peso en tu estado, Izuna.

–Quizás no le has puesto bajo el mando de un buen líder, alguien que sepa como tratarlo y encauzarlo. Alguien con paciencia que sepa llegar al niño y no solo gritarle y exasperarse.– Se detuvo y le miró molesto– Estoy embarazado, no enfermo.

Siguió su camino soltándole un siseo a Madara cuando le intentó quitar a Obito de los brazos, por el solo hecho de demostrar que podía perfectamente llevar al crio.

La abuela del cachorro cuando les vio llegar se disculpó abochornada por las molestias que había causado su nieto, y les agradeció y reverencio por su ayuda.

–Lo siento, siento que nuestros venerables líderes hayan tenido que ocuparse de mi nieto. Intentó enseñarle que no tiene que molestar a la gente, pero es tan cabezota.– Volvió a la casa para buscar unos panes dulces.– Por favor, Izuna-san, Madara-sama, aceptad esto.

–No se preocupe, no ha sido una molestia. Y gracias por los panes.– Agradeció Izuna mientras le daba un codazo a Madara.

–Gracias.– La ceja levantada de su menor le hizo suspirar internamente, su hermano tenía razón.– Mañana dígale a su nieto que se presente al alba en el bosque del norte.

Había estado razonando las palabras de Izuna y sabía que tenía razón, el molesto cachorro necesitaba pulir sus habilidades y que alguien le pusiera en cintura.

Y ahí fue como empezó un entrenamiento duro hacía ese rebelde joven, cuantas ganas tuvo de azotarlo, morderle como castigo y disciplinarlo. Pero ese joven era muy terco y seguía en sus trece. Aunque si, era un gran guerrero y muy aplicado, entrenaba y entrenaba con dureza para ser mejor, eso lo admiraba, pero luego veía como se atrevía a desobedecerlo a él, a desafiarlo y no podía evitar rugir y castigarlo con trabajos extra. Aunque Obito jamás aprendía y seguía con sus propias ideas. Lanzándose de cabeza hacia los problemas, metiendo a sus compañeros de escuadrón en ciertos aprietos.

–¡Maldito cachorro! ¿Es que quieres morir?

–No y no moriré. Y con mi técnica va a ser difícil que alguien consiga matarme.

–Eres un bocazas y algún día alguien te cerrara la boca, Obito. Espero que aprendas cual es tu lugar, porque en cuanto presentes como alfa... Lo haré yo mismo y lo disfrutaré tanto...– Ahora tenía suerte de ser un mocoso, en cuanto fuera adulto le mostraría la brutalidad de la jerarquía y que sucedía con los que no obedecían sus mandatos.

–Cuando presente como alfa, te retaré y demostraré que soy el mejor. Seré el líder del clan Uchiha. Ya lo verás viejo.– Y sonrió grande mientras llevaba las manos a la cintura e inflaba pecho. Sería el mejor alfa de todos.– ¡Auch!

Se sobó la cabeza ante el fuerte capón que le dio su joven líder, porque si, Madara era joven, pero si así podía molestarle... Mejor.

...

Y los Uchiha tuvieron que afrontar una dura batalla cuando ya iban por iniciar la caravana de traslado hacía la nueva aldea, aun faltaban construcciones pero la muralla ya estaba realizada y lo otro irían haciendo ya habitando el lugar.

Madara enseguida se lanzó al contraataque. No iba a permitir que dañaran a nadie, les robaran o se llevaran a ningún omega desemparejado, ni a ninguna mujer beta. Algunos de sus hombres también se lanzaron contra esos bandidos, mientras otros se quedaban protegiendo los omegas, las crías y los suministros.

Madara consiguió matar a muchos de los que persiguió, deshaciéndose de ellos. Sonrió arrogante al ver que los pocos que quedaban para enfrentarlo huían con la cola entre las piernas.

–Malditos cobardes.– Los desprecia.

Suelta un potente rugido, así como advertencia y también para reunir a los suyos que se habían lanzado, al igual que él, en persecución de esos malditos. Era momento de volver junto a la caravana y seguir moviéndose hasta llegar al enclave. Quería encontrarse con los Senju, entre ellos a su hermano, sobretodo ver si Izuna estaba bien tras el viaje y asegurarse que ellos no habían tenido ningún tipo de problema, ningún contratiempo o ataque. Además entre las murallas de la nueva ubicación estarán seguros, todos ellos, nadie irá a atacar a los suyos y si lo intentan les será más complicado conseguir su cometido. Y eso ahora es lo que importa, más al saber que su hermano está en espera.

Al llegar junto a los carromatos observa los posibles destrozos, nada ha sido afectado ni robado. Sus guerreros van llegando, algunos presentan algunas heridas en diferentes grados de gravedad, pero ninguna mortal o incapacitante. No puede decir lo mismo en la caravana, han actuado rápido pero ha habido una baja por lo que puede comprobar. Una vida se ha perdido.

–Nos ha defendido.– Dice una beta embarazada, mientras llora sujetando un cuerpo.

Es la abuela de Obito. Yace muerte en un charco de sangre que han intentado contener para salvarla, pero la herida era demasiado grave. Al menos no ha sufrido demasiado, su muerte ha sido bastante rápida.

Le dolía que alguien de su clan hubiera muerto. Esa pobre anciana era una buena mujer y la única familiar del cachorro. Un momento... ¿Dónde estaba el jodido cachorro? Todo estaba demasiado tranquilo sin sus gritos, ni llantos por parte de alguien tan movido y ruidoso como ese niño.

–Se ha ido tras los atacantes que han matado a Mayo-san. No hemos podido detenerlo, Madara-sama.

Lo habían intentado, pero la técnica del cachorro había contrarrestado todos sus intentos.

Madara rugió expresando su rabia y frustración. Por mucho que encontrase al cachorro cargante y muy molesto, le preocupaba demasiado que le pudiera pasar algo y le ponía ansioso pensar en que saliera herido. Sintió a su parte animal cabreada y tensa, y lo atribuyó a que era un miembro de su clan, un miembro al que tenía que cuidar, lo mismo que cuidaba a todos los demás.

–Yuri, tú y Ran salid en su búsqueda.

Envió a sus dos mejores rastreadores, tentado de ir él mismo, deseando ir él mismo. Pero no podía, él tenía que cuidar al resto del clan, guiarles y asegurarse de que llegaban sanos y salvos a la nueva ubicación donde vivirían a partir de ahora. Soltó un pequeño y gutural gruñido de molestia, atribuyendo ésta a su deber protector.

Se llevaron el cuerpo de Mayo para enterrarla en la nueva aldea, que fue bautizada como Konoha.

El cuerpo de la anciana omega fue el primer ocupante del cementerio de la aldea... El segundo fue su nieto. Una tumba sin cuerpo pues fue imposible recuperarlo de entre esa montaña de escombros y grandes piedras. Él mismo fue a asegurarse cuando recibió el informe de sus dos mejores rastreadores. Intentó recuperarle, asegurarse de que no estaba vivo bajo esas rocas, usando los brazos del Susanoo, pero por cada piedra que levantaba, otras tres caían.

Miró el nombre escrito: Obito Uchiha.

Y apretó los puños clavándose las garras en las palmas. Le cabreaba y le dolía que hubiera muerto; y eso que lo encontraba desobediente, cargante, inaguantable, hiperactivo, molesto, cabezota, alborotador, insumiso, retador.

Gruñó de forma suave, dolido, y se dio la vuelta para marcharse. Tenía cosas que hacer aunque no deseara abandonar su posición mirando ese nombre. No deseaba irse de allí.

...

Estaba cansado de tantos papeles por leer y redactar para modificarlos o arreglarlos. Se frotó los ojos mientras dejaba la pluma en la mesa y rotando los hombros soltaba un bufido. Malditos tratados y acuerdos, él era un guerrero no un escriba o un negociador.

Llevaban horas ahí metidos con el alfa Senju y su hermano, que por cierto ya se había quedado dormido en el camastro que habían puesto en esa habitación. Su embarazo cada vez más avanzado le agotaba antes. El cachorro parecía esponja como siempre bromeaba Izuna. Le quitaba toda la energía dejándole cansado, hambriento y dolorido... Eso se lo decía a su alfa para conseguir que el adusto albino le mimase, le cargara y le consintiera; a veces lo hacía para que se sintiera culpable y salirse con la suya, según le confesó una vez Izuna divertido.

¿Así que eso hacéis los omegas? Fingir ante los alfas...

Si... Bueno, algunas veces... Cuando queremos conseguir algo de vosotros –Pero viendo la mirada divertida de su mayor y la ceja enarbolada. Le dio un golpe en falsa molestia –¡Madara eres un cerdo! Además, no me hace falta fingir eso ante mi macho. Sabe cumplirme extremadamente bien.

¡Ucs!... Demasiada información, hermano. Y córtate un poquito con el olor –Mientras se tapaba la nariz pues Izuna había comenzado a desprender cierto aroma a excitación.

Izuna había reído travieso.

No puedo evitarlo... Las hormonas me tienen descontrolado.

Ya, seguro... ¡Malditos pervertidos! Yo no te crie así.–Madara reviró los ojos pues ya antes de estar preñado, cuando se unió al alfa albino, a Izuna le sucedía eso... Bueno, al macho Senju también... Con lo modosito y serio que parecía cuando eran enemigos, y resulta que era un pervertido de los grandes.

Tengo poco tiempo así que... –Madara levantó una ceja sin entenderle.–Olvida lo que te acabo de decir. Sino, el día que tengas omega, si sabe que conoces nuestro secreto por mi culpa, me matara.

Y ahí Madara comprendió porque Izuna tenía poco tiempo. Ahí estaba Tobirama, respirando con las fosas nasales dilatadas igual que las pupilas. Negó divertido al ver como cargaba a su hermano y desparecían con las risas de su menor de fondo. El lazo les unía y era evidente que el alfa había sentido la calentura de su hembra, ahora le iba a cumplir.

Espero no encontrar nunca a mi omega, no quiero volverme tan ridículo.

Hashirama, que en esos momentos entraba, rió.

Tobirama venía calmadamente conmigo, ha quedado rígido unos segundos y se ha ido corriendo mientras respiraba superficial. Me he imaginado que era por Izu. –Se sentó a su lado –Madi... Eso que has dicho, ¿no es cierto, no?

Si que lo era.

Pero entonces sería una vida triste y solitaria. Eres mi mejor amigo, no quiero eso para ti.

¿Tu deseas encontrar a tu alfa?

Si, claro. Estoy muy emocionado y no quiero perder la esperanza de que, cuando menos lo espere, vendrá a mí. Se que está ahí fuera... Lo siento.

Bajó la mirada mientras llevaba una mano al pecho, sus manos vendadas por Hashirama luego de clavarse las garras en las palmas tras el entierro del joven y molesto cachorro Uchiha.

Yo no lo siento. No siento a nadie esperándome.

Hashirama le había abrazado, lo que le causaba cierta molestia pues no era su omega y no lo encontraba adecuado; además que esas muestras de cariño no solían ir mucho con él. Pero lo soportaría porque sabía que al omega Senju le gustaba hacerlo. Al cabo de unos segundos carraspeó.

Te aguantas un ratito más... Que cuando encuentre mi alfa y tú a tu omega, ya no creo que pueda hacerlo de nuevo.

Ahora al recordarlo sonrió para si. Hashirama no estaba y lo encontraba a faltar.

–Uchiha... ¡Eh, Madara! –Parpadeó saliendo de sus pensamientos al oír su nombre–Voy a llevar a mi pareja a casa. En su estado no me gusta que esté en ese camastro.

Asintió estando de acuerdo, Izuna necesitaba estar en ese nido que había construido en su zona segura, en el hogar que compartían con su alfa. Sabía que cuando más cerca del parto estuviera, más necesidad de estar en ese espacio suyo, pues más territorial estaría. Eso le recordó que el alfa Senju también tendría la necesidad de estar con su omega en ese espacio privado, lo que le dejaría todo el trabajo para él durante bastantes meses. Le daban ganas de tirarse de su despeinada melena y rugir de frustración.

–¿Y cuando dices que vuelve Hashirama de su visita de cortesía a los Uzumaki? –Mientras cubría con una manta a su hermano ya en brazos de su alfa. Un privilegio que Tobirama le permitía por ser el hermano de su omega, a cualquier otro alfa que intentara siquiera acercarse un poco a su hembra, y más cuando estaba tan vulnerable, ya le habría arrancado la cabeza. El alfa Senju sabía que el Uchiha no era ninguna amenaza.

–En teoría un par de días más.

Alguien llamó a la puerta y se miraron entre ellos. Algo sucedía. Madara fue a abrir.

–Madara-sama, Tobirama-san, Izu...– Se calló para no despertar al dormido omega y para no hacer enfadar al alfa del omega Uchiha, que había soltado un gruñido por su escrutinio, mostró el cuello en sumisión.

Era uno de los Uchiha que estaba de vigilante en la entrada principal. Le conminó a seguir.

–Un miembro del clan Uzumaki ha traído una misiva. Le he dicho que me la entregara y fuera a descansar, mañana lo puedo traer ante ustedes.

Les entregó el documento.

Madara leyó y parpadeó asombrado. Mostrándoselo al alfa albino.

–Hashirama ha encontrado a su alfa entre los Uzumaki.

Eso era... Una buena noticia para su amigo. Aunque también les dijo que tardaría más en volver. Entre el cortejo, ayudar a los Uzumaki que estaban siendo atacados y diezmados, iniciar el traslado y otros asuntos que no especifico.

A la mañana siguiente, tras reunirse con el emisario decidieron enviar ayuda desde Konoha. ¿El problema? Tobirama no podía irse con un omega que en unos meses más daría a luz, Madara tenía que quedarse a proteger la aldea y ocuparse de esos asuntos más "diplomáticos" que tanto le gustaban al azabache... También había rumores de invasores y no podían dejarla desprotegida. Así que cada clan envió a algunos de sus shinobis a ayudar a los Uzumaki, partieron con el emisario de los zorros pelirrojos.

...

Dos años tardó Hashirama en volver junto a toda la caravana del clan Uzumaki, aunque tampoco es que fueran un clan muy numeroso tras las guerras que les asolaron.

Durante ese tiempo había nacido el cachorro de su hermanito. Un bebé adorable y de pelo oscuro, no terminaba de ser negro pero si un castaño bastante intenso... Para consternación del alfa Senju. Él solo pudo sentirse orgulloso de que la genética Uchiha fuera más fuerte.

Además de todo el trabajo durante ese tiempo que Tobirama estuvo al lado de su hembra durante la mayoría de las horas del día, y que a él te tocó el mayor trabajo de aguantar a dignatarios y representantes de clanes... Una jodida pesadilla cuando no eras alguien muy sociable. Encima unos invasores extranjeros vinieron a atacar Konoha y tierras colindantes con las que habían firmado tratados de protección a cambio de suministros. Así que le tocaron trabajos extra al Uchiha, pero al menos la pelea era algo que le gustaba al alfa.

Que molestia y que sorpresa se llevaron esos cabrones. ¡Él era Uchiha Madara! No eran rivales para él y sus shinobis. Acabaron con ellos y les obligaron a volver por donde habían venido. Y esperaba que no se atrevieran a poner los pies en esas tierras jamás, sino no sería tan misericordioso.

Y ahora ahí estaba Hashirama saludando con efusividad y corriendo hacia ellos. Se lanzó a abrazar a su hermano y a Izuna, rogó de forma insistente por cargar al cachorro de ambos que cargaba el omega azabache... Algo reacio, Izuna se lo permitió. Eso si, no le sacó la amenazante mirada rojiza por el sharingan de encima, con una mueca medio de gruñido en su cara. Dispuesto a saltar encima del otro omega a la mínima muestra que percibiera de peligro para su pequeño.

Una mujer pelirroja se acercó a ellos. Era una alfa, era la alfa de Hashirama.

–Mira Mito, el bebé de mi hermano y de Izu. ¿A que es adorable? –Mientras le hacía caras divertidas al cachorro. Era tan bonito.– ¿Cómo se llama?

–Kagami– Bufó con tensión Izuna que ya estaba estirando sus brazos para recuperar a su cría. Para su gusto ya eran demasiados segundos los que le había permitido al omega Senju el cargarlo.

–Ya omega, devuélvelo que sabes que la madre lo desea en sus brazos. – Calmó Mito el entusiasmo de su pareja y le hacía entrar en razón.

Izuna y Tobirama le agradecieron, el omega azabache estaba tenso, por no tener a su cachorro en brazos y Tobirama, en respuesta a lo que sentía su omega, ya estaba dispuesto a pelear contra lo que molestara a su hembra... Y ese era su hermano mayor. La pareja había estado controlándose porque era Hashirama, pero no era algo normal ceder a otro omega tu cachorro. Y los padres lo deseaban de vuelta ya.

Hashirama puso un puchero y lo devolvió mientras agradecía, Izuna en ese momento pudo respirar tranquilo de nuevo, su alfa también perdió la tensión. Su pequeño volvía estar entre los protectores brazos de su hembra.

–Estamos deseando tener una cría, pero con las guerras y el viaje... Acordamos que mejor esperábamos a estar instalados.–Explicó con una sonrisa a su hermano y al omega Uchiha. –¡Mady!

Sonrió grande al ver aparecer al alfa Uchiha.